Disclaimer: Los personajes pertenecen a JK Rowling

Belial Master of Death: jajajajja, es cierto, yo misma me desquicié un poco escribiendo lo que pensaba Draco de las mujeres… pero qué esperas? Las utiliza… psss, ya le darán una lección jeje.

Bueno, conste que estoy intentando cambiar a Hermione y hacerla más normal, espero que se note algo T_T. Y ha sido claramente gracias a ti, que evitas que me vaya por los cerros de Úbeda… ¿Qué haría yo sin ti, Belial? xDD

Por cierto, una curiosidad que tenemos yo y una amiga que sigue mi fic, (y por lo tanto lee tus comentarios), de dónde eres? xD (ella tiene la corazonada que de Madrid).

Y muchas gracias, la selectividad al final muy bien, supero por mas de 2 puntos la nota de corte de la carrera que quiero hacer, así que espero entrar.

Y lo del lemon… estoy deseando meter escenas subidas de tono entre estos dos pero claro.. no puedo precipitarme… me siento encadenada a una roca o algo xDDD

De nuevo, gracias por comentar siempre ^o^


CAPÍTULO 12: HUMILLACIÓN

-Joder, que es mañana ya. El tiempo pasa demasiado rápido. –Dijo el pelirrojo compungido.

-Ron, llevas diciendo lo mismo desde hace tres días. –comentó Harry desde la cama.

Estaba tumbado boca arriba mirando el techo mientras Ron se rebozaba por la alfombra haciendo nada.

Habían acordado revisar el plan durante todo el día, y hacia las siete parar y descansar para no agobiarse y dormir bien. Desde luego al día siguiente necesitarían tener sus reflejos al máximo.

Harry se aburría y dejaba que la modorra se apoderase de su cuerpo, pero Ron no paraba de soltar frases que delataban su nerviosismo y preocupación.

-¿Cómo puedes estar tan tranquilo? ¡Vamos a entrar a robar en Gringotts! ¡Con mortífagos!

Lo decía todo con ese tono chillón con gallos tan gracioso que ponía cuando algo le daba miedo (solían ser, como no, arañas).

-¿De qué sirve ponerse así Ron? No pienses en ello y punto, o nos delatarás a todos.

-No es tan fácil. –dijo el chico hundiendo la cabeza en un cojín. Pero Harry tenía razón, por mucha poción multijugos que tomase, seguiría notándose que estaba frenético. Además tenía la teoría de que los mortífagos de alto grado olían el miedo, como los tiburones.


Draco estaba sentado en un sillón pasando hojas de un viejo volumen encuadernado en cuero. No ponía la fecha de edición en ninguna parte, pero el hecho de que estuviese redactado a mano y que sus páginas estuviesen completamente amarilleadas, cuarteadas y pegadas entre si, le indicó que debía ser de antes del siglo XV.

Lo había encontrado en un arcón carcomido por la polilla tras una de las estanterías. En ese libro encontró prácticas oscuras de las que no había oído hablar en su vida: oniromortia, la muerte dormida,...Y otras que conocía, pero no sabía realizar: nigromancia, alquimia, ,… Este tipo de lecturas le apasionaban, definitivamente el dominio de las artes oscuras era una de sus ambiciones vitales.

Hermione estaba sentada en el sofá (en aquel sofá en el que había hecho el amor con Pansy hace unos días) leyendo otro libro. Y de pronto lo dejó caer abierto en sus rodillas.

Él enarcó una ceja, mientras ella lo miraba intentando decir algo.

-No tiene sentido. –es lo único que alcanzó a expresar.

El mortífago no se inmutó, siguió mirándola con el mismo semblante indiferente esperando a que se explicase.

-Quiero decir… ¿una cripta ahí abajo? Lo de las celdas tiene cierto sentido… pero eso... parece sacado de una película de terror serie B.

-¿Has visto el cementerio del jardín?

-No. –reconoció, intrigada.

-Eso es porque no lo hay. –dijo escuetamente, sin aclararle nada a Hermione.

La chica le miró, aguardando la continuación.

-Tú no lo entiendes porque careces de linaje noble, pero las familias de rancio abolengo –Hermione rodó los ojos, irritada por el tono pedante y presuntuoso del rubio- suelen tener cementerios, mausoleos o, menos frecuentemente, criptas para enterrar a sus antepasados.

-Pues para ser tan ricos, la cripta de ahí abajo es bastante… ¿cómo decirlo? Cutre.

-Cuando los Haxley se juntaron con los Parkinson, trasladaron los restos a la otra mansión, dejando esta abandonada.

-¿Entonces quiénes son los fantasmas que andan por aquí? -¿Colaba? Por desgracia no. Draco volvió a su trabajo sin dar señas de haberla escuchado, aunque claramente lo había hecho.

Ambos volvieron a concentrarse en sus libros.

Pero de pronto algo los sobresaltó. Unos tacones subiendo las escaleras.

-¿Draco?

Reconocieron la voz al instante. Hermione puso cara de pocos amigos. Malfoy se sorprendió.

La guapa morena entró por la puerta sonriendo, pero la sonrisa se le congeló en la cara al ver a Hermione Granger sentada apaciblemente en su sofá leyendo un libro de su estantería. (No hay que olvidar que la casa entera con todo lo que contenía era de su familia).

-¿Qué hace ésta aquí? –Preguntó con un profundo desprecio nada disimulado.

Draco suspiró con resignación. Qué pocas ganas de contarle a Pansy toda la historia. Se levantó y la cogió del brazo, haciendo que lo acompañase hasta el pasillo (la puerta que daba al pasillo era la única salida, por lo que Granger no podría escapar sin que la viesen).

-¿Sabías que los fantasmas pueden abrir puertas Pansy? –preguntó con un deje de fastidio en la voz.

-Claro que abren puertas, ¿de qué te sorprende? –era elemental, fantasmas y poltergeists podían mover objetos de sitio, ¿por qué no iban a abrir puertas?

-¿Puertas cerradas con conjuros? ¿Fermaportus? –añadió sarcástico.

Pansy empezó a comprender.

-¿Que abren…? Nunca lo había pensado. A decir verdad no tenía ni… -entonces se dio cuenta del problema- Toda esta casa está cerrada con conjuros…

-Bingo, y tenemos un par de amiguitos empeñados en que Granger vaya al sótano. También pueden abrirle la puerta de entrada.

-Por eso la estás vigilando… -asintió Pansy comprendiendo- ¿Averiguaste..?

-Todavía no. De todas maneras creo que estoy cerca.

-¿Cerca? ¿Pero ella no te ha dicho nada verdad?

-Ni una palabra.

-Genial. –sarcasmo- Aún por encima tienes que hacer de niñera…

-No creas que me hace ilusión, pero ¿qué otra cosa quieres que haga? –expresó molesto.

-Bueno… En realidad ella no es del todo indispensable…–Draco vio por donde iban los tiros. Pansy sí que odiaba a Hermione con toda su alma, estaría encantadísima al deshacerse de ella. Como Draco al segundo y tercer año en Howarts, cuando no le hubiese disgustado que la sangresucia apareciese muerta.

Pero ahora era distinto. Granger tenía los días contados, era un hecho. Y su asesino sería él. Quería serlo. Y sin embargo todavía no era el momento. Si la matara ahora, algo quedaría a medias. Algo parecido a tirar un yogurt antes de terminarlo.

-Cálmate Pansy, no fuerces esa cabecita tuya. Déjamelo a mí, lo tengo todo bajo control.

Pansy frunció el ceño pero no le llevó la contraria.

-¿Cómo es que estás aquí? –preguntó para cambiar de tema.

-Sólo tengo una hora, hice un trato con Nott. Ayer salió él, hoy era mi turno. Quería verte. Pensé que estarías muy solo. –el tono meloso de siempre. La veía venir de lejos, el problema es que no podía tirarse a Pansy con Granger ahí.

No podía encerrarla en la habitación contigua porque le podían abrir la puerta. No podía encerrarla en ninguna parte. Mierda, se iba a quedar sin polvo por culpa de esa sangresucia… O no… Tal vez…

Sonrió con malicia. Sí, podía ser una buena opción. Y bastante retorcida, lo que lo haría todo más divertido y excitante.

-Pansy, sube…

-¿Cómo vas a hacer con..

-Sube, sé lo que hago.

Pansy le obedeció. Ya podía caerse el cielo, que si Draco decía que controlaba la situación ella estaría tranquila. Esos días sin él se habían hecho una eternidad. Podía encandilar a casi cualquier otro mortífago, ahora ya no tenían miedo de Draco porque era un fugitivo. Pero no quería hacerlo, lo necesitaba a él y sólo a él. Era el único hombre que había conocido que podía hacerla temblar de excitación, y al único al que permitía que la mangonease. Porque eso hacía, la utilizaba cuando le convenía y después pasaba de ella. Pero Pansy lo tomaba como el precio que tenía que pagar por estar con él, lo que se llama "coste de oportunidad".

Además ahora que no podía salir de esa casa, tampoco podía estar con más mujeres, como acostumbraba. Era sólo suyo.

-Granger, ven aquí.

Ella se limitó a mirarle por encima del libro con desconfianza.

-Puedes llevar el libro.

Hermione se tranquilizó un poco. Si podía seguir leyendo es que no iban a hacerle nada raro. Siguió a Draco y a Pansy escaleras arriba. ¿Para qué rayos querían ir a la habitación, si era más pequeña que el salón, y había menos sitio en donde sentarse?

Una vez dentro, Pansy se sentó en la cama. Por su expresión dedujo que estaba tan perdida como ella.

Entonces Malfoy la cogió por el antebrazo y la arrastró por la habitación.

-¡¿Pero qué haces? –exclamó indignada, pugnando por soltarse de la garra que la tenía presa.

Vio que Draco la llevaba hasta el baño.

-¡¿Malfoy qué demonios estás…

En ese momento la empujó bruscamente adentro, soltándola.

-Siéntate ahí quietecita y sigue leyendo. –ordenó con expresión seria antes de cerrar de un portazo y rematar con un hechizo.

Pansy comprendió al instante. Por mucho que le abrieran la puerta no podría escapar, tenía que pasar forzosamente por la habitación.

Draco la miró y empezó a aflojarse la corbata (aunque no estuviese en ningún lugar público le gustaba ir bien vestido siempre).

-¿Dónde habíamos quedado la última vez Pansy?

Ella se desabotonó la blusa dejando a la vista un sujetador negro de encaje que realzaba sus encantos.

-Buena chica. –dijo con una media sonrisa.

Pero en ese momento unos golpes los interrumpieron.

-¡Maldito seas, DÉJAME SALIR!

¿Sería posible que la hubieran encerrado en el baño para hablar de sus cosas? ¡No pensaba sentarse en el wc a leer! La situación era humillante. Pero no se lo pondría tan fácil, iban a ver quién era Hermione Granger. Siguió aporreando la puerta con todas sus fuerzas. Así por lo menos no podrían hablar tranquilos.

-¡¿Qué mierda quieres? –Oyó gritar al otro lado de la pared.

-¡Déjame salir!

-¡Ahora corriendo, no te jode!

-¡Gritaré hasta que lo hagas, no pienso parar!

-¡Pues quédate sin voz!

De solo escucharla se había puesto furioso. Maldita sangresucia, no le importaba que chillase, pero el ruido de los golpes era infernal. Se iba a enterar.

Metió la mano bajo la falda de Pansy y le bajó la ropa interior de un tirón.

Pansy ahogó una exclamación y Draco la arrojó contra la pared, colándose entre sus piernas. Antes de que ella pudiese siquiera hablar, él ya se había ocupado de impedírselo con un ardiente beso.

La cogió por los muslos sin dificultad alguna, colocándola sobre su cadera.

La mortífaga sintió la fría mano de Draco en su espalda, mientras la izquierda la sujetaba. Con un ágil giro de muñeca le desabrochó el sujetador, y los pálidos dedos agarraron el seno izquierdo de la mortífaga, acariciándolo y oprimiéndolo a partes iguales.

Las esbeltas piernas de Pansy lo rodearon con fuerza. Adoraba que fuese tan dominante, tan pasional.

Draco llevó una mano a sus pantalones y los desabrochó, dejando que apareciera cierta parte de su anatomía.

La penetró de golpe con fuerza, arrancándole un gemido que pareció más un grito ahogado.

Por un momento Hermione dejó de golpear. ¿Qué estaba pasando?

Otro gemido.

Y otro.

Eran rítmicos. La castaña, que al principio estaba perdida, empezó a comprender.

¡Será… asqueroso!

Pues no pensaba acobardarse por lo que estuvieran haciendo ese par de sinvergüenzas libidinosos. Ahora, cansada de dar puñetazos, empezó a dar patadas.

Draco se enfureció más al ver que la chica reanudaba sus golpes.

Embistió a Pansy contra la pared, con mucha más fuerza.

Patada.

Embestida.

Patada.

Embestida.

Pansy estaba encantada con la fuerza y el aguante de Draco. Además cuando se enfadaba y ponía esa expresión entre cabreo y soberbia estaba increíblemente sexy.

Hermione estaba harta, dar patadas y puñetazos a una puerta cansaba lo suyo. Además se moría de la vergüenza en semejante situación. Prefería que le hubiese lanzado otro Desmaius, con golpe incluido, pero no eso. Sabía que lo había hecho a propósito. Estaba iracunda.

Al fin se escuchó un gemido más agudo e intenso que los anteriores, y silencio.

La castaña, agotada y sudando, dejó de dar golpes al escuchar que los otros dos paraban. Se dejó caer al suelo y se abanicó con la mano.

Draco llevó en volandas a Pansy y la dejó en la cama. Pero cuando se estaba subiendo los pantalones, volvió a escuchar "Pum".

-¡QUE ABRAS LA CONDENADA PUERTA, MALFOY! –Hermione ya había descansado suficiente y volvía a gritar. Estaba verdaderamente cabreada, ¿cómo se había atrevido a ignorarla y hacerlo con Pansy al otro lado de la pared? ¡Era un completo desvergonzado, un imbécil, un canalla!

Alohomora

Abrió la puerta de un empujón y se encontró con los ojos brillantes y furiosos de la castaña.

-¡Deja de gritar de una puta vez si no quieres que te dé motivos para hacerlo! –amenazó. Todavía llevaba la camisa abierta.

Pero Hermione no se acobardó, todo lo contrario.

-¿Pero qué dices, idiota? Tengo motivos de sobra, ¿te parece normal hacerme esto? ¡Has perdido la cabeza!–indignadísima estaba.

Draco la miró con desprecio. Odiaba esa mirada reprobatoria, le recordaba a Mcgonagall.

-No lo acabas de captar. Eres una prisionera. Y antes de eso, una sangresucia. Puedo hacer contigo lo que me de la gana, cualquier cosa. Deberías dar las gracias por estar ilesa.

A la castaña le rechinaban los dientes de rabia. ¿Cuántas veces le habría repetido las mismas palabras? "Antes de eso, una sangresucia"

Pues ahora le apetecía poner los puntos sobre las íes.

-Te equivocas, ante todo soy una persona, exactamente igual que tú. –Ignoró la mueca de disgusto del mortífago y continuó- La diferencia estriba en que uno de los dos está prisionero, pero no soy yo. –Draco alzó una ceja con escepticismo- Con esto quiero decir que eres un maldito niño mimado, papá te compraba con regalos porque no te quería, y para ganarte su aprecio te has dedicado toda tu triste vida a repetir los mismos insultos y enseñanzas elitistas, convirtiéndote en una copia barata, aunque no por ello menos despreciable, de Lucius Malfoy. Ahora eres esclavo de todos tus prejuicios y te pesan más que si llevaras una roca en la espalda. ¿Y sabes lo peor? Que en el fondo no te sientes superior a nadie, al contrario, te das asco a ti mismo.

Finalizado el discurso, respiró. Curiosamente se sentía más tranquila al desquitarse con él, y no sabía si eso era bueno o malo.

-Oh, ¿Quieres jugar al psicoanálisis? Te informo de que…

-Draco, me voy en media hora… -recordó Pansy, molesta. La tremenda estúpida de Granger le estaba quitando su tiempo de estar con su novio.

El rubio cerró los ojos y respiró hondo para calmarse. Miró hacia la puerta, luego a Granger, y tomó una resolución.

-Seguiremos más tarde con esta charlita, ahora estoy ocupado.

Se inclinó para arrancar varios trozos de papel higiénico, (no era difícil imaginarse para qué) y salió dando un portazo tal que tembló la pared del baño.

Unos segundos después habían vuelto a la carga, pero Hermione permaneció callada. Se sentó en la taza del wc y se tapó los oídos. Era bastante desagradable. Muy desagradable.

Además se le había formado un nudo en el estómago que cada vez se hacía más apretado. Le molestaba una barbaridad que se estuviesen acostando, se sentía extraña. ¿Extraña? Querrás decir celosa.

¡Menuda barbaridad! Celosa… esa afirmación carecía de fundamento.

Miró la ventana. Se levantó, la abrió y se asomó. Como era invierno se hacía de noche temprano, y el cielo estaba ya cubierto de estrellas. Se estaba congelando, pero asomada fuera oía el viento y las hojas de los árboles chocando entre sí. Claramente, los ruidos de la naturaleza eran mil veces preferibles a los gemidos de Parkinson.

Al cabo de unos minutos hacía tanto frío que se le puso la piel de gallina y su cuerpo empezó a temblar, pero no le importó.

Estaba pensando. En sus padres, en sus amigos…

Ojalá pudiese volver atrás en el tiempo. En su casa, sin Voldemort acechando, sin que nadie la despreciase por su sangre, sin… toda esa porquería de la que se había ido llenando su vida.

De pronto la asoló la angustia y se vino abajo.

Quería volver con Harry y Ron.

Ron.

Ron la quería. La quería por cómo era, la quería con sus manías, con sus aficiones, con su sabelotodonería…

Lo echaba de menos.

Se sentía sola, humillada, utilizada. Si Ron pudiese estar allí y abrazarla, tranquilizarla, hacerla sentir bien de nuevo…

El temblor del labio inferior la alarmó. No se podía poner a llorar ahora. Había aguantado todo ese tiempo, no iba a sollozar como una niña pequeña, y menos sabiendo que Malfoy y Parkinson estaban al otro lado de la puerta.

Pero el tembleque del labio se volvía más rápido, y la vista comenzó a nublársele con las lágrimas que acudían a sus ojos sin que pudiera evitarlo.

Entonces un sonido a su espalda la sobresaltó. Se giró y vio la puerta del baño abierta de par en par. Parkinson se había marchado.

Con el susto, el agua que tenía acumulada en las cuencas se había condensado en dos lágrimas que cayeron sobre sus mejillas, pero se apresuró a limpiarlas. Ya bastaba de lamentaciones.

Salió y encontró a Malfoy sentado en el sillón, vestido con los pantalones de traje y la camisa blanca que llevaba antes, ahora cerrada, pero sin la corbata.

-¿Ya te has serenado o te vas a poner a chillar de nuevo? –preguntó él con los labios contraídos en una mueca de repulsión.

-No soy la única que gritaba. –observó Hermione sagaz.

Pero Malfoy no se quiso dar por aludido, y sonrió peligrosamente.

-Cierto, Pansy gritaba bastante también.

La castaña chasqueó la lengua, molesta, y miró a otro lado. La verdad es que le había puesto la frase en bandeja.

-Continuaré con lo que te estaba diciendo, Granger. A mí también me apetece decirte un par de cosas sobre tu personalidad.

-Oh, ilústrame. –replicó sarcástica.

-¿Con que yo me odio a mí mismo , eh? –Hermione asintió con gravedad- Pues te informo de que tú no estás en una situación muy distinta, Miss rata de biblioteca. Lees y te esfuerzas tanto en destacar intelectualmente porque te sientes i n s e g u r a . Los libros no juzgan, son la guarida perfecta. Pero aun así eres consciente de que mientras tú te escondes detrás de pilas y pilas de papel y tinta, el resto vive la auténtica realidad. Tú no puedes porque tienes miedo, miedo a la vida. Nunca dejarás de ser la misma patética sangresucia que teme ser juzgada, engañada, traicionada, utilizada…-enfatizaba cada una de las palabras con una mueca de desdén en el rostro.

-¿Yo soy patética? –lo interrumpió- ¿Y quién me lo dice? El mortífago fugitivo que se esconde en casa de una novia a la que sólo soporta por el sexo. Hasta tus propios padres reniegan de ti, no te queda nada. Tendrás suerte si sales vivo de Inglaterra. Y aun así, si Quien-tú-sabes vence, ¿cuánto tiempo crees que llegarán a buscarte al recóndito lugar del mundo al que hayas emigrado? Por el contrario, si Quien-tú-sabes cae, el ministerio te encontrará, te encerrará en otra prisión menos lujosa que esta, y cambiará el beso de Parkinson por el de un dementor. El presente se te escapa y tu futuro no existe. ¿Cómo te sientes ahora, Malfoy?

Draco, irritado, se puso en pie.

-Haces bien en imaginar mi futuro, porque no estarás viva para verlo. Tu vida pende de un hilo, y yo ya tengo las tijeras afiladas para cortarlo. Cuando consigas agotar mi paciencia no dudes de que seré yo quién te asesine. Después de tantos años puteándote y deseando tu muerte me he ganado ese derecho. Y no tendré clemencia, seré fugitivo, pero sigo siendo un p u r a s a n g r e, y tú.. un ser indigno e inferior. –acentuó la mueca al pronunciar las dos últimas palabras, y después hizo una pausa, evaluando la reacción de la chica, para añadir por último- Siempre gano, recuerda bien esta frase, porque será la última que oigas en tu miserable vida.

El cuerpo de Hermione temblaba de rabia. ¿Cómo podía ser tan.. tan hijo de…? Algo le oprimía el pecho, una sensación de desasosiego inefable. No se esperaba palabras tan duras, tan directas, como la luz blanca de una lámpara de neón en una sala de autopsias.

No había nada que responder ya, no valía la pena.

Draco vio cómo la castaña daba media vuelta para meterse en la cama. No habían cenado, pero no le apeteció recordárselo.

Se colocó de espaldas a la cama y se desvistió. Sabía que Hermione no estaba mirando, probablemente tendría la cara enterrada en la almohada. Volvió a ponerse su pantalón de pijama de seda negra y se acostó al lado de la chica, que estaba de nuevo pegada al borde, a punto de caerse para evitar el riesgo de chocar con él.

Pero Draco no quería dormir aún.

-Qué digna, retirándose sin perder el tiempo en responder a las provocaciones. –dijo sardónico.

No hubo respuesta. No le extrañó. Pero no contento con la situación, continuó.

-Dime, ¿Cómo te sientes ahora, Granger? –preguntó arrastrando las palabras. Estaba repitiendo la misma fórmula que ella unos instantes atrás. "¿Cómo te sientes ahora, Malfoy?"

Hermione, que había decidido ignorarlo, se desquició tanto con la pregunta que al incorporarse y girarse casi le da un manotazo en plena cara.

-¿Qué cómo… que cómo me siento? ¿No eres tan experto en mi personalidad y mis razones? ¿por qué no lo adivinas? Pero para no dejarte con la duda, te diré que me siento como siempre que estás cerca, sucia. Eres un auténtico especialista en hacerme creer que soy lo más bajo y despreciable de este mundo. Supongo que siempre fue tu pretensión.

Tras la gruesa capa de irritación y enfado, estaba dolida, pero él no se inmutaba y seguía hablando con la frialdad que lo caracterizaba.

-Ajá, parece que cumplo bien con mi cometido. Aunque me sorprende tu relativa tranquilidad. Tu reacción fue más exagerada cuando te encerré en el baño. –dejó caer, suspicaz.

-Sí, entonces todavía pensaba que se podía razonar contigo. Ahora lo doy por imposible.

Hermione se disponía a volver a su posición de dormir, pero Draco quería seguir hablando. Digamos que se sentía más tranquilo –menos culpable.

-¿Por qué debería importarme tu vida? Estoy dispuesto a escucharte, es una oportunidad inimitable. -¿A qué demonios venía esa pregunta?

-Sí, lástima que vaya a dejarla pasar.

-Con qué rapidez te rindes, es francamente decepcionante.

¿Qué intentaba, apelar a su orgullo para que le siguiese la corriente? De eso nada.

-No Malfoy, llevo varios años intentando hacerte comprender que vives en un mundo paralelo, pero te resistes a entenderlo.

-Mundo paralelo… díjole la sartén al cazo… Doña idealista que se las da de valiente y segura y luego se esconde tras los libros.

-No me las doy de valiente, actúo como me dicta mi razón.

-¿No te las das de valiente cuando defiendes a los débiles? ¿a otros sangresucia? ¿a los elfos domésticos? ¿al patán del guardabosques? Tu razón no te impulsa a hacer eso, lo hace el sentimiento. Los defiendes porque tú te sientes una de ellos. En realidad intentas defenderte a ti misma.

-Mis motivaciones para hacerlo no cambian la validez de mis argumentos.

-Cierto, tus argumentos no son válidos de por sí…

- Ya te he dicho que no pienso discutir más. Si no puedes dormir llama a Parkinson de nuevo a que te calme.

El tonillo rencoroso fue más evidente de lo que Hermione hubiera querido., haciendo aparecer una maliciosa sonrisa en la cara del rubio.

-¿Celosa, Granger?

-¿De Parkinson? En realidad me da bastante pena. Está visto que para ella eres como un dios y lleva pegándose a ti como una lapa desde primer curso mientras tú ligas con otras. Me pregunto dónde habrá quedado su dignidad, si alguna vez la tuvo.

-¿Con otras como tú, no? –punzó.

Pero Hermione ya estaba inmunizada contra esa clase de reproche, y aprovechó sus conocimientos sobre el chico para declarar:

-Sí, y creo que puedes sentirte honrado porque te haya hecho algo de caso, da las gracias a tu insistencia.

Premio.

La dilatación de las aletas de la nariz del rubio le confirmó que había conseguido dar en el blanco.

-¿A mi insistencia? Claro que sí, la generosa Granger se ha dignado a darme uno de sus torpes besos, qué honor. –el sarcasmo era obvio- Admite que siempre te has sentido atraída por mí y lo intentas disimular porque yo te desprecio y humillo una y otra vez. La prueba está en que en cuanto finjo que me interesas un poco, te olvidas de todos los años de desplantes y caes rendida a mi pies.

-¿Rendida a tus..? ¡Eres tú quien lleva días acosándome!

-Pobrecita. –escupió ácido- ¿Quién no me quita la vista de encima cuando voy sin camisa? ¿Quién se sonroja cuando la miro? –el tono de su voz se volvía cada vez más agresivo- ¿Quién tiembla cuando la beso? ¿Quién se pone frenética cuando me follo a Pansy? Dices que ella no tiene dignidad, pero te mueres por ocupar su lugar.

A la castaña se le desorbitaron los ojos, le daban ganas de matar a Malfoy. Se levantó de la cama con el corazón a cien.

-¡Esta conversación es ridícula! ¡Tú me odias y yo te desprecio, y nunca, tenlo claro, nunca dejaré que me toques!

-¿Apostamos? –Dijo entre altanero y airado.

-Estaría loca si apostase con un tramposo cobarde como tú.

-Ya, yo soy el cobarde…-dijo con desdén.

-Sí, lo eres. Eres cobarde porque en el fondo no crees una maldita palabra de lo que dices. Porque sabes que la mitad de las cosas en las que crees son ridículas, pero no te atreves a cuestionarlas, ni siquiera ahora que dejan de beneficiarte…

-¿Cómo osas, asquerosa sangresucia? No me conoces en absoluto. –la interrumpió arrugando los labios en señal de profundo menosprecio.

-No hace falta conocerte en profundidad para darse cuenta de eso. Siendo sincera, no me pareces inculto ni estúpido. Me atrevo incluso a decir que eres inteligente, pero te han comido el tarro desde pequeño.

-¿Y no contemplas siquiera la posibilidad de que seas tú la equivocada? Un poco hipócrita por tu parte. –dijo sarcástico.

-No. La explicación es sencilla: yo tengo argumentos inteligentes y tú no.

-Aristóteles también tenía "argumentos inteligentes" para demostrar la inferioridad del género femenino, y apuesto a que no estás de acuerdo con eso.

-Touché. Los genios con prejuicios son peligrosos porque pueden convencer al resto de que dichos prejuicios son racionales. Pero la idea de igualdad entre hombres y magos no nace del prejuicio, por lo tanto, sigo teniendo razón.

-En absoluto. Nace del prejuicio de los inferiores hacia sus superiores, es decir, del resentimiento y el miedo. Mira, va perfecto con tu perfil: resentida y deleznable.

-Muy nietzscheano, pero incorrecto. Partes del punto de que hay una clase superior y una inferior, lo cual todavía no has demostrado. Tómame de ejemplo si te place, no me considero peor bruja que ningún sangre pura que conozca.

-Lo tienes delante.

-Vamos Malfoy, sabes que no soy peor bruja que tú. Podrás dominar todos los hechizos de magia negra que quieras, pero en el resto te supero. No tienes más que comparar los expedientes académicos.

-Eso no quiere decir que seas mejor bruja, simplemente eres todo libros. –dijo restándole importancia.

-Cierto es que leo mucho, pero no por ello mi habilidad natural es menor.

-Eso no significa que tengas razón, simplemente no se puede saber.

-No, no se puede saber. No hay evidencias que prueben nada, lo que nos lleva a que tu obstinada postura discriminatoria es absurda y carece de fundamento. –concluyó con una amplia sonrisa en su cara.

Jaque mate. Malfoy no pudo contraatacar. Rodó los ojos, muy molesto.

-Zorra. –musitó entre dientes.

-No, Parkinson no está. –replicó sagaz la chica.

-Me refería a ti, Granger. Pansy no se acuesta con más hombres que yo, es sólo para mí. En cambio tú besas al primero que muestra interés.

-Eso no es cierto, beso a quien me g… -estranguló la frase antes de terminarla. Mala respuesta, debía haberla pensado mejor.

-¿Que besas a quien te… gusta? –remató él con una sonrisa de triunfo – para que luego lo niegues…

-No hablaba de ti, ni en broma. Lo dije porque ni siquiera me acordaba de haberte besado. –se defendió, sonrojándose ligeramente al decir en alto la segunda frase.

-Mientes de pena. –se burló.- Te repito que soy consciente de que te he gustado siempre, -afirmó con lentitud, aproximándose a ella- de que estás celosa de Pansy –seguía acercándose mientras ella le daba la espalda- y de que estás deseando que me acerque a ti. –concluyó, susurrando en su oreja.

La chica se estremeció para sus adentros, pero se esforzó en que su voz aparentara seguridad cuando le dijo:

-Creo que un torposoplo está cortando las pocas conexiones neuronales que te quedan, mejor vete a dormir.

Al no escuchar nada en respuesta ni percibir movimiento alguno, giró la cabeza noventa grados para verle la expresión. La miraba en silencio, los ojos transmitían una rabia contenida que los hacía brillar en la penumbra, y daba escalofríos.

Hermione rió en su cara, no con engreimiento, como él, sino con sarcasmo.

-¿Qué, molesta que no te de pie a que me violes?

Malfoy también se rió, él con arrogancia.

-¿Violarte? No se llama así cuando estás deseando que lo intente. Otra cosa es que quieras evitarlo porque te sientes c u l p a b l e. ¿No es lo que te pasó la última vez? Estoy seguro que juraste y perjuraste que no volverías a caer en la tentación. Pero recuerda que recrear escenas subidas de tono conmigo en tu imaginación también es pecar…también es traicionar a tus amiguitos… a tu asquerosa familia muggle…a todos…especialmente a la comadreja. Igual que desear que te tome a la fuerza, porque en algún lugar recóndito de tu subconsciente es lo que esperas que haga… todo sería mucho más sencillo, podrías disfrutar y que toda la culpa recayese en mí, ¿verdad?

Ella parecía a punto de tirarse de los pelos.

-Por Merlín, ¡eres insufrible! ¡No aguanto tu maldita vanidad!

Malfoy disfrutó enormemente al desquiciarla. Se levantó con tranquilidad y pronunció lenta y claramente:

-Te vuelve l o c a .

Los ojos de la chica se volvieron dos candentes rendijas, y bufó con furia, casi gruñendo.

-Pero lo lamento, no pienso cumplir tus deseos. Confío en que de un momento a otro me suplicarás que me acueste contigo para saber de una vez por todas lo que es un hombre. Eso es lo que quiero, que te doblegues ante mí. ¿Y sabes lo que pienso hacer después de follarte? Guardaré el recuerdo en un pensadero y se lo enseñaré a la comadreja, a lo mejor aprende y te hago un favor. –siseó venenosamente.

Las mejillas de la castaña ardían de ira. Avanzó hasta él y le cruzó la cara de una sonora bofetada, aunque el mortífago no mostró señal de dolor.

El tiempo pareció detenerse para ambos.

Tras unos instantes de estatismo y silencio, Malfoy clavó su fría mirada en los ojos de Hermione.

Pero la cólera había desaparecido de ellos, siendo reemplazada por… ¿qué? ¿Qué era aquella extraña mirada, aquella expresión? Lo más parecido que se le ocurría era tristeza. O lástima. Seguramente una mezcla de ambas.

-¿Dejarás de fingir algún día? –la fuerte voz de hace unos instantes se había vuelto un susurro. Un débil susurro que impactó en su cabeza como una granada. Esa misma pregunta se la había hecho él bastantes veces últimamente.

Lo lógico sería que a continuación Malfoy se la hubiese devuelto, o le hubiese hecho pagar su insolencia de alguna otra manera.

Sin embargo, los cálidos ojos castaños lo estaban aplacando. Su mente se quedó en blanco. Cuando un actor sobreactúa, el público analiza con más rigor el guión, descubriendo cada error, desenmascarando la ficción.

Es lo que Hermione había estado haciendo, leer directamente en el interior de Draco.

Él sonrió. Una sonrisa tan extraña como la mirada de Hermione. Una sonrisa rota que no le había visto antes.

-Nunca.

El misterio que era Draco Malfoy se había ido aclarando parcial y ligeramente ante sus ojos. No era gran cosa, pero sí más que antes. Ahora estaba segura de entenderlo. Al menos una parte. Llevaba días observándolo, analizándolo, intentando ponerse en su lugar.

"Porque yo ya no soy yo, ni mi casa es ya mi casa", decía Lorca en ciertos versos que ahora asociaba con el rubio.

Porque Draco Malfoy sin todos sus prejuicios, sin toda su oscuridad, sin toda su crueldad, ya no sería Draco Malfoy.

¿Cómo iba a poder enfrentarse a ser alguien y no serlo al mismo tiempo?

¿Cómo iba a poder tirar toda su vida, todas sus creencias por la borda, por un giro de la ruleta de la fortuna que es el destino?

No podía. Sus ideales se habían vuelto viejos y desteñidos, con grietas por doquier. Pero eran lo único que tenía.

El hombre es un animal de costumbres, y cuando las cosas cambian la reacción instintiva e instantánea es el miedo. Y el miedo lleva a la violencia, a la lucha por volver a la normalidad.

Hermione lo había comprendido desde hacía un tiempo, y él lo sabía. Había intentado por todos los medios hacerle creer lo contrario, que él seguía siendo un firme defensor de la causa de los mortífagos, que no albergaba vacilación alguna. Pero ahora no podía engañarla.

No hacían falta más palabras. Se miraron en silencio, se miraron por primera vez.

Draco miró por primera vez a Hermione, en lugar de a la sangresucia comelibros, y Hermione miró por primera vez a Draco, no al mortífago egoísta y déspota.

Ahora no había soberbia en sus ojos, sino una prudente quietud. Porque no quería castigarla, pero tampoco dejarla libre. No quería hablar de nada, pero tampoco permanecer así. Hermione percibió que el joven estaba flotando como un corcho entre un furibundo oleaje de dudas.

Y fue ella, por propia voluntad y en sus cabales, la que se acercó a él.

La que le agarró la fría mano, algo intimidada por su difícil mirada… tal vez él la apartaría con brusquedad y se burlaría de ella, en otro intento por aparentar que nada ocurría, que siempre sería el mismo, que ella estaba loca si creyó ver algo diferente…

Pero en lugar de ello el rubio se quedó inmóvil siguiendo los movimientos de Hermione, que entrelazó los pequeños y cálidos dedos con los suyos. Que acarició con su mano temblorosa la mejilla que acababa de abofetear. Que le miró con sus grandes ojos brillantes. Que tragó saliva nerviosa mientras se mordía el labio inferior con los blancos dientes. Que posó sus labios en los de él dulce y cálidamente.

Eso es lo que Draco había estado esperando, que ella viniese a él, pero no así, no de esta forma piadosa. Prefería mil veces el puñetazo que la chica le había asestado en tercer curso.

Había creído que la castaña se rendiría a la pasión y a sus instintos más primarios, pero en lugar de eso había combatido incansable, desarmándolo con cada palabra. Y ahora estaba haciendo lo peor que podía imaginar: darle el toque de gracia.

Es como cuando tu enemigo consigue hincarte la varita en la nuez, y en cuanto cierras los ojos para recibir a la Muerte con dignidad, el verdugo decide en su magnanimidad perdonarte la vida.

Y no sientes gratitud, apenas alivio, tu cuerpo permanece preso de varias sensaciones análogas que se pueden resumir una sola: humillación.


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