HOLAAAAAA... no saben lo mal que me senti al pensar que habia perdido mi cuenta de fanfiction, por suerte mi novio y mi prima me apoyaron y aqui estoy, pero bueno ya no las molesto con mis problemas asi que vamos con los reviews para poder leer el nuevo capitulo.
Vamos con los reviews:
Christina Becker= Hola, gracias por el comentario y a mi tambien me gusta la forma de redaccion que tiene la escritora, es realmente emocionante como sus personajes te envuelven, realmente quien no querria un Jasper personal
Romy92= Asi es, Alice demostro que si te lo propones puedes conseguir cualquier cosa y ella vencio a la muerte, jeje si, yo tambien me sorprendi por la aceptacion que tuvo el suegro aunque despues de todo Jasper le salvo la vida a su dulce princesa
katanet= Jeje asi es, de hecho mi novio estaria encantado de tener un suegro tan dulce, pues mi padre aun lo ve feo por querer robarle a su nena, jeje mi papi tambien es un amor, solo que algo exagerado
4everLulaa= Nuevamente gracias por darme tantos animos, y pues lamentablemente tienes razon en los tratos que seguiran a partir de ahora, solo espero que se puedan arreglar las cosas
Tata XOXO= Sabes creo que los hombre tienden a ser algo exagerados y creo que Jazz no sera la escepcion, solo espero que las cosas no se tornen feas
montego 24= Jajaja i, por suerte le toco un suegro buena gente, aunque esperemos que la platica que tuvieron no afecte la relacion de los tortolitos
carol27toncel=Concuerdo contigo Jazz es... hermoso, maravilloso, simplemente perfecto
Bueno nos leemos en el proximo... espero sus comentarios
Gracias a quienes siguen la historia:
Romy92, vkii, claudia, andy, montego 24, KarlisCullen, carol27toncel, makethedifference, Camarada Arlette, Jazzy Cullen Pattinson, Sun-e Kristal, pauucullen, nelda, ALEXITACULLEN, Cullen Vigo, Aleeah Swan, Abigail Cullen Masen, RenCullenSwan, nelda, Guest, vale, hallo, SweetBlondieRockieDoll, alexf1994, .crepusculo, Danni FerrCross, Anelis Evans, Mara-chan4ever, Tata XOXO, emily-FC, labluegirl, 4everLulaa, CindyLis, katanet, isa2008, , elizabethybennet, ConnyCullen1514, magui9999, yorelina, Christina Becker
CAPÍTULO 12
—Así que… —dijo Bella Swan, riéndose con disimulo y echando un rápido vistazo para asegurarse que Jazz estaba todavía hablando por el móvil en el elegante atrio del restaurante. El hombre había pedido disculpas y se había levantado de la mesa para atender la llamada, obviamente de trabajo—. Estás prometida. Ha sido rápido. Te dejo sola un fin de semana en tu casa nueva y de lo siguiente que me entero es que luces un anillo de diamantes —Miró con atención la enorme piedra en la mano de Alice y movió la cabeza con admiración—. Y no un diamante cualquiera. Un corte princesa, impecable, sin defectos, y al menos de dos quilates —Bella era una mujer que sabía de joyas—. Es un anillo de compromiso formal.
—Sí, ha sido rápido —Alice flexionó la mano izquierda con el enorme y brillante diamante en el anular y casi se quedó ciega por los reflejos que emitía. El diamante era inmenso y hacía difícil llevar guantes o fregar los platos. Ya había enganchado docenas de medias con la piedra. Allá estaba, en su mano, un monumental bulto hecho de diamante, algo parecido al pesado bulto que a veces tenía en el estómago.
Cuando Jazz se había enterado que existía algo llamado diamante de corte princesa, insistió en que nada más sería lo suficiente bueno para ella. Alice se habría sentido feliz con la lengüeta de una Cola—Cola y él no habría gastado una considerable parte de su sueldo anual con un enorme y llamativo anillo, que ella ni necesitaba, ni quería.
—Apostaría que el pedrusco ese ha costado por lo menos 10.000 dólares —reflexionó Bella.
—Diez mil quinientos —dijo Alice sombría. Se había quedado consternada cuando Jazz insistió en gastarse tanto dinero.
—Sin mencionar el pedazo de sexo andante que va con eso —agregó Alec Armstrong, dirigiéndole a Jazz por encima del hombro otra mirada de admiración—Que suerte, pero que suerte tienes —Giró la cabeza haciendo ondear sobre los hombros su cabello castaño. La luz de la vela se reflejó en el largo crucifijo de oro que llevaba en la oreja derecha colgando de una cadena. Alec, el amigo de Bella y algunas veces colaborador suyo en proyectos de decoración, era famoso por sus pendientes y por sus citas con hombres depredadores—. Cariño… si esto —le dio un toquecito al anillo de compromiso—, no sale bien, ¿crees que podría interesarle pasarse al otro lado?
Alice soltó una carcajada y Bella sonrió.
—No —contestó Alice—. Es, sin duda alguna, heterosexual. No hay ni una posibilidad de que se sienta atraído hacia el otro lado.
—Lástima —suspiró Alec—. Ya me lo imaginaba, pero no cuesta nada preguntar. Está para comérselo. Todos esos músculos y ese silencioso aire de poder, como si pudiera detenerte en cualquier momento y hacerte cosas deliciosas en las que estuvieran implicadas unas esposas. ¡Sssí! —Cerró los ojos, estremeciéndose—. Oh, bueno, uno siempre puede soñar —Volvió a mirar con anhelo por encima de su hombro haciendo que el pendiente se balanceara—. Es que está… uff. Ese hombre es muy, muy sexy.
—Sí —suspiró también Alice—. Lo sé.
Jazz les daba la espalda, la amplia espalda, luego se puso de perfil, estaba hablando muy serio por teléfono. Jazz —el detective Jasper Whitlock— se había puesto muy elegante. Era la imagen de alguien a quien llevarías a casa de tu madre, pero también la de alguien a quién no te gustaría encontrar en un callejón oscuro. O a quien querrías a tu lado si te encontraras en algún peligro en un callejón oscuro.
Llevaba un elegante traje oscuro, muy bien cortado, que se adaptaba a la perfección a su amplio cuerpo. Alice sabía que él se había esforzado, por decirlo de alguna manera, para causarles una buena impresión a sus amigos y lo había conseguido. Había sido cortés, ameno y muy bien informado.
Desde luego durante el ardiente y erótico fin de semana no hablaron mucho de política o de asuntos de interés mundial, y se quedó sorprendida al ver lo interesante que era aquel hombre y lo fascinante y arduo que era su trabajo. Y eso que habló muy poco de los datos concretos de lo que hacía, pero se veía que era un hombre con autoridad y poder.
Como detective, era inmensamente atractivo y —Alec tenía razón— extremadamente sexy.
Y no es que ella se beneficiara mucho de esa sexualidad.
Jazz no era para nada homosexual, pero como si lo fuera si tenía que basarse en el sexo que había tenido Alice desde su compromiso. De algún modo, a Jazz se le había metido en su dura mollera que el sexo era algo que la agotaba, o la consumía o… algo. De ser incapaz de apartar las manos de ella había pasado a ser un prometido que la trataba con guantes de seda.
Dormían juntos en su casa todas las noches, pero sólo habían hecho el amor una vez en las últimas seis noches. De una manera gentil, respetuosa, adecuada para retransmitirla por el canal Disney, justo el tiempo necesario para tener lo que, por lo visto, él consideraba los dos clímax requeridos. Después había salido de ella de inmediato y la había abrazado con suavidad. Todavía duro como una piedra.
Alice podría haber considerado que él había alcanzado el límite, que aquel salvaje fin de semana de follar —no había otra palabra para definirlo— era una anomalía, si no fuera por el hecho de que Jazz tenía una erección la mayor parte del tiempo que estaba a su lado, y cuando se iban a la cama, y que duraba toda la noche. O al menos por la noche se acostaba totalmente erecto y se despertaba en el mismo estado. Y no es que a ella eso le hubiera servido de mucho.
Tal vez podría preguntarle si se lo prestaba. Sólo un rato.
De un ardiente, lujurioso e insaciable leñador, uno que follaba muy, muy bien, mejor que cualquier héroe de novela romántica, se había convertido en prometido—niñera. Eso no era lo que ella quería. Ya lo había tenido durante toda su vida.
Lo que necesitaba era un hombre que la mirara con fuego en sus ojos azules, que la penetrara de improviso, como si no pudiera controlarse más, que la hiciera estremecer sólo con tocarla.
A Alice, el sexo duro del fin de semana le había excitado, le había entusiasmado, le había hecho sentirse ardiente, viva y salvajemente sexy. En cambio, el sexo aburrido y controlado de la otra noche le hizo sentir como si fuera una matrona casada con un contable desde hacía cincuenta años.
—Cariño —Bella le cubrió la mano con la suya. Se inclinó hacia delante, apartando con la otra mano un rizo castaño y poniéndoselo detrás de la oreja—. Ha sido todo tan repentino. ¿Te parece que es una buena idea prometerse con tanta rapidez? Tú no has tenido… mucha experiencia con hombres —Bella estaba siendo educada, como sólo ella podía serlo. Su amiga sabía muy bien que ella no había tenido "ninguna" experiencia con hombres—. Tal vez Jazz y tú tendríais que esperar un poco. Ver cómo van las cosas. ¿Le amas?
—Sí —Fue firme porque esa era una pregunta que Alice podía contestar con toda firmeza. Estaba enamorada de Jazz. Y también amaba a Jasper, era sólo que la exasperaba.
—Eso está bien —Bella le sonrió, asintiendo. Era una de las muchas cosas que Alice adoraba de Bella. La trataba como a un adulto. Alice decía que amaba a Jazz y eso bastaba. Bella se lo tomaba al pie de la letra.
—Pero bueno, ¿cómo no va a estar enamorada de ese pedazo de hombre? —preguntó Alec indignado—. Mírale los hombros. Y siempre lleva pistola y sabe cómo usarla. ¿Cómo podría no gustarte? Mmm. Me pregunto si la lleva ahora.
—Sí —contestó Alice. Otra sorpresa. Una más entre muchas. Por lo visto Jazz —no, Jasper— siempre iba armado o podía coger la pistola en cuestión de segundos. Durante todo el tiempo que ella había tenido sexo ardiente con su leñador, él había mantenido cerca la pistola. Nunca se hubiera podido imaginar por nada del mundo que se comprometería con un hombre armado. Y no un hombre armado normal, no. Un tirador de primera, por lo visto.
—Las armas son el sustituto del pene —dijo Alec con solemnidad—. Al menos eso es lo que dicen mis sicólogos. Aunque algo me die que ese tío no necesita ningún sustituto. Sólo mirad el tamaño de esas manos y esos pies. Apostaría algo a que la tiene… muy, muy grande —Se enderezó y se abofeteó a sí mismo en la mano—. Compórtate, Alec. ¿Y bien? —dijo alegremente—. ¿Cuándo os casáis? Estoy pensando en un regalo de bodas fabuloso.
—Oh —contestó Alice, algo alarmada al pensar en una boda real cuando ni siquiera se había hecho aún a la idea de que se había prometido—. Todavía falta mucho t…
—Tan pronto como podamos arreglarlo todo —contestó una voz profunda. Jazz se sentó y cubrió la mano de ella con la suya. La alzó, se la llevó a la boca y la besó. Sin soltarle la mano, se dirigió a Bella y Alec—. Perdonad que os haya dejado. Tenía que atender la llamada.
—¿Un cadáver? —preguntó Alec.
—Nada tan excitante como eso, Alec —contestó Jazz—. Si lo fuera me tendría que ir. Por suerte parece que esta noche no hay asesinatos en Portland. No, sólo era un asunto administrativo que necesitaba aclaración. Todos los oficiales están de guardia a partir de las diez de la noche.
La luz de la vela iluminó a Bella cuando ésta se inclinó hacia delante. Era una mujer increíblemente bella y Alice nunca había visto a un hombre que no reaccionara ante ella. Sin embargo Jazz, bendito fuera, no parecía darse cuenta. La trataba con una educada cortesía impersonal, como si fuera una solterona con doble papada y verrugas.
—No me hables de papeleo —Bella puso los ojos en blanco—. Casi pudo conmigo cuando restauré la fábrica. Esta ciudad necesita relajarse.
—Dímelo a mí. Tendrías que ver el papeleo burocrático que genera una investigación de asesinato.
—Todas esas pruebas de ADN, autopsias y ese montón de pruebas metidas en bolsitas —intervino Alec en la conversación, encogiéndose de hombros cuando Bella arqueó una ceja—. ¿Qué? Veo C.I.S. todas las semanas. Es muy emocionante.
Jazz sonrió.
—En realidad eso es "medicina forense", Alec. Lo que hacen los detectives es reunir pruebas para que formen un cuadro lógico que pueda mantenerse firme en el tribunal. La verdad es que es bastante aburrido.
Hubo un pequeño momento de calma en la conversación cuando el camarero trajo el postre para ella, Bella y Alec y un whisky para Jazz. El camarero le dio a Jazz una carpeta con letras doradas grabadas con la cuenta dentro. Jazz había dejado bien claro que invitaba él. Era un restaurante muy caro, otra cosa en la que Jazz había insistido. Alice no estaba demasiado contenta con el modo en que se gastaba su dinero con ella como si se sintiera obligado a mantenerse a la par de algo. Ella no necesitaba ese despilfarro, ni tampoco lo necesitaban Alec ni Bella. Era verdad que Alec y Bella tenían gustos sofisticados, pero ellos tres junto con Rose se encontraban a menudo en Lo Chow, un oscuro cuchitril donde daban un "dim sum" para chuparse los dedos por menos de cinco dólares.
Aunque hubiera sido demasiado caro, la tarde había ido bastante bien. A pesar de su carácter rudo y machista, Jazz no era homófobo. Congenió con Alec e incluso descubrieron una pasión común por la pesca deportiva con mosca. Alec conocía a fondo el tema y ambos habían discutido amigablemente sobre cebos de carne de vacuno.
Alec, un pescador de caña. Eso era nuevo para Alice y, juzgando por las cejas levantadas, también era nuevo para Bella.
—Bella vive en una vieja fábrica de zapatos que heredó de sus abuelos, Jazz. Ha hecho un magnífico trabajo restaurándola. Es preciosa —Alice estaba orgullosa de Bella.
—¿Sí? —Jazz deslizó una tarjeta de crédito en la carpeta de cuero marrón—. ¿Dónde está, Bella?
—En Pearl —contestó ella—. Rose Street.
—Pearl. Rose Street —Jazz, el cordial compañero de cena, desapareció. El teniente Jasper Whitlock entrecerró los ojos y frunció el ceño con desaprobación—. Esa es una zona de la ciudad bastante peligrosa. No es la clase de lugar en la que deba vivir una mujer sola.
—Supongo que tienes razón —Bella se encogió de hombros con tristeza—. Es una verdadera pena. La zona era bastante buena hace cuarenta años, o eso me han dicho. No hubiera podido encontrar tanto espacio en ningún otro sitio, y de todos modos, el edificio es mío. Ha sido de mi familia durante tres generaciones y no podía soportar venderlo. Pero no estaré sola mucho tiempo. He diseñado una parte del edificio como un módulo para alquilar y ya tengo un inquilino potencial. Un hombre de negocios. Tenemos una cita pasado mañana.
El bostezo le cogió tan desprevenida a Alice que no pudo disimularlo como hacía normalmente. Jazz reaccionaba de manera exagerada a cualquier signo de cansancio. Como era de esperar se puso en pie de inmediato y cogió a Alice por el codo, haciendo que se levantase.
—Es hora de irnos, señores. Ha sido una velada muy agradable. La primera de muchas, espero.
—Jazz, estoy bien —protestó Alice. Era una verdadera pena Jazz fin a la velada por un bostezo—. Tenemos mucho tiempo…
Jazz ni siquiera la escuchaba. Señaló a Bella con un largo dedo.
—Asegúrate de comprobar al tío, ese inquilino potencial, antes de firmar el contrato y asegúrate también de poner un sistema de seguridad decente —le pidió—. Yo podría aconsejarte, si quieres.
—Gracias Jazz. Y muchas gracias por esta encantadora velada —Bella se puso en pie y Alec la imitó.
—Sí, muchas gracias —repitió Alec.
Jazz asintió y le dirigió a Alec una dura mirada.
—Te ocuparás de que Bella llegue a casa sin problemas.
No era una sugerencia.
—Sí señor, teniente, señor —La risa bailó en los ojos de Alec—. ¿Debería hacer un saludo?
—No, no soy de ese tipo de teniente. Asegúrate que la ves entrar en su casa. Alice, cariño, tenemos que irnos. Pareces cansada. En esa agencia de publicidad te están haciendo trabajar demasiado. Esta semana has hecho horas extras tres días. Te están explotando.
Alice apenas tuvo tiempo de despedirse de Bella y de Alec antes de que Jazz la cogiera por el brazo y empezara a caminar hacia la salida.
Ya habían discutido antes ese tema. A Alice le gustaba su trabajo en la agencia de publicidad. Era tan diferente al aburrido y serio trabajo que hacía en la Fundación Brandon. La gente que trabajaba en la agencia era audaz y divertida, y estaba un poco loca, como Irina. Jazz le tenía manía a Irina por haberla abandonado aquella noche en el Warehouse, aunque Alice ya la había perdonado hacía mucho. Irina era divertida e irresponsable, sin malicia. Jazz se comportaba como si quisiera detenerla.
Era verdad que había trabajado mucho en Semantika, pero no era el trabajo lo que la agotaba. No, la razón de que Alice estuviera cansada era que se pasaba la mayor parte de las noches despierta, contemplando el techo, esperando que Jazz saltara sobre ella. Esperando en vano.
Tenía que haber algo que pudiera hacer para darle un empujón a Jazz y sacarlo de su papel de super protección y devolverle al papel sexual. Permanecieron en silencio durante el trayecto por las oscuras calles, con Jazz al volante conduciendo con maestría en aquella noche de aguanieve. Era un conductor magnífico, algo que Alice admiraba. A ella no le gustaba conducir y no lo hacía bien. Jazz hacía bien un montón de cosas, incluido el sexo.
Sin embargo parecía que si quería conseguir más sexo de él tendría que elaborar algún plan. Tal vez un cambio de escenario estaría bien.
—Jazz, nunca he visto donde vives y me gustaría verlo. ¿Podemos dormir en tu casa, sólo para variar?
—¿Quieres dormir en mi casa? —Las manos apretaron el volante—. ¿Por qué coñ… para qué? No creo que te guste mi casa. Es bastante espartana —Echó una ojeada cautelosa hacia ella—. No paso mucho tiempo allí, y no es que la haya arreglado mucho. No es tan acogedora como tu casa.
—Bueno, claro, ¿cómo iba a serlo? La mía fue diseñada por Bella. Es una de las decoradoras más buenas del país. No espero sofás italianos, ni mobiliario Shaker, ni lámparas hechas a mano. ¿A qué le llamas tú bastante espartana? ¿Tiene fontanería? ¿Calefacción? ¿Electricidad?
La boca dura se curvó reacia hacia arriba.
—Sí —admitió—. Tengo todo eso. Supongo que estarías bastante cómoda.
—Bien, decidido. Prometo no sacar a relucir el moho de la nevera o enterrar tus calcetines malolientes en el patio de atrás. Sólo quiero ver dónde vives. Aquí estamos, prometidos… —Movió la cabeza porque todavía no podía creerlo—, y no tengo ni idea de dónde vives.
—Claro que lo sabes —protestó Jazz—. 1432 Fuller. A unas ocho manzanas de tu casa. Y no tengo patio trasero. Es un apartamento en el cuarto piso.
—¿Lo ves? Ni siquiera sabía eso. Vamos, Jazz —imploró—. Traeré mis sábanas y mis toallas. Incluso cocinaré para ti.
—No —gruñó él. Ya lo había intentado una vez y no había funcionado. Alice tenía ante ella un trabajo de aprendizaje bastante arduo—. Yo cocinaré. Y tengo sábanas y toallas. De acuerdo, de acuerdo —Sonó resignado cuando se detuvo delante de casa de Alice—. Mañana me voy a Chico—Haven para estar presente en una declaración. Volveré a última hora del día siguiente. Cuando vuelva dormiremos en mi casa, si de verdad es lo que quieres, pero no te hagas muchas ilusiones sobre ella.
Alice no sabía que él tuviera que salir de la ciudad, ni siquiera que tuviera la clase de trabajo que requiriera que saliera de la ciudad. Nunca hablaba de su trabajo con ella, nunca le decía como le había ido el día. Lo único que hacía era preocuparse demasiado por ella.
Estaba bien claro de qué habían hablado su padre y él en la biblioteca. De ella. Pobrecita Alice. Pobrecita enferma Alice. Eternamente enferma, eternamente niña.
Bueno, ahora ella estaba bien. Muy bien. Y era toda una adulta. Y ahora que había probado el buen sexo, quería más, mucho más.
Lo que tenían desde esa conversación era algo de sexo rutinario, como si llevaran muchísimo tiempo casados. Alice fue a darse una ducha en el cuarto de baño principal y Jazz en el del lavadero. ¿Cómo diablos podía pasar él por el lavadero y no recordar lo que habían hecho allí? Al ritmo de poesía. Estaría grabado a fuego en su mente para siempre.
Tenía que haber algo que hiciera olvidar a Jazz su actitud de el—sexo—es—perjudicial—para—Alice. ¿Quizás el camisón de seda amarillo pálido? ¿El que le había excitado tanto que tuvo que quitárselo ella?
Alice se secó, se maquilló, se puso crema y se perfumó como nunca antes, decidida a que esta noche hubiera un poco de acción. Jazz esperaba en la cama, siempre tardaba menos que ella. Moviéndose en silencio entró en la habitación. Esta vez no había velas, pero sí algunos aspectos familiares. Jazz estaba despierto y empalmado.
Normalmente dormía desnudo, lo que habría sido muy práctico si tuvieran un poco más de sexo, así que el pene erguido era bastante visible bajo la sábana. Jazz era un horno humano, y hasta que ella no se metía en la cama, no subía el edredón.
La observó vigilante mientras ella entraba en la habitación, siguiendo sus movimientos con ojos ardientes, intensos y azules, y rasgos tensos y depredadores. Ah, sí.
—Me gusta mucho este camisón —susurró él.
—Lo sé —susurró también ella—. Me lo he puesto especialmente para ti. Y espero que esta vez me lo quites tú.
Fuego, fuego en los ojos azuless.
—Oh, sí. Ven aquí y… —Se puso serio de golpe y el fuego de sus ojos fue perdiendo intensidad dejando paso a la preocupación—. No sé, cariño. Estabas muy cansada. Tal vez deberíamos sólo…
—Cállate, Jazz —Alice se quitó el camisón por la cabeza y caminó desnuda hacia la cama.
Jazz se calló y la cogió con las enormes manos temblorosas. Se la puso encima y la besó, con ardor y fuerza, sujetándole la cabeza con una mano para inmovilizarla y las caderas con la otra, pegándola a él. Ella abrió las piernas e hizo que la vagina se deslizara arriba y abajo por su pene duro y ardiente. La enorme mano que le sujetaba las caderas le acarició el trasero, bajando, bajando, justo hacia donde quería que la tocase. Metió un largo dedo y acarició.
Oh, por fin, eso era lo que había perdido.
La pasión y el poder, esa bruma húmeda y ardiente que le nublaba el cerebro hasta que toda ella era pura sensación. La lengua de Jazz le acariciaba la suya al mismo tiempo que le exploraba la vagina con el dedo. Lo agarró con brazos y piernas tan fuerte como pudo, adorando la sensación de aquellos poderosos músculos. Estaba a punto de explotar cuando Jazz apartó el edredón de una patada. Una pluma errante flotó en el aire. Jazz se estaba girando con ella en sus brazos cuando la pluma revoloteó por la cara de Alice.
Ella estornudó y Jazz se quedó paralizado.
Dejó de besarla, dejó de tocarla y se dio la vuelta para ponerla de espaldas con suavidad.
—Lo siento, cariño —susurró, tapándola con la sábana. Cogió el edredón del suelo y con mucho cuidado la arropó con él, como si fuera una niña de tres años. La besó en la frente con precaución y se inclinó hacia un lado para apagar la lamparita de noche—. No debería haber empezado esto cuando lo que tú necesitas es descansar. Buenas noches, mi amor.
Alice se quedó inmóvil. Estaba a punto de tener un orgasmo y no sabía qué hacer. Era demasiado tímida para pedirle a Jazz que continuara, demasiado tímida para bajar la mano y tocarse ella misma. Y cualquier orgasmo palidecería en comparación con lo él podría hacerla sentir.
Las lágrimas empezaron a resbalar por sus mejillas, pero no se atrevió a apartarlas con la mano. Jazz se levantaría de inmediato y le preguntaría frenético si le pasaba algo. Lo que le pasaba era que él la había dejado ardiendo, temblando, al mismo borde del clímax. Alice yació en la cama despierta, apretando los dientes, mirando el techo en penumbras, hasta que el cuerpo se le fue enfriando poco a poco.
La frustración, la rabia y la tristeza se mezclaban en su pecho.
Amaba a Jazz.
Pero quería matar a Jasper.
Espero les guste y nos vemos en el próximo capitulo
* Saludos Telli *
