Capítulo 12

Franziska reflexionaba sobre todo lo que Mila le acababa de decir. De algún modo se sentía algo patética al recibir consejos amorosos. Y más de Mila, alguien de su misma edad. ¿Qué experiencia podría tener ella en el asunto? Y eso le hacía sentir peor: Si Mila le daba consejo significaba que tenía más experiencia, lo cual quería decir que –al menos en ese tema- sabía más que ella, obviamente. Y eso no le gustaba.

Pero, intentando dejar ese asunto aparte... No había dicho nada descabellado. Probablemente tuviera razón en todo.

Franziska suspiró y miró por la ventana de su despacho, intentando despejarse. Debía admitir que las vistas desde aquel despacho no eran malas, se veía prácticamente toda la ciudad.

Miró la hora: Era casi la hora del almuerzo. Cuando se sintió algo más relajada, apartó todos los pensamientos personales de su cabeza, para concentrarse en el trabajo. Y cuando lo hizo se dio cuenta de que necesitaba ir a que el fiscal del distrito le firmara unos papeles para encargarse de un caso. Tenía que ir a ver a Miles. Justo cuando al fin había conseguido concentrarse. Genial.

Franziska suspiró de nuevo, cogió los documentos y su látigo y salió de su despacho. El despacho de Miles estaba en la misma planta y en el mismo pasillo. De hecho era el despacho contiguo al de Franziska. Casualidades de la vida... o al menos eso es lo quiso pensar la fiscal.

Franziska se detuvo ante la puerta del despacho de Miles durante 5 segundos, tomó aire y tocó a la puerta con los nudillos.

-Adelante.- Escuchó desde dentro.

Tras eso abrió la puerta y pasó al interior. Hacía años que no veía el despacho de Miles, pero había cambiado bien poco: Estanterías repletas de documentos de casos, un escritorio pulcramente ordenado con el ordenador encendido, y un sofá magenta, a juego con el traje del primer caso de Miles, enmarcado en la pared.

Franziska se vio entonces que Miles se encontraba hablando por teléfono, y aunque solo pudo escuchar un minuto de la conversación parecía que Miles hablase con alguien por algo relacionado con una prueba.

Miles colgó al fin el teléfono.

-Perdona, era el departamento de Asuntos Criminales, una prueba extraviada... –Miles se encogió de hombros- Me llaman para todo.

-No te preocupes, no es nada.- Respondió ella.- Toma.- Dijo dándole los documentos.- Necesito tu firma.

Miles ojeó los documentos por encima.

-¿Vas a coger 3 casos a la vez? –Preguntó él, enarcando una ceja.

-Podría coger 5 o más si quisiera, no me subestimes.- Dijo ella, con un molesto deje en su voz. Sin darse cuenta otra vez se había dejado dominar por su orgullo.

-Supongo que tienes razón.- Se limitó a contestar Miles, entendiendo que Franziska no haría las cosas de otra manera: Siempre forzándose a ir por encima de la media.

Franziska de algún modo se sentía algo culpable: Si seguía dejando que su orgullo hablara por ella, Miles la tacharía de prepotente y se acabaría molestando; no había que ser un genio para darse cuenta, y como lo era, más cuenta se daba.

Así que decidió mover ficha. Miles era el único que había hecho algo en su relación –si es que lo que había entre ellos se podía denominar así-, Franziska no podía quedarse de brazos cruzados.

-Oye, si quieres... ¿Podemos almorzar juntos?- Dijo Franziska, luchando para que pareciera que lo preguntaba como quien no quiere la cosa.

Miles se sorprendió. Levantó la cabeza hacia ella y al cabo de un segundo apartó la mirada.

-Ah... lo siento, ya tengo un compromiso hoy. De verdad que lo siento.

Aquello no entraba en los planes de Franziska. Inmediatamente se maldijo por la idea, mientras se sentía tremendamente avergonzada.

-N-no te preocupes, otra vez será.

-¿Te viene bien mañana?- Preguntó Miles

Franziska lo pensó durante un breve segundo

-Mañana tengo que encargarme de una investigación, y el lugar no está cerca, así que lo más probable es que no me dé tiempo...

Miles terminó de firmar los documentos y guardó su estilográfica, tras lo cual se puso en pie y se acercó a Franziska para darle los documentos. De algún modo, ella se sentía como si él le mirara inquisitivamente. Miles le entregó los papeles a Franziska, mientras le miraba fijamente a los ojos.

Fue en ese momento cuando Miles acercó lentamente su rostro al de Franziska para besarla. Fue un beso muy suave y cálido; mientras la lengua de Miles se hacía un hueco en la boca de Franziska, él pasaba sus brazos por la parte posterior de la espalda de ella, acercándola.

Cuando el beso acabó los dos se quedaron mirándose a los ojos, hasta que Franziska despertó de su ensoñamiento.

-N-no deberías hacer estas cosas.- Dijo Franziska titubeando ligeramente.- Estamos en el trabajo...

-Ah... perdón.- Dijo Miles, sin perder su buen humor.

-No te preocupes, no es nada.

Franziska notó como Miles soltaba los brazos de su espalda para posteriormente separarse de ella, a pesar de lo cual el espacio que los separaba seguía siendo muy escaso.

Aún después de haberse aclarado en lo que sentía por él, de algún modo aquello le parecía... ¿Extraño? Principalmente por dos motivos: El primero es que ella prácticamente nunca había mantenido contacto físico con otras personas en su vida: Su familia no era de la que se reunía en invierno alrededor de la chimenea todos abrazados y abrigados con mantas. De hecho probablemente era de lo que menos se le parecía a eso. Y el segundo motivo era que durante toda su vida había tratado a Miles como a un hermano, envidiándole por superarla, como si fuera un modelo a seguir. Incluso en ocasiones lo había idolatrado, como si fuera algo intocable. Por eso de algún modo le resultaba extraño –que no desagradable- encontrarse con él de ese modo...

-Por cierto –Dijo Miles, como acordándose de algo.- Hay una cosa que quería preguntarte.

A Franziska le costó centrarse en escuchar.

-¿Eh?... Oh, dime.

-¿Sigues quedándote en un hotel? Creo recordar que no te gustaba demasiado alojarte en ellos durante mucho tiempo, ¿No?

-Oh... Si, sigo de hotel.- Respondió ella.- He estado ocupada con el trabajo, y no he tenido demasiado tiempo para buscar un alojamiento decente. ¿Por qué preguntas?

-Bueno... –De algún modo Miles parecía un poco tenso.- Solo me preguntaba... si te gustaría... venir a vivir conmigo.

Franziska no salía de su asombro. Y no solo por la petición de Miles, que también, sino más bien porque él parecía... ¿Nervioso? "Nervioso" era quedarse bastante corto. No recordaba haberle visto así en su vida. Parecía un pavo antes de navidad. Franziska no pudo evitar comenzar a reírse. Ella, la fiscal genio, que era siempre completamente seria.

-¿A qué vienen esas risas?- Inquirió Miles curioso, enarcando una ceja como solía hacer.

-A tu cara.- Respondió Franziska, aún entre risas. Una vez se calmó un poco continuó hablando, sonriendo.- Nunca te había visto tan nervioso

-¿Tanto se nota?

-Bastante

-Nunca le había pedido a nadie que se mudara conmigo.- Contestó Miles, quitándole importancia al asunto.- Y algo que tampoco había visto nunca... era a ti, riéndote. Te pega mucho más que el rostro serio que sueles tener.

Aquello sorprendió ligeramente a la fiscal. Miles estiró su brazo para acariciar suavemente el rostro de Franziska, pasando sus dedos por la mejilla de la fiscal, que notó un cálido cosquilleo en su piel. Miró a Miles, contemplando cómo le sonreía, a lo que ella correspondió con otra sonrisa.

-Sobre lo de irme a vivir contigo, yo...

Unos golpes en la puerta la interrumpieron a mitad de la frase. Ambos miraron a la puerta, y después se miraron entre ellos. Miles apartó su mano del rostro de Franziska, y se alejó ligeramente de ella.

-Adelante.- Dijo Miles.

La puerta se abrió dejando ver a alguien de sobra conocido por los dos.

-Oh Dios mío... F-F-Franziska V-von K-k-karma-aaaaaaaaaaaaaaaay!- Gritó al final, tras haber recibido un latigazo de la fiscal.

Los ojos de la fiscal llameaban de ira al ver a Phoenix Wright ahí pasmado en la puerta. Además de ser su mayor enemigo en los tribunales acababa de interrumpir su momento con Miles. Le daría una doble ración de latigazos.

-Oooooh, si es Phoenix Wright.-Dijo la fiscal, altiva

-C-cuanto t-tiempo. E-encantado de v-verte de n-nuevo. ¡Aaaaaaaaaaaaaaay! ¡Oye, no me des más latigazos!

-¡Ese por mentiroso, Phoenix Wright!-La fiscal dió otro restallido contra el suelo, observando cómo inconscientemente Phoenix Wright encogía una pierna para evitar el golpe. Aquello la divertía, y mucho. Aunque sin duda habría preferido que Wright no los interrumpiera. Pero lo hecho, hecho estaba; no podía hacer nada sobre eso.

Justo entonces Franziska notó como Miles ponía su mano suavemente en el hombro de ella, en un intento de que se detuviera.

-Haya paz, por favor.

Los dos fiscales se miraron a los ojos, aunque ella desvió rápidamente su mirada, en un intento de que el abogado no notara nada extraño. Franziska miró a Wright, con los ojos llameantes. Este tomó la palabra:

-Oye, podías haberme dicho que ella estaba aquí.-Dijo el abogado.- Si lo llego a saber te espero abajo...

-Eso no es muy amable por tu parte, Wright.-Respondió Miles, quitando su mano del hombro de Franziska para cruzarse de brazos.

-Tampoco es muy amable que me reciban a latigazos.-Contraatacó él. Justo entonces Franziska dió un restallido a escasos centímetros del pie del abogado, que respondió con una onomatopeya contenida.

-Si dices cosas como esa no me responsabilizo de lo que ella pueda hacerte... –Respondió Miles

-Eso suena bien... –Añadió Franziska

-No, no suena nada bien.- Contestó Wright, sudoroso.

Hubo silencio por unos segundos, seguido por un leve suspiro de Miles.

-Está bien, espérame abajo.- Dijo Miles.

-No tardes demasiado.-Dijo Wright, tras lo cual abrió la puerta, salió del despacho y volvió a dejar solos a los fiscales.

-¿A qué ha venido él si puede saberse?- Preguntó Franziska

-Habíamos quedado en almorzar juntos.

-Ah... –"Así que ese era el compromiso que tenía Miles..." pensó Franziska.

-Puedes venir si quieres...-Añadió Miles, aunque ambos sabían que más bien lo decía por ser cortés. Miles cogió la chaqueta que descansaba en el sofá, y se la puso.

-No sé si Wright opinaría lo mismo... de todos modos sabes que no quiero ir.

-Lo imaginaba.-Respondió Miles, tras lo cual le dió un beso en la mejilla a Franziska como despedida.- Que te vaya bien la tarde. Y no te fuerces demasiado.

-Ya veré lo que hago.

-Ah... por cierto. Antes de que se me olvide, hay una cosa que quiero comentarte.

-¿Qué pasa? –Preguntó Franziska

-La investigación que tienes mañana... ¿Es la del robo del Templo Hazakura, verdad?

-Ah, sí.

-Quería ir también a echar un ojo. Te llevaré; apuesto a que mi coche es más cómodo que cualquier coche patrulla. Te viene bien... ¿En el aparcamiento de la Oficina del Fiscal a las 8?

-Ah... oh, vale. Allí estaré.

-Hasta mañana entonces.-Dijo Miles, tras lo cual salió del despacho dejando sola a Franziska.