Merezco que me quemen con leña verde ¡lo sé! Y es que ya son más de cuatro semanas que no actualizaba… al principio estaba –como mencione en mi otro fic- en un estado de negación, no quería terminar esta historia ;_; pero todo llega a su fin… y cuando me disponía a escribir ¡pum! Ochorrosientos mil exámenes, trabajos, exposiciones y etc etc… así que avanzaba muy poco, pero ¡por fin!
Sinceramente no pensé que quedaría tan largo este ultimo capitulo, le puse muchas ganas por que TwT hay mucho sentimiento… o eso pretendí, mucha música emocional e inspiradora… especialmente Stories de Code Geass (y no me gusta este anime) y muchos otros OST maravillosos.
Bueno los dejo que lean y cuando terminen al final les suelto otro choro…
Disclaimer: One piece no me pertenece, todo es obra del gran Eiichiro Oda
La sangre del Rey no ha muerto
Lazo
Le dolía la cabeza con gran fuerza, sus ojos mostraban un evidente cansancio pues en realidad no había podido pegar el ojo en toda la noche. Pensaba en todo lo ocurrido el día anterior, en sus impertinencias y lo egoísta que había actuado. Pero esa era su manera de ser, así había elegido vivir desde aquel día donde el infortunio se atravesó en su camino. Sin embargo, las duras palabras de Ace se quedaron muy grabadas en su mente ¿debería de cambiar su manera de actuar? Eso era lo que se preguntaba, no conocía otra manera para pagar su deuda con sus nakama ¿qué otra alternativa le quedaba?
A primera hora del día Makoto ingresó a la choza para revisar de nueva cuenta a Bellany, no lucia mejor que el día anterior. Se mantenía seria mientras el hombre se encargaba de atender los golpes que ya eran visibles en su abdomen, no eran nada serio pero habían dejado marca. Su mirada estaba perdida, algo decepcionada también, la verdad, esperaba que Ace entrara esa mañana junto con Makoto, pero no fue así.
Sabía que eso no significaba que no le importara su estado de salud, después de todo él fue quien se encargó de traerla de vuelta, lo había hecho enfadar -como siempre- y eso le ponía triste. Sin embargo, muchas veces le advirtió que desistiera en el tema sobre ayudar a las personas que necesitaban de apoyo ¿por qué no podía entenderla? Cierto, ellos diferían en prioridades. Ace siempre poniéndola a ella delante de todo y ella poniéndolos a ellos.
-Ace nos ha contado sobre lo que hablaron anoche –dijo con seriedad el hombre.
-Lo suponía.
-No tienes por qué sacrificarte de esa manera.
-Es algo que yo he decidido.
-Eres una buena chica Bellany-chan –acarició su cabeza-. Si yo estuviera en la posición de tus antiguos Nakama no me gustaría ver que te expones de esa manera.
-No sé qué más puedo hacer –expresó con la voz quebrada.
-Vivir, con dignidad y aprovechando al máximo la vida… así honraras la muerte de tus compañeros.
-¿Cómo podría hacer eso? ¿Cómo se supone que disfrute de la vida, si hay gente que murió por mi culpa?
-Simple…vive por ellos, no mueras por ellos.
-Yo…
-No desperdicies el preciado regalo que tus Nakama te dieron, así se sentirán honrados.
-Soy un fraude –dijo con aflicción.
-Eres un poco boba, es todo –habló con humor-. No permitas que Akainu arruine tu vida.
-Sakazuki…él no me dejara vivir en paz –dijo con rencor.
-Si tienes suficiente valor, que no lo dudo, él no será un obstáculo.
-No quiero que... no quiero que lastime a Ace –se llevó las manos al rostro para ocultar su llanto.
-Hiken no se dejará intimidar por nadie, incluyendo a ese sujeto.
-No quiero que se involucre conmigo, no deseo arrástralo a una desgracia a él también.
-Bueno, Ace no aparece concordar contigo en eso.
- Yo en verdad puse todo mi empeño para no enamorarme de él… pero al final no pude evitarlo.
-No hay nada de malo en querer a una persona. Sin importar quien sea.
-Esto es imposible Makoto.
-Solo si así lo quieres…tienen sentimientos mutuos ¿no? Eso es más que suficiente para romper cualquier barrera que se atraviese entre ambos. Si lo deseas puedes lograrlo.
-Tendré que pensarlo –dijo con una mueca.
-No te queda mucho tiempo, así que, si vas a darle una respuesta definitiva a ese muchacho… piénsalo adecuadamente.
Sería la última vez que caminara bajo ese sendero mojado, sobre el suelo emblandecido lleno de raíces gruesas estorbando el paso. No era lo que había planeado para una despedida, pero tenía que hacerlo, por el bien de ambos y especialmente el de ella. A decir verdad pocas ganas tenia de tener que entablar una conversación con ese sujeto, sin embargo, esa era su última opción.
Sacó el papel de su bolcillo para revisar de nueva cuenta la dirección, fijó su vista en la esquina de la calle para asegurarse de que estaba en el lugar correcto. Caminó estoico como siempre, con la mirada dura y objetivo en mente; no debía olvidarlo si quería hablar civilizadamente frente a él.
Tocó la puerta un par de veces y esperó a que saliera alguien para atenderlo. Apretó los puños con fuerza arrugando el papel que mantenía en su mano, tenía que controlarse y dejarse de juegos, después de todo era una situación delicada. El sujeto detrás de la puerta quedó igual de sorprendido que Hiken, hizo una mueca y terminó por abrirla para poder salir.
-¿Cómo es que tú estás aquí? –cuestionó con aparente molestia.
-Muy astuto al dejar esto – Ace le arrojó el papel-. Pero no he venido a iniciar una pelea.
-¿Entonces?
-Necesito tu ayuda Liam.
-Es la segunda vez que cruzamos palabras ¿y me estas pidiendo ayuda? –ironizó-. No tengo intenciones de ayudarte en nada.
-No es para mí –agudizó su mirada-. Sabes que tú y yo solo tenemos algo en común, y si no fuera por eso jamás estaría hablando contigo.
-¿Qué hay con Bellany?
-Necesito…
Pauso su habla, no quería decirlo, no a él, pero ya no le quedaba tiempo y si esa era la única opción para asegurarse de que ella estaría a salvo, lo haría; aunque eso implicara una posibilidad de perderla.
-¿Si?
-Necesito que cuides de Bellany de ahora en adelante.
-Vaya… para que me pidas eso debes de estar muy desesperado –habló con arrogancia- ¿acaso Hiken no Ace no puede hacer eso? No creas que no me percate de quien eras con solo verte.
Quería quemarlo vivo como la primera vez, pero tenía que contenerse, después de todo y muy a su pesar, no estaba mintiendo. Él ya no podía proteger a Bellany, no hasta que volviera… y eso sería en mucho tiempo. Después de la probada sobre las consecuencias que podrían ocurrir en su ausencia, era preferible verla en brazos de otro hombre que soportar el hecho de que en alguna osada acción perdiera la vida.
-No puedo, no por ahora –contestó con mucha amargura.
-Lo supuse –sonrió ante la respuesta-. Oye, seré sincero contigo: no me agradas y sé que yo tampoco te agrado. Aun así –resopló- admiro lo que estás haciendo.
-Sé que has sido una persona importante para ella, es probable que te haga más caso a ti.
-Es terca por naturaleza. ¿Qué ha pasado en el manglar?
-Ayer sufrió un percance con una banda de piratas…
-¡¿Está bien?! –preguntó exaltado.
-Sí, lo está. Pero es por ello que no quiero que algo así vuelva a ocurrir.
-Resumiendo todo, me estas pidiendo que la aleje del manglar ¿no es así?
-Correcto.
-Sera algo complicado –se rascó la nuca-, pero por el bien de ella lo haré.
-Gracias Liam –sonrió fingidamente.
-Debes de estar muy confiado sobre los sentimientos de Bellany. Entregarle a la chica que quieres a un rival… eso no se ve todos los días.
-No es eso…
-Descuida, si ella te ama no te traicionara… aunque de mi parte no te prometo desistir –le sonrió.
-Sí, eso esperaba –se encogió de hombros.
-Hey Ace ¿quieres tomar algo?
-¿Por qué no?
Poco le importaban sus golpes, no dolían tanto si se mantenía quieta, pero no podía hacerlo más. Había esperado todo el día por su llegada y nada, ¿acaso no quería verla? Era su ultimo día en la isla y había sido desaprovechado totalmente; por eso decidió irse a caminar entre el manglar. Ya no podía soportar las ansias que estaban comiéndola poco a poco, mirando contantemente hacia la entrada con la esperanza de verlo llegar, la tarde estaba cayendo y aún no había señales de él.
Caminaba tomando más precauciones de lo normal, no quería lastimar más su mal trecho cuerpo. Se recargó contra una prominente raíz y bufó de enfado, se agachó para tomar una piedra la cual arrojó contra la nada, mantuvo su vista gacha esperando escuchar el sonido del golpe; pero no fue así.
Alzó su cabeza para ver que sucedía, la roca no había tocado el suelo o alguna otra superficie pues fue atrapada por alguien, específicamente Ace. Lo miró un poco apenada mientras él se dirigía hacia ella, saliendo de entre la espesura del manglar. No sabía que decirle, tenía muchos deseos de verlo, pero no había pensado en como entablar una conversación apropiada, después de todo seguía muy indecisa sobre la respuesta que le daría.
-No nos hemos visto en todo el día ¿y es así como me recibes? –preguntó mientras saltaba la última raíz que los separaba.
-Fue sin querer, no te mire –desvió su mirada de él.
-¿Debería creerte? Esa piedra iba directo hacia mí.
-Lo siento.
-¿Qué haces aquí afuera? ¿No deberías de estar descansado?
-Estaba aburrida, por eso salí. Además, mis heridas no son graves.
- Aun así, prefiero que aguardes hasta que estés recuperada del todo.
-¿En dónde estuviste? –Preguntó con algo de pena mientras comenzaba a caminar de regreso.
-Cuando lleguemos a la choza te contare.
-Bien…
Ninguno dijo palabra alguna, no estaban muy lejos pero el camino pareció eterno. Había un dolor en el pecho de ambos, oprimiendo sus corazones, pidiendo a gritos un poco de tiempo más. ¿Por qué tenían que terminar las cosas de esa manera? ¿Había sido un error el haberse enamorado? No, claro que no, era lo que pensaba Ace, en ello había descubierto emociones muy placenteras que lo llenaban de felicidad, algo que te hace feliz de ese modo no puede ser malo, era una lástima tenía que admitir, que también con esa felicidad venia el dolor incluido.
¿Qué iba hacer ahora? Hasta hace un par de días estaba totalmente convencido que todo marcharía a la perfección, pero al final, parecía todo estársele yendo de las manos. Cuando más cerca parecía estar de Bellany tenía que pasar eso, aumentando su preocupación por dejarla sola. Aunque ya hubiera pedido ayuda de Liam eso no le satisfacía, necesitaba ser él quien se cerciorara de que nada malo le ocurriría, pero eso era algo imposible por el momento, para su gran molestia.
El sonido de las gotas chocando y el viento que azotaba la cabaña era todo lo que sus oídos percibían, ninguno quería hablar, no sabían a ciencia cierta qué era lo mejor para decir; había tantas cosas y tan poco tiempo. Al final fue Ace quien rompió el silencio.
-¿Qué te ha dicho Makoto?
-Que estoy bien, no fue nada grave.
-¿Ellos no te hicieron nada más? –preguntó con voz severa.
-No… solo me golpearon.
-Bien por ellos…
-Entonces ¿dónde estuviste? –Preguntó antes de sentarse sobre el piso.
-No me lo creerás pero… fui a ver a Liam.
-Eso es mentira, no sabes donde vive.
-Por ello fue una gran fortuna que no te llevaras tus cosas el día de ayer –se acomodó junto a ella.
-¿Revisaste mis pertenencias?
-Fue por una buena causa –le sonrió-, ya se me hacía muy sospechosa tu actitud cuando Azusa te dio el sobre.
-No te lo dije para que no te enfadaras –dijo con pena.
-Al final me fue de utilidad.
-¿Puedo saber para que lo fuiste a ver?
-Le he pedido que cuide de ti en mi ausencia –confesó con pesar.
-Ace… ¿Por qué has hecho eso? –preguntó preocupada.
-Porque no quiero que te pase algo malo, pensé que Liam sería el adecuado para protegerte.
-Creí que tú lo odiabas…
-Supongo que es más fuerte el amor que siento por ti, que el odio hacia él.
-No seas tonto –dijo completamente sonrojada.
-Él no es mal sujeto. De hecho bebimos juntos.
-Si no lo escuchara de tus propios labios probablemente no lo creería.
-¿No pelearas esta vez por haber hecho eso?
-Por esta vez lo dejare pasar… tampoco es como si él fuera a retenerme definitivamente, siempre hay una manera de escapar.
-Espero que sea lo suficiente astuto como para evitar que eso suceda.
-Tratándose de él probablemente encuentre la forma.
-Solo quiero que te mantenga segura… y en una sola pieza si es posible –dijo con humor.
-Creo que estamos de acuerdo en la última parte.
-Entonces –su puso de pie-, iré con Muchi para hablar sobre la salida de mañana.
-Pero si acabas de llegar –le reclamó.
-Volveré pronto.
-Está bien –cedió no muy convencida.
No quería verlo partir, deseaba con todas sus fuerzas que el día de mañana jamás llegara, pero eso no iba a suceder, no se podía jugar con el tiempo. Aun no sabía que decirle, estaba insegura en si dejar el manglar era buena opción o no, ese había sido su estilo de vida durante los últimos dos años, su refugio para no sentirse más culpable de lo que ya se sentía por la muerte de sus nakama. ¿Pero cómo negarle esa petición a Ace? Él había hecho muchas cosas por ella, siempre a su lado protegiéndola sin importar que, entonces estaba en un predicamento… era Ace o ella.
Para cuando Ace volvió la encontró dormida, se puso de cuclillas a su lado y la observó. No podía creer cuanto la quería, lo suficiente como para dejar todo a la borda… pero esa no era su manera de ser, no era la forma en que él hacia las cosas. Ya habría tiempo de disfrutar la vida que recién llegaba a sus ojos, una tranquila donde ella estaba a su lado. Era la última noche, la última durante mucho tiempo… si es que no pasaba algo más.
-Ace –lo llamó con la voz adormilada.
-¿Te desperté?
-No, en realidad no estaba durmiendo del todo –tomó asiento cruzando las piernas.
-Saldremos a primera hora –dijo tajante.
-Mañana será un buen día –sonrió con amargura.
-No pongas esa cara…
-He estado pensando sobre todo lo que hemos hablado… sobre dejar el manglar…
-¿Qué has elegido?
-Te elijó a ti Portgas D. Ace.
-¿Eso es? –Preguntó apenado.
-Tratare de no hacerlo más... prometo esforzarme.
-Me da gusto oír eso, pero por las dudas aun dejaré que Liam te vigile.
-No sé qué pensar con respecto a eso… me estas tirando a brazos del enemigo –dijo ofendida.
-¿Crees que fue fácil para mí tomar esa decisión?
-Pues así parece.
-Bellany… yo confío en tus sentimientos –declaró con seriedad.
-Me alegra, porque no hay razones para dudar de ellos.
-Lo sé.
- Yo… quiero mostrártelos Ace.
Rodeó con sus brazos el cuello del moreno para poder atraerlo hacia ella, las rodillas de Ace chocaron contra el piso en un sonido seco, este llevó sus manos en un afable abrazo y cedió ante el que era el primer beso que Bellany robaba de sus labios.
El contacto era cálido, suave, con movimientos sutiles que hacían referencia a cuanto le satisfacía apoderarse de su boca y degustar sin prisa su sabor. Era una sensación diferente, y no es que las ocasiones anteriores hayan estado mal, sino que, esta vez estaba entregándolo todo, dejándose llevar sin remordimientos y pesares. Ese beso era una declaración abierta de la decisión que había tomado.
No quería tener que despegarse de su boca, estaba disfrutando enormemente de ese momento tan especial, pero al parecer era él quien deseaba que el acto finalizara. Delicadamente fue retrayéndose para liberar la opresión de la que estaban siendo presos sus labios, la miró un tanto expectante por lo que acababa de hacer.
-No me esperaba eso –dijo con el semblante sonrojado.
-Es solo la manera para demostrar mis sentimientos hacia a ti –respondió igual de ruborizada-. No sabía exactamente como transmitirlo con palabras, así que pensé que sería mejor con acciones…
-Creo que has obtenido éxito en tu demostración.
-Perdón si fui algo brusca…
-Ha estado bien –sonrió-. Entonces ¿yo también puedo mostrarte mis sentimientos?
De nuevo estaban experimentando el placer de compartir el aliento cerca uno del otro, de la suavidad de sus labios rosarse en caricias que iban más allá de la simple fricción de ambos. La espiración de Ace era ígnea como siempre, dando un calor reconfortante para ella, mismo que entraba por su boca y parecía colarse hasta el interior de su ser.
Al parecer los sentimientos del moreno iban mucho más allá, el sencillo beso poco a poco se iba transformando en un acto más pasional. Aun sin despegarse de ella la llevó contra el suelo, se colocó a horcajadas sobre la chica, quien solo se limitó a seguir los movimientos de Hiken. Usaba una mano para apoyarse contra el piso y en medio del espacio que quedaba entre ellos dos deslizó la otra para desabotonar la camisa de Bellany, sin embargo, en su torpe intento no obtuvo éxito, al parecer esos condados botones querían guerra.
No es que estuviera desesperado, simplemente quería tocar su piel en lugar de la estorbosa tela. En un nuevo intento por librarse de la botonadura su impaciencia estalló; prendió una tenue llama en su dedo índice y como si estuviera cortando mantequilla pasó el fuego sobre los hilos de los botones para deshebrarlos y con ello no tener más complicaciones.
La morena ni siquiera se dio cuenta de eso, estaba muy concentrada en no perder la sincronía con los labios de Ace, hundiendo sus dedos entre los ondulados cabellos negros. Un suspiró ahogado escapó de sus labios una vez que la mano abrazadora de él tocó su abdomen, con lentitud comenzó a subir su caricia, degustando cada centímetro de su tersa piel. Sin pedir permiso acarició uno de sus pechos por encima del sostén, apenas Bellany pudo musitar el nombre de Ace ante sus provocadoras acciones.
Su temperatura corporal estaba aumentando, dejando escapar sus poderes lentamente; sofocando el ambiente e induciendo un ligero ardor en la piel de la morena. La deseaba demasiado, aunque más que deseo puro, era como intentaba manifestar todo lo que le hacía sentir. La mano de Ace volvió a bajar con calma hasta su muslo, tocando la piel desnuda de sus piernas gracias al short que llevaba puesto. De nueva cuenta escapó su nombre, "Ace", de placer.
Inconscientemente sus manos se dirigieron hacia su entrepierna, rozando lo más sensible de ella hasta llegar al botón de la prenda que le estorbaba. Quitó el botón y cuando estaba a punto de tirar de la cremallera, en un brusco movimiento, Bellany se movió para impedírselo. Lo empujó de los hombros solo con la suficiente fuerza para quitárselo de encima.
Se levantó deprisa y caminó trastabillando hasta la puerta, Ace la había dejado completamente desequilibrada, tenerlo así era mucho para ella. Suspiró cansada, se recargó en el umbral y volvió su vista hacia él; la miraba un poco absorto, siempre hacia cosas que no podía predecir del todo.
-Yo…
-Creo que fui mas allá de la cuenta, discúlpame si me propase.
-No es eso –dijo apenada.
-¿Entonces? –Preguntó Ace sonrojado, la blusa de ella seguía abierta dejando a la vista sus pechos.
-Es que yo… -Se detuvo al notar la fija mirada del moreno.
Llevó las manos a su blusa y trató de abrocharla, por obvias razones no obtuvo éxito. Al darse cuenta de lo que había pasado solo se limitó a reír y sostenerla por encima.
-También lo siento por eso –habló con preocupación el pecoso.
-No pasa nada –le sonrió-. Ace… yo –sonaba nerviosa- nunca he estado de esta manera con algún otro hombre…
-No pasara nada si tú no quieres –respondió con una sonrisa.
-Creo que… estoy algo nerviosa.
-Bellany –se levantó y caminó hasta ella. Le acarició la mejilla-. Quiero demostrarte todo lo que siento… pero solo si estas dispuesta a aceptarlo completamente.
-Quiero aceptarlos…
-Tenerte conmigo es de las mejores cosas que me han pasado.
-Lo miso digo –le sonrió-. Ace, hagamos una promesa, como amigos que somos.
-¿De qué tipo?
-Volveremos a encontrarnos más adelante, no importa lo que pase entre nosotros en estos años… quiero verte de nueva cuenta, aunque sea solo como amigos.
-Suena bien para mí, sin importar nada, prometo que nos encontraremos en el futuro.
-Es un pacto entonces.
-Volveremos a estar juntos…
-Así será –lo abrazó-. Con ello estoy dispuesta a recibir todos tus sentimientos –susurró en su oído.
-Seré cuidadoso –la besó-. Tienes que saber cuánto significas para mí, lo mucho que te amo.
No olvidaría esa sensación en ningún segundo de lo que le restaba de vida, el calor que su cuerpo emanaba, el sudor que escurría por su anatomía; empapándolo de pies a cabeza, los roces de esas delicadas manos por su espalda, el olor de esa piel. Cada beso depositado en el lugar justo y preciso, los sonidos emanaban de su boca; el calor de su interior.
Era más que placer, y si existía un nombre para lo que podía sentir no lo conocía de momento, ni tampoco quería pensar en ello. No importaba que fuera tan descuidado al dominar sus habilidades en esa situación, su piel le quemaba el cuerpo, pero, se sentía espléndidamente… y más que eso. De nuevo la opresión del cuerpo de Ace era asfixiantemente cómoda, incluso las gotas del salado sudor que rodaban por sus cabellos y caían en su boca le sabían de maravilla. Todo era más que perfecto.
Sus manos le ardían por tomar con fuerza su espalda, que al igual que el resto del cuerpo de Ace, estaba prácticamente ardiendo, pero le era imposible moverlas a otro lugar. Se aferraba a él como si no hubiera otro lugar, de vez en cuando rasgándola un poco al compás de los movimientos de él cuando estaba en su interior.
De haber sabido que experimentaría toda esa carga de emociones le hubiera pedido dejar hacerle el amor desde hace mucho, sin embargo, solo tenía esa noche; la primera y última hasta mucho tiempo después. No había centímetro de su piel que sus manos no quisieran tocar, debía recordarla toda completa. Si vestida lograba despertar buena parte de su pasión, su cuerpo despojado de prenda alguna lo excitaba a más no poder, más de lo que cualquier otra mujer lo había logrado. Por otra parte el moreno tampoco estaba para nada mal, físicamente hablando no tenía nada que envidiarle a otra persona, lo tenía todo… absolutamente todo.
Sabía que tenía que ser cuidadoso por las heridas de Bellany, pero en ocasiones, su mente se nublaba por satisfacción de tenerla bajo su yugo, ella solo le limitaba a "quejarse" entre gemidos. No podía, después de todo, pedirle que se detuviera, era un frenesí por parte de ambos, el último suspiro de regocijo de los dos; un primer encuentro, una despedida y una promesa.
¿Tendría acaso el mismo sentimiento Gol D. Roger cuando estaba en la intimidad con su difunta madre Rouge? Si ese era el caso, entonces muy de seguro le habían pasado los mismos pensamientos por los cuales cruzaban su mente en esos instantes. Sus labios descendieron entre besos por lo largo de su tronco hasta terminar en el vientre de ella, se detuvo, alzó un poco la cabeza para observar la zona mejor, una sonrisa de satisfacción se apodero de su rostro. Colocó su hirviente mano sobre esa parte, todo estaba bien… todo estaría bien.
Abrazó su cuerpo húmedo, atrayéndola bajo su brazo para brindarle toda la protección que requería, la acomodó entre su hombro y observó cómo cerraba sus ojos de cansancio. Colocó una manta sobre ambos y suspiró con pesadez, tendría que haber aguantado un poco más…
No quería dormir, pero estaba cansada, sus piernas estaban un tanto entumidas y le dolían un poco los pechos. Abrió los ojos lentamente, solo para encontrarse con la oscura mirada de Ace que la observaba fijamente, sonrió al verla despertar y dejó caer un sutil beso sobre sus labios.
-Perdón…me quede dormida.
-No te preocupes por eso.
Ace se miraba tan peculiarmente apuesto en esa ocasión que la cohibía, especialmente por que recién acababan de hacer el amor. Hundió su rostro en el pecho del moreno, estaba muy apenada.
-¿Qué sucede? –Preguntó Hiken.
-Nada, solo que… -susurró con pena.
-¿Tienes pena? –dijo entre una sonrisa burlona.
-No te rías –lo regañó-. Para ti es normal, ¿Qué se supone que debo hacer ahora?
-Esa fue una mala pregunta –dijo con un aire inusualmente seductor mientras giraba su cuerpo en dirección a ella. Sus ojos se clavaron en los grises de Bellany.
-Deja de mirarme así –pidió totalmente sonrojada.
-Quieres que te diga que hacer ¿o no? –De nuevo usaba ese tono de galán.
-¿Qué es?
-Comenzar de nuevo –le susurró en los labios.
Todo indicaba que la palabra "dormir" no estaba contemplada esa noche…
Los rayos de sol entraban por la puerta, nublando su adormilada vista e impidiéndole ver por completo, pero entre la penumbra de sus ojos distinguía la figura de la persona a la cual se había entregado la noche anterior. Como de costumbre se talló los ojos y con torpes pasos avanzó hasta llegar a él.
Pese a todo parecía feliz, una amplia sonrisa se dibujó en su rostro al contemplarla, la abrazó y depositó un pequeño beso en su frente.
-Buenos días.
-Buenos días, Ace –contestó feliz- ¿ya has ido con Muchi?
-No, estaba esperando a que despertaras.
-Que amable.
-Entonces me iré adelantando, te veo en la costa.
Todos los colores se le subieron al rostro cuando miró las marcas rojas sobre la espalda de Ace, al parecer había sido más ruda de lo que pensó, no había rasguñado su espalda con tanta fuerza ¿o sí? En un modesto grito le pido que se detuviera y regresara antes de que avanzara más, no podía permitir que lo vieran con esa clase de herida en su espalda.
-Ace ¿por qué no usas una camisa? –dijo apenada.
-¿Otra vez con eso? No quiero –se quejó.
-Es que…tu espalda…yo no… -ni siquiera podía decirlo.
El pecoso levantó su brazo para tratar de echar un vistazo, obviamente no alcanzaría a ver nada, pero había una ligera marca en su dorsal que hacía referencia a la condición de todo su dorso.
-Vaya… no me duele, si eso te preocupa –dijo como sin nada.
-Me alegra oír eso… pero no es lo que me preocupa.
-Oye… ¿acaso crees que a estas alturas no intuyen lo que ha pasado? –preguntó con picardía.
-Lo sepan o no, quiero mantenerlos en la especulación, no darles pruebas contundentes.
-¿Te da pena?
-¡Ace! –Le gritó apuñando las manos, lo cual hizo que se quejara.
-¿Qué tienes?
Bellany miró la palma de sus manos, rió tímidamente y le mostró cual era la causa de su incomodidad.
-Yo tampoco salí ilesa –dijo extendiendo sus brazos y abriendo bien las palmas para que el moreno pudiera ver las pequeñas ampollas.
-¿Cómo? –Preguntó algo confundido.
-¿No te diste cuenta? Tu cuerpo estaba casi en llamas –se rió-… aunque sentía que las manos me quemaban cuando tocaba tu espalda, era imposible quitarlas, como si estuvieran pegadas.
-¿Por qué no me lo dijiste? –Tomó sus manos.
-Pues porque… no sé.
-Supongo que estamos a mano.
-Sí, ahora ponte esa camisa.
Las olas del mar bañaban sus descalzos pies, el agua estaba helada y el viento soplaba a favor del navío que se mantenía a la distancia de la costa, meciéndose al compás de la corriente marina; deseoso por zarpar de nueva cuenta en busca de futuras y excitantes aventuras.
La mayoría de los hombres de Muchi ya se encontraban abordando el barco, solo unos pocos quedaban en tierra, aunque prácticamente con un pie en la cubierta. El capitán colocó una mano en el hombro de Bellany y le dedicó una sonrisa dulce, ella se puso de puntas y besó la mejilla del hombre. Los demás pasaban cerca de ella y le tocaban la cabeza o chocaban puños. Había hecho buenos amigos durante el periodo que duro la tormenta, sin duda, recordaría a cada uno de ellos.
Solo quedaba un bote tocando la arena de la playa, el cual abordaría la última persona que deseaba ver partir. Giró hacia atrás para encontrase con él, de pie a la poca distancia observándola, parado como siempre estoicamente, con la frente en alto y con un porte intachable. Ambos sonrieron con elocuencia y caminaron hasta encontrarse, no podían postergar más lo inevitable.
Las manos de ambos se buscaron instantáneamente, con mucha delicadeza Ace alzó ambas para besar los puños de Bellany, las viró y de igual manera besó sus palmas. Dejó que los brazos de la morena rodearan su cuello, él se aferró a su cintura, observando por encima de su cabeza el barco que lo estaba esperando.
-Recuerda que tenemos una promesa. No te perdonare si la rompes.
-¿Tan rápido estas desconfiando de mí? –rompió el abrazo.
-Solo te advierto Portgas.
-Lo tendré en cuenta –dijo sacando un papel de su bolsillo-. Quiero que tengas esto.
-¿Qué es? –preguntó tomando el papel.
-Una vivre card.
-He oído hablar de ellas…
-La mía se la he dado a Luffy en Arabasta. La que tienes ahí es de Marco.
-¿Marco? –Preguntó confundida- ¿Y para que quiero yo su vivre card?
-Por precaución… si algo llegara a pasar, busca a Marco.
-¿Si algo llegara a pasar?
-Sí.
-Vamos Ace, nada malo va suceder –golpeó su pecho-. Pero la tendré conmigo.
-Cuídala.
-Nada de caras tristes, ¿cierto?
-Solo es un hasta pronto –colocó su antebrazo ante ella.
-Bien dicho –chocó su ante brazo con el de él.
-Que infantil…
-Tú has dado pie a que lo hiciera –reclamó en un puchero.
-Te amo –expresó con seriedad mientras acariciaba su mejilla.
-Te amo –dijo antes de que las lágrimas salieran de sus ojos.
-Gracias por todo –secó sus lágrimas con el dorso de su mano.
-De nada, es solo mi hobby, ayudar a extraños.
-Era… -corrigió.
-Claro…
-Es hora de irme… no puedo hacerlos esperar tanto.
-Cuídate mucho por favor… trata de no ser tan impulsivo –pidió mirándolo a los ojos.
-Lo intentare Bellany –sonrió.
-Aguardan por ti…
Sus labios se unieron por última ocasión, en un beso de adiós con sabor a esperanza. Suplicando poder obtener más que efímeros momentos, se había convertido en un vicio, el corazón acelerado a mil por hora necesitaba más tiempo; requería de esa sensación que era capaz al mismo tiempo de llevar sus latidos rápida como lentamente. Cada parte de su cuerpo no quería dejarlo ir, necesitaba su olor, sabor, su voz, el calor del cuerpo, la presencia imponente de su ser. Pero esa sería la última vez que lo tendría ahí para ella, aun no se distanciaba de la humedad de su boca y ya comenzaba a extrañarla.
Fue mucho más profundo, más estrecho, asfixiante e incluso doloroso, experimentando tanto la dicha como la desgracia. Las manos de ambos parecían querer desgarrar la piel, anclándose con vehemencia a esta. Era mejor cesar antes de que fuera todavía más difícil –si es que podía serlo más- el separarse. Nunca antes había experimentado tanto autocontrol y mente fría.
Todo lo que le quedaba era la silueta que poco a poco se alejaba a la distancia, combatiendo con las olas que chocaban contra el bote, viendo partir al que se había convertido en el origen de todo anhelo, de todo deseo por seguir adelante; la persona que cautivo su alma y corazón. Estaba muy segura que mantendría todos los bellos recuerdos que Ace le había dejado, eso sería su pilar de fortaleza hasta que él volviera, victorioso, presumiendo como de costumbre de los piratas de Shirohige. Claro que volvería, sin importar que no fuera para estar con ella.
…
Por alguna extraña razón sabía que ese día pasaría algo distinto, algo anormal, era un extraño presentimiento, sentado sobre el mascaron de proa de su barco, en algún lugar del mar, mirando al cielo se preguntaba que era. Las nubes pasaban, observándolas y tratando de encontrarle alguna forma, pero al parecer ese día su imaginación no estaba muy despierta. ¿Qué será la inquietud que su pecho experimentaba? No estaba seguro, pero sabía que era algo grande.
-¡Luffy! –Gritó Zoro a su capitán.
-¿Qué pasa Zoro? –preguntó algo desganado.
-Un barco se acerca a toda velocidad en nuestra dirección.
-¿Quién?
-No lo sabemos, pero parece que se trata de un barco de grandes dimensiones.
-Me pregunto quién podrá ser –dijo asomándose por el barandal sin mostrar mínima preocupación.
-Luffy, tomate esto más enserio, pueden atacarnos ¿sabes? –Lo regañó Nami.
-Ese barco… me es familiar –habló Robin, quien observaba a través un catalejo.
-¡Quiero ver! –El capitán estiró su brazo hasta tomar el catalejo y echar un vistazo por su cuenta.
-Puedo usar el Coup de Burst para perderlos –propusó Franky.
-No será necesario –Reputó el moreno-. Aunque es extraño.
-¿De quién es ese barco Robin? –preguntó Ussop.
-De la flora de Shirohige.
-¡¿Qué?! –exclamaron todos al uníoslo. Luffy solo se limitó a reír.
-Esta es una gran coincidencia –dijo Brook.
-¿Tienes algún asunto pendiente con ellos? –Cuestionó Sanji al capitán.
-No que recuerde –hizo un mohín-. Desde lo ocurrido en Marineford no he vuelvo a ver a ninguno de esos sujetos.
-¿Qué es lo que querrán? –Se preguntó Chopper mientras se colgaba del barandal y veía como prácticamente estaba por pisarle los talones el monstruoso navío.
El gran barco se puso a la par del Sunny Go, manteniendo la misma velocidad que este. Los Mugiwara estaban aún a la expectativa de que era lo que los temibles hombres de Barbablanca querían con ellos, tal vez solo saludar al hermano Ace, ¿Qué más podían desear?
Luffy pidió a Franky detenerse y tirar el ancla, inmediatamente el carpintero obedeció la orden del capitán; una vez detenido, el gran barco vecino hizo lo mismo. Un gran tablón cayó sobre la cubierta del Sunny, iba desde el navío que asemejaba al imponente Moby dick hasta aquel, fungiendo como un puente provisional.
El primero en dejarse ver fue el capitán de la gloriosa tripulación, Marco, seguido de Jozu, Vista y Fossa. Caminaban sonrientes y con mucho ánimo, a diferencia de los tensos tripulantes del grupo de los Mugiwara. No había razones para desconfiar de ellos, después de todo, esos valientes piratas habían protegido a Luffy en la guerra hace más de dos años; sin embargo, tenían que mantener la guardia en alto por cualquier cosa.
-Mugiwara no Luffy, ha pasado mucho tiempo –saludó Marco.
-Marco ¿Qué estás haciendo por aquí?
-Vaya que son escurridizos, nos ha tomado buen tiempo dar con su ubicación –dijo Vista.
-¿Qué buscan? –Preguntó con seriedad Zoro.
-No es normal que piratas como ustedes vengan a socializar solo porque si –Esta vez era Sanji.
-Tienes razón –rió Marco-. En realidad he venido porque alguien me ha pedido buscarte.
-¿Te pidieron buscar a Luffy? –preguntó confundido Ussop.
-Así es…
-Además hay alguien que de seguro te alegrara conocer –expresó Fossa.
-¡No corras! –Se escuchó gritar a Haruta.
Del improvisado puente bajaba corriendo un diminuto niño, al parecer le estaba dando problemas al comandante de la décima división, quien a toda prisa corría detrás de él. El pequeño parecía estar encantando haciendo rabiar al mayor, pues sonreía de oreja a oreja. Cuando tocó la cubierta del Sunny se dirigió hasta los pies de Jozu, quien solo le sonrió.
-Siempre problemático Gray –dijo el grandulón.
-Ven a acá –lo llamó Marco y posteriormente lo tomó entre sus brazos.
-Todo el tiempo está escapándose, les he dicho que hay que amarrarlo con una cadena –dijo enfadado Haruta que recién llegaba a donde estaban los demás.
-No sabía que tenías un hijo Marco –dijo sonriendo Luffy.
-Te equivocas, él no es mío… obsérvalo bien –Dejó de nueva cuenta al niño en el suelo y este camino hasta Luffy, quien con el resto de los mugiwara observaba detenidamente al infante.
A juzgar por su estatura y el hecho de que apenas decía una cuantas palabras entendibles, debería de tener alrededor de dos años. Cabello negro como la noche, ojos grises y mirada recia… demasiada de hecho para un bebe. Con excepción del despistado capitán a todos parecía habérsele caído la mandíbula al suelo, si lo miraban bien realmente era idéntico a "él".
El pequeño parecía tener especial interés en Luffy, pues no dejaba de verlo, este a su vez seguía pensando en tomarle algún parecido, pero como cuando observaba las nubes, su imaginación estaba escasa en esos momentos.
El chillido de la tabla llamó la atención de todos, de ella nuevamente bajan tres personas, entre las cuales figuraba una mujer, los otros dos que la acompañaban se trataba de Izou y Rakuyou. El bebe corrió en dirección a la dama, la cual lo tomó en brazos y siguió su camino hasta la tripulación anfitriona. La mente de todos procesaba la información visual lo más rápido que podía.
-Al fin nos conocemos, Monkey D. Luffy –dijo con alegría la mujer.
-¿Te conozco?
-No, pero me han contado mucho sobre ti.
-Ya veo.
-Gray se ha adelantado, pensaba hablar contigo antes de presentártelo –dijo observando al niño.
-¿Qué tiene de especial ese bebe? –dijo algo irritado al no comprender la situación.
-Luffy, ¿acaso no te has dado cuenta? –preguntó Nami.
-¿De qué? –frunció el ceño.
-Eres tal como Ace te describió –rio la mujer de cabellos oscuros.
-¿Conoces a mi hermano? –Cuestionó con mucha curiosidad.
-Si…
-Entonces no me cabe la menor duda ahora –dijo Chopper.
-¿De qué? –La inocente mente del capitán no captaba aun.
-Vaya, sí que eres lento Mugiwara –expresó con decepción Izou.
-Déjame presentarme. Mi nombre es Bellany, mucho gusto.
-¿En verdad no encuentras ningún parecido? –Marco volvió a poner al bebe en frente a su rostro.
El moreno agudizó su vista, clavando con cada segundo que pasaba más sus ojos en el chiquillo azabache. Jamás lo hubiera considerado como opción, por ello no había necesidad de pensar en que Ace habría de… tener un hijo. Pero era verdad, ese condenado renacuajo frente a sus ojos era sumamente parecido a su hermano, si tan solo las pequeñas pecas que resultaban imperceptibles a simple vista fueran más notorias, sería sin duda alguna, el vivo retrato de Ace.
Sus orbes bailaban ante la incredulidad, incluso una risa nerviosa estaba escapando inconscientemente de su boca. Tomó al pequeño entre sus brazos y sonrió, lo alzó un poco para verlo mejor… era imposible, Ace jamás le hubiera ocultado que tenía un hijo, más allá de eso, ¿Cuándo había pasado? El apenas parecía tener la misma edad que… el tiempo que Ace llevaba muerto.
La risa nerviosa que se había apoderado de él lentamente se fue transformando en un llanto tenue, lleno de sentimiento por tener frente a sus ojos una parte de su amado hermano, estaba feliz por no haberlo perdido del todo. La voluntad de Ace seguía viva y podía tocarla, podía verla sonreír y balbucear.
-Ace y yo nos conocimos poco después de su encuentro en Arabasta –comenzó a explicar Bellany-. Él quedó atrapado en mi isla natal, lo ayude durante el tiempo que tuvo que permanecer ahí.
-Ya veo… -dijo Luffy un poco turbado.
-Las cosas eran complicadas para ambos, yo no podía salir de la isla y Ace debía de seguir su caza a Kurohige –prosiguió-. Un mes después de estar juntos, el partió hacia Banaro… ya sabes lo que ocurrió en ese lugar –dijo con despecho.
-¿Estás bien Luffy? –preguntó Zoro.
-Si… continúa por favor.
-Tu hermano y yo solo estuvimos una noche juntos, así que jamás sospeche que estaría embarazada –habló con humor-. Prometimos que nos encontraríamos de nuevo…
-Él prometió no morir…
-Fue muy extraño… desde el momento en que me entere sobre la ejecución de Ace me volví loca, no sabía qué hacer, no sabía a dónde ir o a quien buscar. Estaba realmente desesperada –su voz denotaba aflicción-. Después me entere sobre lo que estaba pasando en Impel Down, fue un rayo de esperanza él que estuvieras tratando de recuperar a Ace…
Las miradas de todos estaban sobre el capitán de los Mugiwara, aún era muy difícil recordar todo.
-Debo agradecerte mucho el que hayas tratado de salvar a Ace, en verdad, no sabes lo feliz que me hizo saber que estabas ahí con él, que no estaba solo en esa guerra –expresó con la voz quebrada.
Luffy escondía sus lágrimas entre la sombra de su sombrero, todos estaban igual al borde del llanto. Si había un tema especialmente doloroso tanto como para los Mugiwara como para los hombres de Shirohige, ese era los terribles acontecimientos de la guerra en MarineFord.
-Esa misma noche, después de la muerte de Ace, supe que estaba esperando un bebe. Estaba en tan mal estado que fui hospitalizada… ahí fue cuando me dieron la noticia –dijo con una sonrisa-. El día más triste en mi vida, también fue él más feliz… Estaba esperando un hijo de Ace, pero él no estaría para conocerlo…
Desgraciadamente, tengo familiaridad política con Akainu –La mirada de todos se desvió a ella-. Por ello sabía que tenía que proteger a este niño, esconderlo y asegurarme de que nada malo le ocurriese.
Una vez que Gray nació me enfoque en buscar a Marco, tarde algunos meses, pero desde el momento en que les conté sobre lo sucedido no dudaron en darme su apoyo –miró a Marco con una sonrisa-. Ellos cuidan muy bien de Gray…
No sabía que decir, como reaccionar ante la noticia, era una muy buena; demasiado para ser verdad. No había necesidad para dudarlo, después de todo, la personita que seguía alzando entre sus brazos era el reflejo vivo de su difunto hermano Portgas D. Ace.
-Gracias –dijo Luffy recuperando su tono normal de voz.
-No me des las gracias, eres el hermano de Ace, es tu derecho el saber de la existencia de Gray.
-Quedamos igual de sorprendidos cuando escuchamos esa historia –habló Marco-. Al principio no podía creerla, pero una vez que describió a tu impulsivo hermano no tuvimos duda, menos cuando miramos a Gray…
-Así que tú eres el hijo de Ace –le dijo al niño, el cual lo observaba un tanto expectante.
-Luffy, no estoy aquí solo para decirte de la existencia de nuestro hijo. Tengo un favor que pedirte.
-¿Cuál? –miró a la mujer.
-Hasta ahora las únicas personas que conocen la identidad de Gray son los piratas de Shirohige, y ahora tu tripulación. No quiero que este niño pase por lo mismo que Ace, no quiero que odie el recuerdo de su padre… por ello lo mantendré oculto del mundo hasta que pueda valerse por sí mismo.
-Entiendo.
-Por eso quiero que… una vez que te conviertas en Rey de los piratas te lleves a Gray contigo y lo entrenes para convertirse en un gran pirata.
-Eso es… -dijo sin parar el llanto Franky.
El capitán Mugiwara sonrió arrogante.
-Estoy segura que lo conseguirás. La voluntad de Ace descansa ahora en ti y ese niño, por ello no hay nadie mejor para convertirse en su maestro.
-No me esperaba eso –Habló Sanji pisando su cigarrillo.
-Cuando Gray esté listo, cuando pueda salir al mar por su propia cuenta, él le demostrara al mundo que… ¡La sangre del Rey no ha muerto! –Expresó con vehemencia.
-Demonios, esta chica me da miedo –dijo entre risas Haruta.
-Está bien. Es una promesa –respondió con seriedad el capitán.
-Gracias… gracias por todo Monkey D. Luffy.
Aún era un tema difícil de tratar, nada dolía más que rememorar la muerte de los dos grandes hombres. El tiempo se encargaría de curar esas heridas, por lo pronto, aun se mantenía el recuerdo de la cruel batalla y su fatídico resultado. Ninguno de ellos descansaría hasta hacerle pagar a los responsables por la muerte de su Padre y hermanos.
-Ya que estamos todos aquí, y es una ocasión especial, haré un festín para celebrar la noticia –dijo Sanji.
-¡Sí! ¡Tengamos una fiesta! –Gritó muy contento Luffy.
-¿Qué dice Marco-San? –preguntó Robin.
-Adelante, motivos sobran.
-Sanji, prepara algo delicioso –pidió la navegante.
Definitivamente era un buen día, el mejor de muchos en bastante tiempo. No podía dejar de observar al pequeño hiperactivo brincando en el lomo de Chopper, ¿Cuánto hacia que no sentía esa felicidad recorrer de pies a cabeza su cuerpo? Ahora podía literalmente tocar la voluntad de Ace, abrazarla, hacerle caras graciosas y reír con él… si tan solo su hermano hubiera podido disfrutar de lo mismo.
-¿Estás bien capitán? –Preguntó su más fiel nakama, Zoro.
-Claro –respondió recargándose sobre el barandal de la cubierta superior-. Tengo un motivo más por el cual convertirme en Rey de los piratas.
-Eso es bueno.
-Seré más fuerte, tengo que protegerlo –dijo mirando al niño que se mantenía en la cubierta inferior-. Si no lo hago, le estaré fallando de nueva cuenta a Ace y eso no pasara jamás. No dejare morir a nadie más Zoro… especialmente a Gray.
-En ese caso también tengo que ser más fuerte, tendré que proteger a mi idiota capitán.
Luffy rió del comentario.
-Él será las esperanzas y los sueños de mis hermanos, se convertirá en mi fuerza, en la inteligencia de Sabo y la valentía de Ace.
-Estas muy entrado en tu papel.
-Me pregunto si Ace… lo habrá planeado todo.
-¿Cómo si supiera que iba a morir?
-Algo así…
-No podemos saber la respuesta a esa pregunta.
-Nunca deja de sorprenderme, incluso en este tiempo, Ace siempre tiene cosas nuevas que enseñarme.
Todo era muy animado, eso le recordaba las fiestas del manglar, podía cerrar sus ojos y verlos a todos reír, bailar y cantar; figurarse en su mente la imagen de Ace, rememorando cada centímetro de él, voz, forma, olor, presencia… cuanto lo extrañaba y lamentablemente no lo volvería a ver jamás.
Era sumamente difícil tener que soportar su muerte, en realidad no sabía que hubiera hecho de no ser por Gray, quien era su fuerza para salir adelante, y por supuesto que también de la ayuda de Marco y sus hombres, apoyándola en todo incondicionalmente en cualquier momento.
-¿No te molesta verdad? Que le haya pedido a Luffy hacerse cargo de Gray –preguntó Bellany a Marco.
-Sé que Ace hubiera pedido lo mismo.
-Ustedes han sido tan buenos con nosotros, no quiero quitarles a Gray, pero sé que solo él puede transmitirle la esencia de su padre.
-Sera un encuentro de voluntades, yo también creo que es lo mejor.
-La voluntad no muerte… tan solo se hereda.
Los ojos de todos estaban puestos sobre esa personita, que sin pasarle por la mente, era la esperanza y el brío de muchos. Portgas D. Gray se había transformado en la motivación de esos hombres para seguir adelante y superar la muerte de su padre. No había nadie que lo dudara, que dentro de algunos años, en la cumbre de los piratas, tocando la cima, estaría de nueva cuenta el linaje de los Gol D. reclamando con fervor el título de rey de los piratas.
Es tan triste TwT pero quería que terminara de acuerdo a la historia original… Ace siempre estarás en nuestros corazones…
Muchisimas gracias a todas las personas que me acompañaron en este viaje de unos 4 meses, gracias por todo su apoyo y las palabras bonitas. Cada uno de ustedes fueron gran motivación para seguir escribiendo este fic. Les mando a cada uno un beso enorme y un abrazo de oso :D
Ahora a seguir con la continuación… que creo que la subiré dentro de unas dos semanas, el primer capítulo ya está listo y serán en total entre 10 y 12… "Una voluntad heredada".
Pásenla muy pero muy bien, no se estresen como yo & a disfrutar la vida día a día que no sabemos cuándo se nos acabara…
