Capítulo 12
A falta de diez minutos para que el árbitro marque el final del partido, Hasegawa se me planta delante, dispuesto a pararme los pies. Cuando vuelvo a pisar la cancha, ignoro las preguntas de preocupación de Kogure. No necesito que me recuerde lo cansada que estoy. No tengo la misma resistencia que el resto, pero si no aguanto…Este equipo me necesita. El profesor Anzai confía en mí. Akagi me señala que me prepare. Justo cuando estoy a punto de ejecutar uno de mis tiros, Hasegawa hace un tapón. Hanamichi es el primero en acercase a mí, señalando que me relaje, que él, el rey de los rebotes, lo tiene todo bajo control. Capullo arrogante. Vuelvo a centrarme en Hasegawa, cuya presión empieza a ser asfixiante. ¿De verdad había jugado con alguien tan bueno antes? Le paso el balón a Hanamichi.
-¡No me ganarás esta vez!- me advierte.
-Qué?- pregunto desconcertado entre jadeos.- Antes dijiste que no me dejarías anotar más de cinco puntos. ¿Sabes cuántos puntos tengo ahora?
-Cinco puntos- responde serio- y no tendrás más que eso.
Tiro con fuerza, esperando que mis compañeros aprovechen bien el rebote. Sakuragi la recoge pero comete una falta grave a Hanagata. Es el cansancio o acabo de oír un aullido de dolor.
-Tooooru!- grita Kaia. Toda la grada nos mira.
-Kaia, haz el favor de bajar la voz!- su reacción es desmesurada.
-¿¡Es que no te das cuenta de que está sangrando?! - pregunta como si mi comentario hubiese sido totalmente insensible. Vuelvo a pedirle que se calme.
-Mitsui está a punto de llegar a su límite- logro escuchar.
Odio las miradas de lástima de todos. Estoy cansado, tengo la camiseta empapada de sudor y los pies me arden dentro de las deportivas. Siento como la cicatriz de la barbilla palpita cada vez con más fuerza; pumpum, pumpum, pumpum. Miro a mi alrededor, todos los gritos, el ruido, se está desvaneciendo hasta pasar a un silencio hóstil y aterrador. ¿De verdad ya no puedo más? Enfoco la vista hacia el suelo y luego miro el marcador. "Si me doy por vencido ahora, el partido estará perdido", las palabras del entrenador Anzai… No pienso abandonar. El rebote del balón, que se dirige con velocidad hacia mí, se convierte en el desencadenante que me hace recuperar la noción de la realidad. Tan pronto como me coloco en posición Hasegawa me tira al suelo. No quiero perder más el tiempo así que me apresuro con los dos tiros libres, consiguiendo meterla en ambos.
Falta poco para que termine el partido. Una falta más y sacarán a Hanamichi del partido. Mientras, el cuerpo de Mitsui parece que esté a punto de decir basta. Sus movimientos, que habían sido ágiles y dinámicos son cada vez más y más torpes. A mi derecha, Kaia emite un quejido lastimero, tan agudo como el de un cachorrillo pequeño. Ahora soy yo la que sin querer, le aprieta del muslo a ella, nerviosa ante situación del partido. Por un lado quiero dejar de mirar, temiéndome el peor resultado para el Shohoku, pero los músculos del cuello no me responden y soy incapaz de torcer la vista a otro lado. En un abrir y cerrar de ojos, Mitsui está en el suelo, y ruego mentalmente que no se haya hecho daño. Cuando se levanta veo que sonríe, confiado. Acierta ambos tiros libres y con ello la sonrisa de hace un minuto vuelve a dibujarse en su cara. No, no está dispuesto a dejarse ganar. Por dentro, estoy gritando como una loca, como una histérica. El moreno empieza a ponerse en marcha de nuevo. Admiro su fortaleza; Maki me comentó que le sería difícil hacer un buen partido durante la segunda parte, sobre todo teniendo como rival al Shoyo. Me gustaría buscar a Maki ahora y con una mueca en el rostro, decirle que se equivocaba, pero, de nuevo, tengo el cuerpo paralizado. A falta de 2 minutos y medio, Mitsui abandona la pista después de un impresionante pase que Kaede Rukawa ha aprovechado para conseguir el empate. Shohoku; 60 puntos, 20 de los cuales son de Mitsui. Se sienta en el banquillo bebe agua y se limpia el sudor de la cara. Cuando mira hacia nosotros le regalo mi mejor sonrisa y repito de gesto que había hecho al empezar el partido. Intenta sonreír pero está demasiado ocupado llenando sus pulmones con más oxígeno. A pesar de que falta tan poco para el final, la tormenta ha llegado hasta su punto álgido. Después de un increíble slam dunk¸que deja a todos los asistentes sin aliento (y los número del Shoyo en el suelo). Ni siquiera Kaia se ha atrevido a decir nada al ver a Hanagata en el suelo por segunda ocasión. Me pregunto cuál habrá sido la reacción de Maki. Un minuto después, un ensordecedor silbato marca el final del partido. Las gradas, en su mayoría estudiantes del Shoyo, permanecen calladas, como si aún estuvieran digiriendo la noticia. El Shoyo, el segundo mejor equipo de la prefectura, ha sido derrotado.
