CAPITULO 12
Demian había corrido lo más rápido que había podido en toda su vida. Pero toda su excitación por ello se había visto opacada por la tristeza que sentía en su corazón. Ángel nunca le había hablado como lo había echo aquella tarde, si, era cierto que discutían mucho, pero nunca le había hablado con tanta crueldad. Hasta esa tarde, Ángel había sido la única persona en su vida que no le había llamado estúpido, la única persona que había confiado en el, o al menos que lo había fingido. Ahora de verdad se sentía como un estúpido por haber creído que alguien en verdad podría quererlo, por haber pensado que en verdad ese sujeto tan cool quería ser su padre.
Había corrido tan rápido, guiado únicamente por los recuerdos del camino por el que Edward condujo aquella tarde, que estaba genuinamente sorprendido de haber aquello a tan majestuoso lugar. Aun cuando la brisa fresca le provocaba un frio terrible en el cuerpo, Demian no podría desear estar otro lugar. El nunca había conocido el mar, pero ahora que lo tenía delante, estaba bastante seguro de que era la cosa más hermosa que hubiese visto nunca, el lugar perfecto para vivir ahora que estaba claro que no regresarían jamás con Ángel. ¿Cómo podría?, si ya era bastante claro lo que este pensaba sobre él.
Sin embargo, todos esos planes se vinieron abajo cuando escucho que una voz poco familiar le llamaba por su nombre. Giro lentamente la cabeza, y vio que Edward se aproximaba ya en su dirección. Así que se levanto del tronco en el aquellas buenas personas le habían dejado sentarse y apresuro el paso.
Edward también se apresuro.
— No, no, espera. . . vine a hablar. – le dijo. Sorprendido de que pudiera hablarle sin una pizca de odio en su voz.
— Déjame en paz, no tengo nada que hablar contigo. – apresuro el paso, pero Edward corrió rápido y en un segundo se interpuso en su camino.
— Se cómo te sientes, por favor. Solo quiero ayudar.
Demian lo miro confundido, ¿de verdad era el mismo vampiro que solo un par de horas había demostrado que le odiaba?
— Creí que los monstruos no necesitaban ayuda.
Edward por supuesto que se esperaba que las cosas no fuesen sencillas, Carlisle tenía razón, se había portado mal con aquel chico y ahora tenía que afrontar las consecuencias y solucionarlo.
— Mira, siento mucho lo que dije antes ¿sí?. . . Fui un idiota. – dijo, tragándose todo su orgullo de una vez.
— ¿Fuiste?, yo creo que lo sigues siendo.
— De acuerdo, merezco eso. Es más, puedes insultarme todo lo que quieras, pero deja que te lleve de vuelta a casa, con tu padre.
— El no es mi padre, ya lo dejo muy claro. – Demian trato de esquivar a Edward por el lado izquierdo, pero el vampiro no lo dejo.
— Claro que es tu padre, oye, sé que no fue bonito lo que te dijo, y si estuviera en tu lugar. . . Es más, lo he estado. Con mis dos padres, he discutido con ambos hasta llegar al punto de las ofensas, y por eso te digo que no debes tomarte tan a pecho las cosas. – A pesar de lo bien que estaba saliendo su discurso, Edward tuvo que quedarse callado, pues el chico se había abrazo inconscientemente los brazos, tenia frío.
Edward se quito la chaqueta y se la ofreció, pero Demian no la tomo, solo seguía mirándole con desconfianza. – Vamos, tómala. Te estás congelando.
Demian no quería nada del vampiro, pero el frio de verdad estaba matándolo. Así que tomo la chaqueta y se la puso.
Edward sonrió. — Eso es.
— ¿Por qué estas siendo bueno conmigo?, yo ni siquiera te agrado. – dijo en apenas un murmuro.
Edward extendió aun más su sonrisa. – Puede que haya estado equivocado en eso también. Hablemos junto al fuego, ¿sí? – le puso una mano sobre el hombro para hacerle ver que en verdad había cambiado su actitud. Y Demian no solo lo vio, si no que también sintió algo diferente en su toque. Aun cuando sus dedos eran fríos, pudo sentir una especie de calidez emergiendo. Edward también lo sintió, pero tampoco pudo explicarse a sí mismo que era. Finalmente, Demian asintió y regreso a sentarse en el tronco frente al fuego. Edward junto a él.
Edward se tomo unos segundos contemplando el fuego, pensando en lo que debería decir a continuación. Pero como siempre, Demian fue quien tuvo la primera palabra.
— ¿Cómo se supone que voy a regresar con él, cuando se lo que piensa sobre mi? – Le pregunto. Edward maldijo su suerte, ¿Por qué los niños siempre tenían que preguntar las cosas más difíciles?
— Bueno, lo primero que tienes que entender es que a veces, cuando uno se enoja, dice cosas que realmente no quiere decir. . .
— ¿Entonces para que decirlas?
Edward se maldijo de nuevo, de verdad que el chico era inteligente. Por suerte, Edward tenía la mejor manera de explicarle aquello.
— Bueno. . . pues para herir a las personas, como yo por ejemplo. Solo te llame monstruo porque quería herirte, quería que te sintieras mal.
— ¿Por qué?, si yo ni siquiera te hice nada.
— No, yo. . . – Edward tuvo que admitirlo, el chico era bastante bueno. – Se que no me hiciste nada, yo no quería herirte porque hubieses sido malo conmigo, solo. . . tenía miedo de que la bruja dañara a mi familia por tu causa, quería que te alejaras para protegerlos de ella, no de ti.
— Bueno, pues estuviste equivocado todo el tiempo. La bruja no me quiere a mí, lo quiere a él. Yo solo fui un error en su plan.
— Es bueno saberlo. Pero el punto es, que uno puede decir muchas cosas cuando está molesto u asustado, pero eso no significa que uno piense eso de verdad. Mira, yo no te conozco o a tu padre, pero me basto con verlos anoche para darme cuenta de lo mucho que se quieren. Lo mucho que él te quiere.
Demian se quedo callado, pensando en lo que Edward estaba diciéndole. No era la primera persona que le decía que Ángel se desvivía por él, y eso le llevaba a una última pregunta, a una personal. ¿Por qué si todo mundo lo veía, el no lo hacía? ¿Acaso era tan ciego para no verlo, o es que no quería hacerlo?
Edward le dio un minuto para asimilar sus palabras y luego continúo. — Solo. . . solo deja que te lleve a casa ¿sí?, todos están muy preocupados por ti y tu padre. . . bueno, el no ha despertado, pero estoy seguro de que cuando lo haga, querrá verte.
Demian abrió mucho los ojos al escuchar eso ultimo.
— ¿No ha despertado? ¿Le hecho daño?, yo no... No quería hacerlo, yo no…
— No, no. Tranquilo, el estará bien. . . Carlisle dijo que se curara.— dijo, aun que realmente eso no era lo que Carlisle había dicho, pero no encontró necesario preocupar al chico con eso. Solo quería reconfortarlo.
— Pero le lastime, ahora va a odiarme aun mas. – las lagrimas comenzaron a correr por sus mejillas. Edward le sacudió el cabello para que se calmara.
— No, tonto. Claro que no te odiara. . . Un padre nunca podría odiar a su hijo.
— ¿Cómo estas tan seguro?
Edward puso los ojos en blanco, eran demasiadas preguntas. – He golpeado a Carlisle muchas veces, y siempre me ha perdonado. Y eso que no soy su hijo, no realmente. ¿Así que de verdad piensas que tu padre no va a perdonarte por este pequeño. . .tropiezo?, yo no lo creo.
Demian asintió, con lágrimas en los ojos. Se veía tan indefenso que Edward termino por ceder a su propia compasión, y abrazarlo.
– Shsh, tranquilo. Todo estará bien, shsh. – le decía, mientras se preguntaba a si mismo ¿Cómo había podido pensar que aquella alma noble pudiese ser mala?
Estuvieron abrazados por unos minutos, hasta que Edward encontró el pretexto perfecto para terminar con el abrazo, pues él no era de los que gustaba abrazar.
— ¿Por qué usas gorra? – pregunto interesado.
Demian se limpio las últimas lágrimas de los ojos. – Uh, Alice dijo que mi cabello se veía horrendo.
— Jajaja, Alice, siempre tan dramática. – dijo para sí mismo, entonces le retiro la gorra a Demian y comenzó a peinarlo con las manos. Cientos de años haciendo lo mismo, le habían vuelto un experto.
— ¿Qué haces? – exigió saber Demian, odiaba que lo tocaran de esa forma.
— Ush. – le mando a callar. – Te estoy volviendo humanamente presentable. – dijo con la misma ironía, pero luego de un par de minutos peinándole, una brisa fría les sacudió las espaldas. Lo cual era un signo de que algo debía andar mal, pues Edward jamás sentía frio o calor, o algo en absoluto.
— ¿Sentiste eso? – pregunto desconcertado.
Demian asintió y se aferro mas a la chaqueta que llevaba puesta. La brisa volvió a sacudirse y el fuego frente a ellos se volvió débil, casi extinto. Edward dedico una mirada al grupo de personas que les rodeaban. Habían dejado de cantar repentinamente y ahora los miraban fijamente.
— Demian, vámonos. – dijo, levantándose del tronco y sin soltarle de la mano. Algo le decía que debía sujetarlo, pero no esperaba encontrarse con ese algo tan pronto. Pues apenas avanzaron unos pasos, su camino se vio interferido por otro grupo de personas.
Edward tiro de la mano de Demian hacia el lado izquierdo, pero las personas avanzaron hacia ese lado también. Era como ver a un ejército de zombies coordinados, pues todos caminaban igual y tenían los ojos muy abiertos, como si estuviesen paralizados.
— Edward. . . – Demian comenzaba a asustarse.
Edward apretó aun más el agarre de su mano. – Por favor, déjennos pasar. – dijo a la pequeña multitud, en un intento por averiguar qué estaba pasando. Las personas no se movieron, ni parpadearon, o dijeron algo, excepto una. Una mujer mayor que se abrió paso entre todos para enfrentar a los chicos.
— Entreguen a Ángelus antes del amanecer, y serán perdonados. – dijo, sonando como una entidad demoniaca más que como una humana.
Edward y Demian se miraron, era obvio que todas aquellas personas estaban bajo algún tipo de control de la bruja. Pero eran demasiadas, ¿Cómo demonios se las había arreglado ella para controlar a tantas personas?
— Uh, claro. . . te lo entregaremos, solo deja que vayamos a por él. – dijo Demian.
La mujer hizo una mueca diabólica. – No hablaba contigo, niño idiota. Hablaba con este otro chupa sangre.
Edward miro a Demian, luego a la mujer. – Déjanos pasar. – exigió.
— Claro, tú puedes irte. Pero el mocoso se queda. – dijo. Los dos miraron a su alrededor, y comprobaron que el resto de las personas de la fogata ya les rodeaban por detrás. Bloqueándoles el paso. – Mis amigos quieren jugar con él. – agrego la mujer, y entonces el resto de la multitud imito su temible gesto diabólico.
No se necesitaba ser genio para saber que por "jugar" se estaba refiriendo a "mutilar, torturar y asesinar", así que Edward ni siquiera tuvo que pensarlo para tomar una decisión.
— ¿Confías en mi? – pregunto en apenas un murmuro.
— ¿Tengo elección? – respondió igual con un murmuro.
Edward sonrió y negó con cinismo. Ese chico era increíble.
— Si, yo. . . – Edward no soltó la mano del chico, pero si dio un paso delante de él. – Creo puedes tomar tu oferta e irte al infierno. – dijo a la mujer, entonces todos los zombies comenzaron a aproximarse más a ellos. Pero Edward giro hasta abrazar a Demian y entonces salto, salto tan alto que por un segundo, Demian creyó estar volando.
Edward y Demian lograron sobrepasar a la multitud y terminaron aterrizando unos 10 metros lejos de ellos. Demian estaba realmente sorprendido, y mareado también.
— ¿Estás bien? – pregunto Edward, su salto había sido demasiado abrupto, pero demasiado necesario también.
— ¡Tráiganlos! – se escucho gritar a la mujer poseída.
Edward sonrió emocionado, pues le fascinaban los restos. – Sube a mi espalda.
— ¿Qué? – Demian aun seguía perdido.
— Rápido, súbete a mi espalda. – repitió Edward, y se inclino lo suficiente para que Demian diera el salto para subirse. El chico no era para nada pesado, así que su idea tendría que funcionar. — Sujétate bien, con las piernas también. – dijo, Demian obedeció y cruzo las piernas alrededor de su cintura y los brazos sobre su cuello. – Ahora, no te sueltes o morirás. – y sin darle tiempo de preguntar nada mas, Edward escalo sobre el tronco de un árbol y de ahí pego otro gigantesco salto y otro. . .
Para Demian, aquello no solo era la cosa más peligrosa que hubiese hecho nunca, también era la más emocionante. Pues la adrenalina que el peligro provocaba en su cuerpo, era tan grande que le era imposible no gritar.
— ¿Qué demonios está pasando? – pregunto Edward, tras aterrizar en el cuarto árbol.
— La bruja, ella. . . ¡Haaa! – Demian dio un grito mas, pues Edward acababa de saltar hacia un tronco más alto, y por un segundo, sintió que los brazos casi se le resbalaban.
— Ja, ¿estás bien?
— SI, si. – no era del todo mentira, fuera de la sensación de vértigo que tenia, todo lo demás estaba perfecto. – La bruja debió hacer un hechizo para controlar las mentes de todos. Demonios, no pensé que fuese tan poderosa.
— Alice vio esto en su visión, no te preocupes. No nos alcanzaran.
Edward dio un nuevo salto, mucho más alto que los anteriores. Provocando que Demian se aferrara con mucho más fuerza contra su cuerpo. Y eso casi lo hace pedazos.
— ¡Demian, no tan fuerte! – dijo, adolorido.
— Lo siento, pensé que me caería.
— No dejaría que eso pasara. – aseguro.
Demian sonrió. Después de todo, Edward no era tan mala persona como pensaba.
— ¿Listo para mas?
— Listo.
Edward volvió a saltar.
* Por favor Review!
