PARTE 12

Resultó que las valijas, la mochila con la notebook y el resto de las cosas, aún estaban en el maletero del BMW. Demelza había recibido una llamada del depósito judicial el lunes por la mañana y se había comprometido a pasar temprano el día siguiente a buscar las posesiones de Ross Poldark. Después las indeseadas visitas y la conversación que habían tenido, Demelza había vuelto a pedir el cambio de pacientes a Caroline, quien puso los ojos en blanco pero suspiró aliviada. Dios sabe que la había llevado a contarle la historia de Jinny, se veía tan alterado esa tarde, no era para menos, ¡su novia y su primo! Vaya par de descarados y… traidores. Y justo en el peor momento. Demelza realmente comprendía su mal humor y sólo había querido animarlo y hacerle ver que aunque la situación era horrible, algo bueno podía venir luego. No había tenido intención de ponerse a llorar como una chiquilla frente a él. Poldark se había mostrado muy conmovido y la había consolado, de alguna manera. En definitiva ella había accedido a atenderlo de nuevo y él había acordado enfocarse en su recuperación y no gruñirle a todo el mundo.

Ross había recibido otra visita durante el fin de semana, John Henshawe había pasado por la clínica. Henshawe era uno de los encargados de los supermercados, era él quien quedaba a cargo cuando Ross no estaba. El capitán, como los empleados lo llamaban, le había estado enviando mails y mensajes pero claro, Ross no tenía teléfono ni acceso a internet. Y Henshawe no había podido ir a verlo durante los horarios de visitas de la semana. Sus noticias no eran precisamente buenas, los locales se estaban manteniendo a flote, pero había que tomar decisiones y para eso se necesitaba al dueño del negocio. Demelza había entrado en la habitación y había llegado a escuchar esta última parte de la conversación. "El señor Poldark necesita al menos un mes más de reposo." Había dicho, entrometiéndose en la conversación ajena. Ambos hombres la miraron y ella vio a Ross apretar los labios tratando de evitar que se le escapara la risa. "No se preocupe señorita, podemos sobrevivir un tiempo más sin él." Le había contestado el capitán.

La salud de Ross había mejorado considerablemente en la última semana, principalmente la mejilla que ya estaba totalmente desinflamada, podía abrir el ojo izquierdo y no había perdido sensibilidad, por momentos le dolía terriblemente, pero ya no se hacía rogar y tomaba los analgésicos sin chistar. Lo único que quedaba, y le quedaría por siempre al menos que se sometiera a una cirugía estética, era una línea que ahora era roja con hilos negros saliendo de ella, que atravesaba la mitad de su rostro. Ross aún no había decidido que hacer respecto a eso, lo más importante para él era volver a tener movilidad en su brazo y en su pierna pero para eso, Demelza le explicaba una y otra vez, había que esperar que sanaran los huesos. Así que Ross no tenía nada más que hacer que yacer en la cama, hablar con su enfermera y mirar televisión todo el día. Si, su vida aún era un desastre, pero Ross comprendió que no por eso debía descargarse con otras personas, y Demelza le había dicho unas cuantas cosas que lo habían hecho reflexionar. La primera era que cada persona era un mundo. Jamás se le habría ocurrido pensar que detrás de una persona tan joven y alegre se escondía semejante tragedia, los hombres podían ser unos verdaderos canallas a veces. Pero ella sólo parecía ver lo bueno, y habían pasado buena parte de una tarde viendo fotos de la bebita. Nadie podría decir que no eran madre e hija. Su favorita era la foto que ella tenía como fondo de su celular. Las dos estaban en la playa, tomadas de la mano caminando hacia el mar, o pretendían que caminaban porque Demelza le había dicho que la chiquilla aún no caminaba. El cielo se veía despejado y el pelo suelto y colorado de Demelza le caía sobre su espalda, llevaba lentes de sol y una gran sonrisa, las dos mirando hacia la cámara, la niña también reía. El primer comentario que hizo cuando vio la imagen fue "¿Quien tomó la foto?" A Ross no le pareció una pregunta fuera de lugar. Era obvio, al fin y al cabo, que alguien estaba con ellas y había sacado la foto. Demelza le dijo que había sido Caroline.

Otra de las cosas que le había dicho después de que él le contara lo sucedido con Elizabeth, era que podría haber sido peor. "Cuando más temprano se sepan estas cosas es mejor, evitan más problemas." Habían sido sus palabras y Ross entendía lo que quiso decir. Era mejor ahora y no más adelante, cuando estuvieran casados. Era una forma optimista de verlo, a él la traición le dolía igual. Por último, ella tenía razón, había gente que dependía de él. Del trabajo que él les daba y estaba decidido a enfocarse en eso una vez que se mejorara.

"¿Me trajiste scones?" Le preguntó apenas entró a la habitación. "Buenos días Señor Poldark." Lo saludo Demelza cargando la bandeja con el desayuno. "Si, pero se lo dejé para la tarde. Sólo hay uno."

"¿Sólo uno?"dijo, su voz sonaba lastimosa.

"En realidad hay dos, pero uno es para mí." Ambos sonrieron. "Lo siento, no tuve tiempo de hacer más. Tuve una noche complicada."

"¿Oh? ¿Julia está bien?"

"Si… si." Demelza no se quería explayar en el tema. "Pero si tuve tiempo de hacerme la cena y no calculé bien. ¿Le gusta el pastel de carne?" ¡A Ross le encantaba el pastel de carne!

Mientras Ross desayunaba, ya se las arreglaba sólo y se había acostumbrado a usar la mano izquierda, Demelza le contó las novedades acerca de sus pertenencias.

"Puedo ir mañana pero necesito llevar su identificación, de otra forma no creo que me dejen llevarme las cosas."

"Grandioso. Está en mi billetera. ¿Dijiste que lo que tenía puesto lo trajeron conmigo?"

Cuando trasladaron a Ross la sala común Demelza había guardado todo en el pequeño ropero que estaba empotrado en una pared de la habitación. Ross le dijo que tenía la billetera guardada en el bolsillo de la chaqueta y mientras el terminaba con su desayuno Demelza se acercó al ropero a buscarla. Ross no podía verla, al abrir la pequeña puerta Demelza quedaba escondida tras ella. Comenzó buscando en los bolsillos de afuera de la chaqueta de cuero pero no encontró nada. Luego siguió con las de adentro. En uno de los bolsillos tanteo algo duro y de forma extraña. Demelza metió la mano y del bolsillo saco una pequeña cajita redondeada de terciopelo blanco. Antes de si quiera pensarlo la abrió. Demelza nunca había visto una joya como esa. Un anillo con un enorme ¿Diamante? ¿Zafiro? Demelza no sabía de esas cosas, sólo que era impresionante. El iba a pedirle matrimonio. A su novia, Elizabeth. Y ella lo había engañado y estaba esperando un hijo con su primo. Demelza no era una persona propensa a odiar pero en ese momento creía odiarla. ¿Como le podía haber hecho eso? Demelza podía sentir el peso de la joya en su mano, a ella no le gustaría que le propusieran matrimonio con un anillo así, era muy presuntuoso. Pero el anillo no era para ella y ¿quién querría casarse con una madre soltera? Demelza nunca ni había llegado a tener esas ideas, su vida no se lo había permitido. La voz de Ross le hizo dar un pequeño salto.

"¿La encontraste?" Demelza cerró rápido la cajita y la volvió a colocar en el bolsillo. En el otro encontró la billetera.

"Si." Le contestó cerrando la puerta del ropero y acercándose de nuevo a él.

"Saca algo de dinero también, para pagar el taxi."