Capitulo 12
Al finalizar su horario de trabajo, Candy se dio cuenta de que las cosas no habían sido demasiado malas. Si bien era cierto que no había comenzado muy bien, contaba con el apoyo de Terry y Susana, y eso era suficiente por el momento.
Estaba recogiendo sus cosas cuando Terry salió de su oficina.
- Vamos – Le dijo – Te llevo a casa.
- No es necesario – Le contestó ella mientras se ponía su abrigo – Tomaré el autobús.
- Sabes que no es necesario...
Candy lo pensó bien ¿Qué había de malo si Terry quería llevarla a su casa? Probablemente no se vería bien ante los demás empleados pero qué más daba.
- De acuerdo.
Se dirigieron juntos hasta el subsuelo donde Terry había apartado su Ferrari. Afortunadamente, eso la había librado de cruzarse nuevamente con el guardia de seguridad que la había retenido en un primer momento.
Terry le abrió la puerta del copiloto para que Candy se sentase y luego se subió él.
- ¿Tienes que pasar a buscar a Holly? – Le preguntó mientras salían del edificio.
- No, Holly salió de la escuela hace dos horas... Jaz se encargó de recogerla.
- ¿Y has tenido noticias de Albert?
- Aún no – Pero después de aquella tarde, no podía dejar de sentir temor, sobre todo por la manera en que Albert había tratado a su hija.
- En dos días es la citación del juzgado, supongo que no volverá a aparecer hasta entonces.
- Eso espero, no quiero que vuelva a ver a Holly. Estoy segura de que Albert jamás sería un buen padre para ella – Se quedó unos segundos en silencio y se mordió el labio con nerviosismo - ¿Crees que... crees que un juez pueda darle la custodia de Holly a ese hombre?
- ¿Por qué piensas eso?
- No lo sé... Albert tiene dinero y contactos.
- Y tú me tienes a mí – Sonrió él – No dejaré que te quiten a tu hija.
- Gracias, Terry... por todo lo que estás haciendo.
¿Cómo iba a hacer ahora Candy para no enamorarse de ese hombre? Nunca nadie la había tratado de ese modo, pero Terry era diferente. Al principio había creído que era igual que Albert, que lo único que deseaba era llevársela a la cama, y luego abandonarla como si nada. Pero hasta ahora él no le había pedido nada, solo la había ayudado, y Candy no sabía cómo debía manejar una situación así. Temía enamorarse de Terry, para luego descubrir que jamás podrían estar juntos.
ooo
Albert se encontraba recostado en el diván con un vaso de whisky en la mano, mientras su futura esposa estaba sentada en el escritorio a unos pocos metros de distancia, encargándose de algunos asuntos de la boda, pero Albert no le daba demasiada importancia.
- ¿Qué te parecen las ostras? – Comentó Fiona – Creo que serían la mejor elección ¿Tú qué opinas?
- No me interesa – Contestó él cortante.
Fiona se levantó de su silla y se paró frente a Albert, mirando reprobadoramente.
- Te agradecería que mostraras un poco de interés por la boda. Se trata de nuestro futuro.
Albert también se puso de pie y enfrentó a su prometida.
- Es precisamente por nuestro futuro, querida, que me estoy preocupando – Le dedicó una de sus frías miradas.
- Existen otras alternativas.
- ¡Ya lo hemos discutido!
- Solo creo que la inseminación artificial sería una opción válida.
- ¿Y qué sentido tiene si el niño no lleva mi sangre?
- Nadie tiene por que saberlo.
- ¡Yo lo sabría!
Albert bajó la mirada completamente avergonzado. Fiona comprendió sus sentimientos e intentó consolarlo.
- No es tu culpa – Le dijo con voz cálida. Intentó abrazarlo, pero él la rechazó.
- Continúa con lo que estabas haciendo.
Albert se retiró de la habitación y fue hacia el bar, necesitaba otro whisky.
No soportaba hablar de ese tema, pero habían llegado a un punto en que era inevitable tocarlo. Odiaba sentirse de ese modo, pero afortunadamente a Fiona no le había importado su "problema" y había decidido seguir adelante con los planes de boda ¿Qué derecho tenía él de tratarla de ese modo? Pero no podía evitar sentirse de ese modo cada vez que se tocaba el tema de su infertilidad. Sin tan solo no hubiera tenido ese pequeño inconveniente con Candy...
Flashback
Era un cálido día de verano y Albert había vuelto a Nueva York por las vacaciones. Estaba cursando el primer año de la universidad, pero a diferencia de los demás estudiantes de su clase, Albert aún no había experimentado ese paso de la adolescencia hacia la adultez. Solía saltarse las clases para salir a emborracharse y buscar algunas chicas, y en el verano sus hormonas se multiplicaban.
Caminaba por las calles de la ciudad cuando sin querer chocó con una bellísima joven rubia con adorables ojos verdes. La muchacha evidentemente no pertenecía a la misma clase social que él, y a juzgar por las maletas que llevaba consigo, no tenía a donde ir. Albert vio la oportunidad perfecta para poder calmar sus necesidades.
No le resulto muy difícil hacer uso de todos sus encantos para atraer a la jovencita hacia sus brazos. La muy incrédula había creído en él, y Albert se aprovecharía de eso.
La llevó al apartamento donde se alojaba cuando quería estar lejos de sus padres, y le permitió que se instalara allí, solo como un favor, pero luego comenzó con los coqueteos. Ella cayó rápidamente en sus redes y Albert no dudo en llevársela a la cama, pero grande fue su sorpresa al enterarse de que ella era virgen y que solo tenía 16 años. Podría ir preso por ello, pero como la joven no tenía padres ¿Quién podría denunciarlo? Decidió seguir con esa pequeña aventura, haciéndole falsas promesas que nunca cumpliría. Pero un día, todo se volvió en su contra.
- ¿Qué me estás diciendo? – Le preguntó enfadado.
- Que estoy embarazada – Ella bajó la cabeza avergonzada.
Albert comenzó a caminar de un lado a otro mientras se agarraba la cabeza con desesperación.
- Eso no puede ser cierto. No puedes estar embarazada. Estoy seguro de que use protección siempre que estuvimos juntos.
- Pues falló.
Entonces se acercó a ella y la tomó fuertemente por los bazos, mirándola con tanta furia que asustó a Candy.
- Lo has hecho apropósito ¿Cierto?
- ¡Claro que no! – Intentó soltarse de él.
- ¡Estas mintiendo! Lo único que has querido en todo este tiempo ha sido atraparme para que me case contigo, pero no vas a conseguirlo.
- No es cierto lo que estás diciendo – Le explicó Candy con lágrimas en los ojos – Yo tampoco había planeado convertirme en madre a los 16 años, pero no fue mi culpa.
- ¿Y quién dice que vas a convertirte en madre?
- ¿Qué quieres decir?
- No vas a tener a ese bebé – Le dijo con determinación – Mañana mismo iremos a un doctor para que te lo saque.
- ¿Estás loco? – Espetó Candy con indignación - ¡No voy a abortar!
- Bien – Albert tomó su abrigo y se dirigió a la puerta – Te quiero fuera de aquí para cuando regrese. Llévate todas tus porquerías – Salió del apartamento dando un portazo.
Candy se dejó caer en el sofá totalmente devastada y llorando desconsoladamente, pero no tardo demasiado en reunir sus cosas e irse de allí.
Cuando Albert regresó a su apartamento, no existían vestigios de ella. Se había ido como él se lo había pedido, y esperaba no volver a tener noticias suyas nunca más en la vida. Pero las cosas dieron un vuelco inesperado unos años después, cuando Albert ya estaba preparado para formar una familia.
- Tiene que existir alguna solución – Insistió al doctor que se encontraba frente a él.
- Me temo, señor Andrey, que los resultados de los exámenes son determinantes. Usted ha quedado incapacitado para tener hijos.
Albert se retiro del consultorio con una expresión devastada en el rostro.
Después de haber tenido ese inconveniente con Candy, decidió que nunca más le volvería a suceder algo semejante. Se dirigió a un especialista para que le hicieran una vasectomía, pero años después, cuando había acudido para que lo revirtieran, algo había sucedido mal, y Albert había pasado unos cuantos días internado. A causa de la infección que había sufrido después de la intervención, ya no podría volver a tener hijos.
A Fiona no le había importado, pero Albert necesitaba alguien a quien dejarle sus negocios, necesitaba un heredero, y ese heredero tenía que ser su hijo, alguien que tuviera su misma sangre. Por lo tanto, la única opción disponible era el hijo que había tenido con Candy.
Fiona se enfureció cuando supo la existencia de ese niño, pero luego terminó por entender el punto de vista de su prometido, y aceptó que este comenzara una investigación para encontrarlo.
Esa investigación había dado frutos, y Albert al fin pudo dar con su hijo. El único problema era que se trataba de una niña, pero tendría que conformarse con ello.
En el momento en que decidió presentarse en la casa de Candy, supo que ella no lo recibiría con los brazos abiertos, y que tampoco le permitiría ver a su hija. Pero Albert era el padre y sabía que tenía derechos. Había averiguado todo acerca de la vida de Candy y sabía que tenía un trabajo no muy decente en un bar de mala muerte, cualquier juez le daría la custodia de la pequeña a él, un hombre rico y que estaba a punto de casarse. Con lo único que no contaba era con aquel extraño hombre que decía ser su novio ¿Por qué el investigador que había contratado no le había dicho nada acerca de ello? Aquel hombre, definitivamente estaba lejos de ser un don nadie, y sabía que podía causarle grandes problemas.
Fin de flashback
Albert había creído que sus planes para quedarse con la niña habían dado resultado, pero ahora no estaba muy seguro de aquello. Holly había resultado ser más complicada de lo que había creído, no quería saber nada con él, y eso podría traerle problemas con el juez.
ooo
Candy y Terry llegaron a la casa de ella, y apeas al cruzar la puerta, Holly corrió a recibirlos con un fuerte abrazo.
- ¿Cómo te ha ido hoy? – Le preguntó su madre después de pagarle a Jaz.
- Bien – Contestó Holly, quien estaba más interesada en jugar con Terry que en lo que su madre le estaba diciendo - ¿Sabías que la semana que viene es mi cumpleaños? – Le comentó al castaño.
- ¿Ah sí? ¿Y cuántos años cumples?
- Cinco – La niña le enseño la palma de su mano – Mamá dice que este año podremos hacer una gran fiesta de cumpleaños.
- Una pequeña fiesta, de hecho – Agregó Candy teniendo en cuenta el escaso presupuesto con el que contaba.
- Tal vez pueda ayudar un poco – Dijo Terry.
- Claro que no. Ya nos has ayudado bastante – Se negó Candy, pero Terry se dirigió a la pequeña.
- Conozco un lugar donde celebran fiestas de cumpleaños, tienen un gran parque y ponis para montar. Te gustan los ponis ¿Verdad?
- Si – Dijo Holly con una sonrisa.
Candy no podía creer que Terry no la estuviera teniendo en cuenta en ese tema. Él sabía que podía conseguir lo que quería con tan solo entusiasmar a Holly, y eso era exactamente lo que estaba haciendo en aquellos momentos. Pero en el fondo sabía que lo único que Terry quería era ver feliz a Holly, y ella no iba a culparlo por intentarlo.
- No creo que este bien eso de organizarle una fiesta a Holly – Le comentó Candy una vez que estuvieron solos – Es mi hija, y es mi obligación ocuparme de ella.
- Pero yo quiero hacerlo – Terry la tomó por la cintura y la acercó hacia él – Me gustaría que me dejaras participar en la vida de Holly.
- ¿Por qué?
- Porque la quiero – Le besó los labios – Y porque te quiero a ti.
Esa era una confesión que Candy jamás hubiera esperado. Terry le había dicho que la quería, algo que ningún otro hombre había hecho nunca, ni siquiera Albert en su intento por conquistarla lo había hecho.
- Yo... – Terry la miró expectante, y Candy no sabía que decir. Era consciente de los sentimientos que había comenzado a tener por él, pero le resultaba muy difícil expresarlos. Aunque por otro lado, Terry ya le había dicho que la quería ¿Qué tenía ella por perder? – Yo también te quiero, Terry.
Volvieron a fundirse en un apasionado beso, que hubiera resultado en algo más si no fuera por la presencia de Holly.
- No creo que sea el lugar más adecuado – Dijo Terry al notar que sus manos habían comenzado a explorar algo más que la cintura de Candy – No con tu hija en su habitación.
- Tienes razón.
Terry apoyó su frente en la de ella, parecía muy acalorado y agitado.
- En verdad quiero hacerlo – La abstinencia de tantos meses le estaba jugando una mala pasada, pero en realidad lo que más lo estaba afectando, era tener a la mujer más hermosa y maravillosa del mundo frente a él, y no poder hacer nada al respecto.
- Yo... yo también.
Escucharon los pasos de Holly que se dirigían a la sala e inmediatamente se soltaron.
- ¿Ya te vas? – Le preguntó la niña a Terry.
- Si, princesa – Se agacho para quedar a su altura – Pero si quieres, mañana puedes venir a la oficina después de la escuela.
- No creo que eso sea...
- ¡Sí! – Gritó Holly.
- Entonces le diremos a Jaz que te deje en la compañía en vez de traerte aquí ¿Estás de acuerdo?
- ¡Claro que si, Terry!
Holly se colgó del cuello de Terry le dio un beso en la mejilla. Candy ya no pudo replicar a aquella idea, pues jamás sería tomada en cuenta.
ooo
- ¿Qué quieren? – Juliet entró al despacho, donde ya se encontraban Susana, Carol y un hombre al que no conocía.
- Toma asiento, por favor – Le pidió con sorprendente amabilidad Carol. Juliet se sentó en la silla que quedaba libre, preguntándose qué era lo que estaba sucediendo – Te hemos mandado a llamar para informarte que esta casa ha sido vendida.
- ¿Qué? ¡No pueden estar hablando en serio! ¡Ustedes no pudieron haber hecho eso!
- Si te hubieras tomado un tiempo para leer el testamento de mi marido, sabrías que sí es posible – Juliet estaba a punto de gritar, pero Carol volvió a hablar – Claro que tendrás la parte de la venta que estipula el testamento... aunque no es gran cosa. El escribano aquí presente ya se ha encargado de todos los papeles necesarios. Nosotras ya hemos comprado una nueva propiedad.
- ¿Dónde voy a ir yo? – Se notaba la desesperación en su voz.
- Tal vez puedas comprar algo pequeño con la parte que te toca de la venta – Susana sonrió con suficiencia, el plan estaba funcionando demasiado bien – Claro que existe otra opción.
- ¿Otra opción? – Preguntó Juliet con curiosidad - ¿De qué se trata?
- Podrías renunciar a tu cuota mensual para en lugar de eso recibir una única suma de tres millones de dólares.
- ¿Tres millones de dólares? – Juliet no podía creer lo que Susana le estaba diciendo. Nunca en su vida volvería tener una oportunidad como aquella. Si aceptaba esa oferta ahora, se convertiría en millonaria, y se libraría de aquellas horribles mujeres – Bien... ¿Dónde tengo que firmar?
Susana estaba feliz, Terry tenía razón, la muchacha había resultado ser más tonta de lo que había creído. Se preguntaba cuanto tiempo tardaría en volver a ellas para pedir ayuda.
Continuará...
Gracias a todas las que siguen esta historia!
Espero que les guste este capítulo =)
Besosssssssssss
