Estoy de regreso, lamento la demora y espero les guste.

—Diálogos —

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PRIMER DÍA EN LA ACADÉMIA

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Debido al clima caluroso deje la ventana abierta para que la brisa refrescara la habitación, la cortina se abrió y me permitía mirar el panorama.

No pude dormir en toda la noche, miré como el sol comenzaba a hacer su aparición y cubrí mi rostro con las cobijas, me sentía triste, no quería ver a nadie, que nadie me hablará o me viera y por ende no me quería levantar. Sentía que todo el mundo se me venía abajo, eso solo pasaba cuando mi padre se iba a misiones y me quedaba sola en casa, a pesar de que estuviera mi madre sentía un vacío en mi pecho uno que solo se llenaba cuando mi padre regresaba y me abrazaba.

Cuando crecí paso lo mismo cuando mi esposo, Sai, salía a misiones que duraban meses. Me fue fácil acostumbrarme a aquella situación mientras me ocupaba de tareas en la torre, la academia, el hospital o con el Clan pero todo cambio cuando nació mi pequeño.

Inojin me ayudó a superar mi tristeza, ya no estaba sola porque ambos nos hacíamos compañía pero hoy... hoy era uno de esos días donde la tristeza me embriagaba, donde sólo quería estar acostada en mi cama.

Como cada mañana mi pequeño saltó sobre mi para despertarme pero no sabía que yo estaba despierta.

—Mami —con sus manos intentaba retirar las cobijas.

Después de varios intentos y hasta que estuve segura que las marcas de mis lágrimas no se notarán estire mis brazos y con las cobijas lo envolví y lo acomode a mi lado.

—Basta —gritaba mientras reía a causa de los besos que depositaba en su rostro.

—¿Cómo amaneciste chico guapo? —di un último beso en su frente y me acosté sin dejar de mirarlo.

—Bien —se zafo de mi agarre y se volvió a levantar— Ya levántate —intento levantarme pero no lo consiguió— Mami se nos hará tarde —salio de la habitación y por reflejo hice lo mismo para evitar que se lastimará.

Ver desde lejos hizo que me diera cuenta de lo grande que estaba, ya no era un pequeño indefenso que me necesitaba y eso aumento más mi dolor.

Al llegar a la cocina prepare el desayuno que tanto le gustaba y la comida que llevaría para la escuela.

—¿Te pasa algo? —aquella voz hizo que saliera de mi trance.

—Nada ¿Por qué?

—Porque no has probado bocado —señaló mi plato y efectivamente estaba lleno.

—Cierto —mire el reloj y fue la excusa perfecta para no forzar a mi estómago a comer, la ansiedad provoca que no pudiera probar bocado— Vámonos o llegarás tarde.

—Mamá.

—Se que no necesitas que te acompañe pero yo sí.

—Está bien, solo esta vez —me sonrió, cuando yo era pequeña no tenía tanta empatía como él.

Caminamos juntos, él se adelantaba para saludar a algunos amigos y regresaba a mi lado, hasta que llegamos a la entrada.

—Al fin —susurre y me puse a la altura de Inojin— que tengas un buen día —bese su frente y el reaccionó con un sonrojo.

—Tu también —limpio una furtiva lágrima— no llores solo será un rato.

Sonreí al escuchar esas palabras, fueron las mismas que le decía cuando era más pequeño y debía salir de misión.

—¿Lo prometes? —era lo que siempre me decía.

—Lo prometo —me abrazo y hecho a correr.

Suspiré al no ver su figura y camine en dirección contraria.

Llegue a la casa, se sentía un silencio incómodo y sin poderlo soportar me fui de ahí.

Deje que mis pies marcarán el camino y cuando me di cuenta estaba en la entrada de la floristería.

—Ino, pasa querida —mi madre me recibió con una cálida sonrisa— veo que estás tomando bien la separación.

—No me lo recuerdes —se tumbo en la silla frente al mostrador— no comprendo como después de tantas separaciones aún me siento así.

—Porque lo sobre proteges.

—Tal vez tengas razón.

Odiaba admitirlo pero aún sabiendo que tuvo entrenamiento Ambu por Sai aún sentía la necesidad por tenerlo vigilado, en cada misión bloqueaba ese sentimiento pero ahora sin nada que hacer debía de afrontar aquel dolor.

Tal vez era la idea de que algo podía dañarlo o en mi mentalidad prevalecía la imagen de aquel tierno y adorable infante.

Muchos se mofaban de mi sobre el primer día de escuela, de haberlo pensado bien hubiera meditado sobre mis sentimientos y como superarlo pero este día era sólo uno de los tantos que estaban por venir.

—Mamá regrese —levante la mirada y corri a recibir al pequeño rubio que me enloquecía— la academia es súper —al ver la emoción reflejada en su rostro hizo que correspondiera con una sonrisa.

Debía superarlo, tenía que apoyarlo y mirar desde lejos como hacia mi padre, apoyándolo y estando para él para cuando lo necesite.

Son etapas que superaremos y este día fue una prueba más.

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FIN

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Espero le haya gustado este capítulo y de nuevo, lamento la demora.

Nos seguimos leyendo.

Besitos.