Castigados
POV Pansy Parkinson
-Están tardando demasiado.- comenté mientras me sentaba junto a Weasley, el pelirrojo dejo salir un largo bostezo antes de tallarse los ojos.
-Lo sé, ya me estoy cansando. - comentó suspirando, por un momento parecía tener mucho sueño.
-¿Qué tal si bajas a buscarlos? - cuestioné reclinando de la pared mi cabeza; estaba aburrida, además ni siquiera sé porque se me ocurrió preguntarle a Potter y a Ronald acerca de Draco. ¡Suelo reconocer las malas ideas aun a la distancia!
- ¿Bajar? ¿Por qué no bajas tú? - me preguntó el pelirrojo, rodé los ojos ante sus niñerías.
-Porque son tus amigos los que están allá abajo...- dije levantando el mentón, pero en ese instante Draco, Granger y Potter aparecieron delante de nosotros.
-¿Decías?- me preguntó Ron, percibí cierto sarcasmo en sus palabras que consiguió que rodara mis ojos.
-Te estaba buscando, Draco.- exclamé poniéndome de pie y acercándome a mi amigo.
-Estaba con Granger, acompañándola.- respondió el rubio, logre ver a la come libros arrugar el entrecejo y supe que mi rubio estaba mintiendo; algo más estaba haciendo allá abajo. Tendría que preguntarle cuando estuviésemos solos para obtener una respuesta sincera.
-¿Qué hacías allá bajo, Mione?- cuestionó Ronald, estaba unas dos baldosas lejos de mí. Granger guardo silencio por más de dos segundos. Incluso parecía estar ideando alguna excusa o algo parecido, vi a Draco mirarla por el rabo del ojo expectante.
-He estado estudiando la piel del basilisco...y ya saben, quería una muestra.- se excusó Granger, me quede pensativa durante algunos segundos mientras Ron seguía hablando. Aquella parecía una respuesta bastante creíble. Después de todo, se trata de Hermione, come libros, Granger ¿Qué más se podía esperar de ella?
-Vamos...- me dijo Draco tras algunos minutos y señalo la puerta, estábamos por caminar hacía allá cuando la misma se abrió y apareció Mcgonagall en compañía de Dumbledore y el profesor Snape.
-Les dije que estarían aquí...- comentó Filch apareciendo tras Dumbledore, traía a su fea gata entre manos y la acariciaba mientras nos miraba desde su posición. ¡Tonto celador!
-Deberían estar en sus aulas...- comenzó a decir Dumbledore
-¿Qué hacen aquí?- pregunto Mcgonagall estudiándonos con la mirada.
-Estábamos...- comenzó a balbucear Ronald, el debería ser el primero en guardar silencio si deseaba que saliésemos ilesos de esta situación.
-Conviviendo. Ya sabe director, ustedes siempre nos dicen que Griffindors y Slytherins deberían llevarse mejor entonces...- comenzó a decir Harry, hablaba rápido y las palabras se le estaban enredando entre sí. Rodé los ojos... ¡El castigo sería inminente!
-Estas no son horas para convivir...pero si tanto desean hacerlo, convivirán más tiempo en su castigo esta noche...- nos advirtió Snape de mala manera, rodé los ojos. ¡Increíble! ¡Esto es muy emocionante! Nótese mi sarcasmo...
-Los quiero a todos en la casa de Hagrid esta noche. Le ayudaran con sus...deberes.- sentenció Macgonagall levantando el mentón. ¡Vieja amargada! Filch salió del baño sonriendo cuando escucho que seriamos castigados, ese celador y su gata pagarían por haber revelado que estábamos aquí.
-Ahora vayan a sus aulas.- nos dijo Dumbledore, estábamos por salir cuando el director detuvo a Draco del hombro para que este permaneciese con él, a los demás nos alentó a irnos. Lo último que escuche antes de salir fue un "¿Cómo vas con eso?"
Me adelante a la clase de Astronomía mientras que el trió se quedaba rezagado hablando sobre sus asuntos. Mi tercera clase del día debía haber empezado hace unos veinte minutos lo que quería decir que el profesor estaría muy enojado. Al atravesar la puerta del aula, el profesor levanto la mirada, con los lentes en el puente de la nariz, y murmuro un "5 puntos menos para Slytherin" antes de seguir con su lectura. Me senté en mi mesa dejando salir un suspiro y saque el libro al ver que todos se encontraban en silencio dando lectura a alguna página que no era de mi interés.
Pasados algunos minutos, se escucharon pasos acercándose, levante la vista de mi lectura viendo como el trio atravesaba la puerta. El profesor volvió a levantar el rostro, parecía aún más enojado por aquella segunda interrupción; se quitó los espejuelos y tomo un largo suspiro. "15 puntos menos para Griffindor" exclamó volviendo sus ojos al libro, los leones se quejaron en silencio, no atreviéndose a lanzar en voz alta queja alguna contra el profesor. Los minutos comenzaron a pasar, me encontraba a la espera de Draco pero...jamás le vi atravesar la puerta.
Me preocupaba lo que sea que estuviese haciendo, él me comentaba todos sus movimientos, pero en los últimos días le he notado algo pensativo, incluso misterioso...y suele enviar demasiadas cartas. Salí de la clase de Astronomía directamente hacia las mazmorras, quizás Draco estaría allí. Lamentablemente, tampoco le hallé, y al preguntar por él no recibí respuesta...nadie le había visto, ni siquiera los fantasmas que de vez en cuando se pasaban por las mazmorras. Pasadas algunas horas, cuando ya teníamos que reunirnos con Hagrid, volví a ver a Draco.
Pase algún tiempo recostada en el sillón de la sala Slytherin pensando en los últimos problemas que habían surgido. Mi padre odia al departamento y también a Potter...según él, Harry debió haber muerto aquel día en el cual se convirtió en el niño que vivió. Es precisamente mi padre, quien ha estado tratando de convencerme para que me uniese a los mortifagos. De ahí han surgido las últimas tres cicatrices que he adquirido, una de ellas vista por Weasley.
Existen muchos tipos de mortifagos. Están los que, como Draco, deciden ceder sin poner resistencia, pero también están los que ponemos resistencia. Después de todo, yo no deseo ser parte de ningún bando, pero si tuviese que elegir uno: elegiría a Potter. El pelinegro es un tonto, la lista del grupo es Granger, pero ellos quieren lo mejor para el mundo mágico.
Al otro lado estaba mi madre, la hermosa señora Parkinson, ahora la llamarían la enferma señora Parkinson. Lleva semanas recluida en casa, no se sabe que tiene, y mi padre no ha querido llevarla a San Mungo. He intentado convencer a mi padre de una y mil maneras, pero se ha negado rotundamente, dice que mi madre pronto se recuperara, que debe ser alguna cosa que ingirió. La última vez que intente persuadirlo me lanzo hechizos hasta que me vio sangrar, incluso tuve que recurrir a Nott para que me curara. ¡Draco no sabe nada, no quiero preocuparlo con mis cosas; él tiene tantos problemas!
-¿Dónde andabas?- le pregunte a mi rubio cuando me lo encontré en el Hall de entrada camino a la casa de Hagrid.
-Tenía algunas cosas que hacer...- me dijo caminando junto a mí, tenía un semblante agotado, pero no comenté nada al respecto.
-Ahora que estamos solos ¿Me dirás que hacías con Granger esta mañana?- me atreví a cuestionar, una sonrisa asomo en los labios de mi rubio.
-No te imaginas lo que paso...- me dijo él sonriendo, pese a que permanecía con el rostro algo pálido.
-Empieza a hablar- le apresure
-Nos besamos...fue...perfecto.- me dijo el rubio, su mirada tenía cierto destello mientras hablaba e incluso parecía estar recordando lo vivido. La sonrisa que reposaba sobre sus labios fue poco a poco desapareciendo, por lo cual la emoción que me embargó al escucharle no duro mucho.
-¿Y esa cara? Pensé que estarías más que feliz.- le dije confundida.
-Pansy...lo que sucede es que, no quiero que Hermione sufra.- me dijo Draco dirigiendo su rostro hacía la hermosa luna llena que reposaba sobre el cielo oscuro.
-¿Por qué sufriría?- cuestione
-Porque soy un mortifago y...ni siquiera sé si viviré lo suficiente como para hacerla feliz.- susurro mi amigo dejando escapar un suspiro, sujete su mano derecha para que se detuviese, estábamos a pocos metros de la cabaña de Hagrid.
- Además...no quiero que corra peligro. -termino de decirme.
Draco se detuvo, pero en ningún momento se giró a mirarme, sus ojos permanecían fijos en la luna, allá, a lo lejos. Di un paso hasta detenerme frente a mi rubio, contemple en silencio el gesto frío que cubría todos sus sentimientos y lleve una mano a su mejilla. Pasados algunos segundos Draco bajo la mirada, sus grises ojos dieron de lleno con los míos y una lágrima se le escapo...corrió rápida por su mejilla. Al verle así, no pude evitar simplemente abrazarlo, él me abrazo con fuerza y escondió su rostro en mi hombro.
-Todo va a estar bien, ella es Granger, sabe cuidarse. Además, ella te quiere Draco; y vivirás lo suficiente como para que tengan dos o tres Malfoys.- le dije en un susurro sin dejar de abrazarlo.
-¿Lo crees? ¿Te imaginas un Malfoy con cabello castaño y ojos grises? ¿O una Hermione rubia con ojos color chocolate?- me dijo separándose con una sonrisa de esperanza.
-Me lo imagino, pero ese mini Draco tiene que ser rubio con ojos color chocolate o tendrás que darlo en adopción.- le dije golpeándole el hombro, Draco dejo salir una sonrisa.
- ¡Oigan! ¿Podrían darse prisa?- la voz de Ronald hizo que me girase hacía la cabaña de Hagrid, allí a lo lejos en el pórtico de la puerta se encontraba el trio...parecían llevar rato observándonos, y para qué negarlo, la castaña tenía un muy mal semblante.
Caminamos de prisa a la cabaña, Hagrid nos recibió con un saludo amistoso, aunque parecía forzado a sonreír cuando nos miraba a Draco y a mí. No nos tomó por sorpresa, hemos sido bastante crueles con el mitad gigante. Además, Draco se ha ganado a pulso el odio de muchos en Hogwarts. Luego de algunos minutos sentados en la sala, el gigante nos avisó que tendríamos que ir al bosque prohibido, porque debía buscar allí algunas cosas que necesitaba.
-¿Al bosque prohibido a esta hora? ¿No quieres que cuide algún huevo?- cuestiono Ronald con un semblante bastante gracioso, parecía un bebe asustado, incluso me pareció bastante peculiar que uno de los supuestos "héroes" de Hogwarts fuese un miedoso.
-Pensaba que no te gustaba cuidar huevos.- comento Hagrid mientras introducía algunas cosas dentro de su mochila.
-¿Qué dices? ¡Amo cuidar huevos!- exclamó el pelirrojo, rodé los ojos ante aquella obvia mentira.
-¡Excelente! Te mandare a buscar mañana para que cuides uno.- sentenció Hagrid caminando hacia la puerta.
-Mejor no digas nada.- le dijo Potter a Ron antes de que este abriese nuevamente su boca.
-¡Vamos chicos! ¡Dense prisa!- nos alentó Hagrid, caminamos en silencio detrás del mitad gigante.
Granger y Potter iban junto a él hablando, vayan ellos a saber de qué cosa. Un poco por detrás, caminaba Ron mirando a todos lados, para que negar que era bastante obvio que estaba asustado, incluso percibí que le temblaban ligeramente las piernas. Y claro, bastante más rezagados estábamos Draco y yo, arrastrábamos los pies con desanimo. El bosque era atemorizante y cuando caía la noche los ruidos podrían ser perfectos para una noche de Halloween.
-Estaría en mi cama si no te hubieses ido por ahí a besarte con Granger...- le dije en un susurro a Draco.
-No te dije que me buscaras.- me dijo él burlándose.
-Estaba preocupada.- exclame golpeándole el brazo.
-Deja de hablar y camina, nos estamos atrasando.- me dijo Draco, apresuramos el paso, pero cuando estábamos a metros de distancia vimos una enorme araña en un árbol cerca de Hagrid y el trio. ¡Por supuesto los Griffindors y el mitad gigante no se habían percatado de la presencia de aquella bestia porque iban hablando; como siempre distraídos!
-¡Hagrid arriba!- grito Draco, la araña pareció alarmarse, pero Hagrid nos había escuchado y le arrojo un hechizo antes de que esta pudiese hacerles algo.
-¡Miren allá! ¡Más arañas!- exclamo asustado Ronald señalando detrás de Draco y de mí, nos giramos viendo aquellas bestias peludas del tamaño de gatos corriendo hacia nosotros.
-¡Chicos detrás de mí!- nos dijo Hagrid.
-¡Oh vamos Hagrid! No somos unos niños.- le dijo Granger sacando su varita y arrojando hechizos al igual que el mitad gigante. Draco y yo también les estábamos ayudando con los hechizos que conocíamos.
-¡Yo si soy un niño!- exclamó Ron y se escondió tras Hagrid.
-¡Oh no seas llorón Weasley!- me burle mientras arrojaba un hechizo.
-¿Llorón yo? ¡Detesto las arañas, prefiero las mariposas, o las orugas, incluso los torsopolos invisibles de Lunática!- exclamo cada vez más escondido tras Hagrid.
-¡La comadreja le teme a las arañas! ¡Qué hermoso!- me burle mientras arrojaba un hechizo contra una de las arañas que corría hacia Weasley, el pelirrojo realmente debía sacar su varita y ayudarnos.
-¡No te burles!- me grito Ronald.
-¡Saca esa varita y ayúdanos!- le dije viendo que seguían apareciendo arañas.
-Chicos, intentemos movernos, solo me falta una cosa para regresar a la cabaña.- nos dijo Hagrid mientras derivaba a varias arañas.
-¿Por qué no volvemos y buscas la última cosa luego?- exclamó Draco, estaba junto a Granger, prácticamente se estaban cubriendo las espaldas mutuamente. Potter se hallaba bastante cerca de ellos...era algo así como la nota discordante en medio de esos tórtolos.
-Este es vuestro castigo; mientras no les pase nada grave no hay porque volver.- sentenció Hagrid, y comprobé, nuevamente, que ese hombre estaba completamente chiflado. Nadie en su sano juicio habría dicho aquellas palabras. ¡Éramos su responsabilidad! ¡Si algo nos ocurría lo despedirían de Hogwarts y probablemente jamás podría volver a dar sus extrañas lecciones ni a trabajar en un colegio!
-¿Qué te falta?- cuestione mientras seguíamos avanzando y lanzando hechizos a la vez, aquellas arañas parecían multiplicarse rápidamente.
-Es... ¡es por allí! Cúbranse mutuamente mientras lo consigo.- nos dijo Hagrid y comenzó a alejarse de nosotros, nos colocamos formando un cuadrado y Weasley se puso en medio de todos. ¡Vaya que era bastante miedoso para ser tan grande!
-¿Hablas enserio Weasley?- cuestione luego de derribar varias arañas.
-¡Deja de criticarme Parkinson!- respondió lanzando un hechizo y escondiéndose nuevamente.
-Publicare esto en la columna de Rita Seeker.- escuche a Draco burlarse.
-Sera una excelente portada.- dije riendo, era bastante entretenida la cara de Ronald, incluso lo hacía lucir adorable.
-¿Hermione qué tal si cambiamos de lado? Todas las arañas vienen hacia mi.- le escuche decir a Draco, vaya que mi rubio no perdía oportunidad de hablar con la leona.
-¿De verdad? ¡Porque veo que he matado unas cincuenta mientras que tu apenas unas cinco!- exclamo la castaña, parecía algo alterada. Tras algunos minutos las arañas parecían rendirse y regresar a su nido. Deje mi varita en mi bolsillo mientras un suspiro se escapaba de mis labios.
-Excelente. ¿Ahora dónde está Hagrid?- cuestionó Potter mirando a todos lados.
-Tomo ese camino.- señaló Ron entre unos arbustos.
-Griffindors primero.- comentó Draco señalando hacia el oscuro camino que había señalado Weasley.
-Que caballeroso.- comentó sarcásticamente Granger. Los leones pasaron primero, Draco y yo le seguimos...el sendero era bastante molesto, habían muchas ramas y además espinas. Más de una vez sentí pinchazos en mis piernas. Tras algunos minutos apareció delante de nosotros una laguna, pero no habían señales de Hagrid.
- ¿Esa de allá no es Lunática?- cuestionó Ronald, gire el rostro hacia donde señalaba. Definitivamente se trataba de Lunática Lovegood. Potter no tardo en correr hacia ella; la rubia se encontraba tendida junto al inicio de la laguna, parecía estar durmiendo. Weasley y yo le seguimos, Draco y la castaña se quedaron rezagados.
-¿Luna? ¿Estás bien?- cuestionó Harry arrodillándose junto a ella, tocando suavemente su mejilla para despertarla.
-Se ve extraña...- susurre mirándola desde unos metros de distancia
-No, luce así siempre.- me comentó Ron, no pude evitar reír, el pelirrojo decía algunas cosas que eran imposibles de ignorar.
-¿Harry?- cuestionó Luna abriendo sus ojos.
-Sí, soy yo. ¿Estás bien?- interrogó el pelinegro.
-Sí, estoy bien, me perdí buscando torsopolos...y luego no sabía el camino de vuelta así que me quede aquí.- explicó la rubia abrazando al pelinegro.
-¿Quién se pierde aquí?- cuestione rodando los ojos, Lunática y Potty no me habían escuchado, pero Ron me dedico una mirada de incredulidad.
-Eres muy cruel.- me susurró
-Así soy comadreja, lo llevo en la sangre.- comente, Ron negó varias veces con la cabeza.
- Es Lunática, no puedes ser cruel con ella.- me dijo rodando los ojos.
-Eso es una tontería. Soy cruel con todos.- comente encogiéndome de hombros.
-Esa fachada no me la creo.- me dijo el pelirrojo guiñándome un ojo.
-Comienza a creerla.- comente.
POV Draco Malfoy
-¿Listo?- me pregunto Sirius de pie frente a mí, nuevamente en aquella habitación en la cual nos habíamos encontrado la primera vez, iluminada apenas por el rayo de sol que atrevido se colaba por la ventana.
-Listo.- sentencie extendiendo el brazo.
-Tendremos que dejarte inconsciente.- me advirtió Dumbledore, de pie junto a Sirius.
-Está bien.- susurre cerrando los ojos, recuerdo claramente que lo último que vino a mi mente antes de caer inconsciente fue aquel beso que compartí con Hermione. No sabía si despertaría, o si moriría mientras llevaban a cabo aquel contra hechizo así que...moriría feliz si lo último que veía en mi memoria era aquel instante. Aquel perfecto momento que había quedado grabado en mi mente.
-¡Draco! ¡Draco!- escuchaba de manera poco clara aquellos gritos, como si estuviesen muy lejos, o yo estuviese en medio de un trance.
-¡Malfoy!- ante aquel último grito abrí los ojos de golpe, mi respiración estaba acelerada y sentía de momento un terrible miedo que no era capaz de controlar. Dumbledore me sujeto de los hombros para que me tranquilizara.
-Tranquilo, todo está bien.- me dijo Dumbledore sin soltarme.
-Todo ha sido un éxito, Malfoy.- me dijo Sirius, le vi depositar el colmillo sobre una silla, lleve mi mirada hacia mi marca contemplando un leve enrojecimiento alrededor de la misma.
-Esa es una replica de tu marca, tendrá las mismas funciones que la vieja pero esta puede ser borrada...el enrojecimiento en unos días desaparecerá.- me dijo Dumbledore.
-¿Por qué estoy tan asustado?- cuestione intentando tranquilizar mi respiración.
-Probablemente, porque casi mueres.- me dijo Sirius burlonamente antes de guardar su varita.
-Que gracioso.- comente poniéndome de pie.
-Regresemos a Hogwarts.- me dijo Dumbledore
Llegue al castillo con el tiempo exacto para ir a cumplir mi castigo en la cabaña de Hagrid; hubiese preferido que fuese otro tipo de castigo, limpiar carderos, ordenar libros, cualquier cosa que no involucrase a Hagrid. Todo el trayecto iba pensando en las palabras de Sirius, aun cuando caminaba junto a Pansy... "casi mueres" se repetía en mi cabeza como una pesadilla. Mi vida es tan frágil, que no quisiera que Hermione se enamorase de mí y luego tuviese que verme morir. Además, es bastante probable que no viva lo suficiente como para que nos casemos, o tengamos hijos...o algo similar...aunque ni siquiera sé porque pienso en esas cosas.
Por suerte, Pansy siempre saca de mi cabeza las absurdas ideas. Ella tiene razón... ¿Por qué pensar que moriré? Además, estoy haciendo las cosas bien, estoy tratando de pertenecer al lado de los buenos y lo estoy haciendo bastante bien. ¡Solo tengo que contarle a Hermione que no soy del bando enemigo! ¡Pero ese es otro problema! ¡No puedo contarle a nadie acerca de mi alianza con la orden de Fénix y el departamento, podría ponerla en peligro! Aunque...ella es Hermione Jean Granger...el peligro es parte de su vida. ¡Además, si no le cuento tengo que actuar distante con ella para mantenerla lejos de mis asuntos y detesto actuar distante con ella!
¡Tengo un caos interno! Por un lado, deseo contarle todo a Hermione, además deseo decirle abiertamente que la amo y que quiero ayudarla en todo lo que me sea posible. Quiero mostrarme delante de ella como soy realmente, no solo la carreta que todos ven sino el verdadero Draco Malfoy...aun cuando no estoy seguro de cómo sea el verdadero, o si es que existe. Pero entonces, siento que no puedo contarle todo, vienen los temores, viene la incertidumbre y viene la duda. ¡Sí, nos besamos! ¡Y eso puede significar que Hermione también me quiere! Pero... ¿acaso es posible que Hermione, perfecta, Granger se enamore de mí?
-Escuche que Astoria te invito al baile.- la voz de Hermione me saco de mis pensamientos, me encontraba de pie observando cómo Potter, Pansy y Weasley caminaban hacia Lunática. No logro comprender como mi pelinegra esta con esos tres como si los conociese de años y yo me siento tan incomodo en medio de ellos.
-¿Estas al tanto de todos los chismes que me involucran?- le pregunte burlón, girando el rostro para encontrar a mi lado a la castaña, ella no me miraba, estaba mirando hacia la laguna.
-¿Es cierto, verdad?- insistió ella.
-Sí, lo es.- conteste cruzándome de brazos y volviendo mi vista hacia aquellos cuatro a lo lejos.
-¿Y...aceptaras?- me pregunto Hermione, gire el rostro nuevamente para mirarla y ella deposito sus hermosos ojos color miel en los míos.
-No lo sé...- susurre con una sonrisa, realmente deseaba ver sus reacciones. ¿Le molestaría que yo asistiera con Astoria al baile?
-Dean Thomas me invito...quizás acepte.- me dijo ella levantando el mentón y dejando de mirarme. De momento sentí un calor en el pecho, bastante similar al enojo, posiblemente se reflejó en mi cara, pero Granger no me estaba mirando. ¿Dean Thomas? ¿El feo Griffindor que no debía estar en Hogwarts?
-¿De verdad? No deberías aceptar.- sentencie tragando en seco, tome un largo suspiro para calmar mi ánimo.
-¿Por qué no? Él, es muy amable conmigo, además...es un excelente bailarín y compartimos el gusto por la lectura.- comentó Granger
-También soy un excelente bailarín ¿sabes?- cuestione sin pensar, no deseaba escuchar una sola virtud más de Thomas.
-Pero tú no me has invitado, Dean si.- me dijo Granger, y volvió a mirarme. La mire pensativo, ella tenía razón, no la había invitado. Debo admitir, que ni siquiera había pensado en la posibilidad de asistir al baile con ella. Además... ¿Aceptaría? Acaso ¿Ella quería que la invitara?
-Dean es un tonto.- sentencie cruzándome de brazos.
-Dean es lindo.- comentó Granger encogiéndose de hombros.
-Es un imbécil.- susurre
-A mi me agrada.- insistió mi castaña, ya me estaba haciendo enojar. ¡Si tanto le gustaba Dean podía ir y besarlo a él!
-Pues a mí me agrada Astoria.- dije enojado, sentí la mirada color caramelo sobre mi quemándome, pero no la mire.
-Qué bueno entonces. - la escuche murmurar.
-Sí, ya sabes. Ella es linda, y tiene unos bonitos ojos y...
-Es perfecta, no tienes que describirla.- escuche a Granger sisear, parecía enojada.
-Y su cabello es muy sedoso...- seguí diciendo, realmente, estaba respirando por la herida. Sentía que había herido mi orgullo Malfoy cuando dijo que Dean era lindo. ¿Cómo que él era lindo? ¡A mí jamás me había dicho lindo!
-Sí, muy sedoso.- comentó con sarcasmo Granger.
-Si, además ella y yo...
-Cállate ¿Quieres?- cuestionó Hermione, parecía dolida así que no pude evitar mirarla. Ella me miro por algunos segundos y luego cambio el rostro, sujete su mano cuando percibí que se alejaría, pero se zafo de mi agarre.
-Oye... ¿Sabes que no tiene, Astoria?- le pregunte volviendo a sujetar su mano, Granger se tenso.
-No quiero saber más.- sentenció sin mirarme. ¡Vale! ¡Me había pasado un poco! Sujete con fuerza su mano, pero aun así, tenia el rostro ladeado para el lado contrario a donde me encontraba.
-Astoria no tiene unos bonitos ojos que me recuerdan al caramelo, ni tiene un enmarañado cabello castaño que huele miel, tampoco tiene unos lindos labios rosados que, si me permites decirlo, besan extremadamente bien y además...
-Draco, me vas a hacer sonrojar...- me dijo desviando la mirada cuando intente que me viese a los ojos.
-Además...me encanta el olor a libros que te acompaña, Granger...- susurre.
-Aun así iras con ella al baile...- susurro Hermione; entonces si me miro.
-Quizás no asista al baile...- susurre.
-¿Por...
-¡Ya lo encontré! ¡Chicos! Les dije que me esperasen allá.- la voz de Hagrid consiguió que dejásemos de hablar. El mitad gigante apareció de entre la espesura de los arboles acomodando su mochila.
-Logramos que las arañas se fuesen.- comentó Ronald, era bastante sarcástico que precisamente él, el único que no había ayudado a espantar a las arañas, fuese el que anunciase eso.
-Mejor dicho, nosotros lo logramos.- comentó Pansy, sabía que ella no perdería la oportunidad para hacer enfadar al pelirrojo.
-Vamos de vuelta al castillo entonces...- sentenció Hagrid y comenzó a andar, pero se detuvo rápidamente y se giró a mirar hacia donde estaba Lunática
-¿Qué haces aquí, Luna?- le pregunto confundido.
-Se ha perdido, por suerte la hemos encontrado.- explico Harry, ahora le llamaría: Potter abogado de los locos.
-¡Oh! No le diremos a nadie, mejor volvamos al castillo antes que encontremos alguna extraña criatura.- comentó Hagrid, comenzamos a caminar de regreso al castillo. Hermione adelanto el paso para hablar con el mitad gigante; yo les seguía de cerca, escuchando los cuchicheos de Pansy con la comadreja. ¡Esos dos parecían llevarse demasiado bien! Me sorprende que abiertamente estén hablando como si se conociesen de mucho tiempo. El camino al castillo, por suerte, fue bastante tranquilo; el mitad gigante nos dejó en el Hall de entrada y nos advirtió que cada uno debía irse directamente a su habitación.
-Granger, antes de que te vayas, necesito decirte que... con respecto a mi marca... - le comencé a decir a la castaña cuando estábamos casi en el Hall de entrada y ella se había alejado un poco de Hagrid.
-Tranquilo, no diré nada a nadie, pero...por favor cuídate. - me dijo ella.
-Pero es que...- comencé a decir con la intención de contarle que era de los buenos.
-Vamos, cada uno a su lugar. - nos dijo Hagrid cuando atravesamos la puerta.
-¡Vamos, Draco!- exclamó Pansy
-Hablaremos luego. - le dije a Hermione antes de caminar tras Pansy
A la mañana siguiente desperté intranquilo, habían ocurrido tantas cosas, en tan poco tiempo que no tenía claro cómo debía comportarme. Luego de bañarme escribí una carta, la hechicé para que tomase forma de pájaro y salí de mi cuarto. Pansy me estaba esperando en la sala común. Cuando salí del cuarto la vi recostada sobre uno de los sillones mirando una revista. Camine en silencio hasta colocarme detrás de ella y poder ver lo que leía. La morena sonrió y luego giro el rostro para mirarme fijamente a los ojos.
-¿A desayunar? - me preguntó Pans
-Muero de hambre. - le dije sonriendo
-Ese si es mi rubio. - me dijo ella dándome un abrazo.
Salimos de las mazmorras en dirección al gran salón, el camino no era muy largo así que en poco tiempo estábamos atravesando aquellas enormes puertas. Nos sentamos junto a Nott, el castaño estaba escribiendo una carta concentradamente. Al sentarnos, Pansy lanzo una mirada por encima del hombro de Nott y arrugó el rostro antes de sentarse. Yo me encontraba buscando Hermione en la mesa Griffindor.
-¿Y esa carta Nott? - le escuche preguntar a Pansy.
-No es de tu incumbencia. - sentenció Theodore, ignoré a ambos y seguí pasando mis ojos por la abarrotada mesa de los leones.
Mis ojos vagaron por entre los estudiantes hasta encontrarme con una escena que produjo en la boca de mi estómago un sentimiento de repulsión. Hermione estaba riéndose con Dean Thomas, ella jamás se sentaba con él ¿Por qué debía empezar a hacerlo ahora, después de nuestra plática de ayer? Enojado quité mi vista de ellos y comencé a servirme comida. Mientras comía estaba pensando en romper la carta que había escrito, pero decidí no hacerlo. No me importa cuantos problemas lleguen...Hermione Jean Granger no iría con Dean Thomas al baile...
Con este pensamiento, levante mi varita y encante la carta para que volaste hasta la mesa Griffindor. En silencio la observe volar por encima de las cabezas, incluso algunos curiosos siguieron su trayecto. Deje salir una sonrisa cuando la carta cayó delante de Granger y ella dio un pequeño salto de sorpresa. Hermione no tardo en sujetar la carta entre sus manos y buscarme con la mirada. Tras algunos segundos, sus ojos dieron con los míos y no pude hacer más que lanzarle una guiñada y deletrear con mis labios un "ábrela".
"El idioma del corazón es universal: sólo se necesita sensibilidad para entenderlo y hablarlo."
CHARLES PINOT DUCLÓS
