18 de julio del 2012
Hola a todos y todas las lectoras auuww lo sé es bien tarde pero aquí lo tienen un capitulo más de esta historia. Para los que tienen curiosidad les diré que restan dos capitulos y chulum se acaba este fic :S lo sé extrañaré sus bellos reviews pero mientras llega el final aquí les dejo un capitulo más que espero disfruten. Ya saben los personajes de digimon no son de mi pertencia y la historia es basada en una película. Un vez aclarado esto los dejo para que disfruten y lean :D que tengan bonita semana.
Capitulo 12
La venganza del destino.
-Vaya, vaya pero que conmovedor.
Expresó Lord Byron con una sonrisa maliciosa a la par que se acercaba hasta donde nosotros nos encontramos.
-Pero están olvidando algo –Se paró a un metro de nosotros y nos miró a Sora y a mí de manera burlesca– Sora es mi esposa –Exclamó y arrebató a Sora de mi lado para colocarla al suyo.
-¡Sora! –Grité en intento de retenerla pero mis movimientos fueron lentos–
-Lo siento Taichi, pero la Señorita Takenouchi ahora es ya la señora de Byron, tú tendrás que conformarte con tu novia muerta.
Byron volteó hacia donde estaba Mimi, hasta ese momento no había prestado atención a la castaña ni al rubio, pero en cuanto la vio sus ojos se abrieron sorprendidos, el conocía ese rostro, nunca lo había olvidado, ¿Cómo olvidar algo tan bello?
Por su parte Mimi desde que lo había visto acercarse hacia nosotros se le había hecho extrañamente familiar, pero no fue hasta que sus miradas se cruzaron y vio esos ojos tan llenos de maldad que supo quien era él, podría que más de cuarenta años hubieran pasado ya por su rostro envejecido, pero Mimi nunca olvidaría esa mirada, esa mirada maliciosa y soberbia, esa mirada que fue la última que vio antes de morir.
-Tú…
Murmuró Mimi sorprendida y llena de terror, era él de eso estaba segura, dio un paso atrás asustada y Byron observó con gusto el efecto que había logrado causar en ella para después dibujar esa sonrisa arrogante y maliciosa que lo caracterizaba. Mimi miró aquella sonrisa y en un segundo afloró en su mente el recuerdo de su muerte, aquel recuerdo que sólo miraba en fragmentos llegó tan fuerte a ella al ver esa sonrisa que en un instante se vio transportada a aquella fría noche de su muerte.
…..∞…
Era una noche fría de abril y todos en aquel pequeño pueblo se encontraban ya dormidos, las calles vacías y las estrellas de aquella oscura noche sin lunas eran las únicas compañeras del suave y frió viento que soplaba aquella noche, una noche serena y tranquila, oscura y silenciosa, una noche perfecta para escapar o para morir.
En una de las casas más grandes y elegantes de aquel lugar una joven castaña había esperado toda la noche para que llegara aquel momento. Se había ido a dormir temprano con el pretexto de que le dolía la cabeza y se encerró en su cuarto para preparar todo para su fuga. Después, poco antes de que su madre fuera a verla se había acostado en la cama para fingir dormir y no ser descubierta aunque dormir era lo que menos podía hacer. Esperó a que todos en su casa se durmieran y una vez que dieron las dos de la mañana se puso de pie, acomodó sus almohadas para simular que seguía en su cama dormida y se dirigió a su armario, abrió las dos puertas del mueble y observó con emoción el hermoso vestido blando que ahí se encontraba guardado. "Por fin había llegado la hora" Tomó el vestido y el velo y se dirigió a su baño privado para cambiarse. Tardó varios minutos en arreglarse y estar lista pero todo había valido la pena, caminó hasta su espejó y se observó así misma en el espejo, estaba hermosa, como siempre se imaginó que se miraría el día de su boda, aunque nunca pensó que se casaría en aquellas condiciones, pero que importaba, lo único que realmente importaba era que se casaría con el hombre que amaba, aquel que había hecho latir su corazón de emoción desde el primer segundo en que lo vio, aquel que había cambiado su triste vida de soledad a una llena de sonrisas y de amor, aquel que era todo para ella, aquel que amaba y que la amaba a ella, sólo eso importaba que se amaban que mas daban las circunstancias, estar juntos era lo que realmente importaba.
-Sólo eso importa.
Susurró para sí misma con una sonrisa en sus labios convenciéndose de que aquella locura de fugarse con él era la mejor decisión que había tomado en su vida. Dio una vuelta para admirar su vestido y dedicó una última sonrisa al espejo para después salir por el balcón.
Cualquier cosa que ameritaba algún esfuerzo físico había sido para Mimi su punto débil pero su amor y ansias por estar con el hombre que amaba eran tan grandes que aceptó el reto de subir el gran árbol que se encontraba al lado de su balcón para después subir la barda y por fin estar fuera de su casa y más cercas del amor de su vida.
-Señorita…
La llamó una voz muy conocida para ella, Mimi volteó y se encontró con la cara preocupada de Lizzie su dama de compañía y cómplice en todo.
-¡Lizzie! ¿Qué haces despierta?
-Sabía que se fugaría. Es muy peligroso señorita.
-No intentes convencerme de que me quede porque no lo lograrás.
-No pensaba hacerlo, creo que es mejor que se fugue con la persona que ama a que viva infeliz con alguien a quien ni siquiera tolera. Sólo quería desearle suerte y pedirle que tenga mucho cuidado.
Mimi sonrió, no podía esperar menos de Lizzie a quien no sólo veía como su dama de compañía sino que más que eso era su mejor amiga.
-Muchas gracias Lizzie.
Lizzie sonrió y entregó a Mimi el ramo de flores que había dejado olvidado en su cama, Mimi lo tomó y abrazó a su amiga con cariño. Aquel abrazo tomó por sorpresa a Lizzie pero no por eso le desagrado, sino todo lo contrario, respondió con el mismo cariño a aquel abrazo el cual era la despedida de dos buenas amigas.
-Nos volveremos a ver.
Le prometió y Lizzie con lágrimas en los ojos asintió y sonrió.
-Espero que sea muy pronto.
-Ya verás que sí.
Mimi dedicó una última sonrisa a su dama de compañía y se giró hacia el árbol que sería su salida de ese lugar. Miró con un poco de temor el grueso y enorme árbol, pero estaba decidida hacerlo así que puso el ramo de flores en su boca, y comenzó a trepar el árbol. El primer paso había sido sencillo pues una enorme y gruesa rama quedaba enfrente de su balcón pero atravesar todo el árbol hasta la barda era todo un reto. Se abrazó a uno de los gruesos troncos y miró con pesar el gran tramo que tenía que atravesar ¿Cómo era posible que él lo hiciera a diario y con tanta facilidad? Seguramente alguno de sus parientes era un gato o algo por el estilo, además el no traía tacones, ni un vestido ajustado, ni un velo estorboso, ni un ramo colgando de sus labios. Estaba segura de que si Yamato tuviera que trepar a ese árbol en las mismas condiciones que ella también se le haría difícil sino es que imposible.
Después de varios minutos, como pudo y con mucha dificultad, Mimi logró atravesar aquel enorme árbol hasta llegar a la barda donde creyó que había obtenido la victoria, pero le bastó sólo ver la gran altura de la barda que tenía que saltar para darse cuenta de que no había ganado aún.
-Maldición.
Murmuró entre dientes al ver como su vestido se atoraba en una de las ramas y con mucho cuidado se sentó sobre la orilla de la barda para intentar de forma cuidadosa desatorar la parte de su vestido que se había enganchado pero este no cedió tan fácilmente sino que se engancho a un más terminando con la paciencia de Mimi quien dio un fuerte jalón que no sólo terminó rompiendo su vestido sino que también tirando a ella de la barda, la fuerza que había utilizado en el jalón fue tanta que cuando el vestido se rompió de la viada ella terminó cayendo de la barda y golpeándose contra el frío y duro suelo, afortunadamente la altura de la barda no era tanta como la había visto al principio aunque tampoco era tan corta por lo cual el golpe le dolió y mucho.
-¡Auch!
Se quejó Mimi con lágrimas en los ojos, realmente le había dolido aquella caída, era increíble todo lo que hacía por amor. Como pudo se puso de pie y arregló su vestido, acomodó su velo y recogió su ramo de flores que había caído no muy lejos de ella, sacudió el polvo de su ropa y con toda su dignidad se puso derecha y se encaminó hacia el cementerio como si nada hubiera ocurrido, era una suerte que nadie estaba ahí para ver el ridículo que acababa de hacer si no se hubiera muerto de la vergüenza y no de la caída.
El viento helado susurraba alrededor de todo el pueblo y junto con el en aquel silencio mortal se oía el golpeteo de unos tacones contra el suelo rompiendo con aquel silencio nocturno. Mimi corrió por las calles de aquel pueblo dormido cuidando no ser descubierta, su corazón palpitaba emocionado y temeroso de ser descubierto, y su respiración cada vez más agitada de tanto correr la hizo sentir el fuerte frío sobre su pecho pero eso poco le importó estaba cercas de llegar a su lugar de encuentro. Pasó la iglesia y después el puente que conectaba al bosque donde se encontraba el cementerio y una vez que llegó a él bajó su velocidad y en vez de correr como fugitiva como lo había estado haciendo caminó calmadamente intentando hacer el menor ruido posible y escondiendo su figura entre las sombras de los árboles para no ser descubierta por el velador o algún viajero extraviado.
Eran alrededor de las tres y media de la mañana cuando llegó al lugar en que había quedado en encontrarse con su amada, junto a aquel mausoleo donde le prometió fugarse con él y vivir toda una vida a su lado.
Cuando llegó, esperó encontrárselo ahí esperándola pero no había nada ni nadie sólo las viejas tumbas olvidadas y los árboles custodios de aquel cementerio. Mimi miró a su alrededor y dio la vuelta al mausoleo con la esperanza de encontrarlo y una vez que comprobó que no se encontraba por ninguna parte se cruzó de brazos molesta y se sentó sobre una de las lápidas dispuesta a esperarla ya la oiría cuando llegará, le iba a dar más de mil razones para no dejar a una mujer esperando y mucho menos cuando se trataba del día de su boda.
Pasó una larga y eterna hora donde Mimi no hizo más que permanecer sentada esperando a que su amado llegara, pero este nunca apareció. Mimi comenzó a sentir un mal presentimiento y más de un pensamiento negativo pasó por su mente ¿Y si se había arrepentido? O ¿Si le había pasado algo? O ¿Si se había fugado con otra? O ¿Qué tal que ella se había equivocado de día o de hora? Uno a uno fueron llegando a ella las diferentes razones por la cual él no llegaba, pero pasaban tan rápido en su mente que no terminaba de analizar una cuando otra idea de porque él no estaba aparecía en su mente sin darle la oportunidad de decidirse por una de ellas.
-¿Por qué no llegas?
Se preguntó angustiada y observando el cielo estrellado. Tenía frío, sus labios y su cuerpo temblaban ligeramente debido a la falta de calor pero ni por eso pensaba moverse de ahí hasta que él llegara, aunque claro lo iba a regañar cuando se dignara a aparecer, a una señorita no se le debía tener esperando eso era muy poco caballeroso de su parte. Apartó su mirada del cielo estrellado y observó el hermoso ramo de flores que descansaba sobre sus piernas, lo tomó con una de sus manos y sonrió, pronto estaría a su lado y nadie podría separarlos o por lo menos eso era lo que ella creía.
Se oyeron el crujir de las hojas rotas por unos fuertes y firmes pasos, Mimi volteó hacia donde provenía aquel ruido y sonrió al ver la figura de un hombre entre los árboles. Por fin había llagado.
-Te he dicho que no me gusta que me hagas esperar.
Se quejó Mimi a la par que se ponía de pie y caminaba hacia el hombre pero se detuvo en seco y tiró su ramos asustada cuando la luz de la luna alumbró el rostro de aquel hombre, él no era la persona a la que esperaba sino que se trataba de la persona de quien huía, Lord Byron, el hombre con el cual sus padres la había sometido a casarse estaba ahí con una sonrisa torcida en sus labios y un brillo especial en sus ojos.
-Oh! Mi querida Mimi, ¿Qué haces aquí a estas hora de la noche? No me digas que estás tan emocionada por nuestra boda que has venido a ensayar tus votos a este lugar desolado.
Mimi retrocedió asustada, él fingía no saber que hacía ella ahí pero en sus ojos llenó de furia podía darse cuenta que él sabía muy bien que hacía en ese lugar.
-Será mejor que me vaya a casa.
Mimi se dio la media vuelta dispuesta irse a casa, algo dentro de ella le decía que corriera que aquel hombre era peligroso.
-Él no vendrá.
Dijo Lord Byron con una sonrisa orgullosa en su rostro y Mimi se detuvo, se volteó a verlo y pudo ver la maldad dibujada en su rostro y entonces lo comprendió, Lord Byron le había hecho algo.
-¿Qué le hiciste?
Le preguntó acusadoramente y el hombre sonrió socarronamente, caminó los pasos que lo separaban de Mimi y acarició la mejilla de la castaña que lo miró con furia.
-Nada de lo que me pueda arrepentir, pero te aseguro que no vendrá así que será mejor que te olvides de él.
-¡Te equivocas! ¡Él jamás me abandonaría!
-Pues lo hizo mi lady – Tomó ambas manos de Mimi entre las suyas y ella lo observó recelosa– Pero no te preocupes que aquí estoy yo dispuesto a olvidar lo sucedido si tú estás dispuesta a olvidarlo también y casarnos mañana.
-¡Nunca! –Mimi se soltó con fuerza del agarre de Byron y retrocedió dos pasos de él– Escúchame bien Byron, nunca me casaré contigo, ni ahora ni nunca, primero prefiero estar muerta que estar casada con una persona tan podrida como tú, así que de una vez te digo que la boda se cancela.
Mimi se dio la vuelta dispuesta a irse a casa o a cualquier lugar lejos de aquel hombre, caminó unos pasos cuando sintió un fuerte golpe en su cabeza que la tiró inconsciente al suelo. Lord Byron en un ataque de ira había estrellado una piedra contra la cabeza de Mimi.
-Pues que así sea mi Lady, muerta estarás antes de que te cases con cualquier otro que no sea yo.
Lord Byron tomó el cuerpo inconsciente de Mimi y lo puso boca arriba para después sujetar con fuerza el delgado cuello de la joven. Mimi abrió los ojos lentamente cuando sintió la presión sobre su cuello y se encontró con las grandes manos de Byron asfixiándola, ella lucho por soltarse pero por más que lo intentó no lo logró y cuando menos lo pensó todo su mundo se había vuelto oscuro.
…..∞…
-Mi querida Mimi, cuánto tiempo sin verte, veo que sigues tan hermosa como siempre.
-Mimi ¿Lo conoces?
Le pregunté a Mimi al ver la familiaridad con que la trataba Byron quien aún retenía a Sora a su lado.
-Él… él fue quien me mató.
Mis ojos se abrieron sorprendidos al igual que los de Sora y el resto de los invitados quienes se encontraban inmóviles, atentos a lo que sucedía. Miré a Byron y una sonrisa orgullosa y burlona se dibujó en su rostro, soltó a Sora de manera brusca aventándola a un lado y caminó unos pasos hacia Mimi pero un furioso Takeru se interpuso en su camino.
-No te acerques a ella.
Le advirtió el rubio que se interpuso en su camino y una nueva cara de asombro se volvió a formar en el rostro de Lord Byron, él lo conocía, conocía muy bien a Takeru, jamás había olvidado aquellos ojos tan llenos de odio y rencor que estuvieron a punto de quitarle la vida.
-Takeru.
-El mismo.
-No puedo creerlo, esto parece una reunión familiar, mi ex prometida y mi ex amigo juntos pero que pequeño es el mundo, dime Takeru ¿Cómo está tu hermano? ¿Él no está por aquí también de casualidad?
-A él no lo metas en esto.
-Ósea que no está aquí, que extraño, todos a los que he asesinado aquí están, tú, Mimi, sólo falta tu hermano.
-Maldito.
-Takeru ¿Qué quiere decir con eso?
Preguntó Mimi, estaba confundida, no comprendía porque Takeru conocía a Lord Byron ni de que hermano hablaba.
-Ah! ¿No te lo ha dicho mi bella Mimi? Resulta que Takeru es el hermano menor de Yamato, aquel cretino con el que pensabas fugarte y que yo me encargué de asesinar la noche antes de que intentaras fugarte con él.
Mimi quedó sorprendida y sin habla, el nombre de Yamato había traído a ella todos los recuerdos y la clara imagen del hombre que amó, un joven y apuesto rubio de mirada de fría pro que se tornaba cálida cuando la miraba a ella.
-Yamato… –Murmuró al recordar la sonrisa torcida que él siempre le dedicaba– ¿Lo mataste? ¿Cómo pudiste?
-La verdad, fue muy fácil, el muy cobarde no se atrevió a matarme cuando tuvo la oportunidad y ahora está muerto, se lo tenía merecido el muy estúpido.
-¡No hables así de mi hermano!
Gritó Takeru y un fuerte viento invadió la iglesia, rompiendo todos los cristales y abriendo todas las puertas del templo con rudeza. Takeru había perdido el control de sus emociones y estaba cayendo en la oscuridad que tanto tiempo había guardado en su corazón.
-Pero ¿qué demonios?
Se quejó Lord Byron cayendo de rodillas cuando el fuerte viento lo impactó de lleno, alzó la vista con dificultad y vio a un Takeru furioso, fuera de sí y rodeado por un aura negra acercarse a él, el rostro de Byron palideció ante lo que miraban sus ojos y lo que sentían sus demás sentidos, un odio absoluto dirigido en su contra, nunca antes había visto algo así. Takeru lo tomó del cuello y con una sola mano lo levantó, el hombre intentó librarse del fuerte agarre del rubio pero por más que lo intentaba no lograba hacerlo, si seguía así Takeru lo mataría en cuestión de minutos.
-Te arrepentirás de burlarte de mi hermano y de haberlo matado.
-Takeru espera… sólo era una broma.
Dijo con dificultad Byron mientras luchaba por soltarse pero era imposible, la fuerza y la rabia que acompañaban a Takeru en ese momento era indescriptible.
-¿Qué es lo que sucede?
Pregunté a la par que mantenía a Sora entre mis brazos, apenas había visto la oportunidad y había corrido hasta ella para protegerla.
-¡Son los sentimientos negativos de Takeru están fuera de control!
Gritó Izzy desde una de las bancas mientras que al igual que todos luchaba contra el fuerte viento que se había formado dentro de la iglesia debido a la rabia de Takeru.
-¿Eso quiere decir que el armario se abrió? –Pregunté. –
-Así es, tenemos que hacer algo antes de que Takeru se transforme en un demonio, sino jamás podrá conseguir la paz eterna.
-¿Y cómo hacemos eso Izzy?
-¡No lo sé!
-Maldición.
Musité frustrado y dirigí mi vista hacia a Takeru y miré su mirada vacía y llena de odio aquella mirada vacía que había visto antes pero en vez de estar acompañada estaba acompañada de soledad, era la misma mirada que había tenido Mimi cuando la puerta de su armario se abrió y la única forma de detenerlo era haciendo que Takeru volviera en sí.
Como si hubiera estado pensando lo mismo que yo Mimi comenzó a hablarle a Takeru, la miré y vi como ella luchaba contra el furioso viento para poder hablar y hacer entrar en razón al rubio.
-¡Takeru detente por favor! ¡No solucionarás nada matándolo!
Las palabras de Mimi no lograron entrar en la mente de Takeru el seguía tan sumergido en su odio que no oía nada de lo que le decía Mimi, yo también intenté hablarle pero no me escuchó ni a mí ni a nadie, todos intentaron decirle algo para detenerlo y hacerlo entrar en razón pero ninguna de nuestras funcionó y todos creíamos que lo perderíamos hasta que la suplica desesperada de la única persona que no se había atrevido a hablar se hizo presente.
-¡Takeru basta por favor!
Gritó la voz de mi hermana que se encontraba al borde del llanto, ella sabía que lo perdería si las cosas continuaban así.
-Takeru por favor detente.
Insistió Hikari pero esta vez luchando contra el viento para acercarse a él.
-¡Hikari aléjate es peligroso!
Le grité, pero ella me ignoró estaba decidida a recuperar a Takeru aunque ella también se viera condenada a convertirse en demonio y nunca encontrar la paz.
-¡Takeru detente, mira en lo que te estás convirtiendo!
Le exigió Hikari al ver que de su amigo habían salido unas a las negras y que su piel que antes brillaba como la de todos los espíritus ahora se tornaba grisácea y cadente de todo brillo.
-Pero él lo mató.
Respondió Takeru con lágrimas en sus ojos vacíos llenos de odio, por fin las palabras de alguien habían llegado hasta él.
-Lo sé, pero ¿realmente crees que valga la pena que te transformes en un demonio, sólo por esa persona que no vale nada?
-No importa si obtengo mi venganza.
-¡Claro que importa Takeru! ¡A mí me importa!
Le gritó mi hermana molesta y dando el último paso hacia el lo abrazó por la espalda y con lágrimas en los ojos apoyó su cabeza sobre la espalda del rubio.
-Yo no quiero perderte.
Le dijo llorando y una fuerte luz comenzó a iluminarlos a ellos para después en un destello iluminar todo el interior de la iglesia. Takeru soltó a Byron y volteó hacia Hikari que seguía abrazada de él, la miró a los ojos y con sus manos secó las lágrimas de mi hermana, en el siempre lo había sabido que ella sería la luz que despejaría toda la oscuridad de su corazón.
-Gracias por salvarme.
Le dijo con una sonrisa, Hikari tomó la mano de Takeru que acariciaba su rostro y sonrió al chico quien una vez que la luz se fue disipando quedó inconsciente sobre los brazos de Hikari quien terminó en el suelo sentada sosteniendo a Takeru.
-Pronto estarás bien.
Susurró Hikari con una sonrisa y viendo con ternura el rostro desfallecido del rubio, acarició de manera amorosa la mejilla del Takeru.
Poco a poco todos logramos recuperar la visión después de aquel gran destello de luz y aliviados vimos Takeru yacía a salvo en los brazos de mi hermana. Lord Byron se puso de pie con dificultad y sobando su cuello adolorido. Miró furioso a Takeru, por segunda vez estuvo a punto de matarlo y eso lo enfurecía, no iba a dejar las cosas así, el no se iba ir de ahí con las manos vacías ni como un cobarde, él le dejaría claro a esa bola de muertos que el único que saldría victorioso de ese lugar sería él, por eso había regresado por Sora, para enseñarle a la chica que nadie era más listo que él mucho menos ella y su estúpida familia pero ahora las cosas iban más lejos, no sólo se pensaba demostrar a Sora sino también a esa bola de fantasma, nadie más que Lord Byron salía triunfante.
-Maldito Takeru…
Murmuró a la par que se acercaba hacia mi hermana y un inconsciente Takeru.
-¡Aléjate de ellos!
Le advertí, me solté de Sora y corrí hasta donde estaba mi hermana, me interpuse entre ellos y miré desafiante a Byron quien se miraba enloquecido por la rabia.
-¿O qué tú también intentarás matarme? ¿Qué no lo ven? ¡Yo soy intocable! ¡Nadie puede matarme!
Lord Byron comenzó a reír desquiciadamente, realmente se estaba creyendo la mentira esa de que era intocable.
-Este ya se deschavetó.
Le murmuró Yolei a Davis quien asintió dándole la razón a la chica y es que no cabía duda, la ira había vuelto loco a Byron.
-Si es necesario matarte lo haré.
-Quiero ver que lo intentes.
Respondió Byron con una sonrisa y en un rápido movimiento desenfundó su espada y me golpeó en la barbilla con el puño de la misma haciéndome caer al suelo al lado de mi hermana y Takeru.
-¡Hermano! –Gritó Hikari preocupada–
-Taichi –Gritaron mis padres desde el final de la iglesia pero lo bastante sorprendidos para intervenir–
-¡Déjenmelo a mí yo le daré su merecido! –Alegó Davis subiéndose las mangas de su traje y decidido en ir en mi ayuda pero Izzy atravesó su mano impidiéndole el paso– ¿Qué haces Izzy?
-No puedes.
-¿Qué? ¿Por qué? –Se quejó Yolei molesta–
-Porque estamos en el mundo de los vivos. –Intervino esta vez Joe apoyando a Izzy, él al igual que el pelirrojo sabía que intervenir de esa manera en el mundo de los vivos podría traer graves consecuencias en el mundo de ellos ya que alterarían el orden de las cosas.
-Así es, las reglas nos impiden actuar aquí, recuerden que somos visitantes aquí, cualquier cosa que hagamos repercutirá en nuestro mundo. –Agregó Izzy y los fantasmas entendieron que no podían hacer nada para ayudar–
-Pero Takeru… –Insistió Davis–
-Lo de Takeru fue diferente su armario se abrió, estaba fuera de nuestro control, pero ahora nosotros no podemos hacer nada, esto deben solucionarlo los vivos.
Un puchero molesto se formo en el rostro de Davis y se cruzó frustrado de brazos al oír la explicación del pelirrojo a quien nadie se atrevía a contradecir pues era el más sabio de todos ahí por lo que no les quedó más que permanecer como espectadores en aquella pelea que apenas comenzaba.
-Lo ves, te dije que soy intocable.
Fanfarroneó Byron al escuchar la explicación de Izzy y darse cuenta que los espíritus no podían intervenir. Lo miré molesto mientras sobaba mi barbilla, tal vez no podía recibir ayuda de los espíritus pero no pensaba darme por vencido, no dejaría que se llevara a Sora de mi lado ni tampoco que volviera lastimar a alguno de aquellos fantasmas que ya consideraba como parte de mi familia.
-Ellos no te podrán tocar pero yo sí.
Con un movimiento rápido barrí mi pierna por el suelo que chocó con sus pies y lo hizo caer al suelo soltando la espada, me fui sobre él tomé el cuello de su camisa y estrellé mi puño contra su cara.
-¡Esto es por Mimi! Y ¡Este por Takeru!
Los dos puñetazos se estrellaron de lleno en su rostro pero antes de que pudiera dar un tercero el hombre me aventó y logró recuperar la espada con la cual me amenazó, limpió la sangre de su labio y enfureció aún más al ver que lo había lastimado.
-Me la vas a pagar caro Yagami.
Dijo furioso a la par que acercaba el filo de su espada a mi rostro, yo permanecía en el suelo sentado, retrocedí un poco, pero sabía que no tenía salida, había llegado el fin.
-¡Muere!
Gritó Byron decidido a clavarme el mortal acero en el pecho pero el golpe nunca llegó había sido detenido por mi padre quien había tomado una escoba del cuarto de servicio y la usaba ahora como espada.
-¡Papá!
Grité con asombro y vi como mi padre luchaba con fuerza para que la espada de Byron no atravesara el palo de la escoba.
-¡Taichi que esperas muévete de ahí!
Me gritó mi madre quien se colocó al lado de mi hermana.
-Mamá.
Murmuró Hikari con lágrimas en los ojos, mi madre la vio y le dedicó una sonrisa cariñosa, la abrazó pasando una de sus manos sobre los hombros de Hikari y después ambas me miraron.
-¡Taichi quítate de ahí!
Gritaron las dos al ver que yo seguía atónito por la intervención de nuestros padres. Reaccioné al oír que me gritaban y de inmediato me puse de pie para apoyar a mi padre ambos empujamos hasta que hicimos retroceder a Byron quien dejó ir la espada hacia atrás pero sin soltarla para dar su siguiente golpe.
-¡Taichi!
Gritó mi padre al ver que el segundo ataque iba dirigido hacia mí, me aventó al suelo recibiendo él el ataque en uno de sus brazos.
-¡Papá!
De inmediato acudí a él al verlo herido de su brazo, Byron rió y se dispuso a un nuevo ataque, busqué la escoba con mi vista pero no la encontré había volado demasiado lejos, rápidamente con mi mirada busqué con que defenderme.
-¡Taichi!
Gritó Mimi, voltee hacia ella y me lanzó la escoba que había llegado hasta donde ellas estaban, la alcancé a tomar y a interponer justo a tiempo para que el nuevo ataque de Byron no llegara ni a mi padre ni a mí, de nuevo una batalla de fuerza se hizo entre ambos, pese a su edad Byron era bastante fuerte y yo podía sentir como el palo de la escoba estaba por romperse, así que tuve que actuar rápido, como pude me puse de pie y lo hice retroceder para después darle una patada en el estomago que lo dejó sin aliento, yo aproveché ese momento para poner a salvo a mi familia, les pedí que se hicieran a un lado y mi madre ayudó a mi padre a quitarse de ahí y ponerse al lado de Hikari mientras que yo me preparaba para recibir el siguiente ataque de Byron quien se reponía rápido.
Lleno de furia Byron se abalanzó sobre mí, yo me defendí con la escoba y aproveché que Byron sólo concentraba sus ataques sobre mí para alejarlo de mi familia y si era posible sacarlo de la iglesia, esquivando sus ataques y haciendo que me persiguiera lo llevé hasta una de las salidas laterales justo la que daba hacia el cementerio de la iglesia en donde tropecé con una de la tumbas que terminó partida en dos al igual que mi escoba. Byron rio al ver que mi arma se había roto y alzó su espada dispuesto a cortarme en dos, pero yo tenía un truco más bajo la manga, tomé tierra del suelo y la lancé sobre sus ojos dejándolo ciego por unos momentos y haciéndolo retroceder dándome a mí la oportunidad, de escapar.
Rápidamente me puse de pie y corrí de nuevo hacia el interior de la iglesia tenía que encontrar algo para atacar a Byron y supuse que si había una escoba tendría que haber un trapeador así que corrí en su búsqueda.
-¡Necesito algo para atacarlo! ¡La escoba se rompió!
Le dije a las dos novias que eran las que se encontraban más cercas de aquella entrada, Sora y Mimi se vieron por un segundo sin saber qué hacer mientras que yo buscaba desesperado algo con que defenderme.
-Tengo una idea Mimi
Le dijo Sora y se acercó al oído de Mimi, le contó su plan y la castaña asintió después Sora corrió para ponerse al lado de la puerta.
Byron se recuperó y entró a la iglesia furioso en mi búsqueda pero justo en el momento que entraba Sora atravesó su pie haciéndolo caer y soltar la espada la que no cayó muy lejos de Byron pero que Mimi se apresuró en tomar para después pasármela a mí. Una vez que tuve la espada en mis manos supe lo que tenía que hacer, matarlo para que no le causara más daño a nadie.
-Ahora sí Byron, ¿Qué decías de ser intocable?
Me permití burlarme de él a la par que me acercaba amenazándolo con la espada, Byron se puso de pie y un poco aturdido aún retrocedió, notó que estaba en desventaja y de inmediato buscó una escapatoria y la encontró en Sora. Tomó a Sora y atravesó su brazo sobre su cuello como si la ahorcara pero sin hacerlo y la puso frente a él si quería matarlo tenía que atravesar a Sora con la espada también.
-Suéltala Byron.
-Mejor dicho suelta tú la espada Yagami.
Con cautela Byron se acercó a mí y caminó hasta el altar donde estaba seguro nadie aparecería tras de él para atacarlo pues de ahí tenía una buena vista del lugar, mientras que yo lo amenazaba con la espada, sabía que yo no haría nada mientras tuviera a Sora con él.
-No lo haré, deja a Sora ir.
-¿Para qué me mates? No creo que sea muy inteligente hacer eso.
-¿Entonces qué propones?
-Bueno, podemos pasarnos toda la vida así yo sosteniendo a tu amorcito mientras tú me amenazas con la espada, pero seamos honesto nosotros no tenemos todo el tiempo del mundo, ellos sí después de todos son fantasmas, pero nosotros no, en algún momento nos cansaremos y sólo Dios sabe quién será el primero, así que te propongo algo déjame ir y yo soltaré a Sora. ¿Qué te parece?
-¿Cómo sé que no es una trampa?
-Pero que desconfiado Taichi, deberías aprender a confiar más en las personas.
-No en personas como tú.
-Bien lo entiendo, pero creo que no tienes otra alternativa, así que dices, déjame salir y te daré a Sora.
-Está bien, vete.
-No tan rápido, antes quiero que todos tus amigos se alejen de esa puerta.
Byron apuntó la puerta del cementerio por la cual pensaba escapar. Hice una seña a los que se encontraban sentados en las bancas de ese lado y de inmediato todos despejaron la zona dejando el área libre. Byron sonrió satisfecho.
-Bien qué esperas ahora vete.
-No aún no, primero asegúrame que él no hará nada.
Byron apuntó a una de las personas que se encontraban tras mío, voltee y vi que Takeru ya había despertado y miraba con malos ojos a Byron.
-Takeru no se atrevería lastimar a Sora.
-Por precaución preferiría que dos de tus amigos lo agarrasen.
Miré a Takeru y él rubio comprensivo asintió, Joe y Davis lo sujetaron.
-Ya, ¿o deseas algo más?
-Supongo que es todo, sólo si me gustaría hacer un pequeño brindis.
Byron tomó la copa que estaba sobre el altar con su mano que no sujetaba a Sora del cuello, la alzó y rió burlonamente.
-Por todos ustedes patéticos espíritus que jamás encontrarán la paz eterna y por Taichi y Sora quien nunca serán felices juntos pues nunca le daré el divorcio a Sora.
-¡Maldito!
Murmuré pero sin atreverme atacarlo, pues Sora estaba de por medio. Byron sonrió al ver mi reacción y bebió rápidamente el contenido de la copa para después dirigirse junto con Sora hacia la salida y una vez que estuvo en la puerta aventó a Sora con fuerza haciéndola caer al suelo y nos miró a todos para fanfarronear una vez más.
-Se los dije mis amigos soy intocable.
Alardeó, pero apenas y había terminado de decir esas palabras una espada lo atravesó por detrás, se dobló escupiendo sangre y de reojo volteó para ver a quien lo había apuñalado con la larga espada.
-Tú…
Murmuró al reconocer la sonrisa torcida del hombre que lo había herido de muerte.
-¿Qué se siente que ter maten a traición y por la espalda cuando menos te lo esperas?
Le preguntó de manera burlona su asesino, Byron intentó decir algo pero la herida que lo dejaba sin vida se lo impedía. Por fin el destino había llegado para cobrar su venganza.
Mimato196
