Hola hola espero les guste disfruten...
Diclamier: La historia pertenece a Nora Roberts y los personajes a Stephanie Meyer
Capitulo 11
Cuando Edward oyó el primer estruendo, estaba transcribiendo las notas que había tomado sobre el primer año de Black como piloto profesional. Soltó una maldición, aunque sin mucha vehemencia, se apartó de la máquina, dejando una hoja a medio terminar y bajó las escaleras para recibir a los niños.
-No ha sido culpa mía -Ben fulminó a su hermano con la mirada, mientras rodeaba al perro con el brazo.
-Sí ha sido culpa tuya... -Chris buscó en su vocabulario y sacó el peor insulto que se le ocurría-. Idiota.
-Tú sí que eres idiota. Solo porque...
-¿Problemas? -preguntó Edward mientras abría la puerta.
Ambos niños echaban fuego por los ojos y además Chris estaba cubierto de barro de los pies a la cabeza.
El labio inferior le temblaba mientras señalaba con un dedo sucio a su hermano.
-Me ha empujado.
-Mentira.
-Se lo diré a mamá.
-Tranquilos, tranquilos -Edward bloqueó la puerta y obtuvo como recompensa una buena mancha de barro en los pantalones-. Ben, ¿no crees que eres un poco mayor para empujar a Chris?
-No lo he empujado -irguió la barbilla-. El siempre dice que hago cosas que no hago. Se lo voy a decir a mamá.
Los ojos de Chris empezaron a llenarse de lágrimas mientras permanecía hecho un desastre en el porche. Edward sintió la imperiosa e inexplicable necesidad de agacharse a abrazarlo.
-Mira, ahora lo limpiaremos todo -le dijo, conformándose con darle un golpecito con un dedo en la nariz-. ¿Por qué no me cuentas lo que ha pasado?
-Me ha empujado -las primeras lágrimas comenzaron a deslizarse por su rostro. Todavía era demasiado pequeño para avergonzarse de ellas-. Solo porque es mayor.
-No es verdad -tampoco muy lejos de las lágrimas, Ben tenía la mirada clavada en el suelo-. No quería empujarlo. Solo estábamos jugando.
-¿Entonces ha sido un accidente?
-Sí -respiró hondo, avergonzado de sus ganas de llorar.
-No hace ningún daño disculparse por un accidente -puso la mano en el hombro de Ben-. Sobre todo cuando eres el mayor.
-Lo siento -musitó, fulminando a su hermano con la mirada-. Mamá se va a enfadar conmigo porque está lleno de barro. Voy a tener problemas. Y hoy es viernes.
-Mmm -Edward pareció considerar las opciones.
Chris ya se había olvidado de las lágrimas y deslizaba con curiosidad el dedo por el barro que cubría su abrigo.
-Quizá no tengamos que decírselo esta vez.
-¿De verdad? -la esperanza brotó en los ojos de Ben, pero fue rápidamente sustituida por la desconfiada-. Pero de todas formas se va a enterar.
-No, no se enterará. Venid -al no ver otra forma de solucionarlo, levantó a Chris en brazos-. A ti te meteremos en la lavadora.
Chris rió divertido y le pasó el brazo enfangado por el cuello.
-No se puede meter a nadie en la lavadora. Es muy pequeña. ¿Dónde está mamá?
-En el dormitorio. Tiene gripe.
-¿Como el señor Petrie?
-Exacto.
Ben se detuvo en la puerta de la cocina.
-Mamá nunca está enferma.
-Pero esta vez sí. Ahora mismo está durmiendo, así que nos quedaremos abajo.
-Quiero verla.
Edward, que estaba abriendo la puerta del cuarto de la colada, se detuvo. Se volvió y vio a Ben en el centro de la cocina con la boca apretada y expresión desafiante. Aunque lo desconcertó, se descubrió a sí mismo admirando la determinación de aquel pequeño al defender a su madre.
-Pero no la despiertes -se volvió hacia el cuarto de la colada-. De acuerdo, tigre, desnúdate.
Dispuesto a obedecer, Chris comenzó a quitarse el abrigo.
-Mi profesora tuvo la gripe la semana pasada, así que ha venido una sustituta. Es pelirroja y no se sabe nuestros nombres. ¿Mamá estará enferma mañana?
-No tanto como hoy -Edward encontró el jabón y comenzó a investigar el funcionamiento de la lavadora.
-Puede usar mis pinturas -Chris se sentó en el suelo y empezó a quitarse las botas-. Y podemos leerle cuentos. Ella me lee cuentos cuando estoy enfermo.
-Estoy seguro de que le encantará.
-Si se encuentra muy mal, puede quedarse con Mary.
-¿Quién es Mary?
-Es mi perra de peluche, me la regaló la tía Alice cuando era pequeño. Todavía duermo con ella, pero no se lo digas a Ben. Se burla de mí.
Edward sonrió mientras ponía la lavadora. Era agradable que confiaran en él.
-No diré nada.
-Si mamá está mejor mañana, ¿crees que podrá llevarnos al cine? Dijo que nos llevaría al cine el sábado.
-¡No! -al volverse, Edward vio que el niño se había tomado su palabra al pie de la letra. Se había desnudado al lado del fregadero y tenía la piel de gallina-. No creo que tengamos que ir tan lejos -después de sacar una toalla de la secadora, se acercó al niño y lo envolvió en ella-. Creo que necesitas un baño.
-Odio los baños -Chris inclinó la cabeza y le dirigió a Edward una mirada solemne-. Los odio de verdad.
-El problema es que tenías razón -Edward metió el resto de la ropa en la lavadora y la cerró-. No cabes en la lavadora.
Riendo, Chris alzó los brazos hacia él, con un gesto sencillo que dejó a Edward sin habla. Incapaz de hacer otra cosa que responder a aquella silenciosa demanda, lo levantó en brazos. Buen Dios, pensó mientras el niño apoyaba la cabeza en su cuello, había conseguido mantener la objetividad durante treinta años y en ese momento estaba a punto de perderla por culpa de un niño con la cara manchada de barro.
-Acerca del baño...
-Los odio.
-Venga, puedes llevarte un barco o cualquier cosa para jugar en la bañera.
Resignado, Chris se dejó conducir hacia lo inevitable.
-Prefiero un camión.
-Entonces, llévate un camión.
-¿Puedo llevarme tres?
-Siempre y cuando quede sitio para ti -dejó a Chris en el suelo en cuanto llegaron a la puerta del baño-. Ahora, no hagas ruido, ¿quieres?
-De acuerdo -Chris se volvió hacia él y susurró-: ¿Me vas a ayudar a lavarme el pelo? Casi puedo yo solo, pero...
-Ah... -pensó en el trabajo que lo estaba esperando en su escritorio-. Claro, pero empieza tú solo.
Hacer de niñera, pensó Edward mientras vacilaba en el vestíbulo, no formaba parte del trato. Aun así, sabía que Bella no estaba disfrutando más que él. Miró hacia la habitación de Ben. La puerta estaba cerrada. La primera idea fue dejar al niño a solas y dedicarse a la menos complicada tarea de lavarle el pelo a Chris. Pero maldiciéndose a sí mismo, llamó a la puerta del dormitorio del pequeño.
-Pasa.
Edward abrió la puerta y se encontró al niño sentado en la cama, con un ejército de hombrecitos diminutos frente a él.
-¿Has visto a tu madre?
-Sí. No la he despertado -puso a dos hombres a pelear-. Creo que está muy enferma.
-Solo necesita descansar un par de días -Edward se sentó al borde de la cama y tomó uno de los muñecos-. Probablemente necesite que le hagan compañía cuando se despierte.
-Una vez, cuando llegué a casa del colegio, la vi tumbada en el sofá. Decía que era porque le dolía la cabeza, pero yo sé que estaba llorando.
Sin saber muy bien qué hacer, Edward tomó otro de los soldados.
-Las mamás también necesitan llorar de vez en cuando. Todo el mundo lo necesita.
-Los hombres no.
-Sí, también los hombres.
Ben intentaba asimilar aquella información, pero no se la terminaba de creer.
-¿Mamá ha estado llorando otra vez?
-Esta vez solo está enferma. Supongo que se sentirá mejor si no le causamos problemas.
-Yo no quiero causarle problemas -dijo Ben con un hilo de voz.
-Estoy seguro.
Edward pensó en sí mismo y en lo mucho que la había presionado. Formaba parte de su trabajo, sí. Pero aquello no le hacía sentirse menos culpable.
-De verdad no empujé a Chris para que se cayera al barro -farfulló.
-Lo sé -pero él sí había puesto a Bella entre la espada y la pared.
-Mamá me castigará.
-Ya veo.
Edward se descubrió a sí mismo admirando el candor de Ben, pero sabía que tenía que hacer algo, ¿y qué demonios iba a hacer él que no sabía nada sobre cómo manejar a los niños? Se pasó la mano por el pelo e intentó ser razonable.
-Supongo que se nos tendrá que ocurrir algo. ¿Quieres que bajemos y te tire a ti al barro?
Ben lo miró con recelo. Después de cruzar su mirada con la de Edward, soltó una carcajada.
-Entonces se enfadará contigo.
-Exacto. ¿Por qué no haces las tareas de Chris esta noche?
-De acuerdo -no era un mal trato. Le gustaba pasar tiempo con los caballos y normalmente Chris siempre andaba por medio.
A Edward lo sorprendió y complació al mismo tiempo ser capaz de leer en la mente de un niño.
-Eso incluye quitar la mesa. Me parece que hoy le toca a Chris.
-Pero...
-El mundo es duro, muchacho -le tiró suavemente de la oreja y fue a ocuparse de su siguiente tarea.
Bella se despertó al oír una discusión. Una discusión entre susurros, pero una discusión al fin y al cabo. Abrió los ojos y los fijó en sus hijos, que estaban a los pies de la cama.
-Deberíamos despertarla ya -insistió Ben.
-Tenemos que esperar a que suba Edward.
-No, ahora.
-¿Y qué hacemos si todavía tiene fiebre?
-Miraremos a ver cuánta tiene.
-¿Sabes cómo se hace? -preguntó Chris, dispuesto a dejarse impresionar por las habilidades de su hermano.
-Se usa ese aparato. Solo se lo tenemos que poner en la boca y esperar.
-¿Mientras está dormida?
-No, tonto, antes tenemos que despertarla.
-Ya estoy despierta -Bella se sentó, apoyándose contra la almohada y bajo la mirada vacilante de sus hijos.
-Hola.
Sin estar muy seguro de cómo tratar a una madre enferma, Ben jugueteaba con la colcha.
-Hola.
-¿Todavía estás enferma?
Bella sentía la garganta tan seca que la sorprendía ser capaz de hablar. Todos los músculos de su cuerpo se rebelaron cuando intentó incorporarse un poco más.
-Un poquito.
-¿Quieres mis pinturas? -sin ningún tipo de ceremonia, Chris se subió a la cama para verla de cerca.
-Quizá más tarde -le dijo, pasándole la mano por el pelo-. ¿Acabáis de llegar del colegio?
-Claro que no. Llevamos un montón de tiempo en casa, ¿verdad, Ben?
-Ya hemos cenado -le confirmó Ben-. Y hecho todas las tareas.
-¿Ya habéis cenado? -cuando estuvo más despejada, advirtió que estaba anocheciendo. Miró el despertador y gimió. Se había perdido otras tres horas-. ¿Qué habéis cenado?
-Tacos. Edward los hace bonísimos. ¿Tienes fiebre? -Chris posó la mano en su frente-. Estás caliente. ¿Tienes que tomar una medicina como Ben y como yo? Si quieres, puedo leerte un cuento.
-No sabes leer -repuso Ben disgustado.
-Sí que sé. La señorita Schaeffer dice que leo muy bien.
-Tonterías de niños, no historias de las que leen las mamás.
-¿Discutiendo otra vez? -Edward entró en el dormitorio con una bandeja-. Es agradable ver que las cosas vuelven a la normalidad. Apártate, Chris. Tu madre tiene que comer.
-La hemos hecho entre todos -dijo Chris mientras Bella se inclinaba hacia un lado-. Edward ha hecho los huevos y Ben ha calentado la sopa. Yo he hecho las tostadas.
-Tiene un aspecto magnífico.
Tenía ganas de tirar la bandeja y todo lo demás por la ventana. Mientras Edward le arreglaba la almohada, alzó la mirada y lo vio sonreír. Al parecer, le había adivinado el pensamiento. Y, además, sabía que delante de sus hijos no podría negarse a comer.
-Edward dice que necesitas recuperar las fuerzas -intervino Ben.
-¿Ah, sí?
-Y Edward dice que tenemos que estar callados para que puedas descansar -Chris esperó a que su madre probara la tostada, que había untado generosamente de mantequilla.
-Habéis estado muy callados -dijo Bella, ayudándose del zumo para tragar la tostada.
-Y Edward ha dicho que si nos portamos bien, más tarde jugará con nosotros -Chris le dirigió a Edward una sonrisa radiante-. ¿Nos hemos portado bien, verdad?
-Os habéis portado bastante bien.
Queriendo evitar que Chris acaparara toda la atención, Ben se acercó a su hermano.
-Edward dice que a lo mejor mañana todavía estás enferma y no nos podrás llevar al cine.
-Parece que Edward dice muchas cosas -musitó Bella, y alargó el brazo para acariciar la mejilla de su hijo-. Ya veremos. ¿Qué tal os ha ido en el colegio?
-Muy bien. Durante la clase de matemáticas, ha entrado un pájaro por la ventana y la señora Lieter se ha puesto a perseguirlo. El pájaro se chocaba con los cristales.
-Qué emocionante.
-Sí, pero después la señora Lieter ha abierto una ventana y ha ido a buscar una escoba para sacarlo.
-Tricia se ha caído al suelo y se ha hecho un chichón en la cabeza -Chris se inclinó para juguetear con la cadena de oro que su madre llevaba al cuello, un objeto que lo había fascinado desde que era un bebé-. Ha estado llorando mucho tiempo. Yo me he caído, pero no he llorado nada. Bueno, no mucho -se corrigió meticulosamente-. Edward me iba a meter en la lavadora.
Bella dejó de acariciar el pelo de su hijo.
-¿Perdón?
-Bueno, estaba lleno de barro y...
Edward lo interrumpió antes de que el relato de Chris pudiera delatar a su hermano.
-Ha sido un pequeño accidente. El suelo está muy resbaladizo.
Mientras Bella miraba, Ben inclinó la cabeza y miró a Edward de reojo con una mezcla de gratitud y recelo.
-Ya entiendo -o al menos pensaba que entendía. Y era suficientemente prudente como para no pedir más explicaciones-. Esta es una cena magnífica, chicos, pero creo que ahora no puedo comer nada más.
Edward tomó el vaso de la bandeja y lo dejó en la mesilla de noche.
-¿Por qué no os lleváis la bandeja, chicos? Yo bajaré ahora mismo.
En cuanto los niños salieron, Edward tomó el termómetro.
-Edward, te agradezco todo lo que estás haciendo. No sé qué decir.
-Mejor -le metió el termómetro en la boca-. Así estarás callada.
Como no quería iniciar otra discusión, Bella se recostó en la cama y esperó a que Edward le quitara el termómetro.
-Ha bajado, ¿verdad?
-Muy poco -la corrigió, en un tono que Bella juzgó como demasiado alegre, y le tendió una aspirina.
-Los niños pensaban que mañana íbamos a ir al cine.
-Sobrevivirán.
Después de colocar el termómetro en su lugar, giró para marcharse. Bella le tomó la mano en un impulso.
-Edward, no pretendo ser una mala paciente, pero te juro que voy a volverme loca si paso otro minuto sola en esta cama.
Edward inclinó la cabeza.
-¿Eso es una invitación?
-¿Qué? Oh, no. Yo solo pretendía...
-Creo que te comprendo -se inclino sobre ella, la envolvió en la colcha y la levantó en brazos.
-¿Qué estás haciendo?
-Sacarte de la cama. Te bajaré al salón y te dejaré en frente de la televisión. Pero estoy seguro de que en menos de una hora habrás vuelto a olvidarte completamente del mundo.
-Pero si me he pasado todo el día dormida.
En aquella ocasión, casi se permitió disfrutar de la sensación de ser abrazada por aquellos fuertes brazos, de ser llevada como si fuera un objeto frágil y delicado. Por una noche, solo por una noche, podía fingir que había alguien a su lado. Cuentos de hadas, se advirtió Bella, y se interrumpió antes de dejarse apoyar la cabeza en su hombro.
-Te agradezco que hayas cuidado a los niños. Aunque no quiero imponerte nada. Puedo llamar a una vecina si hace falta.
-Olvídalo -respondió con naturalidad, sin querer admitir lo mucho que había disfrutado aquella tarde-. Puedo manejarlos. Cuando estaba en la universidad, me ganaba la vida como guardia de seguridad.
-Ese tipo de experiencia siempre ayuda -murmuró-. Edward, ¿Chris se ha hecho daño cuando lo ha empujado Ben?
-No sé de qué me estás hablando.
-Claro que lo sabes.
-¿Crees que Chris parecía haberse hecho daño?
-No, pero...
-Entonces no querrás que me convierta en un chivato, ¿verdad?
Bella le dirigió una mirada severa mientras la dejaba en el sofá.
-Los hombres siempre os defendéis los unos a los otros, ¿verdad?
Sin molestarse en contestar, Edward se acercó a encender la televisión. Necesitaba alejarse rápidamente de ella, romper el contacto. Le parecía tan dulce, tan pequeña, tan frágil en sus brazos. Un hombre podía cometer los peores errores de su vida cuando se dejaba seducir por la fragilidad.
-Si necesitas algo, estaré en la cocina. Cosas de hombres, ya sabes.
-Edward.
-Mira, como vuelvas a darme las gracias otra vez, creo que te pegaré -pero se inclinó hacia ella, le tomó el rostro entre las manos y la besó-. No me des las gracias y tampoco te disculpes.
-No pensaba hacerlo.
Y antes de que pudiera pensar lo que hacía, antes de darse tiempo a razonar, Bella alargó el brazo y le hizo acercar su boca a la suya.
No era dulce. No era mágico. Era sólido y fuerte. Por primera vez en muchos años, volvía a paladear el sabor de un hombre. Deseaba, por primera vez desde hacía muchos años. Y era maravilloso desear otra vez, sin pensar, sin razonar, dejándose llevar solo por el deseo.
Aquel contacto, aquel sabor, no estaba cargado de recuerdos de su matrimonio o del único hombre que había conocido. Era un sabor nuevo y fresco, como un principio.
Su piel estaba caliente. Edward sabía que aquella entrega nacía tanto de la debilidad como de la pasión. Pero, pensó, prefería creer que había algo más, algo único en la forma en la que sus labios se adaptaban a los suyos. Así que quería algo más. Desde el primer beso, el deseo se había extendido en su interior hasta hacerle desearlo todo. Sentir su piel, febrilmente caliente bajo el camisón, sentir su cuerpo derritiéndose contra el suyo.
No había artificio en aquel beso, no era el beso de una experta. Era un gesto tan puro y generoso como el de Chris alzando los brazos hacia él. Se apartó sin ganas y atónito. Estaba dándose cuenta de que, cuanto más la conocía, menos sabía de ella.
Bella se recostó, con los ojos medio cerrados, consciente de que Edward la estaba observando e incapaz de ponerse ninguna máscara. Lo que él quisiera ver estaba allí. Y ella no tenía forma de saber si sus propias dudas estaban cegándolo.
-Hay algo más de lo que tendremos que encargarnos cuando te pongas bien, Bella.
-Sí, lo sé.
-Será mejor que descanses.
Se metió las manos en los bolsillos, sabiendo lo fácil que sería para él volver a acariciarla y olvidar.
-Lo haré.
Cerró los ojos, porque sería demasiado fácil alargar los brazos hacia él y olvidar. Sus hijos estaban en la habitación de al lado. Sus hijos, su responsabilidad. Su vida.
Cuando abrió los ojos, Edward ya se había ido.
Que les sta pareciendo ? por lo que se ve esto ya se sta arreglandooo jejeje
espero les haya gustadoo
