Advertencias: Los personajes de Shaman King no me pertenecen. un Hao demasiado esperpéntico, pero... No tengo Beta y está recién sacado de la mente por lo que si hay errores avisadme, por favor, dos revisiones en el mismo día nunca son suficientes.
Quería agradecer a M-Awesome and Juri di Lammermoor por el nuevo apoyo, bienvenidos y mil gracias por todo! A todos aquellos que seguís leyendo, gracias por seguir ahí a pesar de lo que tardo :)
Una vez más, espero que lo disfrutéis y ¡hasta la próxima!
Capítulo 12.
Como era de esperar, llegaron los últimos a la mesa y por lo que Pirika pudo leer en las caras de todos los ocupantes, ya sabían sobre esa jugarreta de un Hao que levantaba su copa de cóctel celebrando que ya estuvieran todos reunidos.
El enfado dibujado entre los gélidos rasgos del rostro de Anna no era nada comparado con la seriedad y rigidez que rodeaba a Yoh. En un intento barato de rebajar la tensión del momento, Pirika sonrió y negó con la cabeza, dando a entender que tampoco le preocupaba demasiado esa nueva «locura». Saludó a los tres presentes y se sentó junto a Yoh frente a Anna, Hao presidía la mesa.
—Tampoco es el fin del mundo.
—Yoh, Anna, Hao —saludó el hombre antes de darles la mano y sentarse junto a Anna frente a Yoh, el único asiento libre siguiendo un correcto protocolo.
El rápido servicio pronto sirvió a los recién llegados un cóctel tenso que pasó en silencio perdido entre las vistas de la bahía iluminada, las luces nocturnas y el leve murmullo que ahogaba el ambiente incipiente y ajeno a su reservado. Y a pesar de ello, a Pirika le era fácil averiguar cuál sería el centro de conversaciones que recorría las bocas del resto de comensales, tan sólo tenía que recordar los ojos que la persiguieron al entrar sujeta por el magnate chino de la seguridad y, no se podía olvidar, soltero de oro.
Un leve escalofrío le recorrió la espalda desnuda de tan solo pensar en el lío al que se había dejado arrastrar, ¿y por qué?
Sus ojos concisos se clavaron sobre un sonriente Hao que discutía entretenido con una Anna de ceño fruncido.
Suspiró escondiendo la mirada en su copa sin tocar, lo peor estaba aún por comenzar, cuando ese oso sobre protector que tenía por hermano mayor comenzara a torturar a su teléfono hasta que ardiera.
—¿Sucede algo, Pirika?
—Mi teléfono morirá en las próximas horas por culpa de Horo-Horo. —Suspiró de nuevo cerrando los ojos—. Tu maldito hermano el loco actúa sin pensar en las consecuencias y los demás tenemos que tragarnos lo que pase.
—Es de los que piensa que todo saldrá bien.
—Creía que ese eras tú, Yoh.
—Por algo somos gemelos, ¿o esperabas que solo se pareciera a mí en el físico?—Intervino el implicado despertando el interés de los otros invitados.
—¿El físico? Cuenta esa mentira cuando yo no te escuche, que ahí sí hay diferencia. —La sonrisa divertida de Anna mostraba una cara que Pirika jamás se hubiera esperado en la modelo.
—¿Yo o él? —Y ahí estaba el eterno bufón.
—¿Quieres una respuesta sincera y que todos se enteren de la verdad, Hao?
—Tengamos la fiesta en paz… —Yoh cortó la conversación guardando las vergüenzas, para volverse al quinto comensal educadamente—. Me alegro de que por fin coincidamos en una situación normal después de tanto tiempo, Ren.
El moreno asintió con la cabeza dejando hueco para los platos que comenzaban a servir y, que por suerte, abrían un paréntesis social en el que el silencio estaba bien visto. Era obvio que ninguno de los dos podía olvidar qué sucedió en aquella suite del hotel semanas atrás, ni Yoh iba a dejarle olvidarlo.
En cuanto llegaran los postres, ya nada podría escudarle de aquello que se trajera entre manos Hao Asakura. Concretamente de dos temas de conversación que no quería tocar: la última vez que todos coincidieron en una misma sala, Pirika incluida; y el pasado. Y Ren Tao estaba seguro que el hermano gemelo díscolo estaba deseando que llegara ese momento para restregarle delante de todos su actitud. Tenía razón, no evitó una corta mueca de ironía, pero ya había jurado que haría todo lo que estuviera en su mano por conseguir que Pirika fuera suya, incluso mentirle, manipularla y jugar con ella. Aunque se ganara su odio, bien valía por esos besos, aquella mirada, su dulce piel... Su inocente sonrisa.
—Es una buena chica, cuesta creer que sea hermana de Horo-Horo. —La maldita voz de Yoh rompió su mirada sobre la chica. Le conocía demasiado bien.
Con rabia le observó sonreír ufano, pero él sí mantenía su mirada sobre Hao, Anna y la más pequeña quienes se mantenían enfrascados en alguna otra locura de diálogo.
—Qué pasa —masculló frío devolviendo su mirada sobre su presa, sintiéndose algo incómodo.
—Eso es lo que yo quiero saber —le respondió tranquilo mientras terminaba el último bocado de su plato, Yoh sabía bien qué pasos seguir para sacarle algo a Ren, no en vano habían sido grandes amigos.
—Mira Asakura, no me vengas con tonterías porque tú eres el primero que no tuviste huevos de hacer nada.
—O de hacer mucho, dirás —Ren se sorprendió ante esa extraña confesión que le obligó a bajar todas sus defensas. Una irónica sonrisa se le escapó de entre los labios mientras le devolvía la mirada, el bueno de Yoh nunca cambiaría—. He podido hablar con Horo-Horo, y te voy a dar el único consejo que un verdadero amigo te daría. Aunque no te lo mereces, tampoco eres el único implicado en este asunto.
—Si vas a darme la tabarra con que deje esto, ahórratelo, era el primero que se opuso a esta tontería, ella lo sabe; pero no soy un idiota, no pienso perder esta oportunidad.
De nuevo esa maldita risa ligera destrozando sus nervios y cordura, quizá Ren estaba equivocado y después de todo ese tiempo puede que sí se hubiera vuelto loco definitivamente.
—Preferiría que te dejaras de «tonterías» y le dijeras la verdad a la cara, pero como te da miedo, lo mejor para ti será seguir el juego y hacerte pasar por su pareja. A menos que Pirika encuentre alguien que le guste, con quien sonreír y que no le diga mentiras. Y entonces, ¿qué harás, Ren?
Para Yoh no pasó desapercibido el puño fuertemente cerrado de Ren, blanco, sobre la mesa, escondido cerca de la servilleta de tela, ni su ceño fruncido, ni aquellos ojos que volvían a fijarse en la joven. Tan solo esperaba que Hao no se estuviera equivocando con aquello de dejarlos volar tras darles un empujón cuyas intenciones quedaban escondidas tras un velo de misterio calculador y vengativo.
—Todo es culpa de ese imbécil sin cerebro. Nada más —masculló entre dientes bajando la mirada, odiaba sentirse inferior frente al Asakura metomentodo.
De nuevo aquella risilla irritante se escapó de sus labios, obligándole a guardar todo su autocontrol para no dar un puñetazo sobre la mesa y largarse de allí sintiéndose muy insultado. Con ella, por supuesto, no iba a dejarla.
—Creía que tú eras de los que siempre planeas dos pasos por delante todas tus acciones.
—Te equivocas, Asakura, todos seguimos siendo los mismos malditos críos que siempre fuimos. Egoístas, impulsivos, violentos, avariciosos, tercos y obsesivos. Todos. Hasta el final.
Inconscientemente sus ojos se fueron hacia Anna, enfadada con algo que Hao habría comentado y ante lo que sonreía poderoso, todo seguido de cerca por los ojos inocentes de Pirika, quizá Ren tenía razón y nada había cambiado en ellos a pesar del tiempo que había pasado.
Pero, ¿acaso si no hubiera cambiado estarían allí manteniendo una conversación, todos juntos y disfrutando? ¿Acaso si Pirika no hubiera aparecido en su vida destrozándola por completo, obligándole a ver qué es lo que llevaba haciendo esos años por culpa de su terquedad? ¿Acaso aquello no era cambiar?
—Sí. Puede que en el fondo sigamos siendo así, pero al menos yo sí he cambiado, y ahora soy más feliz.
Entonces todo fue una pesadilla, pero ahora… La imagen de ellos allí bastaba para confirmarlo. Como la joven diseñadora diría, él había aprendido que el boceto anterior no le había llevado por el camino que él deseaba, y ahora se encontraba dibujando uno nuevo, de sus vidas, más acercado, y esta vez no lo estaba haciendo solo.
—Tienes mucho que aprender de Pirika, Ren.
Ahora sí se sentía más cercano a esa ilusión y sueño que de joven perseguía y anhelaba alcanzar en el futuro. El ahora, se matizó observando a Anna.
Un gruñido escapó de sus labios, aquel idiota sin lugar a dudas había ido a peor con el tiempo. Él no iba a ablandarse de aquel modo.
—Esto te supera, así que deja de jugar a psicólogos conmigo. Yo no he cambiado, ni pienso hacerlo porque es así cómo he llegado a donde estoy, en la cima.
—Sí, bueno, tampoco lo has hecho solo, pero ¿tienes todo lo que deseas? —sus ojos le traicionaron volando hacia la joven que ahora enfadada parecía haberse aliado con Anna ante Hao—. Me parece que no eres suficiente para ella si sigues así, y no te interesa tenerme de enemigo. De nuevo.
Ren chascó la lengua afilando los ojos, no volvería a pasar por ahí. Con haberle tenido una vez husmeando ilegalmente entre sus bases de datos y jodiendo todo sus sistemas de seguridad tuvo suficiente. Aunque, era irónico que aquello que más daño le hizo, fue lo que también les unió a ellos tres en su nueva amistad, ahora eran un empresario, un profesor y un granjero pero años atrás eran los dueños, señores y protectores de los oscuros secretos ajenos.
Sin embargo, no tuvo que responder, el postre llegaba a tiempo de salvarle al menos de esa pregunta, porque también con la sobremesa se enteraría del porqué de aquel misterioso concilio al que estaba obligado a asistir. Entonces Hao, quien disfrutaba siendo un extravagante anfitrión y tras vaciar la enésima copa de vino, llamó la atención de todos ellos sobre él.
—Volviendo a lo importante, hemos venido, menos tú obviamente —ahí estaba, jamás perdería la oportunidad de joderlo—, para una cuestión trascendental.
—Viejo odioso —masculló el susodicho haciendo reír a Pirika, por primera vez.
—Hao —llamó su atención Anna al verle abrir la boca para responder sin conseguirlo.
—Gracias, sé que siempre quisiste ser como yo.
—Hao —repitió devolviéndolo a la realidad.
—La verdad es que —Yoh prefirió tomar la palabra antes de que su hermano, quien estaba dejando claro que el alcohol se le estaba subiendo antes de lo normal, abriera la boca y enfureciera al invitado más de lo que él ya había hecho —, es que nos vamos a casar de nuevo.
—¡Felicidades! —exclamó Pirika sin aguantar la emoción de las noticias—. Ya era hora de que te decidieras a hacer algo bien, son noticias geniales, ¡Esto se merecía una celebración más grande, gemelo malvado!
—El onsen estaba reservado durante toda la semana, lo siento cariño.
—En realidad hay algo más que te queremos pedir, ¿verdad, Anna? —la mujer asintió sin atreverse a hablar—. Es un secreto, pero está muriéndose por pedirte que tú le diseñes el vestido.
—¡Oye yo no…! —Exclamó sin darse cuenta, pero su simple sonrisa sirvió para que aquella reina del hielo se sonrojara y bajara la mirada—. Así que más te vale hacerme algo que esté a mi altura.
Fue un corto silencio en el que trataba de digerir las palabras que acababa de escuchar antes de que pudiera reaccionar con una grata mezcla de sentimientos.
—Esto es genial, son noticias muy buenas, Yoh, Anna, felicidades. Pero ¿de verdad quieres que yo…?
—¿Conoces a alguien mejor? —Las palabras de Anna fueron planas, pero bastaron por si solas para que los nervios y la timidez de la menor tomaran el control dando de lado a la primera euforia.
—Yo-yo bueno-hablaremos y haré-tengo que trabajar-y es mucho-trabajo —Agitó la cabeza buscando controlar las emociones— ¿Y cuándo sería la boda? —preguntó antes de añadir con un guiño—: No serás tan mala de casarte antes de mi desfile, ¿verdad?
—Así que lo te preocupa es el tiempo libre que vas a tener con tu nuevo amante antes de que se le acabe el cuento, ¿no, querida?
—Hao, es suficiente.
—Y espero que no necesites pelearte con el chinito rabioso para tenerlo a tiempo.
—Venga que hoy estamos de celebración, deja lo nuestro de lado esta noche —le regañó Pirika intentado no sentirse insultada por sus palabras.
—Exacto, lo nuestro —insistió.
—Tengamos la fiesta en paz, por favor. —Volvió a llamar Yoh a la calma.
—Pero qué dices, si es el día apropiado para celebrar, ¿no crees, Usui-chan?
—Creo que es mejor que por hoy, lo dejemos aquí —logró articular Pirika tras un segundo en el que se quedó observando severa a Hao—. Lo siento, Anna, ya quedamos y…
—Vete, ya te llamaré para hablar más tranquilamente sobre esto.
Una sonrisa ladeada brotó entre los labios de Ren mientras se levantaba arrastrando la silla y se acercó a la puerta del reservado. Desde allí esperó que ella se despidiera de la pareja para atraparla de nuevo antes de salir.
—Relájate, o quieres crear rumores de problemas antes de que todo el mundo se entere que estamos juntos. —le susurró contra el oído mientras recorrían el pasillo hasta el comedor principal.
—Ahora mismo me importa una mierda eso… pero, pero ¿le has escuchado?
Sabía perfectamente que no era el momento oportuno, pero ya no lo resistía más. Cogió su mentón y la besó.
—Tú echa más leña al fuego y verás cómo acaba esto.
Pero aquel ceño fruncido y aquellas amenazas infantiles tan sólo alimentaba el fuego de la pasión.
—Tenemos aún asuntos que tratar.
—Está bien, está bien —dio su brazo a torcer cuando salieron del restaurante a la calle, separándose unos centímetros de él—. Solo un segundo, necesito despejarme y…
—Ya tendrás tiempo en el coche.
—Curioso, muy curioso—masculló Hao—, ¿cómo sabía el cabrón que no tenía intenciones algunas sobre Pirika?
—Hao deberías plantearte hacer carrera en el teatro, al menos el papel de borracho lo haces bien.
—¿Pero has visto? Con todo lo que le he dicho ni se ha inmutado, pero cuando tu solo insinuaste de una posibilidad mínima y futura de que a la nena le gustara otro, se puso hecho una furia. Vas aprendiendo, Yoh, pero todavía te queda mucho para ser como yo.
—¿Quién quiere ser un amargado como tú?
—Es sencillo, a ti no te considera una amenaza porque te conoce demasiado.
—Gracias por desvelar los misterios del universo, Anna.
—Pues no preguntes estupideces.
—Entonces, ¿cuál es el siguiente paso?
—Ninguno —le respondió Yoh sin dejar de sonreír mientras cerraba los ojos, ya era el montemos adecuado de dejar volar a los niños solos.
—Gracias al cielo por no tener tu cachaza.
...
N/A: Si os apetece, no os olvidéis que podéis comentar, poner en favoritos/alert y todas esas cosas que me hacen sonrojar y que agradeceré hasta la eternidad.
También acepto amenazas, pero sólo si están recubiertas de chocolate :3
¡Muchísimas gracias por leer!
Hasta pronto.
PL.
