Hello!
Espero que estén bien… muy bien!
Deseando este nuevo invento mío sea de su agrado! Saluditos :)
…
Entonces, ¿me estás diciendo que Clove te busco ayer en el hospital? Mensaje enviado a las 2:30 pm
Si, ella lo hizo Mensaje recibido a las 2:31 pm
¿Puedo saber por qué no me dijiste nada? Mensaje enviado a las 2:33 pm
Hasta donde sé, tengo veinticinco años… lo que quiere decir que puedo defenderme por mi misma. Mensaje recibido a las 2:35 pm
Me parece perfecto, chica independiente. Solo estoy diciendo que me hubiese gustado saberlo Mensaje enviado a las 2:36 pm
¿Por? Mensaje recibido a las 2:37 pm
Clove no es de las que abandona un viaje de trabajo a las primeras Mensaje enviado a las 2:38 pm
Entonces… ¿tu punto, es que crees que ella está sospechando algo? Mensaje recibido a las 2:39 pm
Podría estar así por algo que le dijera Primrose Mensaje enviado a las 2:40 pm
Y si nos estamos preocupando por nadaMensaje recibido a las 2:41 pm
No está de más tener en cuenta que Clove anda rondando Mensaje enviado a las 2:43 pm
Me tiene sin cuidado lo que ella haga. ¿Voy a verte hoy? Mensaje recibido a las 2:44 pm
¿Ansiosa? Mensaje enviado a las 2:45 pm
Quiero tener el tiempo suficiente para prepararme, así no tendré que correr cuando me avises que tengo diez minutos para arreglarme Mensaje recibido a las 2:47 pm
Salgo de mi turno a las nueve treinta de la noche, en quince minutos adicionales estaré saliendo a buscarte. Mensaje enviado a las 2:48 pm
¿Puedo saber a dónde vamos? Lo digo para vestirme acorde Mensaje recibido a las 2:49 pm
No, usa ropa cómoda. Mensaje enviado a las 2:50 pm
-Doctor Mellark- la enfermera de turno se asomó por la puerta plegable que daba al salón de descanso general. Automáticamente aparté la mirada de la pantalla de mi celular para prestarle atención a la chica- el Doctor Abernathy le mandó a buscar. Dice que se encuentra con usted en la sala de observación de emergencia cinco.
-Ok, ya voy. Muchas gracias
-Abernathy pidió que estuviese ahí cuanto antes
-Supongo que es mejor no hacerlo esperar- agradeciéndole a la enfermera con un asentimiento de cabeza, me incorporé en mi silla para abandonar mi descanso. Antes de siquiera llegar a la puerta la joven se había marchado lo que me dio oportunidad de sacar mi móvil del bolsillo de mi uniforme y teclear un último mensaje.
Te salgo a buscar a eso de las 9:50 pm. Voy a estar algo ocupado, celular apagado. Mensaje enviado a las 2:53 pm
Desistí de esperar el ascensor, lo que sea que Abernathy quería, debía ser algo importante ya que era uno de los pocos superiores que por lo menos respetaba las horas de descanso. Sin demora alguna, hice todo el recorrido que me llevaría hasta la sala en la que me esperaba mi jefe. No me extraño en absoluto, encontrarlo apoyado en el ventanal de vidrio, seguramente observando el procedimiento que se llevaba en el quirófano
-Me mandaste a llamar. Tú dirás- avisé, ubicándome a su derecha. Observando lo que sea que ocurría debajo de nosotros. Sorpresivamente, la sala de emergencias se encontraba desolada.
-¿Qué ocurrió hoy con Merriman?- Oh, así que de esto se trata.
-Nada, ¿Por qué?
-¿Nada? Eso no es lo que dice el personal de la unidad de cuidados Intensivos que trabajó hoy con ustedes.
-Solo tuvimos una diferencia acerca de un caso que él tenía- respondí, apartándome del vidrio y tomando asiento en una de las sillas ubicadas en la primera fila.
-¿En que se basaba esta diferencia?
-Un caso, Cefalea por abuso de analgésicos. ¿Puedo saber a qué se debe todo esto?
-Sabes bien de qué va, no sé cuantas veces tendré que repetirte que te mantengas alejado de ese bastardo
-¿Y que se supone que querías que hiciera? ¿Qué guardara silencio, mientras el aplicaba un procedimiento erróneo?
-No, no es eso lo que pido. Solo digo que si es necesario corregirlo lo hagas de acuerdo con el protocolo, acudiendo a mí
-No soy un niño, yo puedo resolver solo mis problemas
-Oh si! Como no saberlo- replicó con sarcasmo- Sabes quién es Merriman, no hace falta que te recuerde el cargo que su padre tiene dentro del concejo médico
-No hace falta que lo hagas, y si de cargos hablamos mi padre también está dentro de esa junta
-Deja de ser tan engreído por una vez en tu vida Mellark
-¿Para esto me llamaste?
-¿Cuál fue el tratamiento? ¿En qué se equivoco?
-Básicamente todo comenzó por el análisis de un TAC sin hallazgos. Me tomé el atrevimiento de leer la historia porque sinceramente el caso me parecía atractivo, basándome en la lectura completa y en los antecedentes clínicos pude diferir de su diagnostico. Llegando a la conclusión de que se trataba de un caso de cefalea por abuso de analgésicos, en vez de una migraña bien extraña... - no pude terminar de defender mi punto de vista , pues la puerta que daba a la sala de observación crujió, anunciando de esa manera que alguien acababa de ingresar a la habitación.
-Lamento interrumpir Dr Abernathy, pero me dijeron que me estaba buscando
-Sí, pasa hijo- le invitó con un leve movimiento de muñeca. Merriman optó por apoyarse en el muro de concreto donde se ubicaban todos los controles de la habitación, desde interruptores de luz hasta conectores de micrófonos.- me imagino que comprenden el porqué están aquí ¿no?- ambos asentimos- bien, antes de impartir justicia quiero conocer todos los puntos de vista.
-Ok, esto fue lo que ocurrió- no me sorprendió en absoluto que mi compañero se adelantara en el defender su punto. Merriman era así, toda su vida había sido así y eso se reflejaba en la eficacia de su trabajo.- ayer en primeras horas recibí una paciente que se quejaba de un intenso dolor de cabeza. La paciente indico en su historial que desde pequeña sufre de fuertes episodios de migraña, comencé a tratarla y ahí fue cuando mi compañero metió sus narices en mi trabajo. Buscando solo el desprestigiarme.
-No me interesa desprestigiarte…
-Sí, si te interesa- me interrumpió, elevando el tono de voz- Solo te interesa tener el puto merito en el área en la que te encuentras.
-Dr Merriman por favor, cálmese.
-Me disculpo, profesor- mientras el chico estudioso se disculpaba me resultó inevitable torcer la mirada- es solo que… pasé un mal rato con mi equipo de enfermeras.
-No lo hubiese pasado si hubieses leído ese párrafo en la historia que decía que la paciente que acude a nuestra consulta quejándose de dolor continuo y que la medicación que toma "no le hace nada"- alegué, abandonando la comodidad que me brindaba mi asiento para ubicarme frente al idiota. Cara a cara.- Si hubieses leído esas putas líneas, otra historia seria.
-No jodas mi trabajo Mellark…
-Tú no jodas conmigo- Advertí, sin apartar la mirada ni un solo segundo- llorando por los rincones, pidiendo la intervención de tu papá cuando deberías tener las bolas para solucionar los problemas por ti solo.
-Mellark! Cállate!- gritó Abernathy, tratando de calmar los ánimos antes de que la situación se saliera de control.
-¿Joder contigo? Amigo claramente tienes un fuerte problema, tú eres quien se la vive metiendo las narices donde no lo llaman.- ladró el idiota- Si alguien tenía que verificar mi trabajo ese seria Abernathy o el jefe del departamento de Diagnostico.
-Es la vida de alguien, el familiar de alguien, la hija de alguien, no una inservible rata de laboratorio que puedes remplazar
-Tú no eres quien para impartir sanciones.- me acusó, señalándome con su dedo índice.
-¡Maldición! No estoy tratando de avergonzarte, reconoce que te equivocaste. Esa mujer pudo morir
-No soy perfecto, soy un ser humano
-No- Y ahí fue, fue en ese instante en que me olvide que me encontraba en una sala de observación, en mi trabajo, con mi jefe justo a mis espaldas tratando de detenerme en el momento en que mis manos abandonaron el refugio que les brindaba el bolsillo de mi uniforme para apoderarse de la camisa de Merriman, tomando impulso y empujándolo contra el muro de concreto.- Escucha bien, imbécil. En el momento en que la aceptaste te convertiste en Dios para ella. Para ella y para el próximo debes ser perfecto ¿Entendiste?
-Mellark, bájalo.- demandó Haymitch a mis espaldas.
-No te escucho, ¿Me entendiste?- Repetí, ignorando las sugerencias de Abernathy.
-Sueltame, imbécil
-Respuesta incorrecta- anuncié, reuniendo mis fuerzas y apretujando más fuerte el cuello de su camisa.
-Esto no se va quedar así. Van a suspenderte.
-Adelante, hazlo. Me va a encantar contarle lo que paso al concejo…
-Mellark, ya basta. Bájalo en este mismo instante- solo hice caso a la orden de mi jefe en el momento en que una de sus manos se posó sobre mi brazo izquierdo. Sin ninguna delicadeza o advertencia, abrí mis palmas, ocasionando que el cuerpo de mi compañero se deslizara por el muro y trastabillara un poco hasta llegar al piso
-Gracias, profesor- con cada palabra que el idiota pronunciaba, aumentaban mis ganas de tomar un sedante y administrárselo para ganar unas horas de paz.
-En vista de que no pueden soportar la presencia del otro por mucho tiempo voy a ser breve. Primero, nadie va a hablar con el concejo- Merriman bufó, mientras que yo por mi parte, mentalmente agradecí…Mi padre y mis hermanos no iban a alegrarse de que por este idiota pudieron haberme suspendido.- Segundo, no los quiero volver a ver juntos en ninguna planta a manos de que sea por una reunión o porque estén cubriendo alguna de sus rondas conmigo y el equipo. Cuando le sea asignado UCI a uno el otro estará en emergencias y viceversa. Tercero, Merriman seleccionaras a alguno de los titulares en Neuro y te reunirás con ellos…
-Pero prof…- lo reconozco, hasta yo me sorprendí. El que un estudiante que ya estaba prácticamente listo tomara unas asesorías basadas en prácticamente toda su rama, era un retroceso inmenso. Sin contar la humillación de que tus compañeros se enteraran de que necesitabas reforzar conocimientos.
-¿Estas interrumpiéndome?- Merriman negó con un gesto- puedes elegir a quien quieras, no voy a meterme en eso y mucho menos notificaré a alguien que ocurre, nadie lo va a saber…
-¡Él lo sabe!- lloriqueó, señalándome
-No veo cual es el problema, Mellark tiene asesorías en Psicología.- Pero solo porque según tu, soy un hombre con la sensibilidad de una piedra, no porque esté en tela de juicio mis conocimientos, agregué mentalmente- supongo que la mujer aun está aquí- Ambos asentimos- bien, Mellark te encargaras de ella hasta que sea dada de alta.
-Entendido
-Y con encargar me refiero a que no te vas a despegar de esa cama hasta que esa mujer abandone esta clínica caminando. No vas a recibir más casos mientras ella esté aquí. Y solo saldrás a comer, dormir y a ducharte… Claro que, primero me avisaras a mí antes de hacerlo.
-¿Aplica desde está noche?
-Si.
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-A ver, date la vuelta
En el instante en que vi mi reflejo en el espejo supe que algo no iba bien, es decir, el pantalón blanco ajustado, estaba bien. Las sandalias altas color piel, perfectas. La blusa era mi problema… era tan trasparente que podía detallar la curva de mis senos y mis caderas sin necesidad de quitármela.
-No crees que esta camisa sea un poco, ya sabes. Reveladora- agregué sin apartar la vista del espejo.
-Creo que me gusta, pero si no te sientes cómoda lo mejor es buscar algo con lo que tú te identifiques- aprecié el hecho de que Glimmer respetara mi opinión y no se enojara por desechar su recomendación.
-Entonces usaré la de color rosa
-Ok, ten- estirando su mano, me pasó la suave y liviana blusa- puedes usarla con las sandalias que tienes puesta.
-Oka
-Ya son las ocho y cinco, ¿A qué hora me dijiste que venía a buscarte?
-A las nueve treinta termina su turno. Calculo que podría estar aquí a las nueve cincuenta o diez de la noche.- respondí tomando el montón de ropa que Glim había traído en su maleta y que ahora se encontraba esparcida por toda mi pequeña cama.
-Está bien. ¿Quieres la charla?
-No creo necesitarla, pero si quieres hacerlo. Adelante- le indiqué, sin distraerme de mi tarea, tomando la ropa, doblándola y guardándola en su bolso.
-Te amo, eres mi mejor amiga casi mi hermana- esa frase ocasionó que dejara lo que estaba haciendo y la mirara- solo quiero saber si estás segura de esto
-Si, sé que en este momento soy una completa perra por hacer esto a espaldas de Clove pero él de verdad me gusta y si esta es la única manera en que puedo tenerlo aunque sea por una cantidad de tiempo limitado, me da toda la vergüenza del mundo reconocerlo en voz alta, pero estoy dispuesta a hacerlo.
-No tiene porque darte vergüenza conmigo Kat, solo…tengo mucho tiempo conociéndolo y sé que es…
-Un sinvergüenza- completé por ella.
-Exacto, y tiene algunas razones para serlo pero, no mentiré y pediré clemencia por Clove porque ambas conocemos bien la clase de perra sucia que es, solo quiero que siempre que sientas… ya sabes, tus sentimientos volar por los cielos, los llames a tierra y lo hagas aterrizar y que nunca nunca esto va a interferir con nuestra amistad.
-Eso nunca va a ocurrir Glimm, tu eres mi casi hermana. Rue y tu- Prometí acercándome y abriendo mis brazos para envolvernos en un apretado abrazo.
-Bueno, ya basta de tanta cursilería. No soy como tú, de las que les cuesta llorar, dame una escena y terminaré inundando este cuarto- comentó, separándonos y acercándose al espejo para observar su estado.- A partir de este momento no se dicen mas cursilerías.
-Entendido.
-Tu cejas están perfectas, tus uñas igual, la ropa excelente... ¿Te depilaste?
-Claro que si! Esa fue una pregunta estúpida
-Como está tu monte de venus?
-Está bien, gracias por preguntar- respondí, con la incomodidad dibujada en toda mi cara.
-No te enojes estoy tratando de ayudarte. Además estoy haciendo preguntas totalmente normales.
-¿Y como se supone que eso me ayude?
-Pues obviamente, el modo en que te rasuras puede describirte como persona. -suspiraba, mientras que con ayuda de su mano derecha, ajustaba los ganchillos que sostenían su elaborado peinado- Así que si llevas el vello púbico al estilo niña, es decir, cero vello, esto es, limpio y rasurado vas a la moda, estás in, pero eres más conservadora de lo que piensas. No te arriesgas, ni creas tendencia. Haces lo que la mayoría. Por otra parte, hay gente que lo lleva en forma de corazón, de estrella, incluso con cristales que forman dibujos a modo de adorno, ellas marcan tendencia y son artistas. Marcan la diferencia. Creativas y modernas, les encanta descubrir cosas nuevas y crear arte a través de su cuerpo y todos sus sentidos. Y ni hablar de aquellas que se lo tiñen de colores exóticos...
-Entonces, creo que soy del grupo de las aburridas
-Tranquila, con una depilación al estilo cero, son muchas las cosas que puedes hacer. Después si quieres puedes intentar otros estilos y…- ambas dimos una vuelta de trescientos sesenta grados cuando unas agudas campanitas interrumpieron nuestra conversación. Miles de animales parecían haberse alojado en mi estomago y estar dando golpe a las paredes del mismo, pues los retorcijones que sentía no eran nada normales- ¿Crees que sea él?
-No lo sé- respondí, alargando mi mano para tomar mi móvil. Solo tuve que ver los tres primeros números para saber quien me llamaba- es él- confirmé, mirándola.
-Atiende, atiende. Hazlo sonar normal, tranquila
-Ok Ok- respira, inhala y exhala. Calmate… ¡Oh Maldición!- ¿Hola?
Mmh Hola- Calmate Katniss, es solo una llamada. Hazlo fácil.
-¿Saliste antes de tu turno? ¿Ocurre algo?
No, aun no he salido y la verdad es que si, algo pasa.
-¿Está todo bien?
No, mierda Katniss lo siento. No debería hacer esto por teléfono, no es adecuado… se suponía que iba a ir hasta tu residencia pero no pude. Lo lamento, yo no voy a poder irte a buscar para vernos hoy.
-¿Cómo? ¿no puedes o no quieres?
No puedo, tuve un inconveniente con un paciente y Haymitch me ordenó quedarme con él hasta que le diera de alta. No puedo salir de la clínica hasta que eso ocurra. No tengo palabras que compensen lo que te estoy haciendo, solo te pido que me creas porque no es solo una excusa, es la verdad.
-Suerte con tu paciente, lamento lo de Abernathy. Buenas noches.
¿Katniss? Lo siento.
Obviamente, no había razones para mantener nuestra conversación. Por como yo lo veía, para él esto era como un intercambio de negocios. Quizás era la única compañera con la que le faltaba acostarse. Mientras que para mí, esto podía representar la única forma en la que me viera, me conociera y se diera cuenta de que yo era un buen partido.
Aparté el móvil de mi oído, pulsé la tecla finalizar y lo dejé sobre la pequeña mesa en la que reposaban mi perfume, mis cepillos y algunas cosas de maquillaje. No me atreví a establecer contacto visual con Glimmer, por lo tanto di unos cuantos pasos a mi derecha hasta llegar al cuarto de baño. Cerré la puerta y poco a poco, con la mayor lentitud del mundo fui quitándome la ropa, doblándola con cuidado, pues no quería que las prendas de Glimm se mancharan.
Como todas las noches, después de un ensordecedor gorgoteo proveniente de la tubería, el agua helada me dio la bienvenida. Afortunadamente ya me había acostumbrado a esto, como decía la madre superiora, Dios nos pone pruebas difíciles para probar de que estamos hechos. El único milagro que pedía todas las noches al salir de la ducha era que por primera vez la calefacción del edificio funcionara del todo.
Enjaboné, enjuagué y sequé mi cuerpo, tiré de la enorme y desgastada camisa de los yankees que tenia detrás de la puerta, con la misma toalla con la que había secado mi cuerpo, envolví mi cabello en un apretando nudo. Abrí la puerta y no me extraño en lo mas mínimo, encontrar a Glimm en la misma posición en la que la había dejado.
-Voy a dormir Glimm, mañana tengo trabajo.- Anuncié, soltado la toalla para comenzar a desenredar mi cabello.
-¿Quieres hablarlo? Tu teléfono no ha parado de sonar.
-Pues lo mejor será apagarlo y no, Glimm sé que voy a sonar como una mal agradecida pero quisiera acostarme a dormir. Mañana tengo que trabajar y la verdad quisiera descansar algo
-Entiendo, igual ya recogimos todo- Se levantaba- voy a estar en mi casa, si me necesitas o si quieres hablar. Llámame… a la hora que sea.
-Gracias Glimm, disculpa el mal rato. Supongo que nos veremos mañana en el trabajo. Buenas noches. Cierra al salir
No quise alargar mi tortura mucho mas, así que cubriendo mis pies con un par de medias y mi trasero con una de esas bragas a las que Rue bautizaría como "Nada sexy" me acosté en mi cama no sin antes tirar del edredón para terminar de cubrir mi cuerpo.
Fue sorprendente la rapidez con la que me dormí, supongo que gran parte se debe a la pésima película de muertos vivientes que pasaban en la televisión o quizás fue culpa de las largas horas de trabajo a las que había sido sometida toda esta semana o… que la verdad mi cerebro reconocía que no debía sentirme mal por algo que en el fondo sabia carecía de importancia.
Al despertar, mi día comenzó siguiendo el mismo cronograma de hace tres años, apagar la alarma, levantarme, estirarme, acomodar mi cama, ducharme y vestirme. Era normal que mientras llevaba a cabo esta última tarea perdiera una gran cantidad de tiempo observándome en el espejo, buscando algo creativo que hacer con mi cabello o quizás buscando un labial que me hiciera lucir diferente, lamentablemente después de quince minutos terminaba reuniendo todo mi cabello en una coleta alta, decorando mi rostro con solo una capa delgada de polvo facial y decorando mis labios con un brillo color nude. Antes de salir tomé del buró mis llaves, mi móvil, mi bolso y mis dos tabletas de chocolate oscuro que era literalmente, mi desayuno.
Vivir en la aldea de alquiler estudiantil aun tenía sus ventajas. Sin contar con que en las madrugadas la calefacción era una real porquería y ni hablar de mis vecinos, el hecho de que solo tuviese que caminar dos cuadras para llegar a mi lugar de trabajo era un aspecto que gran parte de mis compañeros envidiaba. Las enormes puertas de vidrio eléctricas me dieron la bienvenida, en el mismo instante en que puse un pie dentro del área de emergencia el apocalipsis parecía haber iniciado.
Gran parte de mis compañeros se encontraban trabajando con sus asistentes en los distintos cubículos de emergencia, un grupo de residentes tomaba datos de familiares y otro grupo se encargaba de evaluar y estabilizar a cuantos heridos le fuese posible.
-¿Asalto o accidente de tránsito?- pregunté a una de las enfermeras que se encontraba llenando unas formulas en la recepción.
-Accidente de tránsito, un autobús perdió los frenos en la vía Dra. Everdeen
-¿Quién está a cargo?
-El Dr. Abernathy está en quirófano, todo el equipo de trauma está colapsado. ¿Quiere que la registre como activa?- El registro de actividad, era básicamente un programa en el que se clasificaba al personal médico en tres categorías: activo, descanso y bloqueado. Activo y bloqueado solamente aplicaban desde el momento en que te reportabas disponible o en el instante en que tu turno finalizaba.
-Voy a guardar mis cosas y a prepararme, cuando regrese cambia mi registro- sin perder un solo segundo me dirigí al área de vestuarios, donde se sitúan todos los lockers, baños, duchas, además de ser el único lugar donde el personal médico tiene permiso para cambiarse, sin contar los dormitorios.
Empleando un poco de fuerza más de la necesaria para abrir la puerta de la sección de casilleros, corrí al mío, tiré del cordón que sujetaba mi carnet y la pequeña llave del candado. Tan rápido como mis manos me lo permitieron, una vez mi compartimiento estuvo abierto, organicé todas mis pertenencias dentro y antes de cerrarlo extraje de mi bolso, mi móvil, mi gorro y mi breve pero rico en calorías, desayuno.
Tensando mi coleta y escuchando el chirrido que hacían mis zapatos al chocar con el suelo, me preparé mentalmente para recibir el subidón de adrenalina que me invadiría en el mismo instante en que cruzara el pasillo que daba al área de emergencia.
Tal y como lo había predicho, en el segundo en que mi olfato logró percibir el fuerte olor a alcohol, desinfectante, betadine y sangre todos mis sentidos se pusieron en alerta. A medida que avanzaba por el largo corredor me percataba de que todos los cubículos de emergencia del ala uno, se encontraban repletos. Lo que sea que hubiera pasado en este accidente transito, originó grandes consecuencias.
-¿Teresa?- susurré, evitando que se sobresaltara y dañara el procedimiento de sutura que realizaba
-Oh Katniss! Gracias a Dios estas aquí- saludó, apartando la vista de su trabajo no sin antes cortar el hilo de sutura y desechar sus instrumentos.
-¿Qué tan grande es el daño?- pregunté, sacando de mi bolsillo mi gorro para después proceder a ajustarlo
-Tres buses, choque en cadena.- sin apartar la mirada de mi compañera, tomé un par de guantes quirúrgicos del estante que disponía su cubículo, con una velocidad que solo se adquiere con el tiempo, tiré de cada uno para poder ajustarlos en mis manos- Uno patinó varias veces sobre el asfalto, los heridos tenían daños sumamente graves, todos los superiores trabajan en ellos. Los que iban en el bus dos y tres son todos los que ves aquí.
-¿Cuales son los pacientes que un están sin atención?
-Los que veas solos. La verdad no lo sé, he reubicado tantos brazos, piernas y muñecas que sinceramente he perdido la noción del tiempo y procedimientos de organización.
-Buscaré a alguna de las enfermeras jefes o algún especialista encargado- agregué dando algunos pasos hacia la salida de su área.
-Estamos en un aprieto, gran parte de los de trauma ya están ocupados, solo tenemos residentes…
-Bueno, un día de enseñanza para los chicos nuevos. Esperemos que esta vez no haya vómitos y desmayos.- respondí sonriendo y abandonando definitivamente su zona.- ¡Nelsie!- grité, llamando a la única enfermera que podía darme un informe detallado de la situación
-Dra. Ever…- La alta pelirroja terminaba de acomodar una de las camillas en el pasillo principal. Al verme, se apresuró a ubicar correctamente al paciente para después acercarse.
-Si, tranquila ya sé que esto es horrible- le corté- necesito un listado de todos los especialistas activos. Todos, no me importa si están durmiendo o comiendo.
-Entendido.- confirmó tomando una tablet del mesón más cercano.
-¿Quién está por cardio?
-Hasta ahora, solo usted. Sus compañeros están en quirófano.- respondió ingresando o revisando algunos datos en la tablet que portaba.
-Bien, ¿tienes a tu equipo aquí?
-Si señora, en este instante están clasificado a los pacientes de acuerdo con sus padecimientos.
-¿Dónde tienes a los de cardio?
-Por el otro pasillo- indicó, mientras que con su mano me indicaba el camino.
-Voy a estar allí, cuando tengas el listado que te pedí quiero que me busques.
Solo demoré segundos en llegar a la sección donde se estaban agrupando a mis posibles pacientes, miento si no confieso que sentí mis piernas temblar al ver aproximadamente nueve camillas agrupadas en una fila. Inmediatamente mi mente comenzó a maquinar el procedimiento que podía emplear para lograr verlos a todos en la mayor cantidad de tiempo posible, lamentablemente solo podía reducir a diez o quince minutos en solo determinar la afección por paciente, lo que podía significar la muerte para cualquiera que tuviese un derrame o algo peor.
-¿Eres residente?- pregunté, alcanzando a la primera chica que visualicé revisando una de las vías del paciente más cercano.
-Si- respondió con voz temblorosa.
-¿Dónde están tus compañeros?
-Ellos…
-Búscalos a todos- ordené- tienes tres minutos para tenerlos a todos aquí ¡Corre! – al momento en que la chica desapareció por el pasillo por el que yo había llegado, me dispuse a revisar al paciente que ella atendía. Revisando la historia puede cerciorarme de que solo se trataba de una lesión cardiaca menor, nada que ameritara cirugía. Mientras revisaba la historia, el hombre que estaba en la camilla tiró de mi mano, logrando que la carpeta se deslizara de mis manos.
-Me duele el pecho.-señalo con una voz terriblemente ronca- Duele
-Lo sé- agregué sin poder apartar la vista del enorme hematoma que comenzaba a formarse en su caja torácica- Respira profundo, tienes heridas menores, ya estas recibiendo tratamiento, estarás bien. Estas en el hospital, bajo observación.
-Dra. Este es mi grupo- Interrumpió la residente a la acababa de enviar en busca de sus compañeros. Afortunadamente, su grupo era de doce personas lo que me caía a la perfección.
-Bien, quiero que me escuchen con atención todos los pacientes que tienen en esta área son posibles casos de trauma cardíaco. Estoy consciente de que ninguno de ustedes me conoce, de hecho no soy supervisora encargada o jefa de residentes pero por el día de hoy recibirán una clase abierta en la que ustedes trabajaran sólo con sus conocimientos, intuición y la ayuda que yo les facilite.- expliqué, tratando de ser lo más breve posible- Si alguno tiene un problema, hambre o sueño necesito que se olviden de ello porque puedo asegurarles que estas serán una de las horas más largas de su vida. Quiero que se dividan en grupos, ustedes se encargaran de eso. Van a sospechar de un trauma del corazón en todo paciente que presente heridas en el tórax anterior y tenga inestabilidad hemodinámica. De una vez les digo que se consideran zonas de riesgo para estas heridas, el área precordial, el epigastrio y el mediastino superior.- a medida que mi explicación avanzaba, además de escucharse mi voz, el sonido que hacían las hojas de las libretas al ser pasadas o el raspar del bolígrafo sobre la hoja casi me hizo sentir mal por someter a estos futuros expertos a tan abrupta e independiente tarea- Existen dos formas clásicas de presentación: la hemorragia severa hacia la cavidad pleural y el taponamiento cardíaco. La hemorragia produce estado de shock y palidez extrema, en tanto que el taponamiento origina ingurgitación yugular, cianosis en cara y cuello y ruidos cardíacos alejados, pero si existe una coincidencia en la rapidez de la muerte donde el shock hipovolémico no llega a instalarse constituyendo la anemia aguda la causa directa de muerte. El trauma cerrado del tórax, especialmente cuando el impacto se produce sobre el esternón, puede causar daño en el miocardio, desde una hemorragia intramural microscópica hasta un franco infarto por laceración miocárdica o coronaria. También puede producirse taponamiento y en algunos casos rupturas de las válvulas. Sus repercusiones hemodinámicas y manifestaciones clínicas son enteramente similares a las de un infarto agudo del miocardio: disminución del gasto cardíaco, falla de bomba y arritmias. Como complicaciones tardías, al igual que el infarto del miocardio, se pueden presentar aneurismas de la pared ventricular o aun rupturas del miocardio El ventrículo derecho, por su posición anatómica contra el esternón, es la región más susceptible de sufrir este tipo de lesión. Teniendo esto claro, cada uno de ustedes de acuerdo al caso realizará ecocardiografía doppler, angiografía, radiografía de tórax y control enzimático. Necesito que ubiquen cada caso dentro de la escala de trauma basados en grado y descripción. La clasificación de la lesión es de suma importancia. Cuando hayan terminado quiero que se reporten ante mí y si alguno de sus casos es asintomático se aplicará un monitoreo cada cuatro horas y se harán cargo de otro caso. ¿Entendido?
-¿Podremos buscarla si tenemos alguna duda?- preguntó uno de los chicos
-Claro, búsquenme para lo que necesiten pero, no tengo tiempo para darles una mano. Conocen el protocolo. Verde, no importante. Amarillo: cuidado retardado y roja tratamiento obligatoriamente inmediato. Etiqueten organicen las historias, atiendan a todos cuanto puedan. De acuerdo con sus etiquetas yo me encargares de los tratamientos obligatoriamente inmediatos
-¿Por dónde empezamos?- agrego otra chica
En el momento en que me aparté, todo el grupo se disolvió y tal como lo había indicado cada uno tomó a una pareja y comenzaron a ubicarse al lado de cada camilla, mientras unos tomaban sus guantes otros ya comenzaban a realizar las observaciones correspondientes. Evitando distraerme, volví a centrar mi atención en la primera camilla. El hombre que hace nada tiró de mi mano para que lo atendiera, ahora me observaba con admiración y gratitud. Por lo general, le huía a este tipo de miradas, si algo malo llegaba a pasar, si cometías un error, ese gesto dejaba de ser agradable para comenzar a sentirse doloroso hasta el punto de convertirse en pesadillas.
En mi trabajo, los errores no perdonaban. Si te equivocabas, casi nunca podías hacer algo para remendarlo.
-Katniss- no demoré ni dos segundos en girarme para atender a mi jefa de enfermeras.
-Dime que son malas pero no perversas noticias
-Hay muchos heridos en la cabeza, quiero que vayas allá.
-No puedo dejar a estos chicos solos.- susurré tan bajo como pude, evitando de esta manera que los residentes que me rodeaban escucharan algo.
-Yo puedo quedarme con ellos…. Por una cantidad de tiempo limitado.
-¡Maldición! ¿No hay nadie más?- negó con un gesto- Si hay alguna urgencia llámame a emergencias
-Entendido
-Y llámame si su sístole cae por debajo de los noventa, le ordené mas digoxina para bajar el ritmo cardiaco- señalé antes de girarme para dirigirme a la siguiente área.
-Hecho, Nelsie está en la sala en la que te necesito. Búscala
No respondí, solo me giré y repitiendo mi proceso de búsqueda logré dar con la alta pelirroja me esperaba con los brazos cruzados en la entrada del ala de emergencias tres.
-¿Qué tengo?- demandé sin detenerme, ingresando a la sala
-Trauma craneoencefálico. Hombre de aproximadamente veintisiete años.- suspiró tomando mi mano y empujándome al primer cubículo.
Dos chicas daban vueltas sin parar alrededor de una camilla en la que un chico de tez blanca se encontraba tendido, iban de una mesa a la otra, buscando vendas, revisando vías, verificando monitores. En la parte delantera de su uniforme el color blanco pasaba desapercibido, tú mirada solo podía registrar los enormes manchones rojos oscuro. En el momento en que ambas se percataron de mi presencia fue como si sus almas hubiesen regresado a ellas.
-¿Hace cuanto lo ingresaron?- consulté, acercándome al cuerpo del hombre y extrayendo la pequeña linterna con forma de bolígrafo que mantenía en el bolsillo de mi camisa. Tirando de sus parpados con mis dedos índice y pulgar. Su pupila izquierda se encontraba prácticamente dilatada, de lo que parecía ser un marrón oscuro de su iris solo se podía apreciar un gran círculo negro de su pupila.
-Cinco minutos, el neuro que lo atendió en el lugar solo tuvo tiempo para estabilizarlo, el equipo que lo trajo dijo que al encontrarlo estaba prácticamente muerto.
-Necesito su tomografía, sujeten el cuello firme.- requerí, tirando de la venda que protegía su cabeza, el que esta se encontrara manchada con tan poca sangre era una mala señal- Enfermera, sostenme esta venda- La joven me observó como si acabara de ser golpeada en el estómago, comenzando a palidecer.- ¿Estás bien?
-Si, solo... que es mucho y solo tengo tres meses.- confesó mientras me ayudaba a descubrir la cabeza del paciente.
-Respira profundo, confía en ti. - Le animé- Yo también estoy nerviosa, esta no es mi área. ¿Nelsie, tienes el listado que te pedí?- pregunté dirigiéndome esta vez a la pelirroja que sostenía la tablet como si ese fuese un paciente a punto de morir.
-Si, todos están ocupados en el área de emergencias
-Creo que eso es un poco obvio- repliqué con un poco de sarcasmo- te pedí que buscaras si había alguien disponible.
-Todo el personal está activo Dra. Solo tengo a Evans, Diaz, Mellark y Wilde sin estatus
-¿Cuál Mellark? ¿Y que pasa con los otros tres?
-Evans y Wilde tienen a madre y esposa en quirófano. Diaz va saliendo para unirse al equipo que se encuentra en el lugar del accidente y Mellark, Peeta controla a una paciente en el piso cinco.
-Habla con Mellark, dile que necesito que baje.
-Ya lo hice, precisamente me comuniqué con él antes de buscarla a usted, dijo que no podía apartarse de su paciente.
-Comunícamelo, usa el intercomunicador y en el momento en que te atienda pásamelo.- señalé -Y también necesito para aquel grupo de residentes herramientas de cirugía cardiaca, vías centrales y carro de intubación. Se postergaran las cirugías que no son urgentes intenta liberar todas las cama posibles en el ala de emergencia cuatro y quirúrgica- asintiendo, Nelsie se giró para tomar el intercomunicador y poder comunicarse con mi única esperanza. Tratando de no parecer ansiosa, dejé de seguirla con la mirada para concentrarme en el caso que tenía frente a mi.
-Dra. Aquí está- sin pensarlo dos veces me alejé de la camilla y literalmente le arranqué el auricular de las manos a mi asistente.
-Necesito que bajes.- No era el mejor saludo, pero dadas las circunstancias era lo mejor que podía ofrecerle.
-No puedo- respondió con esa voz gruesa y sexy... Por Dios Everdeen! El tipo te dejó plantada, además esté hombre se muere!
-Baja ya mismo, Mellark.
-¿Merriman está allá?.
-Creo que sí, no entiendo a…
-No puedo estar en el mismo departamento que el.- me cortó
-¿Qué mierda? - grité- Estas bromeando verdad? Cómo que no puedes, que es esto... Un concurso en el que quieres demostrar que eres más hombre que cualquiera de los que están aquí
-No me grites- siseó - y por última vez te lo digo, no puedo bajar mientras él esté allí
-Dra Everdeen- llamó Nelsie a mis espaldas- ya tenemos los resultados del Tac que solicitó y los residentes que organizó la necesitan
-Sabes qué JÓDETE. Tengo alguien que puede morir en este instante y solo estás haciendo que pierda mi tiempo. Tú y tus estúpidas conductas de macho de pueden ir por el caño.- no di tiempo a que respondiera, si el iba a jugar la carta de la obediencia pues yo tendría y sería la pesada conciencia. Bastardo, creyéndose importante... No seas iluso, yo sola puedo con esto. Por algo soy la mejor en mi división. -Nelsie comunícate con tu jefa, le encomendé hacerse cargo de los residentes que dejé en la otra sala. Dile que necesito que sé quedé allí y los ayude. Notifícale que no es un favor el que le pido, esto es una orden.- la chica se giró para tomar el intercomunicador y poder comunicarse con su compañera, cuando posé nuevamente mi mirada en mi equipo de enfermeras provisional- Tú- llamé a la chica número uno, que aun sostenía la venda que acababa de retirar de la cabeza del hombre- vas a encargarte de cerrar cada herida que tenga este hombre, comenzando por sus pies y deteniéndote en sus hombros- y tú- señalé a la otra chica que sostenía una carpeta con exámenes y placas, la que parecía más cómoda- trabajaras conmigo. Ahora, necesito revisar esos exámenes que tienes ahí- asintiendo la chica tendió la carpeta en mi dirección, para después alejarse y encender la pizarra de exanimación de placas.
-¡Santa Madre!- Chica dos, Nelsie y yo nos giramos tan rápido como nuestro cuerpos nos lo permitieron. Chica nerviosa uno, literalmente voló desde el borde inferior de la camilla hasta situarse en el borde superior, sujetando la cabeza del hombre- ¡Está convulsionando!
-¿Quiere que administremos acido valproico o fenitoína ?
-No- ordené acercándome a la camilla sin apartar la mirada de mi reloj- no quiero ningún anticonvulsionante o antiepilectico. Tomo el tiempo del episodio, revisa sus pupilas
-Hay reversión ocular
-Su cuerpo comienza a relajarse- señaló chica nerviosa
-Primer episodio de convulsión veintinueve segundos- anuncié apartando la mirada de mi reloj- Anotalo en la historia, Nelsie. No toques sus pies, aun están tensos ¿Volvieron sus pupilas?
-Regresan.- por lo menos algo de luz entre tanta oscuridad. En el momento en el que el cuerpo del sujeto comenzó a relajarse cada quien regresó a la tarea que sé le había encomendado. Chica uno, limpiaba y controlaba cualquier hemorragia externa que podía tener el hombre, mientras que chica dos y yo recordábamos las placas y demás exámenes, Nelsie por su parte aun no soltaba el auricular del intercomunicador de sala.
-Dra. Everdeen el Dr Mellark al intercomunicador.
-No puedo atenderle en este momento.
-insiste, dice que si no lo quiere atender que por lo menos coloque el altavoz
-Pásamelo- pedí, tendiendo mi mano y recibiendo el auricular- ¿Qué?
-Dame un reporte
-mira, estoy tan ocupada aqui abajo como para perder mi tiempo tratando de hacerte un...
-No puedo bajar, me podrian suspender. - me interrumpió- estoy trantando de ayudar, por lo menos dame y voto de confianza. ¿cuales son los traumas?
-heridas en el pecho y piernas, fractura de brazo, lesion en colunma y pelvis y fractura craneal y hemorragia intracraneal.- confirmé, revisando las placas.
-¿Signos de aumento de presion?
-Si- alejándome de la pizarra y acercándome añ hombre, extraje de mi bolsillo delantero la linterna y abriendo sus parpados, revisé sus pupilas- Su pupila izquierda está mal. está floja.
-¿Convulsionó?
-Si- respondí revisando la historia- acaba de finalizar el episodio, ahora se le está dilatando la pupila derecha.
-¿Lo tienes en quirófano?
-No, deberías saberlo. Tú eres quien me está llamando.
-Transfirieron la llamada. Responde
-No, todos estan repletos, no puedo sacarlo de aquí. Estoy atendiendo a un hombre con múltiples heridas en un área común- me fue imposible disimular el temblor en mi voz ocasionado por el gran nudo que se encontraba en mi estómago, apretando sin cesar mis tripas.
-Cálmate- reconozco que su exigencia logró traer a mi un poco, sólo un poco de serenidad. Por lo menos no iba a estar sola en esto.
-No puedo calmarme- Susurré, apartándome del grupo-. Estuve en calma hasta hace unos minutos, ya no.
-Tienes que hacerle agujeros de trepanacion.- sentenció, sin siquiera darme tiempo de asimilarlo.
- ¿Agujeros de trapanacion?- No piernas! Por favor no me fallen ahora, no es tiempo de que tiemblen- no puedo hacerlos aquí, podría matarlo la infeccion. necesito un area esteril.
-¿Quieres Salvar su vida?
-Si.
-entonces olvidate de los malditos gérmenes y escúchame. Pide el equipo de trepanación- Madre María, yo iba a abrir el cráneo de este hombre... Yo iba a taladrar su cráneo... Yo iba a salvar su vida ¿no?
-Nelsie necesito equipo de trepanacion.- Solicité con una extraña fuerza de voluntad que se apiado de mi.
-Dra Ever...
-Solo hazlo.
-Estás sola atendiendo las demás extremidades?- por un segundo, me había olvidado del neurólogo que daba instrucciones a través del intercomunicador.
-Estoy prácticamente dirigiendo toda el área de emergencias, todo el personal que está trabajando hoy, está aquí o en el lugar del accidente.
-preparadas doctora. Cuando quiera.- Nelsie ingresó a la pequeña sala, empujando un carrito de carga en el que se podía observar, en la primera bandeja, pinzas, cuchillas, agujas e hilo de suturas, pero lo que capturó por completo mi atención, fue la caja plástica de color azul marino. Asintiendo hacia mí asistente, tomó las dos pestañas que mantenían la caja cerrada, tirando de ellas, lo que ocasionó que las bisagras emitieran un ronco sonido al levantar la tapa, revelando el taladro quirúrgico.
-¿Ves el taladro?- de pronto la voz de Peeta me parecía tan lejana. Como si solo se tratara de un eco.
-Si, lo veo- murmuré después de permanecer en silencio por algunos segundos.
-¿Está conectado?
-Lo están preparando- anuncié sin apartar la mirada del artefacto.
-Una vez lo tengan conectado quiero que vayas hasta él y lo sostengas.
-Entendido.- sosteniendo el auricular con mi hombro y mi mejilla izquierda. Tomé en mis manos el delgado pero no tan liviano instrumento- Ya lo tengo en mis manos.
-Siente su peso- podía decir que pesaba un poco más que la plancha que Rue usa para alisar su cabello- la tensión que hay en el interruptor- presioné el gatillo y en ese instante el taladro cobró vida, girando su delgada mecha a una increíble velocidad sin casi emitir algún sonido, sólo un incómodo zumbido- sostenlo como si fuese un lápiz pero ayudándote a equilibrado con la otra mano.- y eso hice, pero mi falta de experiencia hacia que el delgado instrumento quedara mal equilibrado y se fuera hacia atrás -¿Eres derecha o zurda?
-Derecha.
-Bien, cuando sientas la liberacion de presión en el cráneo, lo vas a detener
-¿Aunque no vea sangre?
-Confia en tus instintos y la sensación
-Dra Everdeen...
-!AHORA NO!- grité, logrando que mi equipo se sobresaltara y que varios instrumentos se resbalaran des sus manos y cayeran en el piso.
-Lo siento- susurró una voz femenina a mis espaldas. Al girarme, me golpeé mentalmente. La chica que acababa de irrumpir en la sala, era la residente que estaba conmigo en la sala de cardio- usted me pidió que la buscara cuando tuviese los resultados de mi paciente.
-¿Qué hiciste?- pregunté tratando de disculparme.
-Eco
-¿Resultado?
-El ecocardiograma que realicé muestra taponamiento cardiaco.- murmuró sin apartar la mirada del piso.
-Carajo.- aunque lo pensé, fue Peeta quien vocalizó mi pensamiento.
-¿Estás preparada para atenderlo?- pregunté a la residente.
-Solo he asistido como observadora a dos procedimientos.
-Fuck!.- Nuevamente era Mellark quien coincidía con lo que pasaba por mis pensamientos.
-Peeta, te lo pido. baja
-Katn...
-Te juro que me haré responsable si te ocurre personas podrian morir- rogar, Katniss Everdeen rogando. No era algo de lo que alguien como yo pudiese sentirse orgullosa, no me caracterizaba por ser una mujer que rogara algo... Menos a un hombre... Con el que planeaba acostarse.
-¿En que area de emergencia estas?- Si! si! Hazlo, por favor, baja!
-Tres-me apresuré a responder.
Silencio.
Más silencio, no lograba escuchar ni el sonido de su respiración.
-Por favor- supliqué.
-Esperame ahí, vigilalo hasta que llegué- todo el aire que mantenía en mis pulmones, salió de golpe. Solté el auricular y juro que si las circunstancias hubiesen sido otras, podría bailar en medio de la sala en este instante.
-Ve reuniendo un equipo, ya voy para alla.- agregué, refiriéndome a la residente que solicitó mi ayuda en el área de cardio.
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-Perdón por la demora, los lavamanos de emergencia están repletos.- ingresé a la sala con los brazos doblados hacia mí pecho, evitando de esta manera que tuviesen contacto con alguna superficie. tan rápido como pudo Katniss se acercó a mi con un par de guantes quirúrgicos y procedió a cazarlos en mis manos.
-Ya tienes todo preparado- confirmó sin detenerse en su tarea- Nelsie es tu asistente. Su pupila derecha dilató un poco más
-¿Convulsionó?
-No desde que hablabamos.
-¿Ritmo Cardiaco?- haciéndole una pequeña señal con mis labios, señalé el bolsillo frontal de mi camisa, ella metió su mano en el y extrajo mi gorro. Tratando de ignorar ese sentimiento de incomodidad, cerré mis ojos, porque así era mas fácil pasar por alto el hecho de que era la primera persona a la que le permitía tocar mi gorro de la suerte.
-Estable.
-Ayudame con esto- ahora le señalaba el bolsillo izquierdo de mi pantalón.
-¿en serio?- susurró, acercándose lo más que pudo, evitando de esa manera que las otras asistentes escucharan nuestra conversación.
-Puedo irme si te parece ridículo
-Dame- ordenó, introduciendo su mano en mi bolsillo, sacando mi IPod y desenredando el cable de los audífonos- ¿por encima o bajo tu camisa?
-Bajo- levantando el borde inferior de mi camisa e introduciendo el cable para después sacarlo por el cuello de la misma, logré darme cuenta del segundo en que sus ojos se fijaron en mi espalda porque la cirujana mandona desapareció dejando a la sexy chica que se siente intimidada con mi presencia.
-¿Le doy play de una vez?- balbuceó, tratando de controlar su respiración.
-¿Qué reproducirá?
-It Wasn't Me de Shaggy.
-Esa está bien.
- Buena elección. Te cae como anillo al dedo, podría decir que es tu canción
-No sabes nada Eveerden . Ahora, sube un poco el volumen.
-¿Más?
-Si
-¿Así?
-Está bien, yo me encargo desde aquí. Ve a atender a tu taponamiento.
-Gracias- lamentablemente no logré escuchar lo que dijo después debido al volumen con el que se reproducía la canción.
-Abogaras por mi cuando Abernathy se entere.- finalicé nuestra conversación y me centré de lleno en el caso que tenía frente a mi.
-Comencemos con esto. Bisturí, por favor
- Bien, ubica tres dedos por encima de la oreja y dos o tres dedos frente a eso, del lado donde la pupila está mal.
-Entendido
Por extraño que pareciera, con cada corte que hacia, mas me adentraba en mis recuerdos, en la primera vez que hice un procedimiento como este. Y como no hacerlo si era prácticamente el mismo caso.
-Ahora usa el bisturí para hacer un corte vertical hasta el cráneo- el bisturí se deslizó por la carne como si fuera un trozo de mantequilla el que cortaba con el.
-Veo mucha sangre.- anuncié al terminar el corte.
-Hemorragia superficial, no te preocupes. ¿Llegaste al craneo?
-Si
-Haz un agujero en el medio de la incisión- Dios, si de verdad existes, no permitas que este hombre se muera.
-Taladro por favor.- tomé el instrumento con forma de bolígrafo y apreté el interruptor de encendido, tratando de conocer su fuerza y la intensidad de sus revoluciones.
-El grosor del hueso temporal será de solo dos milimetros- asentí, sosteniendo el craneo con mi mano izquierda y aproximando el taladro a la incision.
-Entré- confirmé, alejando el taladro después de escuchar algo similar al crujir de una galleta cuando se parte por la mitad, para después entregarle la herramienta a mi asistente- La duramadre se ve bien.
-Vuelva ha hacer otro agujero, Dr Mellark
-Al lobulo frontal ¿no?
-Si no está seguro es mejor que se retire y nos veremos el otro año.
-Si- repetí con más seguridad- detrás del nacimiento del pelo a unos centimetros de otra linea central. Este hueso es mas grueso, cinco veces más grueso que el temporal- nuevamente agarré el bisturí, deslicé la hoja por la piel. Al tener el corte listo aparte la piel con mis dedos -Taladro, por favor.- manteniendo mi pulso, repetí el proceso de perforación. -Listo segundo agujero
-¿Qué ve?
-Sangre, algo de sangre.- respondí sin apartar la mirada de mi paciente. -Ahora lo importante, taladraré alrededor del agujero. intentaré aliviar la presión
Bien. Vamos Mellark, este es tu sueño, esto es lo único que importa ahora.
-Ahora el agujero tiene cerca de dos centimetros, sigo viendo sangre. Intentaré evacuar la mayor cantidad de coágulo posible. Succión. Solo hay sangre coagulada, nada arterial. Su duramadre late regularmente con el ritmo cardiaco. pondré gasa para minimizar la hemorragia.
-¿Cómo está la pupila?
-La pupila derecha no está dilatada pero el pulso aun está en ciento treinta.
-¿Estado neurologico?
-Escala de glasgow es de ocho.- informé -Procederé a extirpar el colgajo óseo. no usaré remplazo por la inflamación en el tejido. Listo para succión.- me aparté un poco para que mi asistente pudiera acercarse para poder realizar el proceso de succión.
-Succion lista.- confirmó. Esa sola frase hizo que mi alma volviera a mi cuerpo.
-Se ve bien, cerremos y lo vigilaremos muy de cerca para constatar que su cerebro esté funcionando apropiadamente.- sonriendo felicité a mi equipo y me atreví a levantar la mirada para observar a mi padre en la sala de observación. Aquella mirada dura había desaparecido y ahora una de orgullo puro estaba en su lugar.
-Muy bien, Mellark ha aliviado la presion en el cerebro, el otro equipo se encargará de las otras heridas. aprobó su última evaluación y por ende terminó su período.
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-Nuestra prioridad es estabilizar la efusión pericardiaca. El derrame del corazón viene de la aurícula derecha. - este si era mi mundo, esto es lo que conozco. Para esto soy buena.
-¿Haremos un bypass?- preguntó la residente con un deje de excitación en su voz.
-No, puedo repararlo mientras late.- los ojos de la chica brillaron con entusiasmo, supongo que después de tantos gritos recibidos por mi, enseñarle algo nuevo era lo único con lo que podía redimirme.- Inyecten cuarenta miligramos de esmolol
-Inyectado- ubicando mi dedo sobre el agujero por el que la sangre se filtraba, acerqué mi punto de sutura para comenzar el proceso de cierre.
-Se vuelve hipotensa-advirtió cuando se activaron las alarmas en los monitores no permití que el miedo se apoderara de mi, al contrario no me inmuté y continué con mi proceso de cierre.
-Un segundo, casi estoy ahí. Un punto más
-Sigue bajando
-Vamos...- trabajé tan rápido como mis manos me lo permitieron, ignorando por completo los molestos sinusitis proveniente de las máquinas- Listo, enciende el ecocardiograma
-Ritmo Cardiaco estable.
-Creo que ya hemos visto lo peor, preparada para comenzar cierre. Quiero que ustedes se encarguen desde aquí, necesito monitoreo cada hora, llámame o escríbeme al localizador voy a desayunar y probablemente almorzaré y tendré mi merienda de una vez.
Ingresé a la sala de lavados, deseché mi bata y guantes. Después restregar fuertemente mis manos con agua y jabón abandoné y pequeño cuarto de limpieza. Agradeciendo a todas las fuerzas del universo que conspiraron para que las horas de caos que se vivieron en el área de emergencia pasaran tan rápidamente que ya solo parecía que fuera otro día.
-¿Estabas esperándome?- para lo agotada que me encuentro puedo decir que ese fue mi mejor saludo.
-Si. No pareces contenta de verme
-Si te soy sincera, en este mismo momento estoy agotadísima y no creo que me alegre el hecho de ve a alguien.
-Ven, vas a acompañarme- no había terminado de hablar cuando su mano capturó mi brazo.
-¿Qué? - ahora era yo quién empujaba tratando de que me soltara- No Glimm, tengo hambre, estoy de mal humor y tengo sueño. No quiero ir a ningún lado.
-¿Por qué tienes ese uniforme?
-El original se me ensució de sangre, además el azul oscuro me queda más bonito.- contesté olvidándome de mi descanso y dejando de empujar para alejarme de ella. Con resignación introduje mi mano en mi bolsillo y saqué mi barra de chocolate.
-Dame.-Pidió en el instante en que yo rompía la envoltura de mi chocolate de mis dientes.
-Glimmer este es mi desayuno, mueve tu trasero ¿A dónde vamos?
-A quirófano siete
-¿Qué pasa ahí?- mmm divino sustento! Señor! Este es el sabor del cielo. Bendito y alabado sea por siempre quien haya sido el que inventó las barras de chocolate amargo con caramelo y maní.
-Ya verás… ya verás.- cruzamos varios pasillos hasta llegar a nuestro destino, curiosamente Glimmer evitó que ingresaramos al área de quirofano, sin embargo me guió hasta el área de observación y abriendonos paso entre el pequeño público que ya encontraba instalado logramos conseguir dos asientos justo en la primera fila.
-Ya veo, según tu esto es mas importante que disfrutar mi barra de chocolate amargo y acaramelado.- Vaya! Pero si no era nada mas y nada menos que Peeta quien llevaba el proceso que se desarrollaba frente a mis ojos. Di otro mordisco a mi "comida" y miento si digo que me arrepentí... Bueno, ya sé que está prohibido comer algo tan delicioso cuando tienes en frente a tan magnifico ejemplar. Sólo aparté la mirada de mi sexy cirujano para observar a mi amiga comprarse un café en la máquina instantánea.
-Sabes que lo es, no lo niegues.- se acomodaba nuevamente en su asiento- Hasta yo reconozco que se ve sumamente sexy sosteniendo todos esos instrumentos.
-¡Glimmer! ¡él es tu cuñado!
-Mojigata, vamos tirame un hueso. - susurró, acercando su boca boca a mi oído- Dime algo sustacioso
-Lamento no poder satisfacer tu necesidad de información.
-Todas las enfermeras estan hablando de cómo lo hiciste bajar para que atendiera a tu paciente
-No era mi paciente y solo le pedí un favor
Glimmer mira hacia mí, puedo ver la parte vertiginoso de eso ahora sale a la superficie. ―¿Se ve tan bien en siendo una persona común y corriente como lo es en ese quirófano en este momento?
Trato de encontrar la palabra perfecta, pero digo lo primero que se viene a mi mente. ―Es impresionante ―le digo con reverencia, saboreando mi chocolate como si fuera la piel de su cuello―. Y sexy y dominante y frustrante, y sus ojos son... y sus labios... ¡uf! ―Estoy atrapada en el recuerdo de él, mi mente va a la deriva sobre los retazos.
Cuando regreso al aquí y al ahora, capto a Glimm mirándome fijamente, con la sombra de una sonrisa en la boca. ―Realmente te gusta ¿verdad? ―dice en voz baja, sintiendo lo que siento, pero que me niego a decir.
―No importa si me gusta o no, él dejó en claro que sólo me quiere para una cosa. ―Me encojo de hombros, dando un gran mordisco a mi barra de chocolate y caramelo―. Además, no puedo hacerle eso a Cl…
―¡Espera, espera, espera! ―grita, agitando los brazos en el aire para detenerme logrando que otros compañeros no miraran incómodos―. Aprovecharé esta discusión y la dividiré en dos partes diferentes, en compartimentos para ti y tus formas anales, si quieres, porque ambos realmente necesitan ser abordados. ―Me ve más cerca―. Katniss, cariño. ―Hay seriedad en su voz―. A quién le importa lo que te depara el futuro cuando se trata de Peeta. Si él desea tu cuerpo y algo de sexo trascendental, entonces que así sea. No lo pienses. El hecho de que no sea lo que estás esperando no significa que no sea todo lo que puedas necesitar. ¿Y quién mejor para hacerlo que con un puto Adonis como él? ―Le da otros tragos a su bebida, con diversión en su rostro―. Mierda, yo tomaría eso para un paseo en un latido ―murmura, frunciendo los labios con el pensamiento de cómo sería. Me río a carcajadas de ella.
-Estas loca, se te estan pegando los malos habitos de Clove.―bromeo, sintiendo poco a poco mi cuerpo relajarse de la tensión―. Ese tipo de cosas es fácil para ti. - Ella empuja mi pierna.
―¡Whoaw, gracias! ¡No soy una puta! ―Me contempla―. Bueno, a menos que quiera serlo. ―Se ríe.
―No. ―Resoplo―. Me refiero a que eres tan despreocupada y segura de ti misma. Todo lo que haces es seguro. No te arrepientes. ―Muevo la cabeza hacia un lado―. Y seguro que aun te sientes atraída por los chicos malos. ―Sonrío hacia ella.
―Hmm-hmm, me encantan los traviesos. Por eso Cato es el hombre perfecto para mi, lo que no quiere decir que ahora esté ciega ―dice riendo momentáneamente perdida en sus pensamientos―. Pero regresemos a ti. No necesito sacarme todo lo torcido de un hombre que está dentro de ti.- Pongo los ojos en blanco a su comentario. ―Katniss, el chico puede tener a cualquier mujer que quiera, y está ocupado persiguiéndote, te llevó a una cita romántica improvisada a la playa a observar la noche.
―Según él, no hace lo del romance y la verdad no me está persiguiendo- Ella resopla voz alta
―Bueno, tal vez lo que necesita es redefinir lo que es el romance y persecución ―reprende―, porque todas esas cosas explican que un hombre vaya en pos de mí.- Niego hacia ella y su franqueza Glimmer.
―Sólo me desea porque le dije que no. Soy un desafío para él en un mundo de otro modo dispuesto de mujeres.
―Fuiste un verdadero desafío cuando te tuvo contra su auto el dia que fueron a comer ¿no? ―Mueve la boca, incitándome.
―¡Sabes que esa no soy yo, Glimm! No me habían tocado desde... ―El silencio se instala y sacudo la cabeza para despejar los recuerdos sinceramente no valen la pena―. Además, regresé a mis sentidos. Era la adrenalina de ser atrapada…
―Sigue diciéndote eso, cariño, porque no estoy segura de si estás tratando de convencerte a ti o a mí que sólo fue un lapso simple de moralidad. ―Se encoge de hombros, sin romper el contacto visual conmigo―. No hay nada de qué avergonzarse. Está bien sentir, está bien admirar el atractivo de un hombre, esta bien excitarse con ello, está bien desearlo, tenerlo Katniss. Por lo menos intertarlo. Y a pesar de que no hemos terminado con el tema número uno en nuestra agenda, veremos el punto número dos. ―Nivelo mis ojos con los de ella, la aprensión me llenaba. De repente, su expresión se volvió de comprensión mientras se daba cuenta―. No quieres decírmelo porque no quieres que te diga que está bien ir por lo que quieres. Que está bien seguir adelante. ―Su voz era un suave y relajante cuestionamiento.
Asentí lentamente mientras me tragaba el enorme nudo en mi garganta. Ella se escabullé cerca de mí, envolviendo sus brazos alrededor de mí, meciéndose lentamente, y haciendo ruidos para acallarme. Un enorme sollozo se me escapa, y sucumbí a las lágrimas que me habían amenazado durante varios días. Se siente tan bien dejarlas salir, muy catártico. Después de unos momentos encuentro una apariencia de control y, finalmente, puedo hablar. ―Sólo me siento como si estuviera traicionando mis principios. No quiero parecerme a ella, Glimm. Siento que no merezco… ―Se me corta la respiración por mi llanto―me da miedo sientirme culpable…
―K, cariño. ―Ella mete un rizo errante de cabello detrás de mi oreja―. Es normal sentirse así, pero en algún momento tienes vivir, sentir esa adrenalina por tus venas. Que hagas siempre lo correcto, lo que debe ser, no quiere decir que siempre esté bien. Es una cosa terrible la tragedia que viviste de pequeña. Pero ya pasaron más de veinte años, estamos en el siglo veintiuno, K ―agarra mi mano―, y sé que no quieres oírlo, pero en algún momento tienes que seguir adelante. No tienes que olvidar, pero tú, la maravillosa y hermosa mujer que eres, necesita esto.
Me quedo mirando hacia ella, mis lágrimas borran mi visión, y temo que mi siguiente entrada me haga una persona terrible. Aparto mis ojos, con miedo de mirarla cuando hablo.
―Parte de la razón por la que me siento culpable... es que yo... la intensidad, la desesperación, todo lo que "el apolíneo" me hace sentir es mucho más, mucho más fuerte, de lo que nunca sentí con mis escasas parejas. ―Aprovecho la oportunidad, y miro hacia su rostro, buscando la expresión contraria de lo que esperaba. Me parece que veo compasión en lugar de repugnancia decepcionada―. Y me da rabia, odio, prácticamente siento todas estas cosas negativas, cuando los veo juntos, cuando ella habla de él o cuando él habla de ella. Porque él era mío Glimm, yo… yo… yo iba a acercarme primero. El me gustó primero a mi ―Me ahogo, aliviada de haber quitado este gran peso de encima de mi pecho y de mi consciente―. Sé que es estúpido, pero no puedo dejar de sentirlo. No puedo evitar que me venga a la cabeza en ese momento en que todo lo que siento, quiero respirar y más es a Mellark.
―Oh, K... ¿por qué has estado ocultando todo esto? ―Ella seca una de sus propias lágrimas delante de mí tirando de ella y apretándome de nuevo. Apoya la mejilla en la parte superior de mi cabeza―. Katniss, eras una persona diferente entonces. Tu vida es diferente ahora. En aquel entonces, eras una chica tan delicada, indefensa y timida, tal como tú lo sabías. ―Puedo oír la sonrisa en su voz mientras rememora―. Y ahora ―suspira― Whoaw chica, te has convertido en una increíble mujer, madura, independiente y valiente. No eres la misma persona que eras. Es natural sentirse diferente, amar más, sentirse más fuerte, nadie va a culparte por eso. Nadie te ha tocado en meses, Katniss. Tu reacción debería ser más intensa.
Nos sentamos en silencio mientras absorbo la verdad en sus palabras. Sé que tiene razón, sólo espero poder creer eso cuando llegue el momento. Mi contemplativo silencio se rompe cuando mi amiga comienza de manera repentina a reír. Me libera de su abrazo, y me inclina hacia atrás para que la mire perpleja. ¿Qué diablos es tan divertido?
―¿Qué?- Ella me mira y puedo ver el libertinaje en sus ojos.
―Él es probablemente bueno en la cama. ―Sonríe perversamente―. Apuesto a que folla como opera y como conduce su moto, un poco imprudente, empujando los límites, y en eso hasta la última vuelta o hasta que el monitor se apague ―Levanta sus cejas hacia mí, su sonrisa es descarada. Sus palabras hacen que me muerda el labio inferior al pensar en él cerniéndose sobre mí, hundiéndose en mí, llenándome. Vuelvo a vivir la sensación de sus labios sobre los míos, de sus músculos firmes debajo de la ropa flexionándose hacia mí, y su voz ronca me dice que me desea. Rompo mis pensamientos, mi centro se amortigua ante la idea de él. Miro de nuevo a Glimm, mirándola viéndome, sus cejas aún están levantadas, como si me preguntara si creo que su evaluación es correcta. Madre mía, lo creo. Y algo más.
―¿Desde cuándo piensas eso? ¿Por qué sabes cómo conduce? ―Trato de evitar su concentración en mí.
―Cato siempre habla de eso. Cuando su hermano se monta en esa moto, él prácticamente agarra su rosario y comienza a rezar. Presto atención cuando dice el nombre de Peeta ―dice de su novio y luego sonríe diabólicamente―. Sin duda, vale la pena verlo cuando regresa a casa. Tengo que reconocerlo las peleas entre Cato y Peeta tienden a ser entretenidas.
―El hombre puede besar ―le confieso, sonriendo como una loca―. Definitivamente puede besar. ―Asiento en acuerdo.
―No pienses en ello, K... ¡hazlo! Sé imprudente. Suéltate el cabello ―me insta―. ¿Quieres despertar dentro de veinte años con una vida perfectamente ordenada con todo en su lugar y apropiado pero nunca haber vivido realmente? ¿Sin nunca realmente haberte puesto allí?
―Bueno, me gusta todo eso, la parte del orden. ―Bromeo mientras ella pone los ojos en mí.
―Por supuesto, ¡en toda esa declaración se oye eso! Basta de pensar en las historias que podrás contarle a tus nietos algún día, sobre el sórdido asunto que tuviste con el playboy y sexy neurocirujano.- Doy otro gran y último mordisco a mi barra de chocolate, contemplando al dueño de mis pensamientos realizar el cierre de su cirugía.
―Sé lo que estás diciendo, Glimmer, realmente lo sé, pero el sexo sin compromiso. Sin una relación... ¿cómo se hace eso?
―Bueno, pegas la tapa A en la ranura B ―responde con ironía.
―¡Fue una pregunta retórica, perra! ―me río lanzando la envoltura de mi chuchería hacia ella.
―¡Gracias a Dios! Estaba preocupada porque había pasado tanto tiempo que tendría que darte una lección de educación sexual. ― puedo verla eligiendo mentalmente sus palabras antes de hablar. ―¿Tal vez sea mejor así? ―Cuando todo lo que hago es subir las cejas en pregunta, explica―. Tal vez para tu primer chico desde… hace meses, tal vez sea mejor que no sea material para una relación. Estás obligada a tener algunos contratiempos, después de todo lo que pasaste, así que tal vez lo mejor sea lanzar la precaución al viento y abrazar a tu zorra interior un poco. ¡Pasar un buen rato y un montón de sexo alucinante! ―Menea las cejas y me río de ella, mi consumo excesivo de chocolate poco a poco hace efecto, suavizando mis nervios de punta.
―Mi zorra interior ―reitero, asintiendo―. Eso me gusta, pero creo que ella se perdió.
―Oh, ¡podemos encontrarla, hermana! ―Ella da una risita―. Probablemente está escondiéndose detrás de las capas de telarañas cubriendo tu entrepierna. -Nos reímos a carcajadas ganándonos mas miradas reprochadoras. Me río hasta que las lágrimas se filtran por las comisuras de mis ojos. Justo cuando creo que mi risa va a disminuir, Glimmer sacude la cabeza―Tienes que admitirlo, K, ¡el hombre es jodidamente sexy! - Empiezo a reírme otra vez.
―¡Muy picante! ―confirmo―. Hombre, ¡no puedo esperar a verlo desnudo! ―Las palabras están fuera antes de que mi difuso cerebro haya tenido la posibilidad de filtrarlas. Glimmer se detiene a media risa, una sonrisa de conocimiento juega en sus labios.
― ¡Lo sabía! ―me grita, señalando mi cara―. ¡Sabía que querías follar!
―Bien, ¿duh? ―respondo antes de volver a colapsar con otro ataque de risa.
―Cuando todo esto termine y el hospital vuelva a la normalidad, vamos a arreglarnos, nos pondremos tan bellas que a los chicos le dolerán los ojos de solo mirarnos y luego iremos a beber para marcar tu trasero con una llamada sucia.
―¡Oh Dios, no! ―Me quedo blanca.
-Recuerda hermana, vamos en búsqueda de tu zorra interior. Vamos ya el espectáculo terminó- anunció, haciendo un breve gesto hacia la sala quirúrgica, donde Mellark retiraba sus guantes y la bata quirúrgica e ingresaba a la sala de lavado.
-Baja tu. – Glimm se quedó boquiabierta- No me esperes.
-Alabado sea el señor por eso.
Atravesé el pequeño grupo sin mirar a nadie. Me abrieron paso, pero si no lo hubieran hecho les habría atropellado. No podía concentrarme en otra cosa que no fuera avanzar.
La habitación de techo alto que se usaba como área de lavado estaba bien iluminada, en ella predominaba una mezcla de blanco y azul, un lavamanos metálico de tamaño mega que funcionaba con un pedal, cuatro estantes de estructura cromada y puertas de vidrio en los que se guardaban, jabones, toallas, esponjas, vestimenta medica y un sinfín de medicamentos. A través de la ventanilla de vidrio de la puerta pude reparar en la presencia del hombre que en estos momentos calentaba mis pensamientos.
Peeta estaba apoyado contra la pared opuesta, enrollando el cable de sus audífonos. A pesar de que su cirugía ya había terminado, aun mantenía la vista fija en el área de intervención. Abrazando fuertemente la descarga de valor que había adquirido gracias a mi conversación con Glimmer, empujé la puerta ocasionando que Mellark apartara la vista del quirófano y me mirara.
-Espero que no estés aquí para hablar de mi suspensión- comentó, observándome con atención.
-No- inspiré profundamente- Yo quería agradecerte por haber bajado
-¿Agradecerme?- su cara permaneció serena, pero percibí a la vez sorpresa y preocupación- Agradecerme después de que… ¿Cómo fue que me dijiste? Jódete, tú y tus estúpidas conductas de macho de pueden ir por el caño.
-Me disculpo por eso, en realidad fue una respuesta de mis hormonas al momento por el cual estaba pasando- me froté los ojos al tiempo en que me esforzaba por poner en orden mis pensamientos.
-¿Por cuál momento estabas pasando?- preguntó, sin dar inflexiones ni emoción a su voz
-Pues, tenía todo el piso de emergencia repleto de heridos y como apoyo solo tenía a residentes con poquísima experiencia. Además ese hombre iba a morir, entonces te llamé, dijiste que no y me enoje porque…
-¿Por qué?
-Porque te… necesitaba.- Me sorprendí de que mi voz sonara con tanta fiereza, me arrastré un palmo hacia él. Tendiéndole mi mano derecha en señal de disculpa.
El giró su mano hacia arriba para estrecharla, aceptando mi gesto de disculpa, pero en el instante en que su palma rozó la mía, apretó mi muñeca y tiró de ella, haciendo que me impulsara hacia adelante y que mi pecho rozara el suyo.
-No te disculpes,- Me quedé inmóvil, aferrada a su mano con más fuerza aun- yo cometí un error y eso ocasionó que no pudiera verte ayer. Además esa breve pero contundente muestra de carácter que me diste, fue sexy- finalizó con una gran sonrisa, esa frase entera volvió a poner mi mundo patas arriba.
No perdí ni un segundo y le rodeé el cuello con los brazos. Me sentía extraña, porque no estaba en absoluto segura de cómo iba a resultar esto. Me puse de puntillas y al mismo tiempo le bajé la cabeza hasta que pude alcanzar sus labios con los míos.
Aplasté mi boca contra la suya y le ceñí el cuello con más fuerza con los brazos, pues su primera reacción fue apretar mis caderas para acercarme más a él. Sus labios se abrieron con los míos, entonces sentí un extraño estremecimiento de triunfante mi éxito. Le apreté el labio inferior entre los dientes y la sorpresa hizo brotar de su garganta un sonido grave, salvaje.
Después de eso no tuve que esforzarme más. Peeta me cogió por la nuca con una mano mientras la otra me ceñía la parte baja de la espalda, apretándome tanto contra el que me resultó difícil introducir aire en mis pulmones constreñidos. Yo jadeaba, pero él también cuando su aliento se mezcló con el mío. Noté mi espalda contra la pared de concreto; el cuerpo de Peeta me aplastaba contra ella, acercándose aun mas al mío. No había parte ninguna de mi cuerpo que no se hubiera fundido ya con una parte del de él.
Sus manos me rozaron el cuello, descendiendo hasta los hombros. El corazón me palpitaba con tanta fuerza que me pregunté si podría oírlo. Una de sus manos continuó descendiendo por el brazo hasta la muñeca, tal y como yo lo esperaba, dejando un rastro de fuego tras de sí. Con la otra me acunó la mandíbula para levantarme la cara y se alejó poco a poco.
Su mejilla se apretó contra la mía y la piel me ardió donde entremos en contacto.
-Si cambiaste de opinión con lo que te propuse- susurró a mi oído- es mejor que salgas de este cuarto ya mismo.
-Estoy aquí solo por una razón.
Sonriendo, deslizó lentamente la mejilla hacia atrás e inclinó el mentón hacia un lado, hasta que su boca cubrió nuevamente la mía. Esta vez trató de besarme con suavidad. Me di cuenta de que lo intentaba, pero sus intenciones se hicieron humo. Sus manos se deslizaron por mi pie, quemándola. Sus labios saborearon cada centímetro de los míos.
Anudé las manos en su pelo, arrimándolo más a mí, como si fuera posible estar más cerca de lo que ya estábamos. Le envolví la cintura con las piernas, tomando la columna de concreto como punto de apoyo. Su lengua se enredó con la mía y no quedó parte alguna en mi mente que no fuera invadida por el deseo demencial que me poseía.
Mis puños se enredaron en la tela de su camisa y tiraron hacia arriba. Esta idea era ya de ellos, porque yo no les indicaba qué debían hacer. Sus manos me quemaron la piel de la espalda. La adrenalina se convierte en lujuria recorriendo a lo largo de mi cuerpo.
Sentí los músculos del vientre de Peeta bajo mis palmas, porque mis manos estaban atrapadas, aplastadas en el espacio inexistente que había entre nosotros. Gruñe hacia mi afiebrada respuesta, bajo y profundo en su garganta, y mi vientre se aprieta rápido y con fuerza lleno de deseo carnal. Su mano se desliza por mi cuerpo, frotando mis pechos, mi cadera y directo a mi trasero.
Me aparté de su boca para respirar y sus labios me chamuscaron el cuello en su camino hacia abajo. Escondí la cara entre su pelo para inhalar su aroma.
-Dios mío, Katniss. No sabes las ganas que tengo de tenerte, de estar dentro de ti- murmura sin aliento.
Mis ansias se salen de control hacia sus palabras, apretando todos mis músculos debajo de mi cadera una vez más.
-Bueno, en este momento yo también quiero tenerte.
-Cuando quieras- agrega y besa la esquina de mi boca. Lo deseo. Ahora. Todo mi miedo se ha convertido en libido. Sus manos aprietan con fuerza mi cabello en mi nuca, sosteniéndome firme en ese lugar, y su boca está de nuevo en la mía, con más fuerza esta vez. Su otra mano se desliza hacia mi…
-Dra…. ¡Oh!- tan rápido como fue empujada la puerta, tan rápido se cerró
-Dime que acabo de imaginar que te llamaron- su voz es ronca.
-No me sueltes ahora o voy a caerme.- murmuro contra sus labios.
-¿Mujer de piernas débiles o yo las debilito?- Peeta posa una mano en mi espalda y la otra en mi trasero.
-Engreído- Digo con un respiro.- Lamento eso, le dije a la chica que me buscara si algo pasaba.- inclina su cabeza hacia un lado y me mira fijamente por unos segundos.
-No te preocupes y deja de disculparte, además si alguno de mi equipo levantó la mirada, nos descubrió antes que tu residente. Solo espero que haya disfrutado el espectáculo. – responde y se aleja de mi, sin aliento.
-Voy a buscar a mi residente.- justifico en el mismo instante en que mis pies aterrizan en el suelo, preparada para abandonar la pequeña habitación en solo segundos.
-¿Katniss?
-Hmm
-¿Vas a salir conmigo?
-Termina tu castigo y después hablamos de eso.
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.
.
Casi no reconozco a la chica que veo en el espejo. Esta vez, Rue pasó casi una hora bajando mis rizos de modo que mi pelo cuelgue en una cortina gruesa sobre mi espalda. Sigo mirándome al espejo tratando de adaptarme a esta persona. Mis ojos están sutilmente ahumados, por lo que las manchas oscuras tienen una calidad opalescente, reflejan el gris de mi iris. Mis labios están revestidos con pintalabios color salmón mate y brillo labial, destacando los ligeros toques de rubor en mis mejillas bronceadas. Ella me ha convencido de usar un pequeño vestido negro que muestra más piel de con lo que me siento cómoda. El busto del vestido tiene una profunda V, donde mi sujetador sugiere sutilmente un escote abundante sin ser vulgar. Sólo una sugerente alusión a mis curvas. Los tirantes van sobre los hombros y se conectan a la parte de atrás con unas finas cadenas de cromo doradas que se pliegan y se unen en la curva de mi trasero. El dobladillo del vestido cae hasta la mitad del muslo, algo a lo que no estoy acostumbrada.
Vuelvo a mirarme al espejo y sonrío. Esa no soy yo, la chica que conozco. Suspiro temblorosamente mientras me pongo unos pendientes de plata para completar el look. Esta no soy yo, lo sé, pero esta es la chica confiada que quiero y busco ser. La nueva yo que va a salir esta noche a dejarse llevar y a divertirse. La chica que ha decidido tener una noche de diversión y ganar un poco de confianza en sí misma antes de envejecer y ver mi juventud pasar frente a mis ojos.
―¡Mierda! ―Rue entra en mi cuarto de baño, soltando un silbido de sus labios―. ¡Te ves caliente! Quiero decir… ―se tropieza con sus palabras― me estoy perdiendo. Creo que nunca te he visto tan sexy, K. ―Sonrío ampliamente ante su alabanza―. Vas a tenerlos haciendo cola esta noche, nena. Maldición, ¡esto va a ser divertido de ver! Glimmer va a volverse loca.
Me río en respuesta con mi autoestima reforzada. ―Gracias. Tú tampoco estás nada mal ―felicito; su vestido amarillo tostado muestra todos sus mejores activos. Me deslizo en los tacones que saco de su trabajo para completar mi outfit, haciendo una mueca al sentirme dentro de ellos, y sonriendo ante el recuerdo de la última vez que llevé zapatos de este tipo―. Dame un segundo y estaré lista.
Agarro mi bolso y meto dentro mis documentos de identificación, el dinero, mi arcaico teléfono y las llaves. Cuando cojo el teléfono para colocarlo en el pequeño bolso, me doy cuenta de que tengo dos mensajes de Glimm en espera.
Nos vemos en el club, voy a buscar a Cato al hospital. Veré si puedo cazar a tu galán xoxo. Mensaje recibido a las 8:31 pm
Lo lamento, tu chico terminó su castigo pero estaba durmiendo. Mensaje recibido a las 9:03 pm
―Cato ya está con Glimm, ella dice que nos veremos allá… Peeta no irá
Ella me da una sonrisa enigmática. ―Oh, que fracaso ―rechaza casualmente. Me sacudo la sensación de que por alguna razón se está riendo de mí. Sacudo la cabeza y ella se da la vuelta, cambiando de tema―: ¡Vamos! La entrada al club de moda es completamente un espectáculo, con reflectores entrecruzados, cuerdas de terciopelo y una alfombra roja.
Aparcamos cerca del jeep naranja chillón de Glimmer, tuvimos suerte de encontrar por lo menos un puesto, el estacionamiento se encontraba a reventar. Rue muestra una especie de credencial, lo que nos permite ir por delante del alboroto y en unos momentos nos encontramos dentro del poblado club y con el latido sordo de la música pulsando través de mi cuerpo. Han pasado años desde que he estado en un club como éste y me toma un tiempo aclimatarme a la luz tenue y a la música a todo volumen y no sentirme intimidada. Creo que Rue se da cuenta de que mis nervios me están pateando y que mi confianza está disminuyendo a pesar de mi apariencia sexy mientras nos empujamos a través de la multitud de personas en el bar.
Sin tener en cuenta a las numerosas botellas de Jack Daniels que recubren la encimera pulida, Rue nos ordena dos tragos de tequila para cada una. ―Uno para el coraje―me sonríe.
―Y uno porque esta sea una buena noche ―termino por ella nuestro brindis. Chocamos los vasos y bebemos todo el líquido. Quema mi garganta. Ha pasado tanto tiempo desde que he tomado un trago de tequila que me estremezco ante la quemadura y pongo la palma de mi mano en la boca para tratar de alguna manera de sofocarlo.
―Vamos, K ―grita mi amiga, imperturbable por el licor―. ¡Aún tenemos uno más!
Alzo mi shots con una sonrisa intrépida en mi cara, doy un choque con el de ella, y las dos nos lo echamos encima. El aguijón del segundo no es tan malo, y mi cuerpo se calienta con el líquido aunque aún sabe a mierda para mí. Rue me da una mirada de complicidad y comienza a reír.
―¡Esta noche va a ser divertida! ―Pasa su brazo alrededor de mí y aprieta―. Ha pasado mucho tiempo desde que te he tenido como compañera del delito. Le lanzo una sonrisa mientras me empapo de la atmósfera del club. Es una habitación muy extensa con cabinas púrpuras forradas de terciopelo alrededor de la planta baja. Una barra brillante con un espejo colocado detrás de ellas llena toda una pared, reflejando la parte de atrás y creando la ilusión de que el espacio es aún más grande. En el centro de la habitación principal hay una gran pista de baile con armazones forrados y luces que giran en movimiento, creando una increíble variedad de colores. El ángulo de las escaleras en distintos intervalos va desde el piso a la zona VIP elevada, donde cabinas verde azuladas están restringidas por puntales de terciopelo. En una sección de la zona VIP, una partición de plexiglás permite a todos ver al Dj. haciendo girar los discos de la música que se bombea a través del club. Camareras tipo modelos revolotean alrededor en pantalones cortos y camisetas sin mangas, flores púrpuras completan su uniforme adornando el pelo de cada una de ellas de una u otra manera. El club es elegante con un toque de sofisticación a pesar de las diversas parafernalias de publicidad para Jack Daniel y otros miles de licores que ni conozco, colocadas estratégicamente alrededor de la sala. Están a punto de ser las 11:00, y puedo ver el engrosamiento del público y sentir en el ambiente la pulsante energía de las masas.
En la zona de reservados, hay una multitud de gente organizados en una fila mostrando carnets o identificaciones para poder ingresar. Tomo la copa que Rue me da, "Tom Collins" grita en mi dirección, y bebo a sorbos de la pajita mientras observo la sección superior. Levanto mis ojos en modo de pregunta en lugar de gritar sobre la música que está empezando a aumentar de volumen a medida que el club se va llenando. Me imagino que nos quedan unos treinta minutos antes de que los decibeles sean tan altos que la única manera de comunicarse sea gritar. Ella atrapa mi silenciosa pregunta sobre si los chicos estarán ahí arriba. Se inclina para hablarme al oído.
―No estoy segura. Le dije a Glimm que nos veríamos en el bar. ―Se encoge de hombros evasivamente― No me extrañaría que de una manera u otra se las ingeniara para ingresar al área VIP.
Estrecho mis ojos hacia ella, preguntándome por qué está siendo evasiva conmigo. Ella sólo sonríe ampliamente y me tira de la mano para que la siga. Navegamos a través de la multitud de personas, moviéndonos como una sola unidad. Puedo sentir cómo el alcohol comienza lentamente a zumbar a través de mi cuerpo, calentándome, aliviando mi tensión y relajándome los nervios. Por primera vez en más de lo que puedo recordar, me siento sexy. Me siento hermosa y sensual y a gusto con esos sentimientos. No es el alcohol lo que me está haciendo sentir de esta manera, sino que el alcohol está permitiendo que disminuya mi ansiedad e inseguridades.
Aprieto la mano de Rue mientras me empuja a través de una cabina de color púrpura. Mira hacia atrás y me sonríe de verdad, al darse cuenta de que estoy empezando a relajarme. Empezando a disfrutar. Nos abrimos camino a través de la multitud de la cabina para encontrar allí a dos compañeros de Rue. Sonrío y les doy un rápido saludo, a la vez que Rue da a conocer mi nombre. Doy las gracias a uno de ellos por sus felicitaciones a mi estilo seductor de esta noche. En cuanto nos sentamos, oímos una larga aclamación desde el otro lado de la habitación en la planta superior, lo que nos hace reír.
―Llama a Glimmer ―articulo a Rue, ella se asintiendo saca de su bolso su móvil y comienza a teclear algo en el.
Termino mi bebida con el ritmo pegadizo de una canción de Usher llenando el Club. Empiezo a mover las caderas al ritmo y antes de darme cuenta, agarro la mano de Rue y la arrastro a través de las personas hasta la pista de baile. La mirada de sorpresa en su rostro me hace reír mientras cierro los ojos y dejo que la música me lleve.
Cantamos la canción juntas, mientras nos ondulamos en nuestro propio mundo en la pista de baile. Rue y yo nos movemos con la música, trabajando nuestro camino a través de varias canciones, cada una de ellas reforzando mi confianza y aumentando mi fluidez en la pista. Varios de sus compañeros de trabajo, Lou, Tanner y Julie se unen a nosotras mientras cambian de canción a We Found Love, una canción vieja pero de mis favoritas.
Coquetamente bailo con el chico llamado Tanner, representando la canción con él. Nos reímos, nuestros cuerpos frotándose inocentemente uno contra el otro, disfrutando de la interacción lúdica de las letras. Alzo los brazos por encima de mi cabeza, cruzándolos en las muñecas y girando las caderas al ritmo, el alcohol zumbando a través de mi sistema. Cierro los ojos, absorbiendo la atmósfera a mí alrededor. Una sensación de hormigueo bajando por mi columna me hace parpadear y abrir los ojos de nuevo.
Miro hacia arriba y a pesar de la armonía sincronizada de las masas en la pista de baile me detengo, congelándome en el lugar cuando veo a Peeta. Él está de pie en una de las escaleras de la sección VIP. Tiene una copa en una mano y su otro brazo cubre casualmente los hombros de una pelinegra escultural, que reconozco al instante. Ella se vuelve hacia él, frotando suavemente con su mano a través de la porción desabrochada de su camisa de vestir. Su rostro se inclina hacia él, e incluso desde la distancia puedo ver su reverencia y adoración hacia él, a pesar de que aleja la cabeza de ella, riendo con su hermano que se encuentra a su izquierda. Peeta dirige una sonrisa a su reducido grupo y tan… es natural, no vigilada, permitiéndome apreciar momentáneamente su aspecto absolutamente devastador.
Clove le dice algo y Peeta dirige su atención hacia ella. Ella levanta su mano de su pecho para descansarla en su mejilla y levanta su rostro, colocando un beso lento y seductor en sus labios, apropiándose de ellos.
Mis entrañas se agitan ante la vista, nublando tanto mi visión que no presto la suficiente atención como para ver si Peeta la alienta y le devuelve el beso o simplemente lo tolera. Tengo la boca seca de repente. Estoy paralizada en el suelo mientras lo veo con ella. Realmente entumecida.
No estamos juntos ―mi constante negativa no le he demostrado que quiero otra cosa―. Y a pesar de mi dolor intenso y sin fundamentos, en este momento lo único que quiero es ser a la que esté abrazando. Ser yo la que lo esté besando. En los segundos que todo esto se arremolina dentro de mí, mi dolor comienza a cambiar a la ira. ¿Cómo pude ser tan estúpida como para pensar que un tipo como él podía realmente querer a una chica como yo, cuando tiene a una mujer como ella? Me doy cuenta de que Rue está inmóvil en mi periferia, tomando nota de lo que yo miro.
Estoy a punto de decirle algo cuando Glimmer aparece en la escena apoyándose en la baranda, fijando su mirada en la multitud que se encuentra a sus pies bailando, lo que ocasiona que Peeta aparte la mirada de su compañera e imite la posición de Glimm, levanta la barbilla lejos de sus dulces brazos de Clove y alza la vista, sus ojos fijándose en los míos.
Mi corazón salta un latido y se aloja en mi garganta. A pesar de la distancia entre nosotros, veo el recuerdo destellar en sus ojos, de nosotros estando hace tres días en el área de trabajo, de la salida a la playa, de su motocicleta, una vez más.
A pesar de que un compañero bailarín me empuja, mis ojos se mantienen firmes en los suyos. Sé que tengo que dejar la pista antes de que mis emociones consigan lo mejor de mí y mis lágrimas amenazantes comiencen a caer, pero estoy clavada en el lugar. Incapaz de romper la ineludible atracción magnética que ejerce sobre mí. Él libera su agarre de su novia inmediatamente, descartándola con facilidad. Le entrega su bebida a Cato sin mirarlo y avanza inquebrantable por las escaleras.
Antes de apartar mi mirada por completo del grupo, me percató de que Glimmer se había ubicado estratégicamente, bloqueando con su cuerpo el campo visual de Clove a la vez que le distraía evitando que la pelinegra siguiera a Mellark.
Volví la mirada a esos ojos increíblemente azules que queman en los míos, sin perder nuestra conexión. Cuando llega a la pista de baile, la música cambia a un latido profundo que pulsa y envuelve la voz hipnótica y hasta cómica de Nicki Minaj y su super bass. Sin decir una palabra o dar una mirada, la horda de bailarines parece separarse mientras el acecha en la pista hacia mí. Su expresión es indiscernible, un músculo en su mandíbula palpita, las sombras de las luces juegan en los ángulos de su cara. Sus ágiles piernas se comen la distancia rápidamente. Muchas personas vuelven la cabeza en reconocimiento mientras él camina con arrogancia, la mirada hambrienta en sus ojos les impide acercarse más. A pesar del volumen de la música, escucho a Rue maldecir y aspirar audiblemente una bocanada de aire mientras él me alcanza.
Todas las cosas que quiero gritarle, las quinientas bofetadas que quiero darle, desaparecen cuando se acerca a mí y sin preámbulos agarra mis caderas con sus manos, tirando de mí con fuerza contra él. Él me mantiene allí, me aprieta contra él, su cuerpo y sus caderas comienzan a moverse sincronizadas contra las mías al ritmo de la canción. No tengo otra opción que moverme con él, responder al ritmo bestial de su cuerpo. Deslizo mis manos en las suyas que reposan en mis caderas y encajo mis dedos con los suyos. Sosteniéndolo. Aferrándome al trayecto que se acerca sin lugar a dudas. Nuestros ojos se mantienen trabados. Mi cabeza se inclina hacia atrás para mirarlo. Sus labios se abren un poco y lo oigo silbar cuando mis caderas responden a él. Sus ojos se oscurecen, satinados de deseo, rellenos de calor, con una necesidad depredadora. Tan sólo su mirada ardiente ha puesto mis pezones tirantes y mi cuerpo se convierte en un lío con la necesidad de su toque. De su poder indiscutible sobre mí.
Me muerdo el labio inferior cuando mueve nuestras manos juntas de mis caderas hacia mi espalda, amasando mi trasero a través de mi vestido, esposándome allí. Seguimos avanzando como uno solo con la música, sintiendo su fuerza, sus muslos definidos presionando contra los míos. Su excitación se frota gruesa y convincente contra la parte inferior de mi vientre. Inclina la cara hacia abajo de modo que estamos a pocos centímetros el uno del otro. Puedo oler el alcohol en su aliento mientras suspira hacia mí. Es, con mucho, uno de los momentos más eróticos y sensuales de mi vida. El resto del mundo ha desaparecido.
El efecto embriagador que tiene en mi cuerpo bloquea a la multitud de gente que nos rodea, sólo dejándome notar al hombre con el que estoy. Más bien, es sólo él y yo.
Moviéndonos.
Respondiendo.
Despertando.
Anticipando.
La canción llega a su fin, pero nos mantenemos en el trance del hechizo del otro. Respiro temblorosamente, sintiendo como si fuera la primera vez desde que comenzamos a tocarnos. No me doy cuenta de que la música se ha detenido, y que el DJ está hablando por el micrófono sobre la celebración de la noche. Peeta y yo nos quedamos ahí, sin movernos, sintiendo que estamos apenas respirando a pesar de nuestros pechos jadeantes, absorbiendo el uno al otro y a las chispas de tensión sexual que se encienden entre nosotros.
―¡Peeta! Hey, Mellark ―una voz rompe a través de nuestra conexión, sacándome de mi estado de fascinación. Peeta gira sobre un eje su cabeza para encontrar a Rue llamándole―. No es el momento. Te necesitan en el piso de arriba. Ahora.
Asiente con brusquedad antes de mirar hacia mí con ojos ardientes, con una fuerza tan voraz que hace que mi interior tiemble. Suelta sus dedos de los míos, liberándolos de mi agarre y se aleja un poco. El calor de su cuerpo se ha ido de inmediato, pero mi cuerpo todavía está zumbando con la conexión, con el dolor de la necesidad. Él me da una sonrisa lenta y sugerente y niega con la cabeza suavemente. ¿A mí? ¿A sus propios pensamientos? No estoy segura. Alza una mano y tira de mi pelo, las cejas levantadas, como si me preguntara por qué el cambio en mi cabello. Me encojo de hombros tímidamente, las palabras me evitan.
Rue le llama nuevamente con un poco de impaciencia. Se vuelve a alejar, pero no antes de que pueda ver la transición en su rostro del Peeta que conozco al Peeta Mellark super poderoso. Distante e intocable. Sexy e indomable. No hemos dicho ni una sola palabra, y sin embargo me siento como si nos hubiéramos dicho mucho.
Miro a sus anchos hombros mientras camina entre la multitud hacia las escaleras del área VIP. Miro el espectáculo y una pequeña parte de mí, muy pequeña, sonríe ante el hecho de que vino a mí, de que provoqué una reacción tan rápido como si se tratara de una explosión. Al menos eso espero, mis dudas siempre regresan.
Antes de que pueda terminar de ver su ascenso por las escaleras, Rue me coge firmemente por el brazo y me saca bruscamente de la pista de baile. Mi resistencia es inútil mientras me arrastra por un pasillo, más allá de la línea de los cuartos de baño y hacia una pequeña alcoba cerca de la salida. Me hace girar hacia ella con una mirada de incredulidad en su rostro.
―¡Ay, me haces daño! ―le espeto, tirando de mi brazo, no exactamente emocionada porque me haya quitado la oportunidad de ver a Mellark
―¿Qué. Mierda. Ha. Sido. Eso? ―pregunta, cada palabra con intermitente. Ni siquiera sé cómo contestarle. Creo que todavía estoy bajo su hechizo porque mis palabras no se están formando―. ¡Mierda, K! Ustedes dos se estaban jodiendo con los ojos. Quiero decir, me sentía incómoda mirando, como si estuviera espiando en un dormitorio ―siempre divaga cuando está alterada―, y tú sabes que yo nunca me incomodo. ―Se apoya contra la pared e inclina la cabeza hacia el techo, con una mirada incrédula en el rostro. Me quedo de pie, mirándola porque no sé cómo responderle, así que ella continúa― Sabía que habías dicho que el tipo te gustaba y que se habían besado y… ¡Chica! ―continúo ignorando el resoplido infantil de risa que viene de mí―, pero nunca me dijiste que había... esa chispa... esa química... tal intensidad... ¡Dios mío! Quiero decir, estaba esperando que cuando lo vieras…
―¿Qué? ―Su última frase desencadena que mi cerebro funcione―. ¿Qué quieres decir con que esperabas? ― Ella sonríe tímidamente hacia mí. ―Bueno… ¿Qué carajo está pasando aquí? ¡Deja ese estancamiento, Rue!
―Bueno, yo había encontrado los pases, Glimmer se iba a encargar de buscarlo… eso ya lo sabías… pero, el no sabía que tu ibas a estar aquí. Cuando Glimm lo fue a buscar Clove lo llamó y ella se auto invitó con el pretexto de que conocía al dueño del local. Yo no sabía nada de lo que había sucedido. Hablé con Glimmer y fue entonces cuando me enteré de que ella estaba aquí con él. ―Sus palabras se deslizan ahora. Asiento hacia ella para que continúe con los ojos entrecerrados, los labios fruncidos―. Entonces tomaste mi mano y comenzamos a bailar y…
―¿Y qué? Tú decidiste no decirme porque...
―Bueno ―contempla―: estabas disfrutando tanto y después de todo lo que me dijiste, no tenía ni idea de que ustedes dos, su conexión, era tan magnética. Tan cautivadora. Pensé que tal vez si lo vieras aquí yo podría ayudarte, podría insistir en el tema. Ayudarte a tener un buen rato, esa fue la intensión principal. La idea antes de que la idiota apareciera.
Suelto un suspiro fuerte, mirándola en silencio. Sé que tenía buenas intenciones, pero al mismo tiempo no necesito que sostengan mi mano como a un niño.
Estoy enojada con ella.
Enojada con Glimmer
Y obviamente enojada con Peeta por estar aquí con esa… mujer . Enojada con él por bailar contra mí y agarrarme como si yo le perteneciese. Enojada con él por haberme hecho que lo deseara tanto que mis entrañas estén quemando. Mi silencio contemplativo se asienta sobre nosotras.
―No te enojes, K. Lo siento. Lo hacíamos con buena intención. ―Se muerde el labio inferior, haciendo un mohín, sabiendo que yo nunca puedo estar enojada con ellas por mucho tiempo. Sonrío suavemente, efectivamente perdonándola. Dejo caer mi espalda contra la pared y cierro los ojos, escuchando los aplausos de la multitud sobre algo que el Dj está diciendo.
La pregunta que traquetea en mi cerebro viene a mi cabeza. ―¿Acaso no me lo pidió porque no soy suficiente, suficientemente bonita, suficientemente sexy, suficientemente glamurosa para salir con él?
―¿Importa? ―chisporrotea―. Quiero decir, Jesús, Katniss, ustedes dos están…
―¿Qué?
―No estoy segura. ―Niega con la cabeza―. Independientemente de lo que estés pensando tienes que tener la seguridad de que estás preciosa, eres hermosa y él sería un completo imbécil y desperdicio de hombre que no vale la pena si cree eso. ― Dejé escapar una serie de maldiciones que no tenían sentido, pero es algo que hago cuando estoy molesta y tratando de procesar una situación. Rue me mira con cautela, conociendo mi letanía de malas palabras y su significado implícito. ―Háblame, Katniss ―insta―. ¿Qué está pasando en esa cabeza tuya?
―No estoy mintiéndome a mí misma, ¿verdad? ―Rue me mira con confusión grabada en su rostro―. Quiero decir, ¿no me lo estoy inventando? ¿La química? ¿A Peeta?
―¿Estás loca? ―balbucea, agarrándome por el hombro y dándome una pequeña sacudida― ¡Creí que iban a tener una combustión espontánea ahí! ¿Cómo puedes preguntar eso? ― La multitud estalla de nuevo, el sonido haciendo eco por el pasillo. Puedo oír la voz del animador por el micrófono. El público aplaude otra vez ante algo que él dice y espero a que el ruido se calme un poco antes de continuar. ―Si él está así conmigo. Si hay mucha química... entonces, ¿por qué está aquí con ella? ¿Besándola? ¿Actuando tan normal? ¿Por qué no me invitó a mí? ¿O soy la chica con la que sólo quiere follar en otro lado? ―La confusión y el dolor son evidentes en mi voz. Rue tuerce sus labios mientras piensa en mis comentarios.
―No lo sé, K. Hay muchos escenarios aquí. ―Alzo las cejas como si no lo creyese―. Podría haber pensado en invitarte y no atreverse… No haberlo pensado… O él podría realmente quererte y ella ser la pieza en el lado hasta que tú digas sí.
Resoplo de nuevo.
―¿En serio? ¿La has visto?
―¿Te has visto tú? ―reprende―. ¿Te has mirado en el espejo, Katniss? ¡Eres preciosa en un día normal y te ves increíble esta noche! Estoy un poco harta de decirte eso. ¿Cuándo vas a empezar a creértelo? ―le ruedo los ojos como una niña. No me hace caso y continúa con sus posibles escenarios―. ¿Podría ser solo una de las trampas de Clove? ¿O tal vez ella sospecha que algo está cambiando? O tal vez de verdad él no planeó invitarla.
―¿Cuándo fue la última vez que besaste a alguien que quieres dejar así? ―fustigo, tomando mi dolor con ella. Sólo me mira fijamente, con los brazos cruzados sobre el pecho―. ¿Qué se supone que debo hacer?
―Yo diría que siguieras haciendo lo que estás haciendo. Es evidente que le gustas, incluyendo tu terquedad y tu boca de sabelotodo.
―Pero, ¿cómo, qué hago?
―Katniss, si estás enfadada con él, sigue enfadada con él. Eso no te impide decirle algo como lo has hecho antes, y él todavía te deseará. El hecho de que te hayas decidido a dormir con él no…
―¿Cómo sabes que he decidido eso?
―Oh, cariño, está escrito por toda tu cara y tu cuerpo, eso sin contar que Glimmer y yo lo sospechamos desde que nos comentaste que ibas a salir con él. Además, cualquier persona que haya mirado esa exhibición de allí ya piensa que eso ha ocurrido no una sola vez, sino varias. ―dice riendo con simpatía hacia mí cuando mis ojos se amplían―. Mira, K, todas las chicas de este club caerían en línea si chasquea los dedos. Todo el mundo, es decir, menos tú. Él es el que te busca. ¿Cuántas veces en su vida crees que una mujer le ha dicho que no a él? ¿O se ha alejado de él? Tal vez eso es lo que le gusta. Y si lo hace, no lo cambies sólo porque hayas decidido que quieres pasar a la acción con él. ―Ella menea sus cejas.
―Pero de eso se trata ―confieso―. ¿Soy un reto o de verdad se siente atraído hacia mi? Y si sucede, ¿ya no hay reto y entonces se alejará?
―Honestamente, ¿a quién coño le importa? ―castiga―. Siempre pensando demasiado, pensando demasiado sobre todo, K. Olvídate de la cabeza por una vez, ignora las advertencias sensatas que te está diciendo, y sigue lo que tu cuerpo quiere. Sigue el ejemplo de Peeta, por el amor de Dios. El hombre dejó a la que es su novia y motivo de tus preocupaciones de lado para bajar y verte, sin importar que ella los viera. ―Dejo escapar un suspiro tembloroso, prestando atención a sus palabras―. Sé tú misma, Katniss. Eso es lo que le ha gustado desde el principio.
Asiento varias veces, mirándola. Formando una tímida sonrisa en mi cara.
―Tal vez tengas razón.
―Bueno, ¡aleluya! ―grita, agitando las manos sobre su cabeza―, finalmente escuchas. ―Agarra mi mano y me empieza a tirar por el pasillo―. Vamos a refrescarte, a conseguirte un poco coraje líquido y a ver a dónde te llevan la noche y el Sr. Sexy.
Ha pasado una hora desde mi charla con Rue, y mi confianza reforzada por mi consumo constante de alcohol, está de vuelta en plena vigencia. Hemos bailado y socializado con algunos de sus compañeros de trabajo y ahora estamos sentadas en la cabina de color negra, tomándonos un respiro antes de volver a golpear la pista.
He tratado desesperadamente de no buscar a Mellark en el club durante todo este tiempo. Trato de ignorar el hecho de que él probablemente esté besándola en algún lugar de los alrededores, pero creo que mis ojos vuelan de aquí para allá cada vez que veo una cabellara negra persiguiendo a una rubia. También noto a Rue mirándome mientras lo busco, por lo que trato de mirar a escondidas, tratando de ser sutil. Ella me asegura que probablemente Glimmer está desarrollando algún plan macabro y que por eso quizás no se ha acercado a nosotras, de lo contrario Clove podría reparar en mi presencia y ahí sí que sería imposible establecer algún tipo de contacto. Agradezco la explicación, está tratando de hacerme sentir mejor, así que simplemente lo saco de mi cabeza. O trato de todos modos, con la ayuda de otra bebida. Las bebidas de Rue han desaparecido a un ritmo mucho más lento que el mío ya que está técnicamente "en estado alerta activado" y quiere asegurarse de que tiene todas sus facultades. Tengo un zumbido constante, pero no estoy borracha, de ninguna manera, odio la falta de control que viene con el exceso de alcohol.
Se ríe de mí cuando pido que explique por tercera vez una situación con un pretencioso jefe de diseño con el que tuvo que lidiar esta semana. ―Katniss, querida, estás…
―Discúlpennos, damas, ¿les importaría si nos unimos a ustedes? ―Me vuelvo para ver a dos caballeros atractivos detrás de mí.
Rue levanta sus cejas hacia mí preguntando, casi de manera imperceptible asiento, y mira hacia atrás al más alto que había hablado. ―Por supuesto, señores―responde con una sonrisa lenta y atractiva que crece en sus labios―. Soy Rue y mi amiga aquí es Katniss. ―Asiente hacia mí, mientras se deslizan en la cabina con nosotras y sus compañeros de trabajo.
El alto de cabello oscuro se sienta al lado de Rue y el otro, un tipo surfista de cabello marrón, se sienta a mi lado en la cabina abierta. Tiene una sonrisa amable, nerviosa y toma un sorbo largo de su bebida.
―Hola, Katniss, mi nombre es Ed. ―Tiende su mano hacia la mía, y la muevo, dándole una sonrisa tímida. Echo un vistazo para ver a Rue conversar con su amigo, su cara es risueña y coqueta―. Entonces, uh, me gustaría invitarte a tomar una bebida, pero puedo ver que tu vaso ya está lleno.
―Gracias. ―Bajo mi mirada de la de él y traigo la copa a mi boca para tomar un sorbo tímido a través de mi pajita.
―Esta noche está locamente atestado aquí.
―Sí, lo sé ―le grito por encima del ruido. Me dice algo más, pero no estoy segura de lo que es, a causa de un abrupto cambio de música. Sostengo mi mano en la oreja, indicándole que no puedo oírlo. Se escabulle cerca, colocando su brazo detrás de mí en la cabina, y se inclina hacia mi oído.
―He dicho que pareces estar teniendo un buen momento, que lo noté antes y que estoy contento de haber…
―La señorita está conmigo. ―Tomo una bocanada brusca de aire ante la voz férrea de Mellark, la amenaza implícita en sus palabras.
Mis ojos se ajustan hasta encontrar los de Glimmer, sonriendo a espaldas de Mellark, y veo un destello de deleite en ellos antes de darme una mirada tranquilizadora. Mi corazón late a un ritmo frenético, mi piel se eriza con piel de gallina, y todo porque estoy tan condenadamente satisfecha de que haya venido y de que pueda tener la oportunidad de tener su cuerpo cerca.
Poco a poco me vuelvo hacia él, presionando con eficacia la espalda sobre Ed, que tiene su brazo en la parte posterior de la cabina encima de mi hombro, dando aspecto implícito de intimidad. Levanto mis ojos para encontrarme con los de Peeta y trato de ignorar al verlo, la punzada de lujuria que me da al instante y que va directamente a la unión entre mis muslos.
Su pelo está un poco revuelto, las mangas de su camisa están enrolladas hasta el codo, ese músculo que encuentro tan condenadamente sexy está pulsando en su mandíbula y sus ojos arden con fastidio.
―¿Yo estoy contigo? ―pregunto, mi voz mezclada con sarcasmo. Ya he tenido suficiente alcohol como para sentirme desafiante, para querer probar cuán irritado está en realidad Peeta. Puedo sentir tensarse el cuerpo de Ed detrás de mí y moverse nerviosamente, inconsciente de la partida de ajedrez en la que actualmente es un peón mientras Peeta mueve sus ojos hacia a mí―. ¿En serio? Porque pensé que estabas con tu novia. ―Me muevo hacia un lado para mirar hacia atrás, buscándola. Levanto mis cejas hacia él y continúo― Ya sabes, ¿la pelinegra que tenías en el brazo antes? ¿La modelo?
―Gracioso, Everdeen ―escupe, irradiando impaciencia. Veo sus ojos cambiar, inmovilizando a Ed detrás de mí y dándole una advertencia de no intervenir sin pronunciar una sola palabra. Me irrita que pueda haber estado por el Club durante la última hora y media, haciendo Dios sabe qué con la idiota y, sin embargo, ¿cree que puede bailar el vals y reclamarme? No lo creo. Me vuelvo, pongo mi mano en la rodilla de Ed y la aprieto suavemente.
―No te preocupes, Ed no estoy con él ―alzo mi voz lo suficiente como para que Peeta pueda oírme. Veo los ojos de Glimmer ampliarse ante mis palabras mientras escucho un gruñido de Peeta y unas suaves carcajadas de Rue. Puedo sentir a Ed estremecerse contra mí. Me vuelvo hacia Peeta, hay desafío en mi sonrisa y en mis ojos.
―No me presiones, Everdeen. No me gustan los juegos. ―Puedo ver cómo aprieta y afloja los músculos de su mandíbula en una respuesta instintiva― Él no es tu juego. ―Su afirmación de derecho es un raspado gruñido. Elevo mis cejas, montada en mi insolencia.
―¿Cómo es eso? ―Veo sus ojos centrarse en la mano que he mantenido en la rodilla de Ed ―Hace tres días estabas conmigo, y esta noche estás con ella. ―Me encojo de hombros tranquilamente hacia él, aunque por dentro no siento tranquilidad, mi corazón y mi respiración se han acelerado―. Me parece que ella. Es. Tu. Juego. ―Imito infantilmente.
Peeta arrastra una mano por su pelo y da un suspiro de exasperación mientras sus ojos parpadean sobre todos en la cabina. Puedo ver que trata de controlar su frustración por tener que hablar de esto delante nuestro pequeño público. ―Katniss ―sopla aire en un suspiro―. Tú… tú ―Mira a su alrededor, a la multitud, y luego sus ojos finalmente vuelven a los míos; prevalece la impaciencia―. Me exasperas. Me apartas ―gruñe, dándose cuenta de lo que está diciendo en voz alta―. ¿Qué se supone que debo pensar?
Lo miro de arriba abajo, mi boca retorciéndose ante el pensamiento. Estoy disfrutando jugar con él, haciendo que el hombre que está tan seguro de sí mismo, que siempre consigue lo que quiere, tenga que trabajarlo.
―No estoy segura de sí quiero todavía ―le hostigo.
Oigo a Rue contener el aliento con mi comentario impertinente y el tintineo del hielo en el vaso de Glimmer mientras ella aspira el resto del mismo con ansiedad
―Una chica puede cambiar de opinión ―me burlo, inclinando la cabeza como considerándolo―. Somos conocidas por ello.
―Entre otras cosas ―dice secamente, acercando su vaso a sus labios y mirándome desde el borde del mismo―. Dos pueden jugar a este juego, Katniss ―advierte―, y creo que tengo mucha más experiencia que tú.
Mi valentía se tambalea ligeramente ante la mirada de advertencia en sus ojos. Retiro mi mano de la rodilla de Ed y me muevo hacia el borde de mi asiento, mis ojos nunca se desvían de los de él. Nos quedamos así durante unos momentos, la música del Club un fondo bastante animado para nuestro pequeño drama.
―Estás jugando duro para conseguirlo, preciosa ―reprende.
Miro hacia Glimmer. Su cara es impasible, pero sus ojos me dicen que no puede creer lo que está pasando. Me pongo de pie para enfrentarme a él, cuadrando los hombros, desafiante, levantando la barbilla.
―¿Y tu punto es? ― Él chasquea hacia mí, sacudiendo la cabeza y dando un paso más cerca.
―Espero que estés disfrutando de ti misma, porque es un gran espectáculo el que estás haciendo aquí. ―Pone un dedo debajo de mi barbilla, levantándola para que mis ojos se encuentren con los suyos―. Yo no juego, Katniss. Voy por lo que quiero y punto ―advierte, su voz lo bastante alta para que la escuche―, y no voy a tolerar que jueguen conmigo.― Irradia tensión sexual entre nosotros dos. El aire está lleno de ella.
Tomo una respiración lenta, calculada, intentando formar una respuesta inteligente mientras su proximidad está nublando mis pensamientos y elevando mis sentidos.
―Bueno, gracias por la aclaración. ―Le doy un golpe con la mano en su pecho, y me apoyo un poco más cerca, mis labios cerca de su oído―. Te voy a dejar entrar en una pequeña cosa así ―le ilumino, animada cuando le oigo contener el aliento en respuesta, susurrándole en su mejilla―. No me gustó que me hicieras sentir como si yo fuera tu segundo plato, innecesario y frio ―Doy un paso hacia atrás, forzando una sonrisa confiada en mi cara―. Estás desarrollando un patrón de quererme justo después de verme con otro. Es un hábito que vas a tener que romper o nada va a pasar aquí porque sinceramente eso deja mucho que pensar y no cuadra con tu plan de no querer arriesgarte por algo más ―termino, haciendo gestos entre nosotros dos y levantando mis cejas hacia él― es decir, si yo quiero que pase algo.
Sus labios se curvan en las esquinas, hay diversión en sus ojos con desafío. ¡Dios, es precioso! Incluso cuando está ardiendo de ira, emite una cruda sensualidad que mi cuerpo tiene difícil ignorar. Me vuelvo para mirar a Rue para obtener ánimos, entonces oigo su nombre siendo llamado por una voz seductora como el terciopelo.
―Peet, ¿bebé? ― Las palabras me dan ganas de vomitar.
Me vuelvo hacia él para ver una cuidada mano deslizándose por su brazo y torso, extendiéndose sobre su pecho como si fuera de su propiedad. Debo felicitarla porque la verdad es que Clove es inteligente. Lo veo tenso ante el contacto, protegiendo la reacción de sus ojos y se lanza de nuevo a beber el resto de su bebida, silbando ante el aguijón que le causa con los dientes apretados.
Procedo a ver cómo la aguda mirada de Clove se posa en mi de antes se desliza al lado de él, mirándome de arriba abajo con algo de extrañeza y curiosidad, tratando de reclamar su parte. Si las miradas matasen, estaría enterrada con solo su mirada. Pero a pesar de todo, los ojos de Mellark se mantienen firmes en los míos. Estoy asqueada de ver sus manos sobre él y de la idea de que le dé su atención a ella. Niego con la cabeza en condena mientras mi lengua cacarea.
―Este es el caso, no me interesa. No voy a cubrir tus faltas en el trabajo tampoco pienso abogar por ti ante Haymitch ―digo, tratando de desviar la atención y sospechas de Clove. Miro hacia Rue y a los dos hombres que están sentados allí, sinceridad grabada en mi cara―. Lo siento, pero por favor, discúlpenme. ―Rue comienza a recoger su bolso y Glimmer a abrirse camino desde el punto en el que se encontraba, hay preocupación en sus rostros, y sutilmente niego con la cabeza para que se queden.
Me vuelvo y miro a Peeta por última vez, esperando que mis ojos reflejen el mensaje que estoy enviando. Esta es tu elección. Escoge. Ahora mismo. Última oportunidad. Aparto mis ojos, rompiendo nuestra conexión. Se queda estático con su novia drapeada sobre él, como una mala chaqueta.
Creo que ha hecho su decisión.
Trato de salir con calma del área de la cabina. Tratando de huir del peligroso camino que, sin duda, sé que me llevará hacia abajo. Una vez que me siento como si tuviera clara la visión, me abro paso ciegamente entre la masa de gente, con mi dolor burbujeando hacia la superficie. Me duele el corazón al saber que nunca voy a ser capaz de competir contra alguien como ella.
Nunca.
Trato de contenerlo mientras empujo mi camino hacia la barra, queriendo entumecer los sentimientos que me permití creer que eran válidos. Correspondidos. Que una vez más era posible.
Mierda!
Me trago las lágrimas amenazantes mientras me aprieto en un espacio abierto en el concurrido bar y por algún milagro, la apertura se encuentra justo enfrente del camarero. Él me mira y si ve alguna desesperación en mi cara, la ignora.
―¿Qué quieres tomar? ―pregunta sobre el ruido. Lo miro un momento, contemplando mis opciones. Opto por algo rápido y adormecedor.
―Un chupito de tequila, por favor ―le solicito, obteniendo la atención del hombre que está de pie a mi lado. Puedo sentir que me mira de arriba abajo, y hago rodar mis hombros, que se erizan con la atención no deseada. El camarero desliza un chupito de tequila por la barra hacia mí y lo agarro, mirándolo por un momento, diciendo en silencio nuestro brindis, porque ahora necesito definitivamente la parte de la suerte y de que hoy sea una buena noche.
Bebo de nuevo sin dudarlo y tuerzo mi cara ante la quemadura. Cierro los ojos mientras el calor se desliza por mi garganta y se instala en mi vientre. Suspiro profundamente antes de abrir mis ojos, ignorando la oferta de otra bebida del hombre de mi lado. Agarro el teléfono de mi bolso y mando un texto a Rue y a Glimm de que estoy bien, para que disfruten, y que las veré mañana. Sé que si lo hubiera permitido, estarían a mi lado, llevándome a casa.
Levanto la vista de mi teléfono para buscar al camarero. Necesito otro chupito. Algo para adormecer el rechazo. Mis ojos parpadean a lo largo de la barra, cuando en el reflejo del espejo, veo a Peeta caminando resueltamente hacia mí. A pesar de la creciente esperanza dentro de mí, murmuro una maldición. Y tiro un poco de dinero en la barra antes de girarme sobre mis talones y virar hacia la salida más cercana.
Encuentro una rápidamente, en la esquina al final de la barra, y empujo para abrir las puertas con cierto grado de fuerza. Me encuentro en un oscuro pasillo vacío, aliviada cuando la puerta se cierra detrás de mí, amortiguando la música palpitante. Mi momento de soledad es fugaz cuando la puerta se abre momentos más tarde, dando paso a Mellark.
Entrecerramos los ojos momentáneamente, puedo ver la ira en él y espero que pueda ver el dolor en los míos, antes de darle la espalda y correr más abajo por el pasillo. Suelto un grito estrangulado de frustración cuando me atrapa y agarra mí brazo, haciéndome girar alrededor para estar enfrente de él. Nuestra respiración entrecortada es el único sonido en el pasillo, mientras nos fulminamos con la mirada, y los ánimos queman.
―¿Qué diablos crees que estás haciendo? ―gruñe, agarrando mi otro brazo.
―¿Perdón? ―farfullo, con una expresión de incredulidad en el rostro, en respuesta a su audacia.
―Tienes un molesto pequeño hábito de huir de mí, dejándome con la palabra en la boca, Katniss.
―¿Y tú? ¿Señor-Envío-Señales-Mezcladas?
―Mira quién habla, cariño. ¿Ese tipo es lo que realmente quieres, Everdeen? ―dice mi apellido como una maldición ― ¿Un revolcón rápido con el surfista? ¿Quieres follarlo en lugar de a mí? ―Puedo oír en el tono de su voz la amenaza implícita. En este corredor oscuro, con su rostro oculto por las sombras y sus ojos brillantes, es cada pedacito del chico malo intimidante que insinúan las enfermeras por los pasillos.
―¿No es eso lo que quieres de mí? ¿Un polvo rápido para impulsar ese frágil ego tuyo? ―Sostengo su mirada, hay desprecio en mi voz― Además, ¿qué te importa lo que yo haga? Si no recuerdo mal, me parece que estabas bastante ocupado ―Tics musculares se aprietan y se aflojan en su mandíbula, mueve su cabeza hacia atrás y hacia adelante sobre sus hombros antes de contestarme.
―El asunto de Clove en este momento es intrascendente―afirma, como si fuera una realidad simple. Puedo tomar esa respuesta de muchas maneras, hay tantas variaciones, y todas ellas pintan que su opinión de las mujeres es menos que una luz estelar.
―¿Intrascendente?―pregunto― ¿Es eso lo que sería para ti después de que me follaras? ―Me quedo en mi sitio, los hombros enfrentados a él―. ¿Intrascendente?
Él está allí hirviendo. ¿Por mí? ¿Por mi respuesta? Da un paso hacia mí y yo me retiro, mi espalda presionándose contra la pared detrás de mí. No me queda ningún lugar para correr. Extiende una mano hacia mí y la retira con indecisión, los músculos de su mandíbula apretados, su garganta palpitante. Gira su cabeza hacia un lado, cerrando los ojos, maldiciéndose en silencio a sí mismo. Me mira con frustración, ira, deseo y mucho más ardiendo en las profundidades de sus ojos.
Su intensidad mientras me mira es desconcertante, es como si estuviera pidiendo mi consentimiento. Yo asiento sutilmente, dándole permiso para tomarlo. La próxima vez que se acerca, no tiene duda. Al instante, sus labios están en los míos. Toda la frustración reprimida, irritación y antagonismo de la noche estalla mientras nuestros labios chocan y nuestras almas se incendian. No hay nada suave en nuestra unión. Quemaduras de necesidad me atraviesan cuando una de sus manos serpentea alrededor de mi espalda, agarra mi cuello y me da un tirón contra él para que su boca pueda saquear la mía. Su otra mano se desliza entre la pared y mi espalda arqueada, extendiéndola contra mí en un signo de propiedad. Atrás han quedado los tragos y las caricias suaves de hace tres días.
Sus labios se inclinan sobre los míos y su lengua se clava en mi boca, me enreda, se burla y atormenta en un bombardeo vertiginoso. Sus manos se deslizan sobre las mías, que son puños en su camisa. Él agarra mis muñecas y las empuja por encima de mi cabeza, las presiona a la pared, y las esposa con una de sus manos. Desliza su mano libre hacia abajo y traza mi mandíbula mientras se aparta de nuestro beso. Mueve su cara hacia atrás, y sus ojos oscurecidos y vibrantes con excitación sostienen los míos.
―No eres intrascendente, Katniss. Para ningún hombre podrías serlo ―niega con la cabeza sutilmente, la vibración de su voz resonando dentro de mí. Apoya su frente en la mía, nuestras narices tocando la del otro―. No puedo prometer un tú y yo juntos ―rechina las palabras―No es lo mío. No es lo que quiero ―Sus palabras acarician mi cara, entrando en mi alma, y se afianzan―No miento y mucho menos pretendo jugar contigo―repite, asegurándose de que entiendo sus intenciones.
Cierro los ojos para concentrarme en sus palabras y asimilar lo que estoy por hacer. Nuestras frentes siguen tocándose mientras me entrego a este momento, a la sensación de mis dudas disminuyendo. Da un paso hacia atrás y libera suavemente mis manos por encima de mi cabeza. Nuestros ojos se mantienen conectados y veo lo que creo que es un destello momentáneo de miedo a través de su incendio. Extiendo la mano tímidamente hacia él y toco sus caderas, metiendo mis manos bajo su camisa para ponerlas sobre su piel.
Así puedo sentir a este vibrante hombre viril bajo mis dedos. Siempre han sido sus manos sobre mi piel. Él siempre ha tenido el control. No he tenido la oportunidad de apreciar la sensación de acariciarlo con mis manos todavía. Encuentro mi agarre, mis dedos acariciando la calidez firme de sus músculos definidos que se tensan ante mi tacto. Poco a poco me dirijo a la parte delantera de su torso, sintiendo cada delineación, cada respiración que toma en respuesta a mi tacto.
Es una sensación embriagadora escuchar su respuesta, ver sus pupilas dilatarse en deseo mientras mis manos se deslizan por sus pectorales, suavemente en sus costillas, y debajo de sus brazos para raspar mis uñas en las llanuras de su espalda. Cierra sus ojos momentáneamente en éxtasis, claramente disfrutando de mi asalto lento, burlándome de sus sentidos.
Me inclino hacia arriba en las puntas de mis pies y vacilante me apoyo sobre él, tirando de su cuerpo contra el mío. Presiono mi boca sobre la suya y deslizo la punta de la lengua por su labio inferior. Sus dedos rozan lentamente mis mejillas, las palmas de sus manos descansan sobre la línea de mi mandíbula para enmarcar mi cara mientras profundiza el beso tiernamente. Sus labios beben a sorbos, su lengua despacio, suavemente, separa mis labios y se fusiona con la mía. Su tranquilo afecto me toca en el interior, despacio desenmarañándome y convirtiéndome en una pelota de necesidad simultáneamente. Me quita el aliento con cada caricia.
Suspiro con el beso, mis dedos se clavaban en sus hombros, el único signo evidente de mi impaciencia y de mis ganas demás. De necesitar más. Puedo sentir la lucha de Peeta para controlar su necesidad, su cuerpo tenso bajo mis manos, su impresionante erección presionándose en mi vientre. Sigue su asalto sensible e implacable de mis sentidos concentrándose únicamente en mi boca. Seduce mis labios. Su aliento es el mío. Su acción es mi reacción.
Se detiene abruptamente, colocando sus manos en la pared al lado de mis hombros y apoyándose a sí mismo, dejando caer su frente en mi hombro y la nariz y la boca enterrados en mi nuca. Siento su pecho agitado tomando aire igual que el mío, y por alguna extraña razón me siento aliviada de que parece estar tan afectado por nuestro encuentro como yo.
Estoy un poco confundida con sus acciones, pero aprovecho el momento mientras que él se recobra para acomodar mi corazón acelerado en medio de nuestras ásperas respiraciones. Inconscientemente aprieto mis rodillas juntas para tratar de calmar la presión implacable en el centro de mis muslos. Puedo sentir el calor de su aliento cuando jadea contra mi cuello, luchando por recuperar el control.
Murmura algo que no logro entender mientras mueve la cabeza, rodándola sobre mi hombro antes de esparcir besos inocentes a lo largo de mi clavícula― Tenemos que salir de aquí antes de que pierda el juicio en el pasillo. Te lo suplico. Necesito esto
Levanta la cabeza para mirarme, tras sus palabras. No hay duda de que esto es lo que quiero. Que él es a quien yo quiero. Pero no puedo negar que estoy nerviosa, ansiosa, y con miedo de decepcionarle con mi falta de experiencia en este terreno.
―Ven. ―No me da tiempo para hablar antes de agarrarme de la mano, envolviendo su brazo alrededor de mi hombro, tirando de mí hacia él y entrando profundamente en el pasillo― Tengo que sacarte de aquí, antes de que me vuelva loco ―Su brazo fuerte me ayuda para apoyarme mientras me conduce hacia la salida. Lo sigo obedientemente, tratando de calmar la duda y el ruido en mi cabeza, que está charlando activamente ahora que su boca ya no está en la mía embotando mi capacidad de razonar.
Atravesando la gran puerta del local, Peeta silba a un taxi que pasaba en ese instante por la desolada calle, deteniéndose segundos después unos cuantos pasos de nosotros. Sin soltar mi mano y abrió la puerta para a la vez que murmuraba una dirección al conductor.
Juro que solo fueron menos de cinco minutos los que estuvimos en ese vehículo, porque no había terminados de acomodarme en el asiento cuando Mellark tiraba de mi mano para sacarme del auto, no sin antes entregarle unos cuantos billetes al chofer.
Pasamos por un camino decorado con plantas, flores y piedras, antes de ingresar a la recepción de un condominio sumamente agradable.
―Buenas noches, Tom― saludó sin detenerse o esperar respuesta. Pronto llegamos a un ascensor al final del pasillo, y en cuestión de segundos comenzamos a subir. Da un paso hacia mí cuando el ascensor empieza a elevarse y coloca una mano en la parte baja de mi espalda. El silencio entre nosotros es audible y se intensifican las mariposas que se están produciendo en mi estómago.
Al salir Peeta se agacha, y del extintor de fuegos saca una llave de ¿respuesto?. Finalmente, logra meter la llave y la puerta se abre
―¿Por qué el cambio? ―pregunta mientras toca mi cabello extrema y pulcramente liso, tratando de calmar mi creciente ansiedad.
―Sólo estoy tratando de encajar en el molde ―bromeo reflexivamente, en referencia a las numerosas chicas con las que ha salido. Frunce su entrecejo ante mi comentario, tratando de averiguar su significado, cuando digo―: A veces el cambio es bueno.
Él usa su mano en mi espalda para girarme hacia él, extendiendo su otro brazo en mi espalda baja. Baja el ángulo de su cabeza para que estemos cara a cara. ―Me gustan los rubios rizos ―dice en voz baja, mi ego se acicala con su cumplido―. Te favorecen. ―Ahora que él me tiene posicionada, levanta una mano para apartar un mechón de pelo de mi cara. A continuación, coloca sus dedos en un lado de mi mandíbula y me mantiene allí, sus ojos buscando en los míos―. Tienes una oportunidad para alejarte ―me advierte cuando me detiene para no ingresar en el apartamento. El tono ronco de su voz causa estragos en mi fuerza de voluntad. Mi corazón late irregularmente con sus palabras. Niego con la cabeza en una aceptación poco convincente porque no puedo encontrar las palabras para hablar con él. Ignora la abertura de la puerta detrás de él y sigue mirándome fijamente a los ojos. ―No voy a ser capaz de alejarme, Katniss ―dice mientras arruga los ojos como si la admisión fuese dolorosa. Sopla un suspiro fuerte, me suelta y se pasa los dedos por su pelo. Me da la espalda, extiende la mano, y toca el botón para encender las luces, apoyando las manos contra la pared. Sus anchos hombros llenan el pequeño espacio. Su cabeza cuelga hacia abajo mientras reflexiona sobre sus siguientes palabras―. Quiero tomarme mi tiempo contigo. Quiero construir algo agradable, lento y dulce como tú necesitas. Presionarte a chocar contra ese borde. Y luego quiero follarte como yo necesito. Rápido y duro hasta que estés gritando mí nombre. Del modo en que he querido desde que fuiste a esa biblioteca y entraste en mi vida.―Tengo que morderme el labio inferior para ahogar el gemido inmediato que siento ante la promesa oscura de sus palabras. Lucho contra la necesidad de apoyarme en la pared buscando algún tipo de alivio para la tensión en mi interior―. Una vez que cruces ese umbral, no creo que pueda tener el control suficiente para detenerme... y dejarte ir. No. Puedo. Resistirme. A. Ti. ―Su voz es dolorida, tranquila y llena de convicción. Se vuelve de nuevo hacia mí, con el rostro plagado de emociones. Sus ojos reflejan a un hombre al borde de perder el control―. Decídete, Katniss. Sí. O. No.
Levanto la vista mirándole a través de mis pestañas, mi labio inferior entre los dientes, y asiento en consentimiento. Cuando él sólo continúa mirándome, encuentro mi voz y trato de empujar los nervios fuera. ―Sí.
Su boca aplasta la mía al instante, su hambre es palpable mientras me saca del umbral en un movimiento torpe hacia el centro del apartamento. Patea la puerta cerrada y me presiona contra ella, sus manos se intercalan entre la puerta y mi trasero. Sus dedos se agarran a mi carne con fervor, me presiona a su estructura muscular. Me pierdo en él. En su toque, en su calor, en sus tranquilas palabras de elogio a la vez que deja caer una lluvia de besos sobre mis labios, cuello y la piel desnuda de la V profunda de mi vestido.
Me entrego al momento y a lo que es sentir de nuevo. Querer de nuevo. Trato torpemente de desabrocharle la camisa, necesitando sentir su piel contra la mía, pero estoy obstaculizada por sus brazos que están en constante movimiento tocando con fervor cualquier centímetro de piel al descubierto que sus dedos puedan encontrar. Sus labios encuentran mi lugar justo debajo de mi línea de la mandíbula, me olvido de los botones y mis manos forman puños sobre su camisa debido a que me abruma la sensación. Me consume. Un grito ahogado se escapa de mi boca, pequeñas explosiones detonan en mi cuello y bajan hacia la boca de mi estómago.
Presiona sus manos en mi espalda otra vez, y envuelve mis piernas alrededor de sus caderas al mismo tiempo que me levanta. Una mano se apoya en mi espalda mientras la otra cae por debajo de la tela de mi vestido para tocar mi pecho. Me inclino hacia él cuando el pulgar y el índice frotan mi pezón que ya está duro. La descarga eléctrica de su tacto distribuye el calor a mi sexo y un reguero de pólvora a mis sentidos. Peeta comienza a moverse mientras me sujeta, sus labios son un festín con la línea siempre sensible de mi hombro, su erección presiona entre mis muslos. Con cada paso que da, se frota contra mí, creando una fricción gloriosa contra mi clítoris. Me presiono contra él, la bola de tensión aumenta, superándome, y dirigiéndome a mí necesitaba liberación.
―P…eeta
―No voy a soltarte, no ahora.
―Necesito… baño. Necesito tu baño
―¿Ahora? ― Casi se me escapan unas carcajadas al ver su sorprendido rostro
―Estoy sudada― admito, ignorando el sonrojo de mis mejillas
―Entiendo― agrega, después de observarme en silencio― ve por aquel pasillo. Esa habitación tiene un baño, creo que ahí encontraras todo lo que necesitas― Un… momento… estas no es… ―No es mi casa― responde adivinado mis pensamientos― vivo a media hora de la cuidad. Esta solía ser mi casa, ahora Gale vive acá.
―¿Él…?
―No, está de guardia― se alejaba, no sin antes ayudarme a bajarme de sus caderas― ve, tomate tu tiempo. ― indicó señalando con su mano el pasillo por el que tenía que dirigirme.
no hubo necesidad de que me girara a comprobar su ubicación, porque no escuchaba el rozar de sus zapatos con la alfombra. Tiré de la puerta y encendiendo luz pude escanear la habitación. Paredes grises y columnas azules, una cama de tamaño mediano, en la que fácilmente podían pasar la noche dos personas, una silla, dos lámparas y una mesa de noche me dieron la bienvenida. Dejé mi bolso en la mesa de noche y abrir la segunda puerta que daba al baño. Este no se encontraba mucho mas decorado que la habitación. El tono azul se mantenía solo que ésta vez era el gris el que vestía las columnas, sin embargo el espejo y la ducha no permitían que la desolación opacara la estancia.
Deslizándome fuera de los altos tacones que Rue había conseguido para mi, prenda a prenda me deshice también del vestido y mi ropa interior, dejando los zarcillos de plata en su lugar. Estiré mi brazo, plegando una de las puertas de la ducha y sin posar en ningún momento la mirada en el espejo giré la llave del agua permitiendo que una cascada de líquido tibio aterrizara en mi pecho, a la vez que inclinaba mi cabeza hacia atrás para no arruinar mi cabello.
Ignorando nuevamente el calor que vino a mis mejillas cuando tomé el inmenso tubo de color negro con una C y una K de color blanco, en el que se podía leer "gel de ducha for him". –¡Dios mío, qué vergüenza! ¿Por qué no tiene jabones individuales con olor neutro?. Apliqué solo un poco de la espesa crema para solo enjuagar mi cuello, mis orejas, mis axilas y mi zona íntima.
Por último lavé mi rostro y cuando tendí mi mano para alcanzar algún paño… caí en cuenta de que el Karma nunca espera mucho para atacarte. El único paño con el que me podía secar era de estos que se colocan en los baños para secar manos y rostro. ¡Maldición!
Mentalmente dividí el "pañuelo" en secciones y asigné cada una de sus esquinas a diferentes puntos de mi cuerpo. Dejando el centro para secar mi rostro, pechos y axilas.
Tan rápido como pude, volví a colocar mi ropa en su lugar, calcé mis zapatos, revisé mi cabello y estirando mi mano giré el pomo de la puerta para salir del baño.
Ingresé nuevamente en el dormitorio, y a pesar de las abundantes sensaciones surgiendo a través de mí, todavía estoy nerviosa... y él… Él está ahí de pie apoyado en una de las columnas azules.
A pesar de que no hace ningún movimiento para acercarse, soy yo la que camina hacia él. Retomo mi intento de quitarle la camisa y esta vez tengo éxito. Me suelta un momento mientras da un paso hacia atrás deslizando los brazos de su camisa y dejándola caer al suelo. Tengo mi primera visión del torso de Mellark desnudo, y es absolutamente magnífico. Su piel pálida sobre los bien definidos músculos de su abdomen. Sus hombros fuertes que dan paso a una cintura estrecha, que a su vez dan paso a la sexy V que se hunde por debajo de donde cuelgan los pantalones.. Él tiene una ligera rociada de agua en el pecho y luego por debajo de su ombligo en medio de los abdominales apretados, tiene un pequeño sendero sexy de pelo que desaparece debajo de su cintura. Si mis hormonas no hubiesen estado ardiendo ya con sus manos y su boca experta, poner mis ojos sobre él hubiese puesto mi sistema a toda marcha. Retrocedo mi mirada por su torso hasta mirar a sus ojos.
Él me mira, los ojos drogados con el deseo, inflamados por la lujuria. Una sonrisa atractiva se extiende a través de su boca mientras él se deshace de sus zapatos y se quita los calcetines antes de acercarse a mí de nuevo. Levanta las manos a mi cara y la enmarca, poniendo su boca en la mía con un beso lento y atormentador que me tiene latiendo por él. Sus manos se deslizan por mi cara, por mis hombros, y hacen un lento descenso por mi torso hasta la tela que da paso a la piel desnuda de mis muslos.
―Dios, Katniss, quiero sentir tu piel sobre la mía. ―Sus dedos juegan momentáneamente con el dobladillo de mi vestido antes de agarrarlo y levantarlo lentamente―.Sentir tu cuerpo debajo de mí. ―Sus palabras son hipnóticas. Invitadoras―. Mi pene enterrado en ti ―murmura contra mis labios antes de inclinarse un poco hacia atrás, sus ojos nunca dejando los míos, para tirar el vestido por encima de mi cabeza. Comienzo a sacar mis tacones, pero él se agacha para agarrar mi mano antes de que pueda llegar a mi zapato. ―Uh-uh ―me dice sonriendo lascivamente―. Déjatelos puestos.
Se me corta la respiración, feas inseguridades asoman en mi cabeza al estar ante él en sujetador, un trozo de encaje como excusa para bragas y mis tacones de aguja y plataforma.
―Creo…
―Shhhh ―susurra contra mis labios―. No pienses. El tiempo para pensar ha terminado. ―Da unos pasos hacia atrás, la parte posterior de mis rodillas golpean la cama, y lentamente me pone abajo, con la boca atándome todavía con sus besos―. Sólo siente ―me exige con voz ronca. Una de sus manos ahueca de la parte de atrás de mi cuello mientras la otra deambula lentamente hacia el encaje negro de mi sujetador y por encima de mi caja torácica antes de iniciar el camino de vuelta. Un gemido escapa de mis labios. Necesito su toque como necesito mi próximo aliento en estos momentos. ―Deja que te mire ―susurra, apoyándose en un codo―. Dios, eres hermosa.
Me congelo con las palabras, queriendo esconder mi no tan plano abdomen. Queriendo llenar mis pulmones de aire, para así esconder mi grasa abdominal. Sin embargo, no hago nada de eso. En cambio, me concentro en respirar mientras sus ojos vagan por mi cuerpo. Sé el segundo en que lo ve porque parpadeos de shock destellan a través de su rostro, antes de que sus ojos vuelvan a los míos.
―¿Katniss? ¿Qué es…?
―Shhhh ―le digo antes de llegar y agarrar su cuello, tirando de él hacia mí en un beso exigente que destruye todo sentido del control antes de que pueda empezar a hacer preguntas. La pasión carnal se enciende dentro de mí cuando lo agarro; besos, caricias, mis uñas cavando en su piel acerada. Un gruñido salvaje sale de él mientras su lengua se desliza en un sendero por mi cuello. Ahueca mi pecho, pasando el dedo bajo el cordón y empujándolo abajo. Su boca se burla mientras va hacia abajo antes de cerrarse sobre el capullo apretado de mi pezón. Yo grito en éxtasis mientras él toma mi pecho, chupándolo con su boca caliente y golosa. Su otra mano asalta mi otro pecho, poniendo mi pezón entre el pulgar y el índice, desdibujando la delgada línea entre el placer y el dolor. Su aguda atención a mis principales zonas sensibles incendia mi sexo. Se aprieta, palpita y humedece, en silencio rogándole por más, porque me empuje hacia el borde. Me muevo por debajo de él para tratar de aliviar el dolor intenso que se está construyendo, pero los rollos de deseo son tan fuertes que mi aliento es un jadeo irregular.
Enredo mis dedos en su pelo cuando se mueve de mi pecho, chupando, besando y pellizcando en su camino hacia mi abdomen. Mis manos se vuelven puños y respiro una fuerte bocanada de aire cuando deliberadamente coloca una fila de besos a lo largo de mi abdomen.
―Tan hermosa ―repite de nuevo a medida que continúa su descenso, atormentándome. Se queda quieto en la parte superior de mi ropa interior y puedo sentir sus labios apretados contra mi piel. Él me mira con una sonrisa pícara que ilumina su rostro.
―¿Qué?
―Todo tu cuerpo huele a mí. Ese es mi gel de ducha― confesó, sin preocuparse en disimular su orgullo.―Espero que no estés demasiado encariñada con estas. ―Ni siquiera tengo la oportunidad de responder antes de que rompa mis bragas. Un bajo ronroneo satisfecho proviene de la parte posterior de su garganta mientras arrastra un dedo por la pequeña casi ínfima franja de rizos que hay debajo del material―. Me gusta esto― gruñe, su dedo trazando por debajo de la franja, a donde estoy desprovista de pelo―. Y me gusta esto aún más.― Mi respiración se corta cuando delinea con sus dedos el pequeño pero discreto diseño de mi tatto. ―Pero no hay algo más hermoso que esto― él desliza un dedo entre mis pliegues, lentamente hacia adelante y hacia atrás.
―Oh Dios ―gimo, agarrando con mis manos las sábanas de la cama, éxtasis detonando en chispas de colores blancos detrás de mis párpados cerrados. Peeta respira audiblemente cuando desliza un dedo muy lentamente en mi interior.
―Katniss… ―gime, su voz quebrándose cuando dice mi nombre traiciona su apariencia de control―. Mira lo mojada que estas para mí, nena. Siente lo fuerte que me agarras. ―Arqueo la espalda, los hombros presionando contra el colchón mientras sus dedos hacen círculos tranquilamente dentro de mí, pastando sobre ese punto dulce, profundamente a lo largo de la pared de mi frente, antes de retirarse deliberadamente, sólo para empezar todo el proceso exquisito nuevamente―. Las cosas que quiero hacer a este coñito apretado tuyo ―murmura mientras siento su otra mano en mí otra vez. Sus palabras contundentes me encienden. Incitando sentimientos que no esperaba. Me retuerzo debajo de él mientras el aire frío de la habitación golpea mis pliegues hinchados―. Mírame, Katniss. Abre los ojos para que yo pueda verte cuando te tome con mi boca.
Hago todo lo que puedo para salir de mi coma de placer inducido y abrir los ojos. Él me mira a través de mis muslos.
―Eso es, nena ―gruñe mientras su cabeza se desplaza hacia abajo y siento el calor tibio de su boca que captura mi nudo de nervios al mismo tiempo que desliza dos dedos dentro de mí. Grito, lanzando la cabeza hacia atrás ya que un infierno furioso explota a través de mi centro, tomando, poseyendo y edificando―. ¡Mírame! ―gruñe de nuevo. Abro los ojos, el erotismo de ver que me mira mientras me da placer es más de lo que nunca he conocido. Su lengua torna perezosamente hacia atrás y adelante, por encima y alrededor, mientras sus dedos siguen su delicioso masaje interno. Se retira y luego mis caderas contra él, pidiendo más presión a medida que estoy al borde de perder la cordura. ―Oh, Katniss, eres tan sensible ―alaba―, tan jodidamente sexy. ―Mientras sustituye el calor de su boca por la yema del pulgar, el tempo y la fricción de su piel sobre piel es exactamente lo que necesito.
Se desliza por mi cuerpo mientras sus dedos siguen su alucinante tortura en mi sexo, sus labios besando, mordisqueando y lamiendo hasta que llega a mi cara. Haciendo que quiera lo que no he querido antes. ―Déjate ir, Kat ―exige, con su erección presionando deliciosamente en mi costado―. Siéntelo, deja que te invada, cariño ―murmura mientras mis manos se envuelven alrededor de sus hombros, las uñas marcando su piel sudorosa. La bola de tensión aumenta, pidiendo la liberación. Con mis caderas arremeto violentamente contra él, sus dedos aumentando su ritmo; frotando, penetrando, conduciéndome a un olvido entusiasta―. Vente para mí ―gruñe cuando yo estoy a la orilla y lanzo un grito cuando el orgasmo estalla dentro de mí, chocando a mí alrededor, y atravesando con ondas cada nervio en mi cuerpo. Mis músculos se flexionan reactivamente, atrapando sus dedos dentro de mí, lo que causa que gima ante la sensación―. Eso es, nena, eso es todo ―gruñe mientras me ayuda a sobrellevar las ondulantes olas de mi clímax. Siento la cama hundirse cuando la deja y eso hace que mis ojos se abran de repente. Él me mira, hay satisfacción en su rostro y deseo en sus ojos, mientras lentamente se desabrocha sus pantalones. ―Eres impresionante ―alaba mientras lo miro, luchando por recuperar el aliento, jadeando―. No puedo decir qué es más caliente, si verte venir o hacer que te vengas. ―Sus ojos brillan con sus pensamientos libidinosos― Supongo que tendré que hacerlo de nuevo para saberlo. ―Él muestra una sonrisa maliciosa y llena de desafío.
Mis músculos se contraen firmemente con sus palabras, y estoy sorprendida de que me tenga tan nerviosa que mi cuerpo está listo para la liberación otra vez. Me muerdo el labio mientras se saca los pantalones junto con sus calzoncillos bóxer, su impresionante erección salta libre. ¡Santa Mierda!
Él me sonríe como si pudiera leer mis pensamientos y se arrastra en la cama con sus muslos magros y firmes. Coge uno de mis pies, extendiéndolo por el tacón de mi zapato y comienza a dar una fila de besos desde la pantorrilla, parándose en la rodilla para acariciar con los dedos la sensible parte inferior, antes de continuar el ascenso vertiginoso de su boca hasta el muslo. Se detiene en mi ápice y me besa suavemente allí, girando su dedo suavemente sobre mi sexo, haciéndome cosquillas, burlándose, probando. Agarro con mi mano su cuello.
―Mellark ―jadeo, su ligero toque en mi carne sensibilizada es casi más de lo que puedo soportar. Él me mira mientras planta otro beso en mi tatto.
―Sólo quiero estar seguro de que estás lista, nena ―responde, sacando un dedo mojado de mi núcleo―. No quiero hacerte daño.
Una docena de cosas revolotean por mi mente cuando veo que desliza su dedo en su boca antes de parpadear una sonrisa diabólica y gruñir en señal de aprobación. Predatoriamente, se arrastra por el resto del camino de mi cuerpo, sus ojos nunca dejan los míos y me tapa la boca con la suya, sus manos acariciando mis pechos, mientras su polla presiona entre la V de mis muslos. Emociones se remolinan dentro de mí mientras el placer vertiginoso surge de nuevo. El aparta mis piernas con las rodillas y se empuja encima para sentarse entre mis muslos.
Se inclina hacia el borde de la cama y coge un paquete de papel de aluminio. Mi mente zumba; he estado tan abrumada con todo lo de esta semana que no he pensado en la protección. Y a pesar de que no sabe acerca de mi método, me alegro de que tenga el suficiente sentido común como para pensar en esto. Me apoyo en los codos mientras rasga el paquete abriéndolo y miro cómo se coloca el condón sobre su longitud de hierro. Sus ojos parpadean hasta los míos llenos de deseo, lujuria y muchas más cosas pululando dentro de ellos.
―Dime lo que quieres, Everdeen. ― Lo miro hasta que mis ojos se dirigen hacia abajo para ver cómo pasa los dedos por encima de mi vértice y me separa gradualmente. Contengo la respiración, a la espera. ―Dime ―gruñe―. Dime que quieres que te folle. Quiero oír las palabras.
Me muerdo el labio inferior, mirando como él pone su miembro contra mi hendidura. Él se queda quieto, y yo lo miro a los ojos. Puedo verlo tratando de frenar su control, la vena de su cuello prominente mientras me mira, esperando mis palabras.
―Fóllame, Peeta ―le susurro mientras lentamente presiona la punta roma de su polla en mi entrada. Me tenso ante la idea de aceptarlo, por la sensación del estiramiento de mi canal hasta sus límites, del ligero dolor que me dice que estoy viva, que estoy aquí en este momento con este hombre sublime.
―Oh, Dios ―gime mientras se impulsa lentamente dentro y fuera―. Te sientes tan bien. Tan malditamente apretada ―susurra, frotando sus dedos suavemente arriba y abajo por mis muslos―. Necesito que te relajes para mí, nena. Déjame entrar, cariño.
Cierro los ojos un momento mientras la quemadura por el estiramiento se desvanece y da paso a una sensación de saciedad. Empuja más, lenta y deliberadamente, hasta que su polla está recubierta por completo, desde su raíz hasta la punta, por mis paredes de terciopelo. Se queda inmóvil, permitiendo que mi cuerpo se acostumbre mientras me mira. Puedo ver su mandíbula apretarse mientras se esfuerza por aferrarse a su control, y es una sensación estimulante saber que yo le puedo presionar sobre el borde. Aprieto mis músculos alrededor de él, agarrándolo reflexivamente mientras empujo mi torso hacia arriba para permitirme ver donde nuestros cuerpos se unen ahora, como uno.
―No lo… Ha…gas ―advierte―. Vuelves a hacer eso… y voy a venirme ahora mismo.
Sonrío sin motivo mientras él lentamente se empieza a mover. Sale hasta la punta y luego desliza lentamente de nuevo su deliciosa longitud en mí. La sensación es exquisita y vuelvo a caer en la cama, permitiéndome sentir mis paredes resbaladizas siendo penetradas, dejándole que tome el control. Envuelvo mis piernas alrededor de sus caderas mientras él comienza a coger el ritmo. Los músculos ondulan bajo su piel bronceada mientras se mueve conmigo. Sus ojos se mueven de arriba abajo, entre los míos y mirando nuestra unión. Puedo sentir el calor que se empieza a construir de nuevo cuando mi cuerpo se arquea con la fricción de su longitud frotando mi nudo de nervios por el interior.
Mis paredes pesan sobre él, apretando y ordeñando su polla a medida que aumenta su ritmo. Se inclina sobre mí, balanceando su peso en sus antebrazos a los lados de mi cabeza y lleva su boca a la mía en un beso carnal, sin tapujos. Pellizcando con los dientes, chupando con los labios; las lenguas fundiéndose. Paso mis brazos por debajo de sus hombros y aprieto mis piernas alrededor de sus caderas, cruzando los pies por los tobillos. Tengo que llegar lo más cerca que pueda de él. Necesito que esté tan profundo como pueda en mí. Necesito sentir su piel resbaladiza de sudor frotarse sobre la mía.
La presión en mí se monta hasta el punto en que ni si quiera le puedo besar más porque toda mi atención se centra en la ola insuperable que momentáneamente se va a estrellar a mi alrededor. Él siente mi tensión, mi casi olvido, y continúa su ritmo castigador. Desliza una mano hacia abajo y la pone debajo de mi culo, presionando mi pelvis más contra él, pulverizándome, haciendo esa ligera fricción que necesito en mi clítoris. Y antes de darme cuenta, mi mundo se enciende. Me arqueo en la cama, mis caderas se mueven incontrolablemente mientras el orgasmo más fuerte que he tenido se lanza a través de mi centro.
Estoy cayendo por el precipicio y siendo arrojada en una caída libre sin fin. El placer es tan fuerte, cercano a lo doloroso, que hundo mis dientes en su hombro tratando de sofocarlo de alguna manera. La ola se cuelga a mí alrededor mientras Peeta empuja en mí unas cuantas veces más antes de oírle gritar mi nombre. Se tensa, su polla palpitante dentro de mí mientras encuentra su propia liberación. Sus músculos se sacuden de una determinada manera mientras deja que su clímax explote a través de él antes de relajarse lentamente. Luego entierra su cabeza en la curva de mi cuello, su respiración agitada como la mía, su corazón golpeando contra el mío. Mi orgasmo continúa temblando a través de mí, mis músculos laten alrededor de su pene semi-erecto todavía dentro de mí.
Con cada temblor, puedo sentir su cuerpo tensarse en sensibilidad y escuchar el suave gemido gutural desde lo profundo de su garganta. Su peso sobre mí es reconfortante, tranquilizador, había olvidado qué tan calmante puede ser el sentimiento. El sexo nunca ha sido así para mí. La tierra destrozándose. Este hedonismo. Es increíble. Nos quedamos así por un momento, ambos en silencio, bajando de las alturas. Él acaricia mi cuello, dejando un beso una y otra vez en el mismo lugar, su cuerpo saciado incapaz de moverse.
Cierro los ojos, incapaz de creer que estoy aquí en este momento. Que este hombre magnífico está aquí conmigo. Dirijo mis uñas con pereza por su espalda, respirando su aroma masculino terroso. Me estremezco cuando gruñe y poco a poco se retira de mí, la sensación de vacío es desagradable. Ata el condón en un nudo y lo tira al suelo junto a la cama, antes de ponerse de nuevo a mi lado. Estando en su lado de la cama, apoya la cabeza en su mano para observarme mientras tranquilamente desliza un solo dedo hacia arriba y abajo sobre mi pecho causando una respiración lenta y mesurada que exhalo de mis labios.
Le echo un vistazo, nuestros ojos se enganchan durante un segundo mientras en silencio reflexionamos sobre la experiencia que acabamos de compartir. No puedo descifrar la expresión de sus ojos porque está demasiado guardada. Desvío mi mirada hacia el techo mientras el pánico comienza a apoderarse de mí. ¿Y ahora qué? Peeta ha hecho su camino conmigo y ahora el reto está terminado. Y a pesar de todo lo que acaba de pasar, esto significa mucho más para mí de lo que lo hace para él. ¿Qué se supone que debo hacer ahora? Con mis otras parejas, no tenía que pensar en qué venía después. O en el protocolo de ¿me quedo? ¿quiere que me quede? ¿Qué demonios se supone que debo hacer? ¿Es esto lo que se siente tener una aventura de una noche? Mierda.
―Deja de pensar, Kat ―retumba la voz de Peeta, murmurando para mí. Puedo sentir sus ojos fijos en mí. Todavía me sorprendo de que él pueda estar tan en sintonía conmigo a pesar de sólo conocerme desde hace un corto tiempo. ¿Cómo lo sabe?―. Tu cuerpo entero se tensa cuando estás pensando demasiado ―explica, respondiendo a mi pregunta silenciosa―. Apaga esa mente tuya ―advierte, llegando a mi cadera, tirándome contra de él―. O me veré obligado a hacerlo por ti. ―Puedo oír la sonrisa en su voz y me río con libertad.
―¿En serio?
―Puedo ser muy persuasivo ―se burla, pasando su mano libre por mi caja torácica, deteniéndose para tocar ociosamente mi pecho y recorrer con el pulgar el pezón puntiagudo―. ¿No crees?
―¿No me digas que no estoy autorizada a pensar? ―Suspiro un suave gemido, levantando la barbilla cuando él se inclina hacia mí, plantando besos en varios lugares.
―Me encanta una mujer que obedece ―murmura en voz baja. ―no te hacía del tipo de chica tatuada ― confiesa sin apartar la mirada de mi diseño
―Me gustan los tatuajes, si pudiese me hiciera mas
―Como superaste la entrevista de ingreso para el centro médico
―Me lo hice hace siete meses― confesé siguiendo su ejemplo y fijando mi mirada en el diseño― y en las revisiones mensuales no me piden que me quite las bragas― eso y que tuve que pagarle a la enfermera para que guardara silencio.
―¿Te dolió?
―Un poco, los que más dolió fueron los detalles inferiores.
―Mmm― sonreía― te lo hiciste en una sola cita o en varias?
―Una, tuve que pagarle un bono extra al chico que me atendía
―¿Te lo hizo un hombre? ― asentí― estabas... Estabas así... Desnuda frente a él? - volví a asentir―Mierda, pobre hombre
―Bueno, tampoco estaba totalmente desnuda. Solo mi pantalón y bragas estaban más abajo del lugar que les corresponde
―¿Y te parece poco?
―Además ese chico ya debe de estar acostumbrado―aseguré― He escuchado un nuevo millón de historias de mujeres que se tatúan más abajo
―Si―afirmó a la vez que delineaba mi tatuaje con su dedo índice- pero te aseguro que no todas esas mujeres eran tan hermosas como tú. Es más estoy seguro que dejaste a ese chico con el síndrome de bolas azules
―Estas exagerando. Deja de adularme
―¿Puedo preguntar que significa? ― la sensación que se apoderó de mi cuando me perdí en ese mar azulado fue indescriptible. Daría lo que fuera por tener una probada de esa paz todos los días.
―Es un nudo del candado ― ahora era yo quien delineaba el contorno del tatuaje― en la cultura celta, este símbolo era otorgado a quienes habían aprendido alguna lección. Es el cierre a los errores que no se volverán a cometer.
―¿Un recordatorio?
―Intento que lo sea. ―Puedo sentir que empieza a endurecerse contra mí, y antes de que pueda procesar su capacidad de recuperarse rápidamente, nos hace rodar, cambiando nuestras posiciones, conmigo sentada encima de sus caderas. Me siento a horcajadas sobre él, le miro y su sonrisa es arrogante. Él vuelve a su evaluación, arrastrando sus ojos hacia arriba y abajo por mi torso. Puedo sentir su longitud endurecerse contra la hendidura de mi trasero.
―Eres capaz de hacer que un hombre se vuelva loco ―me dice, inclinándose hacia arriba y llegando a mí alrededor para desabrochar el sujetador. Mis pechos están libres, pesados y duros por el deseo. Gime de agradecimiento antes de levantarse para succionar uno, mis muslos en respuesta se aprietan violentamente a su alrededor. Levanto la cabeza y arqueo la espalda para que tenga el máximo provecho de mi pecho. Los pensamientos que había tenido momentos antes son empujados lejos mientras continúa su bombardeo de besos incendiarios. Siento sus brazos envolviéndose alrededor de mí y rebuscando cerca de mi trasero antes de escuchar el sonido revelador del papel de aluminio. Termina de revestirse y traza un sendero de besos con su boca experta hacia mis labios. Él inclina su boca, tomando suavemente a pequeños sorbos de la mía mientras trae una mano a mi pelo y enreda los puños en él. Susurra alabanzas suaves entre cada beso, cada una alimenta mi deseo por él.
―Levántate para mí ―susurra mientras que trae una mano a mi cadera, ayudándome a subir, mientras que posiciona su pene erecto por debajo. Me muerdo el labio a la espera mientras sus ojos se aferran a los míos, viéndome mientras me hundo suavemente hacia abajo sobre su punta.
Me quedo suspendida momentáneamente mientras dejo que mis fluidos se esparzan sobre él para que sea más fácil su entrada. Es potenciador ver la nube de deseo en los ojos de Peeta mientras bajo lentamente, centímetro a centímetro, delirando sobre él hasta que se enfunda por completo.
Gimo en voz baja mientras me extiende hasta la más increíble sensación de saciedad. Me veo obligada a permanecer sentada durante varios minutos para poder ajustarme a la totalidad de él. Peeta cierra los ojos, levanta la cabeza hacia atrás, los labios entreabiertos mientras un ruido sordo viene de lo más profundo de su garganta. Él trae sus manos a mis caderas, y yo comienzo a moverme. Me levanto hasta el extremo y luego me deslizo hacia abajo, inclinándome hacia atrás para frotar el nudo de nervios dentro de mis muros.
―Mierda ―sisea, tomando una fuerte aspiración mientras está entre mi revestimiento―.Vas a hacer que me vuelva loco ―se queja en voz alta mientras me besa posesivamente antes de colocarse en la cama. Él empieza mover sus caderas al unísono con mis movimientos y pronto nos estamos moviendo a un ritmo frenético. Cada uno necesita más del otro. Cada uno conduce, empujando, tentándonos mutuamente para llegar al final.
Miro a Peeta, los tendones de su cuello están tensos, la punta de su lengua asoma entre los dientes, los ojos están oscurecidos por la lujuria, él es sexy como el infierno. Sus manos agarran mis caderas, los músculos se tensan mientras me sostiene, me levanta y se introduce dentro de mí. Estoy subiendo, girando vertiginosamente mientras el placer se apodera de mí. Agarro una de sus manos en mi cadera, entrelazando nuestros dedos. Mueve la otra mano hasta donde estamos unidos, su pulgar acariciando mi clítoris, manipulándolo expertamente. Mi cuerpo se acelera, los músculos se aprietan alrededor de él, y una vez más estoy tirada en un olvido asombroso.
Grito su nombre cuando una calidez arrebatadora se apodera de mí, y me tira sobre una neblina que me consume.
―Cristo, Katniss. ― maldice, sentándose sin parar su ritmo voraz, tomando el control para permitir que yo me pierda en mi orgasmo. Él envuelve sus brazos alrededor de mí, sus fuertes bíceps me sostienen y trae sus labios con los míos en un beso devorador, vaciador de almas.
La avalancha de sensaciones que tiran de cada nervio de mi cuerpo es tan abrumadora que mi única comprensión es que me ahogo en todo lo que es Peeta Mellark. Puedo sentir su cuerpo tensarse, sus caderas empujar más fuerte y sus brazos apretarse más estrechamente con las manos extendidas en lo ancho de mi espalda. Entierra su cara en mi cuello antes de gritar mi nombre, una bendición en sus labios, mientras se estrella sobre el borde. Siento que convulsiona dentro de mí, encontrando su liberación. Nos quedamos así, yo sentada a horcajadas sobre él, con los brazos envueltos alrededor el uno del otro y con la cabeza enterrada entre nosotros por algún tiempo; ninguno de los dos hablamos.
Estoy abrumada por la emoción mientras nos sostenemos mutuamente.
¡Oh, mierda!
¿Cómo podía haber sido tan estúpida de pensar que podría tener sexo casual?
Los sentimientos burbujean dentro de mí. Sentimientos que sé que Peeta nunca corresponderá, y me encuentro luchando por mantener la compostura. Me digo a mí misma que tengo que mantener la calma, que puedo revolcarme en la noción y romperme una vez que esté sola. Peeta desplaza las piernas un poco y se inclina hacia atrás. Toma mi cabeza entre sus manos y me traspasa con su mirada embriagadora.
¿Estás bien? ―me susurra. Yo asiento, tratando de aclarar la preocupación de mis ojos. Se inclina y me besa. Un beso tan dulce y cariñoso que tengo que luchar contra las lágrimas que amenazan por su ternura, que me desarma y me llega al corazón. Cuando abre los ojos, me mira durante algún tiempo. ―¿Quién lo hizo? ¿Quién te lastimó tanto?
―Dijiste que no querías nada de confesiones, esa que me estas pidiendo es muy personal y no creo que quieras saberlo―Veo que algo destella a través de ellos rápidamente, emociones sin nombre que no puedo leer ya que solo lo conozco desde hace poco tiempo. Sacude la cabeza rápidamente y me levanta de él para dejarme rápidamente en la cama sin decir una palabra. Se pone de pie a toda prisa, evitando mi mirada interrogante y se pasa la mano por el pelo, murmurando la palabra "mierda" que sale en una exhalación.
Miro sus anchos hombros tonificados, y su culo atractivo a medida que camina hacia el baño. Oigo correr el agua y otro ahogado juramento. Tiro la sábana alrededor de mí, de repente me encuentro sola e incómoda al estar en un entorno y en una situación difícil y desconocida. Después de unos momentos, Peeta reaparece del baño en un par de calzoncillos bóxer negros. Se pone de pie en la puerta y me mira. Ha desaparecido toda la calidez y la emoción que había en sus ojos minutos antes. Ha sido reemplazada visiblemente por una evaluación distante y fría mientras me mira en su cama.
Se nota que ya no está relajado por la tensión que hay alrededor de sus ojos, y también es obvio en su mandíbula tensa.
―¿Puedo ofrecerte algo? ―pregunta con voz cortante―. Yo necesito un trago.
Niego con la cabeza, temiendo que si hablo, el dolor repentino que siento por su separación empeore. Con mi respuesta, se vuelve y se va a la sala principal del apartamento.
Creo que ya tengo mi respuesta.
Yo sólo era un reto para él. Desafío conquistado, ahora estoy disponible.
Sostengo la palma de mi mano en mi esternón, tratando de ahogar el dolor que tengo dentro. Tratando de disminuir la sensación de haber sido utilizada. La culpa, la vergüenza y la humillación pasen sobre mí. Tengo que salir de aquí. Estos pensamientos llenan mi cabeza mientras lanzo las mantas lejos de mí y recojo todas mis prendas descartadas en el suelo antes de correr hacia el baño.
La presión en mi pecho es insoportable y trato de contener las lágrimas mientras a tientas y torpemente intento abrochar mi sujetador. Lanzo mi vestido por encima de mi cabeza, luchando por poner mis brazos en los lugares adecuados. No tengo nada de ropa interior. Están destrozadas en algún lugar del suelo y ya no vale la pena la molestia de encontrarlas.
Me falta un pendiente y llegados a este punto, realmente no me importa. Rápidamente quito el que me queda y me echo un vistazo en el espejo para notar la miseria mezclada con pesar en mis ojos. Tomo un pañuelo y limpio el delineador mientras me armo de valor para mi partida. Después de unos momentos de enmascarar mis emociones y juntar mis pensamientos, estoy lista.
Abro la puerta del baño y salgo fuera, aliviada y al mismo tiempo triste de que no esté sentado ahí esperando por mí. Por otra parte, ¿qué esperaba después de la forma en que actuó? ¿Que estuviera sentado en la cama, esperando a profesar su amor por mí?
Hazlo y olvídalo ―murmuro en voz baja mientras camino fuera de la puerta del dormitorio a la sala principal. Peeta está de pie en la cocina de la suite, con las manos apretadas contra el mostrador y la cabeza colgando hacia abajo. Me paro un momento y lo veo, admiro las líneas de su cuerpo, y deseo mucho más de lo que aparentemente puede dar. Él se mueve y toma un largo sorbo del líquido de color ámbar en su vaso. Lo baja rudamente, el hielo tintineando fuertemente, antes de pararse. Su paso se tambalea cuando él me ve de pie, vestida y lista para irme.
―¿Qué estás…?
―Mellark ―empiezo, tratando de controlar la situación antes de que pueda humillarme más―. Soy una chica inteligente. Ahora lo entiendo ―me encojo de hombros, tratando de evitar que mi voz se rompa. Me mira y puedo ver los engranajes de su cabeza trabajando, intentando averiguar por qué me quiero ir―. Seamos realistas, tú sueles pasar la noche con cierto tipo de personas y yo no soy ese tipo de chicas de una sola noche.
―Katniss ―objeta, pero no dice nada más mientras da un paso hacia mí hasta que yo sostengo mi mano hacia él para que se detenga. Me mira, moviendo sutilmente su cabeza, tratando de envolver su mente alrededor de mis palabras.
―Vamos, eso es probablemente lo que es para ti, a lo que estás acostumbrado. ― Tomo un par de pasos hacia él, orgullosa de mí misma por mi falsa valentía―. Así que voy a ahorrarme la vergüenza de que me pidas que me vaya y voy a hacer ahora la caminata de la vergüenza en lugar de hacerla por la mañana.
Me mira fijamente, luchando contra alguna emoción invisible, con la mandíbula apretada fuertemente. Cierra los ojos por un instante antes de mirarme.
―Katniss, por favor, escúchame. No te vayas ―pronuncia―. Es sólo que... ―Levanta una mano para agarrar la parte de atrás de su cuello, confusión e incertidumbre grabada en su rostro mientras es incapaz de encontrar las palabras o de terminar su mentira.
Mi corazón quiere creerle cuando me dice que no me vaya, pero mi cabeza piensa diferente. Mi dignidad es todo lo que tengo ya que mi ingenio ha sido destruido totalmente, dispersado y dejado en la cama de la habitación contigua.
―Mira, Peeta ―exhalo―, los dos sabemos que no quieres decir eso. No quieres que me quede. Bueno, entré en ello de buena gana ―admito, dando un paso hacia él. Sus ojos nunca dejan los míos mientras yo coloco una mano sobre su pecho desnudo―. Fue genial, pero esta chica ―le digo, señalándome a mí misma y luego al dormitorio―. Esto no es para mí.
Él me mira, sus ojos penetrando en los míos con tal intensidad que aparto los míos momentáneamente.
―Tienes razón, esto no es para ti ―chirría con su rostro protegido, mientras mis ojos miran hacia él. Él levanta su copa y vacía el resto del contenido del vaso, piscinas de un intenso azul continúan puestas en mis ojos por encima del borde de la copa. Cuando termina, se pasa la lengua por los labios, inclinando la cabeza mientras piensa algo detenidamente en su cabeza―. Déjame conseguir mis llaves y te llevo a casa.
―No te molestes. ―Niego con la cabeza, cambiando mi peso mientras encuentro la manera de salvar las apariencias mientras la humillación se filtra a través de mí―. Voy a tomar un taxi, hará que este error sea más fácil para los dos. ―Toma todo lo que tengo apoyarme en mis pies y darle un beso casual y casto en la mejilla. Me encuentro de nuevo con sus ojos y trato de fingir indiferencia―. No te preocupes, no voy a descargarme contigo por nada. Tampoco voy a ser la psicótica que va a acosarte en el trabajo. ―Echo mis hombros para atrás y me pongo a caminar hacia la puerta, con la barbilla en alto aún a pesar del temblor en mi labio inferior―. Solo estoy tirando de la precaución antes de que esto pueda volverse de un color negro marcado.
Salgo por la puerta hacia el ascensor. Cuando me doy la vuelta para presionar el botón a la primera planta, me doy cuenta de que Peeta está en la puerta del apartamento. Su boca se tuerce mientras me mira con ojos distantes y una expresión endurecida. Sigo mirándole mientras las puertas comienzan a cerrarse, una lágrima cae por mi mejilla, la única traición de mi cuerpo que muestra de mi tristeza y humillación.
Por fin estoy sola.
Me recuesto contra la pared, lo que permite que mis emociones me superen y tenga que seguir luchando contra las lágrimas que nadan en mis ojos porque todavía tengo que encontrar el camino a casa.
….
Hellooooo!
Creo que es el capitulo más largo que he escrito en todo el tiempo que llevo en fanfic. Espero que esto recompense todos los meses que estuve desaparecida!
Lamento no poder actualizar con mismo ritmo de antes, es que ahora tooooodaaaa mi vida es un completo lio.
Ahora hablemos de la historia
Se que algunas se escandalizaran con el final, chicas y chicos siempre… SIEMPRE desde que comenzó la historia les comenté que este Peeta no será tan dulce y cariñoso como el original. Éste es un poco… ¿Idiota? ¿Frivolo? Y ¿egocéntrico?
No hay que ser un adivino para darse cuenta que Katniss es un poquito… ¿insegura? Bueno, a pesar de que odio estas caracterizaciones, les puedo asegurar que la chica poco a poco crecerá…. Obviamente tiene que llevar unos cuantos golpes para poder levantarse y digamos que Mellark le va a regalar unos cuantos empujones.
Eso es todo,
Espero sus comentario! Ya saben si son buenos, serán bien recibidos y si son criticas. Aquí estaré
PD: en la primera parte del documento el telf. Solo me reconoce los - mientras que en mi pc estos son los que aparecen ―, lo siento por eso
Besitosss!
