Lamento la tardanza, pero en cuanto el secuestro del trabajo me ha dejado, me he puesto al día. Capítulo más largo, en compensación.

Gracias por leer, como siempre, sois lo más, mil gracias por comentar. Los relatos son de los lectores.

CAPITULO 12.

Kate no podía pensar con claridad después de las palabras del escritor. Si él hubiese confesado que iba a ser padre con otra mujer, desde luego ella se habría alejado inmediatamente, sin embargo, él no sólo no se había ido, si no que había controlado perfectamente la situación, haciéndose cargo sin pedírselo, cuidando de ella y facilitándole un futuro que la detective no tenía en absoluto claro.

Y encima decía que la quería más aún por tener miedo de sus sentimientos y haberse portado tan mal con él. ¿Sería lo suficientemente largo el resto de su vida como para agradecerle todo lo que estaba haciendo por ella?

Castle atrajo su cara y después de mirarla durante unos instantes la besó en los labios.

- Vamos… Te prepararé fruta.

Una hora después y tras cerciorarse que Kate estaba bien, Castle llamó a Paula, su representante. Paula era una mujer decidida, de gran carácter y tenacidad, que sabía lidiar perfectamente con Castle y mover los hilos en los medios de comunicación, de forma que el escritor publicitaba sus libros consiguiendo más ventas y por tanto más beneficios. Además Paula no solía ceder ante Gina, cosa que Castle si hacía. Para Paula Gina era una editora más y si había que cambiar y deshacerse de ella, lo tenía claro, lo haría, mientras que Castle, siempre evitaba este tipo de conversaciones, a pesar que su ex mujer y editora, a juicio de Paula, le chupaba la sangre.

- No te entiendo Rick – decía Paula – tienes a todas las mujeres del mundo y vas a obsesionarte con la que está embarazada de otro.

- Bueno, ya sabes lo que se dice, siempre queremos lo que no podemos tener. ¿Es complicado hacer lo que te pido?

- No. Claro que no… – contestaba la mujer – Sería mucho más fácil hacer un comunicado en el que lo confirmases, pero también restaría emoción al asunto.

- Emoción…

- Sí. Emoción. Si hago un comunicado en el que pido que se respete vuestra intimidad y no se hagan juicios a la ligera por unas fotos – decía ella pensativa – es posible que levantemos una persecución por parte de tus lectores, en especial las del sexo femenino… Supongo que querrán corroborar de primera mano si es o no es verdad lo que dice la prensa, volverías a estar fuera del mercado, y eso no les gusta… Te perseguirán. Emocionante.

- No me importa demasiado, si eso ayuda a que todo el mundo piense que llevamos tiempo juntos.

- Bien… Haré ese comunicado pidiendo respeto a tu intimidad. Y creo que la prensa creerá que simplemente estáis esperando que el embarazo siga su curso y estar seguros de que todo va bien, para comunicarlo.

- Exacto. Deja que crean eso.

- ¿Vivís juntos?

- ¿Qué?

- Si quieres que todo el mundo se trague esto… Deberíais vivir juntos.

- Eso es… Complicado.

- Piénsalo.

- Lo haré.

- Y Rick…

- Dime.

- Gracias por confiar en mí y contarme la verdad.

- Siempre he confiado en ti… Si no, no dejaría mi dinero en tus manos…

- Te recuerdo que yo hago que multipliques ese dinero.

- Lo sé.

- Mandaré ese comunicado hoy mismo.

- Gracias Paula.

El escritor salió de su despacho, Kate estaba sentada en el sofá, con las piernas dobladas sobre el mismo, haciendo ver que veía la televisión, pero sin mirarla.

- ¿Qué ocurre? – preguntó él sentándose a su lado.

- Acabo de ver las noticias – dijo ella mirándole.

- ¿Josh?

- Siguen sin saber nada sobre su paradero.

- Eso no quiere decir que no esté bien.

- Lo sé.

Castle la miró con algo de tristeza. Cada vez estaba más seguro de los sentimientos de Kate hacia él, pero no podía evitar sentirse celoso. Kate había estado meses con Josh, había compartido su vida con él, era el padre de su hijo. Mientras él, tan sólo llevaba cuidando de ella unos días, por no decir que habían dormido juntos cinco noches…

- Kate. Tengo que decirte algo… Paula.

- ¿Qué ha dicho?

- Mandará el comunicado hoy mismo.

- Bien.

- Ella cree que si queremos que no haya dudas…

- ¿Sí?

- Deberíamos vivir juntos – soltó de repente.

Kate cerró los ojos levantando la cabeza.

- No sé porque, pero… Imaginaba que dirías eso…

- Sólo es ante los ojos de los demás… - intentó suavizar él – Si te hace sentir incómoda, si quieres puedo prepararte una habitación arriba, o mejor, puedo ir yo… Pero opino igual, deberíamos vivir juntos…

- No… Yo…

El móvil de Kate comenzó a sonar y la detective miró la pantalla.

- Es Lanie.

- Dale recuerdos – dijo él levantándose del sofá – habla con ella mientras me ducho. Luego seguimos.

Kate asintió viendo como se perdía por su habitación.

- Hola Lanie.

- ¿Has leído la prensa? – soltó la forense sin saludarla.

- ¿Ha pasado algo interesante? – fingió.

- Ya lo creo…

- Ah ¿Sí? ¿Qué?

- Parece ser que cierto escritor de novelas policiacas – comenzó Lanie – ha sucumbido a los encantos de la detective de la NYPD a la que perseguía para documentarse y esperan un bebé…

- Y tú te lo has creído…

- Hasta la última palabra. Por cierto, ya me podías haber puesto al día y decirme que llevabais meses juntos… Eres muy mala amiga.

- Lanie…

- Tener que ver vuestras fotos besándoos en la calle para saberlo… No, no Kate, eso no se hace con una amiga.

- Sabes que iba a contártelo, pero no tuvimos tiempo y ahora… Esto…

- ¡Es genial Kate! Esto soluciona tu problema.

- O me genera otro más.

- ¿Cuál?

- Gates.

- ¡Venga ya! No sé que problema puedes tener con ella.

- No he comunicado mi embarazo. Y puede pedirnos a Castle y a mí que no volvamos a trabajar juntos…

- No lo había pensado… Y… ¿Qué ha dicho tu chico escritor? – dijo de nuevo entusiasmada.

- Ha llamado a su representante para seguir con la farsa ante la prensa y… - Kate cerró la boca sin decir nada más.

- ¿Y…?

- Nada… Eso…

- Tú y yo sabemos que ese "nada" es algo… Desembucha.

- Lanie…

- Te escucho.

- Ella le ha dejado caer, que sería mucho más creíble si vivimos juntos.

- Lógico. La prensa os perseguirá.

- Pero… Yo…

- ¿No quieres vivir con él?

- Lanie, acabamos de empezar…

- Ni que eso fuese impedimento, le conoces desde hace años.

- Y ni siquiera…

- ¿Qué? Ni si quiera… ¿Qué?

- Bueno… Hemos dormido juntos pero… No… Ya sabes…

- ¿No te has acostado con Castle? – gritó Lanie.

- ¿Quieres bajar la voz? Te ha oído medio Manhattan.

- Esto es peor de lo que pensaba…

Kate sonrió recordando las palabras del escritor cuando ella se había mostrado dispuesta a hacerlo.

- Pensé que esos besos eran reales – dijo por fin Lanie.

- Lo eran.

- ¿Entonces?

- Bueno… Con todo lo que ha pasado en tan poco tiempo… No… No era nuestro momento…

- Ya… ¿Ahora me quieres decir que el caballero andante quiere tomarse su tiempo contigo?

- Parece ser.

- No, no, no, no… No puede ser. No me cuadra.

- ¿Por qué?

- ¿Cómo que porque? ¿Cuatro años esperándote y ahora se quiere tomar su tiempo?

- Pues a mi me parece…

- ¡No lo digas! Dime más bien que pasará dentro de una semana cuando siga sin pasar nada…

Kate no había pensado en eso. Simplemente el gesto de Castle le había parecido comprensivo y tierno.

- Pues… ¿Qué seguirá sin ser nuestro momento?

- ¿Y cuando quieres que lo sea? ¿Después de dar a luz?

- ¡Ay! Lanie no me agobies.

- Chica… Deberías de dejarle muy claro que tú estás muy interesada en él…

- Lanie…

- Hazme caso. ¿Has hablado con tu padre?

- No… Todavía no…

- Supongo que estará encantado con este nuevo giro.

- Por cierto, tu amiga Laureen… ¿Cómo se le ocurre confirmarlo sin consultarme?

- Ni idea… Deberías preguntarle a ella.

- Da igual… Bastante me ha fastidiado salir en la prensa.

- Ya… Bueno Kate, tengo cosas que hacer… ¿Nos vemos mañana?

- Si Gates no me despide…

Las dos amigas cortaron la comunicación. Lanie se dejó caer de espaldas en la cama, inmediatamente unos brazos la rodearon, y se fundió en un ardiente beso con su amante.

- ¿Sabes que pasará si Beckett se entera que fuiste tú quien hablaste con la prensa? – preguntó Espo sonriendo.

- Supongo que me matará y tirará mis restos hechos trocitos al Hudson, me comerán los peces y nadie sabrá que ocurrió.

- Exacto.

- Es por su bien, fue idea de Jim.

- ¿Jim está metido en esto?

- Él no sabe nada…

- Y… ¿En serio Castle no se la ha…

- ¡Javier Exposito! Ni se te ocurra decir lo que ibas a decir. No has oído nada, es más, ni siquiera estás aquí.

- ¿Ah no? ¿Entonces esas cosas que tienes que hacer…. – dijo besándola – no me incluyen a mi?

Kate se quedó pensativa después de la hablar con Lanie. Era cierto lo que su amiga decía. Cuatro años con indirectas, y durante las cinco noches que habían dormido juntos, él no se había sobrepasado lo más mínimo, ni siquiera un intento.

En ese momento Castle apareció en la sala, tenía aún el pelo mojado. Ella se fijó en él. Una camiseta con el cuello en pico, unos vaqueros gastados, zapatillas deportivas… Le parecía más atractivo que con sus eternas camisas. Él se acercó y se sentó a su lado.

- ¿Todo bien con Lanie?

Kate asintió con la cabeza, levantando los ojos para mirarle.

- ¿Podemos seguir hablando sobre…?

- ¿Estás completamente seguro de lo que estás haciendo Castle? Quiero decir, esto no es un juego para mí…

- Para mí tampoco.

- No estás jugando a ser un buen amigo y ayudarme con todo esto ¿No?

- Créeme… No tengo ninguna intención de ser un buen amigo… - dijo con picardía

Kate sonrió mientras él se acercaba poco a poco para besarla.

- Ninguna intención – volvió a repetir él en su boca.

Ella se dejó besar, perdiéndose en los millones de sensaciones que sentía cuando el escritor la besaba, y que eran tan adictivas, que no había dejado de pensar en ellas desde el que fue su primer beso, meses atrás, cuando ambos intentaban disimular ante un enemigo.

El teléfono de la detective volvió a sonar. Ella seguía absorta en los labios de Castle.

- ¿No piensas contestar? – preguntó él separándose milímetros.

- No – contestó mientras volvía a pegar sus labios a los de él.

- Quizás sea importante – dijo Castle dejando de besarla y separándose.

Kate bufó y miró el teléfono con desgana, aunque su cara cambió al ver la fotografía que aparecía en pantalla.

- Hola papá.

- Hola cariño… ¿Qué tal estás?

- Bien… Bien… Todo va bien.

- ¿Dónde estás?

- Hum… Estoy… Estoy en casa de Castle… ¿Por qué?

- Estoy en la puerta de tu apartamento, quería enseñarte la prensa de hoy.

- Vaya… Lo siento papá…

- No importa… ¿Lo has leído?

- Sí…

- Es justo lo que necesitabas cariño… Han sido rápidos… Se nota que Castle tiene contactos…

- Él no ha sido.

- ¿Cómo que él no ha sido?

- Debieron de seguirle y…

- ¡Para un momento! Entonces… ¿Castle y tú…?

- Sí. Nos besábamos y ellos sacaron el resto de conclusiones…

Jim se mantuvo en silencio al otro lado de la línea.

- ¿Papá?

- Sabía que él no iba a dejarte sola en esto. Me alegro tanto por vosotros…

- Bueno, aún es pronto y…

- Supongo que si estás en su casa y no en la tuya, es porque no es tan pronto…

Kate se sonrojó ante el comentario de su padre.

- Bueno, Paula, la representante de Castle, nos ha aconsejado que… Deberíamos vivir en la misma casa… La prensa…

- Claro cariño, eso lo hará más creíble… ¿Pero estáis juntos verdad?

- Sí – dijo ella sonriendo y mirando a Castle – Castle y yo estamos juntos.

- Deberías llamarme un día de esta semana para que comamos juntos…

- Lo haré.

- Te quiero hija.

- Y yo a ti papá.

Kate cortó la llamada y se giró mirándole, acortó la distancia entre ambos y comenzó a besarle.

- ¡Para! – dijo Castle separándola ante el asombro de ella – Sé que desde la primera vez que te besé, hace ya tiempo – dijo sonriendo – no has parado de preguntarte cuando volvería a hacerlo…

- ¡Castle!

- ¡Vamos! Sé que tengo razón… La cuestión es… ¿Tengo el visto bueno de tu padre para hacerlo?

Kate se acercó hasta su oreja.

- ¿Necesitas su visto bueno para besarme? – susurró.

- Eres su hija ¿No? – contestó él mientras la besaba repetidamente en la mejilla

- Bien – afirmó ella levantándose – entonces llámale y pregunta…

Kate comenzó a andar hacia la habitación.

- Pero… ¿Dónde vas? ¿No irás a dejarme así? ¿En serio quieres que le llame?

- Voy a ducharme Castle.

El escritor sonrió mientras la seguía con la mirada.

- ¡Oye! – dijo en vano, pues ella ya había cerrado la puerta de la habitación – No hemos terminado de hablar sobre donde vamos a vivir…

Castle comenzó a fantasear sobre eso. Comenzó a pensar que motivos debía dar para que ella accediese a trasladarse a su casa y no al contrario. Aunque tener a su madre y a su hija conviviendo con él, podría ser un punto negativo, pero él no podría dejar de ver a Alexis… Era su padre y ella le necesitaba. Cada vez menos, pero…

- ¡Querido!

- Dime madre – dijo saliendo de su ensoñación.

- No puedo creerlo. Un viejo amigo acaba de llamarme. Se ha enterado lo de mi academia y quiere organizar un casting a mis chicos para una nueva serie de televisión. Quiere caras nuevas, pero con madera… Así que, ha pensado en mí y mis chicos…

- Es estupendo – dijo desganado.

- ¿Te imaginas? Si alguno de ellos salta a la fama dirá que estudió en mi academia.

- No sé si eso será una buena publicidad para ellos.

- ¡Oh! Calla ¿Por qué no me tomas en serio? Yo lo he hecho siempre con tus proyectos.

- Si… No me recuerdes lo serio que te los has tomado.

Martha se acercó a su hijo, sentándose a su lado y poniéndole la mano en el hombro.

- Con el que estoy más satisfecha es con tu último proyecto hijo.

Castle la miró frunciendo el ceño.

- Fue duro para mí criarte sola. Lo que vas a hacer es… Increíble hijo. Estoy orgullosa de ti.

- Gracias mamá – dijo fundiéndose en un abrazo con ella.

- Espero que todo os salga bien a ti y a Kate… - dijo separándose - Por cierto ¿Dónde está?

- En la ducha.

- Por un momento pensé que ya se te había escapado.

- Y creo que lo intenta… Paula aconseja que vivamos juntos… Por la prensa. No parece estar de acuerdo.

- Es un poco pronto…

- Lo sé. Pero nos conocemos desde hace tanto…

- Pues si la conoces tan bien, sabrás como convencerla.

- Eso espero – dijo pensativo.

- Bueno… Iré a hacer la maleta mientras llamo a mis chicos… - comentó levantándose.

- ¿Maleta?

- ¡Ah! No te lo he dicho… La audición es en Boston. La serie va a grabarse allí, quizá esté fuera toda la semana – dijo comenzando a subir las escaleras.

- ¿Tu también?

- Creo que para lo que tienes que hacer, te vendrá bien que no estemos en casa ninguna de las dos…

Castle asintió sonriendo a su madre mientras desaparecía por la escalera. Alexis pasaría la semana visitando universidades con una amiga y la madre de ésta. Quizá Martha tenía razón.

Alexis bajó corriendo por las escaleras.

- Papá, voy a salir a comer con Chelsey.

- Vale cariño.

- Después iremos al cine y como voy a dormir en su casa para salir temprano mañana desde allí…

- ¿Sí?

- ¿Puedes acercarme en coche hasta su casa? La maleta…

- Claro… Alexis…

- ¿Qué?

- ¿Qué pasaría si Kate se mudase a vivir con nosotros?

- ¿Qué no sería yo la que tendría que preocuparme por ti? – le pregunto sonriente la pelirroja.

- ¿Estarías de acuerdo?

- Papá… - dijo la chica elevando sus ojos y negando con la cabeza – Gracias por preguntarme, pero no hace falta que yo esté de acuerdo. Yo también quiero lo mejor para ti, y si es ella, pues…

- Lo es.

- Vas a romper el corazón de la madre de Chelsey. Me ha llamado solo para preguntarme si era cierto…

- No sabes cuanto lo siento… ¿Cuidará de ti igual?

- Claro… ¿Me llevas?

- Kate está en la ducha, en cuanto salga te llevo.

- Vale – dijo volviendo a desaparecer escaleras arriba.

Aunque Castle siempre estaba deseando tener días tranquilos para escribir sin su madre y su hija revoloteando por la casa, cada vez que se quedaba solo le daba por pensar que Alexis volaría pronto y su madre… Martha era como el viento, iba, venía, suave como la brisa, fuerte como el huracán… Irremediablemente algún día se quedaría solo… Pero… No si podía evitarlo… Kate era su futuro.

Seguía pensativo en el sofá cuando oyó la puerta de su baño. Kate había terminado de ducharse. Tenía que hablar con ella. Se levantó y tocó en la puerta de su habitación.

- ¿Puedo pasar?

- Sí.

Abrió la puerta justo en el momento que ella terminaba de ponerse su jersey.

- ¿Crees que podemos terminar esa conversación?

Ella se sentó sobre la cama, mirándole. Castle la imitó sentándose a su lado. No era fácil lo que quería decir, pero si seguía buscando las palabras, podría tardar otros cuatro años en hacerlo. Tenía que ser valiente y decir lo que tenía que decir.

- Quiero que vengas a vivir aquí. Conmigo – soltó él sin pensarlo más.

- Castle…

- Lo digo en serio Kate. Te quiero – tomó una de sus manos entrelazando sus dedos con los de ella y la miró fijamente – y ya te lo he dicho, no voy a esperar otros tres años para decir lo que siento y quiero. Si lo que te asusta es la rapidez, no te preocupes, lo tomaremos con calma.

- Castle… Necesito…

- No tenemos mucho tiempo para pensarlo Kate…

- ¿Puedes dejar que hable?

- Perdón… Perdón…

- ¿Martha y Alexis?

Castle se quedó pensativo mirando para otro lado. En el fondo temía que Kate dijese eso.

- No puedo renunciar a vivir con mi hija y por más que quiera, no puedo deshacerme de mi madre.

- Castle… ¿Qué opinan ellas?

- Opinan ¿Crees que voy a pedirles opinión?

- Deberías, viven aquí.

- No debería, pero aun así, están de acuerdo – la detective asintió - ¿Es suficiente? ¿Vendrás?

- Necesito…

- ¿Qué Kate? – dijo un poco contrariado al no obtener respuesta.

- Ir a mi casa a por ropa…

Castle la miro durante unos instantes, mientras su cerebro procesaba la contestación.

- En marcha – dijo levantándose de un salto y ella le imitó sorprendida – de camino dejaremos a Alexis en la casa de Chelsey, estará toda la semana fuera.

Castle cogió su mano y tiró de ella para salir de la habitación, parándose dos pasos después para girarse y abrazarla.

Minutos después, Kate y Alexis esperaban en la puerta del loft a Martha y Castle que bajaban por la escalera, el escritor con una gran maleta de su madre.

- Que poco has tardado en hacer tu maleta Martha – comentó Kate.

- Una actriz siempre tiene que estar preparada para salir corriendo a un casting, querida.

Alexis sonrió a Kate elevando sus ojos y evitando que su abuela se percatase.

Cuando llegaron a la puerta de la academia de Martha, varios de sus alumnos la esperaban allí y ella bajó del coche contenta, repartiendo abrazos y casi olvidándose de su familia.

- ¡Abuela!

- Perdonarme un segundo – les dijo a sus alumnos.

- Alexis, llámame – pidió Martha abrazando a su nieta.

- Sí abuela.

- Y tú querida – dijo abrazando a Kate – ten paciencia.

- Madre…

- Bueno… Os llamaré cuando lleguemos.

- ¿No vas a despedirte de mí? – preguntó Castle sonriendo.

- En el fondo sé que me echas de menos – le dijo dándole un beso en la mejilla.

- No sabes cuanto… – dijo el bufando – Pórtate bien, no des un mal ejemplo a tus chicos pasándote con el Martini…

- ¡Castle! – regañó Kate.

Cuarto de hora después, despedían a Alexis en la puerta de Chelsey y se ponían en marcha para ir al apartamento de la detective.

Castle miró varias veces por el retrovisor, nervioso.

- ¿Tú también te has dado cuenta? – le preguntó Kate.

- ¿Los has visto? – contestó él.

- Desde que salimos de tu casa. Han estado haciéndonos fotos. Pero no parecen de la prensa… Sus cámaras…

- Son fans… Paula me advirtió.

- ¿Fans?

- Quieren saber si es cierto… Y supongo que estarán mandando fotos a Twitter… - dijo él mientras paraba en un semáforo.

- En ese caso… - se acercó a él – Lo suyo es que tengan material de primera mano – dijo besándole.

- Creo que voy a pedir por Twitter que nos sigan a todas horas – contestó mientras correspondía al beso.

Mientras Kate llenaba una enorme maleta con ropa, Castle revisaba la nevera de la detective, metiendo en una bolsa de plástico todo aquello que podría echarse a perder en varios días.

Podía oír a Kate protestar bufando en su habitación y decidió acercarse.

- ¿Te puedo ayudar?

- No cabe todo…

- Normal… ¿Cuántos pares de zapatos llevas?

- Los imprescindibles – contestó ella entrecerrando los ojos.

- Ya… Bueno no te preocupes, van a venir a por tu ropa y traerán cajas, no tienes que meterlo en la maleta.

- ¿Cómo que vendrán a por mi ropa?

- He llamado a una empresa de mudanzas, no podemos salir de aquí con la ropa y que nos hagan fotos…

- ¿Y te han atendido en domingo y de urgencia?

El escritor se encogió de hombros.

- Están para eso ¿No?

Kate negó con la cabeza. Estaba claro que con dinero se conseguía cualquier cosa. Suspiró aliviada, no tenía que jugar al tetris para colocar la ropa dentro.

Minutos después llamaban a la puerta y dos operarios le entregaron a Kate varias cajas que ella llenó y etiquetó mientras los operarios charlaban con Castle.

- Ya está todo – dijo ella – son tres cajas.

Uno de los operarios las colocó sobre una carretilla y Castle deslizó en el bolsillo del otro varios billetes.

- Bueno chicos… Bajamos todos al portal y cinco minutos después de que nos hayamos marchado podréis salir. Mi dirección está aquí – dijo tendiéndoles una tarjeta – el portero os esperará en la puerta y se hará cargo de las cajas.

Varios minutos después Castle conducía hacia Central Park.

- ¿Central Park? ¿No volvemos a tu casa? – preguntó Kate mirando por el retrovisor al coche que les seguía.

- Será mejor que no vean entrar las cajas… ¿Te apetece comer en el restaurante del embarcadero?

Kate sonrió. Nunca había comido allí, pese a que era un sitio con verdadero encanto.

- Me parece perfecto.

- Bien… Así daremos a mis fans más material… - dijo mientras guiñaba un ojo.

Comieron entre caricias y besos, sabiéndose observados y fotografiados. Después de comer, Castle propuso dar un corto paseo, el contraste de colores del recién llegado otoño invitaba a recorrer los senderos del pulmón de Manhattan. Caminaron abrazados, Castle pasaba su brazo por los hombros de ella, que le abrazaba con una mano por la cintura y entrelazaba los dedos de la otra mano con la de él.

Cuando llegaron al Puente del Arco, Castle, se paró y la abrazó, fundiéndose en un profundo beso.

- Esta foto ha tenido que quedar bien – susurró en su oído.

De pronto, dos de las perseguidoras se acercaron a ellos, pidiéndoles que se hiciesen una foto juntos y declarándose fans incondicionales del escritor.

Castle miró a Kate, sabía que no era de su agrado, pero si querían continuar con aquello, lo mejor era posar dos minutos y volver a casa. Él la miró interrogante y ella aceptó, posando junto a las dos chicas que llamaron a una tercera para que tomase las fotografías.

Después de firmar varios autógrafos, la pareja volvió al aparcamiento del restaurante.

- ¿Bien? – preguntó él.

- Sí, pero estoy algo cansada.

- Volvamos a casa.

Castle abrió la puerta de su casa, y allí, junto a la entrada, estaban las tres cajas de Kate. Se volvió hacia ella cogiéndola de la mano.

- ¿Dónde quieres dormir? – preguntó intentando que ella fuese sincera.

- Contigo – aseguró ella.

El escritor trasladó las cajas a su habitación y abrió su amplio armario, tenía que dejar hueco suficiente para ella. No sería complicado.

- ¿Estás muy cansada? ¿Lo dejamos para luego?

- No. Prefiero tener la ropa colocada.

Casi una hora después, ambos, sentados en el sofá, bebían zumo mientras veían una película en la televisión. El móvil de Castle vibró, avisándole que Martha estaba hospedada en el Hotel Lenox.

- Mi madre…

- ¿Todo bien?

- Parece ser que sí – dijo mientras toqueteaba el móvil.

Tras unos segundos, Castle le mostró a Kate el móvil. Había una foto de ambos besándose en el Puente del Arco, de Central Park.

- Confirman que estamos juntos. Nos han seguido hasta casa.

- ¿Triste?

- ¿Por qué?

- Perderás fans femeninas.

- Bueno… Me aseguraré de no perder a la única que me interesa – dijo mientras la besaba.

Estaban tan relajados aquella tarde, que se quedaron dormidos en el sofá. Kate despertó y al levantarse para ir al baño, movió al escritor sin querer, y éste se desperezó sonriendo.

- ¿Nos hemos dormido?

- Eso parece.

- ¿Qué hora es?

- No lo sé, pero debe ser la de cenar, mi estómago cruje – afirmó ella.

- ¿Qué quieres cenar? – dijo él levantándose.

- ¿La verdad?

- Claro

- ¿Sin reírte?

- ¿Qué puede apetecerte para que me ría?

- Tortitas… Con nata y fresas.

El escritor la miró sonriendo.

- De inmediato.

Kate devoraba las tortitas bajo la atenta mirada de Castle, que comía un sándwich.

- Están buenísimas.

- Ya lo veo. ¿Quieres que haga más?

- No… No… Creo que me he pasado.

- Espera, te daré más nata – dijo comprobando que no quedaba más en el bote.

Castle abrió la nevera y sacó otro envase, cuando se acercaba a ella, la miró sonriendo y sin que ella lo esperase, presionó el botón manchándole la nariz. La detective le miró sorprendida, iba a protestar cuando él se acercó besándola y haciendo desaparecer la nata.

- ¿Quieres más? – preguntó con picardía mientras abría la boca y se la llenaba.

Kate le miró ladeando la cabeza.

- ¿No vas a darme? – preguntó ella.

Castle tragó.

- Si quieres más, ven a por ella – dijo señalando su boca y repitiendo la operación de llenársela de nata.

Kate negó con la cabeza y sin que él se lo esperase, puso sus manos a cada lado de la cara del escritor y le acercó hasta ella, posando sus labios en los de él, que esperando que ella profundizase el beso, bajó la guardia, momento que Kate aprovechó para quitarle el envase y presionar el botón manchándole la cara.

- ¡Oye! – protestó él – Eso es trampa.

- ¿Hay reglas? – dijo ella volviendo a mancharle.

- Ya verás… - Castle corrió hasta la nevera para sacar otro envase.

Durante varios minutos, la cocina fue escenario de una mini batalla campal, donde ambos luchaban por manchar la cara del otro. Finalmente, el escritor, con su envase vacío, intentaba atrapar a la detective, que se movía ágil alrededor de la encimera, hasta que se resbaló con el líquido caído en el suelo y al desestabilizarse, perdió unas milésimas de segundos que Castle aprovechó para abrazarla e inmovilizar con una mano las muñecas de la detective en la espalda, pegándola contra él y dejando sus bocas juntas.

Se miraron durante segundos. El escritor comenzó a besar su cara, limpiando con sus besos los restos del dulce. Ella comenzó a hacer lo mismo, hasta que ambos coincidieron sobre sus bocas.

Ninguno de los dos podía contenerse más, comenzaron a besarse casi violentamente, en una batalla de besos y dientes, en la que la detective, con las manos sujetas a la espalda, estaba en clara desventaja. Castle bajó sus labios hasta besar su cuello, Kate se arqueó, intentando zafarse de su agarre, pero le resultaba imposible Castle la tenía bien sujeta. Para su desesperación, su intento en vano de lucha, la llevó a pegar más su torso contra el de él, sintiendo que sus senos, más sensibles de lo normal debido al embarazo, rozasen contra su cuerpo, excitándola aún más. El escritor llevó su mano a la nuca de Kate, llevando el control de su cabeza.

Kate dejó de luchar perdiéndose en los efectos que los labios de Castle provocaban en su piel, su respiración comenzó a entrecortarse. Él fue consciente que llevaba ventaja, el suave gemido que emitió Kate tras unos segundos besando su cuello, lo corroboró. Quiso parar en ese mismo instante, por miedo a ir demasiado deprisa. Levantó su mirada buscando sus ojos, y lo que vio fue que ella le entregaba su cuello como si él fuese un depredador y ella su presa. Buscó su mirada, pero sus ojos estaban cerrados, reparó en su boca, sus labios rojizos y entreabiertos, invitándole a devorarla. No pudo contener su instinto, el olor que envolvía a Kate le enloquecía, no pudiendo controlar su boca, que volvió al cuello, raspándola con sus dientes, y provocando de nuevo un gemido más agudo en ella.

Castle había dado en el clavo. Sentir su cálida respiración recorriendo su cuello la estaba haciendo perder los sentidos. Su corazón latía a mil por hora, y con cada nuevo ataque de él a su cuello, inconscientemente arqueaba más su espalda irguiendo más sus senos y como contrapartida, recibiendo las caricias del torso de él sobre ellos. Notó la presión de la erección de él contra su cadera. Él comenzó a mordisquearla, pasando su lengua húmeda y caliente con habilidad por su cuello. Por un momento volvieron a su mente las palabras de Lanie, y fue entonces cuando habló.

- Castle… - suplicó ella.

- Mmm…

- No puedo aguantar más.

Castle elevó la cabeza, encontrándose con su mirada e imaginando que pedía que parase, pero no vio ningún reproche en ella, al contrario, cuando sus miradas se cruzaron Kate se abalanzó sobre su boca, besándole. Él soltó sus muñecas, y Kate de inmediato cruzó sus manos en la nuca del escritor, aferrándose con fuerza.

- Te deseo – susurró él en su oído provocándola mil sensaciones.

- Y yo creo que este si es nuestro momento – contestó ella.

Castle la elevó del suelo, tomándola en brazos con rapidez pero con suavidad, ella se aferró a su cuello y él comenzó a atravesar la sala en dirección a su habitación. Kate le sujetó de la mandíbula, girando su cara para que la mirase mientras él caminaba.

Los dos amantes deshicieron la cama, desnudándose mutuamente, cubriéndose de caricias y besos, rozándose piel a piel, descubriendo, ironías de la vida, que estaban hechos el uno para el otro, y que sus cuerpos encajaban a la perfección, como si de dos piezas de puzle se tratase. Podían lamentarse de no haberse dado cuenta tiempo atrás, pero eso ya no les importaba, porque ahora, lejos del capricho de poseer el cuerpo del otro, estaban sus sentimientos, y en aquel momento, no se trataba de deseo, si no de amor.

Mientras tanto, al otro lado de la isla, en el Hospital Bellevue, una joven periodista, que había recibido el encargo de su jefe, había utilizado sus encantos físicos para convencer a un joven doctor para que hablase con ella y ambos, sentados en una cafetería frente a la entrada de urgencias charlaban amistosamente, ella pendiente de lo que él doctor decía, él pendiente de averiguar la talla del sujetador de la periodista.

- El doctor Davidson es un buen tipo – decía – lamento lo que le ha ocurrido…

- Ya

Y lo siento también por su novia, muy guapa por cierto.

- ¿Novia?

- Sí. Nadie sabía que tenía novia, hasta que la chica entró por urgencias a punto de morir.

- ¿Qué ocurrió?

- La habían pegado un tiro – afirmó – seguro que te acuerdas del caso, fue hace unos meses, la policía estaba enterrando a uno de sus miembros y un desconocido atentó contra ellos. La impactó de lleno, aún no me explico como se salvó.

- ¿Ella es policía?

- Sí.

- ¿Y no recordarás su nombre?

- Beckett… De homicidios…

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Gracias por leer hasta aqui, como siempre digo, espero no defraudar a nadie.

Por cierto, os deseo lo mejor en el 2014...