Capítulo 12: De padre a hijo
Draco Malfoy retornó a su hogar cercano a la medianoche. La inmensa mansión de Versalles se encontraba prácticamente a oscuras. Uno de los elfos lo recibió en la puerta de entrada y tomó su capa de viaje para guardarla en el vestidor de su amo. Le ofreció si deseaba algo para comer, pero Draco se negó. Estaba demasiado cansado, y todo lo que podía pensar era en dormir. Llevaba varios días fuera de su hogar, o lo que era aún peor, llevaba varios días en el lugar que más odiaba de todo el mundo: Londres.
Estaba tan agotado que ni siquiera notó la figura sentada en uno de los elegantes sillones de la Sala de Estar, aguardándolo.
—Hola, papá —lo tomó por sorpresa Scorpius. Draco se sobresaltó y tardó varios segundos en tranquilizarse nuevamente.
—Scorpius… ¿qué haces despierto a esta hora? —recuperó el habla su padre.
—Te estaba esperando —le respondió el muchacho, serio.
Draco lo observó atentamente durante unos segundos. Había estado tan ocupado cumpliendo las misiones que Harry le asignaba que no se había dado cuenta que su hijo ya no era más un niño. Una persona prácticamente adulta lo miraba fijamente desde aquel sillón.
—¿En qué te puedo ayudar, muchacho? —aceptó finalmente.
—Creo que nosotros tenemos que hablar, padre —sentenció Scorpius, lanzándole una mirada cargada de significado.
Lo sabía. Su hijo sabía la verdad. Harry se lo había advertido… Él le había dicho que los chicos estaban demasiado involucrados en la guerra. Que sabían más de lo debían saber… Que estaban en peligro.
Tragó saliva, tratando de humedecer su garganta. Hacía mucho tiempo que no se sentía tan nervioso. Rió mentalmente. Su propio hijo era capaz de ponerlo nervioso.
—Vayamos a un lugar donde podamos conversar más tranquilos, entonces —le ofreció su padre, señalando hacia una de las puertas de la casa.
Scorpius se puso de pie y acompañó a su padre hacia la biblioteca. Se trataba de una sala inmensa, abarrotada de libros hasta el techo. Años de escritura, almacenados juntos en una sola habitación. Aquella sala había sido creada por el abuelo de Scorpius para Narcissa Malfoy. La abuela de Scorpius y madre de Draco amaba la lectura. Draco conservaba la biblioteca en perfecto estado, tal como su padre la había dejado, para que Narcissa pudiera disfrutar de la misma en sus visitas a la Mansión.
Hacía ya varios años que Narcissa no vivía con ellos en Versalles. Luego de cumplir con el destierro que el Ministerio de Magia le había asignado como parte de su condena por haber colaborado con Voldemort, Narcissa había decidido volver a Londres. Draco no lograba comprender porqué su madre se empeñaba en regresar a un lugar donde no era bienvenida. Pero aún así, ella se compró una pequeña casa en las afueras de la gran ciudad londinense, pero lo suficientemente cerca de una de las pocas familiares que aún quedaban con vida: su hermana, Andrómeda. Ambas mujeres habían reestablecido la relación tras la guerra. Narcissa había dejado de lado su orgullo Black y le había pedido perdón a su hermana por el daño que le había causado. Y el corazón de Andrómeda, que siempre había sido más cálido y magnánimo que él de sus hermanas, supo perdonarla.
Aún así, Narcissa pasaba gran parte del año en la casa de Versalles, junto a su único hijo y a su nieto. Y Draco guardaba para ella la inmensa biblioteca, siempre lista para recibirla una vez más.
Padre e hijo tomaron asiento en los sillones ubicados en el centro de la sala, de frente a una inmensa ventana de vidrio con vista a los jardines.
—Te escucho, hijo —Draco rompió el silencio.
—No, yo te escucho a ti, papá —le retrucó Scorpius.
—¿Qué es lo que quieres saber? —le concedió su padre.
—¿A dónde estuviste estos días?
—En Londres.
—¿Por qué? Tú odias Londres —le recordó Scor. Draco se llevó una mano a la cabeza, peinándose el cabello rubio hacia atrás. —Y por favor, padre, no me mientas. Merezco saber la verdad, pues si estás tomando un camino equivocado, nos pones en riesgo a mí y a mamá —agregó su hijo.
Draco lo observó sorprendido. Jamás había tenido una conversación tan sincera y cruda con su hijo. Siempre habían mantenido una relación bastante formal, y Scorpius siempre se había comportado de manera respetuosa hacia él. Pero ahora, su hijo se plantaba frente a él, desafiante, dispuesto a defender a su familia y a hacer lo correcto. No pudo evitar sentirse orgulloso de él.
—El año pasado, Harry Potter vino a visitarme… Tenía una propuesta para mí —comenzó a contarle Draco—. Me dijo que había un grupo de gente que planeaba destruir el Ministerio de Magia y tomar control de Inglaterra…
—La Rebelión de los Magos, lo sé —lo interrumpió Scorpius. Draco alzó una ceja, extrañado. —Cuando estábamos en segundo año, el profesor de Defensa contra las artes oscuras secuestró a Albus y a James Potter para abrir el Templo de Hades y traer de regreso a Grindelwald… Después de que Albus y su hermano escaparan, Harry Potter habló con él y le contó sobre la Rebelión. Nosotros ya sabíamos para entonces de la existencia del Mago de Oz.
—Claro… Tú has estado dentro de todo esto antes que yo… Desde el principio, desde aquel día en la Casa de los Gritos —recordó Draco, y su hijo pudo ver la preocupación en su mirada.
—¿Te propuso unirte a la Orden del Fénix para luchar contra la Rebelión? —retomó Scorpius. Draco asintió. —¿Qué le respondiste? —Scorpius tenía la necesidad de preguntarlo. Necesitaba escucharlo de los labios de su propio padre.
—Le dije que sí —le confirmó su padre.
—¿Por qué? ¿Por qué aceptaste? —Scorpius sintió que debía preguntarlo.
—Porque era lo correcto, Scorpius —le respondió Draco, con completa sinceridad. Ambos se miraron largos minutos en silencio antes de que Scorpius volviera a hablar.
—¿Por qué no me dijiste la verdad? Llegué a pensar que te habías unido al Mago de Oz… —le confesó su hijo.
Draco sintió aquello como una puñalada. Su pasado seguía pesando, incluso para su hijo. Incluso Scorpius creía que dentro de Draco todavía quedaban huellas del mortífago que alguna vez había sido.
—Quería protegerte… Yo sé lo que es verte involucrado en los conflictos y cuestiones de tus padres. Yo lo viví, y aún estoy pagando las consecuencias de ello. No quería lo mismo para ti, Scorpius. —por primera vez, Draco se permitió hablar de su pasado con Scorpius. Durante años, había mantenido aquellos recuerdos escondidos, alejados de su hijo. No deseaba contaminarlo. Esperando el momento adecuado para contarle sobre su pasado… Su verdad. El momento había llegado. —Lo que está sucediendo actualmente en Europa no es un juego, hijo… Es una guerra.
—Lo sé, pero no pueden mantener todo oculto, papá. Tarde o temprano, la guerra se hará pública, y cuanto más preparados estemos para hacerle frente, mejor —señaló Scorpius.
—Estoy de acuerdo contigo, hijo —le reconoció Draco.
—¿Pero entonces sabes que Hogwarts está organizando una estúpida competencia contra Salem? ¿No crees que en vez de perder tiempo organizando juegos de niños deberían preocuparse porque los estudiantes se preparen para la guerra? —estalló Scorpius sacudiendo la invitación que había recibido esa mañana frente a su padre. Draco suspiró y desvió la mirada.
—La Orden del Fénix tiene sus razones para apoyar el Torneo de Merlín —le respondió evasivamente.
—Entonces la Orden está al tanto del Torneo…
—La Orden fue quien propuso el Torneo, Scorpius —le corrigió su padre.
—¿Qué es lo que intentan con este Torneo, papá? ¿Acaso quieren engañar a todos los estudiantes, hacerles creer que no existe peligro alguno, que Inglaterra es un lugar lo suficientemente seguro como para llevar a cabo una competencia de duelo mientras el resto de Europa arde en llamas? —siguió escupiendo Scorpius, sarcástico. Sorpresivamente, Draco sonrió divertido.
—¿Puedes confiar en mí? —le preguntó sorpresivamente su padre. Scorpius lo miró confundido.
—Sí, puedo —respondió finalmente.
—Entonces confía en el Torneo de Merlín, Scorpius—le pidió finalmente, mientras se incorporaba de la silla—. Es tarde, y si no me equivoco, mañana es el cumpleaños de Albus. No querrás estar cansado —le recordó.
—Sí, es verdad… —aceptó a regañadientes, mientras que también se levantaba de su lugar.
Cuando cruzaban la puerta de la biblioteca, Draco apoyó su mano sobre el hombro de Scorpius y lo palmeó suavemente. Scorpius sonrió. Sabía que aquello significaba que su padre estaba orgulloso de él.
Y la verdad era que él estaba orgulloso de su padre.
—¡Feliz cumpleaños! —fueron las primeras palabras que Albus escuchó la mañana de 13 de Agosto.
Se había levantado más tarde de lo acostumbrado. Había abandonado su dormitorio y recorrido el camino que llevaba al comedor en completo silencio, sin cruzarse con ninguno de sus amigos en el camino. Y había entrado al comedor de la gigantesca casa de Versalles para encontrarse con que todo el lugar estaba decorado de verde y plata, y un enorme cartel colgaba entre dos columnas con las palabras "Feliz cumpleaños, Albus" escritas en él.
Sobre la mesa principal se hallaba un pastel de cumpleaños con el número 14 dibujado sobre el mismo. El resto de la mesa se encontraba ocupado con más alimentos y varios paquetes envueltos en papel de regalo.
Sus amigos le sonreían radiantes desde la mesa. Todos llevaban puestos gorros de cumpleaños sumamente infantiles, pero graciosos. Pero la mayor sorpresa de aquella mañana fue encontrar a Draco Malfoy presente en el comedor, junto a su esposa Astoria.
—¿Qué es todo esto? —logró articular finalmente Albus. Una sonrisa se había dibujado en su rostro.
—¡Es una fiesta de cumpleaños! —señaló Tessa entre risas.
—Es el primer cumpleaños que pasas con nosotros, así que quisimos hacerlo… Memorable —señaló Hedda.
—Si te preguntas por estos estúpidos bonetes, fueron idea de Weasley —agregó Scorpius con una sonrisa de lado, mientras que señalaba el gorro de cumpleaños que llevaba puesto.
—¡De niños nos encantaban los bonetes! —se defendió Rose, las mejillas hirviendo.
—Sí, por supuesto… ¡Tenías cinco años por eso te gustaban! —le retrucó Malfoy.
—Pues a mi me siguen gustando, son divertidos —insistió la pelirroja, y tomó el gorro verde que había sobre la mesa y se lo colocó a Albus.
—Gracias… —fue todo lo que Albus pudo decir.
—No nos des las gracias a nosotros. Nosotros solo tuvimos la idea. Los padres de Scorpius se aseguraron que todo estuviera listo para hoy —le contó Hedda.
Albus giró entonces para enfrentarse con los dueños de la casa, y padres de su mejor amiga. Astoria le dedicó una sonrisa cálida, pero Draco permaneció estático, observándolo en detalle, analizándolo, como siempre solía hacer.
—Muchas gracias, señor y señora Malfoy. No era necesario… —comenzó a decirles Potter. Draco lo interrumpió con un movimiento de mano.
—No hay nada que agradecer, muchacho… En esta casa cuando se festeja, se festeja en serio —puntualizó Draco. Había cierta ironía y ostentosidad en sus palabras, pero por alguna razón, lejos de ofenderse, Albus encontró aquella actitud divertida e interesante.
—¡Abre los regalos, Albus! —lo llamó Rose, emocionada.
Durante las siguientes horas, Albus pasó uno de los mejores cumpleaños de su vida. Cada uno de sus amigos le había enviado un regalo, incluso Lysander y Elektra quienes no habían podido asistir a la casa de Scorpius para el verano. Nuevamente, Tessa lo había sorprendido con un nuevo regalo, un libro que prometía ser tan interesante como el primero. Incluso los padres de Scorpius le habían regalado una elegante pluma de águila bañada en oro, junto con un sello personalizado con sus iniciales: ASP.
Fueron largas horas de pura diversión, en las que rieron recordando momentos felices de los últimos años compartidos. Albus los deleitó con anécdotas de otros cumpleaños en compañía de la numerosa y particular familia Weasley. Scorpius consiguió escobas para que todos pudieran montar y jugar un poco de Quidditch, salvo por Rose quien se disculpó bajo la excusa de haber comido demasiado, aunque todos allí conocían su miedo y desagrado ante las escobas. Tessa logró reemplazarla sin problemas, siendo ella Cazadora del equipo de Ravenclaw.
Hacia el atardecer, Albus se sentía agotado y feliz. Se había refugiado en su habitación para descansar cuando alguien golpeó a la puerta.
—Adelante —invitó a entrar.
Tessa Nott abrió la puerta y la cerró detrás de ella. Albus se incorporó de su cama inmediatamente al verla.
Llevaba el cabello suelto y revuelto, tal como a él le gustaba. Su mirada parecía entretenida en algún punto del suelo, porque la muchacha era incapaz de posarla en él. Estaba nerviosa, Albus lo sabía porque Tessa jugueteaba constantemente con sus dedos.
—¿Sucede algo? —preguntó Potter, al principio asustado por la extraña actitud de la muchacha.
—Yo… Pues, pasaba por aquí y pensé que talvez podríamos hablar. Claro, si no estas ocupado… O talvez estés cansado, lo cual tiene sentido teniendo en cuenta que hemos estado todo el día sin parar un segundo, así que si prefieres que vuelva en otro momento no hay problema… —comenzó a decir Tessa, sin hacer siquiera una pausa para tomar aire. Albus sonrió de lado, divertido.
—Me encantaría poder hablar un rato contigo —la interrumpió. Tessa permaneció unos segundos con la boca abierta, sin saber qué responder, y finalmente, sonrió.
—¿Qué tal has pasado tu cumpleaños? —le preguntó la muchacha mientras que se sentaba en la cama junto a él.
—Ha estado increíble… No me esperaba un festejo así. ¿Tú sabías algo al respecto? —fue el turno de preguntar de Albus.
—Oh, sí… Scorpius me lo comentó apenas llegué —le respondió ella espontáneamente.
—Así que llevan varios días preparándolo… —se sorprendió Potter. Tessa asintió con la cabeza.
—Queríamos que fuera perfecto —le confesó.
—Pues, ha sido casi perfecto —le respondió él. Tessa alzó las cejas.
—¿Casi perfecto? —repitió, confundida. Albus le devolvió una sonrisa sarcástica. —¿Y qué es lo que hace falta para que sea perfecto? —inquirió Nott.
Albus simplemente la miró a los ojos. Su mirada verde se perdió en los ojos negros de Tessa, hipnotizado. Rogó por dentro que ella no desviara la mirada, y para su sorpresa, no lo hizo. Se animó a acercarse, acortando la distancia que había entre los dos. Tessa tembló, como si un escalofrío le hubiera recorrido el cuerpo, pero Albus no permitió que aquello lo detuviera.
Estaban tan cerca que podía sentir su perfume, una mezcla perfecta entre cítrico y brisa de mar. A tan corta distancia, podía apreciar aún mejor las facciones mediterráneas de aquel rostro bronceado por el sol. Los pómulos sonrosados, los ojos grandes y alargados, la nariz respingada y los labios… Era la primera vez que se detenía a mirarlos en detalle. Y ahora que los veía, no podía sacarle los ojos de encima.
Podía sentir el aliento tibio que escapaba entre ellos, la respiración acelerada. Casi podía percibir el latir agitado del corazón de Tessa, golpeando frenético contra el pecho de la chica. Recién entonces fue conciente de que su propio corazón también se había descarrilado.
Tan cerca… Jamás habían estado tan cerca…
—¡Albus, tenemos que… —entró de golpe Scorpius en la habitación, interrumpiéndolos.
Instintivamente, tanto Potter como Tessa tomaron distancia rápidamente, completamente sobresaltados. Si Albus había pensado segundos atrás que su corazón se encontraba latiendo al máximo, entonces se había equivocado. Su corazón le estaba demostrando en ese momento que era capaz de latir aún más rápido.
Scorpius lanzó una mirada suspicaz a ambos, el ceño levemente fruncido en una clara expresión de sospecha.
—… que hablar —terminó la frase que había dejado a mitad de camino al descubrir que Albus no se encontraba solo.
—Yo ya me iba —se apuró a decir Nott, mientras que se ponía de pie de un salto—. Gracias por explicarme cómo hacer el hechizo, Albus —inventó la muchacha astutamente.
—Sí, por supuesto, cuando quieras —aceptó Potter la mentira.
—Nos vemos, Scor —se despidió Tessa abandonando la habitación y dejando a los chicos solos.
Malfoy permaneció varios segundos en silencio, observando a su mejor amigo. Finalmente, Albus no pudo aguantar más el silencio ni la culpa.
—Tenías que hablar algo conmigo, ¿verdad? —le recordó Potter, intentando cambiar de tema. Scorpius se cruzó de brazos, acentuando su mirada de desconfianza.
—¿Qué hacía Tessa aquí? —le preguntó el rubio.
—Ya la escuchaste… Hay un hechizo que no le sale, y me pidió que le ayude —repitió la misma excusa que Nott había inventado.
—¿Y acaso te has convertido en un mago tan bueno que no necesitas tu varita para hacer un hechizo? —le señaló Scorpius astutamente.
—No, claro que no —negó Albus, mientras que pensaba algo más inteligente para decir—. Estábamos repasando la parte teórica.
—La parte teórica… —repitió Scorpius, con una ironía que Potter encontró muy similar al señor Draco—. Eres el peor mentiroso que he conocido, Potter —le recordó.
Albus suspiró, resignado. No tenía sentido seguir mintiendo. Scorpius jamás se tragaría esa mentira, lo conocía demasiado bien como para saber cuando Potter lo estaba engañando. Y además, no se merecía ser engañado. Era su mejor amigo, se merecía la verdad… Aunque eso fuera algo que probablemente no le iba a gustar.
—Me gusta Tessa —soltó Albus finalmente, y entrecerró los ojos a la espera de un golpe. Tras unos segundos sin recibir ningún tipo de daño, se animó a mirar nuevamente a su amigo. Scorpius tenía una extraña expresión en el rostro, como si todavía no terminara de definir si aquello le molestaba o no.
—¿Qué tanto te gusta mi prima? —le preguntó finalmente el rubio.
—Mucho… No me había dado cuenta de cuánto hasta este verano —le confesó Potter. Las palabras escapaban de sus labios sin que él tuviera tiempo de razonarlas. Y ahora que lo decía en voz alta, caía en cuenta de la verdad: Albus Potter gustaba de Tessa Nott. —Ella tiene un efecto en mí como ninguna otra persona que conozco… Es capaz de hacerme sonreír con tan solo verla, y cada vez que hablamos, siento como que existe una conexión entre nosotros…
—Vaya… Esto va en serio—le reconoció Scorpius, sorprendido.
—Por supuesto —le confirmó Potter. Scorpius simplemente asintió, pensativamente—. Soy conciente de lo importante que Tessa es para ti, y puedes quedarte tranquilo de que no ha pasado nada entre nosotros todavía.
—¿Todavía? ¿Planeas que pase algo? —inquirió Malfoy. Albus inspiró profundo, tomando coraje.
—Sí… Verdaderamente quiero que pase algo —le respondió con seguridad. Scorpius dio un paso hacia él.
—Tessa es lo más cercano que he tenido a una hermana… Estoy seguro de que tú puedes entender eso, ya que tú tienes a Lily —le contó el rubio—. Ella ha sufrido mucho en lo que va de su vida, y no quiero que sufra más —continuó explicándose. Albus abrió la boca para opinar, pero Malfoy le hizo un gesto con la mano para que no lo interrumpiera—. Tú eres mi mejor amigo… Y confío en que si hay alguien que puede cuidarla, ese eres tú —confesó finalmente. Albus no pudo esconder su sorpresa al escuchar aquello.
—Gracias, compañero —fue todo lo que Potter pudo decir, aliviado. Scorpius rió, divertido.
—Agradéceme cuando ella te haya aceptado —le retrucó Malfoy. Albus sonrió, aliviado.
—Entonces… ¿estamos bien? —quiso asegurarse.
—Sí, estamos bien —le confirmó—. Ahora, si no te molesta, yo tenía novedades para contarte. Ayer por la noche logré hablar con mi padre —soltó la bomba.
—Te escucho —lo invitó a hablar el morocho.
Sí, lo he hecho. Acabo de confirmar que Albus gusta de Tessa. Espero que eso deje conformes a los que rogaban por un poco de amor entre tanta guerra jajajaja.
Esta cuarta parte será una historia entretenida para quienes disfrutan de un poco de romance... Solo un poco, no se hagan demasiadas ilusiones, pero será suficiente, creanme!
Espero que les guste el capítulo!
Nuevamente, gracias por los reviews! A aquellos que estan registrados en con un usuario, intentaré responder a sus reviews por mensajes privados si es que tienen alguna pregunta o duda!
Nos estamos leyendo.
G.
