12.- MIEDO

Abrí la puerta del compartimento y encontré a Colin con un niño pequeño que se le parecía mucho. Me saludó entusiasmado presentándome a su hermano, el cual empezaría Hogwarts este año. Deposité mi baúl en la rejilla portaequipajes junto a los otros.

- Me dijeron que fuiste a los Mundiales- anunció Colin sonriendo, pero su expresión cambió al decir lo siguiente- aunque no acabó bien la cosa, ¿no? Lo leí en el periódico.

- Si, fue algo horrible. Por suerte, a nosotros no nos pasó nada mal, pero los demás muggles…- añadí tristemente bajando la mirada. En ese momento, Luna entró arrastrando su baúl con aire asombrado.

- Hola- saludó sentándose a mi lado.

- ¡Hey!, ¿Qué tal el verano?- pregunté. El resto del viaje lo pasamos contando anécdotas acerca de nuestras vacaciones. Luna dijo que había ido varias tarde al río a pescar…, la verdad es que no sabía lo que era, incluso dudé de que existiera. Por el contrario, Colin estuvo enseñándole a su hermano montones de cosas sobre el mundo mágico.

Llegamos al castillo en medio de un frío otoñal que nos hacía tiritar. Dennis, el hermano de Colin se fue con los de primer año en las barcas, mientras que nosotros subíamos al carruaje, que se empezó a mover solo tras cerrar yo la puerta.

La ceremonia de selección, el discurso de Dumbledore y el banquete transcurrió sin ninguna incidencia. La sorpresa fue cuando el director nos anunció que en este año, tendría lugar el Torneo de los Tres Magos. Un gran murmullo de asombro cubrió el Gran Comedor. Sabía que el Torneo de los Tres Magos era un acontecimiento que tenía lugar cada no sé cuantos años. Lo que sabía con seguridad era que ese torneo era bastante peligroso. Habían puesto una nueva norma que impedía participar a los menores de 17 años. Escuché las quejas de mis hermanos al fondo, y sonreí. Sabía perfectamente que ellos hubieran querido entrar al Torneo, pero me alegré al saber que entonces sus vidas no correrían ningún peligro.

Subí a la sala común junto a Demelza. Comentábamos acerca de la suspensión de la copa de Quidditch. Ella tenía intenciones de entrar este año. Le gustaba bastante el Quidditch, al igual que a mí. Yo no me había planteado la posibilidad de entrar. Por lo menos, aún no. Quizá algún día lo intentara. ¿Quién sabe? Podría tener la suerte de ser admitida. Aunque sabía, de sobra, que el equipo estaba muy bien así.

Llegamos al dormitorio y saludé a mis compañeras de Gryffindor. Todas estaban emocionadas por el torneo, sobre todo por la llegada de alumnos extranjeros. Más por los alumnos que por las alumnas. Me metí en la cama tras ponerme el pijama y cerré las cortinas. Me eché cansada y cerré los ojos. Un segundo después escuché a alguien que decía:

- Este año puede pasar de todo, ¿verdad?

Yo asentí despacio pero no dije nada. Tenía toda la razón.

La profesora McGonagall me entregó el horario del nuevo curso. Me había matriculado en Adivinación (a regañadientes de Hermione) y en Cuidado de Criaturas Mágicas.

Aparté el tazón de leche y observé el horario. Teníamos Defensa Contra las Artes Oscuras y después Herbología. Adivinación estaba puesta para después de la comida.

Luna se sentó a mi lado con su horario en la mano. Saludó a Colin y a Demelza, que estaban sentados enfrente de nosotras y me miró.

- Tengo muchísimas ganas de empezar Adivinación. Debe de ser una asignatura fascinante, ¿no creees?- comentó emocionada.

- No lo sé. Creo que deberías preguntarle a Hermione- me reí.

- ¿Por qué?

- El año pasado no le fue muy bien con esa asignatura y la dejó. La profesora le dijo que tenía pocas habilidades para la Adivinación- expliqué cogiendo más tostadas- La reacción de Hermione no hace falta que te la diga. Te la puedes imaginar.

- Pues yo creo que aprender a predecir el futuro puede llegar a ser muy interesante- miró su extraño reloj de pulsera, era un hexágono con el borde dorado y, por dentro era negro. Las manecillas eran múltiples y, en lugar de números, tenía dibujos diferentes en color blanco. Para mí no tenía nada de sentido. Miré el mío y me fije en que casi era la hora de irse. Luna pareció ver lo mismo en su reloj ya que dijo- ¿Nos vamos?

Recogí la mochila y me la eché al hombro. Nos encaminamos al aula de Defensa cuando un chico, que leía atentamente unos apuntes, sin mirar hacia delante chocó accidentalmente conmigo tirando todos sus libros al suelo. Me agaché para ayudarle mientras él no hacia más que disculparse. Le devolví sus cosas. Él seguía disculpándose. Cuando me levanté me fijé en ese chico que ordenada los libros torpemente. Era un curso mayor. Tenía el pelo moreno y unos ojos azules muy bonitos.

Entonces, él me miró y me sonrió.

- Lo siento muchísimo- repitió aún sonriendo- ¿Te he hecho daño?

- No, no ha sido nada, y… no te disculpes más que me aburres- le contesté y él se rió.

- Bueno, adiós- dijo y salió corriendo.

Me acerqué a Luna mirando al pasillo por el que se había ido. Luna me pasó la mano por los ojos y llamó mi atención.

- ¿Qué?

- No sabía que te gustaba Michael- dijo con una sonrisa.

- No me gusta. Ni siquiera le conozco- me molesté y volví a colocarme la mochila.

- Pues a él parece que si le gustas.

- Él no me conoce a mí tampoco, ¿Por qué iba a gustarle?

- No hace falta que te enfades. Pero solo te voy a decir una cosa más- Luna se acercó a mí y me dijo en el oído- Solo el tiempo lo dirá.

Se alejó y caminó por el pasillo. Normalmente no entendía las cosas que Luna decía, pero está la había pillado bien. Negué con la cabeza y pensé que solo eran sus locuras. Y eché a correr para alcanzarla.

Encontré a Hermione, Ron y Harry en la mesa de Gryffindor al mediodía. Los saludé intentando evitar la mirada de Harry en mí. Y me senté a comer con Luna.

Al terminar, fuimos a la torre de Adivinación. Las escaleras eran interminables y parecía que no íbamos a llegar nunca. Colin se quedó a mitad del trayecto respirando entrecortadamente agarrándose el pecho.

- Seguid vosotras…ahora os alcanzo- dijo casi sin aliento.

Entramos al aula y de repente me apetecía más volver a subir las escaleras cien veces antes que quedarme una hora allí dentro. Hacía un calor sofocante, las cortinas estaban echadas y el fuego crepitaba en la chimenea. Me quité la túnica y me senté en una mesa muy alejada de la chimenea junto a Luna. Cuando toda la clase hubo llegado, hizo aparición la profesora. Si aquello era la profesora. Llevaba seis o siete chales, unas gafas enormes que le cubrían hasta la boca casi por que le resbalaban por la sudorosa nariz y para completar el panorama, se tropezó con una mesa que tenía una gran bola de cristal. La bola cayó al suelo rompiéndose, y la profesora fue por el mismo camino, pero sin romperse. Reparó la bola y nos miró.

- Hola queridos- saludó con una voz muy suave y misteriosa- Bienvenidos al mundo de la Adivinación. He de deciros que solo quiero en mi clase a personas selectas y con un gran arte para esta asignatura. No quiero fracasos, y no los habrá porque estoy convencida de que todos seréis uno expertos adivinadores.

La clase estaba atenta a la profesora con la mirada clavada en ella. Algunos aún se reían por el batacazo de la profesora. Al recordarlo, me reí. Por suerte la profesora no me miró. Comenzó la clase con la lectura de los posos de té. Luna me pasó su taza. Una masa marrón y fangosa estaba en el fondo. Se suponía que debía de haber algo ahí, pero por más que lo mirara y por todas las vueltas que le di a la taza, era imposible.

Cogí mi ejemplar de Disipar las nieblas del futuro e intenté buscar algo. Luna no tenía mucha suerte tampoco. Nos intercambiamos las tazas. Moví la mía un poco y pareció una extraña forma. Parecía una cruz. Mirando con más atención mi mente dibujó una cruz muy parecida a esa. Era…

- Cariño, ¿que tal lo llevas?- interrumpió la profesora cogiendo la taza- ¡Vaya! ¡Qué cruz tan curiosa! Es bonita, ¿verdad? ¿Que crees que representa?

- Primero, eso no es bonito- dije muy seria. Acababa de conocer a esa profesora y ya me caía mal.- Esa cruz representa algo demasiado cruel. Es la esvástica nazi alemana. Un gran exterminio de personas inocentes. ¿Le parece bonito?

La clase se quedó callada y la profesora se alejó de mi sitio. En la pizarra, escribió los deberes y en ese momento sonó la sirena. La profesora Trelawney me llamó.

- Weasley, no le digo esto a muchos alumnos, pero… tienes un gran poder adivinatorio. La taza… es una gran predicción.

- Eso paso hace cuarenta y nueve años concretamente, profesora.

- Pero puede ocurrir otra vez, y esta vez puede tocarnos a nosotros. Puede tocarle a cualquiera…No lo olvides. Recuerda este día cuando pase.

Salí del aula. ¿Otro exterminio? ¿De magos? Pero quien podría hacer algo así. Entonces lo supe. ¿El-que-no-debe-ser-nombrado resurgiría algún día? ¿Era eso lo que quería decir la profesora? Pero eran tonterías. No volvería. Había desaparecido hacía 14 años. Pero, quizás, eso no significaba que estaba muerto. Un escalofrío recorrió mi cuerpo. Intenté alejar esos pensamientos y bajé los últimos tramos de las escaleras corriendo para llegar hasta Luna, que me estaba esperando. Le expliqué lo que había pasado aún con el pensamiento de que no volvería de nuevo, del que no estaba completamente segura. Entonces sentí mucho miedo.