Nuevo capítulo antes de irme de vacaciones..!xD regreso en julio y actualizaré de nuevo lo prometo..! Lamento no responder a los Reviews.. pero FF no me deja verlos..! solo aparecen los del capítulo pasado y en mi mail no salen completos porque son largos y los corta..-.- en el siguiente los responderé..1! ya que se componga la pagina, pero por favor no dejen de comentar que les parece la historia..!=D Gracias por leer, disfruten..!

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An Unsafe Place..!

-Hijo, van a liberar a Aldergold- dijo finalmente Robert. Las palabras hicieron eco en la mente de Alec. Sentía como si alguien hubiese desaparecido todo el aire a su alrededor. Su corazón se había acelerado y su respiración era rasposa y errática. Tenía los puños fuertemente cerrados sobre las rodillas, aferrándose a la tela de sus pantalones, temblando furiosamente. Robert, preocupado al ver que el chico no podía respirar, intentó ayudarlo dándole un par de golpecitos en la espalda como si fuera un bebe- hijo...

-No, por favor, no!- saltó Alec alejándose del contacto. Se puso de pie de un salto y se alejó hasta quedar recargado en el escritorio.

-Lo siento- murmuró Robert, ambos adultos miraron al chico, dándole tiempo para calmarse.

-No... no pueden... no pueden hacer eso, era de por vida... dijeron encerrado de por vida- murmuraba Alec mirando fijamente el suelo mientras intentaba llevar algo de oxigeno a sus pulmones. Sus ojos comenzaron a llenarse de lagrimas.

-Hicimos todo lo que pudimos- dijo Robert intentando controlar su voz, sentía que se le rompía el corazón al ver a Alec en ese estado.

-Muchos de los archivos de juicios pasados se perdieron en el incendio del Gard- explicó Michael suavemente- nadie tiene idea de por qué está encerrado Aldergold.

-No pueden liberarlo... no pueden- repitió Alec mirando suplicante a su padre, tenían que hacer algo. Robert sintió que se ahogaba ante la mirada de su hijo.

-Alec, lo intenté, te lo juro que si- dijo Robert poniéndose de pie y acercándose con cuidado al aterrado adolescente- ese tipo vivió en la Isla Wrangel hace mucho tiempo, era uno de los encargados y...

-No puede ser el único...

-Es de los que más conocimiento tiene en el tema- le dijo Michael, hablaba suavemente, como si no quisiera asustar a un cachorrito maltratado.

-Por qué no... por qué no lo encierran de nuevo y... no lo se...

-El único modo en que aceptó hacerlo fue que le concedieran su libertad- dijo Robert- las personas que saben porque fue encerrado ahí son muy pocas, no queríamos hacer gran escándalo... que todos se enteraran...

Alec se cubrió el rostro con las manos y sollozó fuertemente, sintió la mano de su padre sobre su hombro pero la apartó. En lo único que podía pensar Alec era en que Aldergold volvería a caminar libre por ahí. Después de lo que le había hecho, después de todo el daño... sentía una opresión en su pecho, le quemaban los pulmones. Quería gritar, golpear algo, pero al mismo tiempo se sentía tan débil e indefenso. Las imágenes de todas esas noches que pasó en Islandia llegaron a su mente de forma dolorosa.

-Alec, tienes que respirar- le dijo Michael. El chico dio un gran respiro, quitándose las lagrimas del rostro de un manotazo.

-Hijo, Aldergold no se acercará a ti- le dijo Robert, sabía que nada de lo que dijera serviría en ese momento, pero tenía que asegurarle a Alec que estaría bien- hablé con Jia seriamente, no le dije nada, pero entendió que Aldergold estaba ahí por una razón importante para nosotros.

-Van a exiliar a Aldergold- le dijo Michael-no tiene permitido entrar a Idris, ni ingresar a ningún Instituto, tampoco tiene permitido el acceso a ningún lugar en el estado de Nueva York.

-Tendrá una runa para rastrearlo y asegurarnos de que no lo haga- le dijo Robert, necesitaba que Alec se sintiera seguro, que supiera que haría todo lo que estuviera en su poder para mantenerlo a salvo.

Alec respiró profundamente un par de veces pensando en lo que le habían dicho. Nada de eso contaba, no para él. Aldergold estaría libre y la Clave tenía muchísimos mas problemas por los cuales preocuparse que por un hombre al cual no le conocían ningún crimen. Pero tenía que aceptarlo, nunca había importado su opinión, nunca había importado nada de lo que él tenía que decir, tenía que callarse y soportarlo lo mejor que podía. Y ahora lo mejor que podía hacer era correr a su habitación hacia sus dagas.

-Cuando?- preguntó Alec. Michael y Robert se sorprendieron al escuchar lo firme que se escuchaba. Alec ya no soltaba lagrimas, pero seguía respirando entrecortadamente.

-Pasado mañana lo enviarán a la Isla Wrangel, al terminar su trabajo allá...- Alec no quiso saber más. Se dio media vuelta y corrió hacia su habitación, ignorando los llamados de su padre.

Salió corriendo de la biblioteca y ni siquiera se fijó en Jace, que intentaba por todos los medios escuchar desde la rendija debajo de la puerta. Alec corrió sin siquiera escuchar a Jace llamándolo. El ojiazul se dejó caer de rodillas al entrar en su habitación y se recargó en la puerta. Su cuerpo entero temblaba violentamente. Se sentía mareado y enfermo, como si fuera a desmayarse. Y al mismo tiempo todo su cuerpo se sentía entumido y sin vida. Su mente estaba nublada, no podía pensar. Recogió sus rodillas hacia el pecho y ocultó el rostro entre ellas, cerrando los ojos fuertemente, sus manos tiraban de su cabello desesperadamente, como si intentara sacar los recuerdos de su cabeza.

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Era la hora de la comida y Alec picoteaba su pollo y aplastaba el puré de papa. Hacía semanas que no comía propiamente, pero no podía dejar de comer por que Aldergold lo regañaba, así que simplemente picaba un poco de aquí y allá hasta que Aldergold le diera permiso de retirarse de la mesa. Ese día Aldergold lucía especialmente feliz, y la verdad no quería saber porque.

-Sabes, Alec- dijo el hombre mirando al chico- hoy me enteré de algo muy bueno mientras leía el periódico.

El chico levantó la mirada hacia el hombre, no podía ignorarlo, Aldergold se molestaba cuando lo hacía.

-Tienes idea de cuánto cuestan los boletos para vacacionar en Fiji?- Alec negó con la cabeza. No le importaba cuando costaba, no le importaba la plática con ese hombre- son una ganga! Casi me siento culpable de no comprarlos.

Alec lo miró mordiéndose la lengua. Culpable? Se sentía culpable por unos estúpidos boletos y no por su horrible tratamiento? Enterró su cuchillo en la pechuga de pollo deseando que fuera el pecho de Aldergold.

-Creo que nos merecemos unas vacaciones, no lo crees, Florian?- preguntó Aldergold al mayordomo, que le servía otra copa de vino.

-Siempre, señor- dijo Florian retirándose nuevamente a la cocina.

-Tal vez puedas venir conmigo, Alec- dijo el Nefilim mayor y Alec se estremeció- quisieras acompañarme a la playa?

Alec negó lentamente, no quería hacer enojar a Aldergold pero de ninguna manera iría a ningún lugar con él. El mayor soltó una risita, negando con la cabeza, divertido.

-Sí, no es buena idea, deberíamos mantener la relación a paciente/medico- dijo pensativamente. Alec volvió a apuñalar su pollo- pero eso no quiere decir que no nos podamos ver fuera de aquí.

El ojiazul levantó la mirada, algo asustado. Al salir de ese lugar nunca mas querría volver a ver, ni a oír, a ese hombre. De preferencia no quería volver a escuchar nada del país de Islandia.

-Tal vez pueda ir a visitarte alguna vez- dijo Aldergold alegremente. Alec negó frenéticamente con su cabeza bajando la mirada- vamos, no seas maleducado, Alec. Quiero asegurarme que le digas a tus padres que el tratamiento funcionó.

Alec se puso de pie y salió del comedor rápidamente. No quería que sus padres se enteraran, no quería que nadie se enterara. Se moriría de vergüenza si alguien mas descubría lo que le pasaba. La gente lo miraría con lastima, con asco. Se encerró en su habitación, pensando en cómo podría evitar que Aldergold hablara con sus padres, o con Valentine, después de que saliera de ese lugar. Ya no quería causar más problemas.

-.-.-.-.-.-.-.-.-

Alec escuchaba el latido de su corazón retumbando en sus orejas, sacándolo del recuerdo. Le tomó unos segundos darse cuenta que no era el latido de su corazón, sino los fuertes golpes que Jace daba a la puerta de su habitación.

-ALEC, DEJAME ENTRAR! Juro por Raziel que derribaré la puerta si tengo que hacerlo!- exclamaba Jace mientras golpeaba la madera.

-Vete, Jace- se las arregló para decir, su mente comenzaba a aclararse poco a poco, dejándolo con el increíble dolor que le causaban esos malos recuerdos. Sentía que la vergüenza y el miedo lo aplastaban como si estuviera enterrado debajo de un montón de escombros.

-No me iré- dijo Jace con determinación- no me importa lo que digas o hagas, no me voy a ir, no te dejare!

Jace sonaba en verdad desesperado, había escuchado lo que habían dicho en la biblioteca y había estado por irrumpir dentro cuando Alec había salido corriendo del lugar. Alec levantó la mirada hacia el cajón en donde tenía la afilada daga que siempre usaba. Una daga afilada al máximo, con el más ligero roce lograba cortar su piel y dejaba cicatrices muy delgadas. Alec no quería nada más que ir hacia el cajón y tomar la daga para hacer un largo corte en su muslo, el lugar estratégico que siempre usaba para que nadie viera sus cicatrices. Pero en ese momento no tenía energía para pararse, no tenía energía ni siquiera para arrastrarse, así que, deseando que el horrible ruido se fuera, se giró lentamente y quitó el seguro a su puerta. Jace entró casi al instante, deteniéndose al verlo sentado en el suelo.

-Que quieres?- preguntó Alec, su voz apagada, tratando de no caerse a pedazos frente a su más fuerte y mejor Parabatai. El ojiazul seguía recargado contra la pared, abrazando sus rodillas contra el pecho. Jace lucía tan deshecho como Alec, tenía el cabello despeinado, los ojos enrojecidos a pesar de no haber soltado ni una lagrima y aun irradiaba ira por cada poro de su ser. El rubio cerró la puerta y se sentó junto a Alec. El mayor se removió incomodo, sabía que debía lucir patético, encogido prácticamente en posición fetal en una esquina de su habitación.

-Lo siento, Alec. Escuche todo- dijo Jace mirando fijamente un punto frente a él.

-De nuevo- dijo Alec en voz baja. Jace sintió como si le hubiera dado una bofetada. Se giró hacia su ahora hermano. Alec no lo miraba, no se atrevía a mirarlo- yo... no sé si pueda hacer esto, Jace.

Al fin dirigió sus ojos azules hacia el rubio, luciendo tan triste, tan vulnerable, los ojos de Jace también se llenaron de lagrimas, pero las empujó lejos, no podía llorar, no frente a Alec. El mayor comenzó a respirar erráticamente, perdiendo el poco control que le quedaba. Jace lo tomó por los hombros y lo abrazó fuertemente. A pesar de querer aparentar ser fuerte, de querer rechazar el abrazo de Jace, sabía que los brazos del rubio eran lo único que lo mantenían firme para no deshacerse en mil pedazos. Así que se inclinó contra su Parabatai, escondiendo el rostro en su cuello mientras dejaba salir todas las emociones que sentía en ese momento.

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Alec estaba en la biblioteca, sentado en su sillón favorito, junto a la ventana. Intentaba distraerse con un libro, pero simplemente no lo lograba. Veía las nubes grises pasar y el amarillento pasto cubrir toda la explanada. Era un paisaje tan simple, pero ahora le parecía un paraíso. Poder salir, recorrer la montaña, le gustaría incluso quedarse a vivir en una cueva por el tiempo que le quedaba pasar en Islandia. Lo que sea para no tener que seguir pasando el terror cada noche.

-Alec, estas aquí?- el chico se tensó, pero no se giró hacia la puerta- Alec, te estoy hablando.

-Estoy leyendo- respondió el chico bajando la mirada al libro.

-Bueno, deja eso, necesito hablarte- dijo Aldergold acercándose a él. Alec soltó un suspiro y cerró el enorme libro, dejándolo sobre su regazo- ven, vamos a hablar.

-Aquí estoy bien- dijo Alec aferrándose al libro en su regazo, como si este le sirviera de escudo.

-Bien- Aldergold se sentó en el sillón junto a Alec y se acercó lo mas que pudo. El chico se removió incomodo- Alec, he sentido que te rehúsas a aceptar mi ayuda. Me cuesta mucho trabajo iniciar el tratamiento cada noche porque tú no quieres cooperar y aceptarlo.

-Es rechazo- dijo Alec mirando al hombre- rechazo. Eso es lo que supone que quiere que haga. Lo que significa que ya estoy bien y podría irme a casa.

-No, Alec- negó Aldergold acercándose un poco más, parecía como si en verdad intentara hacerlo entender- rechazas mi ayuda. Eso no es lo que debes hacer. Debes aceptar mi ayuda para que puedas rechazar el contacto masculino.

-Estoy confundido- dijo Alec negando con la cabeza intentando entender que pasaba por esa depravada mente- usted es hombre, si acepto su "ayuda" entonces no estaré rechazando el contacto masculino, sino aceptándolo, en todo caso no mejoraré para nada y me quedaré aquí en "recuperación" más tiempo.

-Exacto- dijo Aldergold luciendo tan feliz por que Alec lo entendiera. Pero el chico estaba lejos de entenderlo.

-Pero de qué demonios está hablando?!- saltó Alec frunciendo las cejas, mirando con incredulidad al mayor- está loco! Ni siquiera sabe lo que dice!

-Alec, todo esto es por tu bien- le dijo Aldergold seriamente.

-Pues puede irse, usted y su bien, a joderse! Yo no lo necesito!- escupió Alec poniéndose de pie. El libro que tenía en su regazo cayó al suelo y los dos se quedaron en silencio.

-No deberías hablarme así, Alec- dijo Aldergold mirando peligrosamente al ojiazul. El chico pasó saliva pesadamente y retrocedió un paso.

-Yo...

-Tal vez un tiempo en la caja te hará bien- dijo Aldergold poniéndose de pie y acercándose al chico, Alec retrocedió hasta dar con la pared.

-No... no, por favor, la caja no!- intentó huir pero Aldergold logro hacerse con un puñado de su cabello y lo llevó fuera de la biblioteca- señor Aldergold!

-Si no estás preparado para el castigo, entonces no te comportes como un malcriado- Aldergold lo sacudió haciendo que el chico soltara un grito de dolor.

-Alec!

-Prometo no volver a hablarle así! Por favor! Señor Aldergold, la caja no!- pataleaba el ojiazul intentando liberarse mientras el mayor lo arrastraba hacia el sótano.

-Alec!

-No, por favor!- suplicaba el chico.

-Alec! Alec, despierta!- Alec sintió a alguien tomar su hombro y sacudirlo. Cerró los ojos con fuerza y soltó un golpe, su puño dio contra una mejilla al instante- ouch! Maldita sea!

-Q... qué?- Alec abrió los ojos y vio a Jace en el suelo con una mano sobre su mejilla, le sangraba el labio- oh, por el Ángel! Jace, lo siento mucho!

-Como es que no golpeas tan fuerte durante el entrenamiento?- preguntó el rubio, poniéndose de pie y sentándose a la orilla de la cama.

-Lo lamento, te haré un Iratze- Alec tomó su estela de la mesita de noche y dibujó una rápida runa en el cuello de su Parabatai. Entonces notó que había mantas y una almohada tiradas en el suelo- dormiste aquí? En el piso?

-No quería... no quise molestarte mientras dormías- dijo Jace evitando mirar los ojos azules de su hermano. Alec bajó la mirada.

-Ni siquiera recuerdo cuando me acosté- dijo Alec dejando la estela a un lado. Miró hacia abajo y se dio cuenta que aun llevaba la misma ropa del día anterior. Jace asintió.

-Te estabas quedando dormido en el suelo, así que te traje a la cama para que estuvieras mas cómodo- le dijo el rubio.

-No tenías que hacerlo- dijo Alec en voz baja, sonrojándose un poco. Jace ignoró el comentario.

-Sigues teniendo pesadillas? O fue porque...- Jace guardó silencio cuando Alec se estremeció. El ojiazul había aferrado las cobijas fuertemente, su mente llevándolo a un lugar al que no quería ir.

Sentía nauseas. Su mente daba vueltas sin control. Aldergold estaría libre.

Comenzó a respirar entrecortadamente. Podía sentir las grandes manos de Aldergold en su cintura. Los labios del asqueroso hombre en su nuca. Dientes amarillentos rasgando su piel.

-Necesito tomar un baño- se rascó ferozmente la nuca.

-Alec- lo llamó Jace.

-Sabes que mereces esto, Alexander.

-Alec, tienes que calmarte- le dijo Jace al ver que Alec se ponía de pie con las piernas temblorosas. Sentía el frio, la desnudez, el miedo. Tratando de no tropezar, el ojiazul fue hacia el cajón en el que guardaba sus dagas. Tenía que detener el dolor. Dolor inexplicable, inimaginable. Tomó una daga y la cubrió con un montón de ropa antes de correr hacia el baño- Alec!

Vergüenza. Vergüenza insoportable. Sentía que se ahogaba. Alec ignoró a su Parabatai y se encerró en el baño, soltó las prendas de ropa y corrió a sentarse en la regadera, hacia el único modo que conocía para calmar su dolor.

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Alec salió del baño una hora más tarde, Jace ya no estaba en su habitación, respiró aliviado y se dirigió a guardar sus dagas. La tela del pantalón rozaba sus recientes cicatrices, le dolía un poco, pero era un dolor bueno, o al menos eso se decía a sí mismo. Metió las dagas al cajón con cuidado y las cubrió con un par de cuadernos. Justo en ese momento la puerta de su habitación se abrió, haciéndolo saltar y cerrar el cajón de golpe.

-Por el Ángel- exclamó Alec mirando hacia la puerta- que ya no tocas?

-De hecho iba dispuesto a arrastrarte fuera del baño- le dijo Jace, cruzando los brazos- duraste horas.

-Mentira, no duré tanto- dijo Alec alejándose rápidamente del mueble en el que guardaba las dagas, para desviar la atención- y que pasa?

-Recibimos notificación de que hay actividad demoniaca en East Harlem- dijo Jace alegremente. Alec hizo una mueca.

-Hoy no me siento con muchas ganas de...

-Anda, Izzy nos espera en el vestíbulo- le dijo tomando el arco de Alec, que estaba junto a la puerta, recargado en la pared, y lanzándoselo a su Parabatai.

-Jace...

-Vamos, seguro es algo bueno- Alec suspiró y siguió al rubio para encontrarse con su hermana. En realidad Jace no tenía idea de que había en East Harlem, pero tenía que sacar a Alec del Instituto y distraerlo un rato.

-Para esto me hiciste venir?- preguntó Alec señalando la baba negra que se movía en el piso del callejón.

-Bueno, es un demonio, no?- preguntó el rubio encogiéndose de hombros.

-Esa cosa aun ni siquiera se considera un demonio- se quejó Izzy. Lo que estaban viendo ni siquiera podía moverse por sí solo. Sería un demonio, si, pero en ese estado solo se le podía considerar como un "feto".

-Pero lo será y entonces nos dará problemas, mejor acabar con el de una vez- dijo Jace haciéndole una seña a Alec.

-Oh, no, no voy a desperdiciar mis flechas en eso- dijo Alec dando media vuelta para volver a la estación del metro.

-Izzy...

-Ni lo pienses, esta fue tu idea- dijo la chica siguiendo a su hermano mayor.

-Oh vamos, con el tacón de tu zapato tiene!- se quejó Jace, pero los Lightwood lo ignoraron. Jace soltó un suspiro y sacó un cuchillo serafín para encargarse de la baba. A pesar de que Alec quiso regresar al Instituto, Jace lo convenció de ir a comer a Takis, luego de ir a dejar a Isabelle con Simon, que tocaría en un café ese día, la chica se había extrañado pero no había dicho nada. Jace se las arregló para llevar a Alec a Central Park, no habían hablado mucho, pero el ojiazul estaba notablemente más tranquilo. Ya eran cerca de las diez cuando llegaron al Instituto y Jace acompaño a Alec hasta su habitación.

-Quieres que me quede hoy también?- preguntó Jace recargándose en el marco de la puerta. Alec negó lentamente con la cabeza.

-No, Jace, estaré bien- le respondió tratando de sonreír.

-Eres terrible mintiendo- dijo Jace algo molesto.

-Tengo que lidiar con esto solo- dijo Alec dejando sus armas a un lado.

-No, no tienes que hacerlo solo!- saltó Jace acercándose a su hermano.

-Voy a estar bien- dijo Alec intentando convencerse a sí mismo. Se quedaron en silencio un rato, mirándose el uno al otro. Jace suspiró.

-Maldita sea, Alec. No sé qué hacer- Jace se recargó en la pared y echo la cabeza hacia atrás, golpeándola suavemente contra la fría roca.

-Escucha, vete a dormir. Estaré bien, y si no lo estoy, entonces me iré a tu habitación- le dijo el ojiazul, Jace lo miró- como antes.

-Lo prometes?- preguntó Jace mirando a su Parabatai con el entrecejo fruncido.

-Lo prometo, vete- asintió Alec sonriendo suavemente. Jace asintió también y salió de la habitación del mayor murmurando un leve "Buenas noches". Alec cerró la puerta y se giró para mirar el lugar. No sabía qué hacer. Todos los Institutos eran diferentes, pero estar en una habitación en un Instituto, y en esa situación, le traía recuerdos. Se sentía atrapado.

Se sentó a la orilla de la cama, mirando hacia el vacío. Aldergold ya estaba en la Isla Wrangel, o al menos eso habían dicho. Nadie garantizaba que en verdad fuera a quedarse ahí, o a aceptar las condiciones en las que le concedieron su libertad. Se estremeció al pensar que el hombre bien podía ingresar a cualquier Instituto del mundo, era un Nefilim como todos los demás. El chico soltó un suspiro entrecortado y se tomó la cabeza con las manos.

Su respiración comenzó a ser errática, pensando en todas las posibilidades. Aldergold podía entrar al Instituto de Nueva York. Aldergold podría estar furioso con él por haberlo encerrado tanto tiempo. Podría ir para... para vengarse. Sabía que los castigos de Aldergold eran mortales, y en definitiva no sobreviviría ni un segundo al... tratamiento. Sintió el estomago revuelto y corrió al baño rápidamente para vomitar. Estaba perdiendo el control, de nuevo, no tenía control. El simple recuerdo de Aldergold lo dominaba.

Trató de ponerse de pie para lavarse la boca, pero no pudo. Quedó en cuatro patas en el piso del baño, intentando respirar. La visión se le nubló y se dio cuenta de que estaba llorando. Necesitaba sus dagas, y las necesitaba ya. Gateó lentamente hasta su cajón y saco una daga, levantando la manga de su suéter y cortando una fina línea a lo largo del antebrazo. Usualmente no se cortaba los brazos, no era seguro, sus hermanos podrían verlo, pero no tenía tiempo de llegar al baño nuevamente y quitar sus pantalones.

Se recargó contra la cama, sentado en el suelo, esperando a que su corazón se calmara. Unos diez minutos después, al fin pudo ponerse de pie y dibujarse un Iratze en el brazo antes de bajar su manga. Se había calmado, pero aun así no podía quedarse ahí. No creía poder pasar la noche, y no quería molestar a Jace. Tomó su teléfono, una estela y una daga y salió de ahí. No pensó que haría después de salir de ahí. Todo lo que sabía era que no podía pasar la noche en el Instituto.

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Magnus estaba disfrutando de su maratón de Americas Next Top Model. Tenía un enorme tazón de palomitas acarameladas en el regazo y a su gato recostado a su lado. Estaba por aparecer una malteada de fresa cuando el timbre sonó. Rodó los ojos y miró hacia la puerta principal con cara de pocos amigos. No estaba de humor para que lo interrumpieran. Demasiado perezoso como para levantarse, tronó los dedos y la bocina del intercomunicador apareció a su lado.

-Más vale que tengas una buena razón para interrumpir al GRAN BRUJO a esta hora!- gritó. Pero no obtuvo respuesta. Comenzaba a molestarse aun mas- HABLA!

-Lo... lo siento. Esto fue un error- dijo una suave voz del otro lado de la bocina. La reconoció al instante. Se sentía como en un Deja Vu.

-Espera- dijo Magnus poniéndose de pie y presionando el botón para dejar pasar a Alec- sube.

El Brujo comenzó a acomodar su departamento y se puso otra ropa. Porque siempre que lo visitaba el Nefilim tronaba los dedos como si estuviera siguiendo el ritmo de una canción? Al fin había aparecido delineador en sus parpados cuando escuchó un inseguro toque en su puerta. Al abrirla, se encontró de frente con un agotado Lightwood. El chico llevaba puesto su traje de combate y estaba completamente despeinado. Sus hermosos ojos azules estaban enrojecidos y tenía unas enormes ojeras.

-No sabía a dónde ir- susurró el chico sin atreverse a mirar a Magnus- pu... puedo pasar aquí la noche?

-Por supuesto que sí, cariño, ven- dirigió al adolescente dentro del departamento y cerró la puerta. Alec se quedó junto a la pared, abrazándose a sí mismo y evitando mirar al Brujo en todo momento. Magnus no sabía que pensar, el día anterior había ido a ver como seguía Max y todo había estado bien- que pasó, Alec? Porque no estás en el Instituto?

-No... no puedo...- murmuró el chico intentando hablar claramente.

-Te echaron del Instituto?- preguntó confundido.

-No, yo... es solo...- Alec levantó la mirada y Magnus vio sus ojos brillantes. Estiró la mano para tomarlo del brazo y llevarlo al sillón, pero Alec pegó un salto y se alejó de él rápidamente. Magnus se movió con cuidado.

-Está bien, vamos a sentarnos, si?- le preguntó señalando el sofá.

-S... si- dijo Alec siguiendo al Brujo hacia la sala. Alec se sentó en una orilla del sofá, tan lejos de Magnus como le fuera posible. Tenía las manos sobre las rodillas, sobando inconscientemente- lo... lo siento mucho. Sé que soy inoportuno.

-Bah, para nada- dijo Magnus con un ademan de la mano- disfruto tu presencia, en especial cuando llevas puesto ese delicioso traje de combate. Mucho mejor que los pantalones flojos y los suéters enormes.

-Creo que esto fue un error- dijo Alec mordiéndose el labio. Magnus frunció las cejas un segundo y luego soltó una risita. Aparentemente, ahora tenía que cuidar mucho lo que decía.

-Solo bromeo- mintió rápidamente- dime, que sucede? Porque no puedes pasar la noche en tu casa?

-No puedo hablar de eso, por favor- dijo Alec, un escalofrío lo hizo temblar de pies a cabeza. Magnus no sabía que decir. En todas las semanas que llevaba conociendo a Alec, nunca lo había visto así- sé que soy una molestia. Llegar así en mitad de la noche, y sin avisar...

-Oye, dulzura, está bien- lo interrumpió Magnus, decidiendo no presionarlo más.

-Lo siento- murmuró el ojiazul.

-Tienes que dejar de disculparte- le dijo Magnus con una sonrisa, Alec asintió.

-Nadie... nadie puede entrar aquí, cierto?- preguntó Alec. La razón principal por la que había decidido ir al departamento de Magnus era porque sabía que el Brujo tenía el lugar muy bien protegido y nadie podría entrar sin su permiso.

-Nop, nadie que yo no apruebe- le dijo- y esta noche no apruebo que nadie más que tu entre.

-Nadie mas- susurró Alec, mas para él que para Magnus.

-Solos tu y yo, toda la noche- dijo Magnus y vio como el cuerpo de Alec se estremecía. "Piensa antes de hablar, Bane" se regañó a sí mismo. Se quedaron en silencio unos segundos.

-Confío en ti- confesó Alec mirando hacia el suelo.

-Lo sé, soy irresistible- dijo Magnus. "Basta, idiota! Basta!" dijo una vocecita en su cabeza, pero Alec pareció no haberlo escuchado.

-Yo nunca... nunca confió en nadie- su voz era solo un susurro- solo confió en mi familia. Es absolutamente irracional. Por qué confío tanto en ti? Te conozco hace unas semanas y...

-No romperé esa confianza, Alec- dijo Magnus girándose hacia el chico. Quería acercarse y abrazar al ojiazul, reconfortarlo de algún modo. Pero sabía a la perfección que Alec no reaccionaba bien a los toques inesperados.

-No hagas promesas que no puedas cumplir- le dijo Alec frunciendo las cejas.

-Nunca lo hago- dijo simplemente el Brujo. Que le había pasado a ese pobre chico para hacerlo desconfiar de todo el mundo?

-Espero no haber interrumpido nada importante- dijo Alec intentando cambiar de tema.

-Bueno, en realidad estaba en mitad de un maratón de Americas Next Top Model, pero siempre es más entretenido teniendo compañía, quieres palomitas?- tomó el tazón de palomitas de la mesa de centro y lo puso entre medio de los dos. Tronó los dedos y el televisor se encendió. Alec llevó su mano hacia el tazón de palomitas y tomó un pequeño puñado.

-No conozco este programa- dijo antes de meterse unas cuantas palomitas a la boca.

-Por supuesto que no lo conoces. Acaso ustedes, Cazadores de Sombras, tienen un televisor?- preguntó Magnus tomando un puñado de palomitas también.

-Si tenemos uno- respondió Alec a la defensiva- pero no tenemos cable.

-Bueno, supongo que es más de lo que esperaba- rio Magnus.

-No entiendo. Que están haciendo todas esas chicas? Por que caminan tan gracioso? Y por qué hacen esas caras tan raras?- preguntó Alec mirando a las delgadísimas mujeres caminar por una pasarela. Magnus no pudo evitar sonreír, ese chico era tan adorable- que?

-Oh, nada. Déjame darte una rápida introducción al mundo del modelaje- dijo Magnus y prosiguió a describir todo lo que sabía de revistas de moda, diseñadores, modelos y pasarelas, le tomo bastante tiempo.

-Entonces lo que me estás diciendo es- dijo Alec con el entrecejo fruncido cuando Magnus terminó su monologo- que hay personas que cobran mucho dinero por ponerse ropa de otra persona y que les tomen fotografías usándola? Eso suena a un terrible desperdicio de dinero!

-Es más complicado que eso- rió Magnus- es una forma de promocionar la moda, hay muchísimo dinero involucrado en esa industria. Y también deben de tener el look perfecto, desde la ropa, el maquillaje, la expresión, la forma de caminar- Alec seguía algo escéptico- tú podrías ser modelo. Alto, delgado, facciones finas y esos espectaculares ojos azules.

Alec se sonrojó bajando la mirada, pero, a diferencia de antes, no lucía incomodo por el cumplido.

-Entonces tu también podrías serlo- dijo el chico sonrojándose aun mas. Magnus sonrió.

-Piensas que soy sexy?- preguntó dedicándole un guiño.

-Y... yo... yo solo... quiero decir... eres...- Alec se sonrojó hasta las orejas.

-Oye, está bien, Alec- le dijo Magnus, resistiendo el impulso de acercarse a él. Alec asintió suavemente y bostezó, de verdad lucía cansado- trajiste algo de tu casa para dormir?

-No pensé en eso al salir- dijo Alec frunciendo las cejas- salí... a prisa.

Magnus recordó que no sabía que había forzado al Nefilim a no sentirse seguro en su propia casa.

-No hay problema- tronó los dedos y Alec pegó un brinco cuando un montón de cosas apareció en su regazo- ahí tienes una toalla, unos pantalones y una playera. También hay un cepillo de dientes nuevo, siéntete libre de usar shampoo y lo que necesites en el baño. Esta por ahí.

-Muchas gracias- dijo Alec dirigiéndose a la puerta que señalaba Magnus. Cerró la puerta con seguro y se miró en el espejo. Tenía unas enormes ojeras debajo de los ojos. Suspiró mientras se quitaba la ropa. Se giró evitando mirar el espejo, odiaba mirar su cuerpo.

Una vez que estuvo debajo del agua tibia pudo sentir todo el peso del cansancio golpearlo. Se sentó en el suelo, con las rodillas pegadas al pecho y ocultó su rostro entre ellas. El agua le golpeaba en el cabello. Sus pensamientos estaban por todos lados y no podía controlarlos. Un segundo pensaba en lo inseguro que se sentía su hogar ahora y en cómo se sentía mucho más seguro quedándose en el departamento de un Subterráneo. Y en el siguiente momento pensaba en Magnus y sus cautivadores ojos y perfectos labios.

Soltó un gemido de frustración. No quería pensar en lo atractivo que era Magnus. No podía imaginar que alguien lo tocara sin romperse en mil pedazos, y aun así no podía quitarse de la mente las largas manos del Brujo. Gruñó, molesto consigo mismo y sus sentimientos, se movió rápidamente para buscar su daga entre la ropa que se había quitado.

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Magnus estaba acomodando los platos de forma Mundana cuando Alec salió del baño. El Brujo levantó la mirada y sonrió al ver la ropa que le había dado al adolescente. Su cabello mojado enmarcaba su rostro. Estaba de pie un tanto incomodo mientras intentaba subir los pantalones grises que le quedaban a la cadera. La camisa que llevaba le quedaba a la perfección, color azul para resaltar sus ojos. Magnus se esforzó por no comerse con la mirada al chico. Alec pasó una mano por su cabello, la camisa se levantó un poco exponiendo la blanca piel de su abdomen. Magnus se mordió el labio apartando la mirada rápidamente.

-Encontraste todo lo que necesitas?- preguntó Magnus.

-Sí, gracias- asintió Alec.

-Preparé el cuarto de invitados para ti- dijo Magnus señalando hacia el pasillo. Alec se dirigió hacia donde señalaba y pasó a Magnus, dándole la espalda. Magnus sonrió al ver los pantalones. En la parte trasera tenían escrito "Delicious" en tinta negra y purpurina. Y los pantalones no mentían. Alec se giró y Magnus se compuso rápidamente.

-Magnus, gracias. Sé que soy inoportuno pero de verdad, estoy muy agradecido- le dijo con sinceridad.

-Tienes que dejar de hacer eso- le dijo Magnus- si de verdad fueras inoportuno no te dejaría quedarte.

-Dejaré de molestar temprano en la mañana. Debo volver al Instituto antes de que noten que no estoy- Magnus frunció las cejas, odiaba no saber qué pasaba en ese lugar que asustaba tanto a Alec.

-Tengo una cita de trabajo temprano en la mañana- le dijo al Nefilim- podemos desayunar algo antes de salir.

-Suena bien- dijo Alec tímidamente. Magnus sonrió.

-Buenas noches, Alec- le dijo en tono suave.

-Buenas noches.

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Alec no estaba dormido, estaba esperando. Recostado en su cama, temblando de miedo y mirando hacia la puerta. Solo esperando a que ese horrible hombre entrara y lo... castigara. Ese día había intentado salir del Instituto. Florian iba a comprar la despensa una vez al mes. Tenían una camioneta grande para traer toda la comida y de mas. Y, a pesar de que Alec no sabía conducir, estaba decidido a robar el auto y escapar de esa prisión. Lástima que sus planes se habían frustrado justo antes de llegar al auto. Había logrado pasar a Florian, había corrido con todas sus fuerzas, pero Aldergold lo había atrapado con una Boleadora. El arma se le había enredado en los tobillos y lo había hecho caer. Aldergold estaba más que molesto. La puerta de su habitación se abrió lentamente y Alec cerró los ojos con fuerza.

-Alec, ponte de pie- escuchó la voz de Aldergold y ocultó el rostro entre las sabanas- Alexander, te estoy hablando.

El chico podía saber lo molesto que estaba Aldergold con solo oír su voz, así que decidió no tentar a la suerte. Salió de su cama y se puso de pie frente al mayor. Fue entonces que lo vio. Aldergold tenía una de las fustas que usaban con los caballos. Jadeó asustado mientras retrocedía un paso.

-Debiste saber que un mal comportamiento tendría un castigo, Alec- le dijo Aldergold jugueteando con la delgada vara en sus manos.

Alec lo miró suplicante, negando con la cabeza. Retrocedió hasta que llegó nuevamente a la cama, pero no se sentó, a Aldergold no le gustaba que desobedeciera ordenes, y con lo molesto que estaba quien sabe que le haría si hacia algo que no quería.

-Desvístete- dijo firmemente el hombre. Alec sollozó mientras se sacaba la pijama- de prisa.

Alec se desvistió por completo, y se quedo muy quieto. Las lagrimas recorrían sus mejillas, pero no hacia ruido, no quería hacer molestar aun mas a Aldergold. El hombre estiró la mano y recorrió el cuerpo desnudo del chico con la fusta. Alec simplemente cerró los ojos fuertemente, sollozando en silencio.

-No quisiera lastimar este hermoso cuerpo que tienes, Alec- dijo Aldergold tomándolo de la muñeca con su mano libre- pero un castigo es un castigo.

Tiró fuertemente de la muñeca de Alec, girándolo, y luego empujándolo por la espalda hasta dejarlo reclinado sobre la cama. Alec ya lloraba fuertemente al saber lo que seguía.

-Quédate quieto, y no quiero que hagas ningún ruido o te las veras con la fusta, me escuchaste?- Alec soltó un grito de dolor y se aferró a las sabanas, y justo después soltó otro grito al sentir la fusta dar con la piel de su espalda. Aldergold lo golpeó nuevamente y Alec soltó otro grito- sigue gritando y los golpes seguirán.

Alec ocultó su rostro en las sabanas, intentando amortiguar los quejidos que salían de su boca, pero Aldergold no se lo pondría tan fácil. Con la mano libre lo tomó por el cabello y tiró de él para levantarle el rostro. Alec se mordió el labio para no volver a gritar. Soportó el castigo en silencio.

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Magnus medio abrió un ojo. Gruñó enterrando el rostro en la almohada antes de forzarse a sentarse sobre la cama. Que era ese ruido? Acaso había alguien más en la casa? Le tomó unos segundos recordar al chico Lightwood en la habitación de invitados. Escuchó con atención, podía escuchar a alguien sollozar, incluso algunos golpes a la pared. Frunció el ceño antes de tallarse el rostro con las manos, intentando despertar. Y entonces escuchó un grito. Se puso de pie de inmediato y salió corriendo de la habitación.

Al entrar en el cuarto de invitados, vio al Nefilim tendido en la cama junto a la pared. Estaba enredado en las sabanas, su cuerpo se retorcía y sacudía como si intentara alejarse de algo. Estaba cubierto en sudor y las lagrimas recorrían sus mejillas. Su expresión de dolor hizo que el corazón de Magnus se comprimiera. Sin pensarlo, el Brujo se arrodillo al lado de la cama, poniendo suavemente una mano sobre la frente del chico.

-Shh, tranquilo. Estas a salvo, cariño.

El cuerpo de Alec se relajó casi al instante y quedó tendido de lado. Magnus le había puesto un hechizo para dormir sin sueños. El Subterráneo se sentó en la mesita de noche, mirando el pálido rostro de Alec mientras su respiración se acompasaba rápidamente. Tronó los dedos y una toalla húmeda apareció en su mano, se inclinó y limpió suavemente el sudor del rostro de Alec. Al terminar, se inclinó hacia atrás, mirando al Cazador de Sombras dormir. Frunció las cejas pensando en que le causaría tanta angustia a ese dulce e inocente muchacho.

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Magnus, no tienes idea..-.- bueno.. al menos ya sabe que algo malo ocurre...! veamos cuanto tiempo le toma descubrirlo..! De nuevo aviso que me voy de vacaciones a conocer a Matt Daddario y compañía en Francia..xD espero verlos en persona me inspire para poder seguir escribiendo y terminar la historia que es hora no acabo..!xD Muchas gracias por sus Reviews..!=D