Buenas, buenas, amadas lectoras. Tengo sueño, así que haré las introducciones cortas hoy. Muchas gracias por todos sus bellos mensajes, tan poéticos y acertados, algunos RR son más lindos que mi pobre historia. Gracias por votar en el asunto del Lemon, aún no decido nada, conociéndome no sabré si lo haré o no hasta que o pase o termine el FF sin que pase, ya veremos xD. Ah, la canción se llama Outside y es de Staind, usé la versión acústica con Fred Durst, nota musical del FF: Aaron Lewis escribió esa canción prácticamente en el escenario esa noche, y fue mágica, tanto que me gusta más la letra de la acústica que la que modificó para el álbum. Si no la conocen, óiganla, confíen en mí.

Agradezco los RR de mis bellas e inteligentes: IzzieBlake (Querida Izzie-chan, gracias por haber leído mis escenas, has sido un salvavidas *O*, gracias por todos tus comentarios y por haberme dedicado tanto tiempo, te mereces un Yama inflable, bueno, en tu caso un Taichi inflable xD), Lux Havsanglar (Lu-chan, hablar contigo de temas profundos ha sido muy informativo, espero ansiosa tus comentarios sobre esto creo que hay unas cosas que te parecerán interesantes), Guest 1 y Guest 2 (gracias por sus mensajes queridas niñas, pero si no me ponen sus nombres no sé quiénes son T.T, gracias por darme su opinión y por votar en la encuesta xD), Criiisi (estas en buen camino con el análisis que hiciste de Satoe, sobre lo del lemon de Taiora, no creo que me atreva a tanto jajaja… pero ya veremos), Noheli (ays, q linda eres, gracias), DarkyStar (Darky-chan, tan bella comparándome con Sabato, me siento halagada), Alshi (aquí viene el MIMATO), Luna Lightburst (excelente consejo, gracias), Osiris, KaoruxKenshin, NN (que profundos son tus RR, los extrañaba, mira que lo de las fosas de las marianas me mató, gracias), LilyP y MimatoRulez.


Un Muro Agrietado

Yamato Ishida cruzó los brazos sobre su pecho, mientras observaba al pequeño bulto carmesí a su lado. Mimi no había dicho una sola palabra desde que la había encontrado en el porche de su casa, pero sí le había permitido permanecer a su lado. Había dejado de llorar casi al instante en que la encontró, y se había aferrado a él con una fuerza que lo había sorprendido. Después de que la muchacha se había calmado, y sin decirle ni una palabra al respecto, la cargó y la llevó a la sala de emergencias más cercana. Donde finalmente ahora serian atendidos.

Soltando un suspiro exasperado, el muchacho giró hacia ella, notando que escondía su rostro de él con la enorme cortina de cabello castaño. Yamato alargó su mano hasta ella, acariciándole el costado derecho del rostro, mientras dejaba los mechones escondidos detrás de su oreja, la muchacha lo miró enviándole una pequeña sonrisa de agradecimiento. Los ojos caramelo de Mimi brillaban con una clara transparencia, una tan tangible que él supo que en aquel instante cualquier cosa que le preguntara sería contestada con la verdad.

'Tu madre… ¿Te atacó?' preguntó sin rodeos, esperando aprovechar la momentánea caída del muro tras el que se escondía.

Mimi negó lentamente con la cabeza, y en otras circunstancias él no le habría creído, pero con aquella mirada tuvo que aceptar que decía la verdad. Antes de que él pudiera preguntar nada más, la cortina se abrió y un muchacho apenas mayor que ellos entró.

'De vuelta por acá, Mimi' comentó, sin levantar la vista de la carpeta.

'Hola, Jou' contestó ella con una voz queda que no sonaba como suya.

Yamato alzó las cejas, sintiendo una momentánea punzada de ira, echándole otra mirada al nerd que tenía frente a él, mientras el muchacho se acomodaba los lentes, enviándole una sonrisa calmada a Mimi.

'Oh, buenas noches, mi nombre es Jou Kido' dijo cuando notó la presencia del rubio. Yamato giró los ojos, dando un leve asentimiento en señal de saludo hostil.

¿De dónde tanta confianza para llamar a un doctor por su nombre?

'¿Qué tenemos hoy por aquí?' preguntó el muchacho, y Mimi extendió inmediatamente su mano hacia él 'esa es una cortada bastante profunda… ¿Te caíste de nuevo?'

Yamato alzó las cejas ante aquello, claramente el muchacho estaba preguntándole aquello por rutina y en su voz podía notar que no creía que existieran tales caídas. Eso quería decir que su escurridiza musa iba ahí más seguido de lo que él podría imaginar.

'No me caí, Jou' contestó Mimi, cerrando los ojos 'Me apresuré a ayudar a Mamá porque se cortó con una botella, y no me fijé donde puse las manos'

Aquello había sido sincero, Yamato podía darse cuenta, sin embargo Jou Kido no parecía convencido.

'Vas a necesitar puntos, al menos 8, Mimi' dijo el muchacho con suavidad, y Yamato no pudo evitar molestarse por la manera en la que acariciaba el brazo de la muchacha.

¿Es que acaso había necesidad de tocarla tanto?

'No, no, no… ¡Jou, por favor! Sólo véndame, seguro se curará solo' suplicó Mimi, y sus ojos caramelo se llenaron inmediatamente de lágrimas. Se veía tan pequeña y frágil en aquel instante que Yamato no entendió de dónde Jou sacó la fuerza de negarle su requisición.

'Lo siento, pero realmente necesitas puntos' dijo Jou, soltándole el brazo y buscando los implementos que necesitaba.

Mimi de mordió el labio inferior, aguantando las lágrimas con las mejillas sonrosadas. Yamato giró los ojos, aquella dicotomía de ella le estaba causando serios problemas de identidad a él.

'¿Cómo puedes recibir una cortada como hombre y llorar como niña con una aguja?' le susurró suficientemente bajo para que sólo ella oyera.

Mimi soltó un leve sollozo, enviando sus ojos suplicantes hacia él. Yamato giró los ojos, sentándose a su lado en la camilla y ofreciéndole su mano. Mimi ignoró su ofrecimiento, y en vez de eso, le apretó el brazo con su mano libre, y escondió el rostro en la curva de su cuello.

"And you… can bring me to my knees, again

All this time that I could beg you please, in vain…"

'Ok, voy a comenzar, Mimi' comentó Jou, antes de comenzar a limpiar la herida con alcohol, Mimi se tensó más y se aferró más al brazo del rubio 'hacen una pareja muy linda, por cierto' comentó Jou en voz casual.

Ninguno de los dos contestó nada. Yamato estaba demasiado ocupado intentando controlar las sensaciones que le provocaban en aliento de Mimi en su cuello, y Mimi estaba concentrada en quitarle la circulación de sangre en su brazo.

Después de que Jou terminó con su brazo, le colocó una curita en la rodilla y una en barbilla, enviándole una mirada de incredulidad que claramente denotaba que aún no creía el asunto de la cortada. Finalmente, el muchacho tomó su carpeta y realizó unas rápidas anotaciones.

'Voy a tener que reportar esto a Dr. Katss, Mimi' comentó el muchacho con seriedad.

Mimi, que seguía aferrada al rubio, suspiró, asintiendo con la cabeza.

'Lo sé, Jou'

Después de que el muchacho se retiró, Yamato bajó la mirada a la muchacha.

'¿Quién es el Dr. Katss?' preguntó.

'Mi psiquiatra' contestó inmediatamente Mimi.

Los ojos azules de Yamato se abrieron desmesuradamente al escuchar su respuesta, y tuvo que girar la cabeza hacia el lado contrario para que ella no lo notara.

¿Psiquiatra? ¿Ella tenía un psiquiatra? Ni si quiera un Psicólogo. Un psiquiatra. Por un lado, no sabía cómo no lo imaginó después de conocer a su madre. Por el otro, no podía evitar que la idea de que la Mimi que él vio rondar por su apartamento durante más de un año, fuera a un psiquiatra; era casi ridículo imaginarse el desfile de unicornios y caramelos desde un diván contando problemas de una oscuridad que ella se negaba a aceptar que tenía.

'Yamato… ya podemos irnos' le susurró Mimi con suavidad.

El muchacho reaccionó, levantándose y ayudándola a ella. Ambos caminaron en silencio por el pasillo antes de que Jou los interceptara nuevamente, entregando una bolsa de papel blanco a Mimi.

'Dr. Katss dijo que no te fueras sin esto'

Mimi lo miró con reproche, empujando la bolsa de vuelta al joven doctor.

'No voy a llevarme eso, Jou'

'Dijo que dirías eso, y que si lo hacías te dijera que no puedes marcharte esta noche, y que debes esperarlo aquí hasta mañana. En observación' comentó Jou en un tono de disculpa.

Mimi se debatió por unos instantes.

'¡Maldición!' exclamó la muchacha arrancando la bolsa de las manos de Jou y esquivándolo para correr hacia la salida.

'¡Mimi!' llamó Yamato esquivando también al joven doctor y corriendo para alcanzarla.

La encontró a unos veinte metros de la entrada de Emergencias. Estaba apoyada en el tronco de un árbol, dándole la espalda, y apretando la bolsa blanca en su mano sana.

'¿Te encuentras bien?' preguntó.

"All the times that I felt insecure, for you

And I leave my burdens at the door…"

Mimi giró lentamente hacia él, apoyando la espalda en el tronco del árbol.

'No he estado bien en mucho, mucho tiempo' susurró en una voz tan baja que era apenas audible.

Los ojos azules del muchacho se perdieron en los caramelos de ella. Poseían la misma transparencia que esperaba encontrar en ellos, sabía que estaba mal aprovecharse de la momentánea incapacidad de Mimi para anteponerle todos sus mecanismos de defensa, pero no podía evitar querer explotar esa momentánea ausencia para alcanzar la desesperada conexión que necesitaba entablar entre ellos.

'¿Qué hay en la bolsa?'

'La solución a todos mis problemas, según la psiquiatría moderna' contestó ella enviándole una sonrisa triste, al tiempo que lanzaba la bolsa en dirección al rubio.

Yamato la atrapó, adivinando correctamente que el contenido de ella eran pastillas, probablemente antidepresivos o algún tipo de nivelador emocional.

'Odio las pastillas, por un tiempo también tomé algunas'

Mimi alzó inmediatamente la mirada a él, con sorpresa.

'¿Ah sí?' preguntó, el rubio asintió, encogiéndose los hombros.

'Mis padres por un tiempo creyeron que era autista. Porque no me gustaba jugar con otros niños y pasaba horas encerrado con mis colores… Creo que estuvieron muy aliviados cuando finalmente fui capaz de hacer un amigo' confesó el muchacho, sintiéndose de pronto muy incomodo, no recordaba haberle dicho eso a nadie antes en voz alta, los únicos que lo sabían eran su familia y Taichi 'Y, pues… después del divorcio fui en un vórtice de oscuridad donde odiaba al mundo, creo que mis padres pensaron que doparme podía ser la solución… cuando en verdad lo que necesitaba era sentir algo, lo que fuera'

Mimi asintió, encogiéndose mientras se abrazaba a sí misma.

'Después de que mi padre murió… fue cuando me enviaron eso por primera vez. Se suponía que ayudaría a controlar mis altibajos emocionales' comentó ella, suspirando y manteniendo la vista clavada en el suelo 'pero la cosa de esos medicamentos es que aunque no te dejan sumirte en la tristeza, tampoco te permiten sentir la felicidad. Te quitan todos los matices y te dejan sumido en un estado completamente gris…'

'Uno donde no eres capaz de sentir nada' corroboró Yamato.

Mimi alzó la mirada, asintiendo, y por un instante la conexión entre ellos fue tan fuerte que el aire se tornó pesado a su alrededor.

"But I'm on the outside, I'm looking in, I can see through youSee your true colors, cause inside you're ugly…You're ugly like me, I can see through you, see to the real you…"

'Esto…' Yamato suspiró, antes de reunir el suficiente valor para hablar, con lentitud extendió las manos hacia Mimi 'las marcas en mis manos…' Los ojos caramelo de la muchacha bajaron a las pequeñas cicatrices en las palmas del rubio 'normalmente digo que son gajes del oficio… pero la verdad es que las hice yo mismo'

Las manos de Mimi se extendieron hacia él, dejándolas con cuidado sobre las palmas abiertas del muchacho, mientras este terminaba de hablar.

'Lo hice cuando tenía quince años y era un estúpido psicópata…' los labios del rubio se curvaron en una pequeña sonrisa 'Estaba insensibilizado, no podía sentir nada. No sentía nada por mi familia, ni por nadie. Vivía en una constante sensación de adormecimiento, y un día pensé que quizás si podía sentir algo físico…' Yamato se detuvo, soltando una risa triste 'Nunca fui suicida o nada así… pero sí llegué a odiar todo, especialmente lo que me hacia ser especial y diferente, ser yo. Odiaba mi arte, porque me odiaba a mi mismo… si mis manos se dañaban quizás ya no podría pintar'

Mimi cerró las manos sobre las de él, enviándole una leve sonrisa.

'Mi padre murió tratando de salvarme' soltó la muchacha con una naturalidad que jamás había sentido al hablar con nadie 'hubo un accidente de auto… yo estaba en sus piernas, me abrazó para protegerme… aún recuerdo su cabeza protegiendo la mía y como se estampó contra el vidrio de la camioneta desde el asiento de pasajero' la voz de Mimi se quebró y sus manos temblaron 'el chofer murió instantáneamente, y mi padre duró muchos días en terapia intensiva con el cráneo roto en cinco partes, en estado vegetal… hasta que un día…'

"All this time that I felt like this won't end, was for you

And I taste what I could never have… is from you"

Los ojos de la muchacha se cerraron y Yamato esperó unos segundos hasta que recuperó la compostura.

'Yo sobreviví con apenas un brazo roto…' continuó 'Mi madre… mi madre…' la voz de Mimi volvió a quebrarse 'Mi madre aún me culpa, sé que desearía que la que hubiera perdido la vida fuera yo, y la verdad…' los ojos de Mimi volvieron a subir hasta los de él 'la verdad es que yo también quisiera que hubiera sido así' ella jamás había pronunciado aquellas palabras en voz alta, y apenas surcaron sus labios fue como si un peso enorme se le retirara de golpe.

Nuevamente, compartieron una mirada de entendimiento mutuo, perdiéndose momentáneamente en los ojos de otro, cobijados completamente por la oscuridad de la noche. Mimi dio un paso hacia él, y apoyó la frente en su pecho, mientras cerraba los ojos, volviendo a refugiarse en él, él se limitó a aferrarla por la cintura, soltando todo el aire que mantenía en sus pulmones.

Yamato tenía tantas preguntas que hacer, pero en aquel instante le importaba más mantener la calidez del cuerpo que se refugiaba contra el suyo.

'Lamento haber estado evitándote, Yamato' aquellas palabras de parte de ella lo tomaron por sorpresa.

'¿Por qué lo has estado haciendo? ¿Por qué estas huyendo de mí?' se halló a sí mismo diciendo, antes de poder evitarlo, sintiendo que la punzada de su orgullo herido se extendía por su pecho, rivalizando la sensación de calidez que ella le producía.

"All those times that I've tried my intentions were full of pride

And I've waste more time than anyone"

Mimi dio un paso hacia atrás, alzando la mirada hacia él, y por un momento se sintió completamente robado de su orgullo. Lo estaba mirando con esos ojos de un ámbar tan brillante como una piedra preciosa, no sabía por qué, pero parecía que el brillo de sus ojos era aún más hermoso en la oscuridad de la noche.

'No he estado huyendo de ti' confesó Mimi 'he estado huyendo de mi misma'

Yamato alzó las cejas sin comprender claramente a qué se refería. Por un momento, estuvo a punto de reclamarle que aquello no era verdad, pero algo en la mirada de la muchacha le hizo detenerse.

'Tú me haces lidiar con más cosas de las que estoy lista para manejar…'

Yamato entornó los ojos, sin retirar la mirada de los de ella. La muchacha había cruzado los brazos alrededor de su abdomen, y miraba disimuladamente hacia su lado derecho.

'Eres como un espejo para mí… me siento reflejada en tus ojos'

Yamato abrió los ojos con sorpresa, antes de curvar sus labios en una pequeña sonrisa. Por más de un año había estado obsesionado en saber por qué estaba tan obsesionado con la muchacha a quien aún sostenía por la cintura. Había pasado días, noches, semanas enteras intentando capturarla en el lienzo, analizando el razonamiento detrás de que, de todas las mujeres del mundo, su obsesión fuera únicamente ella. Jamás imaginó que la respuesta le sería brindada de los mismos labios de su musa.

Estaba tan obsesionado con Mimi Tachikawa porque reflejaba la oscuridad que él sentía en su interior.

"But I'm on the outside, I'm looking in, I can see through you… See your true colors, cause inside you're ugly… you're ugly like me… I can see through you see to the real you…"

'¿Por qué sientes que debes huir de ti misma?' preguntó el rubio.

Mimi volvió a girar el rostro hacia él, haciéndole aguantar el aliento. Aquella mirada cristalina le estaba enamorando más que cualquier otra cosa que había visto en ella hasta ahora, y le aterraba saber que desaparecería en cualquier momento.

'Porque, la verdad, no me agrado en absoluto'

La muchacha le envió una sonrisa, y el no pudo evitar corresponderla.

'¿Por eso no te agrado yo?' preguntó Yamato.

Mimi soltó una carcajada, un sonido musical y armonioso, tan característico al que recordaba oír constantemente en su apartamento.

'Siempre pensé que eras tú el que sentía desagrado por mí'

'Creo que ya descubriste que eso es mentira'

Mimi sonrió, bajando la mirada.

'Vas a pensar que soy tonta… pero, no podía soportar sentir que te desagradaba. Me hacia secundar aún más la rabia que siento conmigo misma' confesó la muchacha, sorprendiéndose ella misma de la sinceridad de sus palabras.

Mimi se detuvo, antes de confesar el trasfondo de esas palabras, sin saber que la misma premisa cruzaba por la mente del rubio: 'Si tú me rechazas, estaría rechazándome yo mismo'.

"All the times that I've cried… all that's wastedit's all inside…

And I feel all this painstuffed it down, it's back again"

Aquella pequeña epifanía fue suficiente para que ambos recuperaran sus mecanismos de defensa. Mimi retrocedió dos pasos, ocasionando que el rubio retirara las manos de su cintura. Yamato le observó de reojo, sintiéndose incomodo.

'Sí me agradas, siempre me has agradado' confesó Yamato.

'Tú también a mí'

Ambos compartieron una conexión por unos leves minutos de silencio. Guardando dentro de ellos muchas cosas que aún no eran capaces de confesar, y sintiendo como el momentáneo sentimiento de compañía los iba abandonando, para ser reemplazado con su usual soledad innata. Pues, la verdadera soledad, cuando es genuina y está afianzada a nuestra alma, y no condicionada a nuestro ambiente exterior, no es algo que se supera con el simple deseo de salir de ella, y es una fiel compañera cuando el silencio invade nuestros corazones.

"And I lay here in bedall aloneI can't mend…

And I feel tomorrow will be ok… whatever… "

El silencio entre ellos se extendió por varios minutos, era un silencio pesado e incomodo, muy diferente al silencio apacible que compartían al abrazarse.

'No puedes volver a casa' dijo finalmente Yamato, rompiendo el silencio.

Mimi negó con la cabeza, abrazándose a sí misma.

'No lo haré… estoy quedándome en casa de Miyako Inoue'

Yamato asintió, aguantando las ganas de decirle que él prefería quedarse con ella, para asegurarse que estaba bien. Pero, algo le decía que ella no se lo permitirá, y no se sentía emocionalmente preparado para manejar ese rechazo después de la conversación que habían compartido.

'Te llevo a su casa' ofreció el rubio.

El camino a la casa de Miyako fue en completo silencio. Mimi se había sentado en el asiento de pasajero, con la vista perdida en la ventana. Mientras que Yamato oscilaba de manera casual la vista entre el camino y el bulto carmesí a su lado. La última vez que habían hecho contacto visual, los ojos de la muchacha seguían con el muro abajo, pero su disposición a mostrarle eso había descendido drásticamente. Por otro lado, él había descubierto que la manera de mantener el muro de ella abajo, era abandonando sus propios mecanismos de defensa, y no estaba seguro de que aquella fuera una práctica que fuera capaz de mantener.

Ninguno de los dos había mencionado el beso, y por ahora, ambos pensaban que aquello era lo mejor.

Mimi le informó dónde detenerse, y el muchacho estacionó frente a una casa blanca.

'Gracias' soltó Mimi, mirándolo de reojo.

Yamato se encogió los hombros, restándole importancia. Después de un minuto de silencio, Mimi abrió la puerta del auto, pero antes de que pudiera bajar, Yamato la detuvo por el brazo, haciéndola girar hacia él con una mirada de sorpresa.

'Esa oscuridad no va a desaparecer sólo con ignorarla'

Apenas esas palabras salieron de sus labios, literalmente pudo ver el rayo de oscuridad surcar sus ojos caramelo, y la muchacha alejó la mano de él, cerrando los ojos para acabar con el contacto visual. Con eso, el rubio supo que cuando volvieran a abrir ya el muro estaría de vuelta en sus ojos. Por un segundo, se imaginó bloques imaginarios volando en el espacio frente a su cerebro, quitándole algo de lo trágico al hecho de saber lo doloroso que era para ella mantenerse oculta.

"But I'm on the outside, I'm looking in, I can see through youSee your true colors, cause inside you're ugly…You're ugly like me… I can see through you, see to the real you"

'Gracias por traerme, Yamato' contestó con su usual voz educada y ensayada.

Para el momento en el que los ojos de Mimi volvieron a abrirse, efectivamente, su cristalina transparencia había desaparecido por completo. Era la fachada de sí misma, otra vez. Dándole una última sonrisa al rubio, abandonó el auto y caminó con destino a la casa de su mejor amiga.

Yamato permaneció en el auto por unos minutos, sintiéndose momentáneamente abrumado. Estar con ella era extenuante, le quitaba toda la energía, pero le dejaba con una sensación de calidez que nunca había sentido con nadie más, una que seguía expandiéndose dentro de él aún ahora en su ausencia.

No entendía como podía sentirse tan mentalmente cansado y pleno a la vez. No sabía qué estaba haciendo esa mujer con él, pero ciertamente, tampoco deseaba detenerla.

Taichi Yagami subió las escaleras de su edificio, con una mezcla de sentimientos tan tóxica que estaba seguro de que si alguien la manufacturara sería un arma de destrucción masiva. Desde que sus ojos vieron a Mimi salir corriendo del campus sin si quiera despedirse de él, algo desde lo más profundo de su ser le dijo que Yamato estaba involucrado. Secretamente, esperaba abrir la puerta del apartamento y encontrarlo encerrado en el estudio, pero no podía evitar saber que aquello no sería así. No sabía qué, no sabía cómo, pero si algo le habían enseñado sus años de vida era a no dudar de sus instintos cuando algo se le metía entre ceja y ceja, y en aquel momento, cada célula en su pecho le gritaba que Yamato estaba con Mimi.

Sus instintos eran como un super poder. Cada vez que los ignoraba, terminaba golpeado por la vida. Los había ignorado cuando Yamato empezó a evitarlo y los había ignorado cuando Mimi comenzó a prestarle más atención a su problemático compañero de apartamento. Ahora, ahora estaba bastante seguro de que perdería a su novia, y lo peor de todo es que estaba bastante seguro de que Mimi terminaría con el corazón roto y el tendría que matar a Yamato de todas maneras.

Toda la situación le daba una mala sensación de Deja Vu, no pudo evitar recordar como ignorar sus instintos le había hecho terminar estrellado en el asfalto cuando Sora Takenouchi abandonó su vida, y aquel mismo deseo de ignorarlos le haría terminar con el corazón destrozado por segunda vez en sus 23 años de vida.

Maldiciendo, y aguantando las ganas de recorrer la ciudad gritando el nombre de los dos traidores, cruzó hacia su apartamento y sus ojos se abrieron de golpe.

'Hablando de traidores…' susurró el muchacho suficientemente fuerte para que la pelirroja que lo esperaba escuchara.

Sora Takenouchi se levantó del suelo, donde había permanecido sentada en la puerta del apartamento del castaño.

'No soy traidora, Tai' contestó Sora con dulzura, mientras alisaba el pliegue de su larga falda color gris claro.

Taichi giró los ojos y la esquivó yendo hacia la puerta.

'¿Qué haces aquí? Mimi no está' le dijo con voz cortante, abriendo la puerta pero atravesándose en el marco, y sin mencionar ni por equivocación sus actuales problemas con la castaña.

'Vine a buscarte a ti'

'Ah, pues, no gracias'

Taichi señaló la puerta, dándole a entender que entraría y la dejaría afuera. La pelirroja apoyó la mano en la madera, mirándolo con ojos suplicantes.

'Taichi, por favor…'

Taichi giró los ojos, soltando un suspiro exasperado y abriendo la puerta de un tirón.

'Toda esta mierda pasa en mi vida porque soy un imbécil que deja que todos le pasen por encima. Debería ir al psicólogo a que me resuelvan este problema de autoestima, sí, realmente debería hacer eso…'

Sora alzó las cejas, entendiendo que el castaño estaba hablando solo, y aprovechando la baja de guardia para entrar al apartamento.

'¿Yamato tampoco está?'

El castaño cerró la puerta de un tirón, cruzando los brazos sobre su pecho con una pose infantil.

'¡Todas quieren hablar con Yamato!'

Sora lo observó confundida, antes de negar con la cabeza.

'Sólo quería asegurarme de que estábamos solos'

Taichi soltó un suspiro exasperado, girando los ojos y dejándose caer en el sofá con aire molesto.

'Sora, honestamente, no estoy de humor para hablar con nadie. Bueno, contigo menos'

Sora suspiró, sentándose a su lado.

'Taichi, no puedes estar enojado conmigo por siempre'

'Sí, de hecho, sí puedo'

'Eso dices, pero no eres rencoroso, y sé que eventualmente me vas a tener que perdonar' dijo Sora.

'Que bien me conoces, si tan sólo me hubieras conocido lo suficiente para saber que bloquearme de tu vida por tanto tiempo consistiría una clara terminación de lo que sea que teníamos' contestó él.

'Eres mi mejor amigo, Taichi'

Taichi se frotó la frente, rodando en el sofá para darle la espalda.

'Realmente me estoy hartando de seguir teniendo la misma pelea contigo'

'La pelea no termina porque no me dejas explicarme'

'¡Sora! Ya basta' el muchacho se levantó 'No quiero oírlo. No quiero. No me da la gana. Ya no somos amigos… ¡Dios! Es que al menos Yamato tiene la decencia de quedarse después de intentar destruir mi vida, tú te largaste… ¡Te fuiste, Sora! Y la verdad, me importa muy poco por qué lo hiciste o cómo pretendes justificarlo, a mí lo único que me importa es que me sacaste de tu vida y es tu decisión que ahora no esté en ella'

Sora se levantó también, apretando los puños y mirándolo a los ojos.

'¡Taichi, tienes que comprender que estaba pensando en el bien de los dos!'

'Estoy harto de entender… Estoy harto de que todos sencillamente crean que los voy a entender'

Ambos guardaron silencio por unos instantes.

'No hubo un solo día donde no te extrañé' confesó Sora.

'Qué lindo, si hubieras contestado los millones de llamadas y mensajes, o si quiera revisado tu maldito correo electrónico quizás no me habrías extrañado tanto'

'No podíamos seguir aferrándonos a algo que por el momento no era posible… Taichi yo pensé que hacia lo mejor'

'Lo mejor para ti'

'Para los dos'

'No. En ningún modo puedes creer que dejarme sin un maldito mensaje de texto de por medio, ni una jodida explicación de porqué era lo mejor para mí'

'Pero… Tai…'

Los ojos de Sora se llenaron de lágrimas, y apenas la primera rodó por su mejilla, la fortaleza del castaño cayó con ella.

'No. No. No… ¡Por favor no llores, Sora! ¡Maldición esto no es justo!' gruñó el muchacho.

Sora soltó un sollozo, y Taichi se dejó caer al sofá con aire derrotado. La pelirroja siguió llorando por unos minutos, en los que él continuo mirándola en silencio, antes de rendirse y halarla por la mano al sofá. Sora se dejó caer a su lado, apoyando la frente en el hombro del muchacho.

'Lo lamento tanto, Taichi… Sé que no debí manejar las cosas como lo hice. No sabes cómo me arrepiento de cómo terminaron las cosas entre nosotros… Nuestra relación fue tan hermosa y yo tuve que ir y mancharla…'

Taichi le dio una leve palmada en el hombro.

'Ya está, ya está. Si lloras no puedo seguir siendo el ogro malo que soplará hasta tumbar tu casa…'

Sora soltó una pequeña risa, secando su rostro con las mangas de su suéter, antes de levantar la mirada hacia él.

'¿Crees… que podrás perdonarme algún día?' preguntó la muchacha.

Taichi Yagami le mantuvo la mirada a la muchacha, sin poder evitar que una sonrisa se curvara en sus labios.

'Si fueras cualquier otra persona te respondería que no en un segundo' contestó 'pero eres tú… y tú siempre has sido mi mayor excepción'

Sora entornó los ojos, conmovida, y se acercó al muchacho lo suficiente para rozar sus labios con los de él. Taichi se mantuvo inmóvil, con la mirada fija sobre la de ella.

'No puedo perdonarte' susurró el muchacho, de manera tajante, frunciendo el ceño ante su acción.

'Sé que aún no puedes… pero lo harás'

Taichi maldijo en silencio Sabía que ella tenía razón. Pero bajo ninguna circunstancia le admitiría eso.

'Me dejaste, Sora. Te largaste y no te importó que yo me quedara atrás'

'Eso no es verdad. Pero tienes razón, me fui de todos maneras. Pero Tai… estoy aquí ahora'

Era la misma estrategia que había usado la última vez que se besaron, pero esta vez, Taichi ya lo sabía. Al segundo que la muchacha se acercó para desaparecer la casi nula distancia entre ellos, Taichi retrocedió, esquivándola.

'¿Realmente crees que yo tropezaría dos veces de la misma manera?' preguntó el muchacho, levantándose, y Sora supo que más que al beso se refería a ella.

Sora tomó aire, apretando los puños sobre sus piernas, antes de levantarse también, caminó directo hacia el muchacho.

'Te amo, Taichi' soltó la muchacha con voz queda.

Esas tres palabras le dieron la sensación de que caía a mil kilómetros por hora. No estaba preparado para oír eso, no de parte de los labios de ella. No después de cuatro años donde se había concentrado en pretender que la pelirroja no existía en su vida, no después de todo el tiempo que pasó tratando de olvidarla, no con todo lo que le costó superar aquel amor tan absoluto.

Ella no podía simplemente aparecer de vuelta, y decirle que lo amaba. No, eso no era justo, diablos, eso ni si quiera era lógico. Quería tomarla por los hombros y gritarle 'TU ME DEJASTE A MÍ'… entonces ¿Por qué escucharla decirlo le daba esa sensación de plenitud?

'¿Ahora me amas? No solías amarme' contestó finalmente Taichi.

'Nunca dejé de hacerlo, Taichi. Siempre te he amado, a ti, siempre, siempre has sido tú'

Había algo, en el modo en el que le dijo esas palabras, tan sinceras, tan reales que le hizo explotar por dentro.

'¿Crees que puedes aparecer en mi casa, después de cuatro años de lejanía, así como así, y decirme eso y qué? ¿Se supone que me lance a tus pies?'

'No, pero…'

'¡TE ESPERÉ, SORA! ¡TRES MALDITOS AÑOS, TE ESPERÉ! ¡Tres años te esperé como un imbécil! ¡Te esperé porque fui lo suficientemente estúpido para creer que te darías cuenta de tu error! ¡Te esperé y nunca recibí la menor señal de esperanza de tu parte! ¡TRES MALDITOS AÑOS, SORA! ' soltó el muchacho

'Y luego apareció Mimi' le cortó ella, sabiendo que lo conocía lo suficiente para que esa frase redireccionara la ira del castaño, calmándolo de golpe.

Taichi se calló inmediatamente. Pero, a diferencia de lo que Sora había esperado, no se calmó, sino que su mirada se ensombreció más. El muchacho retrocedió, frotándose las sienes con las manos, intentando que su mente se mantuviera enfocada en el problema actual.

'Yo no tuve ninguna relación real, yo te estaba esperando a ti también. Pero tú ya tienes a alguien más'

Taichi alzó la mirada hacia ella, encontrando el dolor reflejado en sus ojos, y se sintió dividido. Por un lado, odiaba ver sus ojos con aquel dolor y saber que él era el causante. Pero, por el otro, le producía una macabra satisfacción saber que ella sufría al menos una parte de lo que él había sufrido ya. Pudo haberle dicho que actualmente Mimi no era su novia, pero prefirió no hacerlo.

'Te enamoraste de ella…' continuó Sora, secando las lágrimas que se habían escapado de sus ojos 'y no entiendo cómo pudiste enamorarte de ella, pensé que así estuvieras con alguien más… lo que sentías por mí…'

Sora se detuvo, y Taichi prefirió guardar silencio. Entendía qué quería decir, pero tampoco se disculparía por no lanzarse a morir cuando ella se fue, ni por haberse dado una oportunidad cuando Mimi llegó a su vida.

'No vas a volverme el malo aquí, Sora'

Antes de que la muchacha pudiera contestar, Taichi dio dos pasos, eliminando la distancia que existía entre ellos. Con decisión, el muchacho llevó las manos hasta el rostro de la pelirroja, sosteniéndolo y perdiéndose momentáneamente en sus ojos, antes de desparecer la distancia entre ellos besándola con dulzura.

'Aún sabes a adiós para mí… No puedes forzar el perdón, Sora'

El muchacho retrocedió, alejándose de ella, y dejando las manos en los bolsillos de sus Jeans, para contenerlas en caso de que su pensamiento lógico lo abandonara. Sora se mantuvo inmóvil, con la mano derecha sobre sus labios y una pose ida. Después de unos instantes, reaccionó y reunió el valor de preguntar lo que realmente quería saber.

'Lo que sientes por ella… ¿Es lo mismo que sentías por mí?'

Antes de que Taichi pudiera contestar, la puerta del apartamento se abrió y Yamato Ishida cruzó la habitación sin hacer contacto visual con ninguno de los dos, caminando directo a su habitación.

'¿Eso es sangre?' logró preguntar Taichi, alzando las cejas al notar la mancha roja en la camisa de su amigo, sin recibir ninguna respuesta de parte del rubio, al tiempo que este cerraba la puerta de un tirón.

Taichi le dio la espalda a Sora, girando sobre sus talones, y caminando hasta la habitación del rubio, golpeando la puerta.

'¡Yamato! ¿Por qué estas manchado de sangre, imbécil? ¿Estás herido? ¡Yo soy el único que puede matarte, ¿me oíste?! ¡YAMATO!'

Sora soltó un leve suspiro, sabiendo que ya había perdido la atención del castaño, y que éste ya no contestaría su pregunta. Taichi seguía golpeando la puerta del rubio con los puños, sin voltear siquiera a verla.

Mimi Tachikawa se mantuvo sentada de manera muy quieta en la cama de su mejor amiga, mientras esperaba que Miyako se tranquilizara, aparentemente la visión de su uniforme manchado de sangre era más de lo que su amiga podía manejar en tranquilidad.

'Sólo no entiendo como alguien se hace una cortada que requiera ocho puntos así como así, sin saber ni siquiera con exactitud cómo pasó' concluyó la pelimorada en su quinto arranque de preguntas y respuestas.

Mimi se encogió los hombros, enviándole una sonrisa.

'Soy muy distraída y torpe, ya sabes' dijo Mimi, soltando una carcajada despreocupada.

Miyako acomodó los lentes en sus ojos, enviándole una mirada incrédula.

'Mi-chan, vas a tener que irle con el cuento de la descoordinación a alguien que no haya visto tus reflejos haciendo piruetas'

Mimi soltó un pequeño suspiro, había olvidado que engañar a Miyako era más difícil que mentirle a Taichi.

'Miya-chan, ya te dije que fue una torpeza muy tonta con una de las botellas de pintura de mi mamá, ella también se cortó. Cuando se enteré que no podrá pintar en unas semanas me matará… ya sabes como es' comentó la castaña, restándole importancia, aquello al menos era medianamente cierto.

'Ajá… de nuevo, explícame ¿Cómo fue que se le rompió la botella a tu mamá?'

'Se cayó'

'¡¿Con la botella en la mano?!'

Mimi suspiró, enviando una mirada suplicante a su mejor amiga.

'¿Puedes dejarlo así? Por favor' pidió con seriedad.

Miyako la observó en silencio por unos segundos, antes de cerrar los ojos con pesadez, girando sobre sus talones y sentándose en la cama junto a Mimi.

'Sé que estás mintiendo' dijo en voz queda, mirando al frente en un punto no identificado de la pared 'pero está bien' se apresuró a añadir antes de que Mimi pudiera decir algo 'puedo respetar eso… pero, quiero que tengas algo muy en claro, Mi-chan'

Miyako giró el rostro hacia su amiga, enviándole una sonrisa alegre.

'Yo siempre estaré aquí, el día que sea, para hablar de lo que tú quieras. Soy más ruda de lo que crees, puedo manejarlo' su voz era seria y relajada a la vez 'No hay necesidad de mentirme, Mi-chan, no soy capaz de juzgarte, no a ti. Pero si quieres estar en silencio, lo comprendo. Sólo, bajo ningún concepto, llegues a creer que estás sola'

Mimi abrió los ojos con sorpresa, sin poder evitar que sus labios se curvaran en una pequeña sonrisa.

'No estás sola. No olvides eso. Porque si lo haces, me lanzaré una de Yagami y tendré que patearte el trasero'

Ambas soltaron una pequeña carcajada.

'Eres una gran amiga, Miya-chan' contestó Mimi, apoyando la mano en el hombro de su amiga 'y contigo, nunca me siento sola'

Aquello era verdad, Miyako Inoue le brindaba una sensación de felicidad muy parecida a la que le transmitía Taichi Yagami. Ambos poseían una energía tan positiva que era difícil ser consumido por la oscuridad junto a aquella incandescente luz. Miyako sólo tenía que existir en su vida para ser un pilar para ella, eso era todo, su existencia y su amistad.

Ambas compartieron una sonrisa, antes de que Miyako se levantara de la cama, dándole un leve empujón.

'Ve a quitarte eso, pareces salida de una mala película de bajo presupuesto… Zombies vs. Porristas, o alguna estupidez así que Motomiya nos haría ver'

Mimi soltó una pequeña carcajada.

'Está bien' dijo levantándose de la cama y entrando al baño con una muda nueva de ropa.

Le tomó unos minutos lavar las gotas de sangre que se habían esparcido por su cuerpo, al terminar permaneció sentada en el piso con la vista en el techo.

Aún se sentía demasiado mal consigo misma como para procesar algo que no fuera la culpa de haber abandonado a su madre. No era capaz de perdonar el asunto de la pintura, era como si los cables en su cerebro que servirían para perdonar tal cosa no estaban enlazados en su interior. Después de todo, la había perdonado por cosas peores a lo largo de toda su vida. Hasta se las había arreglado para procesar sin rencor lo que había ocurrido en Kyoto.

Pero aquello fue diferente, era más fácil perdonarle atentar contra su vida, que contra el recuerdo de su padre. Para ella, lo segundo era más valioso.

Los ojos caramelo de Mimi bajaron hasta la bolsa blanca que reposaba sobre el lavamanos, y no pudo evitar el suspiro de derrota que escapó de sus labios. Allí estaban los medicamentos del Dr. Katss, acompañados de la promesa de hacer sus problemas más llevaderos. Le había dicho en repetidas ocasiones que no quería tomarlos, que su experiencia con las pastillas sólo le traía malos recuerdos, sin embargo, el doctor seguía insistiendo en que la ayudarían a controlar su caos.

Todo lo que podía recordar de aquellos comprimidos era su efectividad para hacerla sentir como alguien más. Adormecida e insensibilizada, viendo su vida a través de sus ojos, pero con la sensación de no ser parte de ella, como quien ve una película. Cuando los tomaba se convertía en el espectro de sí misma, en una proyección astral que flotaba sobre su propia vida sin sentir ninguna de las sensaciones que eso traía consigo, andando en piloto automático por una realidad que no se sentía como suya.

Por muy mala que pudiese volverse su realidad, aún así era suya, pero aquellos medicamentos le quitaban el sentido de pertenencia a su propia vida, robándole todo lo que la hacía sentir como ella misma.

'Pero sí hacían todo más llevadero…' se recordó.

Los antidepresivos le hacían más fácil mentir. Esa era una ventaja. También, eliminaban la culpa que sentía por mentir. Esa era otra ventaja.

La muchacha se levantó del suelo, tomando la bolsa y extrayendo el frasco de cristal transparente de ella. Observando el relleno de pequeñas pastillas blancas dentro de él. No puedo evitar pensar que si la tomaba, le sería más fácil perdonar a su madre. Le sería más fácil sobrellevar su culpa. Le dolería menos la pérdida del que era su objeto más preciado.

Quizás el Dr. Katss tenía razón, quizás era hora de darle una nueva oportunidad a los medicamentos.

Mimi alzó la mirada, fijándose en su relejo ante el espejo. Sus ojos estaban rojos e hinchados. Su mejilla opacada por el corte en su mejilla. No se sentía bonita ni feliz. Sin embargo, considerando el día que había tenido, tampoco se sentía en ruinas. La razón de eso sólo tenía una respuesta clara, no podía agradecérselo a Miyako pues el efecto de la muchacha sobre ella sólo duraba en su presencia, y ahora estaba sola, la razón de su relativa templanza poseía otro nombre.

Yamato Ishida. Él era la razón por la cual ella no estaba en ruinas. Estar en su presencia le hacía sentir exhausta, estar con él le exigía más de lo que ella tenía en su interior, y sin embargo, de una manera no identificada, también se lo compensaba. Lo que sentía cuando estaba a su lado era muy diferente a la calmada felicidad que le propiciaban las personas más importantes de su vida, Miyako y Taichi, que le hacían olvidar sus problemas. Yamato de hecho le hacía lidiar con sus demonios, y no sólo esconderlos en el closet. Cuando estaba con él, podía tolerar el miedo a su propia oscuridad, pues, sentía que él podía guiarla en ella.

'Esa oscuridad no va a desaparecer sólo con ignorarla'

Esas palabras seguían rondando en su mente. Iban en contra de todo lo que había hecho en su vida. A lo largo de sus cortos años de vida, se había ocupado en pretender normalidad, en encajar y ocultar todas sus fallas del mundo. Esa era la decisión que había tomado después de la muerte de su padre. Pero ahora aparecía este muchacho, con esos benditos ojos tan capaces de leerla como un polígrafo humano, y le pedía que hiciera todo lo contrario.

No podía entender claramente por qué Yamato estaba actuando de un modo tan diferente con ella últimamente. No quería ni si quiera considerar la posibilidad de que fuera por lástima a la precaria situación que había observado con su madre. Sin embargo, la alternativa la asustaba.

Su mano fue instintivamente hacia sus labios, y sus mejillas se sonrojaron apenas recordó el beso que habían compartido.

'¿En qué estoy pensando?' soltó la muchacha, negando con la cabeza.

Sin embargo, era tarde, ya la idea se había plantado en su cabeza. De alguna manera, en aquella conversación donde había carecido de muros defensivos tras los que protegerse, el muchacho oji-azul se había metido dentro de su mente con una contundencia innegable.

Aunque quisiera negarlo, Yamato Ishida había comenzado a agrietar el muro que separaba sus dos personalidades.

Yamato Ishida cerró los ojos con fuerza, apretándolos hasta causarse una punzada de dolor en la frente. Cuando volvió a abrirlos, en la oscuridad, el brillo de flashes inexistentes le lastimó la vista. Soltando un gruñido, giró sobre su propio cuerpo hasta quedar boca abajo. Su cara se escondió en la almohada, y el olor a lavanda silvestre golpeó sus sentidos.

Él no tenía la costumbre de pasar la mayoría de sus noches en su cama, pero desde que Mimi Tachikawa había dormido en ella, su estancia en aquella pieza se había disminuido considerablemente. No sabía cómo la muchacha se las había arreglado para dejar su aroma regado en su almohada, si no la hubiera visto dormir apaciblemente sin moverse con sus propios ojos, creería que había vaciado una botella de perfume, impregnándola en las plumas.

Aquel olor tan dulce le había causado sentimientos de odio irracional, a tiempos, y a otros una melancolía tangible. Igual que todo lo que giraba en torno a aquella mujer. Todos los sentimientos que le causaba eran dicotómicos y disimiles por principio.

Por un lado, era una frágil torrecilla de cristal que podría reventarse al menor roce. Por otro, era una admirable fuente de temple que lidiaba con una realidad casi intolerable. Pasaba de ser un desfile de una sola mujer, a sumirse en una oscuridad absoluta en un marco de tiempo record. Pasaba días enteros ignorando su existencia, y luego decidía abrirle su corazón dándole confesiones que estaba seguro nunca le había dado a nadie más.

¿Realmente estaba tan loca o estaba tratando de enloquecerlo a él?

Algo dentro de su interior le decía que la inconstancia de Mimi Tachikawa no era tal cosa. Sino que en verdad, la muchacha era ambas. Ambas caras, ambas vidas, ambas realidades.

Cerró los ojos, y la imagen de los de ella apareció en su mente. Siempre había pensado que Mimi era hermosa, y es que eso era obvio. Sus ojos habían sido una prolifera fuente de inspiración para él, obsesionándole el misterio que había detrás. Pero ahora algo era diferente, a lo largo de sus cortas interacciones con ella había visto una parte de lo que escondía del mundo. Pero no era suficiente, él quería más de ella. No bastaba con agrietar el muro, él quería derrumbarlo.

Tomando una decisión, se levantó de la cama. Jamás llegaría a verla a ella, a menos de que él se mostrara primero, y eso era exactamente lo que pretendía hacer.


Me disculpo si mi cantidad de errores en este capítulo se salió de la media, pero mi editora se ha tomado la semana y si yo releo mi trabajo le meto a la piromanía, así que mejor prefiero publicar y disculparme por el tipeo erróneo xD.

ESPERO LES HAYA GUSTADO Y FAVOR ENVIARME SU OPINIÓN.