La serie Once Upon a Time, sus personajes, y demás mencionados aquí, no me pertenecen.
Gracias a todos por leer y gracias por dejar comentarios. Blue-Red moon ten paciencia con Henry; erpmeis está historia está llena de un ir y venir y lo que falta aún; BeckettMills pues yo soy muy llorona me has dado una buena idea para ver si logro escribir algo que los haga llorar; ReginaLove te aseguro que este capítulo te provocará aún más tensión; paola-enigma esperaré con ansias tu reacción a este capítulo; venus1485 has usado las palabras correctas para describir lo que vendrá; mucha más intriga lo prometo; marymontomed creo que no dirás lo mismo de este capítulo.
Por cierto, me voy de viaje, mi mamá cumple años y el domingo es el día de las madres así que voy a ir unos días a casa, no voy hace como dos meses, pero con seguridad estaré de vuelta el día martes. Me perderé el final de temporada pero la familia es primero. Lo bueno es que siempre que voy a casa tengo tiempito para escribir, así que seguramente lo aprovecharé para inventarme algunas cositas para la historia.
ADVERTENCIA: No sé cómo colocar este tipo de advertencia exactamente pero por si acaso en la segunda parte del capítulo, casi al final, hay una situación delicada, si es muy susceptible le sugiero saltársela. No puedo explicarles qué es porque perdería el factor sorpresa.
Y lo siento, no me odien, pero es sumamente necesario este punto de giro para la historia, todo tiene una finalidad, y no es hacerlos sufrir.
Espero que disfruten el capítulo.
CAPÍTULO 12
REGINA
Estaba agotada. Sin importar la breve estadía en el hospital seguía sintiéndome como si hubiese corrido una maratón por tres días seguidos. Tomé los medicamentos esperando que surtieran efecto y me hicieran sentir mejor, también porque Emma no dejaba de exigírmelo, aunque lo que realmente estaba funcionando para mí era tener toda su atención. Las pocas veces que estuve enferma cuando era pequeña mi madre siempre estuvo allí para cuidarme, al principio me regañaba pero aún así era la primera en atenderme, hubiese sido algo para atesorar de no ser porque siempre me miraba con tanta desilusión, ella siempre creyó que yo era demasiado débil, y era cuando más le reprochaba a papá por consentirme tanto. Fue entonces cuando dejé de enfermarme, o al menos al principio empecé a fingir que siempre estaba bien.
Emma también lucía cansada, casi podía imaginarla pasar toda la noche en vela debido a mi causa, eso hizo que fuera más fácil estar de acuerdo con David cuando sugirió ser él quien maneje de regreso a casa. Mary Margaret se sentó a su lado, no había forma alguna en que yo hubiese podido viajar a lado de alguno de ellos dos. Pero ese realmente no fue el problema; Emma y Henry prácticamente estuvieron a punto de luchar físicamente por conseguir sentarse a mi lado, no puedo negar que fue adorable ser el objeto de tal afecto, fue la única razón por la cual accedí a sentarme en el medio, pero tampoco sirvió de nada, Henry se abrazó a mí y prácticamente me haló hacia su lado, y como cierta parte del cerebro de Emma se quedó sin madurar ella hizo exactamente lo mismo, comenzando un tira y afloja que para mi sorpresa la única que fue capaz de poner orden fue la mismísima Blanca Nieves.
—¡Ok basta! Van a estropearla. Aléjense de ella. —Dijo con total autoridad y dando golpecitos en las manos tanto de Henry como de Emma—. Cada uno hacia su ventana, y el que no se comporte va a cambiar puesto conmigo.
Henry y Emma hicieron lo que ella les dijo, en completo silencio y casi pude verlos haciendo pucheros por haber sido regañados pero no fui capaz de apartar mis ojos de ella, ¿quién diría que podía tener tal autoridad en su hija y su nieto? Eso si que me provocó náuseas y aumentó mi dolor de cabeza, ¿por qué de todas las personas en el mundo mi destino estaba ligado precisamente al de ella? ¿Acaso no bastaba toda una vida destruyéndonos la una a la otra como para ahora tener que volver a pertenecer a la misma familia? Debería dejar de hacer cosas malas o lo próximo será que el monstruo azul que dice ser un hada termine siendo mi tía o algo peor.
Después de eso todo volvió a estar en un incómodo silencio, acompañado de una terrible emisora que al parecer la pareja perfecta adoraba, creo que pudieron haber dejado de tararear después de una u otra amenaza mía, pero no estoy muy segura. Mi cabeza me estaba matando y todo lo que pude hacer fue hundirme en el asiento y cerrar los ojos con la esperanza de quedarme dormida pero me fue imposible, cada tanto tenía que toser y eso solo hacía que nadie pudiera descansar apropiadamente.
De pronto sentí la mano de Emma en mi frente, la cual de inmediato esquivé, Mary Margaret no dejaba de mirarnos por el retrovisor y no estaba de humor para más problemas.
—Estás ardiendo. —Dijo Emma preocupada.
—No es cierto —Dije sin querer abrir los ojos.
—Estás ardiendo Regina, y es evidente que te duele la cabeza.
—¿Tienes fiebre mamá? —Dijo Henry y colocó su pequeña mano en mi frente.
—Estoy bien cariño. —Le dije con una sonrisa para que no se preocupara.
—No, no es cierto. Creo que deberíamos detenernos.
—No es necesario Emma.
—Pero y si te pones otra vez mal. —Dijo Henry dándome su mejor mirada de preocupación solo para al instante dirigirse a David—. Emma tiene razón abuelo, hay que detenernos.
—Claro que no. —Parecía que todos habían decidido ignorarme y todo por un simple día de estar enferma.
—Ok. Déjenme ver.
No logré retroceder a tiempo y la mano de Mary Margaret tocó mi mejilla, como si fuese la situación más normal del mundo y ella hubiese adquirido el derecho de invadir mi espacio personal y tocarme.
— ¡Cómo te atreves! Quítame las manos de encima. —Dije con toda la indignación que pude reunir y me crucé de brazos. Todos ellos estaban agotando la poca paciencia que había decidido otorgarles .
—Desde que al parecer eres la novia de mi hija eso me da derecho a tocar la mejilla de mi nuera.
Y mi cerebro colapsó. No logré pronunciar palabra alguna, había perdido por completo la capacidad de formar frases coherentes. No era la novia de Emma, bueno sí, lo habíamos acordado, pero eso no significaba que ella y yo… o que eso me convertía en la nuera de nadie, mucho menos en la de la estúpida Blanca Nieves. Tenía tantas ganas de borrarle la sonrisa del rostro; ella lo estaba disfrutando, me había dado un golpe certero que no esperaba y para el cual no tenía respuesta. Tenía tantas ganas de desmayarme y perder el sentido en ese momento
—¿Eso quiere decir que ahora vas a llamar al abuelo y a la abuela mamá y papá?
—¡Henry! —Sentí mi cuello tensarse al girar bruscamente la cabeza para poder mirar a mi pequeño hijo que había decidido unirse a mi mayor enemiga en mi contra.
—Ahora no es el momento chico. —Dijo Emma e intentó sobar mi espalda pero me alejé. No pude resistir que me tocara en ese momento.
—¡Para el carro! —Grité.
—Estamos en mitad de la nada. —No sé cómo aquél pastor podía ser tan irritante.
—¡Para el maldito carro o te juro que vomitaré encima de ti!
Eso fue suficiente para que me tomara en serio y se detuviera a un costado de la carretera. Casi tropecé con mis propios pies en mi afán de bajarme de esa monstruosidad que Emma insiste en llamar carro.
No pude escuchar lo que ellos dijeron, el aire envolvió mis oídos mientras derramaba todo el contenido de mi estómago sobre el prado verde. Emma sostuvo mi cabello y Henry me dio una toallita húmeda para limpiarme cuando terminé. Ella tuvo que abrir la botella para mí porque las manos me temblaban. Me enjuagué la boca lo mejor que pude y bebí un poco de agua, solo para ser interrumpida por una fuerte tos, que me hizo doler el pecho y que me sea difícil respirar.
—Tómalo con calma. —Dijo Emma sobando mi espalda mientras yo vomitaba una vez más—. Así está bien princesa. ¿Te sientes mejor?
Asentí con la cabeza. Ella me ayudó a beber más agua y besó mi frente sudorosa, me aparté porque nadie querría estar cerca de mí después de tan asqueroso espectáculo, pero a ella parecía no importarle, se acercó aún más a mí y volvió a besar mi frente mientras su mano seguía sobando círculos calmantes en mi espalda. La miré sin poder creer lo afortunada que era, nunca nadie había querido cuidar así de mí y al parecer ella no tenía problema en hacerlo. Sentí los brazos más cortos de Henry alrededor de mi cintura y eso me sacó de mi ensimismamiento.
—Te vas a poner mejor mamá, voy a asegurarme de que te tomes todos los remedios al igual que cuando estoy enfermo y tú me cuidas.
Emma y yo compartimos una sonrisa de orgullo por nuestro pequeño hijo, sin lugar a dudas era el mejor de todos.
Volvimos al carro y esta vez no hubo peleas. No sé porqué pero acepté sin protestar los brazos de Emma y me arrimé en su pecho, con Henry arrimado a mi costado, y una manta que Mary Margaret había sacado del maletero y Emma usó para cobijarnos. Esta vez no tuve ningún problema para conciliar el sueño, y complacida me quedé dormida escuchando el corazón de Emma latir.
XXXSQXXX
EMMA
Nunca he sido una persona afectuosa; cuando creces en el sistema, yendo de una casa de acogida a otra donde nadie se preocupa por ti, aprendes a dejar de lado tus emociones y te conviertes en una persona práctica que sabe que lo único que necesita es sobrevivir; estoy rota en algunos aspectos, pero aún soy capaz de darme cuenta de las cosas que son buenas y luchar por ellas, como Henry y Regina, hasta en los días malos en que no soportamos vernos el uno al otro es mejor estar peleando con ellos que no tenerlos cerca.
Cada vez que Regina me mira, sorprendida por pequeñas cosas que hago por ella como sostener su cabello mientras vomita, hace que mi corazón se encoja al darme cuenta que talvez nunca nadie ha hecho cosas así por ella antes, y no puedo entender cómo nadie ha sido capaz de ver lo maravillosa que es, y es que tan solo un gesto amable saca a relucir esa parte dulce y cariñosa que hay dentro de ella.
En cuanto tuve a Regina dormida en mis brazos dejé que mis dedos se enredaran en su cabello sedoso, era increíble que ella confiara lo suficiente en mí para permitirme velar su sueño. Una sonrisa tonta se dibujó en mi cara al ver a Henry durmiendo igual de complacido apoyado en las piernas de su madre, con la boca abierta y babeando un poco, cualquiera querría que eso es algo que pondría los pelos de punta de la poderosa y temible Regina Mills, pero sé que no es así, incluso puedo imaginarla encantada mientras un pequeño Henry se le limpia las manos en su ropa cara antes de ir al trabajo, lo que yo daría por haber estado allí para ver esas cosas.
Estoy segura que tanto Mary Margaret como David piensan que mi distancia autoimpuesta con ellos es a causa de mi cercanía con Regina, no es así, al menos no por las razones que ellos deben suponer, es solo que toda la lucha y el esfuerzo de Regina para no perder a Henry me ha hecho estar tan enojada con Mary Margaret, ¿por qué ella no pudo luchar así por mí? ¿por qué siempre le es tan fácil abandonarme? Personas como ella he tenido de sobra en mi vida, en cambio Regina es algo tan nuevo para mí, es como si de pronto me hubiese ganado el boleto dorado de Willy Wonka y tuviera la posibilidad de cambiar mi vida para siempre.
—Podemos parar en algún sitio si quieres. —Habló en voz baja Mary Margaret, interrumpiendo mis pensamientos.
—No será necesario, solo quiero llegar cuanto antes a casa.
—No fue mi intención causar un conflicto entre tú y Regina.
—No lo causaste entre nosotras pero sí lograste indisponerla.
—No hice nada malo.
¿Cómo podía fingir inocencia? No puedo creer que piense que soy tan tonta para no darme cuenta de cuales fueron sus intenciones con aquél comentario.
—Emma yo…
—Solo no la molestes. —La interrumpí. Y rogué internamente que ella tome eso para quedarse quieta en su asiento y no decir nada más.
David continuó atento al camino, de vez en cuando nos miraba por el espejo retrovisor pero en su mayoría mantuvo los ojos fijos en la carretera. Hizo un intento por volver a encender la radio, la cual estaba apagada desde que Regina y Henry se quedaron dormidos, pero Mary Margaret no sabe cuando dar un paso atrás. Ella volvió a apagar la radio y se volteó lo suficiente para poder verme.
—Lo siento pero estoy un poco confundida aquí, porque si no es tu novia ¿entonces qué es? ¿Son amigas con derecho o algo así?
—Oh cierra la boca. —Dije enojada pero sin levantar la voz—. Claro que es mi novia.
—Eso la convierte en nuestra nuera. —Dijo David con un amago de sonrisa—. Aunque técnicamente tendrían que estar casadas pero…
—Basta. —Susurré—. ¿Tú también vas a seguirle el juego? No sé ni para qué pregunto, claro que lo harás, porque se acabaría el mundo si alguno de ustedes eligiera estar de mi lado para variar.
—Estamos de tu parte Emma. —Dijo David.
—Estamos aceptando completamente tu nueva situación con Regina ¿no sé cuál es el comportamiento que esperas de nosotros? Parece que sin importar lo que hagamos, para ti siempre lo haremos todo mal. —Lo dijo teniendo el descaro de darle la vuelta a las cosas y ponerse en plan de víctima.
—Ni siquiera lo intentes. Sé muy bien lo que están haciendo y no lo van a conseguir. Y no quiero hablar más del tema, no es el momento ni el lugar.
Nadie dijo nada más después de eso. Y yo simplemente no quería pensar en nada de lo que había sucedido. Debí haber tomado a Henry y a Regina conmigo y llevarlos lo más lejos que me sea posible de Storybrooke.
XXXSQXXX
Mi hombro estaba un poco adormecido, al igual que mi pierna derecha, pero no era nada que no pudiera aguantar. Estaba feliz de que el viaje llegara a su fin porque podríamos bajarnos del auto y tomar cada quien un rumbo diferente hasta que fuéramos capaces de fingir que nada había ocurrido y seguir jugando a la familia de cuento de hadas.
El letrero de Bienvenidos a Storybrooke se hizo visible en el camino y no pude contener un suspiro de alivio. Pero en el preciso instante en el que cruzamos la línea de la ciudad Regina despertó, alejándose de mí y sobresaltando a Henry.
Estaba completamente pálida, como si todo el color había sido arrebato de su piel, se llevó las manos al pecho y se inclinó hacia delante mientras tosía y se esforzaba por respirar.
—Mamá.
—¿Regina qué sucede? —Pregunté preocupada.
—No puedo… ehh… no puedo respirar. —Dijo un poco ahogada y con la voz ronca.
—¡Mami!
—Regina mírame. —La tomé por los hombres y la hice levantar la cabeza.
David detuvo el auto a un costado de la carretera y tanto él como Mary Margaret se voltearon para ver lo que sucedía.
—Cálmate, respira. —Se lo dije a ella pero lo utilicé también para mí. Necesitaba estar en calma para poder entender lo que le sucedía y poder ayudarla.
—No puedo. —Dijo con gran esfuerzo y sosteniéndose el pecho como si le doliera. Volvió a toser una y otra vez.
—Arranca David, hay que ir al hospital. —Escuché decir a Mary Margaret.
—¡Mami que sucede! —Sin necesidad de mirarlo sabía que Henry estaba asustado y preocupado por su mamá.
—Todo está bien. —Intentó calmarlo David.
—Solo respira. —Le volví a repetir.
Todo pasó demasiado rápido, una vez más estaba sucediendo. Regina se derrumbó en mis brazos, la sostuve mientras ella seguía luchando por respirar, le grité a David que acelerara y aunque Henry lloraba al ver a su mamá así, lo único que yo podía escuchar era el silbido en el pecho de Regina por el esfuerzo de obtener oxígeno. Le susurré que se calmara, que ya estábamos llegando. Sé que estaba en dolor porque sus manos seguían aferrándose con fuerza a su pecho y sus mejillas eran totalmente bañadas en lágrimas.
David me la arrebató de los brazos cuando llegamos y fue él quien la colocó en una camilla una vez que estuvimos en el interior del hospital. De no ser porque Mary Margaret les ordenó que la atendieran, creo que todos en el hospital se hubiesen quedado parados mirando.
De inmediato corrí poniéndome al día con David para estar a lado de Regina, y la tomé de la mano mientras Whale se hacía cargo de todo, y un par de enfermeras lo secundaban ayudando conectar cables y tomar signos vitales. No sé quién con exactitud le explicó lo ocurrido pero no fui yo, estaba demasiado ocupada intentando calmar a Regina que increíblemente seguía consciente y mirándome fijamente.
—Todo va a estar bien princesa. Lo prometo.
Fue lo último que le dije antes de que sus ojos dejaran los míos y su cuerpo empezara a convulsionar. Escuché a Henry llorar, lo vi intentar abrazar a su mamá y luego Mary Margaret prácticamente lo sacó de allí en brazos mientras él pataleaba por querer quedarse y suplicaba que salvaran a su mamá.
¿Y yo?
Fue David quien me sostuvo con fuerza para que pudieran atenderla. Lo odié en ese momento porque era quien me mantenía lejos de ella, y aunque permanecimos en la habitación sentí como si estuviera a cientos de quilómetros de distancia, viendo cómo la felicidad se escapaba de mis dedos, y con cada descarga que ellos dieron en su pecho era mi corazón el que se apagaba junto con el de ella.
