Capítulo 12: A

Capítulo 12: Charlas y ayuda.

Llevaba ya horas junto a aquella cama de la cabaña. Al final habíamos conseguido pillar a los culpables tras lo de los asesinatos, de los tres envíos a los que me habían mandado allí ya había acabado uno y tenía el del asunto de los problemas territoriales aún pendiente. Pero a cambio de qué... Jacob estaba ahora bastante mal.

Era broma, estaba mal, pero saldría de esa, solo tenía un par de costillas rotas y había tenido que sacarle una muela porque se le había roto; además, su brazo útil estaba escayolado y el pobre no podría moverlos bien del todo, por lo que tendría que necesitar ayuda para comer durante una temporadita.

"¿Alguna novedad?" Preguntó su padre entrando a la cabaña.

"No, sin novedad." Dije yo. "Lo siento mucho, yo..."

"Hija, como sigas disculpándote voy a tener que pensar que eres humana y todo." Me dijo. "Tranquila... mi hijo es fuerte, saldrá de esta."

"Billie, su regeneración no funcionará con esto." Le dije yo. "Hemos hecho todo lo que podíamos por él, tanto Carlisle como yo. Pero..."

"Bueno, pues si habéis hecho todo lo que podíais entonces está todo bien." Dijo. "Tú tranquila. Estás haciendo más de lo que deberías."

"Ya, pero fue por mi culpa que el pobre acabó así." Le dije.

"Bueno, a ti también te tocaron ¿no?" Me dijo señalándome la mano vendada.

"Ah, bueno, son rasguños." Dije. "Lo más grave es el esguince de muñeca, y sin usarla se curará en unos días."

"Parece mentira que siga así." Me dijo. "Casi tres días ya."

"No te preocupes." Le dije. "En fin, que el golpe fue bastante fuerte, lo lógico es que de un momento a otro se despierte y comience a dar gritos de nuevo."

"Ja." Dijo su padre. "Suena un poco como a Jacob, sí. Por cierto, ten, te he traído un poco de bebida." Afirmó dándome un bote con sangre.

"¿Y esto?" Pregunté.

"Digamos que nosotros nos comemos los animales y tú te tomas su sangre." Me dijo. "Los chicos cazaron unos conejos y te guardaron la sangre."

"Ahora ya tengo otra cosa más por la que darles las gracias." Afirmé.

"No se lo digas, pero creo que planean pedirte consejo sobre lo que dijiste de que con un poco de pulido podrían ser chicos para alguna chica." Me dijo para hacerme sonreír. "Te van a tocar un poco la moral."

"Bueno, tengo paciencia cuando se trata de tratar con los de su especie." Afirmé. "Al menos con los jóvenes, a no ser que me enfaden mucho, pero bueno. No creo que sea el caso." Afirmé viendo que la bolsa del suero se estaba acabando y corriendo a la velocidad del rayo por la casa hasta coger una nueva y regresar en menos de un segundo a la habitación donde le cambié la bolsa y tiré la vacía a la basura. "Parecen buenos chicos."

"Son buenos chicos, un poco bestias pero..." Dijo el hombre. "Ahora me preocupa más mi hijo."

"Va a necesitar un poco de ayuda cuando despierte." Dije. "Para bañarse, comer..."

"Me encantaría poder ayudarle, pero me temo que no voy a poder." Afirmó. "Se lo pediré a alguno de los chicos."

"Bien, tiene muchos amigos, me extraña que no sea el jefe de su manada." Le dije yo. "Tiene todos los requisitos para serlo."

"Yo lo fui, pero... bueno, creo que él prefiere mantenerse en un segundo puesto." Me dijo él mirándolo.

Hubo un momento de silencio, y entonces, sin mirarme añadió algo más.

"Perdona si con esto te llego a ofender, pero... ¿puedo pedirte algo? ¿Ser sincero?" Me dijo casi con timidez.

Me hizo gracia con aquello, ser sincero, pedirme algo... no podía verlo claro.

"Por supuesto." Dije yo. "Vuestro ancestro siempre fue franco conmigo y yo con él, vosotros dos sois descendientes de Ephraim, así que eso os da a los dos derecho a ser sinceros, aunque duela. Venga, habla."

Billie entonces me miró como dudando y luego volvió a mirar a Jacob que seguía durmiendo plácidamente.

"Me gustaría pedirte que protejas a Jacob." Me dijo. "Creo que te está cogiendo demasiado cariño y eso me preocupa por... por lo que eres."

"Te preocupa que se enamore de mí." Le dije adivinando lo que quería decirme. "Te equivocas, los de vuestra especie no se enamoran de los de la mía, no te preocupes."

Aunque le dijese eso, él no parecía estar menos preocupado, era algo muy raro que él, precisamente que pertenecía a aquella tribu donde tenían muy claro que los vampiros éramos otra raza, casi enemigos de los licántropos, sugiriesen siquiera que un licántropo y un vampiro pudiesen tener algo más que una relación de amistad.

Vale, también yo le había mentido, conocía ya dos casos de licántropos enamorados de vampiros, nunca imprentados pero sí enamorados. Ambas parejas habían acabado mal.

"De cualquier modo…" Dijo Billie.

"No te preocupes, protegeré a Jacob." Afirmé. "Supongo que de ahora en adelante no sería muy sabio dejarle que se mezclase en una pelea mía."

"Dudo que si quiere seguirte puedas detenerle." Me dijo él. "Si le autoricé a ir contigo fue por eso, prefiero que vaya contigo que no solo siguiendo tus huellas y que le ataquen solo. Al menos si está contigo tú puedes protegerle un poco."

Sin darme cuenta estaba tocándole el pelo ahora medio-corto, se le había quemado a trozos y en otros le habían cortado el pelo al tirarle un corte y esquivarlo. Era una pena, le quedaba bien el pelo largo…

"¿Crees que se enfadará mucho cuando descubra lo que le ha pasado en el pelo?" Le pregunté. "Parecía enamorado de su pelo largo."

"Bah, sobrevivirá." Me dijo Billie. "Se lo cortó bien corto cuando se convirtió en licántropo por primera vez, y luego se lo dejó crecer de nuevo. Además, comenzaba a llevar ya greñas. No le ha venido mal ese corte de pelo, no señor."

Eso me hizo sonreír. Esa gente era cálida, era lo contrario a mi especie. Los vampiros solemos ser fríos por naturaleza, no solo nuestra temperatura corporal es más baja que la del resto de humanos, nuestras maneras son un poco frías, la verdad; los licántropos son lo contrario, son bulliciosos, temperamentales… cariñosos con los suyos.

"Por cierto, Bella llamó hace un rato preguntando por ti; le dije que estabas aquí cuidando de Jacob. Me parece que estaban un poco preocupados por ti."

"Llevo días sin ir por allí." Dije. "Supongo que temen que me descontrole y ataque a alguien inocente."

"Creo que temían que estuvieses herida." Me corrigió él.

"Increíble…" Murmuré yo antes de levantarme. "Billie, creo que voy a echar una carrerita, si se despierta antes de que regrese que no se levante y me llamas, por favor."

"Oye, que puedes ir y venir cuando quieras." Me dijo. "No tienes por qué estar aquí todo el tiempo."

"Sí, sí que tengo." Dije yo. "Pero primero voy a ver si me paso por casa de los Cullen y tranquilizo un poco a mi 'cuñada política' antes de que comience a pensar que me han matado…"

"Bueno, si te peleases con alguno de los chicos…" Comenzó Billie.

"Con uno solo le ganaría, con dos… bueno, los calmaría fácilmente." Dije sonriendo. "Hasta más tarde." Afirmé antes de desaparecer sin hacer ruido.

Era un poco raro ver unas hojas moviéndose sin ver nada que las tocase, pero eso era yo, un borrón invisible al ojo humano mientras corría a través de bosques y carreteras hasta llegar a la mansión Cullen. Allí paré en la entrada a frotarme los pies en el felpudo de bienvenida mientras llamaba al timbre. Podría haber entrado sin más, pero prefería hacer la gracia de que viniesen a abrirme, tanto es así que oí peleas para abrir la puerta y cuando se abrió un par de brazos se me tiraron al cuello.

"Ah, solo eres tú." Me dijo Alice sonriendo.

Me hubiese tambaleado con el peso del cuello si quien se me colgó del cuello no hubiese sido mi 'cuñada política', Bella Swan.

"Bella, Bella, oye, que estoy viva." Le dije yo. "Venga, yo también me alegro de verte…"

"Pensábamos que te había pasado algo." Me dijo ella.

"Sí, que se la comió uno de los chuchos." Dijo Emmeret bromeando y apareciendo en la puerta.

"Eh, no les llames 'chuchos' que estos no van por ahí matando a gente." Dije yo.

La verdad es que me iba acostumbrando a que él les llamase así, al fin y al cabo lo hacía de broma.

"Vale, vale." Me dijo. "Apuesto que eso no te lo han hecho ellos." Afirmó refiriéndose a los parches que tenía.

"Ah, no." Dije yo. "¿No os lo ha dicho Carlisle? Hemos acabado con mi primera tarea, más o menos, así que esto me lo hizo un vampiro loco mientras se negaba a reformarse y todo eso."

"Mira quién tiene la deferencia de pasarse por aquí al fin." Dijo Rosalie desde lo alto de las escaleras. "¿Se ha caído el cielo y por eso vuelves?"

Tan amable y cariñosa como siempre esta Rosalie.

"No, resulta que alguien llamó a casa de Billie Black y preguntó por mí." Dije aún con Bella junto a mí. "Así que consideré que podía alejarme de mi puesto de enfermera un rato para pasarme por aquí."

"Que amable, disculpa si no me quedo pero es que a mí esto de los cuentos me sienta mal." Dijo con su sonrisa falsa. "Además, tengo cosas que hacer."

"Deduzco que está enfadada conmigo, otra vez." Dije yo.

"Bueno, te vas y no dices nada." Me dijo Emmeret. "Es lógico que esté enfadada. No todos somos Alice y Bella."

"Lo siento, pero cuando estoy persiguiendo una presa en plan de atosigarla no tengo tiempo para llamar a nadie." Afirmé. "Eso sí, traje unas cositas para vosotros pero… no sé dónde las he dejado."

"Ya los darás cuando los encuentres." Me dijo Jasper. "Supongo que no serán trozos de persona ¿no?"

"Tengo más estilo que eso." Afirmé. "Dios… creo que me los dejé en el garaje…"

"Déjalo." Dijo Bella. "No importa."

"Perdona, no te importará a ti." Le dijo Alice. "Yo ya me había hecho ilusiones."

"Te compraré algo en la salida 'rosa' que planeaste." Le dije sonriendo. "Algo bonito para compensarte haber perdido tu regalo."

"¡Moola!" Dijo ella.

"Como les dejes planearla ya te puedes preparar para ir de tienda en tienda todo el día." Afirmó Emmeret. "En fin, ¿has dicho que habías acabado la caza?"

"Así es." Afirmé. "Al menos de los de nuestra especie, sé que me queda un licántropo suelto, pero de momento ha dejado de actuar."

"Si es un licántropo me pido ir en su caza." Pidió Emmeret.

"No seas tonto." Le dijo Jasper. "Si no lo ha cazado ya es por algo."

"No creo que sea peligroso, solo… neófito, y muy solo." Afirmé. "Además, sus ataques no han sido en ciudades, siempre en sitios verdes; bosques, montañas, entorno a lagos…"

"¿Sospechas de alguien ya?" Me dijo Jasper. "Porque tiene un sello bastante claro incluso para nosotros."

"Ya, pero en La Push no han sido y en la próxima colonia tampoco, y por lo que sé, no hay licántropos solitarios por aquí." Afirmé viendo a Alice haciendo planes y embaucando a Bella con ellos en su alegría. "Se trata de un novato que está solo, podría ser cualquiera, pero… sospecho que nuestro amigo no pertenece a ningún pueblo propiamente dicho."

"Pues por el monte a lo salvaje tampoco va a vivir." Afirmó Emmeret. "¿O sí?"

"No, pero por aquí ha habido varias reservas indígenas durante siglos, algunas desaparecieron y otras han persistido." Dijo Jasper. "Podrían ser cualquiera."

"Exacto." Dije yo. "Esas son mis sospechas. Pero de momento y dadas las circunstancias recientes, creo que voy a tomarme un pequeño descansito."

"¿Con nosotros o los lobos?" Me dijo Jasper. "Porque últimamente pasas demasiado tiempo con ellos."

"Cometí un grave error." Afirmé yo seria. "Le permití que me acompañase en una cacería que sabía que podía ponerse fea."

"Uff, no veas, un error gravísimo." Dijo Emmeret con ironía para reírse de mi preocupación.

"Por mi culpa por poco lo matan." Dije yo seria.

"Bah, solo te llevaste un perro para que te ayudase a coger un rastro." Afirmó él.

"Emmeret, todas las vidas son importantes." Dije yo molesta y dejando que mis ojos se cambiasen a rojo brillante de furia. "Yo no voy por ahí matando a todo el que se me arrima."

"¿Ocurre algo?" Dijo Bella.

"Nada." Dijimos los dos a la vez.

"Discutíais." Afirmó Alice.

"Emmeret dijo que el fútbol es algo de hombres y yo me enfade." Mentí yo. "Hay ligas femeninas también."

"¿En serio?" Murmuró para llevarse un pisotón disimulado. "¡Claro que no puede ser!" Mintió también él ante mi señal. "¡Las mujeres no podéis jugar al fútbol!"

"Habló el que pierde jugando a baseball." Dijo Alice.

Sin embargo no había caído en que si Bella estaba allí, su marido no estaría muy lejos, y él sí que era un problema.

"Creo que en realidad debatían sobre la ética de usar perros para el rastreo en la caza." Dijo apareciendo de la nada tras ellas con gesto divertido. "La experta afirmaba que era amoral mientras que a Emmeret le parecía genial y divertido, ¿me equivoco?"

"Cazar por deporte es algo despiadado." Dijo Bella.

"Ah, pero no se referían a eso." Dijo Edward divertido.

"Edward, cállate." Le dije yo mirándole con los ojos amenazadores.

"¿Entonces a qué se referían?" Dijo Bella.

"A…" Comenzó él.

"Edward…" Le repetí yo amenazadoramente.

"Vale, vale." Dijo él divertido. "No diré nada."

"Deja de jugar así." Le dije más calmada. "No tiene gracia."

"Es gracioso ver cómo pierdes los papeles." Me dijo. "Y Em, me debes algo ¿recuerdas?"

"No es justo." Se quejó él. "Lo tenías a huevo."

"Eso no cambia nada." Dijo Edward. "Una apuesta es una apuesta, y yo gano."

"No sé quién es más 'niñato', los chicos de La Push o vosotros que tenéis mucha más edad que ellos." Dije molesta. "Voy a coger un par de cosas y me vuelvo a ir."

"Ten cuidado." Me dijo Emmeret. "Esme te estuvo afilando las estacas esta mañana."

Me quedé con ganas de soltarles un par de improperios pero en lugar de eso actué como se suponía de una dama.

"Gracias por el aviso, cogeré un par de ellas por si acaso." Afirmé casi sonriendo.

Dios… si no fuesen aliados, si no hubiesen estado a mi lado de la línea hasta cierto punto… me hubiese encantado atacar a Edward. Pero no, nosotros no nos atacábamos como si fuésemos licántropos jóvenes.

En lugar de eso respiré hondo y recogí las cosas que iba a necesitar. Medicinas para Jacob, un libro para entretenerme, el mapa mudo del taco que había conseguido al llegar allí para poder marcar mi trabajo... y mi pistola de balas de plata; posiblemente pronto la necesitase, pero por si acaso, saqué las balas y las guardé en el cargador escondiéndomelo en mi bolsillo.

Estaba intentando elegir entre usar los pinchos de plata para paralizar al licántropo o bien los dardos tranquilizantes para mamíferos grandes cuando llamaron a la puerta y eché la manta por encima para ocultarlos.

"Perdona, ¿puedo pasar?" Me pidió Bella.

"Sí, claro." Dije yo. "Pasa, pasa. Estaba… preparándome para volver a salir."

"Edward me ha dicho lo que ha pasado." Me dijo.

"¿En serio?" Le pregunté. "A ver, dime qué te ha contado, así sabré si según mi código puedo matarle ya o tengo que esperar un poco más."

"Es broma ¿no?" Me dijo palideciendo.

"¿Qué te ha dicho?" Le dije yo.

"Que eres una cazadora." Dijo. "Que si estás tanto tiempo lejos es porque persigues a…"

"¿Según Edward qué es lo que persigo?" Le dije yo.

"Vampiros." Me dijo. "Eres una cazadora de los Vulturis."

"Piiii, incorrecto." Dije yo. "Soy una cazadora de mí misma. Creo que tú eres más racional que tu querido marido. Me gustaría que lo entendierais."

"Edward también es muy…" Me dijo.

"Edward es tu marido, tú le ves así porque es tu media naranja." Le dije yo. "Pero cuando se trata de alguien que ama es como todos, se niega a ver… En fin, si tienes un momento siéntate y te contaré un poco."

"Claro." Dijo.

"¡Cuidado!" Le dije cuando fue a sentarse sobre las espinas. "Armamento, no creo que te gustase clavarte una de estas, créeme."

"Es… ¿qué haces con eso?" Me dijo.

"Cazar, esto mantiene viva la presa un rato." Afirmé recogiéndolas. "Funcionan también para paralizar, acupuntura, las largas." Afirmé mostrándole una antes de volver a esconderlas con velocidad por lo que dudo que las viese siquiera. "Y ahora… comencemos. ¿Por dónde empiezo…?"

"Te dije que me dijeron que eras cazadora de los Vulturis." Me recordó.

"Yo no cazo para ellos, yo solo cazo según mis reglas y las presas que yo creo conveniente." Afirmé. "Ya sé que cuesta creerse esto que te voy a decir pero… mis presas son de tres tipos y varios subtipos." Le dije yo. "Para comenzar, cazo vampiros malignos o fuera de control. Asesinos a los que llamo 'chupasangres', también cazo a vampiros que han hecho algo contra el código para los Vulturis, pero solo me mandan como último recurso."

"¿Chupasangres?" Me dijo. "Así es como llaman Jacob y los otros a los Cullen…"

"Así es como llaman en general despectivamente a los de mi especie." Afirmé yo. "Luego también cazo licántropos, de las mismas categorías que los vampiros, solo que a estos rara vez me mandan cazarlos los Vulturis. A estas presas les llamo 'chuchos'."

"Como los Cullen a la gente de La Push." Murmuró Bella.

"Como cualquiera que se refiera a un licántropo despectivamente, Bella. 'Chucho' y 'Chupasangres' son términos despectivos para ambas especies, insultos." Le dije yo.

"¿Y cazas a ambos por igual?" Me dijo ella.

"Algo así." Dije yo. "Cazo solo al los que son un peligro, a los asesinos y a los locos. Pero no son lo único que cazo, y por eso es posible que te hayan prevenido contra mí."

"¿Qué otra cosa más cazas?" Me preguntó como dudando.

"A aquellos humanos que suponen un peligro para nuestro mundo." Afirmé. "Supongo que siendo familiar de Carlisle, más aún siendo familiar 'humano' de los Cullen, te habrán informado sobre las normas en lo concerniente a los humanos que saben el secretito de nuestro género."

"S… Sí…" Dijo ella.

Podía notar que de pronto el color se le había ido, la estaba asustando sin querer, pero aquello era necesario. Sin embargo, yo no era un monstruo a pesar de mi trabajo. Me tocó un poco verla así y le cogí la mano suavemente ablandando un poco el gesto.

"Quiero y necesito que me creas." Le dije mirándola a los ojos. "Yo no voy a hacerte nada, tengo simpatía hacia las tres especies y sé distinguir a la buena gente de la a mala en cuanto la veo. Tú eres buena, sé que no vas a decir nada. Se nota a la legua que estás enamorada hasta la médula de Edward, y de la familia Cullen. Por eso… y aunque tu Edward se ha mostrado reacio a dejarnos hablar tranquilamente… desde el principio decidí dejar tu caso para el final. Voy a buscar mil y una excusas para retrasarlo lo más que pueda. En breve, voy a dejaros la opción de decidir, y digáis lo que digáis, yo voy a respetarlo."

"Pero… si sigo siendo humana y ellos se niegan a convertirme…" Dijo ella. "Entonces tú…"

"Intentaré buscar algún hueco legal por el que puedas colarte." Afirmé. "A no ser que quieras hacerlo por mi manera."

"¿Tu manera?" Me dijo asombrada.

"A cara o cruz, la decisión es tuya y no del que te muerde, o sea yo." Dije tranquila y frotándole la mano con mi mano enguantada.

"¿Has hecho eso alguna vez?" Me preguntó tartamudeando.

"Alguna vez, sí." Dije yo. "He salvado algunas vidas, pero otros no tuvieron tanta suerte o… bueno, simplemente prefirieron morir."

Aquella chica era más tierna de lo que yo había pensado al principio. No me tentaba su sangre, ni lo más mínimo; me refiero a que parecía no saber muy bien cómo funcionaba lo de la transformación.

"Supongo que no soy quién para hablar y que llegaré tarde, incluso es posible que ya hayas tomado una decisión, pero… me gustaría que te pensases bien lo de dar ese paso." Le dije asegurándome de que tenía todo listo. "El paso en sí no es muy agradable que digamos, hay gente que incluso pide que se les mate mientras deliran. Y luego lo que te espera tampoco es agradable, al menos no para la gente buena como tú. Un año al menos de sed incontrolable en que tendrán que vigilarte de cerca para evitar que huyas y corras a atacar a gente inocente. Y eso si tienes suerte y mucho autocontrol, si no te llevará años el poder alcanzar la fuerza suficiente para resistirte a tomar sangre humana. Las veces que yo he decidido transformar a alguien fue por condiciones extremas, es decir... todos estaban a punto de morir prematuramente. Les expliqué lo que pasaba y ellos tomaron una decisión. Por supuesto, yo me hice responsable de mis actos y los mantuve junto a mí hasta que alcanzaron el nivel necesario para no ser una amenaza."

Ahora Bella estaba pálida y sin poder hablar; me dolía un poco haberla hecho sentir así, pero me aguanté y respiré hondo.

"Bueno, ahora tengo que volver junto a cierta persona." Le dije. "Volveré cuando despierte y me asegure que está bien."

"Isa." Me llamó Bella entonces. "Es... ¿Es posible que un licántropo y un vampiro se enamoren mutuamente?"

"Somos especies enemigas." Afirmé sonriendo divertida de espaldas a ella en la puerta. "Sería algo tabú, además, ambas especies les buscarían por traición y herejía así que... no creo que nadie desee un final así. De todas formas, tú no eres un vampiro, aún. No veo por qué debería preocuparte eso si estás casada con Edward."

"Ya, pero..." Murmuró.

"Bella, eres una chica muy curiosa, me gustas." Dije sonriendo y poniéndome frente a ella en un segundo para darle un toque con el dedo en la frente y desaparecer de allí.

En el camino me encontré con Rosalie y tuve que parar.

"¿Te vas otra vez?" Me dijo.

"Sí, si preguntan diles que volveré cuando el enfermo haya despertado y haya comprobado que está bien y fuera de peligro." Le dije. "Eh, y dile a Edgard que espiar conversaciones ajenas es de mala educación, sobre todo cuando solo pretenden ayudar y proteger a su mujercita."

"Por qué será que no te creo." Me dijo ella.

"Me da igual que me creas o no, yo tengo mi conciencia limpia." Afirmé. "Y francamente, lo que puedas pensar casi me da igual, lo que me importa ahora mismo es mi conciencia."

"Ja, los de tu clase no tenéis conciencia." Me dijo casi como burlándose.

"Lo que tú digas." Afirmé. "Hasta luego."

"Una actuación excelente." Le dijo Emmeret entonces. "La próxima vez toca la de la batalla de las Termópilas."

"Emmeret, cariño, déjate de tonterías ¿quieres?" Le dijo ella. "Esta tía no está limpia, es una asesina y…"

"Y ha cazado a unos tíos antes de que tuviesen que venir el grupo de sabuesos de los Vulturis." Dijo Emmeret. "Ah, y está encargándose de cambiarles la mente a esos chuchos para que dejen de darnos problemas."

"¿Y no será que la perfecta cazadora está comenzando a atarse a la especie equivocada?" Dijo ella.

"A ver, también caza chuchos, así que dudo mucho que se vaya a atar a esa gente." Dijo Emmeret. "Será que les ve como mascotas."

"Mascotas, ya." Dijo Edward apareciendo para ir a la cocina.

"Hombre, ¿no nos ve Esme como sus hijos?" Dijo Emmeret. "Pues ella a esos tíos como mascotas."

(Salto espacio-temporal)

"Buenas." Dije entrando con sigilo en el cuarto donde Billie tenía a Jacob aún dormido o inconsciente. "Traigo medicinas. Ah, hola Sam."

"¿Qué haces tú aquí?" Me dijo.

"Cuidarle." Dije yo dejando las bolsas en la única mesa que había allí.

"Está así por tu culpa." Me dijo.

Estaba aquello muy tenso, seguro que si hubiese estado en su forma animal ahora estaría con todo el pelo en punta.

"Por eso mismo." Dije yo. "Mi deber es estar aquí y hacerme cargo de mis actos."

"No me lo creo." Me dijo.

"Ya, me lo dicen a menudo." Dije yo. "En serio, ¿por qué nadie me cree nunca?"

"Los vampiros no tenéis moral." Me dijo Sam.

"Los vampiros no sé, yo desde luego sí." Dije. "Y no soy la única."

"Me niego a creer que tengas remordimientos." Me dijo. "Es imposible y simplemente me niego a creerlo."

"Lo que tú quieras." Le dije. "¿Y Billie?"

"Se ha ido a cancelar lo del fútbol." Me dijo. "Con Jacob así no estaría bien."

"¿A dónde ha ido primero?" Pregunté.

"A casa de Quil." Me dijo.

"Ahora vuelvo." Afirmé para desaparecer. "Por cierto, ¿Billie es alérgico a algo de comida?"

"No creo, ¿pues?" Me dijo un poco con la mosca tras la oreja.

"Cosas mías." Dije antes de desaparecer.

Salí corriendo, sabía dónde vivía Quil porque si seguía el olor del menor me llevaba a una casa. Licántropos, marcan el territorio.

Encontré a Billie hablando con Quil en el porche, por suerte estaban a la sombra.

"Buenas." Dije sonriendo y parando en el porche. "Billie, he preguntado por ti y me han dicho que habías venido aquí."

"Sí, he venido a… bueno, que tal y como está Jacob no creo que sea correcto celebrar nada en…"

"No lo anules." Le dije. "Vosotros estáis en el salón y yo me encargo de cuidarle. No creo que haya problemas."

"Venga ya." Dijo Quil. "No creo que sea correcto que…"

"¿Correcto?" Dije yo. "Te recuerdo que yo precisamente no soy la típica mujer, así que…"

"Ya, pero… no sé, no creo que sea correcto." Dijo Billie. "No quiero abusar."

"Qué abusar ni abusar." Dije yo divertida. "Si lo hago a gusto. Además, que no creo que a él le gustase saber que habéis dejado de reuniros por él. Vamos, que yo creo que se enfadaría mucho."

"Hombre, eso es verdad." Dijo Billie dudando un segundo. "Que no, que no es moral dejarte que tú te quedes cuidándole mientras nosotros vemos un partido."

"Pse, tampoco es moral ir por ahí matando gente y mírame." Le dije. "Es mi trabajo. Además, si ya tenías todo preparado; y el jefe Swan estaba ilusionado, no deberíais fallarle ahora que está tan solo después de…"

"Vale, vale." Acabó cediendo Billie. "No anulo nada. Pero tú te bajas de vez en cuando y que se suba otro."

"Bah, si sabes que los de mi especie no dormimos." Le dije. "No me cuesta nada cuidarle un rato más."

"Ya, pero…" Me dijo.

"Quil, por favor, dígaselo usted." Le pedí yo. "Que no me importa, además, me siento mejor si ayudo."

"Hombre, Billie." Le dijo Quil. "Ahí la señorita tiene razón, si no duerme y quiere ayudar no creo que le importe mucho, y serán solo un par de horitas."

"Claro que no me importa." Dije. "De todas formas ya iba a estar ahí…"