Capítulo 12: Preludio de una guerra
A sólo un día de camino de Bosque Negro, un wargo dormía tranquilo mientras una pareja cantaba bajito alrededor de una fogata, en una especie de dueto improvisado; pero sin el piano esta vez. Y si acaso no brillara el sol, y quedara yo atrapado aquí, / no vería la razón en seguir viviendo sin tu amor. / Y hoy que, enloquecido vuelvo buscando tu querer, / no queda mas que viento... no queda mas que viento. Aunque quizá era algo imprudente andar con la guardia baja y cantando junto al fuego como si estuvieran en el balconcito de su departamento, y su instinto pronto se los recordó.
Una flecha apareció certera de entre los árboles, mejor dicho desde arriba, rozando la oreja del wargo en un claro disparo de advertencia. La bestia despertó y rugió, intentando espantar a los enemigos que no veía; y otra flecha se tensó lista para ser disparada, lejos de ser una advertencia. Federico se preparó para saltar, pero Mithduil lo calmó con señas y susurros. Sólo entonces las dos figuras salieron de entre las sombras, pero ni bien se vieron los rostros; los cuatro, y el wargo, bajaron la guardia.
-¡Amargo! –Danuin sonrió y se abalanzó sobre su compañero, que le devolvió el abrazo, mientras Mithduil reía y el otro, el único de cabello castaño, mantenía el semblante serio.
-Tal para cual ustedes dos –comenzó la muchacha- ¿o no Elrohir?
-A mi también me da gusto verte –puso los ojos en blanco pero ella sólo sonrió, y Danuin volvió a hablar, ahora suelto del abrazo de su hermano.
-¿Se puede saber que hacés en este mundo Ranuin? ¿No andabas recorriendo el este de Europa? –se encogió de hombros.
-Andaba por Budapest, pero tuve algunos problemitas con la ley y preferí volverme. –Mithduil levantó una ceja intrigada, era algo extraño que el educado, amargo y soso de su cuñado tuviera problemas legales, si era tan correcto.
-¿Qué hiciste? –preguntó al fin, y Elrohir ahogó una risita.
-Me enamoré de una humana, vivimos una aventura muy loca, explorando las fronteras de la sexualidad –todos rieron y Ranuin se sonrojó. Su hermano no podía creer que finalmente se le hubiera soltado un poco la soga, pero siguió- y después de un tiempo me enteré que estaba casada, me rompió el corazón.
-Ay, pobrecito –respondió Danuin con un dejo de burla en su voz, bajo la mirada de reproche de Elrohir, por eso Mithduil cambió de tema y se dirigió a él.
-Compatriota, ¿vas a Rivendell? ¿Volver a casa?
-Claro –contestó con naturalidad- en realidad te estaba buscando a vos, mi padre está como loco, mandó expediciones por todos lados para ir a buscarte; una de ellas somos nosotros. –Mithduil pensó un momento.
-La verdad me da un poco de miedo imaginarme a Lord Elrond enojado, si es más amargo incluso que vos –Danuin y Ranuin rieron.
-No es que seamos amargos, es que ustedes dos son insolentes, perezosos, insensatos, la verdad que si Eru viera en que se convirtieron los elfos les daría unos azotes –siguió Elrohir secamente, y el resto no pudo evitar estallar en carcajadas.
-Igual te recuerdo que no fue culpa de ella, la secuestró el jinete oscuro –acotó Danuin, parecía que hacer enojar a Elrohir era casi tan divertido como cuando Legolas lo hacía enojar a él. Ahora entendía por qué a su primo le gustaba tanto la competencia.
-En fin, igual pensábamos ir a Bosque Negro –retomó Mithduil- porque sería obvio que estuviera en Rivendell, ¿no?
-¿Obvio? –preguntó Ranuin intrigado.
-Ahí se celebró el concilio, ahí están todos a los que les intereso, ahí es donde Tulkandur me vio por última vez, y desde allí me están buscando. Si el jinete oscuro tiene dos dedos de frente, va a empezar buscando en Rivendell.
-Y justamente por eso es hacia donde no vamos –concluyó Danuin.
-Suena lógico –confirmó Ranuin- entonces sigan, quizá deberíamos avanzar por caminos separados.
-¿Y llegar y decirle a mi padre que los tuvimos enfrente y se nos escaparon como arena entre los dedos? No lo creo –sentenció Elrohir.
-Por eso vamos a enviarle una carta, y lo entenderá –era la idea de Mithduil, aunque también sabía que si no lo entendía, pues que pena. Se tomaron un rato para redactarla entre los cuatro, con todas las formas protocolares posibles, y explicando con detalle las razones para no ir a Rivendell; aunque de todas formas ya Legolas estaba en camino para explicarlo, pero la carta era más personal porque estaba firmada por ellos mismos.
La pareja convenció a los recién llegados de que se detuvieran a descansar, y al final lograron hacerlos reír; contando anécdotas de ambos mundos durante toda la noche. Ahora estaban entre amigos, relajados y olvidando los planes de Saruman o cualquier otra fuerza oscura. Hacía muchísimo que no se cruzaban, y Danuin realmente lamentaba que su hermano no viviera más cerca estando en el mismo mundo. Sólo por la mañana se separaron, y cada uno tomó su camino.
-¡Al fin! –gritó Mithduil ahogadamente mientras se lanzaba entre las almohadas y frazadas de una cama que le parecía enorme y cálida después de haber pasado tanto frío entre las rocas- Deberíamos apreciar los pequeños placeres cotidianos, como una cama –rió, feliz, y Danuin rió con ella. Se sentaron allí un momento, y se clavaron la mirada.
-Vení acá –siguió él y la acurrucó entre sus brazos sonriendo.
-No, estoy tan mugrosa que sería una falta de respeto hacia vos –lanzó una risita- necesito una ducha –y le dedicó un guiño.
-Bueno, aquí te espero un ratito. –Ella se metió en el baño de la habitación y él cerró los ojos entre las almohadas, realmente estaba muy cansado. No pasaron quince segundos que una extraña sensación en la mejilla lo sacó de su relajación. Mosquitos estúpidos, pensó, pero enseguida cuando quiso espantarlos chocó con algo, y abrió los ojos para ver a la pequeña ave -¡Elin! ¿Qué rayos?
-Buenas tardes mi lord –inclinó la cabeza en señal de respeto y saludo.
-Buenas tardes. Estoy confundido, ¿te teletransportás o qué? –preguntó subiendo una ceja.
-No sea tan egocéntrico, no son ustedes la única raza que tiene sus secretos bien guardados. Seremos pequeños, pero tenemos lo nuestro –el tero parecía ofendido y el elfo decidió no preguntar nada más.
-Claro, perdoname. ¿Qué te trae por aquí?
-Le traigo una carta del príncipe Legolas –Danuin abrió los ojos grandes, o el pajarito se teletransportaba, o viajaba en avión, o era un mago, o algo raro pasaba. Para empezar, viajaba entre ambos mundos, los había encontrado en Buenos Aires aunque se habían conocido en Córdoba, y ahora había ido desde Salsipuedes hasta Rivendell, y de ahí hasta Bosque Negro, y no estaba ni despeinado. Pájaros extraños, se encogió de hombros, ya era bastante increíble que el ave conversara con él, ¿no? Tomó la carta y se despidió de Elin, la abrió enseguida, sólo había un párrafo.
Queridos insensatos, pequeños locos de mierda; acá están todos muy enojados con ustedes porque creen con razón que esta ciudad va a ser atacada. Y completamente en vano, porque no los van a encontrar. Pero en fin, igual quédense ahí, estamos reforzando la seguridad. Se van a perder la batalla, que pena, pero no descarto que pueda pasar algo por ahí. Tengan cuidado, nos vemos pronto.
PD: ¿habías notado que hacer enojar a Elrohir es casi tan divertido como hacer enojar a Gimli? ;)
Bueno, nunca se hubiera imaginado a su primo enviándole un guiño, quizá se le había contagiado la costumbre de los mails. Pensó que mucho mejor que ambos encontraron a alguien más de quien burlarse, y que ambos se estaban equilibrando; de tan opuestos que eran antes. Estaba seguro que además de su primo, era un buen amigo.
Pero no lo pensó mucho porque en ese momento vio a su amada otra vez, y ya no existía nada más. Iba desnuda, con el cabello mojado, y sin dedicarle ni una mirada y con total naturalidad abrió el armario y se vistió sólo con un camisón suelto. En cada movimiento irradiaba sensualidad, era obvio que lo estaba seduciendo; y estaba funcionando. Se pararon uno frente a otro, clavándose la mirada, uno desafiando al otro a dar el primer paso.
N. del E: las cosas se ponen algo calientes aquí, si no les gusta este tipo de lectura pueden saltearlo hasta la próxima línea divisoria.
-¿Ya terminaste de hacerte la difícil o vas a hacerme esperar más? –Danuin sonrió.
-Quizá debas sufrir un poco de espera –remató Mithduil, que no quería ser menos- Sin embargo, quizá te necesite ahora –susurró y con esto tomó sus manos despacio y se acercaron en un beso lento y delicado. Ella comenzó a desabrochar los botones de su camisa, uno a uno, rozando su piel. Recorrió con la yema de su dedo índice una línea imaginaria, desde la base de su cuello hasta su cintura; poniendo especial atención en la pequeña línea de vello rubio que iba desde su ombligo hasta su cadera, y más abajo aún. Mientras tanto, él recorría la línea de su columna con sus dedos.
Se detuvieron un momento, quedándose muy cerca, rozando las puntas de sus narices y mirándose con intensidad. Ahora respiraban pesadamente, en grandes bocanadas de aire, acalorados e inundados de amor y deseo. Él la envolvió entre sus brazos y desabrochó los dos botoncitos que su camisón tenía bajo la nuca, dejándolo caer a sus pies. Ella hizo lo propio también, y dejó caer su camisa al piso; acompañando el movimiento de sus manos con pequeños besos en el cuello y los hombros de su amado, quien respiraba más pesadamente a cada roce.
Danuin se giró sobre sus tobillos y tomó a su amada por los hombros, empujándola lentamente hacia atrás, hasta que cayera sobre la cama; lentamente, como una pluma. Avanzó sobre ella, besando su abdomen, y siguiendo una línea imaginaria hacia arriba, por el cuello, el borde de la mandíbula, hasta llegar a su boca; mientras ella se aferraba a su espalda, como si jamás quisiera soltarlo. Su boca desesperada volvió sobre sus pasos, para detenerse esta vez en sus pechos, rozándolos apenas con sus labios; hasta que asomó lentamente su lengua y empezó a jugar con ellos. Mithduil tensó sus músculos, lanzando algunos gemidos ahogados, dejándose hacer; entregada en cuerpo y alma a su único amor.
Inundada de placer, decidió devolverle algo a cambio, y en un movimiento rápido y fuerte lo volteó para ubicarse sobre Danuin, quien se sorprendió con una sonrisa. Recorrió su cuello y su pecho con besos ahora más grandes, mientras sus manos avanzaban siguiendo su camino hacia abajo, quitando de a poco el pantalón y rozando su miembro apenas con las yemas de sus dedos; sintiendo que estaba tan excitado como ella. Sin embargo pronto fue más allá, se deshizo de la prenda y volvió con movimientos más fuertes, arrancándole gemidos roncos, mientras sus ojos azules se oscurecían con la dilatación de sus pupilas.
Volvieron a voltearse, quedando ahora de lado uno frente a otro, mientras ella sonreía con picardía sin abandonar su tarea. Con una mirada, él imitó esos movimientos con sus manos sobre ella, mientras sus besos se mezclaban con sus gemidos, sin dejar de darse placer uno a otro. Ya no pudo aguantar la necesidad de su cuerpo, con un movimiento volvió sobre ella a tomar el control, acercándose aun más, buscando algo más de roce. Mithduil se aferró a su espalda, abrazándolo fuerte y besando su cuello, mordiendo suavemente el lóbulo de su oreja. Un movimiento sincronizado, un gemido ronco y simultáneo, y estaba dentro suyo.
Con movimientos sincronizados, uno contra otro, se entregaron al placer olvidando todo lo demás que pudiera existir en el universo. Ahora se fundían, se mezclaban, eran uno y amor puro. Salía un poco, y volvía a entrar en ella, entre besos, caricias y gemidos. Volvieron a moverse, y ella quedó sentada sobre él, mirándolo con intensidad, disfrutando de la visión de su compañero guapísimo y con los ojos ennegrecidos por el deseo. Tomó el control con movimientos distintos, ahora hacia delante y hacia atrás, con más roce mientras él acompañaba ese movimiento tomando su cintura entre sus manos; con un gemido ronco que lo hizo curvar su espalda y levantarse.
Ahora estaban sentados y entrelazados, envolviéndose con sus brazos, y sin dejar de moverse ella descansó su cabeza en el hombro de su amado, susurrándole al oído. Todo su cuerpo temblaba, y supo que no tardaría ya mucho en explotar, y él lo notó y le susurró al oído entre gemidos.
-Aún no amor –y ella asintió, confiaba en él, y aguantó un poco más porque sabía que entonces vendría algo mejor. Danuin comenzó a empujar su cintura, tomándola firmemente entre sus manos, con más fuerza, con más intensidad; haciéndola gritar sin disimulo. Continuó con ese movimiento empujándola con sólo una de sus manos, mientras con la otra recorría sus pechos sin dejar de besarla. El calor era tan intenso que apenas eran capaces de soportarlo, cada vez más velozmente, más intenso, más fuerte; jugando con sus lenguas y sus manos, temblando de placer.
-Dejate ir –susurró Danuin, y Mithduil finalmente soltó todo aquello que estaba conteniendo con fuerza, alcanzando el clímax temblando con tal intensidad que el universo entero parecía derretirse a su alrededor. Lo sintió derramarse dentro suyo, todo su calor, todo su cuerpo temblar y todos los músculos aflojándose de a poco. Pero no se movieron ni un centímetro, sino que se quedaron abrazados muy cerca uno de otro, lo más cerca que dos personas pueden estar. Descansaron uno en el hombro de otro, en un instante que parecía eterno, acariciándose suavemente las espaldas con las yemas de los dedos. Ninguno de los dos quería ser el primero en separarse, y dejaron que los minutos pasaran así, inundados de amor.
-Ey –empezó Mithduil, sonriendo- no sabés cuanto te extrañaba. –Su prometido la apretó más entre sus brazos, y le plantó un beso pequeño en la mejilla.
-Sí que sé, tanto como yo a vos –volvió a sonreír- quizá deberíamos dormir una siesta antes que la guerra y la política nos encuentre –ella subió una ceja.
-La verdad, en este momento todo eso me importa un carajo –no pudieron evitar lanzar una carcajada, y al fin separaron sus cuerpos; pero sólo por un momento, hasta que se acurrucaron abrazados entre las sábanas, y se durmieron rápidamente.
Muy lejos de allí, unas suaves manos de mujer pasaban unos trapos helados por los moretones hinchados de un torso dolorido. Se clavaban la mirada, azul contra negro, mientras esas manos recorrían y acariciaban al caballero con más y más entrega y cariño. Luego de un rato de ese dulce cuidado, fue Nambelle la que rompió el silencio.
-No quiero verte herido, me hace mal –Tulkandur le dedicó una sonrisa, devolviéndole la dulzura y el afecto que ella le regalaba.
-No es nada, sólo unos moretones –entonces tomó su mano y entrelazando sus dedos la besó suavemente, mientras ella aprovechó la ocasión para tocar el anillo negro con su dedo pulgar, sintiendo una energía irresistible.
-Es que no creo que sepas donde te estás metiendo, si Saruman te usa vas a terminar muerto cuando ya no le seas útil –se le llenaron los ojos de lágrimas, y él al notarlo la envolvió entre sus brazos, y la acercó a su cuerpo dolorido.
-No llores más, hermosa, no habrá problema. Créeme –aunque en el fondo, ni él mismo se lo creía.
-No quiero que te mueras, quiero tenerte a mi lado –con esto Nambelle rompió en llanto y se aferró aún más al cuerpo del jinete oscuro, sintiendo su torso desnudo y frío por el hielo que usaba para deshinchar los moretones, y sintiendo como poco a poco se iba entibiando con su suave contacto.
-¿Sería un atrevimiento preguntar por qué? –siguió Tulkandur, quien sospechaba lo que le pasaba a la morocha. Ella dudó un momento, pero se separó unos centímetros y con los ojos llenos de lágrimas volvió a mirarlo intensamente.
-Me enamoré de vos –bajó la mirada, como con cierta culpa pensando que no sería correspondida, y las lágrimas resbalaron en silencio por sus mejillas. Sin embargo, el jinete tomó su rostro con ambas manos y limpiándole las lágrimas con sus pulgares, le inclinó su cabeza suavemente para que sus ojos volvieran a encontrarse. La besó con dulzura y adoración, y sólo cuando estuvieron saciados se dispuso a responderle.
-Yo también me enamoré –sonrió- cuando todo esto termine deberíamos huir juntos, puedo mostrarte mi casa de Buenos Aires. Pero además mi abuelo vive en el campo, tiene enormes hectáreas y cría caballos. Mi hermano es polista, ¿sabés? Él entrena los caballos de mi abuelo, te encantaría. Quizá por eso me llamaste la atención, aunque yo nunca fui como mi hermano y ni siquiera aprendí a montar, ¿patético eh? –ella sonrió, imaginando la descripción que Tulkandur le hacía de su vida en el mundo de los hombres.
-No exactamente, tenías otras prioridades. Por eso, vámonos cuanto antes; y por cierto que yo también jugué polo en el Hipódromo Argentino, estaría interesante jugar con tu hermano ¡y hasta podemos enseñarte! –soltó una carcajada, le deleitaba la idea.
-Pero aún tengo una misión que cumplir en este mundo, y arreglar la cagada que me mandé dejando que Mithduil se me escapara –hizo una mueca de desaprobación- ¿qué deberíamos hacer? ¿Atacar Rivendell?
-¿Rivendell? –Nambelle se sorprendió de la ingenuidad de su propuesta- ¿Lo decís porque ahí la capturaste? ¿O porque después del concilio todas las autoridades andan por esos pagos?
-Claro, si huyó seguramente va a ir a advertir; por eso vamos a buscarla y de paso capturamos a todas las autoridades importantes que hay ahí, ¿suena bien eh?
-Ah pequeño Tulkandur –rió Nambelle- Eso pensaría cualquier mente normal, pero no Danuin. Es un gran estratega, no va a hacer lo obvio.
-¿Quién carajo es Danuin? –el jinete oscuro levantó una ceja desconcertado.
-El prometido de Mithduil, son un equipo… ella doma las bestias, él es el estratega. Nos conocimos en Buenos Aires, cuando ellos se perfeccionaron en esgrima en el CENARD y yo estaba dando clases de equitación en ese lugar. Somos buenas amigas –sonrió apenas- Bueno, éramos, no creo que pueda perdonarme.
-¡Si le traigo los dos a Saruman entonces me salvé! –Tulkandur soltó una carcajada, como su hubiera tenido una gran revelación- ¿y dónde crees que estén si no es en Rivendell? ¿Él también nació allí?
-No, en Bosque Negro, es el sobrino del rey –sentenció la muchacha.
-¡Perfecto! ¡Hasta sirve para extorsionar a Thranduil! –Hizo una pausa mientras su compañera levantaba una ceja, con duda- ¡Entonces seguro están ahí!
-No lo creo –remató Nambelle- eso también sería obvio.
-¿Por qué? –se intrigó Tulkandur.
-Porque nació allí, y si estás buscando a alguien el primer lugar donde lo buscás es en su casa, ¿o no? –él asintió- además, no lo quieren mucho por ahí, es un desertor; en realidad iría donde tenga poder, y ahí no lo tiene.
-¿Entonces? –la morocha pensó un momento y luego negó con la cabeza.
-Deberíamos ir a ver a mi padre –dijo después de una pausa larga.
-¿Para qué?
-Aprovechemos que Aragorn está, o estaba, en Rivendell por eso del concilio de Elrond. Mi padre juró seguirte, si convencemos a los otros cinco o seis cabezas del ejército podemos tomar Gondor en forma pacífica –Tulkandur abrió muy grande sus ojos azules.
-¿Crees que es posible? Suena interesante –ella volvió a sonreír.
-Y con nuestro ejército y el de Gondor, podemos buscar a esos dos y atacarlos donde sea que estén, y después volver a Buenos Aires a jugar al polo –lanzó una carcajada.
-No conocía esa faceta tuya de estratega, preciosa e inteligente, perfecta –acarició su cabello negro y lacio, jugando con él entre sus dedos, y volvió a besarla; esta vez con más pasión. Sin despegar sus labios, le habló en un susurro –Te amo Nambelle –ella derramó algunas lágrimas, nunca hubiera esperado que el poderoso guerrero le correspondiera, sentía que era tan poco para él.
-Yo también te amo –le contestó entre susurros y lo abrazó con toda su fuerza, enterrando su nariz en su cuello, y dándole besos pequeños. Se acomodó allí y se quedó largo rato repitiendo en su cabeza las palabras de esa conversación que tanto habría de cambiar en sus vidas.
Mithduil caminaba viendo el atardecer por los jardines del palacio de Thranduil, escuchando los pájaros, sintiendo el sol en su piel y la hierba bajo sus pies. Ahora sí que estaba relajada, después de tanto. En lo alto de la cascada pudo ver a lo lejos a su amiga, que había cenado con ellos en su departamento caja-de-zapatos y se decidió a ir a hablarle.
-¡Buenas tardes Anne! –la muchacha se levantó sobresaltada y se lanzó encima de la elfa en un abrazo sincero.
-¡Mithduil! ¡Que bueno verte sana y salva! –sonrió y volvió a abrazarla- ¿Y Legolas? ¿No estaba con ustedes?
-Sí, pero se fue a Rivendell, nos escribió esta mañana, está bien allí.
-¡Que alivio! Temo que mi carta no llegó aún.
-Deberías utilizar a Elin, ese pajarito es muy rápido –lanzó un silbidito al aire y el pequeño tero se posó en su hombro, sin saber de dónde había salido –Te presento a Anne, quizá necesite enviar unas cosas, ¿podrías hacerlo? –el pajarito inclinó la cabeza para saludar a la muchacha que miraba sorprendida.
-Un placer señora, por supuesto –a Anne los ojos parecían salírsele de las órbitas.
-Elin, vamos a irnos de Bosque Negro, y puede que te necesitemos en la guerra que viene; ¿estás dispuesto a estar de nuestro bando? –el pajarito hizo una reverencia solemne.
-Por supuesto, mi señora –entonces se despidió y se perdió en el aire tan rápido como había aparecido.
-Listo, vendrá cuando lo llames. De verdad que es un mensajero increíble –Mithduil sonrió.
-¿Cómo es eso de que van a irse de Bosque Negro? ¡Pero si acaban de llegar! –la rubia volvió a sonreír.
-Sólo tengo una corazonada, ya vas a ver. –Y no había terminado de hablar cuando vieron a Danuin avanzando hacia donde estaban ellas a paso acelerado, echando chispas por los ojos, enojado como pocas veces lo había visto. Empezó a gritar frenéticamente, fuera de sí; pero Mithduil seguía tranquila.
-Tenemos que irnos, nos está echando, ¡el muy hijo de puta está echando a su propio sobrino! ¡Total si Saruman nos encuentra no importa, sólo le importa su muralla! ¡Hijo de puta, forro! –ella le sonrió y lo envolvió entre sus brazos ante la mirada incrédula de Anne, quien no podía creer lo que oía. Le susurró algo al oído y Danuin se tranquilizó un poco. Saludó a Anne con un gesto educado y volvió al palacio, seguía muy enojado. Mithduil le dedicó una mirada a Anne y volvió a sonreír.
-Te lo dije –rió un poco.
-¡Oye que no es gracioso! ¿Cómo es que Thranduil los va a echar? ¡Ya mismo voy a hablar con él! –pero la rubia tomó a su amiga de la mano y la retuvo.
-No hay problema, era obvio que esto pasaría –hizo una pequeña pausa- ¿me ayudarías con mi equipaje? Puedo explicarte en el camino –Anne dudó un momento, pero la siguió.
-Vale –mientras comenzaron a caminar hacia las habitaciones, donde la mujer se sorprendió de que la elfa tuviera todo casi listo para su partida.
-No dudes de tu suegro, que no por nada es el rey de esta bella ciudad –Anne se mostró aún más desconcertada, ¿cómo estaba defendiendo a quien los echaba?- Lo cierto es que a un verdadero líder no debe temblarle la voz si debe hacer sacrificios para proteger a su pueblo.
-¿Aunque ese sacrificio sea su propio sobrino?
-Exacto –asintió Mithduil- además, Danuin es un desertor, el único que lo quiere acá es Legolas, y como no está entonces el rey tiene carta blanca para hacer con nosotros lo que quiera.
-¿Y si sabías que iba a echarlos para que aceptaste venir? –la rubia se encogió de hombros.
-Tenía que venir a buscar mi equipaje –rió sonoramente- pero hablando en serio, Danuin necesitaba darle la oportunidad a su tío de protegerlo, pero una vez más le dio la espalda. No es nada nuevo, la verdad.
-Sabías que iba a salir herido, ¿por qué lo dejaste hacerlo? ¿No lo amas? –Mithduil le dedicó una mirada firme, como si hubiera preguntado una estupidez y tuviera que reprenderla, pero siguió calmadamente.
-Claro que lo amo, y por eso no podía quitarle la oportunidad. Él necesitaba saberlo, y ahora ya lo sabe –sonrió un poco- igual siempre puedo curarlo –guiñó un ojo divertida, y Anne comprendió a qué se refería.
-¿Y a dónde van a ir? –inquirió la morocha.
-A buscar al mejor amigo de Danuin, un rey que le confió todo su ejército por muchos años y se dejó guiar a grandes victorias. Para defendernos necesitamos un lugar donde tengamos un ápice de poder, y acá nadie nos da ni la hora –volvió a reír.
-¡Que no es gracioso! ¿Y dónde?
-¡Vamos a Rohan! –se dirigieron juntas a los establos, donde Danuin ya las esperaba desde hacía varios minutos, y se dirigieron al más alejado de ellos, que abrieron con su llave. Anne se espantó al ver al wargo, pero pronto comprendió sorprendida que era bueno y dócil. Ya se había enfrentado a ellos en otras ocasiones y ahora podía verlo de una manera diferente, no podía creerlo. Cargaron sus bolsos en las monturas enormes de Federico –Anne pensaba que era un nombre curioso para tamaña bestia- y se subieron juntos a su lomo. Ambos se despidieron afectuosamente de la mujer y prometieron volver a verse, arrancando a toda velocidad; y perdiéndose entre los árboles.
Mithduil dejó que su amado llevara las riendas del wargo; nunca iba a admitirlo, pero le hacía sentir importante llevar el control sea de una montura o de un ejército. Y ahora con su herida de siempre vuelta a abrir necesitaba algunas atenciones como esta, por más pequeñas que fueran. Ella lo abrazó fuerte por detrás, dándole algunos besos pequeños en la espalda y en el cuello y susurrándole al oído que no debía sentirse despreciado, que no era un problema personal lo que su tío tenía con él, que lo amaba y que todo estaría bien. Poco a poco, fue cediendo en su ira y concentró sus sentidos en la aventura que les esperaba, y sobre todo el la compañía que tenía consigo después de tanto.
Buenas tardes! Volví! Espero que les haya gustado este cap. Como hace bastante que no me dejan reviews ahora escribo más lento jajaja. Como esto es una estructura aristotélica en cinco actos, debo decir que se acerca el final del tercer acto y el segundo punto de giro. Más sorpresas! Keep on reading baby! Besoss! :D
