Hola mis queridos lectores, ¿como anda la vida? Yo aquí, el lunes tengo un examen de recuperación pero cuelgo el capitulo como cada viernes, (el viernes pasado no colgué ninguno ya que me fui con mi madre a una casita de campo y no tenía mi ordenador cerca) la verdad no estoy muy contenta, con el capi, tengo un colapso con este fik. Agradesco ideas xD y comentarios para ver que puedo hacer con esta pareja. Ah, hago propaganda en colgado un fik nuevo k se llama boda entre tres, si les apetece leerlo y me decis cosas sera un gran favor. Sin más os dejo con el capi. Disfrutad de la lectura. Ciao!
12- El alta:
Aunque Sasuke estuviera a su lado, aunque todo parecía marchar bien, a ella le daba la impresión que algo no andaba bien, que fallaba algo. A pesar de las sonrisas de su novio, la alegría de padres y amigos y los atentos cuidados de todo el hospital, algo no estaba bien, o mal. No avanzaba nada ni se atrasaba nada, algo fallaba. Eso estaba claro.
El verano no había ido como a ella le hubiera gustado. Su novio había roto con ella, su enfermedad se había quedado igual de mal que al principio, tenía más cables que al principio, sus familiares estaban más en el hospital que lo normal y ante de todo las personas actuaban como si no ocurriera nada. Algo había pasado bastante grave para el cambio de actitud de todas las personas que estaban alrededor de ella, y nadie se dignaba a decirle algo. Como siempre. Pero estaba pasando algo de unas dimensiones realmente escalofriantes, porque hasta Itachi actuaba raro. No se acostaba con las enfermeras como era de costumbre, no fardeaba con ella y no intentaba llevarse el mérito de la sonrisa que le había salido. Todo el hospital lo sabía menos ella. Eso era algo que le irritaba con frecuencia, no podía soportar la indeferencia de Sasuke frente a aquello, no soportaba que simplemente sonriera como si nada ocurriera y ante todo no soportaba cuando decía que no se iba a morir si cada vez tenía algo nuevo. Algo malo. Su piel más blanca de lo común, la mascarilla de oxígeno en su cuarto, los medicamentos más fuertes y la constante amenaza de entrar a la UCI. ¿Eso era estar bien?
El frío había vuelto a caer sobre la ciudad, los árboles había perdido totalmente sus hojas y aún ella seguía en el hospital. Los cables le tenían negra, sus padres no la dejaban respirar y su novio había vuelto a ausentarse en modo autista. Lo que había ocurrido antes parecía haberse evaporado de los labios de las enfermeras, Itachi había vuelto a su ritual de sexo y su novio aún tenía la boca sellada. Nada parecía mejorar.
- ¿Alguna vez piensas decirme que ha ocurrido?- le preguntó mientras este intentaba encontrar el punto de su brazo para ponerle una medicina.
- ¿de qué?- preguntó este sin apartar la vista de su brazo.
- Ya no me besas, no me dices que me quieres y ante todo siempre que viene mis padres sales corriendo…
Al escuchar eso se quedó totalmente helado, su muñeca comenzó a temblar. Se sentó en su silla y suspiró, se mordió el labio y comenzó a mirar por toda la habitación intentando encontrar las palabras. Esta esperó callada mientras se bajaba la manga del pijama.
Sabes que si no me lo dices tu lo conseguiré por otra persona…- continuo ella en voz baja- si piensas que me voy a molestar…pues estas en lo cierto, pero si me lo dices ahora a lo mejor mi enojo disminuye…tu tienes la llave para decidir eso…
Observó los ojos verdes de ella y le dedico una tierna sonrisa. Le acarició el rostro y se aproximo para besarle. Esta le contesto con pasión y segundos después que sus labios se separaron la puerta se abrió dejando paso a una señora de mediana edad con una bolsa y un ramo de flores. Primero observo a Sasuke y luego a su hija que la observaba desconcertada.
- ¿Mamá?- pregunto sin creérselo.
- Hola hija…- envió una mirada de odio a su novio.
Sasuke suspiro derrotado y se alejo de la cama abandonado la habitación dejando a madre e hija solas. Sin decir nada se sentó en la silla que minutos antes había estado el, se acerco y con un pañuelo le limpió los labios donde minutos antes su novio le había besado. Desde ese día Sasuke no volvió a aparecer por la habitación.
Cleo se pasaba horas observando el techo sin ánimos de nada, los cables parecían parte de su cuerpo, el sonido incansable de la máquina era música para sus oídos y los nuevos empleados que la atendían parecían estatuas. Mirada fría, voz seca y sin ninguna muestra de humanidad.
La puerta de la habitación se abrió de golpe, apareció el padre de ella con un rostro triste y unas enormes ojeras. No parecía el mismo hombre de siempre, no parecía su padre. Con pasos pesados se sentó al lado de su hija y le acarició la frente apartándole el pelo de la cara.
-Perdón…- su voz ronca le sorprendió- tu madre insistió tanto que…
- No digas nada…
Tal como se le había pedido dejo de hablar, le beso en la frente y abandono la habitación.
Desde aquel día, su madre había actuado de forma extraña, de forma fría y distante, pocos días después se veía montada en una ambulancia y trasladada a un hospital muy lejos. Al hospital de la arena.
Le costaba respirar aquel aire seco, le quemaba la nariz y los oídos le pitaban con el silencio fúnebre que rodeaba por todo el hospital. Era verdad que todos era muy eficientes, los cables que la mantenían acostada todo el tiempo se habían acortado de una forma basta, podía andar con una pequeña máquina portátil y pasear por todo el hospital. Aunque el pitido seguía en su lugar.
Estaba a pocos metros de la habitación donde durante mucho tiempo había estado la persona que más había amado, donde había aprendido a soñar y a creer que la medicina no era todo, que había más después de todas las enfermedades, aprendió que hasta la persona más enferma tenía derecho a amar. Ahora se daba cuenta, que durante todo el tiempo que había estado distante de ella, intentando encontrar una cura lo podía haber desperdiciado en estando con ella, haberla escuchado relatar sus tontas historias de amor, relatando el futuro donde el y ella era los protagonistas, donde no había fronteras que cruzar ni malos que vencer. Un mundo de fantasía hecho a su medida, sin miedos y simplemente la existencia de ellos dos.
Pero a donde antes se respiraba tranquilidad, amor y paz se había vuelto totalmente fría, vacía y sin ningún sentido aparente. Todas las mujeres con ojos verdes le recordaban a ella, todas las personas que se reían de su testarudez eran Sakura. Siempre que veía un carro de reanimación era el corazón de ella que dependía de esa máquina. Pero nada de lo que el pensaba era cierto, ella ahora no estaba en ese lugar, esa cama ya no la ocupaba ella y las imágenes que conservaba en la cabeza simplemente eran recuerdos. Ahora la ida al hospital no tenía sentido, no se veía con fuerzas, no sentía aquella emoción de seguir adelante. A pesar de ser residente, a pesar de poder aspirar a un puesto superior, no tenía a nadie que le animara a continuar. Que le regañara por estar tanto tiempo ausente, nadie le dependía de el tanto como ella. Nadie le necesitaba como lo había hecho ella, nunca había necesitado tanto a nadie como la necesitaba a ella. La quería y ahora estaba a más de diez horas de vuelo.
Todo estaba a oscuras y había una tenue luz que la estaba llamando. Era agradable, se sentía calentita y todos los dolores que le acusaban se iban disminuyendo. Levanto la mano para acercarse a aquella luz, solo faltaba poco…
- ¡Por el amor de dios pensaba que te perdía!-la voz de su madre le había traído de vuelta al mundo terrenal.
Solo había estado a pequeños pasos de la paz absoluta, y la vieja bruja de su madre le había vuelto al mundo del dolor. Cuando abrió los ojos le clavo una mirada de odio a su madre y giró el rostro para no verla. Sabía que eso era de niña malcriada, pero se sentía enojada, muy enojada. ¿Ya cuantos paros había tenido?¿Cuantas bajadas de tensión?¿Cuantos botes de oxígeno le habían dado? La muerte le estaba llamando, se tenía que ir. Nada le detenía en ese mundo, se quería ir ya.
Al ver aquel gesto de su hija entristeció el rostro y abandono la habitación junto a los varios médicos fríos.
La noche había invadido la arena, y con ello un frío bastante molesto. Varias enfermeras le había dicho para cerrar las ventanas pero ella se negaba en rotundo. Quería ver la luna, quería ver el cielo estrellado y recordar que no estaba en ese lugar, sola y amargada, quería esperar a que un milagro ocurriera. Necesitaba un milagro. Pero con tantos indicios de estado terminal, el único milagro era la muerte.
Durante toda la noche estuvo haciendo una gran lista de las cosas que quería hacer antes de morirse. Sabía que se iba a morir aunque los médicos no le comentaran nada de su salud, el cuerpo se lo decía, cada ataque era más doloroso y más largo, los medicamentos eran más amargos y le dejaban en estado catatónico y la luz en la oscuridad era una clara señal de su muerte.
Pensó que cuando se muriera su alma se quedaría vagando por el mundo terrenal y buscaría a una chaman para que le cumpliera su último deseo. Decirle a Sasuke que le quería y que le hubiera gustado vivir para estar junto a el, pero eso solo ocurría en las películas y en la serie entre fantasmas. Aunque fuera novelista y los primeros días de su hospitalización parecía que su vida fuera una novela, donde se veía ella en absoluto era de novela. Que la muerte la estuviera asechando le parecía la cosa de lo más normal. Hasta se estaba documentando de cómo le harían la cura post-morten, de si quería qué la quemara o la enterraran junto a sus familiares… aún no lo tenía claro. Necesitaba una idea para saberlo.
Con eso y aquello no había escrito la segunda línea de su lista. Solo tenía una y era la que más quería…
Ver a Sasuke.
Como había dicho, no me convence mucho, así que agradesco todo tipo de ayuda para ver que puedo hacer. asi que sin más hasta el proximo viernes o martes!
