DISCLAIMER:-Man no es mío, sólo las ganas de hacer una tragedia emo de él.

ADVERTENCIAS: Dios, esto... Esto se me fue de las manos. Creo que con eso lo digo todo. Lean con cuidado, mentecillas sensibles.


Cuando despertó, Kanda ya no se encontraba a su lado. Se quedó pensando en la noche anterior y sonrió como un tonto, su nuevo amigo era tan cálido... Enterró la cara en la almohada, todo olía a Kanda, deliciosamente a Kanda...

Se dio cuenta de lo que estaba haciendo y sacudió la cabeza, intentando volver a Tierra. Desde hacía unos días estaba como...¿Obsesionado? Sí obsesionado sería la palabra, obsesionado con el olor de Kanda. Se levantó sin ganas, quería quedarse más rato entre aquella calidez y aquel aroma, pero había algo que lo atraía hacia fuera. Tenía hambre.

Bajó las escaleras y entró en la cocina bostezando. Kanda estaba... ¿Haciendo unas tortitas en calzoncillos y delantal?

—Oi, Moyashi. ¿Sirope o miel?—Preguntó Kanda, girando la cabeza para mirarlo. Allen estaba demasiado embobado como para responder, por lo que el japonés arqueó una ceja y volvió al trabajo.—Joder, sé que estoy bueno, pero no es para tanto. ¿Sirope o miel? ¿Tengo que repetirlo?

—Hmmm... Sirope, si no te molesta.—Dijo Allen, ruborizándose. ¿Cómo podía haber notado que estaba pensando cosas obscenas sobre su anatomía? Definitivamente, tenía que dejar de ser tan obvio. Se sentó en la silla, y apoyó los codos en la mesa.—¿Y Alma?

Kanda vino con un plato repleto de tortitas para cada uno, y en cuanto puso el de Allen enfrente suyo, éste se lanzó como un loco a devorar. Por un momento creyó que el chico se atragantaría de lo rápido que iba.

—Se fue a casa de un amigo.—Al ver que el chico ni se molestaba en responder, sintió una punzada de fastidio. En verdad temía por la salud estomacal del Moyashi.—Calma, calma, Moyashi. Ni que no hubieras visto unas tortitas en tu vida.

—Oh...—Allen se quedó pensativo por un momento, y soltó los cubiertos.—Lo siento, Kanda. Iré más lento, no te preocupes.

—No importa. Ya me acostumbré a verte comer como un cerdo. Es lo que tiene comer en el instituto, ¿no?

—Aun así... Lo siento mucho.—Respondió Allen. Sonaba tan extremadamente amable, que a Kanda le dieron escalofríos.

—Tío, dije que no importa. No tienes de qué disculparte.—Dijo Kanda, resoplando.—Anda, come. Que estás en los huesos, Dios. ¿Es que Cross no te da de comer?—Allen se metió otro pedazo de tortita en la boca, con un poco de miedo.

—No mucho. No tenemos mucho dinero, ¿sabes? Sólo trabajo yo, y las deudas de mi maestro son un pozo sin fondo.—Respondió, entre trozo y trozo. Kanda frunció el ceño, molesto. ¿Cómo se le ocurría a ese gilipollas no alimentar a su "hijo"? Y todavía más... ¿Cómo se le ocurría tratarlo así?

—Coño.

—Qué mal te expresas, Bakanda.

—¿Y no tienes a Tyki? ¿No puedes ir a su casa a comer o lo que sea?—Preguntó Kanda, ignorando aquel comentario e intentando ahondar más en la situación.

—Ah. Eso.—Dijo Allen, llevándose un dedo a los labios. Había soltado el tenedor y el cuchillo.—A veces sí, pero hay días en los que me porto mal y me castiga sin comer, ¿sabes?

—¿Qué?—¿Estaba oyendo bien? ¿El tal Tyki no tenía compasión o qué? ¿Y por qué el Moyashi lo decía con semejante naturalidad, como si fuera lo más normal del mundo?—¿Por qué te tendría que castigar?

—Pues cuando no vemos la película que el quiere, o no juego con su hermanita Road, o... No sé, cuando no quiero... Ya sabes. O cuando lo pongo celoso.—Allen empezó a ennumerar con los dedos, pero paró al ver la cara que estaba poniendo Kanda. De furia.—¿Por qué me miras así, Kanda? Es lo normal, ¿no?

—No. Joder, Moyashi, no, no es normal. ¿Desde cuándo los novios se castigan?

—Bueno, tampoco es tan malo, ¿no crees? No es como cuando te pegan, no duele tanto. Y además.—Allen paró su explicación para mirar al japonés, que parecía querer matarlo con la mirada.—Si no me castigara... Bueno, no me volvería mejor novio.

—Ay Dios.—Kanda estaba que se subía por las paredes. Quería matar a Tyki. Y a Cross. Y al Moyashi. Bueno, al Moyashi matarlo no, pero al menos dejarlo medio muerto.—¿Es que te gusta que te castiguen o qué, idiota?

—Oye Kanda que tampoco es para tanto...

—¿Te pega?

—¿Qué?—Preguntó Allen, atónito.

—Te pregunto que si esos moretones que tienes en la cara no son solo de Cross.

—Ah, yo...—Allen se quedó estupefacto sin saber qué decir. Y el miedo lo invadió. Seguro Kanda se reiría de lo penoso que era si le contaba la verdad. Y seguro Tyki lo mataría.—No, Tyki nunca me ha pegado.

—¿Seguro?—Preguntó el otro, incrédulo, cruzado de brazos. Allen asintió.—Maldita sea, Moyashi. Ese Tyki está loco. ¿Cómo cojones alguien podría castigar a su novio? Se supone que a los novios los consientes, joder.

—¿Tan raro es?—Allen no podía entenderlo del todo. Bien que los golpes o las malas palabras fueran horribles como castigo, pero sólo que le dejaran sin comer... No dolía, y eso era bueno, ¿no?

—Rarísimo. Mira, Moyashi, yo que tú dejaría a Tyki. Eso que hace no es normal. Quién sabe si no se convertirá en un psicópata maltratador en un tiempo.

—Pero no me hace daño...—Insistió Allen, pero Kanda sacudió la cabeza.

—Moyashi, eres idiota. Ese tío te menosprecia si hace eso. ¿Por qué no lo dejas?

—Bueno... Él es muy bueno, ¿sabes? Es muy dulce y amable, y me trata muy bien. Me hace regalos y es muy atento.—Dijo, intentando sonar convincente. Sólo no quería causarle problemas a Kanda, sin querer había hablado demasiado.

—Y luego te castiga... ¿Pero tú estás ciego o qué?—Gritó Kanda, y Allen se removió en su asiento.—Joder, es que... No es algo normal.

—No hace falta que te preocupes, Kanda.—Respondió Allen, sonriendo, y Kanda chasqueó la lengua. Se notaba a la legua que estaba fingiendo aquella sonrisa.—No me pasará nada, te lo aseguro.

—Sólo ten cuidado, ¿vale?—Dijo Kanda para poner fin a la conversación y fue directo hacia sus tortitas. Cuando había dado unos cuantos bocados, sintió una sensación muy extraña y levantó la cabeza. El Moyashi lo estaba mirando con una cara de lo más atontada.—¿Qué?

—Kanda... ¿Te preocupas por mí?—Preguntó, y Kanda no pudo hacer más que apartar la vista azorado.

—N-no, qué va, Moyashi idiota. ¿De dónde sacas eso? Tienes unas ideas muy raras.—Dijo el japonés, mirando hacia el frente, alterado. Allen rió.

—Sí sí, seguro. ¡Kanda se preocupa por mí! Eres muy lindo...

—¡Maldito Moyashi! ¡Ya te daré yo preocupación, joder!

—Bakanda está preocupado por mí, quién lo hubiera dicho.

—Maldita sea...¡Cállate!

Allen no podía dejar de reír, y tuvo que obligarse a parar para poder respirar. Mientras, Kanda intentaba por todos los medios que no se notara lo bien que le sonaba la risa del otro chico. Sería algo bastante vergonzoso de admitir.

—Kanda... ¿Qué hora es?

—Las doce y cuarto, ¿por?—Respondió Kanda, señalando el reloj que colgaba en la pared enfrente de ellos, y pudo ver cómo el Moyashi palidecía.—Oye, ¿estás bien?

—Oh.—Dijo Allen, levantándose de la mesa. Tiró el cuchillo al suelo en el proceso, y se agachó torpemente a recogerlo y dejarlo de nuevo en la mesa. Estaba temblando. Kanda alzó las cejas, sorprendido ante tal reacción.—Tengo que salir un momento. Llego tarde.

—¿Se puede saber a qué llegas tarde y por qué te pones así?—Preguntó el otro chico, extrañado.

—He quedado con Tyki... A las diez, sí. Llego tarde. Volveré en seguida, no te preocupes.

—Dios, que espere. Dile que no puedes quedar, yo que sé. No te pongas así, idiota.

Allen sacudió la cabeza, restándole importancia. —Es mi novio, Kanda. He de verlo si me lo pide. Oye... ¿Me puedes dejar algo de ropa?

Kanda suspiró.—¿Alguien te ha dicho alguna vez lo estúpido que eres? Te estás arrastrando a los pies de ese tío. Ten un poco de dignidad, joder.

—Y la tengo, sólo...—Allen dudó por unos instantes.—Sólo le quiero... Y quiero que todo el mundo esté bien y sea feliz. No me importa... ¿Sacrificarme? Eso, y si tuviera que hacer lo mismo por ti, o por quién fuera... Lo haría.

—Bueno, a mí me dicen que no me dan de comer y le reviento la cara sea quién sea.

—Tampoco es para tanto, Kanda. No comer unos días no duele.

—Vale vale, haz lo que quieras, a mí no me vengas llorando después.

—¡Gracias, Kanda!—Exclamó Allen, plantándole un beso en la sien, dejándolo medio zumbado en su silla.—¡Voy a ponerme algo tuyo que me valga, no hay problema!

Kanda suspiró mientras el otro desaparecía tras la puerta. Allen era jodidamente idiota. Su idea de dignidad era absurda y aberrante, tanto que le producían escalofríos. Se quedó mirando el infinito, intentando no estallar y romper algo. Sentía un dolor en el pecho y un profundo vacío en su interior. Apretó con fuerza los puños, reprimiendo las ganas de vomitar.

Acababa de redescubrir que Tyki le ponía enfermo.


Allen apretó el móvil con fuerza contra su pecho, y respiró entrecortadamente, intentando serenarse. Sí, Tyki le había mandado cien SMS y sesenta perdidas. Y en los últimos le había indicado detalladamente la forma en la que lo mataría si lo pillaba. También le mandaba a la mierda, y le decía que no quería saber más de él, que era un desgraciado... Y que las represalias serían horribles.

Y que le dijera dónde demonios estaba escondido o lo pagaría caro. Eso significaba que ya habría ido a buscarlo a casa de Cross. Dios, el otro también debía estar bien enfadado por no haberse presentado con el dinero.

El móvil seguía zumbando. Otro mensaje de Tyki. Leyó rápidamente, su novio le preguntaba a quién se estaba tirando y a cuánto le costaba la noche, seguido de un "¡ZORRA!" textualmente. También le decía lo enfermo que debía estar aquel que dejara que un muerto viviente se le acercara, y que él no permitiría que un monstruo durmiera en su mismo techo. Rápidamente se deducía que el monstruo, el muerto viviente y la zorra eran él, Allen Walker.

Se sentó en la cama, agotado, deseando no tener que leer nada de aquello. Tyki era tan... Distinto a Kanda... Mientras que uno cambiaba de forma de ser para mal, el otro era cada vez más amable conforme pasaba el tiempo. Mientras uno parecía amable, el otro se mostraba tal y como era.

Y entonces Allen lo comprendió. Su mente se despejó en aquel momento, como si la niebla que ocultaba su visión se hubiera esfumado al instante.

Tyki tan sólo era una fachada. Kanda se mostraba tal y como era, Lavi y Lenalee también, incluso Cross... Sí, Cross siempre se mostraba tal y como era. Pero Tyki... Tyki tan sólo era amable con él para engatusarlo, para hacerle creer que su relación mejoraría y simplemente usarlo para descargar su ira. Parecía que lo disfrutaba enormemente, bien pensado. Y Allen, tonto de él, lo escuchaba, creyendo que mejoraría, dándole una oportunidad tras otra...

En aquel momento, Allen se dio cuenta de lo que realmente era. Un chico patético, llorón y fácil de manipular. Kanda tenía razón. Había perdido por completo su amor propio, se había rebajado a lo mínimo, todo por estar enamorado, y por ser demasiado bueno con todo el mundo. Lamentó no haberlo descubierto antes. Era demasiado patético.

El móvil siguió vibrando, había llegado otro mensaje. Allen no llegó a leerlo, estaba demasiado ocupado corriendo hacia el cuarto de baño. Se agarró con fuerza al borde del lavabo y echó todo lo que llevaba en el estómago. El sabor era tan horrible que se le escaparon unas lágrimas, y con ello vinieron las demás. De repente se vio delante del espejo, con el grifo abierto dejando correr el agua, y viéndose a sí mismo tal y como se veía en verdad.

—Mírate, Allen...—Se dijo a sí mismo en voz alta.—Mira lo patético que eres. Tyki jugó contigo, y tú sólo...¿Lo dejaste hacer?—Se frotó los ojos y respiró profundamente, las lágrimas cesaron.—Deberías... No ser tan bueno... Con quien no lo merece.

Necesitaba una ducha urgente. Y una cuchilla. Había una encima del retrete, de la que era muy posible que Kanda fuera el dueño. La cogió prestada, y se la llevó consigo.

Cerró la puerta de la habitación. Luego entró en el baño de nuevo, por suerte Kanda tenía uno propio; y se quitó el pijama, dejándolo en el suelo. Se metió bajo la ducha y abrió el grifo, el agua caía helada y dolía al contacto con la piel, pero no le importó. Si le daba una hipotermia y moría... Bueno, al menos Kanda no volvería a reírse de lo idiota que era, y con razón.

La vida no había sido justa con él. Primero sus padres lo abandonaban, luego cuando al fin tenía un padre que se preocupaba por él, Mana, moría. Más tarde Cross y sus abusos, y después Tyki. Y Tyki era un gran error suyo. Un error que no se perdonaría.

Se sentó en el suelo, y se abrazó las rodillas. Sería más cómodo así, se dijo. Entonces extendió el brazo izquierdo, y pasó el lado afilado de la cuchilla por su muñeca. Un corte horizontal que atravesó su muñeca, por el dolor que le proporcionaba Cross. Otro, por la tristeza de la muerte de Mana. Otro, por los abusos de Tyki. Y otros dos más, como auto-castigo.

Cuando cortó su piel para castigarse, se aseguró de que fuera muy profundo, de que en un futuro quedara cicatriz. Para que algún día, en el que esperaba haberlo olvidado todo, aquello le recordara que había habido un momento horrible en su historial, y que había aprendido de ello.

Era extraño que pensara en el futuro justo cuando estaba queriendo morir, se dijo. Y rió.


Un portazo llamó la atención de Kanda. El Moyashi no había bajado, ni siquiera para marcharse. ¿Se habría encerrado en la habitación acaso?

Se levantó de la silla y recogió la mesa, preocupado. ¿Él preocupado? Hizo una mueca de desagrado. A veces desearía ser un bastardo frío y sin sentimientos las veinticuatro horas del día. Por culpa del Moyashi, a veces perdía la cabeza. Dejó el delantal colgado de la puerta, y subió escaleras arriba.

Cómo no, se encontró la puerta cerrada. ¿Baka Moyashi había tenido una rabieta? La abrió sin pensarlo dos veces, y no vio allí al mocoso. Chasqueó la lengua cuando percibió el sonido del grifo de la ducha girando. Al menos podría haber tenido la decencia de avisar de que se duchaba, se dijo.

Bueno, al menos que estaba allí aprovecharía para vestirse, así que sacó del armario un pantalón de chándal y una sudadera, típica ropa que nunca admitiría llevar. Kanda tenía demasiada clase como para vestir eso, hasta que llegaba a casa, claro. Se vistió, y se sentó en la cama, sin saber muy bien qué hacer. Probablemente podría acompañar al Moyashi a ver a Tyki, así se aseguraría de que no le hacía nada. A pesar de las negaciones del chico, Kanda temía que hubiera algo de lo cual no le hubiera informado.

Entonces una cosa vibró bajo su trasero. Frunció el ceño, dispuesto a acabar con la vida de lo que fuera que hubiera tocado sus posaderas, y lo cogió. Era el móvil del Moyashi, un aparato más viejo que la tos y decorado con un colgante de una especie de... ¿Snitch?

Kanda no pudo resistir la curiosidad de encender la pantalla, necesitaba saber qué demonios pasaba con el Moyashi, el tema le estaba reconcomiendo el cerebro. Silbó, el chico había recibido la friolera de ciento diez mensajes y cincuenta y cinco llamadas perdidas. Seleccionó la carpeta de mensajes y empezó a leer. Su rostro pasó de la indiferencia a la sorpresa y la ira en poco tiempo.

Conforme leía, cada vez reafirmaba más sus sospechas hacia Tyki. Pero, por todos los demonios, no se esperaba eso. Eso era demasiado. ¿Qué clase de ser despreciable sería tan hijo de puta como para superarl al mismísimo Yu Kanda? Ese.

Lo peor de todo era cómo cambiaba de tono de convicción tan rápido. Primero empezaba con un "Cariño, hemos quedado hace media hora, ¿dónde estás? Te echo de menos" hasta acabar en un "Hijo de puta, te voy a matar, ¿a quién te estás tirando para que te deje quedarte escondido en su casa? ¡ZORRA! Te juro que te mato" pasando por "Cross y yo te vamos a matar joder, aparece" o "Te pienso dar de hostias hasta que entres en coma, gilipollas" o incluso "Te voy a hacer gritar como aquella vez en Oregón, ¿recuerdas?". En cada mensaje llegaba una amenaza peor que la anterior, para acabar en una disculpa bastante pobre, que decía lo mucho que lo sentía, que todo era una bromita inocente. Los cojones, se dijo Kanda.

¿Cómo podía el Moyashi estar tan ciego? ¿Cómo podía dejarse tratar así? Por lo que había leído, sentía que esas amenazas sí que se cumplían al fin y al cabo. ¿Cuántas veces le habría pegado, cuántas le habría destruido la moral? ¿Cuántas le habría humillado?

Tenía que hablar con el Moyashi, sí o sí.

Allen salió del baño un momento después, vestido con el mismo pijama. Kanda suspiró, aliviado. Por suerte, parecía que no iría a buscar a Tyki. Pero igualmente iba a pedir explicaciones. El chico se sobresaltó al ver a Kanda, y se echó para atrás durante un instante, el japonés podía percibir el miedo en su rostro.

—Ka-Kanda... ¿Qué haces con... Mi móvil?

—Lo he leído todo, Moyashi.—Allen tembló, se sentía indefenso. Se volvió para intentar encerrarse en el baño, pero la mano de Kanda lo agarró por el brazo izquierdo. Gimió de dolor, y la vista se le nubló. Se mordió el labio, intentando no llamar la atención.—¿Qué coño le pasa a Tyki y cómo demonios no le plantas cara?

—Kanda, suelta...—Imploró el Moyashi, y a Kanda no se le ocurrió otra cosa que apretar su agarre, haciéndolo gritar de dolor. Extrañado, miró el brazo que estaba sujetando y vio la manga empapada de sangre. Sin vacilar, levantó la manga con la otra mano y se encontró con un montón de papel enrollado al brazo, teñido de rojo. Deslió ese papel, ignorando las súplicas de Allen y entonces vio los cortes todavía recientes, y muchas otras cicatrices poblando aquella pálida piel.

El peso de aquella revelación fue aplastante. Kanda pudo jurar que escuchaba el sonido que hacía su corazón, rompiéndose en mil añicos. Soltó a Allen, y éste se giró para mirarle, asustado.

—Kanda...

—Tenemos que hablar, Allen.—Dijo Kanda. Nunca había estado tan serio en su vida.—Tenemos que hablar.


ADVERTENCIA: NOTAS DE AUTOR DEMASIADO EXTENSAS Y ABURRIDAS.

Hola... Esto... Sí, me he pasado. Ahora me entienden. Si han llegado hasta aquí, claro. Creo que esto cambiará a Rated M, aún no estoy segura. Esto no es Rated T... ¿Verdad?

Bueno, es que... Ya que no he actualizado en un mes, quería algo chocante. A bit of cliffhanger, if you want. Y esto me salió. Después de lo que me ha salido, creo que tengo graves problemas psicológicos. Nah, sólo... ¡POBRE ALLEN! Está reconduciéndose a su personalidad original y necesitaba un choque fuerte para que se diera cuenta de sus estupideces. Y Kanda... Ay ¡Kanda! Estos personajes me hacen sufrir mucho, en serio. Hacerlos actuar según el canon es tó difícil. Pronto la cosa mejorará, y estoy intentando no hacerlos muy OOC, poco a poco...

En serio, necesito reviews sobre esto. Es un capítulo que me hace dudar. No sé si ha quedado todo bien como transición entre el principio de la historia y el final, o la he cagado. No sé, siento que falta algo. Por favor, dejadme un review criticando, en serio. Qué se puede mejorar de esto, y si hay cosas que no cuadran. Y si hay mucho OOC. Y si hay fallos ortográficos. O si la historia es una basura. Por favor, critiquen lo que quieran. Siéntanse libres de ser crueles (okno, pero ya me entienden, sean absolutamente sinceros.)

Y eso, que Allen ya se dio cuenta. La cosa cambiará a partir de ahora. Excelente (se frota las manos), mil gracias por los reviews, queridas, me ayudaron a sacar ideas, y sobre todo a mejorar. ¡Gracias, Bonnie, por avisarme de lo de Kanda! (Sí, se me hizo tan bueno que me avisara de ese detallito que he de decirlo aquí.) ¡Mil gracias a todos por sus reviews y por tomarse su tiempo para leer!

Sigo escribiendo por ahora.

Hasta la próxima,

la muy traumatizada Dolly.

P.D: Recuerden criticar si sienten que hay que criticar.