--¿Sabes? --llamó su atención, estremeciendose levemente por las caricias dejadas en su cuerpo. --. Alguna vez me gustaría terminar de ver la película --comentó con una sonrisa divertida en su rostro.
Damian chasqueó la lengua, separándose un poco del forajido. Frunció el señor. --Vete al demonio, Todd --se incorporó quedando sentado sobre el regazo del mayor, quien estaba tendido en el sofá, molesto y dispuesto a irse.
Jason rió, tomandolo por la cintura justo cuando sus pies estaban por tocar el suelo; lo acercó a sí. --Bromeo, enano --escabulló sus heladas manos dentro de la playera que aún cubría el cuerpo del menor; repartió un par de besos en su barbilla y cuello antes de alcanzar el control remoto y apagar la televisión. --. La veremos después... O quizás no.
Damian se dejó arrastrar, gustoso, de vuelta a aquel ardor de pasiones que bien podría quemar como las llamas del infierno pero sabía a paraíso.
