Nico Robin vs Roronoa Zoro 2Y

El día amaneció con gran tranquilidad y así continuó con el paso de las horas, lo que resultaba difícil de creer estando en el Shin Sekai pero no siempre iban a tener que encontrarse con problemas, ¿verdad?

Robin recibió una ceja enarcada por parte de Nami al verla llevando una coleta alta mientras que, si no fuera por los constantes halagos por parte de Sanji, para los demás podría haberles pasado desapercibida.

Cada uno se dedicó a sus propios quehaceres, o a divertirse directamente, por lo que Zoro no tardó mucho en subir al puesto de vigilancia para hacer un poco de ejercicio. Luego de dos años de arduo entrenamiento bajo las órdenes del mejor kengou del mundo esto se asemejaba más a estar de regreso al dojo en Shimotsuki pero eso no quería decir que no fuera a tomárselo en serio puesto que un entrenamiento seguía siendo un entrenamiento.

Pasaron las horas y muchos dejaron de hacer unas cosas para dedicarse a otras. Zoro había ido de entrenar a dormir para luego continuar con el entrenamiento hasta que dio por terminada la jornada, provechoso, de este día tan extrañamente tranquilo.

¡Hasta que terminó de ducharse!

—¿Se puede saber dónde está?— se preguntaba Zoro mientras volvía a rebuscar en el cuarto de baño aunque con tan poco éxito como la primera vez—. La traje con lo demás, ¿no?

Abandonando el baño volvió por sus pasos teniendo que escuchar el grito de Sanji para que se moviera de una kuso vez y fuera a la cocina para la cena, una más temprana de lo habitual por diversas causas, si no quería que se quedase sin ella aunque, como bien le apuntó, a él no le importaría si así fuera. Algo que trajo un grito de alegría por parte de Luffy hasta que un golpe bien dado le hizo contenerse en no saquear el plato de Zoro.

Poniendo patas arriba el puesto de observatorio, teniendo luego que ponerlo todo en su sitio nuevamente, Zoro siguió sin encontrar aquello que estaba buscando y que ya le estaba haciendo perder la fina paciencia que se gastaba en estos momentos.

—Seguro que me acordaré con el estómago lleno porque es más difícil el pensar las cosas teniéndolo vacío— se dijo el peliverde—; aunque sea con la meshi de ese maldito ero-kukku.

Ignorando las duras miradas que le lanzó Sanji fue a sentarse en su lugar habitual, por desgracia frente a Nami de manera que le dejaba en una posición de ser el blanco del aburrimiento de la akage. Como fue en este caso.

—¿Te has perdido camino a la cocina?— preguntó con verdadera malicia la akage ganándose pequeñas carcajadas del resto de sus nakama.

—Mi Nami-swan siempre tan perspicaz— alardeó un encantado Sanji que tenía la posibilidad doble de halagar a Nami y meterse con Zoro al mismo tiempo.

Por un momento pareció como si Zoro la fuera a ignorar, algo que debería haber hecho, pero como tenía una buena excusa para haber llegado tarde…

—Estaba buscando algo— dijo tras dar un buen trago a su bebida y antes de ponerse a continuar comiendo.

Nami hizo rodar los ojos dramáticamente dedicándoles una sonrisa burlona para el resto de sus nakama.

—Oh, ¿así qué ahora se le llama de esa manera?

Incapaces de ignorar la gracia de los comentarios de Nami, pero teniendo en gran valor sus vidas, el resto de los mugiwara se taparon la boca con las manos, o con la servilleta, para ahogar algo sus risas. Sanji o Luffy no veían ningún motivo para ello.

—Deberías ir con cuidado que tu estómago no es como el de Luffy que puede dar de sí, Zoro— señaló la cantidad de meshi que se estaba comiendo—. Acabarás por cargarte tu fajín.

Alzando su mirada afilada la clavó en Nami para luego dirigirla a Robin que, como era habitual en ella, comía con una elegancia que se encontraba fuera de lugar en la mesa de los Mugiwara para luego volver con la akage.

—Mis entrenamientos queman mucha energía— dijo quitándole toda la importancia a las palabras de Nami—. Deberías preocuparte por la cuenta que te trae.

A Nami se le hincharon un par de venas en la frente ante aquello último pero fue Sanji quien puso voz a semejante atrevimiento por parte de Zoro de sugerir que Nami pudiera engordar, o haber engordado ya. Contento de habérsela devuelto Zoro siguió comiendo ignorando las consecuencias de sus palabras.

—¿Estás queriendo decir que acaso estoy gorda, Zoro?— pero este no le hizo ni el menor caso. Por supuesto que Sanji negó tal profanación pero Nami sabía muy bien que eso era de esperar y que su nakama nunca le diría nada malo. Por ello se volvió al resto de sus nakama—. Arigatou, Sanji-kun. ¿Mina?— les llamó a todos—. ¿Alguno piensa que he descuidado mi figura y he engordado?

No podía haber una pregunta trampa más descarada que esta puesto que si lo negabas podía ser que Nami pensase que no te atrevías a decirle la verdad y si se lo decías… bueno, no existen suficientes berries en el mundo para pagar tamaña afrenta.

—Aún estás madurando— fue la enigmática respuesta por parte de Robin que podía entenderse de tantas maneras que era mejor no pararse mucho tiempo en ella por su propio bien.

—¿Mina?— volvió a llamar la atención de sus nakama pero estos, por una simple coincidencia de la vida, se encontraban con la boca llena de meshi y la buena educación les impedía hablar—. ¿Luffy?

—No sé— dijo encogiéndose de hombros y sin dejar de comer. Sus nakama temieron por la vida de su senchou—. Ahora tienes el pelo largo por lo que es normal el que puedas pesar más— dijo con su aire de completa inocencia.

¿Pesar más por llevar el pelo largo? La akage no pudo reprimir una sonrisa ante semejante ocurrencia. Una que le venía muy bien a sus propósitos.

—Por supuesto que sí, Luffy. Tú siempre tan atento a los detalles— esto dejó boquiabiertos a los demás y al diablo con los buenos modales—. A diferencia de otro que no es capaz de ver las cosas que están delante de su ojo— se burló Nami mientras pasaba la melena por encima de su hombro con un gesto de la mano.

Zoro estuvo más que tentado de ignorar el comentario de Nami pero, no tan en el fondo, podía notarse que se trataba de una especie de reto y no iba a dejárselo pasar. Pero lo único que vio fue el pelo largo de Nami y el de Robin… ¿el cabello de Robin? Este captó su atención haciendo que detuviera la mano camino a su boca.

—¿Ocurre algo, Zoro?— preguntó la akage con ese tono burlón tan suyo y que le crispaba tanto los nervios a su nakama.

Sin pronunciar palabra, y dejando el tenedor sobre el plato, Zoro se puso en pie y rodeó la mesa, pasando por detrás de Nami, hasta detenerse junto a Robin que parecía como si no se hubiera percatado de su presencia a su lado. Por mucho que no fuera así en realidad puesto que no había persona más atenta que Nico Robin.

—¿Qué significa esto?— pero como la pregunta no tenía destinatario se quedó sin ser contestada—. ¿Robin?

Ahora sí.

—¿A qué te refieres?— le preguntó Robin y, por lo menos, volvió su mirada hacia el rostro de su nakama.

—A esto— dijo el kenshi mientras usaba su mano para incidir sus palabras moviéndola cerca de la cabeza de Robin.

Eso tiene nombre— le recordó Nami con una risa contenida pero no una sonrisa.

Estaba claro que dos años eran insuficientes para hacer algo con la actitud de la akage. Aunque también era cierto que, probablemente, no hubiera años suficientes para hacer algo al respecto.

—Es un peinado.

—Una coleta— apuntilló Nami con malicia y diversión.

Decidió que lo mejor era ignorarla, y al resto de sus nakama, para centrarse únicamente en Robin. Para conseguir su respuesta, por supuesto.

—¿Por qué… la llevas puesta?— no exactamente lo que pretendía preguntarle.

—Me hacía falta— respondió Robin—. ¿Es qué no me sienta bien?

Sanji se le adelantó, ¿es qué Zoro iba a responder a semejante pregunta?, y llenó a Robin con multitud de halagos que fueron recibidos con una agradecida sonrisa por la morena pero una cansina mirada por la akage ya que le interrumpía su diversión.

—Me parece a mí que tendrás varias tuyas para ponerte a usar algo que es mío.

Mentira no era en absoluto pero, ¿realmente se estaba quejando porque llevase puesto algo suyo? Algunos habrían pensado que era un halago o, visto de otra manera, que era la manera de dejar claro que era su dama. Por supuesto, como si ella pudiera ser considerada de dicha manera.

—Como el día fue tan tranquilo no me pareció mala idea. Además de que no estoy muy segura de que la necesitases viendo cuanto has mejorado durante estos dos últimos años— a diferencia del resto de sus nakama que querían dejar que ellos también habían mejorado y no estaban haciendo ningún drama por ello, el cual sí estaban haciendo al hacerlo notar, Zoro no quedaría embaucado por sus palabras. No lo fue antes y no lo iba a ser ahora.

De pronto Luffy se tensó como si hubiera escuchado algo.

—¿Habéis oído eso?— preguntó mientras continuaba comiendo.

"Se acerca un barco por estribor. Kaizoku."

Ante el anuncio de Robin Fleur todos se pusieron en marcha salvo por la propia Robin y Zoro que aguardaba pacientemente.

—Muy bien. Aquí tienes, Zoro.

Y con estas palabras Robin deshizo la coleta que mantenía sujeta gracias a la bandana de Zoro. El movimiento de aquella melena resultaba hipnótico y no ayudaba mucho el que agitase la cabeza para acomodar su cabello. Uno casi podría asegurar que aquel gesto fue de completo flirteo por parte de Robin para con Zoro. Nami, en cambio, no tenía ningún problema en estar segura de que así lo fue. Por lo que no dudó en salir a cubierta con el resto de sus nakama para dejar a aquellos dos un momento a solas.

Robin no se la entregó si no que, poniéndose en pie ante Zoro, le ató la bandana en el brazo izquierdo del kenshi, quizás deteniéndose más tiempo del necesario en toquetear el músculo que se ocultaba bajo aquella manga.

—¿Haces ejercicio, Zoro?— le preguntó con una maliciosa sonrisa.

Como si hiciera otra cosa durante la mayor parte del tiempo.

—¿No ha quedado claro que así es?— el tono de Zoro mostraba una precavida confusión por su parte pues aquí estábamos hablando de Robin y siempre hay que estar en guardia con ella.

—Mmmm sí, muy claro— y maldita aquella sonrisa suya—. ¿Podría hacer algo de ejercicio contigo, Zoro?

Su nombre no salía a colocación si no era por un buen motivo.

—¿Quieres entrenar conmigo?— preguntó extrañado Zoro, y por buenos motivos para ello.

—Digamos que ya pensaremos en algo más interesante para hacer juntos, Zoro— le dijo pasando a su lado para salir de la cocina.

El ojo derecho de Zoro se dirigió a la mano de Robin que le acarició el hombro al pasar a su lado. Eso y sumándole la maliciosa sonrisa que se gastaba Robin con Zoro dejaba bien claro que, por su parte, no habría mucho que pensar puesto que ya tenía una idea bien clara de lo que querría hacer con Zoro.

—¿Otra partida?

La pregunta de Zoro, con un tono de voz más mordaz de lo habitual, logró sacarle unas risas a Robin mientras salía a cubierta. No era tan mala idea. Se había aficionado a jugar con Zoro además de tener que jugar también con Sanji porque este se había puesto celoso de que solamente jugara con Zoro.

—Muy bien. Puede ser que me apodere de algo más que de tus fichas, Zoro.

La sonrisa en los labios de Zoro se borró de inmediato ante aquella ¿amenaza?

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Continuará
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