Disclaimer: todos los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer, yo solo me divierto con ellos. Aunque si ella fuera tan amable de regalarme a Jacob y a Edward, no me negaré.
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Herencia
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- ¿Es así como tratas a tus amigos? Muy mal Bella, muy mal.
- Cállate y dime que haces aquí. Pensé que te irías a Canadá.
- Cambiamos de planes, muñequita. – respondió, pasando su brazo por la cintura de la humana y atrayéndola hacia él.
- ¿Cambiamos?
- ¿Qué te creías? ¿Que vendría solo? Mal otra vez, nena.
- Te dije que no me llamaras así. Y quítame las manos de encima. – Bella hizo el intento de zafarse, cosa imposible viendo quien la tenía agarrada. – ¿No me digas que has venido con Laurent y con esa entupida pelirroja?
- Awww, ¿celosa de Victoria, Bella? Nunca lo hubiera creído de ti, después de todo, ¿no fuiste tu quien me dejo para conquistar a uno de los Cullen? ¿O acaso toda la información que te di fue por nada?
- Eres imposible.
- No parecías quejarte cuando te tomaba en el bosque.
Bella se quedó callada
- Y hablando de bosques, no adivinarás a quienes encontramos esta tarde en el bosque.
- ¿A quién? – preguntó una muy ansiosa Bella.
- Nada mas y nada menos que a los famosos Cullen. Aunque…
- ¿Qué?
- Aunque me pareció extraño no verte ahí, ¿sabes? Todos parecían estar en pareja. Incluso ese tal Edward.
Bella se envaró, pero logró contener sus ganas de ponerse a gritar.
- ¿Viste a Edward con Jacob?
- Así que se llama Jacob. Que interesante. El nativo, ¿no es así?
- Si. ¿Qué hacia ahí? – preguntó furiosa Bella.
- No lo se, pero Cullen se puso muy sobre protector con el. Casi arremete contra mí, si no hubiera sido porque los otros lo sujetaron. Una lastima. Hubiera sido un buen reto.
- No te metas con Edward, James. Te lo advierto.
James la atrajo con mas furia hacia él y le habló seriamente.
- Tú a mí no me adviertes nada, humana. Claro que… preferiría meterme con ese lindo nativo en su lugar. – respondió lanzando una mirada lasciva.
- ¿Qué tiene ese niñato que todos se encaprichan con él?
- Es muy delicioso y no lo digo solo para chuparle toda la sangre. Eso podría ser luego de hacerlo gritar un poco. Si sabes a los que me refiero.
- Eres un enfermo. Ya suéltame, loco.
James hizo lo que le pidió.
- Si, definitivamente, celosa es la palabra. Y dime, lindura, ¿qué te hizo el tal Jacob para que lo odies?
Bella le iba a contestar, pero escuchó ruidos provenientes de la casa.
- Debe ser Charlie. Debo entrar. Espérame en mi habitación. – dijo rápidamente dándole un profundo beso antes de entrar a la casa.
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Apenas llegaron a la casa de los Cullen, ellos mas Jacob se reunieron en el salón familiar. Jacob no comprendía nada de lo que estaba sucediendo, pero tampoco tenía el valor de preguntar.
Edward se sentó en uno de los sillones e hizo que Jacob se sentará en su regazo, pese a la total vergüenza del menor y la diversión del resto.
Finalmente, nadie aguanto más la tensión.
- ¿Que sucedió Edward? – se arriesgó a preguntar Alice, sentándose. El resto la imitó.
- Ese cerdo empezó. – fue lo único que dijo, atrayendo mas a Jacob hacia sí.
- Pero que dijo o que hizo. - fue ahora el turno de Carlisle.
- Lo siento mucho, mi amor. Por ponerte en esta situación. – dijo Edward a Jacob, antes de volver su mirada a su padre. – Él desea a Jacob. Quiere tomarlo y matarlo.
Todos se sorprendieron ante esta declaración e incluso las mujeres se mostraron levemente aterradas.
- ¿Qué? – balbuceó Jacob.
- Lo siento, de verdad lo siento. Nunca quise que esto pasara. Tenemos que sacarte de Forks, Jake.
El resto del clan empezó a hablar en voz baja, analizando la propuesta del joven.
- No. – fueron interrumpidos por el único humano del lugar.
- Pero Jake, es la única forma de alejarlo de ti.
- No. No me voy a ir.
- Por favor, no seas irracional.
- Tu eres quien lo esta siendo, Edward. Ellos son nómades, se van a ir y ese vampiro no me podrá hacer daño.
- Jacob tiene razón. – empezó Jasper, desde su posición alejada del salón.
- No se metan.
- Edward. – le advirtió Carlisle.
- Tiene que irse a lugar más seguro.
- ¿Qué lugar más seguro que éste? – continuó el mas jovencito.
- Él tiene razón, hijo. Estamos nosotros y la tribu para protegerlo. Además solo están de paso.
- ¿Y si deciden quedarse?
- Los mantendremos vigilados. Y no dejaremos solo a Jacob.
- Lo ves mi amor, no es necesario que me vaya. – finalizo Jacob, intentando abrazar a su novio. Pero éste no se dejó.
- ¡No! Tú te vas de aquí. – respondió el vampiro hecho una furia, saliendo del lugar sin notar que dejaba tras él a un muy dolido Jacob.
Esme lo notó muy decaído tras la salida de su hijo mayor y trato de reconfortarlo lo mejor que pudo.
- Ven, Jacob, no has comido nada y debes estar hambriento.
- No tengo mucha hambre, pero gracias Esme. Solo quiero irme a casa.
- ¿No prefieres quedarte aquí esta noche, cariño? Puedo llamar a Billy y decirle que… - insistió.
- Quiero irme a casa, por favor. – dijo el joven, haciendo todo lo posible por evitar llorar.
- Yo lo llevo. Ven Jacob. – se apresuró Rosalie. Iba a matar a su hermano por dejar así a Jacob.
- Yo voy con ustedes. – dijo de inmediato Carlisle. Tenía que hablar con Billy y no podía esperar hasta el día siguiente.
Los tres se fueron, mientras los demás miembros se dispersaban por las otras habitaciones de la casa. Todos preguntándose lo mismo.
¿Por que demonios Edward tuvo que ponerse así?
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Rosalie condujo lo más rápido que pudo hasta la casa de los Black. Quería que Jacob descansara y olvidara aunque sea por unas horas lo que había ocurrido con los nómades y sobre todo con Edward.
Cuando llegaron, Jacob no se movía, y entre ella y Carlisle lo llevaron a la casa. Apenas entró, Billy se preocupó, pero no logró preguntar nada, pues Carlisle necesitaba hablar urgentemente con él, por lo que fue Rosalie la encargada de cuidarlo y vigilar que durmiera.
- Billy, ha ocurrido algo serio.
- ¿Qué sucede? ¿Tiene que ver con mi muchacho? ¿Qué le han hecho? ¿Y donde está Edward? – empezó a disparar preguntar el hombre.
- Tranquilo, Billy. Todo en orden. – dijo primero Carlisle, buscando no alarmarlo. – Han llegado extraños al pueblo.
- Ya lo sabemos, Carlisle.
- ¿Cómo?
- Sam y los otros encontraron rastros que no corresponden a los de tu familia, pero no han podido encontrarlo en ningún sitio fijo.
- Uno de ellos… se ha fijado en Jacob, Billy.
- ¿De qué estás hablando? ¿Cómo pueden haberlo visto? – preguntó preocupado el padre del muchacho.
- Ocurrió hoy. Estábamos en el bosque cuando llegamos. No tuvimos tiempo de sacarlo de ahí.
- ¿Y Edward? ¿Por qué no esta aquí cuidándolo?
- No se que pasó entre James, uno de los vampiros, y Edward que hizo que casi arremetiera contra él. No nos ha querido contar todo. Pero al final empezó a discutir con tu hijo. Edward quiere sacar a Jacob del pueblo, pero el no quiere que se llegue a eso.
- Entiendo. No puedo decir que estoy molesto con tu hijo, por que yo haría lo mismo si estuviera en su posición. Pero tampoco puedo estar feliz por haber puesto así dejado en ese estado a mi hijo.
- Edward va a recapacitar, Billy. Solo quería venir a decirte, sabes que nuestra familia lo va a cuidar, al igual que la manada.
- Cuenta con eso. – respondió el nativo mayor y así terminaron su conversación.
Rosalie bajó las escaleras, luego de dejar a Jacob profundamente dormido. Ella y Carlisle se despidieron de Billy y partieron para su casa. Ya no había nada que pudieran hacer ahí.
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- ¡Si! ¡Si! ¡Más fuerte! ¡Mas! – gemía una persona, mientras que la otra hacia exactamente lo que le pedían.
Muy pronto llegaron ambos al orgasmo y se colocaron lado a lado en la gran cama.
- Ahora que ya quitamos esto del medio nena... – empezó uno.
- Ya te dije que no me llames así.
- Ya. Dime que te hizo ese muchachito.
- Ese estúpido me quito a Edward.
- ¿En serio? Cuanto lo siento.
- Por lo menos podrías fingir que si lo haces. He perdido una oportunidad única.
- Nena, si lo que quieres es ser inmortal, yo me encargo. – hizo amago de acercarse a su cuello, pero la otra persona se alejo rápidamente.
- Aléjate de mi. Edward será quien me convierta, imbécil.
- ¿Qué diferencia hace? Tu solo deseas ser inmortal. Yo te puedo dar eso. – intentó convencerla James.
- ¿De que me sirve ser inmortal si no tengo dinero? Edward va a ser mi seguro para alcanzarlo.
- Pero ese sueño murió, muñeca. ¿O acaso olvidas que tiene pareja? Por lo que vi eso va en serio.
- Todavía estoy pensando como deshacerme de él. – Bella se quedó pensando unos segundos antes de esbozar una gran sonrisa. Ya lo tengo.
- ¿Qué tienes?
- ¡Tú! Tú me vas a ayudar.
- ¿Por qué habría de hacerlo? ¿Qué gano yo con esto?
- Oh, no mucho. Únicamente la oportunidad de revolcarte con cierto nativo.
- James sonrío con malicia y se dispuso a escuchar el brillante plan de Isabella Swan.
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En la madrugada, luego de haber caminado por el bosque, Edward se sentía lo suficientemente calmado como para haber meditado mejor las cosas.
'Tal vez lo que dijo Jacob era mucho más razonable que mi idea de irnos'. – pensaba, mientras caminaba lentamente a la reserva. Necesitaba ver a su novio, pronto.
Subió como muchas veces por su ventana y lo encontró. Pero al verlo, se sintió mal.
Jacob estaba en posición fetal, tapado hasta la barbilla, y lo que a Edward mas le preocupó, fue el ceño fruncido. Como si estuviera sufriendo.
Se acercó a la cama y apartó el cabello que cubría la mejilla del joven y depositó un suave beso en esa zona, con lo que Jacob se despertó inmediatamente, mas no se levantó de la cama.
- ¿Vas a hacer que me vaya? – preguntó con miedo Jacob.
Recién entonces Edward se dio cuenta que los ojos de su amado estaban rojos de tanto haber llorado. Se riñó a si mismo por haber sido tan idiota, pues con sus palabras había lastimado a la persona a la que juro jamás herir.
'Bien hecho, cabeza hueca. Mira lo que hiciste'. – se reprendió.
- Jake… - empezó.
- No quiero irme, Edward. No me alejes de aquí, por favor. – le cortó el joven, algunas lágrimas resbalándose por sus mejillas.
Edward se apresuró a subirse a la cama y abrazarlo con fuerza, besando su frente y limpiando sus lágrimas.
- Shh, no te preocupes, mi amor. Nos quedaremos en Forks. Y nada malo va a suceder. Yo te protegeré.
- ¿En serio?
- Si. Nada malo te va a pasar.
- Gracias, mi amor. – Jacob se acercó y depositó un dulce beso sobre los labios del vampiro. Y él supo que había sido perdonado.
Se besaron lentamente, reconciliándose. Los besos poco a poco subían de intensidad, pero no podían ni querían parar. Finalmente, Edward se separó lentamente de Jacob, permitiéndole recuperar la respiración. Se acomodaron, Edward recostado boca arriba, y Jacob recostado sobre él.
- Descansa, Jake. – hablaremos mañana.
- Buenas noches, mi amor. – respondió Jacob, dando un último beso a su pareja para luego quedarse profundamente dormido y con una sonrisa en los labios.
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Pasaron meses en que no se supo nada de los vampiros nómades. Pero a pesar de esto, ni el clan Cullen ni los guardianes de la reserva quilette bajaron la guardia.
Durante ese tiempo, la relación entre Edward y Jacob floreció. Ahora que habían pasado un par de meses desde el rompimiento de Bella y Edward, ahora él se paseaba con Jacob por la escuela tomados de la mano. Todos los estudiantes los miraban, pero no comentaban nada, ya sea por incredulidad o por miedo al resto de los Cullen, que los cuidaban a sol y a sombra.
Durante ese tiempo además, a Bella no le quedó de otra que ver como esos dos se paseaban de un lado a otro por el pueblo. Parecía sentir la mirada de todo el mundo sobre ella todo el tiempo y aunque eso la ponía furiosa, lograba a duras penas controlarse. Después de todo, su plan ya estaba en marcha y solo era cuestión de tiempo.
Ella seguía hablando con Jacob como si no fuera nada extraño que él saliera con su ex pareja. Lo cual confundió mas a todos, pero que a Edward y especialmente a Jacob encantó. No querían que su relación fuera motivo de alejamiento de ambos amigos.
El único problema fue que a raíz del encuentro entre Jacob y los nómades, había comenzado a sentirse extraño. Trató de explicar lo que sentía a su padre y a Carlisle, pero simplemente no lograba conseguir las palabras adecuadas. Sin embargo, ambos padres podían darse una idea de lo que estaba pasando. Y ambos se hacían la misma pregunta.
¿Por qué recién ahora, si ha convivido con otros vampiros antes?
Solo podían hacer suposiciones, siendo la de Carlisle que al no ser una amenaza para el joven Black, su herencia no se había manifestado.
Pero ahora parecía que esta manifestación era inminente. Por lo que no sabían que reacción tendrían todos los unos hacia los otros. Sobre todo, que pasaría con su relación con el vampiro. ¿Y cómo podrían explicarle a Jacob en lo que convertiría?
Pero como todas las cosas están ya predispuestas de cierta manera, la transformación de Jacob se dio mucho antes de lo que cualquiera hubiera podido esperar. De la noche a la mañana, menos de una semana después de las conversaciones de Billy y Carlisle con respecto a la herencia de los quilette, Jacob empezó a experimentar una fiebre altísima. Edward intentó calmarlo con la temperatura de su cuerpo, pero el joven parecía no resistir tener al vampiro cerca, casi llegando a gruñirle en más de una ocasión, asustando a todos los que se encontraban cerca de la pareja.
Por dos días Jacob ardió en fiebre, y al tercer día ocurrió lo inevitable.
Se convirtió en un hombre lobo.
El descendiente de Ephraim Black había despertado.
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Jacob en un principio no entendía que le había sucedido, solo sabía que estaba muy asustado y se sentía como si estuviera en un cuerpo extraño.
- Soy yo. – dijo una voz, ingresando a la habitación.
Solo recibió gruñidos de parte del joven.
- Escúchame. Soy Sam.
Mas gruñidos.
- Escúchame. Tienes que tranquilizarte. Debes hacerlo. – concluyó con voz de mando.
Se dejaron de escuchar los gruñidos.
- Piensa en ti mismo. Visualízate tal y como eres. Imagina que cambias de forma a la forma real de tu cuerpo.
El joven lentamente hizo lo que se le pidió. Y empezó a notar la diferencia. Sentía como todo su cuerpo quemaba, le dolía y mucho, pero también sentía que su forma corpórea cambiaba.
Hasta que frente a Sam Uley ya no había un lobo, sino el joven quilette conocido por todos como Jacob Black.
- ¿Qué… qué pasó? – preguntó extrañado.
- Ya eres aquel que por derecho de nacimiento debiste ser. – respondió el otro enigmáticamente.
- ¿De qué hablas?
- Tu eres nuestro líder. El descendiente de Ephraim Black, es tu legado.
- Necesito ver a Edward. – murmuró el joven.
- No puedes. Mas bien no debes.
- ¿Por qué no?
- Es peligroso. No debes tener contacto con ellos. Al menos no por ahora.
- ¡No! ¡Debo verlo! – gritó Jacob, saliendo con rapidez de la casa con el único objetivo de ver a su pareja.
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Edward no se encontraba muy lejos de donde caminaba Jacob, por lo que se acercó con cautela, no sabiendo como iba a reaccionar su pareja ahora que se habían convertido en enemigos naturales.
Mientras mas se acercaba, mas esperaba sentir el olor característico que percibía su especie de los hombres lobo, pero en cambio de eso, solo podía percibir un olor divino. Nunca había olido nada como eso.
Y todo parecía indicar que el olor provenía del joven quilette.
'Pero eso no puede ser posible. ¿O si?' – se preguntaba el vampiro, acercándose mas a donde provenía el olor. Ese olor que lo hacia sentirse muy, pero muy excitado.
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Jacob sintió la presencia de alguien cerca a él, podía sentir también su olor. Un olor también muy excitante. Un olor que le estaba haciendo babear literalmente. Volteó rápidamente y al único que vio fue a Edward.
Corrió hacia él y colgándose de su cuello, apresó sus labios en un apasionado beso.
Edward no lograba pensar coherentemente, pero tampoco le importaba. Apretó mas la cintura de Jacob y respondió a sus besos, mordiendo sus labios y chupando su lengua con fuerza.
- Edward. – gimió Jacob, al sentir al vampiro repartiendo besos por su cuello.
En respuesta, Edward lo empujó contra uno de los árboles, pasando sus manos por la espalda del otro, hasta llegar a su trasero, el cual apretó con desesperación, haciendo que ambas erecciones chocaran, haciéndolos gemir con más fuerza.
- Debemos parar, Jake. – dijo Edward, aun acariciando a su pareja. Nunca lo había tenido tan a su merced como hasta ahora.
- Mmhhmm. – asintió el menor, atrayendo las caderas del vampiro contra las suyas.
Lo que menos pasaba por sus cabezas ahora era separarse.
Edward gruñó con el movimiento de caderas de Jacob, y tomándolo por las caderas lo levantó, haciendo que el menor envolviera sus largas piernas en su estrecha cadera, antes de echar a correr con rumbo desconocido.
Cuando hubieron llegado a una zona poco transitada, Edward recostó a Jacob sobre el césped, y se sitúo encima de él. Continuaron con los besos y caricias, sintiéndose arder cada vez mas el uno por el otro.
Empezaron a jalar sus ropas hasta terminar desnudos, con todas sus ropas rasgadas y tiradas alrededor.
Edward continuó repartiendo besos por el cuello de Jacob, bajando por su pecho, lamiendo y mordiendo levemente sus tetillas, algo que excitó aun más a su chico. Continuó su recorrido por su abdomen hasta llegar a su hombría, acariciando sus testículos y dando pequeñas lamidas a lo largo de su miembro, sintiendo a Jacob gemir y suspirar a la vez que acariciaba sus cabellos, alentándolo a seguir tocándolo.
No pudo aguantar su grito cuando Edward se metió todo su miembro a la boca, succionándolo y aprisionándolo dentro de los confines de sus labios. El sabor de Jacob era completamente intoxicante.
Jacob sabía que debían parar. Nunca habían llegado tan lejos en su relación, pero no tenía la voluntad necesaria para pedirle que pare. La lengua de Edward sobre su carne caliente se sentía demasiado bien. Y así se lo hizo saber con sus gemidos entrecortados. Y le regaló sus gritos cuando sentía que su orgasmo estaba próximo.
Edward dejó de chupar a su novio, lo que le ganó un sonido de frustración de su parte.
- Quiero tenerte, mi amor. – susurró Edward en su oído.
- Hazlo Edward. Hazme tuyo.
- ¿Estás seguro?
- Así de seguro estoy. – dijo Jacob, bajando su mano entre ambos cuerpos y tomando el pene de Edward con su mano, apretando ligeramente y causando que el vampiro gimiera. - Tómame. – ¿Es que acaso Edward no se daba cuenta de cuanto lo deseaba?
Edward no se resistió y se situó entre las piernas de su Jake. Llevó sus dedos a sus labios y los lamió, antes de llevarlos hasta la entrada del joven. Introdujo primero un dedo, gruñendo ligeramente al sentir la estrechez e imaginando como se sentiría penetrarlo con algo más grande.
- Otro más, Edward. – gimió el joven. El otro le hizo caso.
- Así continuó hasta colar tres dedos. Ya no aguantaba mas, así que sacó sus dedos y colocó su erección contra la entrada de Jacob.
- Te amo, Jake. – le dijo Edward antes de empezar a penetrarlo.
El otro no sintió ningún dolor, únicamente todo el placer de sentirse penetrado por su único amor. Edward empezó a moverse dentro de él, primero despacio, pero al sentir las manos desesperadas de Jacob sobre su trasero, empezó a arremeter contra él cada vez más fuerte. Metió su mano entre ambos, masturbando a su pareja, hasta que sintió como el joven se vino sobre su mano y su pecho. Embistió unas cuantas veces mas y se vino, gimiendo el nombre del menor.
Siguió repartiendo cortos besos por las mejillas y labios de Jacob, mientras ambos se recuperaban.
- ¿Estás bien, mi amor? – preguntó Edward, saliendo de él y colocándose a su lado, acariciando sus largos y sedosos cabellos.
- Muy bien, cariño. – se acurrucó el menor contra el cuerpo frío de su novio, aspirando su olor tan intoxicante.
- Te amo, Jacob. Te amo.
Ninguno de los dos supo que era lo que los había llevado a tener relaciones de una forma tan anomalística, pero estaban felices de pertenecerse ahora el uno al otro.
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Y así termino el capítulo. Solo tengo 3 cosas que decir:
1: Bella es una super p%/#!
2: Lobito lindo mi Jake!
3: Quiero mi cama! jajaja
Espero que les haya gustado el capítulo. se esperan comentarios... y críticas constructivas. si alguien propone ideas... yo acepto todo. besitos!
R&R!
