ADVERTENCIA: Esto es un fic AU, que se desprende de los personajes de «Guerra». Es una continuación que sostiene todo lo que se narra en esa historia y supone que la Orden del Fénix ganó y nadie murió.

Esta es una historia de negación.

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Paz


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12. Confrontación.

f. Enfrentamiento entre dos o más personas.

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25 de Julio de 1987

James sabía que Sirius estaba nervioso así que lo había dejado fumar en el patio sin demasiadas pegas. La noche había caído enseguida, casi sin aviso, llenándole los pulmones de algo que lo asfixiaba más que el tabaco.

Había sopesado varias veces si lo mejor sería largarse por algunas horas, pedir asilo en lo de Remus y Peter. No iban a negarse, estaba seguro, pero había algo que lo había dejado clavado allí mismo, fumando como un idiota, sin atreverse a entrar de una maldita vez.

La carita de Harry se asomó por la puerta, sin sacar todo el cuerpo para no pillar frío.

─Dice mamá que ya va a servir la cena ─le sonrió con su voz ligeramente aflautada. ─Y si quieres entrar.

Sirius tiró la colilla y se giró hacia el niño.

─¿Quieres que entre? ─lo probó, buscando ignorar el fuerte latido que estaba estrellándose contra sus costillas.

─Sí ─la sonrisa de Harry se amplió más, mostrando las encías rosadas que tenía desde hacía un tiempo, revelando los dientes que ya se le habían caído. ─¿Puedes sentarte al lado mío? Si Ellie protesta podemos ponerla del otro lado ─se apresuró a proponer, adelantándose al posible berrinche de su hermanita.

─Vale ─era imposible decirle que no a esos niños. Le acarició la cabeza y Harry se rio, aunque estuviese despeinándolo, antes de entrar y cerrar la puerta para que no se colara el aire frío del exterior.

Dentro había mucho revuelo. Los chillidos de Ellie se confundían con los de Ali, ignorando las directivas de la pelirroja y las carcajadas de James. Sirius pensó que Mar todavía no había llegado cuando entró en el salón junto a Harry. El niño le tomó la mano sin darse cuenta, cuando la mirada de Mar se encontró con la suya.

─¡Tío Sirius! ─exclamó Ellie, encantada, dando saltos en su sillita y estirando los brazos para que le hiciera caso. ─¡Aquí, aquí!

─Hola ─alcanzó a decir Mar, escondiendo enseguida los ojos tras el flequillo. Tenía en brazos a Ali y sinceramente, Sirius no tenía idea cómo podía aguantar ese peso.

Se veía terrible.

Sirius se sintió de nuevo con veinte años. De pronto los niños no estaban, ni James ni Lily, y eran ellos dos discutiendo a gritos en Manchester, en Canterbury, mientras Mar se consumía frente a sus ojos.

En verdad no parecía haber vuelto a ese extremo, pero para la impresión de Sirius daba igual. Era como si todo lo que habían peleado ─cada tostada, cada bebida, cada maldito plato─ no hubiese servido de una mierda. Mar volvía a parecerse más a un cadáver que a una persona, y a Sirius se le revolvió el estómago de solo recordarlo.

La cena transcurrió como un borrón confuso, aderezado de las exigencias de Ellie con su media lengua y los comentarios de Harry y sus padres. Mar se estaba encargando de Ali para que James pudiese darle de comer a su otra hija. Harry presumía que ya había aprendido a hacerlo solo, aunque Sirius le había tenido que cortar la carne.

Mar se veía contenta a pesar de que parecía a punto de romperse. Sonreía apenas y dejaba que Ali la ensuciara con la papilla, más ocupada en llenarle el rostro de babas. A la niña parecía encantarle la atención especial que estaba dándole Mar, que no cesó hasta que terminó su plato y su leche.

Ella casi no había probado bocado.

Fue Lily la que, perceptiva como siempre, decidió que tenía suficiente con James para acostar a los niños.

─Yo quiero quedarme con tío Sirius ─había protestado Harry por lo bajo, haciendo un puchero. El aludido le había vuelto a revolver el cabello despeinado.

─Estaré aquí mañana, campeón.

Harry se lo había pensado un momento antes de aceptar. Saludaron a ambos ─Ellie se había aferrado a la pierna de Sirius como un mono, y Ali no parecía muy feliz de dejar ir a Mar─, y se marcharon con sus padres, dejándolos a solas.

El silencio fue espeso, a pesar del revuelo de los niños más arriba. Mar no se atrevió a levantar la mirada, clavada en el filo de la mesa.

─¿Cómo has estado?

A Sirius le sorprendió que fuese ella la que quisiera romper el hielo. Nunca lo había hecho cuando eran adolescentes e idiotas, y de cierta manera, agradeció haber dejado atrás la mierda infantil.

─Bien ─no pudo atajarse el comentario. ─Tú no pareces bien.

Ella se encogió de hombros.

─No es nada ─apretó los labios y se atrevió a espiarlo por encima del flequillo. ─¿Quieres saber?

─Sí.

─El tratamiento no parece querer ajustarse mucho a mi cuerpo ─musitó, triste. ─No podemos hacer que deje de perder peso ─el silencio elocuente de Sirius se tornó violento. ─Pero no es nada que no podamos solucionar, es cuestión de tiempo.

─Se suponía que esa mierda te ayudaría, no que iba a empeorar todo.

─Lo hace ─replicó Mar, ansiosa. ─Solo que... tiene algunos efectos secundarios.

─¿Qué es lo que pretendes, Marlenne? ─se rindió Sirius echándose hacia atrás. Lucía frustrado. ─No te entiendo.

Ella se puso a la defensiva.

─No necesito que me entiendas. Estoy haciendo esto porque quiero hacerlo.

─Un tratamiento de fertilidad no va a hacer que mañana quedes embarazada ─replicó el aludido, demasiado brusco. ─Creí que lo sabías. Es tu maldito trabajo.

─Ya sé ─respondió ella cruzándose de brazos. Enfadada. ─Pero es un comienzo.

─Entonces cuando puedas quedar embarazada, ¿vas a buscar a algún idiota que quiera hacerlo contigo? ─Sirius sonó cruel y se arrepintió al ver la mueca dolida de Mar.

─Todavía no llegué a ese punto ─fue toda la respuesta que obtuvo. Él gruñó, frustrado.

─Te has vuelto loca.

─Déjame en paz.

─¿No te das cuenta que te estás cargando toda la mierda que habías conseguido estos años?

─¿Qué quieres decir? ─replicó Mar con brusquedad.

─Te ves como la mierda ─Sirius chasqueó la lengua. ─¿Qué sentido tiene esto si vuelves a consumirte así?

─No es tu problema ─cortó ella de mal modo. ─Mantente al margen, Sirius. Esa fue tu decisión, yo tomé la mía.

Él volvió a gruñir, ahogado en frustración, antes de que James y Lily volviesen a bajar casi pudiendo palpar la gruesa pared que se había instalado entre sus amigos.

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¡Hola!

Les prometí actualización diaria y yo siempre ─o casi─ cumplo mi palabra. Así que aquí les traje la cena que quedó pendiente de ayer. No tengo mucho para decir al respecto, en verdad creo que Mar es una reina por afrontar las decisiones que está tomando, más aún considerando la época. Recuerden que todavía estamos hablando de una historia centrada en fines de los ochenta, así que aunque para nosotros nos parezca normal que una mujer decida empezar un tratamiento que la llevaría a ser madre y soltera, no siempre fue así.

Me da ternura la terquedad de Sirius, aunque también estoy de su lado y entiendo el punto. Quería contarles bien toda la discusión al respecto y cómo crecieron los dos para plantarse de esa manera y en qué punto estaban cuando en el 89 encuentren a los niños.

Creo que no me olvido nada. Muchas gracias a todos por los reviews, ¡cuéntenme que les parece, adelante!

Los quiero, ya saben.

Y si llegaste hasta aquí, un océano infinito de gratitud,

Ceci Tonks.