"Quiero amarte hoy, por si no hay mañana" (Nada es para siempre-Luis Fonsi).

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Soledad Cap. 12 "De sentimientos encontrados y de amor verdadero."

Zero se dirigió con decisión a la habitación en donde se encontraba Kaname, el mero hecho de pensar en él hacía que su sangre se calentara. No, no era el sentimiento de enojo o frustración que siempre le invadía con el moreno, ésta vez era totalmente distinto. Ese calor era acompañado de una desesperación incomprensible de encontrarle, de verle y de…

Meneó la cabeza pero aquello de nada le sirvió para ahuyentar el sudor que invadió a su cuerpo, a tal grado que comenzó a sentirse sofocado a medida que se acercaba a donde se encontraba el pura sangre.

Finalmente, llegó a la puerta, abriéndola de un solo golpe y lo vio, de pie en medio de la habitación con la camisa totalmente desabotonada.

–Zero –murmuró Kaname. Sin proponérselo aquello había sonado demasiado sensual y las hormonas del ex prefecto lo interpretaron como una invitación.

Sin pensar en nada más y siendo capaz de sólo captar el olor y el suave fluir de la sangre de Kaname llamándole, se acercó en un parpadeó hasta él. Sus manos tocaron las mejillas del moreno, acariciándolas con las yemas de los dedos.

Y finalmente, sus labios se tocaron en un beso profundo.

Kaname abrió de más los ojos sin saber qué hacer exactamente. Maldijo mentalmente a Zero por ser la primera persona en dejarlo desconcertado y de alguna manera fue capaz de transmitir aquel sentimiento pues el ex prefecto abrió los ojos, encontrándose con la expresión agresiva del líder pura sangre, siendo como una bofetada figurativa.

Asustado por lo que acababa de hacer, Zero se separó de inmediato del moreno, mirándolo ahora con horror y con un sonrojo muy llamativo en sus mejillas. Sin esperar nada (o mejor dicho, sin querer esperar un buen golpe por parte de Kaname), salió corriendo de la habitación, a punto incluso de caer de bruces en medio del pasillo.

"¡Qué estúpido, qué estúpido, qué estúpido!", se repetía una y otra vez el ojivioleta. "¿En qué diablos estabas pensando, Zero?"

No se atrevió siquiera a voltear para cerciorarse de que el otro lo siguiera, ni siquiera le importó encontrarse a mitad de las escaleras a Sara, y mucho menos le importó la forma en que le miró la mujer. Lo único que deseaba era que la tierra se lo tragara vivo.

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Kaname se quedó de pie, helado. Sólo atinó a entre abrir los labios, mientras sentía que sus sienes palpitaban, como si acabara de correr un maratón agotador ¿Era por la emoción de lo sucedido? Aquel pensamiento le hizo gracia, permitiéndole, por fin, reaccionar. Una pequeña sonrisa se dibujo en sus labios y de haberse tratado de cualquier otra persona, hubiera comenzado a desternillarse de la risa.

Pensar que Zero la había besado ¡Besado! Ja ¿quién lo diría?

Con paso resuelto se acercó a la puerta de la habitación y la cerró. No, no era el tiempo para ir a buscarle. Por el momento era mejor dejarle solo o corría el peligro de que a las primeras de cambio saliera corriendo de la mansión ¿No se atrevería a hacerlo en esos momentos? No sí lo conocía como él estaba seguro de hacerlo. Sí, lo mejor era dejarlo en soledad para que tuviera tiempo de auto convencerse de que lo sucedido era… ¡era cualquier cosa menos un gesto de cariño!

Kaname se recostó en la cama, con las piernas colgadas por la orilla del colchón, atravesado en el mismo y llevándose el antebrazo a la frente; la camisa seguía desabotonada, pues con tanto alboroto había olvidado cambiarse de ropa.

Pensándolo con detenimiento: ¿Qué fue lo que movió a Zero a besarle y llegar de ese modo, tan atrevido, a su habitación y asaltándole sin decir nada?

El pura sangre entreabrió de nuevo los labios, mirando un punto fijo del techo, quizá veía el lento oscilar de las aspas del ventilador. Repasó mentalmente la escena, sintiendo de nueva cuenta el cosquilleó que los labios de Zero le provocaron en los suyos; fue capaz de sentir también el roce de los colmillos del ex prefecto y el cómo la lengua tibia de éste alcanzó a juguetear en su interior.

El palpitar de las sienes se intensificó, provocándole calor en todo el cuerpo.

Se enderezó de inmediato sobre el colchón al percatarse de sus emociones, llevándose una mano al rostro, cubriendo cierta parte del mismo. De alguna forma era como si su sangre quisiera decirle algo. El gesto le ayudó a concentrarse.

Zero… Zero…

Un poco más de concentración y descubrió que el chico se encontraba en el jardín de la mansión.

No le dio mayor importancia, lo atribuyó al hecho de que al ser un sangre pura era perfectamente capaz de sentir la presencia del ojivioleta. Después de todo, en la práctica era dueño de él, al ser un Nivel E ¿no?

Sin mayores preocupaciones, se cambió de ropa y finalmente se fue a dormir.

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Los ojos violetas de Zero volaron hacia la ventana de la habitación de Kaname al percatarse de que la luz se apagaba. Por un momento su corazón experimentó una especie de decepción.

"Tenía que haberme venido a buscar", pensó Zero con desilusión.

–¡Pero qué diablos tiene que importarme si viene o no? –se dijo en voz alta, levantándose del pasto.

Miró el cielo, ya casi era hora de que amaneciera y por un instante pensó por enésima vez en abandonar aquella casa, sin embargo huir después de lo sucedido no sería otra cosa más que un acto de cobardía. Y si algo no tenía era ser un miedica. No le daría la oportunidad a Kaname de burlarse aún más de su persona.

Yuuki.

Pensó en ella. Ella que era su única razón de seguir ahí y de desear enfrentar cualquier clase de cosas que se le presentaran.

Se llevó las manos a los bolsillos de los pantalones y regresó a la mansión. Deseba tanto hablar con la chica, escuchar su voz que sin duda le reconfortaría tanto.

Llegó hasta su propia habitación y se dispuso a marcar el número de la casa Kuran.

Moshi, moshi? –escuchó que le respondían del otro lado de la bocina y sin embargo no se trataba de la voz que tanto deseaba oír.

–¿Puede comunicarme con Yuuki, por favor? –dijo.

Yuuki sama se encuentra ya dormida. Tú debes de ser Kiryuu san ¿cierto?

–Ah, sí. Sí ¿Y tú eres? –respondió algo desconcertado y con desencanto por enterarse de que la castaña ya dormía.

Mi nombre es Tsukiko Aidou.

–Ah, ya veo. La hermana de Aidou sempai.

Si. Dime Kiryuu san ¿Kaname sama se encuentra bien?

Zero colgó, imaginándose por un instante la cara de sorpresa de la chica al darse cuenta de que la llamada se había cortado. Sin embargo, lo que menos deseba en esos momentos era ponerse hablar del sangre pura.

Resignado y en medio de un suspiro cambió sus propias ropas por un pijama y se acostó a dormir. Lejos de lo que podía imaginar, el sueño le invadió de inmediato.

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Zero se removió sobre la cama. Alguna clase de sensación desagradable comenzaba a alertarlo, sacándolo poco a poco de sus sueños. Finalmente sus sentidos de cazador le hicieron darse cuenta del inminente peligro y de forma rápida llevó la mano derecha debajo de la almohada para sacar la Bloody Rose. Pero fue tarde.

En un rápido movimiento, sintió el peso de alguien encima de él inmovilizándole la mano que sostenía el arma.

–¿Qué diablos? ¡Kaname! –masculló, siendo sólo capaz de ver el color blanco de la camisa que portaba el susodicho.

–¡Oh! ¿Así que piensas que soy él? –escuchó que le respondían.

–K-Kaito –balbuceó, sintiendo que se sonrojaba al instante.

–¿Es mi imaginación o tienes cierta fijación con ese pura sangre? –el cazador activo miró al ex prefecto a los ojos.

–¡De ninguna forma! ¿Ahora puedes hacerme el favor de quitarte de encima? –Zero movió las rodillas, empujándole, pero de respuesta recibió una risita.

–Pareciera que te pone nervioso que esté aquí, Zero. Por favor, no necesitas ponerte así ¿recuerdas cuando solíamos compartir la misma cama durante las misiones?

–Tú y yo jamás compartimos cama –respondió redoblando esfuerzos para zafarse del agarre.

–¿Ah, no? Pues sí que ha sido una lástima –Kaito apretó las muñecas del ojivioleta e inclinándose pareció dar a entender que su intención era alcanzar las orejas de su antiguo compañero.

–¡Diablos! ¡Hazte a un lado! –dijo Zero encogiéndose y tratando de ocultar su oreja derecha.

–¿No escuchaste lo que te dijo? –la voz de Kaname resonó en la habitación.

Ambos chicos voltearon a ver con dirección a la puerta, notando al pura sangre de pie, cruzado de brazos y recargado en el marco de la misma. Su expresión era indescifrable, pero fue suficiente para que Kaito dejara en paz a Zero. Por un instante ambos, cazador y vampiro, se miraron a los ojos.

Cuando Kaito bajó de la cama y se volvió para buscar a su antiguo compañero, éste ya no se encontraba más ahí.

–Me gustaría mucho que me dijeras qué es lo que pretendes con Zero –le dijo el cazador en tono retador.

Kaname le siguió mirando por un instante más sin cambiar su expresión.

–¿Pretender, dices? –Respondió haciendo una pausa– Nada que tú mismo no quieras hacerle.

Kaito enarcó las cejas, sintiendo el impulso de sacar su arma y asesinar en ese momento al líder vampírico. Pero se contuvo.

–Zero no está sólo, te lo advierto Kaname Kuran –el cazador salió de la habitación atreviéndose a rozar el hombro del vampiro en el proceso, pero el moreno no le dio importancia y después de eso él mismo también salió de la habitación.

Mientras tanto, Zero permanecía encerrado en el cuarto de baño, escuchando todo desde ese lugar y por más que deseaba comprender aquel intercambio de palabras no lograba entender nada.

Nada que tú mismo no quieras hacerle…

El ojivioleta recargó la cabeza en la pared, esperando que el frío mosaico fuera capaz de acomodarle las ideas, pero eso no sucedió. Decidió entonces darse un baño. Después de ello se percató de que su estómago reclamaba algo de comida, pero no tenía la más mínima intención de bajar a comer con los demás, en especial sabiendo que ahí estaría Kaname.

De pronto recordó que la noche anterior había tenido un mal gesto con Mikael y, con el pretexto de irle a ver (de seguro a como estaban las cosas el chico seguía encerrado) decidió desayunar con él.

–¿Cómo te sientes? –preguntó Zero después de obtener el permiso para entrar.

–Mejor, pero creo que no me dejarán salir tan fácilmente de aquí –bromeó el pelirrojo. Zero le sonrió.

–¿Ya arreglaron las cosas tú y Elihata san? –el chico bajó la mirada en medio de una negación.

–No es cuestión de que debamos 'arreglar' algo. Es sólo que Elihata debe entender que esto no es su culpa, que deje de cargar con ese peso –Mikael trató de sonreírle.

–¿Y así piensas solucionar todo? ¿Esperando a que sea él quien tome la iniciativa?

–¿A qué te refieres? –preguntó el pelirrojo parpadeando un par de veces.

–A que debes tú salir de aquí y decírselo. No importa las veces, síguelo haciendo hasta que él lo entienda.

–Creo que tienes razón. Lo haré. Pero dime ¿qué hay de ti?

–¿D-de mí? –Mikael asintió en silencio

–Ayer dijiste que estabas aquí porque estás enamorado de la prometida de Kaname sama ¿es eso cierto?

Zero suspiró y tomó asiento junto a la cama de su amigo. De forma breve trató de explicarle lo que había pasado en los últimos años y su relación con los Kuran. Al terminar su relato hubo un breve silencio y Mikael le tomó una de las manos, llamando con ello la atención del ojivioleta.

–Sólo tienes que pelear por lo que amas, te lo dije una vez. Pero… –dijo Mikael, deteniéndose en medio de su argumentación.

–¿Pero? –preguntó Zero, sosteniendo la mano de su amigo.

–Si me lo permites decir, creo que lo que sientes por esa chica no es amor.

–¿Qué? –se sorprendió el peliplatinado, abriendo de más sus ojos.

–Ya te lo dije, beber de la sangre de alguien es un asunto muy complicado, a veces pudiera confundirnos.

–Pero yo ya sentía algo especial por Yuuki desde antes que bebiera de su sangre– Mikael hizo un gesto de negación con la cabeza.

–Era especial porque ella estuvo ahí para apoyarte, la querías como a una hermana; como si pudieras, de algún modo, sustituir a Ichiru, tu hermano gemelo a quien creías perdido. Entonces cuando Yuuki te ofreció de su sangre para salvarte del Nivel E, tú pensaste que un sacrificio así de grande sólo lo justificaba un sentimiento igual de grande: el amor. Y sí lo era, pero no de la clase que pensaste.

–¿Estás diciéndome que todo esto es una equivocación? ¿Qué nunca he amado de verdad a Yuuki? –preguntó molesto Zero.

–No estoy diciendo eso.

–¿Entonces?

–Creo que eres demasiado inexperto aún, Zero. No dudo de tus sentimientos, pero si de tus razones.

–¿Inexperto? Lo dices como si tú fueras mucho mayor que yo.

–En apariencia quizá no, pero en realidad tengo unos 200 años más que tú.

Los labios de Zero se abrieron de la impresión, pero no fue capaz de decir algo.

–Créeme, hay muchas cosas que no sabes, incluso de nosotros como Nivel E. Piensa bien en lo que te he dicho y no trates de aferrarte a tus ilusiones meramente, porque vas a sufrir.

–¿Sugieres que me vaya entonces? Yo sigo pensando que amo a Yuuki.

–Y también te puedo asegurar que tu sangre en estos momentos hierve con la sola mención de Kaname.

Zero sintió que sus mejillas ardieron y su cuerpo era invadido de un sofocante calor.

–Eso es por la conexión de sangre que se ha creado entre ustedes. Piensa ¿el sentimiento es más grande que con Yuuki cuando probaste su sangre? Probablemente se deba a que Kaname sama es más fuerte o… a otra cosa.

–¿No empezarás otra vez con tus cosas?

–Ja, ja, yo sólo digo que él debe estar pasando por la misma situación que tú.

–Que… –de inmediato llegó a la mente de Zero el recuerdo del beso que le dio una noche anterior, sonrojándose notoriamente. –Yo amo a Yuuki.

–Bien, sí realmente la amas no tienes por qué temer hacerte ese auto examen –Mikael salió de entre las sábanas y se dirigió al closet.

–¿Qué vas a hacer? –preguntó Zero, el chico le miró sonriente.

–Lo que me has sugerido, ir a buscar a Elihata –y después de eso, se metió al baño, dejando solo a ojivioleta.

Zero enfocó la mirada por un instante en el suelo. Toda aquella plática le daba de vueltas en la cabeza. Él estaba seguro de lo que sentía por Yuuki, pero Mikael tenía razón en lo que concernía a su sangre y Kaname. Sacudió la cabeza. Al parecer tenía muchas cosas en las que pensar.

Se levantó de su asiento para salir del lugar.

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Kaname permanecía sentado en el sillón del pequeño despacho que Elihata había acondicionado para su uso exclusivo durante su estancia en la mansión. Veía el jardín desde la ventana. Una pareja paseaba tomada de las manos, mientras parecían reír y disfrutar del momento para después perderse de vista detrás de los árboles.

Sus ojos brillaron por un instante con un color carmesí, cosa que hizo desaparecer en el momento de cerrarlos. Aún así era capaz de sentir que sus sienes palpitaban como la noche anterior, como en la mañana, de hecho, lo hicieron.

Eso de beber de la sangre de alguien más y formar un circuito de sangre era algo muy complicado y solamente a un tonto como a Zero se le pudo haber ocurrido formar uno con él. Lo peor de todo era que el chico pensaba firmemente que con eso le salvó la vida.

Tonto, tonto y más tonto. Eso era Zero.

Kaname sintió el cosquilleo conocidísimo de sus colmillos al crecer, exigiendo la sangre de alguien. Volvió a cerrar los ojos, recargándose al mismo tiempo en el respaldo del sillón.

Lo que sentía era tan extraño, que no recordaba haberlo experimentado nunca antes y de alguna forma lamentaba no haber sido la sangre de Yuuki la primera en probar. Pensó que la necesidad por la sangre de ella debía ser más agradable.

En ese momento, a su campo de visión apareció Kaito y por alguna razón verlo le encrespó los nervios. Recordó la escena de la mañana, encontrarlos en esa posición le había enfadado demasiado. Uno encima del otro.

Uno encima del otro…

Por un instante su mente transformó la escena, cambiando el lugar de Kaito por él mismo.

De un solo salto se levantó del sillón, sintiendo y escuchando su propio corazón retumbarle, según creía él, hasta las paredes a su alrededor. Sintió de nuevo la lujuria de la sangre y de algo más embargarle.

Definitivamente, crear un lazo de sangre con alguien resultaba demasiado complicado. Un poco más tranquilo se percató de que Kaito parecía mirarle a través de las cortinas.

Zero no está solo, te lo advierto Kuran Kaname, pareció que sus ojos le advertían para después marcharse del lugar.

Así que trataba de rivalizar con él ¿eh? Para eso le llevaba mucha ventaja. Después de todo él tenía el pleno derecho sobre Zero ¿no? Por lo que veía, entonces la situación se trataría de ver quién lo ganaba primero.

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Elihata había dejado la pila de papeles sobre el escritorio, era imposible tratar de concentrarse y acababa de resignarse a dejarlos a un lado.

Primero se llevó una mano cerrada en un puño sobre la barbilla en una clara muestra de que se encontraba pensando. Sus ojos violetas reflejaban tristeza y no dejaba de pensar en Mikael. Llevaba ya dos días sin atreverse a irle a ver y le extrañaba muchísimo, pero estaba decidido a que era mejor dejarle aunque con ello él mismo se condenara a la miseria.

–¿Y crees que con eso seré feliz? –escuchó de pronto la voz del pelirrojo, alzando la mirada.

–Mikael –dijo sorprendido, pero de inmediato se repuso, fingiendo serenidad –Pensaba ir a buscarte al final del día y entregarte esto.

Le extendió un sobre sellado con su propio anillo y cera roja, como a la vieja usanza. Mikael enarcó las cejas y se lo arrebató de la mano para después romperlo en pedazos.

–¿Eres estúpido o qué, Elihata? No quiero nada de esto ¿O es qué crees que con tus propiedades y tu dinero vas a compensarme todo lo que me has hecho?

–Lo sé –respondió el rubio, apartando la mirada –Ni toda la riqueza del mundo entero podrá devolverte tu humanidad.

–¿Y para qué mierda quiero mi humanidad si te tengo a ti? –le gritó Mikael, azotando las manos en el escritorio.

–Entonces ¿qué quieres decir con eso de que nada podrá compensarte lo que te he hecho? Por mi…

Elihata se quedó a mitad de la frase pues recibió una bofetada por parte de su amante.

–Me has hecho la persona más feliz de este mundo. Me has hecho tu amante, nada podrá compensar todo eso.

–No… no te he hecho simplemente mi amante. Te he hecho mi vida misma.

–Entonces ¿por qué? ¡Por qué carajos te comportas de esa forma? Deja ya de culparte por el pasado.

–Es que faltó tan poco, tan poco para perderte y no fui capaz de estar ahí para salvarte, para protegerte.

Mikael le miró, estaba a punto de quebrarse. Ambos lo estaban. Sin reparar en la importancia de los papeles, decidió romper con las distancias y subió al escritorio para terminar sentándose en horcajadas sobre las piernas del rubio.

–Pues entonces quédate a protegerme. Tú mismo lo dijiste, nada es para siempre, pero hoy estamos juntos. Dejemos de pensar en lo que pasará mañana… sólo quiero amarte y que tú lo hagas conmigo. Quiero amarte hoy, por si ya no hay mañana.

Elihata le miró y antes de que Mikael notara sus lágrimas le besó, atrayéndole hacia su cuerpo y tomándole por la cintura. Pronto sus cuerpos se acoplaron, sintiendo calor.

–Te amo, mi pequeño volcán –murmuró Elihata sobre sus labios, a lo que Mikael respondió con una sonrisa.

Sin que ninguno de los dos lo sospechara, esa sería la última vez en que pelearían. Sí, nada es para siempre…

CONTINUARÁ…

Notas de la autora:

(Asomando a penas el flequillo) Ahm… perdón TwT

Ya sé que me he perdido los horrores para actualizar. La verdad es que ya tenía el capítulo en su totalidad pero me retrasé en el proceso de revisión y uno que otro detalle ¡PERDÓN! Es que he tenido un montón de cosas por hacer y el tiempo es el culpable de todo ¡A quién se le habrá ocurrido hacer los días de tan sólo 24 horas? o.Ó

Como se habrán dado cuenta, el capítulo es ligero, aunque con un poco más de auge con la rivalidad Kaname-Kaito. Pero ya se sabrá más de ello en otro capítulo (sigo pensando que esto se alarga cada vez más ¬¬)

¡Pero prometo que el siguiente será más largo (en realidad debe ser más largo) y si logro desarrollar todo fluido y lógicamente, estos bombones tomarán una súper e importante decisión!

Gracias a: Kira Kuran, Hohenheim x3, lexkai, sariCin,Lilita Kiryu, laynad3, n0 HaNa.o0o, bloody child, solcithooh por sus reviews. ¡Los agradezco mil, así como a los que me han agregado a sus favoritos!

Matta au!