Gracias a la imaginación de Charlaine Harris que nos ha regalado estos personajes con los que jugar. Todos suyos.


12.

Eric estaba en todas partes, en mi boca, en mi cuello, mordisqueando mi lóbulo, sus manos lo mismo me cogían la cabeza y se perdían en mi pelo que agarraban mis pechos o me sujetaban contra la pared del culo. Su lengua recorría mi piel volviendo a adquirir familiaridad con ella. Su erección se apretaba entre mis piernas y mi cuerpo empezaba a recordar que tenía un ritmo propio en cuanto Eric me encaramaba a su cintura. Sus manos omniscientes se perdían debajo de mi falda y comenzaban a jugar con el borde de mis bragas mientras se agarraban a mi culo. Siempre había pensado que ese era el propósito de que mi vampiro tuviese las manos grandes y fuertes, abarcarme todo lo que mi cuerpo tuviera que ofrecerle. El tamaño perfecto para encajar el uno en el otro. Estaba por soltarme de su cuello y abrirle la bragueta cuando mi burbuja explotó.

La puñetera reina.

Eric me escondió tras de él y casi le abracé de lo que ese gesto me hizo sentir. Su actitud protectora, que me remitía a otro tiempo y que todavía tenía porque aunque no lo supiera, me decía que aún me quería. Pegué la frente a su espalda y me sentí reconfortada, como cuando teníamos un vínculo. Pero las palabras de esa mujer me devolvieron a la realidad y antes de que todo se fuese a la mierda definitivamente, saqué el móvil del bolso y mandé un mensaje a Preston. Supuse que un escueto ¡Ayuda! sería lo suficientemente elocuente para que apareciera a mi lado. Lo fue, en unos segundos, Preston se materializó en la habitación y me cogió de la mano llevándome con él. Lo último que vi fue la expresión triste y confundida de Eric. Mejor no mirar la de Preston... Pero dado un momento, tuve que hacerlo. Llegamos a casa y me soltó y salió sin mirarme del salón. Corrí tras él y le pillé en el dormitorio. La expresión de pena en su cara me rompió el alma.

_ Preston... – dije con un hilo de voz.

_ Ahora, no, Sook – me cortó.

_ Por favor, tenemos que hablar – le seguí hasta el baño de nuestra habitación.

_ ¿Y qué me vas a decir? ¿Preston, cariño, no ha pasado nada? – dijo con una hiriente ironía.

_ Es que no ha pasado nada... – protesté.

Preston me miró como si no se pudiese creer lo que le estaba diciendo. Me cogió de la mano y me enfrentó a mi reflejo en el espejo.

_ Dime, querida, ¿qué decías? – dijo sobre mi hombro, mirándome a través del espejo y me dejó allí, mirando mi carmín corrido en mi boca y aledaños, a causa de los besos de Eric, con mi vergüenza.

_ Sólo me ha besado... – murmuré a mi reflejo intentando mentirme a mí misma.

Salí de nuevo tras él y le encontré en la cocina, sentado a la mesa en la oscuridad.

_ No quiero oír lo que me tengas que decir – susurró sin volverse a mirarme-. Ahora me vas a decir que sólo os habéis besado, pero antes de hacerlo recuerda que llevo ocho años besándote y que sé qué volumen de besos y que fuerza y pasión requiere que se te corra el maquillaje a ese nivel – se giró y encontró mis ojos- porque muchas veces fui yo el que hizo que eso pasara.

_ Nos hemos besado y si no llega a aparecer su... mujer – escupí la palabra como si me repugnara-, no sé hasta donde hubiésemos llegado – confesé en un susurro.

_ ¿No lo sabes? – me merecía su tono pero cómo dolía.

_ Preston, no es un hombre que haya conocido hace unas semanas. Es Eric...

_ ¿Y crees que a mis ojos eso lo justifica? ¿De verdad crees que duele menos porque sea Eric? No, Sookie, lo siento, me gustaría ponértelo fácil y decirte que bueno, lo entiendo y que sólo os habéis besado apasionadamente y os habéis metido mano un poquito, no pasa nada. No soy tan comprensivo. Tu eres mi mujer y, te guste o no que te lo diga, me ha dolido lo que has hecho.

_ Lo siento... – levantó la mano y me cortó.

_ No, Sookie, lo que sientes es que haya llegado la reina y os haya pillado y de rebote, yo. Si no, ahora en vez de entonar un mea culpa en la oscuridad de nuestra cocina estarías en su cama tirándotelo. Y lo mismo que yo tengo la certeza de que eso es así, deberías ser lo suficientemente sincera contigo misma para admitirlo y no insultar mi inteligencia pidiendo perdón ni diciendo que no volverá a pasar – se levantó-. Me voy a la cama. Y no me hagas escenas ni te hagas la mártir, te quiero durmiendo a mi lado que es donde debes estar.

El teléfono escogió ese momento para empezar a sonar. No lo miré, tenía muy claro quien era. Preston me miró esperando ver mi reacción. No supe decir si estaba contento con lo que hice o no, el caso es que el teléfono siguió sonando y yo lo volví a ignorar, dejándomelo sobre la mesa de la cocina. Me fui a nuestro dormitorio y me dispuse a darme una ducha. Mientras dejaba que el agua lavara mi mala conciencia, el teléfono volvió a sonar, pero esta vez el de casa. Suspiré. Eric... Cuando salí oí a Preston murmurar en nuestra habitación.

_ ¿Te das cuenta de la mierda a la que la has arrastrado? Esto es lo que le ofreces, Northman, y ella merece algo mejor que tú.

Durante unos segundos, mientras Eric contestaba, me miré al espejo sintiendo pena por mí misma, por lo mal que lo había hecho en mi vida. ¿Por qué el jodido talismán no me había borrado a mí el recuerdo de un amor como el que sentía por Eric? Preston terminó de hablar y colgó. Al cabo de unos minutos, me enjugué las lágrimas y salí. Me puse mi camisón y me dirigí a la cama. Como cada día, fingiendo una normalidad que no teníamos, salté por encima de Preston en lugar de dar la vuelta para hacerlo por mi lado de la cama. Eso arrancó una pequeña sonrisa a mi hada pero se puso serio en seguida.

_ Northman ha llamado. Su reina no está muy contenta, cree que no está de más ser precavidos y estar alertas. Mañana hablaré con Jason para que él y los chicos se ocupen de tu seguridad en el trabajo. Del resto me puedo encargar yo.

_ No soy una inútil, Preston... – protesté.

_ No, pero tampoco vamos a dejar opción a saber si puedes encargarte o no. Nosotros te protegeremos y tú dejarás de ser una pesadilla y te callarás y nos dejarás hacer. Por variar...

_ Está bien – consentí sin pelear para su sorpresa.

_ Esto es serio, Sook, quiero que te lo tomes como es. Esa mujer tiene una fijación con Northman, siempre la tuvo, no vamos a tentar a la suerte y tú no te vas a exponer innecesariamente.

_ No lo haré, te lo prometo.

Me acurruqué a su lado sin llegar a tocarle, no me atrevía a dar ese paso. Me dolía estar así con él, me dolía no arrepentirme de mi noche con Eric, me dolía no poder darle la seguridad de que nunca volvería a pasar. Pero Preston levantó su brazo y me atrajo hacia su pecho. Suspiró y besó mi pelo.

_ Te quiero – murmuró con un hilo de voz y apagó la luz de su mesilla.

No dormimos casi nada, nos quedamos así casi toda la noche. Nos venció el cansancio cuando el alba despuntaba. Cuando el despertador sonó poco después, Preston se levantó y llamó a Jason y le dijo que esa mañana no iría a trabajar que teníamos que hacer unas gestiones y que luego le llamaría. Volvió a la cama y se acomodó contra mi espalda, me abrazó y siguió durmiendo.

Al medio día comencé a desperezarme y conmigo, Preston. Sonreí al notar su erección contra mí y me dieron ganas de volverme y hacer algo productivo con ella, pero de repente, recordé la noche anterior y cuando él, aún medio dormido, se movió contra mí me quedé rígida. Un mal movimiento porque pensó que era por él y se separó.

_ No, no te vayas – le cogí de la mano y me volví a pegar contra él.

_ Tengo que ir al lavabo – se excusó secamente.

Le miré ir y cerrar la puerta tras de sí. Al cabo de unos minutos, salió y se dispuso a salir del dormitorio. Salté de la cama y le paré.

_ Quiero explicarte lo que ha pasado antes – hizo amago de hablar y le paré-. No, ahora me vas a escuchar. No sé qué pasa por tu cabeza en este momento, pero lo primero que he pensado esta mañana al sentirte ha sido en aprovechar tu erección. Luego he pensado que no te gustaría por lo de anoche. No quiero que haya más malentendidos entre nosotros, no lo soporto. Quiero que si me apetece acariciarte, lo pueda hacer sin pensar si debería o no.

_ Siempre puedes acariciarme, Sook... – se acercó a mí y cogió mi cara entre sus manos-. Siempre quiero que lo hagas. Pese a lo que ha pasado mi primer pensamiento ha sido abrazarte y hacerte el amor. Odio que te sientas incómoda conmigo – dijo en un susurro y me besó.

En mi cabeza me repetía soy una zorra, soy una zorra, soy una zorra como una letanía. ¿Cómo podía haber pensado siquiera en ser infiel a este hombre? Mientras en mi mente, los labios fríos de otro empezaban a rondarme.

Los siguientes días fueron mi castigo por mi comportamiento. Primero, después de oír el mensaje de Eric me sentí en el séptimo cielo, podía oír el amor entre líneas pero también me hundió en la miseria, era horrible lo que el sentimiento que despertaba en mi interior decía de mí. Por si fuese poco, no tuve más noticias suyas. Bueno, noticias directas, que me enteré perfectamente de lo que hacía con su reina. La hubiese matado. Lo que no hice diez años antes, lo hubiese hecho ahora de tenerla delante. Me estaba quitando a mi hombre otra vez. Pero, no, me corregía una y otra vez, ahora mi hombre era Preston... Y vuelta a empezar.

Jason se enfadó también por lo que había pasado, me recriminó mi estupidez. Habíamos salido corriendo de nuestras casas y de nuestras vidas por alejarme de Eric y todo lo que le rodeaba y ahora, ahí estaba yo, dejándome liar otra vez por lo mismo.

Desmond era un caso a parte. Me llamó para decirme que Eric le había llamado después de que todo pasara, que se lo había contado todo y que había empezado algo que yo tendría que terminar.

_ ¿Qué quiere decir con eso? – murmuré confundida- ¿Qué ha hecho, Desmond?

_ Le he dicho que no mereces pasar por lo mismo otra vez.

_ ¿Qué...? – murmuré llevándome la mano a la boca- ¿Le ha contado lo nuestro?

_ No, Sookie, no le dicho nada de eso. Eso está en tu mano. Mi consejo es que se lo cuentes, he estado informándome y que se entere no rompe la magia que te protege. Que recuerde lo que sufriste no es malo, podría protegerte de él. A todos nos consta que te quiere...

_ ¿Y si yo no quiero que me proteja así...? – dije en voz alta, poniendo palabras a mi mayor miedo, que Eric decidiese hacerse a un lado para protegerme.

_ ¿De verdad quieres volver a eso? – su voz sonó cansada- Esta vez no sería igual, antes eras su esposa y tenías un vínculo de sangre con él. Ahora sólo serías su amante, incluso con vínculo.

_ ¿Si lo supiera recordaría?

_ No lo sé, ¿quieres exponerte a descubrirlo?

_ No...

_ Piénsatelo. Te tengo una historia preparada desde hace años, una que cubriera un posible desliz de alguien. Si quieres conocerla por si es eso lo que quieres contarle, te la mandaré al correo. Básicamente es lo mismo que te pasó con él pero con otros nombres y localizaciones, con pruebas de su "veracidad".

_ No sé si podría decírselo personalmente. Ni la verdad ni esa historia de la que habla. Enfrentarme a él y decírselo..., no, definitivamente creo que no.

_ Puedo hacerlo yo si es lo que quieres.

_ ¿Lo haría?

_ Claro que sí, hija – dijo con cariño-, siempre haría lo que me pidieses, lo sabes. Ahora te dejo, piénsate lo que te he dicho y ya me dirás. Piensa si quieres que te deje tranquila, porque la razón de contárselo es esa.

_ Desmond, los dos sabemos que si Eric sabe algo de eso no lo hará, se quedará ahí intentado solucionar el error que él u otro cometió en el pasado. De todas formas, lo pienso y ya le digo.

El señor C. me produjo el dolor de cabeza más grande de toda la semana con su propuesta, ¿qué iba a hacer? Me moría por correr hasta Eric y contarle que era para mí, me moriría igualmente si se enteraba qué era para mí. Menudo dilema...

Y luego estaba Preston que me apoyaba, me cuidaba, me mimaba y se preocupaba por mí. ¿Qué decir de él? Si por un lado estaba siendo perfecto, por otro le veía asomar una faceta suya desconocida para mí. No era que no la hubiese visto nunca, ya había participado en una guerra de hadas y había sido víctima de su crueldad, sabía de lo que eran capaces, pero Preston no era así, ¿verdad...

La semana seguía avanzando y no quería pensar en lo que pasaba a mi alrededor. Como si fuera Escarlata, cerraba los ojos y me decía que mañana pensaría en lo que fuese. Preston parecía que me había perdonado mi desliz, de alguna manera había que llamarlo, e intentaba que la normalidad de la que habíamos gozado, hasta que Eric irrumpió en nuestras vidas como un elefante en una cacharrería días atrás, volviese. Pero no volvió.

Cada mañana me levantaba con la extraña sensación de que algo iba a pasar, algo que yo pensé en aquel momento que sería la estúpida reina de Oklahoma poniéndose en ridículo y reclamándole a una humana el comportamiento de su esposo. Pero había algo más, lo sentía en los huesos pero no acaba de definir qué era. Me sentía que no podía confiar en nadie, sólo en Jason y Desmond. Sorprendentemente, había excluido de mi lista de hombres de confianza a mi prometido y eso fue lo que me hizo estar más en tensión y alerta por lo que pudiese pasar. Tampoco quería preocuparles en exceso, con lo que me aguanté y no les comenté lo que pasaba por mi cabeza, después de todo, cabía la posibilidad de que fueran imaginaciones mías y que estuviese proyectando de alguna manera la culpa que sentía en mi rechazo por Preston. Al principio pensé que, entre la extraña sensación y la culpa mis nervios estaban desquiciándose. Pero la verdad era que lo achacaba a la gente con la que le había visto en sus despacho. No me habían gustado nada. Dos días antes, en mi intento por arreglar las cosas, había decidido pasarme a darle una sorpresa. Como ya era tarde y su secretaria ya se había ido, entré si ser anunciada y allí estaba con otros hadas. Mi dominio de su lengua no era muy bueno, no se me daban bien los idiomas, ya Eric había intentado enseñarme algo y consiguió poco de mí, pero su tono y su aspecto decían más que las pocas palabras que entendí. Se levantaron nada más verme. Preston se vino para mí un poco desconcertado por mi presencia.

_ Sookie, cariño, ¿qué haces aquí? – le besó con suavidad-. ¿Pasa algo?

_ No... – miré de reojo a sus acompañantes-, sólo quería verte pero veo que estás ocupado, te espero en casa.

_ No, por favor, princesa – dijo uno de ellos haciéndome una pequeña reverencia para mi asombro-. Nosotros ya nos vamos.

_ Sí, Preston, estaremos en contacto. Alteza... – el otro también se inclinó ante mí y los dos se desvanecieron.

No dejé que la confusión se apoderara de mí, pero no pude evitar volver a Preston y preguntarle.

_ ¿Princesa? ¿Alteza? ¿De qué va todo eso, Preston?

_ Mi vida, eres una Brigant. Para ellos eres su princesa a este lado del portal.

_ Eso es ridículo...

_ Para ellos, no.

Lo dejé estar pero no me lo podía quitar de la cabeza. Por si fuese poco, Eric seguía sin dar noticias.

Y la solución que me había planteado el señor C. seguía dándome dolor de cabeza. Gracias a Dios que tenía trabajo. Mucho. La verdad era que empezábamos a estar algo desbordados, Jason se ocupaba cada vez más de la organización, la fiesta en honor a Eric había demostrado que era muy capaz de organizar y llevar a buen puerto cualquier proyecto. Me acababa de pasar una cena que uno de los jefes de Stephanie organizaba en su casa, no quería cagarla. Sus palabras, no las mías. El señor Powell era uno de los socios del bufete donde trabajaba su novia, ya le había conocido en alguna fiesta. Al final, siempre nos movíamos en el mismo círculo, acudía a casi todas las celebraciones que organizábamos y tenía clientes en común con Preston. Suspiré, no me caía bien, pero suponía que tenía que impresionarle porque lo que pudiese pensar de Steph. Le llamé y su secretaria me citó para las siete en su despacho, en ese momento estaba con unos clientes y no podría atenderme hasta esa hora. Volví a suspirar, pero al menos me proporcionaba la coartada necesaria para no volver a una casa a la que ya no me apetecía. Estuve trabajando un poco y pensando mucho mientras hacía tiempo. Para cuando salí para mi cita con el señor Powell tenía al menos tres ideas para proponerle pero mi vida seguía siendo tan desastre como antes de tenerlas.

El tráfico a esas horas era lento y pesado. Por suerte, había salido con tiempo. Preston me llamó. Con todo lo que había hecho toda la tarde y se me había olvidado llamar a mi prometido. ¿Sería una señal?

_ Preston, estoy en el coche – dije al contestar-. Voy a reunirme con el señor Powell, el jefe de Stephanie, quiere que le organicemos una cena.

_ ¿A estas horas? – se extrañó.

_ Ha estado reunido toda la tarde y no ha podido hasta ahora. Jason quiere que le impresionemos, parece que Steph quiere acabar siendo socia de ese bufete – suspiré.

_ Richard es un pesado, obseso del trabajo que piensa que todo el mundo lo es – se lamentó Preston con una pequeña carcajada-. ¿Tardarás mucho?

_ No te sabría decir... No me esperes para cenar, entre que hable con él y llegue a casa, en cualquier caso, nunca sería antes de las diez – me lamenté para que no se me notase lo feliz que me hacía.

_ Bueno, mañana temprano salgo para Nueva York, me acostaré pronto... Esperaba poder despedirme como quería de ti – murmuró con tristeza y me sentí fatal porque yo no quería estar allí para que se pudiese despedir de mí como quería.

_ Espero que no me entretenga demasiado y pueda llegar con tiempo de despedirnos – dije fingiendo esperanza. Era una zorra...

_ Despiértame cuando llegues...

_ Lo haré, ahora come algo y descansa.

Corté la comunicación sintiéndome la peor mujer sobre la faz de la tierra. Menudo asco de novia estaba hecha. Entré en el edificio del bufete y dí al guarda de seguridad mi nombre. Me dijo que pasara, que el señor Powell me esperaba. Me explicó cómo llegar a su despacho ya que las oficinas estaban ya vacías. Jodido adicto al trabajo... No me costó encontrarle. Seguía siendo el mismo capullo pretencioso que había tenido la desgracia de conocer. Aún así, me saludo ceremoniosamente y me dijo que había pedido comida para que pudiésemos comer mientras nos poníamos de acuerdo con la organización. Salió unos segundos para recoger la comida que el repartidor traía. Me paré delante del ventanal que presidía su despacho. La vista era impresionante y por un segundo me dejé sobrecoger por las luces de la ciudad. Me hice la remolona, le había oído entrar y poner las cosas sobre la mesa, no me apetecía ofrecerle mi ayuda.

_ ¿Un poco de vino?

Oí a mi espalda y me quise morir. Me giré poco a poco y vi a Eric sonriéndome mientras me tendía una copa.

_ Eric... – murmuré con desmayo mirando por detrás de él para ver si Powell estaba también.

_ Amante – se acercó aún más, me rodeó con sus brazos y hundió la cabeza en mi hombro.

_ ¿Qué haces aquí...? – estaba mucho menos confundida que encantada pero no quería que me lo notara.

_ Richard es uno de mis abogados – me miró y sonrió. Me tenía completamente hipnotizada con su sonrisa y me besó-. Te he echado de menos estos días – murmuró contra mi boca antes de profundizar su beso.

Los siguientes minutos se nos fueron besándonos como si no hubiese un mañana, tocándonos con premura y con desesperación, hasta que respirar se convirtió en una necesidad aún mayor.

_ No me has llamado... – murmuré apoyando mi cabeza en su hombro.

_ No pude. Freyda se ha puesto un poco histérica. Pensé que el hada te lo había dicho...

_ Me lo dijo pero, aún así, esperé que me llamaras... – bajé la cabeza avergonzada porque era cierto y porque se lo estaba confesando.

_ Lo sé, yo también he pensado en ti todo el tiempo pero tenía que alejarla de ti

_ Y ahora, ¿qué...? – murmuré.

Excelente pregunta.