N/T: he estado trabajando en Karma, Ceguera, mi crossover de FMA, dos proyectos en gestación y traducciones varias. Sin embargo, estoy de luto porque Death Note fue ejecutado, despedazado, vomitado, vuelto a comer y vuelto a vomitar por Netflix. Si odiaste tanto como yo los grititos mal actuados de la versión apócrifa de Light, o si te desesperaste por un L que tenía emociones sin sentido con la trama, puedes compartir tu frustración en un review. En todo caso, ver esa burda imitación de película me ha dejado sin ánimos por un rato.

Una vez que he ventilado mis frustraciones con Netflix, pasamos al capítulo.

-.-.-

Nota de autor: ¡Hey, otro capítulo! ¡La historia está volando de mis manos! Adquirió vida propia, en serio. En fin, no puedo decir mucho sobre planes a futuro porque no quiero arruinarlo. Por eso, sigan leyendo y descubrirán qué nos depara la mente de L más adelante. ¡Lo prometo!

"¿Lawliet? ¿Ese niño retorcido? ¿El raro?"

"Sí". L sabía que no debió haber ido a escuchar. Era lo suficientemente inteligente a los siete años para saber que no podría salir nada bueno de escuchar a hurtadillas esta vez. Pero… también tenía claro que debía prepararse para los horrores que le deparaba el futuro próximo. Sus experiencias de los últimos años, desde que lo habían retirado de sus padres, habían sido suficientes para enseñarle que nada bueno podría pasarle o serle dado jamás. No en los orfanatos donde lo habían metido.

El primer orfanato no pudo con él y lo transfirieron a uno diferente. El segundo no quería tomarse molestias con niños que tuvieran necesidades especiales. El tercero apenas lo tuvo unos días antes de transferirlo. Ningún orfanato quería a un niño desamparado e insalvable. Nadie quería a un niño que no quería – o no podía – sentarse correctamente, caminar erguido o comportarse como un niño normal. No querían manejar los problemas que L ocasionaba, y tampoco sabían qué hacer con alguien superdotado.

Mientras aprendía a adaptarse a los niños hostiles y a los cuidadores que querían deshacerse de él, L también aprendió a adquirir tanto conocimiento como le fuera posible. Mientras más supiera, estaría lo mejor preparado posible.

Entonces, unos días antes, supo que se aproximaba un cambio cuando se percató de que los cuidadores empezaron a ser más impacientes y menos atentos con él. Probablemente lo transferirían otra vez. Quería saber a dónde lo mandarían ahora.

Por eso, L había seguido a Mildred, la jefa de cuidadores, hasta la oficina donde estaba hablando con Ben, el hombre que financiaba el orfanato. No estaba a cargo de manera oficial, pero L sabía que él era el hombre que movía los hilos, por decirlo de algún modo. Estaba detrás de las decisiones y tenía mucho más poder del que nadie se atrevía a reconocer. L lo había descubierto por una investigación menor.

Ahora, estaba encogido justo tras la puerta de la oficina. Se hallaba escondido dentro de uno de los gabinetes. L era pequeño, mucho más que el promedio para su edad, y sabía que se debía a sus hábitos alimenticios y al hecho de que nunca salía a jugar. Pero no podía ir afuera… o los otros niños lo atraparían. Y cualquier cosa que no fuera dulce sabía… mal.

"Mildred, ya no quiero a ese niño horrendo en mi orfanato. Incomoda verlo y la gente no viene a adoptar por culpa suya. Creen que no cuidamos de los niños por cómo se ve él. Tan flaco, pálido… y extraño."

"Lo sé, señor".

"Hay algo raro con él y no podemos hacer nada por ayudarlo. No se entiende lo que dice. Y claro, eso si es que dice algo en absoluto. Sólo se sienta en una esquina… está loco".

"No estoy completamente segura de que esté desequilibrado, señor. Está traumatizado. ¿Escuchó lo que le hicieron sus padres? Tal vez necesita más tiempo…"

"Ha pasado de orfanato en orfanato, Mildred. Nadie ha podido ayudarle. Lo retiraron de sus padres desde … ¿qué dice en su archivo?"

"Le quitaron la custodia a los padres cuando tenía cuatro años, señor."

"Entonces ha tenido tres años para adaptarse. Si eso no ha sido suficiente, ningún tiempo extra lo será. No podemos ayudarlo, Mildred". Ella estaba en silencio, un silencio opresivo que se apoderaba de la oficina. L se enroscó aún más dentro del gabinete. Presionó sus rodillas con fuerza, enterrando la cara entre sus piernas.

Sabía que nadie lo quería. Las parejas felices que llegaban buscando un niño nunca lo veían con afecto. La mayoría ni siquiera se atrevía a mirar en su dirección. Y cuando lo hacían, percibía la repulsión en sus ojos. L creía que podía estar bien por su cuenta, pero era difícil adaptarse a cualquier cosa con un entorno que cambiaba tanto. Sus dedos de los pies se movían ansiosamente mientras esperaba que la conversación continuara.

"¿Está seguro de que hay que transferirlo a otro orfanato, señor?"

"No, otro orfanato no. Mildred, el niño está perturbado emocionalmente. Hay algo mal en su cabeza y lo sabes".

"Sí, es un poco… excéntrico".

"Propongo que lo mandemos con quienes pueden hacerle algún bien. Lo enviaremos a Tawney Manner. Seguro que algo podrán hacer por él ahí." Mildred exhaló un suspiro de asombro.

"Ben… ¿hablas de la institución mental? Crees… ¿es eso lo que Lawliet necesita?"

"Está severamente perturbado, Mildred. Creo que es lo mejor por su propio bien".

"¡Pero es tan pequeño!"

"Sí. Mientras antes lo ayuden, será mejor para él. ¿No lo crees?" Mildred guardó silencio mientras pensaba en ello. L no la escuchó responder, pero tuvo que haber asentido porque Ben prosiguió.

"Bien. Dile al niño que empaque sus cosas".

"Este… él no tiene pertenencias, señor".

"Entonces dile que se prepare. Lo mudaremos mañana a las once de la mañana. Haré las llamadas".

"Sí, señor".

Mildred giró y salió de la oficina. L lo dedujo por el repiqueteo de sus tacones. No se atrevió a moverse… ni a respirar, siquiera. Escuchó a Ben suspirar y levantarse de la silla. Con pasos más lentos y pesados, el hombre abandonó la oficina, apagando las luces y dejando al pequeño aterrorizado en la absoluta obscuridad.

L se quedó sentado, encogido como nunca antes. Sus nudillos estaban blancos de tanto apretar sus rodillas. Sintió que su cuerpo empezaba a temblar. Su corazón latía furiosamente dentro de su pecho y sus ojos reflejaban su terror ante el fondo del gabinete.

¿Un manicomio? ¿Lo creían loco? ¿En verdad pensaban que nadie en el mundo podría quererlo? Y no lo enviarían lejos, a un lugar horrible como ese, a menos de que estuvieran seguros de que era imposible amarlo, ¿cierto? ¿en verdad era tan retorcido?

Sintió que sus ojos quemaban. ¿Qué voy a hacer? Pensó frenéticamente. ¿Qué voy a hacer? Su corazón latía cada vez más rápido; casi podía escuchar la sangre bombeando por su cabeza. Era asfixiante, cada latido sonaba como un tambor.

Se había olvidado de que estaba manteniendo la respiración. Jadeó desesperadamente en busca de aire, con los pulmones quemándose por el abuso. Pero en el momento que el aire llegó a los pulmones, la quemazón de sus ojos fue incontenible. Empezó a llorar. No podía pensar más. Estaba aterrado. El pánico lo inundó, ahogando su cabeza, acelerando su corazón y provocando que el temor fuera demasiado grande como para controlarlo.

"¡Nadie me quiere!" Chilló repentinamente dentro del gabinete. Su corazón se retorció. "¡Nadie!"

"¡Ryuuzaki!" L despertó abruptamente. Sintió que su cuerpo se sacudía por el shock de ser despertado demasiado rápido. Sus ojos se abrieron de par en par, pero se sintió aterrado de no poder ver sino obscuridad. ¡No podía distinguir ni una sola cosa!

Fue entonces cuando entendió el por qué. Su cara estaba enterrada en algo. Algo tibio. Y se percató de que no estaba recostado como debería. Estaba a medio levantar. ¿Qué ocurría? ¿Esos eran… brazos, alrededor de él?

Ante el shock por tal revelación, L no se movió inmediatamente. Sí, eran brazos, enlazados alrededor de su torso con firmeza. Lo sostenían casi desesperadamente. Y la razón de que no pudiera ver nada es que su cara estaba presionada dentro del pecho del responsable.

"Qu..qué…" Apenas podía formular su pregunta. Se dio cuenta de que estaba temblando. Su cuerpo entero se sacudía. Y notó que su cara estaba húmeda. ¿Qué era eso? ¿Lágrimas? Más shock. Era una situación completamente ajena a él. Él no lloraba. Al menos no había llorado en varios años. Definitivamente no sería él alguien que temblara como un conejito preso en una trampa Y jamás había sido abrazado por nadie. Nunca. No podía recordar una sola vez en que … no, un momento… Watari.

Watari solía abrazarlo cuando era pequeño. Incluso cuando apenas había rescatado a L de ese horrible hospicio. El que quería transferirlo a una institución mental. Ese donde creían que estaba loco y era estúpido. Sí… Watari lo había abrazado en esos primeros años. Watari había visto que era inteligente. Especial.

Pero L estaba consciente de que este no era Watari y que estaba en brazos de quien podía ser el peor asesino de toda la historia. Estaba en brazos de un probable homicida, un psicópata. O peor… alguien que quería herirlo. Su corazón se hundió. No podía detenerlo, ni dejar de temblar. Esto estaba mal. Muy mal. ¡Estaba siendo tan débil frente a su principal sospechoso! ¿Cómo había pasado?

"R… Rai…"

"Hey… te tengo. Todo estará bien. ¿Estás despierto ahora?" La voz de Light atravesó la cabeza confundida de L con suavidad. Sus palabras eran amables y tiernas. ¿Le importaba? ¿En verdad? ¿O todo era un acto? ¿Un truco malévolo y despreciable?

Sintiéndose expuesto y extremadamente vulnerable en esa posición, luego de un sueño tan terrible, la idea de Light mintiendo sobre su amistad era casi insoportable. Si todo lo que había hecho Light hasta ahora era falso, si esas palabras amables salían en nombre de Kira…

L tenía que enfrentarse a sí mismo para retomar el control. Debía componerse ahora. Inmediatamente. Esto era inaceptable. Light no podía tratarlo así. L no podía ser tan débil, no frente al sospechoso. No frente a quien pudiera ser su peor enemigo.

Como si lo hubiera ordenado, L detuvo su tremor y se acabaron sus lágrimas. Ahora que estaba despierto, podía retomar el control absoluto sobre sí mismo como siempre lo hacía. Se transformaría en el detective que debía ser. Lawliet quedaría enterrado. Y enterrado muy lejos, donde L no tuviera que mirarlo.

Era casi imposible, pero de algún modo L ignoró las manos que lo mantenían estable. Se alejó rápidamente de Light. Con su rostro tan estoico como siempre, observó a su roommate con una mirada lánguida e impenetrable.

"Sí, Raito-kun, ya desperté", dijo con la voz neutral y monótona.

Light quedó anonadado, dejando que las líneas de preocupación inundaran su cara. La lámpara de la mesita de noche estaba encendida. L advirtió que la cama era un desorden.

"¡Pero qué cosas dices! ¿Estás bien?" L se quedó quieto por un momento. Debía tener cuidado. Mucho, mucho cuidado. No podía permitirle a Light pensar que podría usar esto de ningún modo para sacar ventaja. Si lo hiciera… sería mucho peor que el botón de "estúpido". L estaba consciente de que Light… si se acercara lo suficiente… tendría el poder para destruirlo. Quizás terminaría en un hospital psiquiátrico después de todo.

"Estoy bien, Raito-kun". Dijo casi fríamente. La cara de Light se contrajo.

"¿Y eso es todo? ¡Ryuuzaki! ¡Gritabas al dormir! Y estabas… estabas llorando". Bueno, no había forma en que L pudiera negar eso. Sí, había llorado al despertar. "En verdad me asustaste. Traté de sacudirte para que despertaras, pero tú…" La voz de Light se debilitó. Miró a lo lejos y a un lado. ¿En verdad había preocupación en su rostro? ¿No era una actuación? ¿Cómo se sentía en verdad? ¿Se estaría regodeando en su dolor? ¿Esa cara sería un disfraz? Era casi insoportable el considerarlo.

"Ahora estoy bien, Raito-kun. Perdón por despertarte". L se levantó como si fuera a marcharse, pero la mirada brusca de Light perforó rápidamente al detective para impedirlo. Se incorporó y tomó la muñeca de L, aprisonándolo. Como siempre, L se retorció ante el contacto.

"¡Ah, no, de ningún modo te voy a dejar ir así!" Gritó. "¡Ahora me dices de qué iba todo eso! ¡Estabas aterrorizado!".

"¿Lo estaba?" L parecía tan calmado y neutral como siempre. ¡Era tan molesto!

"¡No te hagas el tonto!" Gritó Light. "¡Me preocupaste en serio!" L lo observó, su cara en blanco y más indescifrable que nunca. El silenció los aplastó a ambos como un peso. El aire se volvía cada vez más espeso.

"… ¿Lo estabas, Raito-kun?" La pregunta de L salió suavemente y había un tono que podría haber partido el corazón de cualquier persona.

"¡Claro que me preocupaste! ¿Qué tipo de monstruo crees que soy?"

"Del tipo de Kira". La respuesta llegó sin rastro de dudas. Light se encogió como si lo hubieran golpeado.

"Te despierto de cualquiera que haya sido tu pesadilla ¿y qué agradecimiento obtengo? ¿Acusaciones? ¡Debí dejarte solo con tu pesadilla! ¡Dios!" Light aventó la muñeca de L como si fuera un montón de basura. Con un gruñido y una mueca de disgusto, giró a la dirección opuesta. Sentado al lado de la cama de L, refunfuñó para sí mismo.

L observó la espalda de su acompañante. Nunca en toda su vida había querido tanto que alguien fuera su amigo. No quería más que desahogar su corazón y contarle a Light todos sus secretos. Decir 'aquí estoy'. Contarle sobre los orfanatos y los cuidadores y los otros niños. No quería nada más que contarle sobre el psiquiátrico en el que casi fue internado. Sobre cómo Watari había llegado y lo había salvado en el último momento. Cómo incluso Watari había sido una maldición envuelta en bendiciones.

"Nadie me quiere", dijo Light repentinamente. L parpadeo, saliendo de sus pensamientos.

"¡Qu..qué-qué es lo que di….!"

"Nadie me quiere". Repitió Light. Observó al detective por detrás del hombro. "Eso es lo que estabas gritando". L abrió aún más los ojos, asombrado. Otro secreto que veía la luz. Y este por mero accidente. L sabía que no era prudente revelarle más secretos a Light luego de ver cómo había abusado de sus privilegios el día de hoy. Pero esto… se le había escapado de las manos. Tan repentinamente. L sabía que ya era demasiado tarde para fingir ignorancia. Había reaccionado transparentemente a lo que Light había dicho, y él ahora comprendería su significado y su valor. Quedaban pocas opciones.

"Es muy triste gritar algo así en sueños, Ryuuzaki…" No lo había dicho con malicia, como L habría supuesto. El tono era muy amable, casi como si comprendiera. L observó al chico. Light parecía… triste. ¿Por qué se veía tan demolido? ¿Estaría así por la situación de L? No. Seguramente no. En realidad, no podría importarle. Esa expresión era falsa. ¿O no? Él no podía estar preocupado. A él sólo le importaba Kira, no L. ¿Verdad? No podía importarle. A nadie le importaba. Y por eso todo debía ser falso. Porque era cierto: nadie lo había querido nunca.

Light se concentró en la cara de L. Era terrible ver a L batallar para mantener su expresión bajo control. Mirarlo intentar mantener al pétreo detective en su lugar mientras peleaba contra algo dentro de sí, algo que intentaba ser escuchado. Light observó como los ojos del detective se abrieron más y su piel se volvía mucho más pálida.

Light no podía evitar sentir compasión por él. L probablemente sentía que Light había descubierto algo prohibido y, por tanto, se sentiría atrapado. O tal vez creería que Light usaría esa simple oración para herirlo como lo había hecho con lo de "estúpido". Pero Kira no estaba por ningún lado. Sólo Light se hallaba despierto a horas tan inusuales. Y sólo Light estaba ahí para mirar la reacción de L, con el corazón quebrándose dentro del pecho.

¿En verdad L creía eso? ¿Qué nadie podía quererlo?

"Ryuuzaki…" Light se levantó e inmediatamente L retrocedió un paso, pareciendo asustado de que el conocimiento obtenido por Light fuera como un cuchillo en sus manos. Light frunció el ceño, preocupado. ¿Cómo sería posible para él arreglar esto?

"L, di algo".

"No me llames así". La respuesta había sido inmediata, dejando que el silencio llenara el vacío después. Light se movió alrededor de la cama para terminar en el mismo lado que L. Pero una vez ahí, no trató de acercarse más.

"L, estoy preocupado. Soy tu amigo. Quiero entender, pero no puedo si no dices algo".

"No eres mi amigo". Eso también había sido inmediato. Y punzante. Mucho peor de lo que Light habría imaginado posible. Era la primera vez que L negaba su amistad. El dolor era brutal.

"¿Qué? ¿Cómo puedes decir eso?"

"¡Deja de verme así! ¡No eres mi amigo! ¡Sólo quieres acercarte a mí para encontrar mi verdadero nombre y matarme! ¡Estás usándome! ¡Todo lo que dices y haces es mentira! ¡No te preocupas por mí, así que detente! ¡Ya déjame en paz!"

Light se petrificó. ¿Qué estaba pasando? ¿De dónde había salido eso? Por supuesto, L siempre había sospechado, pero esto era una reacción emocional. ¡Su segunda explosión en un día! ¿Lo afecto tanto? ¿O es porque ha bloqueado todo esto por demasiado tiempo y ahora ya no puede con la presión? O… quizás… nadie ha tratado de acercarse a él antes… Lo último parecía más probable. Era sencillo esconder las emociones si nadie se había molestado en preguntar por ellas o mantenerse cerca. Y, naturalmente, la presión de este caso había sido abrumadora. Y la posibilidad de Light de ser Kira era…

"¡No te diré nada! ¡Lo usarás como otra arma en contra mía como hoy! ¡Todo lo que te digo sirve para que me hagas daño! ¡Así que quita esos ojos tristes, porque no te creo!" Pero Light se sentía más herido que nunca.

"L…"

"¡Que no me digas así! ¡Déjame en paz!" L volteó para salir del cuarto, pero la cadena se había tensado y no le era posible seguir adelante. La mirada de Light se endureció.

"No vas a ningún lado, L. Puedes hablar conmigo o retirar las esposas".

"¡No lo haré!" L empezó a jalar la cadena en un esfuerzo inútil. Light era más grande y pesado que el anoréxico detective. Aun así, parecía que L no se rendiría sin intentar, incluso sabiendo que era una causa perdida. Light observó en silencio cómo el detective empezó a batallar. Había puesto ambas manos alrededor de la cadena y comenzado a jalar sin piedad. Enterró los talones en la alfombra y tiró con todas sus fuerzas. Light dejó que su brazo colgara, estirándose por la tensión, pero su cuerpo no se movió.

L dejó escapar un gruñido incómodo y luego giró sobre sus talones, poniendo la cadena sobre el hombro para volver a tirar. Light suspiró, con la frustración volviéndose evidente. Empezó a inspeccionar la lamparita de noche. Ni siquiera le quedaba claro por qué L tenía la necesidad de hacer ese numerito. Ambos sabían que Light no iba a ceder.

"¿Ya terminaste?" L no respondió y volvió a tirar con todas sus fuerzas y los dedos de los pies hundiéndose en la alfombra. Light rodó los ojos. Había un límite para su paciencia. Finalmente, tomó la cadena con su mano libre y tiró una vez. El pobre L salió volando. Con un ruido sordo terminó en el piso. Light caminó hacia él, viendo desde arriba a su captor.

"Ryuuzaki, ¡deja de comportarte así! Sí soy tu amigo. Incluso cuando tú no lo quieras así. Incluso cuando yo no lo quiero así. Son dos caras, ya lo sé, ¡pero así son las cosas! ¡Acéptalo y ya!" L permaneció en el suelo alfombrado observando a Light cuando repentinamente sus ojos brillaron con lo que Light reconocía invariablemente como el brillo de una revelación.

"¿Dos caras?" L dijo suavemente. Se levantó, con la expresión floja mientras sus ojos merodeaban Light parpadeó confundido. ¿En qué estaba pensando tan repentinamente?

"Uh… sí, eso es lo que dije. ¿P-por qué? ¿Qué ocurre?" L quedó en silencio un momento más, su mente girando y revolviéndose. Sus grandes ojos escanearon el cuarto mientras sus ideas hacían conexiones entre conexiones.

Se levantó con tal rapidez que Light tuvo que hacerse a un lado, sorprendido.

"¡Eso es!" L parecía casi eufórico. Light estaba total y absolutamente perdido.

"¿Qué es? ¡L! ¿No estábamos hablando de tu pesadilla?"

"¡No! ¡No puedo hablar contigo de esos asuntos por ahora, pero tal vez sí sea posible pronto!" Light estaba impactado por ver una enorme y brillante sonrisa en la cara de L. ¿No había llorado apenas? ¡Y creí que yo era el de las dos caras! "¡Podría funcionar! ¡Sí es posible! Pero es burdo, necesita refinarse".

"¿Qué es lo que tiene que refin…?" L giró hacia Light pareciendo casi poseído por la noción que se había revelado ante él.

"Raito-kun, tengo que hablar inmediatamente con Watari y en privado. Lo siento, pero debo encadenarte para que no hagas nada gracioso mientras no estoy".

"¿Qué? ¡Ryuuzaki, qué estás d…!" Antes de que Light pudiera oponerse, L se había quitado la cadena y la había sujetado al poste de la cama. "¡HEY!"

"Mis disculpas. Puedes dormir mientras vuelvo. No sé cuánto tardaré. Mandaré a alguien a vigilarte en un momento".

"Qu… pero… ¡Ryuuzaki!" pero L ya había salido por la puerta. Había corrido como si sus pantalones estuvieran en llamas. Light balbuceó perplejo, pero se las arregló para desanudar su lengua. "¡¿Qué demonios está pasando?!"