Preocupaciones
Ron había tenido unos días bastante difíciles desde que empezara el año. Las cosas acerca del heredero de Slytherin no avanzaban hacia ningún lado y no solo su mejor amigo seguía sufriendo las malas miradas. Hermione había salido de la enfermería, no antes de que el descubriera que idolatraba más de lo que pensaba a Lockhart y eso le repugnaba. Estaba preocupado por Harry que se había encontrado un diario sospechoso y estaba prácticamente obsesionado con sus hojas vacías; por Hermione que seguía levemente distante; y por su hermana, Ginny, que estaba extraña desde el incidente donde Malfoy, enojado por no poder quitarle el diario a Harry, se había burlado de su tarjeta de San Valentín.
Estaba tan lleno de pensamientos que solo quería un descanso… y que el Monstruo de la cámara esa se comiera a Lockhart y Malfoy y se muriera por la indigestión que seguramente tendría.
Hermione salió de la enfermería justo a tiempo para ver que las cosas seguían sin dar ningún avance. Ninguno, ni el más mínimo ni de ningún tipo. Harry se había encontrado un diario tan extraño que parecía ausente y ella tenía que quedarse con Ron, a solas y en medio de una incomodidad que ella misma causaba por… por quien sabe. Estaba preocupada por Harry, que parecía encantado; por Ron que tenía una cara de estar cargando los problemas enteros de la humanidad e incluso estaba un poco preocupada por la hermanita de su amigo que apenas conocía pero con la que podía sentir que algo andaba mal.
Estaba tan inundada de preocupaciones que deseaba tener más tareas para acallar sus propios pensamientos y poder ignorar las malas miradas con más confianza.
Ron pudo decir que las cosas habían dado un avance el día que Harry les conto que el diario raro al fin les había dado algo de utilidad. No supo que pensar al respecto porque después de todo, Hagrid era… Hagrid. No tuvo mucho tiempo para pensarlo porque nuevas preocupaciones se sumaron a las que ya tenía: tuvo que elegir materias y se robaron el diario que Harry había encontrado de una manera tan poco discreta que él se tuvo que ocupar de intentar averiguar, junto con Hermione, quien había sido el responsable y cuales eran sus motivos.
Por supuesto, ambos lo hicieron sin decirle nada a Harry para no preocuparlo innecesariamente.
Hermione ya estaba bastante agotada de tanto pensar pero no dejaba de buscar datos que pudieran ayudarles. La leve calma que había sentido debido a que los ataques habían desaparecido y la poción curativa para los petrificados estaba casi lista, se había esfumado el día en el que Neville encontrará las cosas de Harry revueltas de una manera tan desesperada que fue más que obvia la importancia del diario robado. Ron y ella habían discutido sobre eso tantas veces que la relación con los ataques había cobrado suficiente sentido, al menos para ella.
Estaba segura de que el periodo de calma estaba por romperse y no se debía precisamente al próximo partido de Quidditch.
Ron estaba feliz el día del partido, seguro de poder olvidarse de todo y gritar un poco para desahogarse, pero su felicidad se había evaporado bastante temprano cuando Harry grito y les dijo que de nuevo escuchaba la voz anterior a un ataque. Intento negarse a sí mismo el problema apresurando a Harry para ir al partido y restándole importancia al repentino deseo de Hermione de ir a la biblioteca.
Solo quería un día de paz, donde no tuviera que preocuparse por la seguridad de nadie y creyó que lo tendría.
Hermione jamás pensó que se sentiría feliz si Harry volvía a escuchar la voz que anunciaba los ataques, pero esta vez estaba tan segura de haber resuelto el misterio que se sentía radiante. Mientras corría por el pasillo a la Biblioteca se sentía incluso aliviada porque, si el monstruo planeaba atacar, iba a ser casi imposible hacerlo enseguida con las victimas potenciales afuera y ella avisaría cuanto antes lo que había descubierto para terminar con todo de una buena vez por todas. Se sentía tan dichosa por poder demostrar la inocencia de Harry y acabar con el problema, que apenas tuvo un pequeño reparo en arrancar una hoja de un libro y doblarla minuciosamente antes de ponerla en su bolsillo.
Mientras se dirigía a la salida, pensó en como alegraría a Ron la noticia; al fin ambos podían dejar de seguros de que todo se resolvería sin que Harry tuviera que arriesgar la vida o meterse en problemas.
Ron apenas tuvo tiempo de unirse a sus compañeros y gritar un poco antes de que el partido fuera suspendido. Lo que le preocupo, no obstante, no fue eso sino el hecho de que algo le decía que tenía que ver con la voz que Harry había escuchado minutos antes. Se sintió más preocupado cuando vio que la jefa de su casa se dirigía a su mejor amigo y decidió acercarse para defenderlo, no sin antes buscar a Hermione entre la multitud para que también lo hiciera. Sin embargo, cuando la profesora McGonagall le dijo que también él tenía que ir, se alegro de que Hermione estuviera entre la multitud para que no tuviera que pasar de nuevo por las consecuencias de ser amiga de Harry.
Cuando estuvieron enfrente de la puerta de la enfermería y escucho la palabra "ataque", supo al instante que no tenía nada que alegrarse y llamo a Hermione con temor antes de verla inmóvil, petrificada y con los ojos vidriosos.
Hermione supo al salir de Biblioteca que había sido muy tonta. La emoción por su descubrimiento había hecho que se olvidara del hecho de que ella era una victima en potencia. Estaba a punto de regresar a la Biblioteca y esperar a que Harry y Ron fueran por ella cuando vio salir a una chica un par de grados mayor y temió por su seguridad. La llamo pero no pudo alcanzarla hasta que ya estaban suficientemente lejos, por lo que no le quedo más opción que quedarse con ella y convencerla de usar un espejo para mirar antes de salir a los pasillos. Se supo perdida cuando se entero de que la chica tampoco era sangre pura y con la mano temblorosa saco el papel de su bolsillo y lo arrugo para apretarlo en su puño confiando en que así podía ayudar a sus amigos si algo le pasaba.
Cuando los ojos amarillos que tanto temía se reflejaron en el pequeño espejo, se arrepintió por haber arruinado la oportunidad de que Harry saliera ileso y pensó en que había sido una tonta orgullosa por no haberle dicho a Ron que la acompañara o haberle comentado que creía haber descubierto la respuesta.
Pero principalmente se sintió preocupada y muy mal por dejarle a Ron toda la responsabilidad de ayudar a Harry y añadirle a ambos la preocupación por su propia vida.
