Capítulo 12.
D! Powerpuff Girls Z no me pertenece.
Un gritó desgarrador se oyó en el laboratorio en el cual trabajaba el famoso científico de apellido Utonio. Luego de aquel gritó, un silenció inundó aquella habitación. El hombre de bata de científico, bufó y se cruzó de brazos. Ese niño no servía de nada, ni siquiera de conejillo de india. Tan sólo faltó que le inyectara un liquido negro para que falleciera en el acto.
—Patético —murmuró enfadado—. Cobarde... débil... fracasado —se acercó al cuerpo sin vida de un pequeño niño de no más de diez años, su cabello era negro como el de su padre. Él lo miró de pies a cabeza con indiferencia. Lo sacó de la camilla en la cual permanecía y lo arrojó dentro de una bodega de congelamiento.
—Tanto trabajo para nada —balbuceó molesto.
Se le había hecho bastante difícil convencer al pequeño niño de que aquel experimento era para el bien de la humanidad. Bueno... aunque sí lo era, aquel experimento serviría para que los seres humanos desarrollaran super poderes, pero hasta ahora ninguna persona podía soportar tan letal sustancia. Quizás no debió a haber inyectado el liquido en su pequeño hijo, pero ya lo había hecho, y eso no le importaba mucho, después de todo el mocoso ya había pasado a una mejor vida.
Parpadeo varias veces al momento en que sintió que alguien le golpeaba levemente el hombro. Volteó con el ceño fruncido. En frente de él se encontraba una mujer de aspecto agradable y vestida de enfermera.
—Aquí está su comida —dijo la mujer y luego le entregó una bandeja que contenía su almuerzo.
La mujer se retiró, dejándolo a él solo en la mesa circular.
Hoy era un nuevo día, un día en el que se volvía a encontrar en el mismo lugar, o sea, encerrado. Elevó su vista hacia la televisión, en el cual pasaban el noticiero de medio día. En el aparato daban a mostrar un vídeo en el cual pudo suponer que era grabado desde de la prisión de Tokio. En el vídeo, aparecían tres jóvenes, dos de ellas golpeaban sin ningún problema aparente, a un grupo de guardias, y la otra chica, que era una rubia de cabello suelto ondulado, cortaba los barrotes de la ventana como si se tratase de limarse las uñas.
—¿Qué es eso? —le preguntó a una enfermera que pasaba por ahí.
—Es el vídeo del momento en que las tres fugitivas escaparon —le informó—. Se ve que son muy fuertes para ser unas simples chicas —el hombre asintió con la cabeza.
La verdad era que, ella tres si parecían ser bastante fuertes, bastante fuertes como para soportar una sustancia letal. Una sonrisa malévola se formo en sus labios resecos. Dejó aún lado su tenedor y se levantó. Comenzó a caminar a paso apresurado hasta llegar a su habitación forrada de colchones blancos, aquellas habitaciones que eran sólo para los locos. Tener de esas habitaciones era un privilegio que no todos podían tener, pero él si podía tenerlo, ya que era un loco, un loco totalmente descabellado.
—Creí que los había citado para ayer —dijo serio el alcalde.
—Sí... pero tuvimos un pequeño percance —se excusó el peli-rrojo.
—Ya lo creo —dijo observando la pantorrilla vendada del joven muchacho—. ¿Qué es lo que te ha pasado?
—Fue una de ellas —dijo—. Fue Momoko.
—¿La encontraste? —preguntó exaltado.
—Sí, pero no.
—¿Cómo?
—Es una larga historia.
—Sabe — interrumpió el chico peli-negro de orbes verde obscuro—, esto se esta volviendo realmente difícil.
—Sí —apoyó el oji-azul—, esas chicas parecen unas verdaderas ninjas —el anciano suspiró resignado.
—Ya las encontraran —dijo el hombre de bigote blanco—. Yo confió en ustedes tres, y sé que las hallarán de una u otra forma.
—¿Cómo está tan seguro de eso? —preguntó el oji-rojo—. Además, ¿cómo puede confiar en nosotros sabiendo que somos unos ex convictos?
—No sé por qué, pero sé que las hallaran —dijo firme—. Y... simplemente confió en ustedes.
Los tres chicos pusieron los ojos en blanco y suspiraron fastidiados.
—Usted no sabe si le podríamos clavar una espada por la espalda.
—Sé que no lo harían.
—¿Y porqué cree que no lo haríamos? —preguntó desafiante Butch.
—Porque no les conviene —dijo serio—. Su total libertad depende de esas tres chicas. Si las encuentran y las meten a prisión, ustedes son libres... libres para toda la vida.
¿Libres para toda la vida? No podían negar que eso se oía tentador, muy tentador. Tenían que encontrar nuevamente a esas tres chicas. Sí o sí tenían que encontrarlas.
—Ya las encontraran, yo confió en ustedes tres, y sé que las hallarán de una u otra forma —imitó burlona mente el peli-negro al anciano alcalde.
—De seguro están fácil encontrar a tres chicas que se escabullen como fantasmas —comentó el oji-azul.
—No están difícil —los dos jóvenes muchachos se voltearon a observar a su hermano mayor que se mantenía pensativo.
—¿Cómo dices?
—Momoko estaba en la casa de Randy, lo que significa que ella conocía a Randy...
—Randy está muerto, no creo que te sirva de mucho preguntarle algo a él —dijo Butch fastidiado.
—Pero Randy era el novio de Kasumi, así que por deducción, Kasumi debe saber algo, aunque sea la más mínima información.
—Tal vez tienes razón, pero aún así, no sabemos dónde demonios está ahora esa tal Kasumi —Butch dijo.
—Con todo eso de que quizá ella asesino a Randy, yo creo que ya no está en el país —dijo Boomer mientras abría una lata de cerveza y bebía de ella.
—Pero si existe la diminuta posibilidad de que ella aún se encuentre aquí.
—Y si es así, ¿cómo la encontraremos? —preguntó Boomer.
—Hablaremos con la persona que conoce a medio mundo —dijo el peli-naranja—. Hablaremos con Bell. Ella de seguro sabe algo acerca de ella.
—¿Tu crees?
—Por supuesto. Es la dueña de el club white star. El club en el cual se encuentran las más bellas mujerzuelas —respondió Butch por el peli-naranja.
—¿Y ahora qué le pasó? —preguntó la peli-naranja al ver como Kaoru salía del apartamento, azotando la puerta.
—No lo sé —se encogió de hombros—. Sólo le pregunte que es lo qué le pasaba, ya que últimamente estaba muy distraída.
—¿Y sólo por eso se fue?
—Sí —dijo desinteresada—. Tú conoces a Kaoru. Le dices algo y se enfada.
—No creo que haya sido buena idea que saliera.
—Si ella te hubiera oído decir eso, se hubiera puesto furiosa. Diría que ahora nos creemos su madre, o qué sé yo.
—Sí, sé que diría eso —frunció los labios—. Pero de todas maneras, es peligroso.
—¿Desde cuándo te preocupa lo peligroso? —alzó una ceja—. Joder. Todos están muy extraños.
—Miyako, lo digo porque recién ayer nos pudimos librar de aquel trío de tarados. Por lo tanto, ellos ya nos conocen. Y podría asegurarte que Kaoru salió así nada más, sin su identidad ni nada.
—Hablando de identidades —dijo la rubia—, ¿no crees qué deberíamos ir con Bell para que nos dé otras?
—Sí, creo que si necesitamos unas nuevas —observó la hora en el viejo reloj que colgaba del muro, éste marcaba las doce de la noche—. Aun es temprano, no creo que Bell haya cerrado el club.
—¿Iremos sin Kaoru?
—Sí —asintió—. Seguramente está allá.
—¿Tú crees?
—No creo, lo sé —dijo seria—. Cada vez que Kaoru se molesta va a ese lugar. Un lugar perfecto para encontrarse con hombres con dinero a los cuales robarle absolutamente todo.
—Podríamos hacer lo mismo —sonrió la rubia de ojos azules claros—. No podemos perder las viejas costumbres.
—Nada de robar hoy —proclamó—. Primero necesitamos una nueva identidad, así que, ¡andando! —dijo y caminó junto con la rubia hacia la puerta principal para luego emprender caminó hacia el club white star.
—Pero podríamos hacer una excepción hoy...
—Miyako.
—Está bien. Está bien. Nada de robar hoy.
Entró y recorrió el lugar con la mirada. Habían un grupo de mujeres bailando sobre el escenario, seduciendo a los miles de espectadores. Los espectadores, hombres casados, solteros, daba igual, la mayoría tenia dinero para andar de putas. Por supuesto que ella no era una prostituta, jamás lo había sido y no le gustaría serlo. Ella sólo los seducía hasta llevarlos a la cama, y una vez ahí, los golpeaba hasta dejarlos inconscientes y luego les robaba todo, incluido la ropa para aumentar la vergüenza de que una sensual chica 'indefensa' les robara todo.
Visualizó a una joven muchacha de largo cabello plateado que vestía un top negro ajustado con un enorme escote, una mini falda negra de cuero y unos altos tacones blancos.
—¡Hey, Bell! —exclamó la chica. La peli-plateado se volteó hacia dónde provenía la voz y sonrió amplia mente.
—¡Kaoru! —la peli-negra se acercó a ella—. ¿Qué haces por aquí?
—Ya sabes, vengo a trabajar —sonrió amplia mente mientras observaba la cantidad de hombres que ahora la devoraban con la mirada a ella, y eso que ni siquiera vestía tan demostrativa como la mayoría de las chicas de allí.
—Kaoru, ya te he dicho que no me gusta que le robes a mis clientes.
—Ellos se lo merecen por creerse que podrán llegar a tener algo conmigo.
—¡Tú eres la que los seduce!
—¡No es mi culpa que ellos caigan! —Bell rió con sorna.
—Está bien —dijo—. ¡Pero no los golpes tan fuerte! ¡La idea es que después regresen!
—Todos regresan —aseguró sonriendo victoriosa—. ¿Cuál me recomiendas? —le preguntó indecisa.
—Mmm —balbuceó pensativa—. ¡Aquel! —exclamó apuntando disimuladamente a un chico de cabello negro y orbes azules claros que permanecía sentado observandó el espectáculo que ofrecían las mujerzuelas.
—¿Tú crees que tenga dinero?
—¡Por supuesto! —dijo—. ¡Es cosa de mirarle la cara de fresa que tiene! —exclamó burlona. La peli-negra rió.
—Así que un chico fresa... ¿crees qué caiga en la trampa?
—Claro que sí. Nadie se resiste a tus encantos, chica.
—Tienes razón —dijo egocéntrica—. Aquí voy. Deséame suerte... bah, no la necesito —rió con sorna.
—¡Suerte de todos modos!
—¡Gracias de todos modos! —antes de abrirse paso entre la multitud de hombres, le sonrió amigablemente a la chica de cabello plateado.
Hola! x3
Actualice rápido nuevamente C: Es que comienzo a escribir y me gana la inspiración y al final termino escribiendo todo un capítulo, y aveces más n.n. Haría los capítulos más largos, pero me gusta dejarlos con la intriga :3 Mujajaja! okno. Bueno... en el próximo cap habrá un poquito de Lemmon e.e ¿Qué opinan ustedes? -.- Lo hago con Lemmon o no? En fin, si dicen que sí, tampoco será taaaanto lemmon e.e
Si te gusto este cap, ¡deja un comentario! :A.
