—Por favor, dime que estas bromeando.

Harry suspiró cansado de discutir con su mejor amigo. Como se arrepentía de haberle contado sobre ella.

—Ese dementor debió dejarte seco el cerebro. De seguro por eso te desmayaste.

—¿Quieres dejar el drama, Theo? No es para tanto.

—¿Que no es para tanto? —preguntó el castaño incrédulo— Harry, planeas seducir a la hermana de Malfoy. ¡MALFOY!

—¡No planeo seducirla! —exclamó Harry enojado— Simplemente quiero conocerla.

—¡Pero si ya la conoces! Tú mismo me contaste que pasaron un día entero paseando en Diagon Alley.

—Quiero conocerla, saber cómo es, qué le gusta, por qué es tan diferente a su padre y hermano...

—Entonces no es que te guste —concluyó Theo sentándose en la cama del azabache—, simplemente te tiene intrigado. ¿O acaso planeas usarla para sacarle información de su hermano?

Harry se puso de pie y lo miró como si fuera a golpearlo.

—Yo jamás le haría eso a una chica, Theo.

—Pues el año pasado lo hiciste —el castaño con tranquilidad—, y por si no lo recuerdas, fue exactamente con la misma chica.

—Te dije que esa fue solo una excusa para acercarme a ella. Además, ¿qué querría saber yo de Malfoy? Su vida no me interesa en lo más mínimo.

—¿Quién sabe? Podrías obtener información para chantajear lo. Algún secreto vergonzoso o algún delito que haya cometido.

—Malfoy tiene trece años, Theo —dijo Harry rodando los ojos—. ¿Qué delito puede cometer alguien de esa edad?

—No lo sé, el mes pasado oí de un chico que infló a su tía muggle. Estuvo a punto de ir a Azkaban por eso.

Harry le lanzó una almohada en la cara a su amigo, tratando de esconder su sonrisa. Cuando infló a Marge realmente pensó que iría a prisión.

—Así que quieres tener a una niña por novia, ¿eh? Sabes, existe un nombre en inglés para gente como tú.

—¿Gente como yo?

—Sugar Daddy —respondió Theo moviendo las cejas de forma "coqueta".

—¿Acaso sólo sabes decir estupideces?

—Hieres mi pequeño y frío corazón.

—No quiero que sea mi novia... Bueno, sí quiero, pero no por ahora. ¡Tiene doce años! Dios, me doy asco a mí mismo cuando pienso en eso.

Theo se acercó a Harry y la pasó en brazo por los hombros en señal de apoyo.

—Venga, Romeo, ¿no eres un genio? Empiezas a conquistar el corazón de tu Julieta desde que está en los pañales. Tal vez cuando se le caiga su último diente de leche puedas pedirle una cita de verdad.

—¡Theo! —exclamó Harry quitando de un manotazo el brazo de su amigo— Solo es un año de diferencia. No es como si yo fuera un viejo de treinta y tantos coqueteando con una niña.

—No, eres un adolescente hormonal coqueteando con una niña. Y hablando de niñas, ¿qué dice Hermione al respecto?

Harry se dejó caer en una de las sillas de su habitación. Era cuando tenía pláticas como esta que agradecía que los Slytherin tuvieran habitaciones para cada uno. 'Merlín te bendiga, Salazar'.

—Ella cree que no debería acercarme a Serpens. Piensa que Malfoy podría utilizarla en mi contra, o que podría lastimarla a ella por juntarse conmigo.

—Pues Malfoy no es exactamente el hermano más amoroso del mundo. Dicen que la trata como a un trapo.

—¿QUE? —exclamó Harry— ¿A su propia hermana?

Theo asintió con una mueca en su rostro. Si los chismes eran ciertos, la infancia de Harry y la suya juntas no eran nada comparadas a la de Serpens.

—Dicen que en la casa Malfoy siempre estuvo claro quién era el hijo favorito, y las cosas sólo empeoraron cuando tu chica quedó en Ravenclaw.

—Bueno, es mejor que haber quedado en Hufflepuff, ¿no?

—Oh, no sabía que el señor Potter fuera tan prejuicioso.

—No seas tonto —murmuró Harry—. Me refiero a que para los sangre pura Hufflepuff es la peor cosa que podría pasar, ¿no? Malfoy mismo dijo que si quedaba en Hufflepuff se regresaría a casa.

—Quedar en Hufflepuff sería lo peor si eres hombre, Harry —aclaró Theo—. ¿Quién querría tener por hijo a un amable Hufflepuff en lugar de un Ravenclaw brillante o un Slytherin astuto y ambicioso. Incluso ser un Gryffindor sin miedo a los retos es mejor.

» En cambio, un sangre pura preferiría por esposa a una Hufflepuff dulce y sumisa que una Ravenclaw con mente propia, que sepa pensar por sí misma y sea capaz de cuestionar las desconoces de su marido.

—¿Quieres decir... que los Malfoy desprecian a Serpens porque piensa por sí misma? —preguntó Harry atónito.

—Entre otras cosas.

Harry se quedó mirando a la nada, mientras en su mente repasaba cientos de ideas para ayudar a la pequeña Ravenclaw, todas igual de imposibles.

—¿No hay manera en que podamos ayudarla? —preguntó sin entender muy bien por qué. Le gustaba Serpens, y le parecía muy hermosa, ¿pero de ahí a querer rescatarla de las garras de su familia? ¿Qué sería lo que hacía a la pequeña rubia tan especial?

—Sólo si eres un muy adinerado Lord o heredero sangre pura —respondió Theo pensativo—. De esa manera podrías pedirle a los Malfoy su contrato de compromiso.

—¡¿Dijiste compromiso?! —exclamó Harry indignado. Serpens era una niña. No estaba bien ni siquiera pedirle que fueran novios, mucho menos pedirle matrimonio.

—Una vez firmado, tendrías que esperar seis meses para pedirle matrimonio. De ahí pasarían de "estar bajo contrato" a estar comprometidos. Sólo entonces podrías obtener su custodia y reclamarla como miembro de tu familia.

Harry se llevó las manos a la cabeza en desesperación. Ni siquiera tenía claro lo que sentía por Serpens. ¡Ni siquiera sabía si era correcto sentir algo por ella! La pequeña rubia tenía a penas doce años, solo había hablado con ella dos veces, y además era hermana de Malfoy.

Sin embargo, algo dentro de él la impulsaba hacia ella, lo hacía desear estar cerca de ella, conocerla, salvarla.

—¿Crees que deba ir a verla? —preguntó con la voz llena de miseria por su confusión.

Theo lo golpeó con un libro en la cabeza y lo miró con el ceño fruncido.

—Serías un completo idiota si no vas —respondió el castaño enojado—. Fuiste tú quien la citó. Imagínate cómo se sentiría si llegara y no encontrara a nadie. No conozco toda la historia, pero sé que Serpens Malfoy es la última persona en el mundo a la que deberías dejar plantada.

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Harry caminaba en círculos mirando su reloj una y otra vez. Había estado tan ocupado tratando de comprender sus sentimientos, que ni siquiera se le había pasado por la mente que Serpens podría no presentarse.

No la había visto durante el desayuno ni el almuerzo, y no se había cruzado con ella ni una vez en los pasillos. ¿Estaría escondiéndose de él? ¿Sería por órdenes de su hermano? ¿Le habrá contado a Draco de la nota?

—¿Potter?

Harry se sobresaltó al escuchar la melodiosa voz de la chica que ocupaba sus pensamientos.

'Chica no, niña' se autocorrigió recordando su conversación con Theo la noche anterior. Respiró profundamente y se giró.

Una sonrisa tonta se formó en su rostro al ver a la pequeña rubia frente a él.

Llevaba una túnica celeste que le llegaba a las rodillas, mientras el resto de sus piernas eran cubiertas por medias blancas. Llevaba guantes delgados del mismo color de la túnica, al igual que sus zapatillas.

Una de sus manos sujetaba fuertemente la correa de su bolso escolar, mientras que en la otra sostenía a un pequeño gato blanco que dormía plácidamente sobre la palma de su dueña.

Su único accesorio visible era una diadema del mismo color que su túnica, la cual evitaba que su largo cabello plateado le cayera sobre el rostro. Sus mejillas estaban sonrojada y sus labios formaban un tierno puchero.

Harry se quedó helado por un momento. Jamás le había prestado tanta atención a ninguna otra chica. La mayor parte del tiempo ni siquiera notaba cuando Hermione se sujetaba el cabello, y ahora notaba hasta el más mínimo detalle del aspecto de Serpens.

—Esto no es normal —murmuró el azabache tratando de salir de su estupor.

—¿Disculpa?

—N-nada —se apresuró a responder cuando vio la expresión de desconfianza en la rubia—. Te vez mucho hermosa... D-digo muy... Muy hermosa... Tú... Mucho...

Serpens miró con temor y suspicacia al chico frente a ella. No entendía cómo podía ser tan seguro de sí mismo un día, y ser un manojo de nervios al siguiente. Si no supiera de la rivalidad entre Potter y Draco, pensaría que su hermano estaba detrás de todo aquello.

—¿Para qué querías verme? —preguntó tratando de disimular el sonrojo en sus mejillas. Odiaba qué Potter fuera capaz de ponerla tan nerviosa.

—Yo... Yo quería... —Harry tomó un hondo respiro para calmarse antes de continuar— Quería hablar contigo de nuevo, como en Diagon Alley.

—¿Y no podía ser en el castillo? —preguntó Serpens alzando una delicada ceja.

—No a no ser que quieras que tu hermano se entere —respondió Harry mucho más calmado.

Serpens suspiró antes de asentir. Si Draco se enteraba de que había accedido a hablar con Potter, la haría pagar caro antes de acusarla con Lucius, quien ya le había advertido alejarse del chico-que-vivió.

Harry se quitó la túnica del uniforme y la extendió en el suelo para que Serpens se sentara.

—Vas a ensuciar tus pantalones —advirtió la rubia al ver que Harry le había dejado toda la túnica para ella.

—Es sólo un poco de tierra —respondió el azabache restándole importancia.

Serpens puso su bolso en el suelo y se sentó sobre la túnica, teniendo cuidado de no despertar al señor Darcy, quien seguía durmiendo como si nada sobre la palma de su mano.

—¿Es tuyo? —preguntó Harry señalando al pequeño gatito. Cuando Serpens asintió, Harry siguió hablando— ¿Cómo se llama?

—Señor Fitzwilliam Darcy —murmuró la rubia, esperando las burlas del azabache.

—¿Como el de la novela —preguntó el Gryffindor con una media sonrisa, sorprendiendo por completo a Serpens.

—¿Has leído Orgullo y Prejuicio?

—Tal vez no sea un fanático de la lectura, pero he leído un par de novelas —respondió Harry sin querer entrar en detalles. Había tenido mucho tiempo para leer durante sus castigos en la alacena de los Dursley.

—¿Y de qué querías hablar? —preguntó Serpens notando la ligera incomodidad de Potter.

—Quería que me hablaras un poco más sobre las tradiciones del mundo mágico.

—¿Nott no puede hablarte de eso? ¿O Granger?

—Es que a Theo no le gusta hablar de esas cosas —mintió Harry—, y Hermione tiende a irse por las ramas. Empezamos hablando sobre los rituales de año nuevo y acaba enlistando los nombres de los caudillos de la revolución élfica.

Harry sonrió ampliamente al escuchar la ligera risa de Serpens. Normalmente se habría enojado con cualquiera que se hubiera reído de Hermione, pero sabía que Serpens no se burlaba de la castaña. No había malicia en la risa de la pequeña Ravenclaw.

Serpens empezó a hablar sobre las tradiciones de los magos, empezando por los rituales de sangre que se practicaban en la antigüedad, mientras Harry la escuchaba con atención.

Ninguno de los dos se dio cuenta de la enorme y peluda figura que los observaba entre los arbustos, siguiendo cada movimiento de ambos con sus brillantes ojos grises.