"Así como un artista puede crear, también puede destruir, yn tu me creaste, fuiste mi artista, pero al final me destruiste" —Yo.
Oscuridad. Eso era lo único que le rodeaba. El corazón de Clarissa se detuvo por un segundo. De repente, su reflejo apareció. Se observo a sí misma, a través del espejo. Era ella misma, o bueno, quien solía ser. Sus cabellos rojos flameantes y sedosos, que asemejaban al fuego enmarcaban su pálido rostro, sus esmeraldas verdes ´por ojos no mostraban emoción alguna, se mostraba totalmente sola y derrotada ante el mundo en aquel reflejo de sí misma que le asustaba. Miro a sus alrededores, quitando la atención del espejo que parecía ser lo único en la habitación. Todo seguía oscuro y negro, solo aquel espejo, que raramente, aunque todo estuviese oscuro, este mostraba solo su reflejo—O, bueno lo que parecía serlo. Aunque sus cabellos ya no eran así desde hacia tiempo, y sus ojos no mostraban debilidad alguna.
—Mira el espejo de nuevo. —Una voz hablo de la nada. —Hazlo, y dime que ves. —. La piel de Clarissa se erizo. Tomando un respiro se volvió a fijar en el espejo. La misma imagen seguía, la chica de los cabellos flameantes, el rostro pálido y los ojos de una persona sin vida alguna.
— ¿Qué ves? —Pregunto la voz. Clarissa mordió su labre, sin respuesta alguna, solo sus ojos clavados en aquel fantasmagórico reflejo de sí misma. Aquella imagen no podía ser cierta. ¿O tal vez si?, no lo sabía. Se sentía confundida.
Titubeo. —A mi misma—Replico, miro a sus pies. Volvió a abrir la boca, pero no podía formular las palabras que quería decir. Una mente llena de palabras no dichas, y una boca cerrada. Ese dicho podía apegarse a ella bastante. —Pero de otra forma. —Logró añadir.
—Débil, ¿cierto? —Preguntó la voz. Clarissa solo pudo asentir con la cabeza, no estaba segura la voz podía verla, pero hasta el momento, esa era la única reacción que le podía brindar a la voz, que tanto le cuestionaba.
Mordió su labio inferior de nuevo. No podía más que sentirse débil, y estúpida. Jamás se había sentido indefensa y solitaria tal vez porque desde siempre se había hecho la fuerte, tal vez porque nunca se dio la oportunidad de llorar y gritar, si no, solo permanecer fuerte, y dar apoyo a los demás.
Solo hubo una vez en su vida en la que se dejo llorar de dolor. La muerte de Daniel. Su precioso niño inocente a quien amó, y cuidó, hasta que Sebastián se lo arrebato de las manos, dándole una muerte sin adiós.
¿Por qué?
Solo aquellas palabras podían comenzar el sinfín de preguntas arremolinadas en su cabecilla, olvidándose completamente de la voz que requería respuesta. La voz que plagaría su cabeza de ahora en adelante.
—Si. —Dijo entonces con un breve suspiro. —Débil, y…—Aunque no quisiese admitirlo, sola.
La voz murmuraba una bella canción, y una brisa recorrió el cuerpo de Clarissa, elevándola por los aires, y el espejo desapareció.
—Sola, tal vez…—La voz era llena de malicia, pero sin embargo, al final siempre con ese tono de preocupación.
—Esa eres tú, esa es la persona que en verdad eres. La persona que plaga en tu mente, la persona que siempre serás. Clary Adele Fray. Ella sigue en ti, solo búscala. —La voz hablo gentilmente. —Has dejado el exterior ganar por mucho tiempo, mas no has dejado que el interior hable. Recuerda Clary, el interior sigue ahí, solo búscalo en las profundadas de tu mente. —Y con estas palabras, fue como si el cuerpo de Clarissa hubiera vuelto a la vida.
Sebastián Verlac guardaba la última de sus pertenecías cuando a sus oídos llego la noticia de que Clarissa había desaparecido. Preocupación se situó en su rostro, y comenzó a tomar rápidos respiros.
— ¡Mierda Clarissa! — exclamó con furia. Su mente preguntándose, si ella había cometido alguna idiotez, o estupidez que le pusiera en peligro. Sebastian la amaba. Y odiaba ahora tener que alejarse por lo que hizo. Odiaba tener que dejarle el camino abierto al niño angel.
Sebastian se volteo al sentir la presencia de su querida hermana. Apreto los puños, causando que sus nudilllos se pusiera blancos como las parades de la sala en la que se encontraba. Con rabia, se volteo, y su mirada encontró a su hermana. 'Hermana' pensó de forma burlona. 'Hermana mia, no es. Me traicionó, y por su culap perdi a Clarissa' pensó de nuevo. Su mente llena de rencor, no podía darse de cuenta que la culpa estaba en sus desiciones, en no haber investigado mas. En solo hacerlo. Pero, por el otro lado, el lo hizo por su hermana, sin saber que esta acabaría por traicionarlo.
¡Hay, que amarga era vida! Te otorga y la vez de quitaba cosas. Se lo llevaba todo, y t e dejaba todo, se llevaba tus esperanzas, destruía algunas, y solo devolvía las pocas restantes—Eso, si eras afortunado.
—¿Qué deseas, Rochelle? —Inquirio amargo a la vista de la sonrisa burlona que esta le dedico. — ¿Qué no tienes vida propia? —Agrego al aborto de mantel de su Hermana.
Rochelle observo a su hermano. —La tengo, a diferencia de ti, si me aman, y no me ven como un asesino de niños, y un cobarde. —Dijo agriamente.
Con rabia,y tristeza, ya no tenia ganas de aventarla contra la pared y matarla a golpes. Lo único que quería era dejarlo ir, decirle, preguntarle , por que le odiaba tanto.
Con una mirada de solsayo, levanto la vista, riendo amargamente. —¿Por qué? —Dijo simplemente. Cansado de peleas, de insultos, de amenazas. El tan solo quería respuestas.
—¿Por qué, que? —Dijo secamente, ella sabia a lo que el se refería, pero el orgullo que poseía, la rabia y el dolor,el odio que sentía por el no se lo permetia.
—¿Por qué me odias? —Pregunto. —Jamas te he hecho daño, eres mi hermana. ¿Qué hice para merecer esto? —Le pregunto tristemente.
Rochelle le observo amaragamente. Abrio la boca para responder. —Tomaste una descision. —Contesto. Y por primera vez, Sebastian pudo observar a su hermana después de mucho tiempo. Ro Verlac. Y entonces ella desapareció. Dejando a Sebastian lleno de preguntas.
Lucifer observo desde su bello infierno. Que débil era Rochelle, dejando una emoción salir a la luz. Nego con la cabeza, y tomo un respiro. Observo entonces a Clarissa. Que inocencia tan pura, tan pulcra, tan…exquisita.
Se relamió los labios, y miro entonces al infante que corria por los jardines de su hermoso infierno. Sonrió. Su hijo era uno de sus secretos, su hermoso bebe, concebido bajo el oscuro cielo en la caída con la única persona que le amo, la persona cuya alma llevaba buscando para devolver a la vida.
Y estaba tan cerca de tener.
