Bloodlines, Lineas de sangre.
Colaboración con Apheront.
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12: La fugitiva.
"Todas las promesas que he hecho solo para no dejarte caer, creíste en mi pero estoy roto, no me queda nada y todo lo que siento es este cruel querer..." Lost in paradise, Evanescence.
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La mano de la coneja temblaba, jamás en su vida había tomado un arma ni mucho menos apuntado a alguien, tampoco estaba segura si sería capaz de disparar, aunque tratándose de su vida las posibilidades de aumentar esa capacidad se veían grandes.
El zorro la miró, estaba aterrada y confundida, comprendía su comportamiento, bajo con lentitud sus manos, movimientos bruscos podría causar que ella disparase, miró con detenimiento a la coneja, dio un largo suspiro antes de poder hablar.
—¿Esto es lo que quiere Judy? —le preguntó.
—¿Qué? —esa pregunta la desubicó de sus pensamientos.
—¿Quiere ser igual a nosotros? —avanzó un paso con lentitud hacia ella.
—No soy una asesina —Judy continuaba apuntándole con el arma.
—Usted es la que está apuntándome con esa pistola, Judy.
—Es diferente —se excusó.
—¿Va a matarme?
La nariz de la coneja temblaba por los nervios, se notaba en sus patas sosteniendo esa arma, el corazón parecía querer salirse de su cuerpo.
—¿Judy, va a dispararme?
—No lo sé —respondió—. Solo déjeme ir.
—Judy, intento protegerla, hacerle daño es lo último que yo haría.
—No le creo —seguía mostrándose nerviosa.
—Judy —el zorro avanzó de nuevo hacia ella.
—No —puso firmeza en sus manos al apuntarle con más determinación.
—¿Va a dispararme entonces? —el zorro se acercó a ella.
—No se acerque más —lo amenazó.
—Hágalo —Nick se puso frente al cañón del arma—. Dispáreme entonces —la miró a los ojos.
Judy lo miraba con nerviosismo, seguía sosteniendo aquella arma, su respiración se aceleraba más a cada segundo. ¿Realmente sería capaz de dispararle?
—Hágalo aquí —apuntó donde estaba la herida en su pecho—. Ya está hecha la herida, solo ábrala más.
El silencio entre ambos se manifestó, ella era incapaz de dispararle y él no iba a quitarse de en medio.
—¡Vamos Judy, hágalo! —exclamó provocando que la coneja diera un brinco de sorpresa—. ¡Dispáreme ya!
Las lágrimas hicieron acto de presencia en los ojos de aquella coneja, estaba aturdida, confundida y con miedo, no iba a disparar esa arma, no iba a matar al señor Wilde.
—Solo quiero que me deje ir —fue lo que pudo decir.
—Deme eso Judy —el zorro puso con delicadeza sus patas sobre las de ella—. No quiero que se lastime.
Judy se resistió con torpeza pero finalmente el zorro logró quitarle el arma de las manos, dio un suspiro para mirarla, seguía aterrada, odiaba verla de esa manera, verla insegura, asustada y triste.
—¿Va a romper un juramento?
—¿Qué juramento?
—Me juro que no se iría de mi lado.
Oh si, ese zorro en verdad no estaba delirando, en verdad le había pedido que no se fuera.
—Yo no... —Judy recordó.
—Dijo que no se iría.
—Era diferente —dijo Judy mirándole con temor—. Estaba herido y...
—Sigo herido y terminará de hacerlo más si se va.
—Esto es una locura —Judy recobraba la compostura—¿Esta consciente de lo que dice? ¿Quiere que me quede con usted? No tiene sentido, esto jamás va a funcionar...
—¿Entonces lo pensaba? —el zorro se hincó para estar a su altura—. También lo pensaba.
—Yo no... —Judy quedó atrapada en sus palabras—. Yo no pensaba nada.
—Míreme a los ojos y dígame que no siente nada.
—No voy a jugar a esto —la coneja quería evadirlo y quería irse pero los brazos del zorro la regresaron a su sitio.
—Míreme a los ojos y dígamelo —le pidió.
—¿Por qué hace esto? —Judy lo miraba con los ojos vidriosos.
El zorro suspiró antes de poder decirle —Para poder dejarla ir.
—No siento nada por usted señor Wilde —murmuró la coneja.
—Dígamelo viéndome a la cara —la tomó de las mejillas obligándola a mirarle.
—No siento nada por usted señor Wilde —repitió.
El zorro la soltó y se levantó —No le creo.
—Entonces no sé qué más pueda hacer —la coneja avanzó lento pero seguro a través del pasillo.
—Yo la quiero —el zorro interrumpió la caminata de la coneja.
Judy se detuvo sin mirar atrás, sintió una enorme punzada al escucharle decir esas palabras, no pudo evitar soltar algunas lágrimas, pero no debía olvidar que la última vez que alguien le dijo eso termino siendo vendida y maltratada. Eso no iba a cambiar nada, aunque ella le quisiera, el simple hecho que ambos son de diferentes especies era suficiente para renunciar a todo lo que su mente imaginaba; algo fuera de lo normal y en contra de las normas de la naturaleza. Se giró a verle y se acercó a él, Nick esperaba alguna respuesta ante la declaración, la esperanza aún seguía en su mente.
—Devuélvame el arma —le pidió.
—No la necesitará.
—Esa arma no es suya.
—Ni suya.
—Entonces, deme sus llaves —casi sonaba como una exigencia.
Eso desconcertó al zorro —¿Qué?
—Las llaves de su auto.
—¿A dónde va a ir? ¿Sabe conducir siquiera?
—Solo deme sus llaves.
—Pídale a Finnick que la lleve a donde desee.
—No necesito una nana —comentó la coneja.
—Es eso si quiere irse —terminó de decir el zorro para dejarla en el pasillo.
Judy quedó inmóvil algunos segundos antes de avanzar y buscar por su cuenta las dichosas llaves.
Por otro lado, Nick se reunió con Finnick en el despacho, estaban llevándose el cadáver del puma, el zorro se recargó en el umbral de la puerta contemplando una y otra vez la discusión con Judy.
—Un desafortunado evento —comentó Greco.
—Va a irse.
—Creo que es lo mejor, Nicky.
—No, no lo es —murmuró—. Pero no la retendré a la fuerza.
—Lo lamento Nicky —tomó el hombro de su hijo.
—Finnick quiero que la sigas.
—¿Qué? —dijo exaltado—. No voy a ir tras una coneja.
—Hazme ese favor, Finn, estará sola, embarazada y asustada, no quiero que aquel imbécil la encuentre.
—¿Por qué no vas tu?
—¿Es broma cierto? —Nick entrecerró los ojos mirando a su amigo.
—¿Padre estas consciente de lo que este está diciendo? —miró a su padre con cierta indignación.
—A decir verdad no es mala idea, Finn —comentó Greco.
—Oh vamos —expresó fastidiado acercándose a la ventana—. Estas perdiendo la cabeza por esa presa Wilde.
—Ve Finn —le pidió su padre—. Esta expuesta a ser encontrada y si la encuentran puede delatarnos, sé que no será intencional, pero esos hijos de puta, así como nosotros, saben cómo sacar la información.
—Me deberás una enorme por esto —respondió malhumorado.
—Ve por ella Nicky.
—No, prefiero que vayas tu o Finn, no quiero verla ahora —agachó la cabeza.
—Hay que darse prisa a encontrarla —comentó Finnick mirando por la ventana.
—¿Por qué? —preguntó Greco.
—Está por salir por la reja principal en el auto de Wilde.
Nick se apresuró a mirar también a través de la ventana —Vamos Finn, ve tras ella.
—Cauteloso y sin levantar sospecha —pidió Greco.
—Como siempre —afirmó Finnick saliendo corriendo del despacho.
Después de lo que habían sido días demenciales para Noah Savage finalmente algo de esperanza salía a la luz en su vida, en pocas palabras tenía la pequeña posibilidad de salvar su cuello del temible Kozlov; no hubo día en que no se imaginara a sí mismo siendo despedazado personalmente por el gran y temible tigre blanco. Un escalofrío le recorrió la espalda al pensar en ello nuevamente, llevando consigo un particular recuerdo de la semana pasada.
Habían pasado unos cuantos días desde que Noah se echó la soga al cuello al molestar a Kozlov, temía por su vida a cada maldito segundo, a cada condenada esquina en la que viraba al caminar por la calle temía ver un auto esperando por él; un sudor frío le recorría el cuello cada noche y la idea de escapar era muy tentadora. Lo único que lo mantenía detrás de Wilde y Judy era la venganza y el inmenso odio que le tenía a ambos, sumado a que Kozlov era bueno encontrando gente y no era amable con los desertores.
—Tiene que haber algo —se repetía a sí mismo dando vueltas en su oficina, prácticamente vivía ahí ahora.
—Agente Savage tenemos… —llamó alguien a la puerta.
—¡Ahora no! —exclamó eufórico, obligando rápidamente al intruso a cerrar la puerta.
El conejo dejó escapar un muy prolongado suspiro para luego echarse en la silla frente a su escritorio. Se recorrió la frente con las manos hasta llegar a sus orejas las cuales tomó con fuerza tratando de mitigar el terror que sentía.
—Estoy muerto.
Nada, no había nada sobre Nick o Judy y Ryan no había mostrado sus pezuñas en un buen rato, parte del paranoico Noah ya creía que la cebra lo había abandonado a su suerte, él lo habría hecho sin dudarlo.
—Huele a whisky barato —dijo una voz en la entrada.
—¡Dije que!...
—Esperaba algo más de cordialidad siendo que acabo de salvar tu trasero —expresó la cebra al cerrar la puerta detrás de él—. Encontré la granja de tu chica.
—Maldito infeliz, lo hiciste —respondió Noah con cierto alivio.
—¿Dónde está?
—Primero explica esto —contestó abriendo la puerta para otro animal.
La apariencia y el color del pelaje rápidamente delataron que se trataba de un lobo, y no de cualquiera a decir verdad Noah ya no tenía esperanza alguna en volver a ver a su "Viejo amigo"
—¿William? Creí que serías comida de gato por ahora —resaltó burlón, aunque su diversión rápidamente se disipo al momento en que el lobo retiró el sombrero que cubría la mitad de su rostro.
—Por poco —soltó con dureza.
Noah tragó un bulto muy grueso al contemplar lo que alguna vez fue el rostro de un casanova completamente destrozado; una cicatriz aun de color rojo partía a la mitad el rostro del lobo, no fue lo más llamativo sin embargo, el problema eran sus ojos, o mejor dicho su ojo, el que le faltaba.
—Kozlov…
—Fue muy claro Savage… Metiste la pata y me hundieron contigo —interrumpió con molestia.
—No sabía que esa coneja…
—¿Trataría de matarte? —termino su oración—. Te lo advertí ¿No es así? Idiota.
Era claro como el agua que la amistad que ambos solían tener ya había terminado y vaya manera de hacerlo.
—No tenía idea de que…
—¡Tuve suerte de solo perder un ojo! —le gritó tomando al conejo de la ropa, alzándolo en el aire.
Ryan simplemente colocó el seguro de la puerta, nadie los molestaría.
—Pero qué...
—A Kozlov no le gusta dejar nada a la suerte —señaló la cebra.
—T… ¿Trabajas con él?
—¿Qué no todos lo hacemos?
Ahora el estúpido conejo se daba cuenta, estaba rodeado en todas las formas y ángulos posibles.
—¿Alguna vez te han arrastrado por el acantilado encadenado a un auto? —cuestionó William—. Solo para después quemarte la cara con el motor caliente del auto… Escúchame bien Savage… Consigue a esos dos o yo mismo te cortaré las orejas antes de entregarte a Kozlov.
Unas horas le tomaron al conejo para preparar su partida hacia la granja de la familia de Judy, supo arreglárselas para conseguir un boleto para ir en un sofisticado avión y terminar su misión lo antes posible; el tiempo era ahora su enemigo, cada segundo que desperdiciaba era un segundo menos que le quedaba de vida.
Noah inhaló el impoluto aire del campo; sin olor a motor, humo o metal, así mismo el ambiente carecía de los molestos sonidos de la ciudad, escapes tronando, animales hablando a todo alrededor suyo, alarmas, sirenas etc., el lugar era… Desagradable para él.
—¿Cómo pueden vivir aquí? Ni una sola taberna a la vista, malditos granjeros y maldita Judy por hacerme venir hasta acá —masculló entre dientes mientras se alejaba del aeropuerto.
El conejo tenía en mano una nota con la dirección exacta de la granja de los Hopps, así mismo tenía muy presente que no sería pequeña por lo que encontrarla no debía tomarle demasiado. En la mente de Noah solo estaban presentes las innumerables cosas que haría con ambos al encontrarlos, tal vez con Judy no podría divertirse tanto como él quisiera pues ahora le pertenecía a Kozlov, pero con Nick, no tenía intención de ser piadoso con él; aunque había una falla en su plan y de igual manera Noah la tenía muy presente ¿Qué probabilidad había de encontrarlos ahí?
Hasta donde sabía Nick y Judy habían escapado juntos y los conejos eran una especie muy conservadora; la simple idea de albergar un zorro en su hogar era un disparate, pero hasta ese infeliz merecía tener una pequeña porción de esperanza.
Finalmente la vio, las edificaciones eran demasiado ostentosas como para pasarlas por alto. La pradera pintaba entre colores verde descolorido y marrón, ya no faltaba mucho para el invierno y eso se notaba. No dudó en acercarse mientras que en su mente pensamientos violentos empezaban a materializarse al punto en que había empezado a trotar camino a la granja y después de algún tiempo llegó.
—No debe ser tan complicado, toda su familia está aquí —dijo para sí mismo mientras veía cientos de conejos moviéndose por las parcelas y los cultivos tratando de decidir a quién interrogar primero hasta que.
—Jimmy te dije que recogieras las zanahorias —habló una voz detrás de él.
Noah serenó y silenció todas las ideas de su mente, pregunta primero y dispara después; había demasiados conejos en ese lugar como para empezar a matar uno por uno.
—Qué tal —respondió jovial, por primera vez en mucho tiempo, reproduciendo el rostro con el que logró seducir a Judy la primera vez.
Un conejo macho de pelaje marrón claro, de edad ya avanzada se encontraba frente a Noah.
—Hola —saludó el conejo mayor confundido—. Lamento mucho el malentendido —rio avergonzado—. No es muy común ver a un conejo ajeno a la familia por aquí, y te pareces mucho a uno de mis hijos.
—Descuide, pasa más seguido de lo que cree —sonrió Noah—. En realidad no sé si estoy en el lugar correcto, ¿Podría ayudarme?
—Lo intentaré —aseguró Stu –Soy Stu Hopps —estrechó su mano hacia Noah.
—Noah Savage.
—Debo decir que tu rostro no me suena familiar —dijo mientras se acomodaba la gorra de la cabeza.
—No soy de por aquí, solo vine a…
—¿Visitar a la familia? —interrumpió.
—Algo así —soltó sonriente metiéndose las patas a los bolsillos.
Stu visualizó a Noah, no era un conejo pueblerino, se le notaba en su vestimenta, trajeado y con un buen porte, era seguro que este se trataba de un conejo citadino.
—Bien hijo, ¿Qué puedo hacer por ti?
—¿Es esta su granja?
—Así es —afirmó orgulloso—. Y lo ha sido por cientos de generaciones.
—Maravilloso, verá, estaba buscando a una miembro de esta gran familia.
—Oh… Eso es inusual ¿Pasó algo malo? —inquirió preocupado.
—Oh no, por supuesto que no, mire estoy buscando a…
—¡Stu, la cena está lista! —se escuchó al otro lado de la parcela.
—Mmm, ¿Por qué no se queda a cenar?
—Me acaba de conocer —se excusó Noah.
—Tonterías, entre conejos nos ayudamos, todos somos solo una gran familia al fin y al cabo —declaró Stu.
—Acaba de convencerme —respondió con una sonrisa hipócrita.
Noah y la esposa de Stu fueron presentados por Stu, Noah examinó cada centímetro de la casa, daba pasos lentos, miraba a su alrededor a la expectativa de alguna pista, alguna señal que apuntara a Judy y a aquel zorro. Se detuvo en un estante de fotografías, de inmediato localizó la de aquella coneja, un sentimiento de rabia lo invadió, ya era evidente que ya no podía verla ni en pintura.
—Ella es mi hija Judy, una de las mayores —sonrió dulcemente el padre de la coneja.
—Lo sé —Noah no dejaba de ver el retrato—. Es por ella que estoy aquí.
—¿No me diga que se ha metido en algún aprieto? Esa muchacha necia...
—No, nada de eso —interrumpió con amabilidad.
—¿Entonces?
—Porque no lo platican en la cena —interrumpió la madre de Judy—. Vamos ya está lista la mesa.
La mirada de Noah estaba clavada en el plato frente a él. La inmensa mesa con gran parte de la familia Hopps comía, jugueteaba y conversaba, había risas, burlas y otros comentarios pero entre todo ese alboroto, Noah resaltaba fácilmente puesto que era el único que mantenía silencio.
—En verdad lo sentimos mucho —se disculpó Bonnie, la madre de Judy.
—En verdad nos alegra que se haya interesado por Judith, pero… Hace un año que no sabemos nada de ella… Fuimos algo, duros con sus sueños pero en verdad nos gustaría verla regresar a casa —explicó Stu.
—Entiendo, es solo que… —balanceaba su tenedor sobre el plato—. En verdad esperaba encontrarla aquí —dijo con pesar, aunque no por los motivos que Stu y Bonnie ciegamente creían.
—Pero descuide, con lo carismático que es usted seguramente ella volverá a verlo.
—En verdad lo dudo mucho.
—¿Paso algo entre ustedes? —preguntó la madre con cierta preocupación.
—Hay quienes se interponen entre nosotros —comentó.
—Si en verdad la ama, no permitirá que nada se les interponga —aseguró la madre.
El conejo soltó una sonrisa de lado en manera de asentimiento al comentario de Bonnie. Noah casi estaba por burlarse de la familia, "Pobres ingenuos" pensó, en verdad todo ese viaje estaba siendo una pérdida total de tiempo y eso no le gustaba nada, era el momento de continuar la búsqueda por otro lugar.
—En verdad les agradezco mucho su tiempo, pero tengo algunos otros asuntos pendientes por igual —expresó Noah levantándose de la mesa
—¿Oh, no se quedara? —preguntó Bonnie.
—Mil disculpas, ya sentí que los importune demasiado —se disculpó mientras avanzó hasta llegar a la entrada de la propiedad.
—¿Quiere que lo acompañe a la entrada? —preguntó Stu.
—No es necesario, gracias por la cena —Noah cerró la puerta y caminó con rapidez a la entrada
El conejo echaba chispas y humos, quería destruir algo del coraje ¿en dónde carajos estaba esa coneja?
—¡Maldita hija de…! —gritó a medias; estaba jodido en todo aspecto y forma, la única "pista" buena que había conseguido y no sacó nada de ella, Kozlov iba a terminar con él sin lugar a dudas.
Suspiró un largo rato, sacó un puro del bolsillo y le prendió fuego, estaba demasiado estresado, aun permanecía en la reja principal de la granja (, se recargó en ella para meditar; miró al cielo nocturno mientras sacaba el humo por su boca y se cruzaba de brazos a pensar, dirigió la vista hacia la casa de los Hopps, saco el humo por su boca contemplando los alrededores, miró el buzón y notó la pequeña barra roja hacia arriba. Se acercó para abrir el buzón y sacar un montón de correo, esa caótica familia no se tomaba la molestia de revisar su correo con regularidad, revisó cada carta y entre ellas encontró algo que podría convertirse en su salvación.
Remitente: Judith Laverne Hopps
Distrito de las Praderas.
—Ya te tengo —la sonrisa se le dibujo en el rostro mientras sostenía la carta, la suerte le sonreía de nuevo.
Sin detenerse siquiera a pensarlo, rápidamente corrió al teléfono público más cercano y vaya que no fue un tramo corto.
—Ryan —habló agitado.
—Savage, ¿Qué pasa? ¿Al fin decidiste huir con el rabo entre las patas? —le respondió con altanería.
—Los encontré…
—Maldito suertudo, ¿Ya los atrapaste? Debo decir que me retracto de todo lo que dije sobre ti.
—Bueno, aun no los tengo pero ya sé dónde están.
—¿Y eso de qué nos sirve?
—De mucho —sonreía aun todavía sin dejar de ver la carta.
—Bueno, necesito la dirección.
—No te será difícil encontrarlos en el Distrito de las praderas.
—¿No tienes la dirección cierto? —sonó con fastidio la cebra.
—Sé que los encontraras, Ryan —Noah colgó el teléfono para volver a teclear otro número nuevo.
—¿Quién habla? —preguntó una voz grave del otro lado de la línea.
—Quiero hablar con LaRusso
—Vaya vaya, Savage —al parecer reconoció la voz del conejo—. Ya hacía mucho que no sabíamos de ti.
—¿Esta el jefe? —volvió a preguntar con hostilidad.
—Dime que necesitas, puede que yo te pueda ayudar.
—¡Quiero hablar con LaRusso! —exigió Noah.
—Tranquilo viejo —vaciló aquella voz—. Aguarda un momento.
Noah esperó un par de minutos, odiaba esperar, sin embargo estaba demasiado aliviado como para malhumorarse de nuevo.
—Savage —habló una voz ronca e imponente del otro lado de la linea.
—Señor LaRusso —sonrió Noah.
—Tanto tiempo, pequeño, no sueles tomarte la molestia de llamarme a menos que estés en líos.
—Lamento molestarlo, sabe usted que siempre he sabido arreglármelas...
—Dime lo que necesitas, Noah —interrumpió la voz—. Eres de mis mas eficientes y leales elementos, como puedo ayudarte?
—Bien —Noah miraba a su alrededor para cerciorarse de no ser visto—. Tiene gente a su cargo en Bunny burrows?
—Tengo gente en todos lados, lo sabes.
—Excelente, señor —volvió a sonreír—. Entonces necesito algunos de sus secuaces para una misión.
—Bien, Noah, dime cual es la misión?
Era difícil para Judy decir cuánto tiempo había pasado ya desde que abandonó a Nick, aunque su vientre pronunciado le ayudaba a darse una idea más o menos buena. Después de casi dos días navegando por el mar, afrontando las náuseas y los malestares del embarazo, finalmente podía ver la costa del lugar que albergaba su hogar siendo iluminada por el sol de la mañana ¿Cómo la recibiría su familia? ¿Lo harían si quiera, cómo tomarían el hecho de que ahora estaba embarazada de un padre que no estaba? Cosas como esas habían asediado sus pensamientos todo el tiempo que estuvo en ese barco, pero ahora, al ver tan cerca su lugar de nacimiento, se sentía tan segura, tan a salvo que todo lo demás no importaba.
—Pronto estaremos en casa —habló acariciando su vientre, aunque algo logró distraerla al mirar detrás suyo; un pequeño zorro de pelaje blanco con orejas enormes, era demasiado parecido a Finnick aunque la vestimenta no era la apropiada y solo podía ver su espalda.
—Acaso… —la idea de que el señor Wilde la hubiese seguido logró hacer hervir su sangre pero entonces una zorra adulta del mismo color de pelaje apareció.
—¿Qué pasa pequeño, quieres que mami te levante? —escuchó Judy al mismo tiempo que aquella chica alzaba en brazos al pequeño animal, mostrando así un pequeño chupón en las fauces del pequeño y peligroso depredador.
Judy suspiró aliviada, aunque dando por sentado que empezaba a perder la cordura. Miró hacia el horizonte pensando en su última semana, algo que le estaba pareciendo surrealista ¿el señor Wilde y ella? ¿Juntos? ¿Un futuro de ellos con los hijos de ella? Negó con su cabeza ante tales ideas, ya era momento de renunciar a sueños absurdos, tenía que regresar a la realidad.
El barco atracó en el muelle y después de una larga fila de mamíferos, Judy finalmente pisó tierra; fue reconfortante a decir verdad después de tanto tiempo en el mar, respiro alegre de estar en casa y continuó su camino. Mientras tanto, después de algunos animales más, la zorra de pelaje blanco y el pequeño también pisaron tierra.
—Gracias por la ayuda Skye —agradeció Finnick escupiendo el chupón, así mismo entregando un pequeño sobre a la vulpina.
—Envíale mis saludos a Greco cuando vuelvas —respondió ella y luego ambos siguieron caminos distintos.
Judy no lo creía, sentía que su corazón saldría disparado de su pecho pues aunque no lo hubiese aceptado frente a Nick o Noah, ella extrañaba a su familia más que a nada en el mundo y la idea de por fin volver a verlos era algo de fantasía para ella; después de tanto dolor, tanta agonía y sufrimiento, después de tantas mentiras al fin, al fin estaría a salvo otra vez. Ya no importaba lo que dijeran de ella, si la insultaban o regañaban, estaría en casa y bien sabía que sus padres la seguirían amando.
Y entonces ahí, justo al doblar en una pequeña colina, se detuvo.
No había sonrisa, no había euforia ni alegría en su rostro, todo se había desvanecido dejando solo… Nada, estaba vacía, en shock, completamente congelada. Después de tanto Judy se dio cuenta de que la vida nunca tiene un final feliz.
Cenizas, escombro, pasto quemado y árboles carbonizados, eso es lo que quedaba de su hogar, estaba hecho pedazos… Y junto con ello lo que le quedaba de esperanza.
—¿Qué ha pasado aquí? —murmuro sintiendo el corazón a punto de detenerse.
Continuará…
