El hombre de la ventana


Sebastian suspiró, estaba fastidiado y no había nada más horrible en el mundo que sentirse así. Ser multimillonario, dueño de una fructífera empresa en nueva york y sentirse terriblemente fastidiado; seguro que eso nunca le pasaba a Rico McPato. Firmó las últimas órdenes del día y buscó sus binoculares. Su oficina se encontraba estratégicamente colocada para poder observar a todas las oficinas y la primera en su lista era la Kurt. Su departamento de diseño era lo mejor gracias a Kurt quien estaba bebiendo su maldito café y hablando con su asistente.

Había sido una sorpresa encontrarlo y más enterarse que había dejado la música por su verdadera vocación como diseñador de ropa de alta costura. Sebastian necesitaba alguien así para su naciente negocio y le propuso a Kurt un excelente sueldo con excelentes prestaciones y con la posibilidad de acostarse con él… ¿qué más quería? Kurt se mostró seducido por las dos primeras cosas, la tercera le fue totalmente indiferente hasta que sucedió un año después de que empezara a trabajar en su empresa.

Empezaron a salir poco después de follar aunque las cosas no funcionaban del todo. Kurt quería un hombre bueno y Sebastian podía ser: sexy, sensual, guapo, inteligente, seductor… pero nunca bueno. Por lo menos no todo lo bueno que Kurt quería que fuera. Terminaron, luego regresaron y volvieron a terminar cuando Kurt lo encontró recibiendo una mamada de uno de sus asistentes. Y regresaron de nuevo cuando Sebastian le dijo a Kurt que lo amaba y que iba a intentar ser diferente aunque él sabía que eso de ser fiel… era complicado.

Estaba demasiado habituado a la conquista fácil y sentir la emoción del primer encuentro con alguien. Tal vez luego regresar a casa y la comodidad de Kurt con toda su magnificencia. Una vez había leído que le emoción de la conquista tenía en el cerebro los mismos efectos que estar drogado. Él nunca se había drogado más que con alcohol, amaba demasiado su cuerpo como para arruinarlo con ese tipo de sustancias, sin embargo… conquistar, y usar y desechar era su droga perfecta.

Sebastian dejó de ver al objeto de su afecto para inspeccionar a sus otros empleados. Todos trabajaban como relojes suizos y eran tan aburridos. Ni siquiera follaban entre ellos últimamente, giró su silla y empezó a ver hacia el edificio de enfrente. Era una torre de despachos, entre ellos sus abogados que eran una bola de vejetes que estaban al borde de la muerte que… Sebastian reajusto sus binoculares y movió su silla casi al borde de la ventana.

—¿Señor? —Sebastian dio un salto por el susto de la voz de su secretaria. A regañadientes regresó a su escritorio.

—¿Sí? —Dijo algo molesto porque no había podido identificar del todo al tipo del edificio de enfrente.

—Es señor Hummel sale a comer y me dijo que tenía debía autorizar el presupuesto para la próxima campaña —Sebastian sabía que Kurt estaba enojado con él porque no podía comprometerse.

—Sí, bien. Los firmaré después…

Sebastian regresó a su ventana pero su objetivo ya no estaba. Empezó a revisar por las ventas aprovechando su inmensa vista y entonces lo vio subiendo al elevador pero no lo había identificado por los lentes negros. Lo vio salir del edificio y reunirse con… ¿Kurt? Entonces Sebastian enarcó su ceja y salió corriendo de su oficina para bajar apresuradamente. Los había visto entrar a un restaurante que estaba frente al edificio de los abogados.

Salió de su edificio, no podía entrar al maldito restaurante, así que buscó un lugar donde pudiera seguir observando a la pareja. Encontró una banca muy a modo y fingió leer un diario que alguien había dejado olvidado, sin embargo sus ojos estaban fijos en Kurt y en su modo de sonreírle a Dave Karofsky. Sin los lentes y más de cerca pudo identificarlo a pesar de la barba, la sonrisa confiada y la actitud bonachona de puto hombre bueno. Le excitaban esos hombres buenos que al corromperse eran una máquina de sexo perfecto. Sin embargo, esa máquina del sexo estaba haciendo sonrojar a Kurt quien lejos de ofenderse parecía halagado.

Sebastian los observó hasta que se despidieron y ambos regresaron a sus oficinas. No dijo nada ese día, ni después de verlos toda la una semana y tampoco dijo nada durante el mes entero de comidas y llamadas. Kurt se veía feliz y se sonrojaba constantemente. Por las noches, cuando dormían juntos, Kurt siempre enviaba textos y Sebastian también se había tragado los comentarios al respecto.

¿Se había puesto celos? Claro, amaba a Kurt, tenía sangre en las venas pero si era honesto… sólo era una gran cucharada de su propio chocolate y sin intención porque sabía claramente que Kurt no estaba intentando darle celos. Se había encontrado con Dave, habían hablado, se había pedido disculpas y luego había empezado hablar como amigos. Eso era lo que imaginaba que había ocurrido.

Kurt tocó su puerta, tenía esa sonrisa coqueta que no era mal intencionada, era su sonrisa habitual pero con un matiz extraño. Sebastian sonrió y le deseo una gran comida, espero los minutos reglamentarios y luego bajó hasta su lugar favorito para observarles. Kurt se veía… feliz y entonces Sebastian se decidió.

Caminó hasta el restaurante, entró como dueño del lugar y sonrió al llegar a la mesa donde Dave boqueó al verlo.

—Sebastian…

—Hola cariño —se sentó alternando su vista entre ellos —. Se ven muy lindos juntos —Kurt negó pensando que era parte de una escena de celos —. Lo sé Kurt. No es lo que pienso, ustedes se encontraron un día en la calle, se reconocieron, se saludaron y decidieron venir a tomar un café para ponerse al día —Kurt asintió extrañado —. No estoy enojado, estuve un poco celoso cuando lo descubrí pero ahora sólo veo posibilidades —Dave inclinó su cabeza viendo a Sebastian a los ojos —. Se nota que se gustan —Dave iba a interrumpirle pero Sebastian siguió —y mucho. Creo que deberíamos aprovechar toda esta tensión sexual y hacer un trío.

Kurt sonrió con ironía, tal vez con algunas lágrimas en sus ojos disimuladas con la decepción que sentía, cogió su compa de agua y se la tiró a Sebastian en la cara para salir del lugar.

—Debería de romperte la cara pero prefiero que Kurt lo haga en cuanto esté más calmado —Dave salió disparado tras de Kurt.


Sebastian llegó a su casa pasadas las nueve de la noche, encendió el televisor y empezó a hacer tiempo. A las dos de la mañana pensó seriamente si Kurt planeaba no regresar a casa. Cuando ya estaba en la cama escuchó la puerta abrirse, la ansiedad se le aglutinó en el pecho.

—Kurt…

—Eres increíble Sebastian. ¿Tan poco te interesa no nuestro que se te puede ocurrir eso?

—No es eso Kurt. Realmente es todo lo opuesto —Kurt negó —. Es verdad Kurt. Te he visto con él, Brillan estando juntos y sólo quería que lo disfrutaras. Sabes que el sexo para mí a veces es sólo eso pero para ti debe haber conexión y tú la tienes con Dave.

—¿Y? —Kurt dijo algo alterado —. Estoy harto de que quieras tener una relación abierta, como si nada de esto importara verdaderamente… cuando yo te amo. Te amo realmente Sebastian pero… —Sebastian se levantó de la cama y abrazó a Kurt quien estaba rígido y tenso.

—Dave te gusta, no me lo has negado —Kurt contrajo su rostro —. No te cedo a él, te quiero dar todo lo que te haga feliz. Quiero que lo tengas a él porque te gusta y yo no podría negarte nada. Es mi retorcida forma de decirte que te amo y que me importas.

Kurt observó el beso perdido entre las líneas masculinas y diferentes entre ambos cuerpo. Su polla latía al ver las grandes manos de Dave estrujando las nalgas de Sebastian y como éste se frotaba contra el fornido cuerpo de Dave. Se levantó y rompió el beso de ambos hombres colocándose en medio de ellos, Sebastian sonrió acariciando a Kurt, besando su cuello mientras Dave lo besaba. La polla de Sebastian resbaló en Kurt. Dave se arrodilló tomando la polla de Kurt en su boca, cerró los ojos, esos dos hombres lo estaban matando de pasión.

Sebastian no fue salvaje como siempre cuando estaba sobre excitado, fue lento, dejando que Kurt sintiera centímetro a centímetro el placer y la boca de Dave era tan cálida. Ese inmenso hombre le estaba mamando la polla con unas ganas, gimiendo y gruñendo. Kurt no soportó mucho, se corrió en la boca de Dave quien lo cogió en brazos cuando las piernas empezaron a temblarle.

Se fueron a la cama, Kurt descansando en medio de ellos, sonriendo satisfecho. Sonrió cuando vio a Sebastian acariciando el vello en el pecho de Dave.

Podía acostumbrarse a eso…


El trío que me pidieron