A pesar de que sólo serán unas horas fuera, John no quiere irse a trabajar. Sólo ha estado una semana sin ir, pero se le antoja una rutina terrible e imposible de retomar por una razón que se llama Dave Strider y está en el sofá viendo la televisión con expresión de indiferencia.
No parece darle mucha importancia al hecho de que vaya a pasar la tarde solo, pero en realidad el rubio no deja de echar miradas al menor mientras va de un sitio a otro, preparándose para salir hacia su trabajo.
Le preocupa el hecho de que pasará horas en el mismo sitio que aquella tal Vriska, la cual parece interesada en John.
—Si tienes hambre hay comida en el armario de la derecha. —Comenta el Egbert como si aquello fuese algo nuevo para Dave.
—Sí, mamá. —Suspira el mayor.
—Bueno, pues me voy. —Se queda un momento de pie en mitad del salón, vacilando y entonces se dirige hacia la puerta.— Hasta luego.
—Oye, mamá. —Le llama de repente el rubio.
—¿Qué? —Gruñe malhumorado John por aquel estúpido mote, girándose para encontrarse con los ojos rojizos del otro observándole.
—¿Ni un beso antes de irte?
John abre la boca para decir algo pero acaba dejando escapar un suspiro mientras se acerca al sofá, sonriendo un poco. Se agacha hasta quedar a la altura de Dave y poder unir los labios con los suyos.
Como el moreno esperaba, Dave intenta atraparle, pero huye antes de que consiga cogerle.
—¡Que me tengo que ir! —Se ríe John mientras vuelve con prisa hacia la puerta.
—¿Quieres que te acompañe? —Pregunta el Strider, levantándose y yendo detrás de él.
—No hace falta.
—Bueno, pues ten cuidado. —El ojiazul ladea la cabeza al escuchar el tono de voz empleado por el más alto, que ahora está justo enfrente de él.
—¿Te estás preocupando por mí?
—Pues claro, con lo torpe que eres seguro que hasta te tropiezas con tus propios pies. —Con una pequeña sonrisita socarrona, Dave se inclina un poco y le rodea con los brazos, estrechándole contra él.
—Dave, tengo que ir a trabajar. —Susurra pasados unos largos segundos.
—Lo sé.
Los brazos de Dave parecen soltarle poco a poco, pero de repente el chico de cabellos dorados sonríe de forma pícara y se inclina de nuevo, esta vez hacia el cuello de John, que no ve venir aquel rápido movimiento.
Cuando se quiere dar cuenta, se está riendo, atrapado entre el Strider y la puerta aún cerrada del apartamento. Le hace cosquillas y por eso no puede parar de carcajearse, pero sabe lo que está haciendo y eso no le hace ni pizca de gracia.
—¡S-Strider! —Le riñe jadeando cuando Dave finalmente separa los labios de su pálido cuello.— Espero que no hayas hecho lo que creo que...
—Demasiado tarde. —El mayor le dedica una última sonrisa de superioridad mientras se encoge de hombros, rematándolo todo con otro pequeño beso en los labios.— ¡Que te vaya bien en el trabajo, Ohbert!
Viendo la hora que es ni siquiera se toma un momento para seguir con las quejas que le gustaría gritarle y sale del piso, prácticamente corriendo hasta el ascensor y dándole al botón repetidas veces.
Con un mohín de disgusto se palpa el cuello con la mano izquierda y se estremece al sentir una zona de piel sensible, aún con un poco de saliva del estúpido de Dave. Lo odia cuando hace ese tipo de cosas... aunque su parte más perversa no dice lo mismo.
Una puerta se cierra tras de si justo antes de que el ascensor se abra frente a él y John se apresura en entrar, rezando por no tener que encontrarse con nadie... pero no tiene suerte.
—Sup, bro. —Le saluda un chico altísimo con un maquillaje algo perturbador, imitando al de un payaso.
—H-h-hola. —John coge la capucha de la chaqueta que lleva e intenta taparse el cuello de forma muy sospechosa.— ¿Cómo te va, Gamzee?
—De puta madre, como siempre. —Al ver que el ojiazul parece paralizado por alguna razón, Gamzee se inclina y le da al botón de la planta baja, causando que el ascensor baje por fin.— ¿Y a ti con ese nuevo hermano tuyo?
—Eh... ¿Dave? ¿Cómo sabes que está conmigo?
—Me lo dijo Karkat. —Gamzee sonríe abiertamente al decir aquello y John se fija, como siempre, en el piercing que tiene el mayor en la lengua, pensando en lo que debe de doler agujerearse ahí.
—Karkat... —Entonces le viene un vago recuerdo a la cabeza. Él y Dave subiendo en el ascensor, besándose fieramente y de repente...— Sí. Oh dios, sí, ya lo recuerdo. Gritó al vernos.
—Parece un puto milagro que un pequeño y tierno hijo de puta pueda gritar tanto y echar toda su mierda fuera sin que le exploten los jodidos pulmones, ¿verdad, bro?
—Uh, supongo. —John parpadea confuso, sin acabar de entender lo que su vecino acaba de decir.
Después de lo que parece una eternidad, el ascensor da un leve traqueteo final antes de abrir de nuevo sus puertas. El más joven se despide de forma apresurada de Gamzee, que le sonríe de forma boba como siempre suele hacer, y echa a correr por las concurridas calles de su barrio, esperando que Vriska no le eche un rapapolvo por llegar tarde.
John no se da cuenta de lo tenso que va a ser el encuentro con su amiga y compañera de trabajo hasta que abre la puerta de la librería y recuerda la última conversación telefónica que tuvieron.
"En serio, no puedo creerme que te hayas convertido en la zorrita de Dave Strider." vuelve a escuchar en sus recuerdos la voz de la chica que se le acerca ahora mismo con el ceño fruncido.
—¡Diez minutos tarde! —Riñe la chica de ojos grises, mirándole desde detrás de sus gafas de montura fina.
—¡Lo siento, lo siento! —Se disculpa el chico, sonriendo con culpabilidad mientras se apresura a ponerse tras el mostrador.
—Ha llegado carne fresca y lo vas a colocar todo tú, por haberte tomado una semana de vacaciones. —Vriska entrecierra los ojos mientras observa el rostro del Egbert con cuidado, buscando algo.— Oye, John.
—Dime. —Él le sonríe radiante, saliendo de nuevo de detrás del mostrador y dirigiéndose a un montón de cajas cerradas cerca de unas estanterías vacías.
—Estuve esperando una llamada tuya ayer.
—¿Por qué? —Pregunta John, haciendo que la Serket alce una ceja con incredulidad.— Ah, vale, por eso...
—¿"Eso"? ¿Esa es la importancia que le das?
—Bueno, Vriska, sólo fue un malentendido. —Intentando huir del tema, abre una caja y empieza a colocar los libros nuevos en su sitio.
—Pensaba que tenías más sentido común. —Le suelta la chica con rudeza, arrugando la nariz de pura rabia.— Pero ya veo que no. ¡Si te dejas engañar por un famoso creído como ese Strider!
—No me está engañando. —Musita el ojiazul, frunciendo el ceño pero intentando concentrarse en su tarea.
—Ya, claro, entonces me pregunto qué eran esas fotos del Skies. ¿Qué te dijo, John? ¿Tal vez todas esas chicas eran, no sé, sus hermanas? ¿O acaso él intentaba huir de ellas pero lo acorralaban? Oh, pobre, pobre Strider. —Se burla Vriska, rodando los ojos.
—Sí, le estaban acosando. —Contesta en tono seco pero claro.
—No hagas ver que no crees que se tiró a alguna zorra de esas en el baño, John.
—¡Ya basta! —Explota finalmente John.
Vriska entreabre los labios, sorprendida por el repentino grito. El otro también parpadea asustado por su propia reacción, pero intenta seguir aparentando ser firme porque a su amiga parece haberle impresionado mucho lo que acaba de decir.
—¿Por qué? —Pregunta con un hilo de voz la chica de ojos grises, haciendo que John se preocupe por no recibir gritos y maldiciones.— ¿Por qué un desconocido llega de repente y te gana como si nada?
—En realidad no es un desconocido...
—Por dios, John, ¿acaso eres un niño de trece años? —A pesar de utilizar un tono de voz duro, Vriska se muerde el labio inferior para que no le tiemble.— Porque vieras sus vídeos y todas esas cosas no lo conocías.
—Bueno, tienes razón, pero... bueno, vale, sólo lo conozco desde hace una semana. —John pone los ojos en blanco pero se acerca con cautela a su amiga. Se siente un poco mal por haberle gritado de esa manera.— Pero supongo que a veces pasa.
—¿El qué pasa? —La chica frunce el ceño más aún, pero no se aleja cuando John se pone justo frente a ella, observándole de cerca.
—¿Tengo que explicártelo? —Murmura algo avergonzado el Egbert, desviando la mirada un momento.
—Joder... te odio. —Escupe Vriska mirando el suelo y suspirando después.— Pero en realidad también es culpa mía. En fin.
—No lo pillo. —Dice ladeando la cabeza.
—¡No hace falta que lo entiendas! —Hace un ademán de alejarse, pero John le coge del brazo.
—¿Eso quiere decir que ya no eres mi amiga?
—¡Eso quiere decir que me olvides!
Pero a pesar de las duras palabras de Vriska, John la atrae hacia si y le da un abrazo que la sorprende mucho más que el súbito grito de antes.
La Serket se queda sin aliento, sintiendo las manos del ojiazul frotándole la espalda con cariño y no puede evitar dejar su enorme orgullo de lado y corresponder el abrazo.
Cuando John siente que su amiga hunde la cabeza en su hombro y le rodea la cintura con los brazos se permite sonreír de puro alivio. Vriska siempre ha estado ahí para ayudarle -de alguna forma- y no quiere perderla por lo que a él le parece una estupidez.
Entonces John vuelve a recordar algo."No entiendes a las chicas" le había dicho Dave una vez, dejando caer que... ¿a Vriska le gustaba él? Pero eso es imposible. Si siempre han sido amigos y tampoco le ha dicho nunca nada sobre sus sentimientos...
—Oye, Vriska. —Dice John, intentando usar un tono indiferente.— Tú... o sea... ¿me ves como alguien...?
—Deja de balbucear idioteces. —Espeta la ojigris, volviendo a ser la de siempre.— Creo que sé lo que quieres decir.
—Oh, eso facilita mucho las cosas, supongo. —Sonríe aliviado, dejando que Vriska se separe un poco de él y se recoloque la ropa como siempre que está nerviosa.— ¿Entonces...?
—John, lo he estado pensando mucho. He llegado a la conclusión de que eres un poco bobo. Bueno, no, eso lo sabía desde que nos conocimos. —La Serket sonríe un poco, pero John no se siente ofendido para nada.— Quiero decir, te he dicho cientos de veces cosas embarazosas y tú no te has dado cuenta de nada.
—¿Cosas embarazosas?
—Sí... de hecho, hemos tenido citas y todo. —Vriska baja la voz y desvía los ojos, empezando a toquetearse el pelo.— ¡Pero tú nunca te las tomaste como tal!
—Bueno, yo creía que sólo salíamos como amigos... ya sabes. —El moreno se encoge de hombros y se da cuenta de que aquello se está empezando a poner incómodo.— Entonces, ¿eran citas de verdad?
—Claro que eran citas.
—Vaya.
—Sí, vaya. —Ella se cruza de brazos y suspira.— Como te he dicho, lo he pensado mucho esta semana. Me tenías preocupada por ese estúpido que has metido en tu casa, pero ¿sabes qué? No voy a decirte qué hacer. Pareces... feliz. —Le echa una fugaz mirada y baja aún más la voz.— Y eso me gusta.
—No sé qué decir. —John se sonroja ligeramente y se mordisquea un poco una uña.— Sí que soy feliz pero no sé cómo te has dado cuenta de que es por él y-y...
—Es tan obvio que molesta, John. —Se ríe Vriska, recuperando de nuevo su actitud.
—¿L... lo siento? —Le dedica una sonrisa de disculpa y ella niega con la cabeza, aunque también sonríe.
Después de haber aclarado más o menos las cosas -aunque John sigue sintiendo que Vriska no se lo ha dicho todo- el resto de la tarde transcurre con normalidad, como si nada hubiese pasado.
Vriska sigue siendo algo brusca con algunos clientes y aquello, a pesar de que no es algo bueno, hace reír a John como si fuera un niño pequeño. Ella le gusta tanto por ser así y no quiere que cambie nunca.
Antes de darse cuenta es hora de cerrar la librería.
—¿Quieres que vayamos a tomar algo? —Propone Vriska cuando ambos se esfuerzan por bajar la persiana de metal que protege la librería mientras está cerrada.
—¿Como una cita?
—No. Ya no más citas entre nosotros. —Aclara rodando los ojos.
—Entonces estaría bien. —Sonríe John, acabando de cerrar la tienda y entregándole la llave a su amiga.
—¡John! —Grita entonces alguien, llamando la atención de los dos.
—¿Jade? —John recibe a su amiga, que llega casi corriendo hasta él.— ¿Pasa algo?
—No, no te preocupes. —Jadea la morena, respirando con un poco de agitación mientras saluda con un cabeceo a Vriska.— Eh... ¿puedes venir a mi casa ahora?
—Pues... —El ojiazul se mordisquea el labio y mira a Vriska.
—Es urgente. —Añade rápidamente Jade.
—Pero justo iba a ir con Vriska a tomar algo.
—Uh... hola. —Saluda una cuarta voz, haciendo que los tres jóvenes se del la vuelta.
—¡Ah, mierda! —Exclama de repente la Serket, haciendo que John dé un respingo.— Lo siento, John, hoy había quedado con Tavros.
El mencionado sonríe con timidez a los desconocidos y se aparta un mechón de cabello castaño de la frente mientras les observa con unos ojos profundos de color chocolate que no aguantan más de dos segundos en el mismo sitio.
Vriska parece nerviosa también cuando se acerca un poco más al recién llegado.
—No importa, podemos quedar otro día. —Le dice John a su compañera de trabajo, recibiendo una sonrisa por su parte.
—Está bien... ¡Pues hasta mañana! —Dice ella alzando una mano. Después sonríe con malicia y dice en voz bien alta y clara:— ¡Y tápate ese chupetón!
John se cubre rápidamente el cuello, sintiendo un repentino sonrojo en las mejillas. Algunas personas de la calle miran la escena con curiosidad y siente que se va a morir de vergüenza allí mismo.
Entonces siente una mano aferrarse a su brazo y se topa con los orbes verdes de Jade mirándole de forma extraña tras sus gafas redondas.
—En serio, Jade, ¿qué pasa? ¿De nuevo Rose? —Pregunta olvidándose de todo lo demás.
—No, no, ella está bien. —Pero la más baja se mordisquea el labio inferior.— Ven a mi casa y te lo explicaré.
.
Como muchas otras veces, John está sentado en un sillón de color marrón desgastado del piso de Jade y Rose. Mordisquea una galleta salada mientras espera que Jade vuelva de la cocina con un par de vasos de té.
No le ha dicho nada sobre lo que tiene que explicarle, pero John está bastante nervioso respecto a eso.
Cuando la Harley sale con una bandeja y dos tazas humeantes, el chico se recoloca en el sillón y hace ademán de coger una.
—Quema. —Le advierte ella con una pequeña sonrisa. Aun así John intenta coger la taza y se quema.— Siempre tan impaciente.
—¡Esperar es aburrido! —Se queja él, riéndose un poco.
Entonces John espera que Jade vaya al grano rápidamente, pero no es así. La chica clava la mirada en sus propias manos entrelazadas en su regazo, como si pensase algo con mucha concentración.
Se quedan tanto rato en silencio que la taza de té deja de arder y el moreno consigue cogerla entre las manos sin quemarse.
—¿Qué tal con Dave? —Pregunta de repente Jade, sorprendiendo al ojiazul.
—Bien, se va a quedar esta semana también. —Explica alegre, dando un pequeño sorbo a su taza.— ¿Cómo fue tener a un famoso como él en tu casa por unos momentos?
—Absolutamente alucinante. —La Harley se ríe y coge también su taza, imitando al moreno.— Y... ¿cómo le va a su hermano?
—Pues... regular. —John encuentra aquella pregunta fuera de lugar, pero no intenta mentirle.— No lo está pasando del todo bien... y yo me ofrecí a ayudarle.
—¿Vas a ayudarle? —Pregunta sorprendida Jade.
—Sí... sí, espero poder ayudarle. —Afirma intentando sonar muy decidido.
—¿En qué?
—En encontrar a una persona. —El chico deja lentamente la taza en la mesa de nuevo ante los atentos ojos verdes de Jade.— Una persona importante para él.
—Entiendo.
—Aunque no tengo ni idea de cómo hacerlo, porque claro, pasó hace un tiempo y...
—Yo puedo ayudarte.
—Tampoco puedo decírselo a Dave, aunque sabiendo cómo es seguro que diría algo como "oh, Jehn, tendrías que liarte con mi hermano ya que tanto te importa"...
—John, escucha...
—Y ¿sabes? a veces me dan ganas de gritarle "¡sí, sí, sí, lo haría, maldita sea!" porque es tan pesado respecto a este tema, en serio...
—¡John! —Casi grita Jade, haciendo que John deje de divagar y le preste atención.— ¿Me has escuchado o no?
—Eh... no. —Se avergüenza él, sonriendo un poco.
—Que yo puedo ayudarte respecto a Jake.
—¿C-cómo sabes su nombre? —Los ojos azules de John se abren como platos.
—Porque... lo conozco.
¿QUÉ PASARÁ? (?)
Okvale, este capítulo igual es un poco soso, aunque a mi no me acaba de disgustar y tal, pero como ya he dicho en Twitter, estoy preparando el terreno... ¿para qué? Oh bueno, ya lo veréis, aunque supongo que ya se nota xDDDDDDDDDDDDDDDDDDDD
Como sea, hasta el próximo~~! ´v`
