Capítulo 12
El regreso del enemigo
Después del ataque a Kríhos, los caballeros dorados se dividieron, y pasaron dos semanas montando guardia en cada uno de los pueblos. Como pasó tiempo, y nada sucedía, decidieron volver al Santuario. Las misteriosas personas que atacaron el pueblo no volvieron a aparecer. Ya eran tres años del ataque.
Eran ya dos años desde la batalla contra los caballeros de bronce que trajo las muertes de Máscara Mortal de Cáncer, Shura de Capricornio, Camus de Acuario y Afrodita de Piscis, la revelación que Saga era el Patriarca poseído por Arles, y el descubrimiento que Saori Kido era la reencarnación de Athena; un año desde la batalla contra Hilda de Asgard y Poseidón, y dos meses desde la batalla contra Hades, la cual ocasionó la supuesta traición de Saga, Camus, Shura, Máscara Mortal, y Afrodita, las también supuestas muertes de Athena y Shaka de Virgo, y seguido por las muertes de todos los caballeros dorados.
Athena era una jovencita de trece años, su verdadero nombre era Saori, era bastante bella, cabello muy largo hasta debajo de la cintura, color lila y mechones que cubrían su frente, ojos azules, no muy alta. Siempre iba vestida con un largo vestido blanco.
Athena, después de la batalla contra el Rey del Inframundo Hades, había logrado revivir con su cosmos a los doce caballeros dorados, incluyendo a Shion de Aries, que había vuelto a ser el patriarca, y a Aioros que volvió a tomar su lugar como caballero dorado de Sagitario.
Surgió un cambio en los caballeros dorados. Shura de Capricornio, segundos antes de morir a manos del caballero de bronce Shiryu de Dragón, en la batalla de las Doce Casas, le había encomendado, o heredado a su hermana menor, el caballero de plata de Lince, su armadura dorada, y su legendaria espada Excalibur. Por lo tanto, al ser revivido por Athena, Shura renunció a su título de caballero dorado, y Leenah, se convertía en el nuevo Caballero Dorado de Capricornio, mientras que Shura, se convertía en el guardia personal de Shion y Athena, como lo era Quiáthos.
Era el día del ascenso de Leenah a Caballero Dorado. Todos los caballeros del Santuario estaban en los aposentos del patriarca. Los once caballeros dorados (Excluyendo a Shura que se encontraba parado a un costado del Patriarca), en una fila horizontal frente al patriarca, los caballeros de bronce a su derecha y los plateados a su izquierda en excepción de Leenah que estaba delante de los caballeros dorados.
Shion estaba sentado en su silla, y Athena a un costado.
Shion se levantó y caminó hacia Leenah.
_La armadura de plata Leenah. – Le dijo Shion. Leenah se levantó, y en un destello de cosmos plateado, la armadura de plata del Lince se desprendió de su cuerpo, volvió a su figura normal, y se posicionó a un costado.
Shura estaba parado junto al patriarca, vestido con una túnica negra, con cinturón y hombreras de plata, y una larga capa negra con bordes de plata, es decir, de la misma forma que vestía Quiáthos cuando estaba ahí, con la urna sagrada de Capricornio enfrente.
El patriarca se paró a medio metro de Leenah.
_ ¿Juras utilizar esta armadura solo para proteger al mundo y no para intereses personales? Preguntó Shion.
_Lo juro. – Respondió Leenah.
_ ¿Juras defender la paz y el amor de la tierra?
_Lo juro.
_ ¿Y juras defender a Athena y entregar tu vida por ella si es necesario?
_Lo juro.
_Entonces te nombro, El nuevo Caballero Dorado de Capricornio. – Shura sonreía satisfecho, mientras que una pequeña lágrima se desprendía de sus negros ojos. Shura levantó la urna sagrada de Capricornio, y la puso frente a Leenah.
_Ahora es tuya hermana, espero que la protejas y la uses por el bien de la humanidad.
_En tu nombre, daré mi vida por proteger al mundo, y llevaré esta armadura en tu honor. – Shura sonrió, y retrocedió unos pasos. Leenah se levantó y encendió su cosmoenergía. La urna sagrada respondió al cosmos de amazona, lo que significaba que la armadura la consideraba su nueva portadora, la urna se abrió, dejando ver la brillante armadura dorada de Capricornio, que se mostraba en forma de una cabra de oro. La armadura se dividió y cubrió el cuerpo de Leenah. La armadura había cambiado de forma, para adaptarse a su cuerpo, pero aún así conservaba su esplendor.
Leenah aterrizó en el suelo majestuosamente, cubierta por la armadura.
Athena se le acercó.
_Leenah, tengo entendido que tienes una alumna, ¿No es así? Le preguntó amablemente Athena.
_Así es, su nombre es Bría. – Le contestó Leenah.
_Bien, ahora que eres caballero dorado, quiero que entrenes a Bría para que gane el derecho a tu antigua armadura.
_ ¿La armadura plateada de Lince? Le preguntó, volteando a ver a la armadura que portaba anteriormente.
_Así es, tú ya no la usarás, por lo que quiero que dupliques el entrenamiento de tu pupila para que se convierta en el próximo Caballero Plateado de Lince.
_Está bien Athena, la entrenaré más duro para que gane la armadura.
_Muy bien… - Leenah hizo una reverencia y se posicionó entre Aioros y Camus.
_Pueden retirarse caballeros. – Dijo Shion.
Los caballeros salieron de la Cámara del Patriarca.
Leenah salió de ahí, y se fue directamente al templo de Capricornio a descansar.
Cuatro meses después…
June (Caballero de bronce de Camaleón) y Marín se trabajaban en la biblioteca sagrada del Santuario, que se encontraba en los aposentos del Patriarca.
June de Camaleón era una amazona de bronce, mejor amiga de Shun de Andrómeda, ya que ambos ganaron sus armaduras en la Isla Andrómeda. Era alta, tenía cabello rubio y lacio, largo hasta las rodillas, con el flequillo que tapaba su frente. Su rostro estaba oculto tras una máscara de bronce, que tenía dibujadas dos líneas color rojo oscuro que atravesaban verticalmente sus dos ojos.
La biblioteca era un lugar donde no había mucha luz, porque el Patriarca y Athena mantenían ese lugar oculto, ya que contenía información confidencial e importante, por lo que si caía en las manos equivocadas, podía provocar varios desastres; Era un lugar grandísimo, estaba lleno de polvo, estanterías por todos lados atestadas de libros, escritorios cubiertos de polvo y tierra, además que hacía un calor terrible, el suficiente como para que Camus no pudiera poner ni un solo pie sin derretirse.
Athena necesitaba información sobre varios caballeros, muertos o desaparecidos, para saber que había sido de sus armaduras, y si podían traerlas devuelta al Santuario, para entrenar a aprendices que las ganaran.
Athena le pidió a Shion que eligiera a dos caballeros para que hicieran el trabajo, ¿Y quién mejor que una mujer para que haga dicho trabajo a tal perfección? Por lo que decidió elegir a June y Marín, que eran las más "tranquilas" de las cuatro amazonas que había en el Santuario. Sabía perfectamente que poner a Leenah y Shaina a leer no sería una buena idea, por lo que a ellas las envió donde había un poco más de acción. Las puso a recorrer distintos lugares del mundo, para que encontraran varios jóvenes que fueran dignos de portar las armaduras que June y Marín descubrieran, y que Dohko de Libra y Mu de Aries se encargarían de traer al Santuario.
El problema es que había que entrenarlos desde pequeños, por lo que tuvieron que elegir a niños de no más de cinco años, y ninguna de las dos amazonas eran muy tolerantes con los niños revoltosos.
Dohko y Mu ya habían regresado con quince armaduras, diez de ellas eran de bronce, y cinco eran de plata. Los dorados se dirigieron a la Cámara del Patriarca.
Dohko y Mu fueron recibidos en la entrada por Shura, que los hizo pasar de inmediato.
Cuando entraron, vieron a Shion sentado en su silla, y Athena impaciente se retorcía un mechón de su lacio cabello lila.
Shion iba a decir algo para recibir a los caballeros, pero Athena le ganó.
_ ¡Ah! Dohko, Mu... ya han regresado, que alivio…
_Lamentamos la tardanza Athena, es que surgieron un par de complicaciones, nada importante… - Le dijo Dohko.
_ ¿Lograron encontrar las armaduras? Les preguntó Shion.
_Así es maestro, pero solo logramos encontrar quince. – Mu señaló las quince armaduras que se encontraban a un costado.
_No importa, por lo menos logramos hallar algunas… - Respondió Athena. – Mu, si puedes, quiero que te encargues te repararlas, no están en muy buenas condiciones… - Athena examinó la armadura de plata de Dientes de Sable.
_Por supuesto Athena. – Respondió el Ariano.
_Caballeros, eso es todo, pueden retirarse. – Dijo Shion a los dos dorados.
Mu y Dohko salieron de la Cámara del Patriarca. Afuera, se encontraron con Milo y Camus.
_ ¡Dohko! ¡Mu! Exclamó Camus al ver a los caballeros.
_Hola muchachos. – Saludó Dohko.
_ ¿Encontraron las armaduras? Preguntó Milo.
_ Si, logramos encontrar quince. – Respondió Mu.
Platicaron un momento, hasta que los cuatro comenzaron a escuchar un gran griterío y un alboroto terrible, que provenía de la entrada del Santuario.
_ ¿Qué demonios es todo ese griterío? Preguntó Dohko.
_No lo sé… vamos a ver. – Dijo Milo, y los cuatro dorados caminaron hacia la entrada. Ahí, se encontraron con algo bastante cómico.
Leenah y Shaina estaban paradas en la entrada, la dorada con los brazos cruzados y apretando los puños, y la plateada a punto de estallar de ira y asesinar a los quince niños que saltaban y gritaban alrededor de ellas.
Milo apenas las vio, se desternilló de risa. Dohko temía por la reacción que podía llegar a tener Shaina, y Mu no dejaba de observar a Leenah, por si se le ocurría lanzarle una Excalibur a uno de los pobres niños y terminaba decapitándolo. Camus trataba de contener la carcajada que estaba a punto de salir.
_Si no se callan, voy a matar a alguno… - Dijo Leenah, sin moverse.
_ ¡CÁLLENSE! Gritó Shaina con todas sus fuerzas, lo suficiente como para que los niños la miraran llenos de miedo, sin siquiera atreverse a respirar.
_Gracias… - Susurró Leenah, dejando salir un suspiro.
Camus no pudo más, y se desternilló de risa junto a Milo.
_ ¿De qué te ríes cubito de hielo? Preguntó enojada la amazona dorada.
_ Será mejor que tu también de calles alacrancito. – Le dijo Shaina a Milo, que no paraba de reírse.
_Ya ya, cálmense. – Dijo Dohko.
_ ¿Quién eres tú para venir a decirme que hacer? Le gritó Leenah a Dohko. Evidentemente, el viaje no les había sentado nada bien a ninguna de las dos amazonas. El tener que tolerar a esos insoportables niños que supuestamente se convertirían en los próximos caballeros, había agotado totalmente la paciencia de ambas.
_Creo que será mejor que descansen antes de ir con Athena… - Dijo Mu.
_Mu tiene razón, si van ahora, es posible que las destierren del Santuario… – Dijo sarcásticamente Milo.
_O te cayas, o te estampo contra la pared. - Le contestó su amazona.
_El patriarca nos dijo que fuéramos con él apenas llegáramos. – Dijo Shaina.
Leenah le mostró la mano (Excalibur) a uno de los niños que comenzaba a saltar otra vez, y el muchacho se calló al instante. – Si, será mejor que nos vayamos… ¡Muévanse! No me hagan perder la última gota de paciencia que me queda… - Esto último dirigido a los niños, mientras pasaba al lado de Milo, con Shaina detrás.
Cuando las amazonas se fueron, los cuatro dorados se miraron entre ellos.
_ ¿Es así todo el tiempo? Preguntó Dohko a Milo, refiriéndose a Leenah.
_No… pero pierde la paciencia fácilmente, y cuando eso pasa se pone así… o peor… - Le contestó el Escorpión, recordando algunas de las veces en las que Leenah perdía la paciencia y se desquitaba con él. Hizo una mueca de dolor al pensarlo.
Leenah y Shaina se pararon delante de la puerta que daba a la Cámara del Patriarca, delante de Shura que las esperaba, se dieron vuelta, y miraron a los niños.
_Tras esta puerta, se encuentra el Patriarca, y es muy probable que también, la diosa Athena… - Dijo Leenah.
_Deben tratar con todo el respeto del mundo al Patriarca Shion, y aún más a Athena. – Le siguió Shaina.
_Ambos son amables y por supuesto no tratarán de intimidarlos, pero de todos modos, no hablen si no es necesario. – Agregó Leenah.
_ Y más les vale que no se les ocurra hacer bullicio ni gritar, ¿Entendieron? Continuó Shaina.
_Se supone que ustedes serán los próximos caballeros, así que traten de comportarse como tales… - Finalizó Leenah.
Los niños asintieron con la cabeza, sin decir una sola palabra, y tratando de no respirar muy fuerte, por las dudas…
Shura abrió la gran puerta, y las dos amazonas entraron seguidas por los quince nuevos aprendices.
Shion estaba sentado en su silla esperando. Cuando vio entrar a las amazonas, dio un respingo y se acomodó en la silla.
_Leenah, Shaina, veo que han tenido éxito en el viaje… - Dijo Shion, observando a los niños que estaban arrodillados detrás de las santas.
_Digamos que si… - Dijo Leenah.
_Denme un momento, iré a buscar a Athena. – Dijo Shion, mientras se levantaba de la silla.
_Está bien. – Dijo Shaina.
El patriarca salió de la sala por una puerta que se encontraba detrás de él, y unos segundos después volvió a entrar detrás de la diosa.
_Leenah, Shaina, espero que el viaje no las haya agotado mucho… - Dijo amablemente Athena.
_Para nada Athena… - Suspiró Leenah.
Athena esbozó una pequeña sonrisa, y continuó:
_Ustedes saben que estos niños serán los nuevos aprendices, y lo próximos caballeros, que portaran una de las quince armaduras que Mu y Dohko han logrado recolectar…
_Ehh, sí… - Dijo Shaina, temerosa por lo Athena estaba por proponer seguramente.
_Bueno… he decidido, que como a ustedes ya las conocen, será mejor que ustedes mismas se encarguen de dicha tarea… - Shura observaba a Leenah, preocupado por la reacción que podía llegar a tener su hermana ante tal orden.
_ ¡¿Qué qué?! Eso era lo que Leenah menos quería.
_Es una orden hermana, no puedes ir contra la palabra de Athena… - Le dijo su hermano, cuando vio que la amazona iba a reprochar.
Leenah soltó un gran suspiro.
_Está bien… - Respondió de mala gana. Shaina tampoco estaba muy de acuerdo con la decisión que había tomado Athena, pero una de las virtudes de la amazona de Plata, es que jamás había reprochado una sola orden de la diosa, era incondicionalmente fiel a ella.
_Les daré un pequeño descanso, dentro de tres días deben comenzar con el entrenamiento, ¿Está claro? Dijo Shion.
_Si Santidad. – Respondieron las amazonas.
_Pueden retirarse.
Las dos amazonas condujeron a los quince nuevos aprendices a las cabañas del Santuario. Cuando acabaron de llevar a cada uno de ellos a su cabaña, se fueron a descansar, Shaina a su cabaña en el recinto de amazonas, y Leenah al Templo de Capricornio.
Shaina cenó rápido, y se fue directamente a la cama.
Leenah no cenó, no tenía hambre. Se quedó sentada en un sillón. Se quedó un momento así, hasta que escuchó que alguien tocaba su puerta. Se levantó a abrir de mala gana. Cuando abrió la puerta, se encontró con Milo.
_ ¿Ya cenaste? Le preguntó con una sonrisa pícara el caballero.
_No… todavía no… - Le respondió la amazona, aún sorprendida.
Los dos caballeros cenaron, y platicaron un momento, aunque Leenah estaba muy cansada.
Milo observaba con detenimiento, a la rubia mujer, que estaba desplomada sobre la silla frente a él, pensando, que esa era la joven más bella que había visto en su vida.
Desde el día que vio su rostro por primera vez, su relación dio un giro inesperado. En los últimos años, estaban más cerca que nunca.
Leenah comenzaba a darse cuenta, que el amor que sentía por Milo, no tenía nada que ver con una estúpida ley, sino que venía del corazón. La amazona lo amaba profundamente, y él le correspondía de la misma forma.
Leenah soltó un gran suspiro, y se quitó la máscara. Luego se quedó mirando al suelo, con esos bellos ojos verde azulado. Levantó la mirada, y observó que Milo la observaba fijamente.
_ ¿Por qué me miras tanto Milo? Le preguntó.
_Tus ojos… no había dado cuenta nunca, pero, están diferentes desde la última que te vi sin la máscara…
Leenah sonrió y cerró los ojos.
_Si… mis ojos cambian de color… no pensé que te darías cuenta. – Le contestó la amazona, mirándolo directamente a los ojos.
_ ¿Cómo cambian? Le preguntó el Escorpión.
_ Con el clima…
_ ¿El clima? Milo no dejaba de observar los ojos de la amazona.
_Así es… cuando el clima es cálido, se ponen color azul, cuando llueve o el clima es frio, se ponen grises, y cuando es templado, verde azulado. – Le respondió Leenah.
_Asombroso… Otra cosa que no me había dado cuenta de ellos, es lo bellos que son… - Le dijo tiernamente.
Leenah acercó la silla hacia él, y apoyó su cabeza en el pecho de Milo, mientras que él acariciaba su rubio cabello.
No muy lejos de ahí…
En un pueblo, no muy lejos del Santuario, tres hombres con habilidades especiales, asesinaban sin piedad a la gente del pueblo…
