Itachi se enciende un cigarrillo mientras vemos la tele. Nuestros padres volverán tarde esta noche, han salido a una de sus cenas románticas. Últimamente son más frecuentes y no sé si eso me alegra o me preocupa. Sin duda es su manera de pasar tiempo juntos y a solas, pero no sé hasta qué punto eso es símbolo de que necesitan pasarlo porque se quieren o porque necesitan recordarse que se quieren, pero bueno, tampoco es que pueda hacer nada al respecto. No soy yo el más indicado para dar consejos sentimentales, precisamente.
-Va a apestar a tabaco y mamá se va a dar cuenta – le digo a Itachi, sin embargo. Consejos quizás no, pero advertencias, todas las que hagan falta.
-Pues abre una ventana – me contesta.
-No es mi vicio secreto.
-¿Quieres probar? -. Estira el brazo hacia mí, el cigarro entre sus dedos índice y corazón, y me limito a mirarle con desdén – Tú te lo pierdes.
-¿Qué clase de hermano mayor eres que me ofreces droga?
-Droga – repite, divertido, para dar una calada después – Los fideos instantáneos que te has tomado de cena sí que son droga.
-No compares…
Subo las piernas a la mesita, acomodándome en el sillón, y centro la atención en la tele. Ponen una película sobre un tipo que se vuelve loco cuando se pone una máscara o algo así. De vez en cuando echo vistazos a Itachi por el rabillo del ojo, que desde luego se lo está pasando mejor con la película que yo. Se ríe de cuando en cuando, entre calada y calada, echando las cenizas pulcramente en una bolsa de plástico pequeña que guardará en su cuarto hasta que pueda tirarlas, para que nuestra madre no las vea en la papelera de la cocina y le descubra.
En las casas y entre las personas siempre hay secretos. Itachi y yo nos llevamos bien, pero seguro que yo desconozco tanto de él como él de mí, por muy hermanos que seamos. Nuestros padres salen de cena romántica, y no sabemos por qué. Itachi fuma en mi presencia, pero no en la de ellos. Le guardo el secreto como él supo pasar de largo cuando me oía sollozar en mi cuarto, poco después de lo que pasó con Hinata. Sus pasos se paraban un momento tras mi puerta y yo contenía el aliento, y entonces seguía camino abajo hacia salón, donde mis padres a veces le preguntaban por mí: "Necesita espacio", les decía, toda la razón del mundo contenida en ese par de palabras.
El humo de su tabaco se extiende por la habitación, ligero, mientras sobre mis hombros aparece la pesadez de mis secretos: ¿debería contarle lo que ha pasado entre Ino y yo? Todavía no sé qué pretende Itachi, siquiera qué pretende Ino con tanta preguntita el otro día, no sé cuál es mi posición en todo esto más allá de una que puede perturbarlo todo.
Tengo que contener un suspiro. ¿Se puede saber qué estoy haciendo con mi vida?
Estoy por irme a dormir para no aguantar esto ni un segundo más cuando Itachi dice:
-Si invitara a Ino a salir con algunos colegas una noche, ¿crees que vendría?
-Probablemente sí, nunca se pierde nada que suene, incluso de lejos, a diversión, ahora incluso menos que de costumbre.
-¿Qué quieres decir con eso?
Giro la cabeza hacia él, que está medio tumbado en el sofá. Mantiene el segundo cigarro entre los dedos, la ceniza a punto de caer sobre su ropa, y me mira con suma atención.
-Quiero decir que quizás sea buen momento para intentar algo – contesto – Pero ve despacio si quieres algo serio. No está muy seria últimamente.
-O sea, que me lanzo pero no me lanzo, como siempre.
-Te lanzas pero con paracaídas.
Suspira y yo decido cambiar de canal, buscando alguna peli que no me provoque poner los ojos en blanco hasta tal punto que me veo el interior de las cuencas, o algún programa decente, cosa inexistente en la televisión, no sé ni para qué me molesto.
-¿Tú cómo vas? – me pregunta Itachi cuando paso el tercer programa sobre mascotas.
-Bien.
-Vamos, hombre, dime algo más.
-El instituto está bien, le gente del club también…
Antes de que me dé cuenta, estoy a medio camino en una serie de descripciones detalladas sobre cada miembro del club. Le hablo de la inteligencia que esconde Shikamaru con su pasotismo, de su dinámica de tira y afloja con Ten-ten, de cómo ella siempre tiene una sonrisa que dedicar y una energía que se contagia, de que Ino apenas ha puesto un pie en la sala del club desde que empezaron las clases, y tengo que moderarme con Sakura. Le digo que hace cosas raras de cuando en cuando, que quiere ser cantautora o algo así, que tiene el pelo rosa…
-¿Se lo tiñe? – me pregunta él.
-Digo yo.
-¿Y cómo le dejan ir al instituto con el pelo teñido?
-Supongo que les vale con que llevemos decente el uniforme.
-Ya, pero una tía con el pelo rosa llama la atención, y mucho -. Me limito a encogerme de hombros - ¿Y con lo de la ruptura cómo vas?
-Bien, bueno. Mejor – se me escapa un suspiro acompañado de una frase – A ratos la quiero, a ratos la odio, a ratos se me olvida completamente que existe, que existimos.
-No seas tan dramático – me dice, y le miro con atención – Existes sin ella igual que ella existe sin ti.
-Qué cursilada – contesto, riéndome - ¿De dónde la has sacado? ¿Tumblr o algo así?
Pone los ojos en blanco y empieza a quejarse, diciendo que encima de que intenta ayudarme voy y me pongo exquisito, que jamás volverá a decirme algo similar, que pasará de mí cuando esté jodido, pero le callo cuando le doy las gracias. Ya lo sabía, pero es una manera de demostrarle que realmente aprecio lo que ha dicho, y que sé que tiene razón.
Nuestros pasos ligeros, aunque tranquilos, nos dirigen a ninguna parte. La ciudad se ha vuelto un sinfín de callejones y avenidas, de luces y coches que pasan rápidos como ninguna de las estrellas fugaces que podríamos ver si estuviéramos en otro lugar salvaje. Los ojos de Sakura, tan verdes incluso bajo las llamativas luces de los establecimientos, me recuerdan a esos lugares. Me gustaría estar allí, tirado en la hierba, y dormir, pero al mismo tiempo estoy bien aquí. Estoy tan bien que el tiempo se escapa por mis dedos como ceniza y no me importa. Esta noche la pasaría entera aquí, en la calle, caminando con Sakura, y nada más.
Ella se ríe y echa la cabeza hacia atrás. El viento frío de la noche agita su cabello, hasta hace un rato recogido. Me adelanta unos cuantos pasos, da una vuelta con los brazos sobre su cabeza y los ojos cerrados, como si bailara canción que sólo ella puede escuchar. Luego sigue caminando frente a mí, a ratos mirando hacia atrás por encima de su hombro, hasta que me acerco. Entonces me toma la mano y dice que tiene que enseñarme un sitio, que está cerca, y me dejo llevar por sus pasos de pronto acelerados. Esta noche me da igual. Sé que probablemente mi madre me echará la bronca por no avisar de que vuelvo tarde, pero siento que sólo esto importa, o que nada tiene importancia.
Camino deprisa, un tanto adelantado a Sakura, que tiene que indicarme todo el rato por dónde ir porque me niego a bajar el ritmo. Ella lo mantiene a mi espalda, sin soltarme la mano, hasta que llegamos a un edificio entre tantos. Sakura frena y tira de mi brazo, obligándome a parar también. Veo que se acerca al portal y abre con llave, pero esta no es su casa. La miro con una ceja alzada y mueve la cabeza para que me acerque mientras abre la puerta.
Subimos en ascensor hasta el último piso. Estamos al lado del centro de la ciudad y la subida parece interminable, pasando un piso tras otro hasta que las puertas se abren y un pasillo se extiende ante nosotros. Caminamos hasta una de las puertas que Sakura abre y cierra, después, según paso. Un piso vacío y silencioso es todo cuanto que encuentro.
-Vivía aquí, hace tiempo – me explica, caminando en la oscuridad. Sigo su figura intermitente según aparece y desaparece por las luces que entran a través de las ventanas – Ahora estamos intentando venderlo, o alquilarlo. La familia que había se ha mudado.
-Como tú, supongo, hace tiempo – contesto, procurando seguir sus pasos.
-Claro. Un piso mejor, dijeron mis padres. Yo echo de menos éste. Me gustaba, no sé, estar tan arriba, mirar por la ventana y ver la ciudad, salir a la terraza cuando hacía buen tiempo… o cuando llovía, ya sabes – se ríe.
-¿Y vivías también a oscuras o tenías electricidad?
-Si quieres encendemos las luces, pero así es más, uhm, artístico, ¿no crees? Te veo entre las luces y las sombras y pienso en una película – desaparece en la oscuridad y, cuando aparece al lado de otra ventana, está con los brazos estirados frente a su rostro, formando con las manos un marco en el que supongo me encuadra ahora mismo – O en fotos.
-En dibujos.
Asiente, bajando los brazos, y apoya la cabeza contra el cristal. Me mira sonriente según me acerco hasta estar bajo esa misma luz, apoyando también la cabeza. La terrible duda acerca de qué estoy haciendo aquí pasa un instante por mi cabeza, pero la aparto sustituyéndola por otra:
-¿Por qué me has traído aquí?
Sakura separa la cabeza del cristal, un gesto sorprendido en su rostro.
-Pensé que te gustaría.
-Y no te equivocabas.
-Entonces, ¿qué más motivos quieres?
Camina hacia atrás, fundiéndose con las sombras. Sigo lo poco que veo de ella y el sonido de sus pasos hasta que llegamos a una habitación con una amplia cristalera. Aquí no hay lugar donde esconderse, siquiera de las miradas de los posibles curiosos que pueda haber en el edificio de enfrente, al otro lado de la avenida por la que pasan rápidos los coches.
Giro la cabeza hacia Sakura cuando oigo que algo cae al suelo. Se ha quitado la chaqueta, y como esta noche en el restaurante donde hemos cenado con Ten-ten y Shikamaru, la piel de sus brazos se eriza.
-Éste era el despacho. Al principio de mi madre, luego de todos – me cuenta con la mirada perdida al otro lado del cristal – Me pasaba horas aquí practicando con el piano, y a veces nos peleábamos para estar solos entre estas paredes. Durante el día había bastante ruido, pero la luz, Sasuke, era perfecta para trabajar, y tantas otras cosas… -. Entonces agita la cabeza y me sonríe – Debo estar abrumándote con tanta frasecita sentimental.
-No me importa – le digo.
-Ya, sí, nunca te importa nada.
-Lo que quiero decir es que no me molesta, y que me gusta escucharte.
-Bueno, eso suena mejor que tu indiferencia habitual.
-Pero dime, ¿eres siempre así, con todo el mundo?
-¿Así cómo? – me pregunta, apoyando la espalda contra la pared. Yo sigo de pie en medio de la habitación.
-Así. Un día vienes con, como tú las llamas, frasecitas sentimentales y enseñándome tu antigua casa y hablándome de cosas personales y al siguiente, no sueltas más que algún saludo.
Sonríe y baja la cabeza, mirando sus piernas.
-No lo sé, creo que soy así contigo y poca gente más. Casos particulares. Normalmente soy bastante, pues eso, normal. Con mis extrañezas, pero normal – levanta la vista hacia mis ojos – Sois casos particulares porque sólo con gente como tú pasan cosas de estas. Estos momentos, ¿entiendes?, que no sé de dónde salen. Momentos en los que todo se vuelve íntimo de golpe, pero al día siguiente, nada. Al día siguiente, ningún tipo de… conexión. No sé si me estoy explicando.
-Creo que lo entiendo.
-O podría ser todo una técnica de seducción -. Se separa de la pared y se acerca a mí – Un tira y afloja de atención e intimidad contra pasotismo y distancia para, yo qué sé, llamar tu atención o algo así.
-¿O algo así? – me río – Veo que llevas preparadísima la técnica.
-En realidad la técnica depende de esos momentos, así que es azarosa y probablemente inefectiva, porque necesito de esa conexión para hacer cualquier cosa y para que cualquier cosa suceda.
-¿Cualquier cosa como olvidarnos de una fiesta en un pasillo?
Asiente con la cabeza y añade:
-Como tomarte la mano y llevarte hasta mi antigua casa y hablar de estas mierdas.
-Pero esto lo has generado tú, no el azar.
-Porque el azar generó que me sintiera tan cómoda contigo por la calle, solos y rodeados de otra gente –. Estira los brazos y dice en un fingido tono críptico – Son los planetas, que se alinean.
-¿Vamos a necesitar una botella que girar?
Resopla, dejando caer los brazos, y me sonrío.
-Eso sería forzadísimo – contesta, sin embargo – Pero lo cierto es que aún pienso en qué habría pasado si hubiésemos jugado más, dónde habríamos llegado.
Sube la mano hasta mi codo y desciende por mi brazo en una caricia que siento a través del jersey. Mis dedos y los suyos vuelven a mezclarse.
-¿Tú te lo planteas? – me pregunta, sus ojos fijos en los míos mientras nos acercamos un tanto más, apenas medio paso, quizás menos.
-¿Quién no lo haría? – contesto.
-Cierra los ojos – me dice, y respondo frunciendo el ceño – Hazme caso y cierra los ojos.
Lo hago. Durante un par de segundos sólo oigo a Sakura tomar aire, el ir y venir de los coches por la calle y mi corazón bombeando con fuerza la sangre. Entonces ella habla, y siento su aliento suave chocando contra mis labios. Siquiera había notado que se había acercado tanto:
-Te han retado, Sasuke, te han dicho que me muerdas el cuello y yo he protestado, argumentando que es demasiado para tu primer reto, y en parte es por eso, pero también es porque no quiero que me guste -. Su voz ha tomado un matiz sensual que me hace apretar con más fuerza su mano en la mía y tantear con la cabeza en su dirección apenas, no lo sé, nada, un movimiento levísimo que se me escapa – Pero esta vez, tras apartarme el pelo del cuello y notar cómo te acercabas, me he callado. No hay peticiones por mi parte.
Subo la mano libre por su brazo según lo encuentro mientras ella se mantiene en silencio, mis ojos aún cerrados. Descubro su hombro, después su cuello desnudo. Apoyo un segundo mi frente en la suya, pienso en sus labios y en que sería sencillo, tan, tan sencillo… pero muevo mi cabeza hasta mi mano, ésa con la que toco su cuello. Lo acaricio según la aparto, y doy un beso antes de morder con suavidad. El suspiro que brota de Sakura es todavía más sensual que su voz hace un instante.
Nota de la Autora:
¡Hola!
Antes que nada, soy perfectamente consciente de que actualizo los martes o, en su defecto, los miércoles, pero veréis: este miércoles es mi último examen y mañana voy a dedicar el día entero a estudiar, así que... ¡actualización para alegraros el lunes! XD
Además este capítulo me quedó un poco más largo, así que lo podréis disfrutar más rato - ¡o al menos espero que lo hagáis!
Espero que os guste mucho y me dejéis alguna review que otra, para que yo lo sepa ;) No hay nada que me anime más a seguir que leer lo que opináis de lo que escribo ^^
Muchas gracias a todos lo que lo hacéis, entre ellos, el anónimo o anónima que se ha animado estas últimas semanas, al que le digo: ¡no te mueras! xD Tienes que seguir leyendo para saber lo que pasa.
También gracias a todos los que habéis comentado en anteriores ocasiones y a todos los que dedicáis vuestro tiempo a leerme, aunque no comentéis.
¡Un abrazo!
Misora.
PD: Deseadme suerte para el examen del miércoles, que es de los más complicados a los que me he enfrentado hasta la fecha T_T
