Yo no daba un duro por que subiríamos esta semana Henry, y ya veis. Así que aprovechad y leed!


El barrio de White Town era todo lo contrario a lo que indicaba su nombre. El empedrado del suelo brillaba por su ausencia y las carreteras de tierra seguían allí porque nadie en su sano juicio querría comprar arena de un lugar tan inhóspito como ese.

Los edificios eran grises sin excepción. Antaño habían tenido algún que otro toque de pintura pero con el paso del tiempo habían sufrido lo mismo que las piedras de la calle. En resumen, White Town podría bien llamarse Buckingham Palace o Black Hole y no habría supuesto la más mínima diferencia.

Por supuesto, pocas personas osaban aventurarse por esos suburbios olvidados de Inglaterra. Aún los que vivían allí, no salían del refugio de sus casas. Por eso, la visión de un forastero, un extraño, causaba una gran impresión a los que lo miraban sin ser vistos. Y la impresión era todavía más grande cuando dicho forastero medía más de dos metros y levaba un paraguas rosa.

Hagrid se paró frente a la única puerta que todavía conservaba la numeración, miró el papel de su bolsillo y llamó al timbre.

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Henry mezclaba los ingredientes con pasión, pero concentrado. Una o dos veces Severus había intentado que cometiera algún error, respirándole en la nuca como hacía con Potter, pero Henry no parecía notar la presencia de su profesor. Incluso, una o dos veces le había pisado sin enterarse. Después de la tercera vez que eso ocurrió, Severus decidió dejarle en paz y sentarse en su silla a mirarle.( Y a reposar su pie herido).

En esos momentos (Severus pensaba que su vista ya no era lo que había sido antaño) Henry le recordaba a él. Los movimientos que hacía al mezclar ingredientes, el ceño fruncido por la concentración, la mano agitando la cuchara... Excepto los ojos.

Cuando miraba los ojos de tremenda alegría del chico recordaba que era tonto de remate y que de ningún modo se parecía a él. Y sin embargo, estaba terminando la poción del filtro de muertos en vida sin la menor vacilación.

Y eso a Severus le ponía muy nervioso.

Antes de que Henry echara el último ingrediente, Severus se levantó.

-Bien, Henry. Y ahora, imagínese que por alguna extraña razón alguien vierte accidentalmente- cogió una botella de su estantería y la vertió sobre el caldero- , veneno en su Filtro de Muertos en Vida. ¿Qué haría entonces? Tendría que empezar desde el principio. ¿Verdad?

Severus sonrió a Henry con malicia. Esperaba ver su cara de asombro y sus redondos ojos diciendo "Severus¿Por qué has hecho eso?" pero Henry ni se inmutó. Miró cómo el veneno se introducía en su poción lentamente, cambiándola de roja a verde. De repente dejó su cuchara y fue a la estantería sin decir una palabra.

Snape, que se había estado preparando para eso, sonrió. Si lo que pretendía el chico era encontrar un bezoar para hacer un antídoto, no lo conseguiría. Se había encargado de deshacerse de todos.

En efecto, Henry advirtió que no había bezoares, pero no por eso se puso nervioso. Se encogió ligeramente de hombros y cerró la mano en torno a algo que Snape no pudo ver.

En cuanto el chico lo echó a la poción saltaron chispas y volvió a su color natural.

Snape se lo quedó un rato mirando.

-¿Qué le has echado?- dijo al final disgustado.

-¿No lo sabes, Severus?- dijo Henry mientras removía la poción sin dejar de mirarle.

Snape frunció el ceño y se acercó para mirarla mejor. La palabra colorante se introdujo en su mente. Desechó la idea y al cabo de un rato levantó la vista.

-No recuerdo haber tenido nunca cola de salamandra en esa estantería.

-No, no tenías.- dijo Henry dándole la razón.

Sonrió a Severus y siguió removiendo la poción. Snape tenía los ojos como platos. El maldito mocoso... De alguna forma había adivinado que iba a sabotearle la poción y había sacado cola de salamandra de su bolsillo que había robado seguramente de su propio despacho. Si hubiera sido Potter, ya estaría castigado y sin puntos pero era Henry y Snape dudaba que quitándole puntos fuera a conseguir algo. Bueno sí, que su Casa perdiera. Al final optó por darse la vuelta escondiendo su sonrisa, asombrado.

¿Podría ser tan bueno en Pociones como él? No, lo dudaba, pero seguro que sí que lo era más que los de su curso. ¿Y si le subía de nivel? Mmmm... pero para eso, debería hablar con Dumbledore, y antes probarle para ver hasta dónde podía llegar.

Quién sabe, pensó Snape, tal vez el chico podría llegar a hacer Pociones de tercer curso aunque, claro, sería un caso especial... Bah¿acaso Potter no obtuvo plaza en Quidditch en primero cuando aún no se podía?

Una perversa idea cruzó por su mente. Potter... sí... seguramente detestaba a Henry. Muy bien, decidido, Henry subiría de curso, estaría en séptimo.

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Hermione se había levantado aquel día con fuerzas renovadas. Decidió que ese sería un buen día para empezar con el plan que tenía para la P.E.D.D.O. Aprovechó un momento libre que tenía entre clases para imprimir los folletos explicando el funcionamiento de la plataforma, sus ideas y, lo más importante, pidiendo colaboración.

Asi que cuando por fin tuvo en su manos un taco de folletos lo suficientemente grueso, se armó con una caja llena de chapas con las siglas de la organización y se plantó delante de la puerta de la sala de profesores.

Llamó.

Una cabeza se asomó varios centímetros por abajo de la de Hermione. Se trataba de Flitwick.

-¿Si, señorita Granger?

-Hola profesor. Me preguntaba si la profesora McGonagall se encontraba aquí.

-Sí¿por qué no pasa?

Hermione sintió en aquel momento una mezcla de curiosidad y nervios. Ella, en la sala de profesores. Sin duda era algo que daría envidia a cualquiera. O al menos eso era lo que ella pensaba.

Cuando Flitwick se apartó para dejarle el paso libre, entró. La sala era amplia, iluminada por una serie de ventanas altas. En el centro, había una mesa ovalada al rededor de la cual se encontraban varios profesores, McGonagall y Lupin, por ejemplo.

Hermione avanzó hacia la profesora, quien al verla, sonrió y le interrogó con la mirada.

-¿Si Hermione?- preguntó McGonagall.

-Profesora, verá... creo que ya le he comentado algo acerca de la asociación para la liberación de los elfos domésticos.

La sonrisa de McGonagall se tensó un poco.

-Sí¿Y qué?

-Bueno, pues he redactado e impreso unos folletos y me gustaría pedir permiso para repartirlos.

-Pero Hermione, si ya sabes que los elfos no quieren ser libres.- interrumpió Lupin.

Hermione frunció el ceño.

-Lo que pasa es que todo el mundo da por sentado que es así. Por eso quiero dar a conocer a todo el mundo lo que pienso. ¿Me dejará, por favor?- dijo girándose hacia la profesora.

McGonagall lo meditó un momento y luego dijo:

-Muy bien, pero sólo en su tiempo libre.

-¡Gracias!- Hermione agarró fuertemente la caja de chapas y se fue de allí no sin antes dejar un montoncito de folletos sobre la mesa de los profesores.

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-Por cierto, Severus¿No estás orgulloso de mí?

Snape enarcó las cejas. Se había quedado impresionado con el trabajo de aquella tarde de Henry, si bien todavía tardarían algún día más para terminarla del todo.

-¿Debería?

-Claro¡He ganado 100 puntos para Slytherin!

-Teniendo en cuenta todos los que ha perdido también, es lo menos que podía usted haber hecho.

Henry arrugó la nariz. Snape se dio cuenta en ese momento que al hacer ese gesto le cambiaba ligeramente la cara. ¿O serían imaginaciones suyas?

El chico decidió no decir nada más. Salió por la puerta y la cerró tras de sí. Al otro lado le esperaba Lestat.

-¡Hola!-dijo Henry alegrando la cara.

-¿qué tal?

-Bien, al final tenías razón, echó veneno en lo que hacía.

Lestat sonrió.

-Me lo imaginaba.

Henry, quien había echado a andar se paró en seco, miró a su amigo y se atrevió a preguntar.

-Lestat... ¿Tu puedes leer la mente?

El vampiro mostró sus colmillos al sonreír.

-¿Tú qué crees?

-Vamos, dímelo.

-Bueno. Sólo algunas veces. Muy de vez en cuando. Pero no tiene nada que ver con la magia.

-¿Es porque eres vampiro?

-Sí.

Henry siguió su camino seguido por Lestat rumiando para sí que seguro que ser vampiro debía de estar bien.

Draco salió de la casa de Slytherin con dolor de cabeza. Había decidido odiar a todo el mundo, porque todo el mundo parecía adorar al niñato estúpido Snape después de que se disfrazara de super-Potter. Así, como ellos adoraban a Henry, pues él los odiaba a todos. Y punto. Los últimos días no se hablaba de otra cosa en Slytherin. Que si Henry esto, que si Henry aquello. ¡Argh! Le daban ganas de vomitar. Así que había decidido darse una vuelta él solo.

¿Por qué todo el mundo era tan estúpido? Él había pasado una vergüenza horrible al disfrazarse de chica (ya había mandado a su padre una carta con un fulminante agradecimiento por su idea del disfraz) y nadie parecía haberse dado cuenta. ¿Es que acaso creían que le gustaba vestirse así? Sí, seguro que pensaban que se dedicaba a ponerse falditas en su tiempo libre. Y todo por culpa de la Skeeter. Maldita niñata...¿por qué éste año no le había tocado ningún tonto a la casa de Gryffindor? Bueno, claro, tenían a Potter y ese valía por muchos estúpidos. Debía ser eso.

Draco torció una esquina y subió por las escaleras sumido en sus pensamientos. Pensando aún en Henry y sin saber por dónde iba, poco a poco fue oyendo voces. En especial una muy conocida que aullaba, es decir, hablaba acerca de una estupidez digna de una sangre sucia.

-Vamos, vamos. ¿Es que no os dais cuenta de lo que sufren? Los elfos domésticos deberían ser libres y contar con un salario justo y digno. ¡Ey, cómprame una chapa!¡Apoya la PEDDO!

Draco se paró en seco. Granger. Con folletos en la mano y un montón de chapas. Mientras la chica intentaba vender a unos Hufflepufs de primero chapas estúpidas, Draco se acercó lentamente a la caja llena de chapas, en la que había un bote con una etiqueta: "Donaciones". Malfoy levantó una ceja.

- ¿Para qué son las donaciones, Granger? – preguntó con voz de asco.

Hermione volvió corriendo a su puesto al ver una serpiente acercarse a sus chapas y folletos.

- No es asunto tuyo, Malfoy. – dijo la chica cerrando un puño.- A menos que quieras donar tu dinero, claro. – levantó el tarro y lo agitó debajo de las narices del rubio- ¿ Quieres unirte a la PEDDO, Malfoy?

La cara de repulsión del rubio hizo a Hermione sonreír.

-Ni hablar, sangre sucia. Y mucho menos con ese nombre.

Draco se dio la vuelta, por donde había venido.

- ¡Muy bien!¡Pues vete de aquí, explotador de elfos!- chilló Hermione a su espalda. Sacudió la cabeza y cogió más chapas para vender. Al levantarse se dio de bruces con Harry.

- Hola, Hermione.- Harry sonrió.- ¿Sigues con lo de la PEDDO?

- ¡Harry!- Hermione sonrió- ¡Qué bien! Por fin alguien decente. ¿Verdad que tú me ayudarás con una donación?

- Eh...verás...Hermione...sabes que lo haría, pero teniendo en cuenta que ya tengo dos elfos domésticos a mi cargo...no sé si sería correcto...

- Dobby es un elfo doméstico libreado, Harry. Ha visto la luz. ¡Ahora hay que conseguir que los demás la vean también!

- Sí, bueno. Oye, tengo entrenamiento, nos vemos luego. Hasta luego.

Hermione se despidió de mala gana y vio cómo Harry se marchaba. Al final, como vio que se había quedado sola, dejó unos folletos y chapas con el bote de las donaciones allí y se fue a buscar gente por otros pasillos.

Cuando volvió, el bote de donaciones estaba lleno. La chica chilló de alegría y recogió. Esa semana ya tenía trabajo: comprar un montón de gorros de lana para dárselos a los pobres elfos domésticos. Y sabía dónde podría hacerlo, puesto que ese sábado había programada una visita a Hogsmeade.

-Draco, cómprame algo.

Draco se espantó al oír a Pansy, quien le miraba con ojitos, pero lo disimuló muy bien. Se encontraban en Honeydukes, rodeados por la mayoría de los alumnos de Hogwarts. Se llevó las manos a los bolsillos disimuladamente.

Luego miró a su alrededor. Por fin encontró lo que buscaba.

-Goyle, Pansy quiere golosinas, asegúrate de que obtiene todo lo que quiere.

Goyle infló pecho, miró a Crabbe por encima del hombro y luego a Pansy. Por fin se adelantó y preguntó torpemente.

-¿Qué quieres?

Pansy puso cara de asco y miró implorante a Draco, quien en ese momento examinaba interesadísimo el algodón de azúcar, pero luego fue tras Goyle, frunciendo el ceño, y pidió de todo lo que vio.

El idiota de Goyle asentía satisfecho y se gastaba todo su dinero en los caprichos de Pansy como si fuera el más alto honor que jamás le hubieran concedido.

En ese momento se abrió de nuevo la puerta y entraron tres personas. Al ver quienes eran, Draco se agachó. Afortunadamente ninguno de ellos reparó en él, y Draco pudo espiar desde su escondite al trío.

-¿Y aquí venden de todo?

-De todo.

-¿Y lo dan gratis?

-¿¿Tú crees que se enriquecería alguien dando las cosas gratis en una TIENDA??

-No hace falta que me chilles. Histérica.- Añadió Henry para sí.

-Te he oído, Snape.

Lestat se reía.

-¿Y tú de qué te ríes?

Miró furiosa a Lestat y éste dejó de reír al instante. Los tres se habían encontrado en la salida y habían decidido ir a la tienda de golosinas lo primero. Lestat llevaba una capa negra que le tapaba completamente y que le hacía parecer un mortífago tímido.

-Lo siento.- añadió Lestat, y abrió mucho los ojos, como pidiendo perdón.

-Bueno, te perdonaré si me concedes una entrevista.- dijo Di con voz melosa.

Lestat se atragantó y esperó que la capucha no dejara ver su sonrojo.

-B... Bueno.- dijo bajito.

Di se asomó a la capucha, haciendo que el vampiro se pusiese más nervioso y dijo

-¿En serio?- su voz denotaba claramente que no se lo podía creer.

Henry, quien estaba pendiente de la conversación, dejó de mirar hacia todos los estantes de colorines y se dio la vuelta.

-Sí, pero yo también estaré presente.

-¿Qué eres¿Su manager?- dijo ella despectiva.

Se adentraron un poco más y Draco decidió que ya era hora de salir de allí. Se incorporó y pegó un brinco cuando una voz femenina sonó a sus espaldas.

-¿No te da vergüenza?

Se giró y se encontró cara a cara con Hermione. Draco quitó su cara de susto al instante y levantó la ceja.

-¿Qué pasa Granger? No creo que aquí haya elfos que necesiten tu ayuda.

-No es que te incumba, Malfoy, pero para tu información hay mucha gente que cree en el movimiento y tengo una hucha llena que lo demuestra.- Hermione dijo eso triunfalmente.

Draco se quedó sin saber qué decir. Sin embargo, al segundo siguiente aparecieron Weasley y Potter de la nada y se pusieron al lado de su amiga. Los dos le miraron con odio y dirigieron las manos hacia las varitas. Draco ni se inmutó.

-No voy a pelear con vosotros. ¿Es que ya no se puede tener una conversación civilizada?

-Tú no sabes lo que significa esa palabra, Malfoy.- espetó Harry.

La cara de Ron indicaba que no se fiaba ni un pelo de Draco.

-Largo.

Draco echó una última mirada a Hermione directamente a los ojos y luego salió dignamente de allí. La chica se quedó sorprendida, pero no dijo nada. Tampoco creyó que sus dos amigos se hubieran dado cuenta.

-Muy interesante.- murmuraba Diógena agazapada tras un mostrador a la vez que tomaba notas.- Una pena que no estuviera aquí el chico de las fotos.

Al ver que Lestat y Henry regresaban con los bolsillos repletos hacia donde ella estaba, se incorporó y guardó la libreta.

-Y ahora- dijo Henry- ¡a las tres escobas¡Quiero probar la cerveza de mantequilla!

-Buena idea¿Qué te parece si me contestas allí a unas cuantas preguntas?- dijo Diógena parpadeando a Lestat.

-Me han dicho que es lo mejor-Henry seguía a lo suyo.- Lestat¿Tú no puedes probarla, verdad?

Lestat miró hacia él como saliendo de un sueño y luego negó con la cabeza.

-Hum.

-¿Y si yo bebo y luego te dejo probar mi sangre¿Entonces sabrías cómo sabe¿Notarías la diferencia?

Al oír hablar de sangre, a Lestat se le empezaron a poner los ojos rojos y se relamió. Di, quien miraba hacia la oscura capucha, decidió cortar aquello.

-Eres estúpido, Snape.- y cogió a Lestat de un brazo para llevárselo de allí.

-¿Idiota¿Por qué?-Iba quejándose tras ellos Henry. Lestat sólo era consciente de la manita que le tenía agarrado por el brazo y tiraba de él hacia la salida.

- ¿Entonces, aún no está?

Severus bufó y su caricatura debió aparecer multiplicada por dos en el libro, porque Lucius decidió callar y esperar.

- Sólo falta esperar un poco, Lucius. Lo que es la poción en sí, ya está lista. Así que podrías decirme ya la dirección de la tienda¿no te parece razonable?

Una caricatura de Lucius sonriendo como una serpiente se dibujó en el libro.

- No, no, Severus. Sabes que ése no es el trato. Cuando tenga la poción, te daré lo que quieres.

Severus refunfuñó y se dejó caer en la cama.

- ¿Y cómo sé que una vez tengas la poción no se te olvidará de repente la dirección de la tienda? Porque tú a veces sueles ser muy olvidadizo, Lucius. Y más aún cuando te interesa.

- Oh, Severus, eso duele. ¿No confías en mí? Si no es así, deberíamos cortar nuestra relación. Dos amigos que no confían el uno en el otro, no llevan a ninguna parte.

- ¿Dos qué?

- Bueno y ¿qué tal por Hogwarts¿Alguna novedad¿Cómo te va con el nuevo Potter Snape?

Severus se levantó y fue a cerrar el libro.

- ¡Vale, vale! Ya me callo...tranquilo, Severus. Sólo quería un poco de conversación.- la caricatura de Lucius hacía pucheros.

- Que te la de tu mujer. Por cierto¿cómo está Narcissa?

- Cada día más bella.

- Sí, suponía que algunas cosas no se pegan aunque pases el resto e tu vida junto a alguien.

Lucius frunció los ojos levemente.

- Por lo menos yo tengo a alguien.- dijo sonriendo.

- ¿Sabes Lucius? Siempre me he preguntado si vuestro matrimonio fue por conveniencia o por amenazas.

Lucius parpadeó sorprendido.

- ¿Pero qué dices? Narcissa y yo nos queremos. Se enamoró de mí la primera vez que me vio aparecer en Hogwarts.

" Ya sabía yo que los Black eran grandes actores" – pensó Severus.

- Bueno, Lucius, tendré pronto la poción. Ahora tengo que irme. Recuerdos a Narcissa.

- À bientôt, mon amie.

Severus arrugó la nariz y cerró el libro de un golpe.

Bueno, al final sólo tenía que esperar que Henry terminase la poción, después de que reposara tres días. Cuando Lucius la tuviera, le mandaría la dirección de la tienda...y si se le olvidaba, simplemente le haría una visita. El rubio nunca se atrevía a contrariarle cuando estaba en persona. Y de todas formas, su mente era fácil de leer.

Llamaron a la puerta. Severus se levantó con un gruñido de su cama y fue a abrir, preguntándose quién podría ser. En ese momento se dio cuenta de que los de Hogsmeade debían de haber vuelto ya. Oh, no. En ese caso, tenía una vaga idea de quién podría ser.

Suspirando, abrió la puerta para ver a Henry, quien le sonrió, con la boca llena de gominolas y pasó sin ser invitado.

- ¡Hola Severus! Ñam ñam ¿Cómo es que no has venido al pueblo¡Es tan guay!¡Tienen una tienda enorme de golosinas fantásticas y una cosa que se llama cerveza de mantequilla pero que no es exactamente cerveza!- Henry se sentó en la silla de Severus- ¡Y hay muchos lugares raros! Los chicos dicen que la casa oscura solitaria se llama la casa de los gritos y está embrujada, pero yo le he preguntado a Lestat si creía que estaba embrujada y me ha dicho que no sentía nada, así que creo que es un timo. De todas formas hemos quedado en ir a echar un vistazo la próxima vez. Por cierto, te he traído gominolas, toma.

Snape, que había estado de brazos cruzados enfrente de Henry todo el rato, miró con asco las golosinas espachurradas y se dio la vuelta, sacudiendo la cabeza.

- ¿No quieres, Severus?- Henry se levantó y siguió a su profesor dando un paseo.- Están muy buenas.

- El azúcar es algo horrible, Henry. Pero cuando se le caigan los dientes y su sangre se dispare, me reiré de usted porque decidió que el azúcar era algo muy bueno.

Henry se paró un momento y miró las golosinas. Se las tragó de un golpe ante el disgusto de Severus y se encogió de hombros.

- Ñam. Si tengo azúcar en la sangre, Lestat me la chupará y ya está.

Los ojos de Snape se abrieron de forma alarmante.

- En cuanto a ese vampiro amigo suyo, no creo que sea la mejor compañía para...nadie. Mucho menos para alguien tan estúpido como usted. Creo que no entiende el peligro que conlleva tener a no muertos y criaturas... nocturnas en el colegio. No, claro¿por qué iba a entenderlo?- Snape sonrió y elevó las manos al cielo- ¡Es igual que Dumbledore! Todos somos iguales, todos tenemos otra oportunidad, no hay que discriminar a nadie...- se volvió de nuevo hacia Henry- incluso si su amigo se lanzara una noche sobre usted y le dejara sin una gota de sangre, tenga por seguro que Dumbledore continuaría dejándolo quedarse aquí. Y no habría pasado nada.

Henry lo miraba parpadeando.

- ¿Te mordió un vampiro, Severus¿Por eso tienes pinta de murciélago?

Severus gimió de frustración y se dejó caer en una silla.

- ¡Henry!- le miró directamente a los ojos.- Míreme. ¿De qué casa es usted?

- De Slytherin – dijo sonriendo el chico y se señalo su escudo bordado.

- ¿Y qué animal representa a Slytherin?

- La serpiente.

- Exacto. Ahora dígame. ¿Qué hace la serpiente cuando se topa, digamos con un animal como...no se... una gacela?

- Mmm...¿morderla?

- ¡Bien! Eso es. Y ahora piense, si esa serpiente se encontrara con otra serpiente¿usted cree que la mordería?

Henry dudó.

- Las dos tienen veneno...sería estúpido.

- Bien, Henry, bien. Creo que lo va entendiendo. Las serpientes entre sí no se atacan. Porque son iguales. Los Slytherin están con los Slytherin porque son iguales. Las serpientes muerden a los demás animales porque son diferentes a ellas, porque son vulnerables y pueden hacerlo. Nunca verá a una gacela amiga de una serpiente, Henry. Y eso es porque los demás animales temen a las serpientes. En Hogwarts nadie quiere a los Slytherin. Porque somos mejores que ellos. Esa es la razón, Henry, de que usted no debe ir con miembros de las otras casas. ¿Lo ha entendido?

Henry se lo quedó mirando un momento.

- ¿Y los escorpiones?

Severus se masajeó las sienes. ¿De qué demonios hablaba ahora?

- ¿Qué les pasa a los escorpiones?

- Los escorpiones son más peligrosos que las serpientes. ¿A esos les muerden las serpientes?

- No.

- ¿Entonces¿Qué pasaría si una serpiente se encontrara con un escorpión?

- Huiría. Es lo más inteligente.

Sin embargo, Severus creía comprender lo que Henry le estaba preguntando.

- Entonces hay animales más temibles que las serpientes.

- Siempre hay alguien por encima, Henry.

- ¿Quién hay por encima de Slytherin?

- Dumbledore. El director representa todas las casas.

- ¿Entonces puedo estar con Dumbledore?

- ¿Y por qué iba a estar con el director?

- Dices que no puedo estar con Lestat porque es una gacela, así que me voy con Dumbledore, que es un escorpión.

Severus se levantó de inmediato de la silla y abrió la puerta.

- Fuera de aquí.

- ¿Por qué?

- ¡Fuera!¡No quiero seguir oyendo sus estupideces!

Henry arrugó la nariz y avanzó hacia la puerta. Allí le sacó la lengua a Severus y se fue corriendo.

Snape cerró de un portazo. Odiaba a ese crío.

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Draco vio cómo la lechuza se alejaba volando y tragó saliva. Le acababa de pedir dinero a su padre, según él porque se lo había gastado. Y era verdad. Pero esperaba que Lucius Malfoy no le preguntara en qué se lo había gastado. Además aún estaban a principios de mes, así que debería quedarle bastante.

Abatido, bajó las escaleras de la lechucería y maldijo su suerte al ver a la sangresucia subir por ellas.

- Vaya, Granger. ¿Mandas saludos a tus papaítos muggles? Dime¿se han acostumbrado ya a las lechuzas o chillan de terror cuando les dan las cartas?

Hermione en un principio había decidido pasar de Draco, pero por alguna razón, se paró. ¿Ya no la llamaba sangre sucia?

- Si tanto quieres saberlo, Malfoy. La carta es para pedir material para la defensa de la PEDDO. Gracias a las donaciones de gente completamente distinta de ti y mucho más inteligente, los elfos domésticos serán libres. Y a mis padres les encantan las lechuzas.

Dicho esto, subió las escaleras dándole la espalda.

Draco se quedó donde estaba, titubeando. Pero al final bajó hasta el suelo, rumbo al gran comedor. Cuando llegó allí, ya estaba todo el mundo sentado. Se dedicó a ignorar a Henry durante toda la cena, lo mismo que a Diógena, quien le mandaba extrañas miradas de: "se algo que tú sabes y no quieres que lo cuente". Cuando por fin llegaron a los postres, decidió que iba a irse a la cama pronto, pues Pansy no dejaba de acosarle por no haberla comprado él mismo las golosinas.

Pero cuando se iba a levantar, las puertas del comedor se abrieron de par en par y dos seres monstruosos entraron por ellas. Ambos tenían bastante pelo y si ponías empeño reconocías que uno de ellos era Hagrid, por su paraguas rosa. Estaba lleno de arañazos y llevaba de la mano...bueno, tenía cogido de lo parecía la oreja a "algo" también peludo que se retorcía y lanzaba extraños alaridos, mezclados con insultos en un idioma imposible de entender, según Draco, pero completamente comprensible para aquellos que alguna vez habían vivido cerca de delincuentes, borrachos o estafadores.

- ¡Que me sueltes jodkxewijnc pudnewdjwe barbudo¡Te voy a arrancar las pcnjdncj como no me dejes en el pdjen suelo!

Hagrid se limitó a alzar su oreja y el chico tuvo que ir de puntillas hasta la mesa de los profesores, agarrándose a la fuerte mano que le sujetaba la oreja. Era moreno, con el pelo muy largo, tanto por delante como por detrás. No se le veía la cara, tal vez por el pelo, tal vez por la suciedad y vestía unos vaqueros muy viejos y muy desteñidos, junto con una camiseta negra de algún grupo de música satánico.

Dumbledore se limpió las gafas y miró de nuevo. Al ver que el espectáculo seguía allí, decidió bajar junto a ellos.

- ¿Es él, Hagrid?

El semigigante asintió, refunfuñando.

- Tuve que traerlo a la fuerza, no quería venir. Pero Denébola me amenazó con una maldición, señor. Así que lo he traído. Señor director, no se acerque mucho.- Y lanzando una mirada significativa a Albus- Muerde.

Dumbledore miró a Hagrid preguntándose si ya se habría vuelto loco. Sacudió la cabeza y se acercó al chico.

- Hola muchacho¿cómo te llamas?- dijo sonriendo.

El chico lanzó la mano como si fuera una zarpa.

- ¡Fuera de mi vista pucjeb viejo de miersnjwn!

Dumbledore se colocó bien las gafas mientras Hagrid cogía al chico del brazo.

- ¡Eso no se hace!¡Es el director del colegio, Albus Dumbledore!

- ¡Como si es el Papa!¡Suéltame, monstruo!

- ¿Un caramelo de limón?- ofreció Albus

El chico paró de forcejear.

- ¿Caramelo?

Albus sonrió y se lo tendió.

El chico cogió el caramelo, se lo metió en la boca y empezó a chuparlo.

Albus suspiró y miró a Hagrid.

- Creo que ya puedes irte, Hagrid. Gracias.

El semigigante se fue, dejando al chico suelto, con Dumbledore.

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Aquí lo dejamos. Besos!

Kaworu & Snape White (Miembros de la Orden Severusiana)

In Sev I Trust