ATANDO CABOS.
Temprano se levantaron para desayunar un banquete de torrijas, tostadas y tortitas. "Aquello si que era un desayuno" pensaron todos con su mente puesta en los próximos que tendrían. La despedida no fue muy larga. Pronto cada cual seguía su camino.
-Debemos apresurarnos. – Dijo Rin. – Me gustaría dejaros en la guarida de ese tal Sheridan antes de tres días.
Todos atendieron a las palabras de la ninja y apresuraron el paso.
No tardarían ni dos días en llegar a la villa de la Hoja sin imprevistos.
Al llegar a la aldea Rin se cubrió la cabeza con la capucha de su túnica. A Ino le llamó la atención que se tomase tantas molestias por que nadie de la aldea supiera que estaba viva. Cruzaron las puertas sin problemas ya que los guardias habían reconocido a Ino y a Kirtash al instante. Nada más entrar en la zona urbanizada una mujer que conocía a Ino comenzó a gritar la noticia.
-¡Ino está aquí! ¡Ino ha vuelto! – Gritaba y algunas personas comenzaron a hacer coro de la nueva.
La mujer se acercó a Ino y esta sonrió.
-Cuanto tiempo hija. ¿Por qué no dijiste nada? Estábamos preocupadísimos. Me alegra tanto que hallas vuelto. – La abrazó y después Ino se dirigió al grupo.
-Kirtash, iré a aclarar las cosas con mi familia, mientras podéis ir a hablar con Tsunade.
-Está bien. Luego nos veremos en la plaza delante del edificio de la Hokage, ¿vale? Espero que no tengas muchos problemas. – Dijo Kirtash.
Ella asintió y se alejó con la mujer hablando. Rin seguía inmóvil, totalmente de incógnito.
-Haku si quieres puedes dar una vuelta a ver si ves a Naruto o lo que quieras.
-No te preocupes, iré con vosotros a ver a la Hokage. Soy parte de la misión. Además ya vi a Naruto hace poco y seguramente esté en alguna misión. No hace falta molestarle.
Kirtash, Rin y Haku se dirigieron al edificio de la Hokage mientras alguien les estaba observando. Ino llegaba ya a su casa por el otro lado de la aldea de Konoha. Allí todos la esperaban esperando una buena explicación. Agradecían a la mujer que la había acompañado que la hubiese llevado hasta allí y su preocupación, pero como la madre de Ino bien sabía aquella mujer buscaba más el cotilleo que cualquier otra cosa. Así que trasladaron la conversación a puerta cerrada dentro del salón de su casa.
Allí Ino les explicó que aquello había sido una equivocación, Kirtash no la había raptado ni nada malo le había ocurrido. Al contrario, aquello de alguna manera la había liberado de la tensión que aún se notaba en aquella casa. Les comentaba que por decisión propia había acompañado a aquel hombre y que necesitaba tiempo para terminar lo que había empezado junto a él. No entró mucho en detalles y les dijo únicamente lo imprescindible. Que Kirtash buscaba un objeto muy importante que le habían robado y que ella podía ayudarle.
Los padres después de oír su explicación comenzaron a argumentar en contra de aquella estúpida, en su opinión, misión. La necesitaban allí para que atendiese la tienda y los ayudasen con su abuela, la cual necesitaba demasiada atención y su padre tenía que marcharse a una nueva misión. Debía ayudar a su madre pues ella no podía hacerlo todo. No había tiempo ahora de expediciones y caprichos. Aquello era serio y no les había gustado nada lo que había hecho. Ino pensaba que en parte tenían razón, pero no quería contarles más de lo debido, aunque con ello pudiese justificarse. Su cabeza no dejaba de dar vueltas. No sería fácil convencerles y aquella conversación parecía que duraría horas. No podía retrasar la misión más de lo debido así que aceptó lo que sus padres querían imponerle por el momento. No podía irse ahora sin más. Decidió aplazar aquella conversación y dejar que Kirtash y los demás siguiesen al Norte y aclarasen las cosas con la banda de aquel tal Sheridan. Ya los alcanzaría más tarde.
Así, aceptó las condiciones de sus padres y se encaminó para dar la mala noticia a Kirtash.
Kirtash entró a la sala de la Hokage con la ya conocida reverencia.
-Veo que eres un hombre de palabra. – Le dijo la Hokage que no tenía muy buena cara.
-¿Demasiada bebida? – Preguntó Kirtash.
-Una mala noche. – Contestó rotunda Tsunade.
-Ya hemos zanjado el tema de la desaparición de Ino. Ahora mismo esta en su casa.
-Por fin dejaran de darme la lata esos malditos con el condenado tema. – Dijo la Hokage apoyando la cabeza entre sus brazos sobre el escritorio soltando un gran suspiro.
-Tsunade, te veo agotada. – Dijo Rin.
-Rin… Aún no me acostumbro a volver a oír tu voz. ¿Ya puedo decir que has vuelto?
-No. Lo siento, pero no quiero que nadie sepa nada. No sería bueno para nadie.
-Aún no lo entiendo Rin. Vienes cubierta como una extraña a la aldea que es tu hogar. Aquí te conocemos, no tienes que darnos explicaciones de nada. ¿Por qué narices no quieres que nadie sepa de ti?
-Es… una larga historia.
-Excusas. – Contestó Tsunade. – No sé cuanto tiempo más podré mantener este estúpido secreto.
-Aguanta al menos un tiempo más. No será mucho. Aún tengo unos asuntos pendientes que tratar.
-Está bien. – Dijo la Hokage cansada, sin ánimos de seguir con aquel tema. - ¿Y ahora a donde os dirigís?
-Iremos al Norte. Visitaremos a una banda de mercenarios que vive en el país de la cascada. Creemos que podrían tener que ver con el custodio. – Dijo Kirtash sin pretender dar más información.
-En el país de la Cascada… No tengo a nadie allí que pueda ayudaros, lo siento.
-No se preocupe, es innecesario.
-En fin, espero que tengáis más suerte que yo. Espero que lo encontréis y al menos termine uno de los temas que rondan mi cabeza. Creo que hay más cosas que mi abuelo podría esconder… Y me estreso. Bueno entonces hasta la vista.
Allí la dejaron apoyada con los ojos cerrados de cansancio.
-Está mujer es realmente rara. – Comentó Haku que hasta el momento se había mantenido en completo silencio.
Cuando salieron del edificio allí estaba Ino esperándolos con cara de pocos amigos.
-Lo siento chicos. Tengo que separarme del grupo. Al menos durante un tiempo. Tengo problemas con mi familia y tengo que ayudarles. Lo siento de veras pero aun no puedo ir.
-Pero, ¿por qué? – Preguntó Haku el cual tenía más confianza con ella y era con la que mejor se llevaba del grupo.
-Mi padre se marcha a una misión y mi madre no puede atender la tienda, necesita que la ayude. Además están demasiado enfadados en este momento para decirles que me largo otra vez sin más. Aún así espero no tardar mucho en poder ir detrás de vosotros.
-¿Cómo vas a ir detrás de nosotros? No sabrás donde vamos a estar. – Dijo Haku.
-Lo sabré créeme. – Dijo Ino guiñándole el ojo a Kirtash el cual estaba demasiado callado. No le gustaba la idea de que no pudiese venir con ellos.
-Lo siento por meteros prisa pero necesito salir cuanto antes. Como os dije quiero llegar mañana a la guarida de esa banda para poder atender unos asuntos lo antes posible. – Intervino Rin con prudencia.
-No te preocupes. Ya os cogeré en otro momento. – Dijo Ino y se despidió con un abrazo de los dos chicos. De Rin se despidió de una manera más formal. – Nos veremos pronto.
-Hasta pronto – Dijo Haku.
-Hasta luego. – Se despidió Kirtash alzando la mano mientras ella se marchaba.
Sin más demora, emprendieron el camino hacía el país de la Cascada. Llevaban recorrido un trecho cuando de pronto oyeron un silbido. Tanto Haku como Kirtash se pusieron alerta. Haku adoptó una posición de defensa mientras Kirtash advertía aquel sonido con un giro de la cabeza. Rin se había dado cuenta de lo que significaba aquel sonido nada más oírlo. No esperaba encontrarse con él ahora. Había notado que los había seguido por Konoha, pero había optado por no hacer nada al respecto. Aunque sentía que tenía que hablar con él. Eso acortaría en cierto modo sus planes.
-Seguid vosotros el camino. Yo iré a ver lo que pasa. – Dijo Rin y de un salto se perdió entre los árboles de uno de los lados del camino. Haku y Kirtash obedecieron sin darle importancia.
Allí estaba aquel hombre. Después de tanto tiempo no había cambiado apenas nada.
-Veo que ni siquiera paras un rato para poder hablar. – Dijo la figura.
-No pretendía hablar contigo. Tampoco esperaba que me descubrieses ahora. – Dijo Rin observando a aquel hombre. – Kakashi…
Se quedaron mirando unos segundos.
-¿Pensabas que no te reconocería envuelta en esas ropas?
-Esperaba que fuera así. Pero alguien te ha dicho algo, ¿verdad? Creo imaginarme quien fue… - Contestó Rin.
-¿Desde cuando te paseas por la aldea sin que me entere, Rin?
-Desde que tú me pediste que me marchase. No quise molestarte. – Dijo Rin algo molesta.
-Rin, sabes que fue un error. Sabes que no lo hice apropósito. No quería que te alejaras de mí de esa manera. Aquel día estaba molesto por otra cosa.
-Pues yo vi muy claro que no querías volver a verme.
-No es cierto. Quizá me sinceré demasiado y has interpretado lo que no es. Contigo hablaba demasiado y a veces no controlo lo que digo. Tenía la confianza de que lo entenderías.
-¿Qué lo entendería? ¿El qué? ¿Que actuases como un estúpido o que me atacases donde más me duele? Yo no lo veo como una manera de sincerarse.
-Lo siento, Rin. No quería que acabase así y lo sabes. Me pasé y no quería hacerlo, pero me dejé llevar por la ira. Aquel día fue un cúmulo de malos momentos y no debí pagarlo contigo. Lo siento de veras.
-¿Qué fue lo que ocurrió que pueda justificarte? – Preguntó Rin poniendo a prueba aquella excusa.
-Me había enfadado con Arezin antes de ir a verte. Tuvimos una charla un tanto acalorada. Estaba algo ofuscado y entonces me dijiste aquellas cosas y…
-No es justificación, Kakashi.
-Lo sé. Pero quiero pedirte perdón. Quería aprovechar ahora que por fin puedo volver a verte y no se si lo volveré a hacer. No quería que nuestra relación acabase de aquella manera…
-Kakashi… No hace falta que pidas perdón. En todo caso soy yo la que tiene que pedírtelo.
-No seas ridícula. ¿Por qué ibas a tener que hacerlo?
-No… quiero decírtelo. – Dijo ella apartando la mirada. Él se acercó lentamente y levantó su cara para que lo mirase a los ojos.
-¿Qué ocurre Rin? – No obtuvo respuesta. Una lágrima cayó de los húmedos ojos de Rin.
-¡Lo siento! – Dijo ella apoyando su cabeza en el hombro del ninja. El trato de tranquilizarla.
-¿Pero qué ocurre? ¿Qué es lo que pasa, Rin? – Preguntó él empezando a preocuparse.
-No… no quiero, no puedo decírtelo. – Dijo ella tratando de controlar los sollozos. – Es algo horrible.
-Shh, tranquilízate. No pasa nada.
-Debo irme. Tengo que llevar al guardián al país de la Cascada. – Dijo ella parando de llorar y evitando aquel momento.
-No, Rin. ¿Qué es lo que ocurre? Dímelo, por favor. Quiero ayudarte. Déjame ayudarte y hacerte un favor para enmendar lo que hice aquella vez.
-No puedo Kakashi. Perdóname.
-Sí puedes, ahora Arezin no está. No tienes por qué preocuparte. Tenías razón. Ella me dejó. No quiero volver a perderte.
-Lo siento. Espero que puedas perdonarme Kakashi. – Dijo ella mientras una nueva lágrima fue llevada por el viento mientras la mujer echaba a correr para alcanzar a sus compañeros. Kakashi se quedó allí paralizado. Lo había notado. Algo había notado.
Cuando Rin volvió a encontrarse con sus compañeros ya no había rastro alguno de sentimientos en su expresión.
-Veo que ya no llevas la capa. ¿Era un enemigo? – Preguntó Kirtash.
-No, sólo alguien que se había parado al lado del camino.
-Entonces, ¿por qué has tardado tanto? – Preguntó Haku perspicazmente.
-Me entretuve. – Dijo ella sin más. – Tenemos que desviarnos por aquí.
Continuaron camino hasta el anochecer. Decidieron no hospedarse en el pueblo pues seguramente la banda de mercenarios se percatarían de su presencia. Estaban muy cerca y tendrían secuaces o gente que podría informarles de aquellos "extraños viajeros".
-Mañana, no muy avanzada la mañana llegaremos al río que lleva a la guarida de su banda. Allí os dejaré. Tendréis que seguir el río arriba hasta encontrar una gran cascada con un pequeño lago. Es algo típico pero su guarida está detrás de la cascada. Son gente con un extraño sentido del humor y cierto gusto por ese tipo de tradiciones. Os aconsejo que primero investiguéis el lugar. Quizá sea demasiado precipitado irrumpir de buenas a primeras.
-Gracias, Rin. – Dijo Kirtash. – Sería más fácil si fuésemos alguno más, pero entiendo que tengas otras cosas que hacer.
-Gracias Kirtash. Espero que encuentres lo que buscas o al menos que esto te lleve a algo. Sino puede que volvamos a vernos dentro de unos días y entonces pueda intentar ayudarte otra vez. Pero ahora hay asuntos que debo atender.
-Echo de menos la comida de Ino. – Dijo Haku cambiando de tema. – Este estofado es una mierda.
-Deja de quejarte y come. – Contestó Kirtash.
-Es cierto. Esta poco hecho y tiene demasiados y enormes tropezones. – Todos rieron ante ese comentario.
-Tienes razón. Soy una pésima cocinera. – Dijo Rin sonriendo.
-Veis, como dije debimos sacar las galletas que nos dio Takana. – Dijo Kirtash que desde el primer momento se había mostrado descontento con aquella idea del estofado.
-¡Gran idea! – Dijo Haku. – Calentaré algo de leche.
Al día siguiente se despidieron de Rin justo antes del mediodía. Habían dormido algo de más y se les había hecho algo tarde. Rin siguió su camino mientras Haku y Kirtash se encaminaron solos río arriba. No siguieron ningún sendero para no llamar mucho la atención. Aunque se encontraron a alguna gente pescando pero apenas repararon en ellos y luego no encontraron más gente en horas de camino.
Cuando empezaron a oír una gran cascada a lo lejos empezaron a moverse más sigilosamente y dejaron de hablar sobre que iban a cenar aquella noche. El tema de la comida se había convertido en una obsesión en Haku desde que Ino no estaba. No podía faltar un sustituto. Kirtash seguía sin entender porque la gente se molestaba tanto con el tema de la comida.
No tardaron en llegar a un lago en cuyo fondo se veía una cascada de varios metros de alto. Aquel sitio tenía toda la pinta de ser el que Rin les había descrito. No se veía a nadie así que bordearon sin inconveniente el lago hasta quedarse a una distancia prudencial de la cascada, y por tanto, de la entrada a la guarida. Kirtash le indicó a Haku que esperara en uno de los árboles mientras el echaba un vistazo a la entrada. Se acercó hasta la cascada por la abertura entre el agua y la roca y echó un vistazo al interior de la cueva. Entonces vio dos cuerpos en el suelo. Eran dos mujeres. Tenían signos de lucha y ambas tenían una herida de hoja de espada con toda la pinta de estar envenenadas. Las había matado con una hoja de espada cubierta de algún veneno de color negruzco. Se aseguró de que aquello no era un genjutsu o alguna trampa. Luego le hizo unas señas a Haku para que le siguiera.
-Debieron de recibir un ataque hace muy poco. – Susurró Kirtash. – No parece una coincidencia, seguramente tenga algo que ver con todo esto.
Avanzaron hasta llegar a una sala bastante amplia. No había nadie allí. Abrieron una puerta que había a otra pequeña sala pero allí solo encontraron un pequeño almacén. No parecía que les hubieran robado ni nada por el estilo. Era un ataque premeditado, personal. En ese momento vieron el cuerpo del hombre que había matado Rin, o más bien, lo que quedaba de él. Sheridan y su compañera habían pasado por allí.
De pronto apareció una mujer a su espalda.
-¿Quiénes sois vosotros? ¿Qué es lo que buscáis?
-Busco lo que robasteis en el santuario de la aldea de la piedra.
-¿Santuario? ¿La aldea de la piedra? ¿De qué coño hablas chico? Debería matarte por entrar en mi guarida sin permiso.
-Sabéis bien de lo que hablo. – Dijo Kirtash sin echarse atrás.
-Jefa, el que está detrás de él es el chico. – Dijo la mujer que ya conocíamos: Asuka.
-Así que estos son el guardián y el chico que quiere ese estúpido hombre. Hemos perdido a todos los demás en esta ridícula misión. ¡Ese hombre me pone de los nervios! ¿Y dónde coño está Sheridan?
-Se fue hace un rato, poco después de que llegásemos.
-Qué listo, como siempre se marcha cuando las cosas se ponen feas. Menudo un imbécil. – Dijo la mujer que se le notaba muy alterada. – Me saca de quicio. Cuando todo pase vendrá sacando pecho… Hombres…
Kirtash y Haku observaban atónitos la escenita que aquella mujer estaba montando.
-Lo siento Guardián. Aquí no está lo que buscas. Nosotros solo trabajábamos para un hombre, aunque ahora todo apunta a que tenga que acabar con ese hombre.
-Entonces dígame quién es ese hombre.
-Estoy de muy mal humor, no me gusta que me vengan con exigencias. – Dijo ella y después se dirigió a Asuka. – ¿Te puedes creer que el estúpido ese no me hizo ni el más mínimo caso? Ni siquiera quiere pagarnos la parte que nos debe. Pero Asuka esto no puede quedar así.
-Pero jefa, han atacado la guarida mientras no estábamos. Yilian y Megan han muerto. No podemos ir a por él ahora.
-Asuka, Ahora esos estúpidos mercenarios de pacotilla no me interesan. Luego nos encargaremos de eso. Sólo son unos aprovechados de la situación. Seguramente Yilian y Megan les provocaron tantas bajas únicamente ellas dos que tendremos tiempo suficiente para recuperarnos. Has de llamar a los guerreros que tenemos en el pueblo y que arreglen todo esto y entierren los cuerpos como es debido. Ah, y envía unos a buscar a Sheridan, estoy harta de que se marche en el momento menos oportuno. Yo iré a por ese hombre. Esto es personal. Nadie se ríe de mí, ni de nosotros, te lo aseguro. Después nos encargaremos de erradicar a esos mercenarios y sus ridículas armas de juguete con ese pringoso y asqueroso veneno. Te dejo al cargo de todo mientras esté fuera.
-Sí, señora. – Dijo Asuka y se marchó corriendo.
-Menuda confianza, dejarte sola frente a nosotros dos. – Dijo Kirtash con cierto tono burlón.
-No necesito a nadie más. – Dijo ella sin darle importancia a sus palabras y cogiendo algunas cosas del almacén.
-Si sigues ignorándome tendré que usar la fuerza. ¿Quién es ese hombre?
-Yo misma te llevaré hasta él. Los enemigos de mis enemigos son ahora mis amigos.
-Habéis perdido a vuestros mejores guerreros, ¿qué será del clan de los ocho?
-Sólo estamos en jaque, querido guardián, aun quedan piezas en el tablero.
-No es por meterme en otros asuntos pero te veo en mala situación. – Dijo Kirtash. – Solo te quedan dos de los ocho y simples peones y digamos que uno de los fuertes se fue con la época de vacas flacas.
-Sigo diciendo que te metas en tu camisa. En peores situaciones me he encontrado. Ahora me voy. Si queréis encontrar al hombre que quería al chico seguidme, sino quedaos ahí. A mí me da igual. – Dijo la mujer cargando una mochila al hombro con todas las cosas que había recogido y echando a andar.
Haku y Kirtash se miraron aun algo sorprendidos con todo aquello pero decidieron seguir a la mujer.
-¿El tío ese, está muy lejos de aquí? – Preguntó Haku.
-A unas millas al Este. Llegando al país del trueno. – Dijo ella. – Será un camino algo largo, así que hagamos un pacto, yo no os ataco y vosotros no me molestáis.
-Qué bien. – Contestó Haku. – Parece que nunca dejaremos de ir de un lado para otro.
-¿No te gusta el turismo? – Dijo ella con un deje de ironía. Haku torció el gesto y miró hacia otro lado. – Por cierto, soy Kyoko.
-Encantado, yo soy Hayate. Y este es Haku.
-Sí, sí. El guardián y el chico. Está todo controlado. – Dijo ella y comenzó una marcha más veloz.
