Viñetas para 30Vicios.
Personaje: Petunia Dursley.
Tema: 25. Labios.
Palabras: 1363.
Resumen: ¿Vernon te ha besado ya, Tuney?
Labios
-¿Qué trola les has soltado a tus amigas para que piensen que aún necesitas clases de dibujo?
Martin estaba sentado frente a ella, junto a la chimenea, realizando algunos trazos discontinuos en una hoja de su misterioso bloc. Petunia estaba concentrada en los deberes de matemáticas. Ninguno de los dos había hablado mucho esa tarde. Hacía mucho frío y ambos estaban como amodorrados. Un rato antes, había empezado a nevar, y Rose Evans les había llevado una taza de té y unas pastas de chocolate. Petunia se sentía muy a gusto en compañía del chico. Desde que se reconciliaran, Martin se mostraba muy afable y tranquilo, y no habían vuelto a discutir. Era genial poder compartir el silencio con él. Aunque Lawrence no fuese capaz de permanecer mucho tiempo callado cuando estaban juntos. Por algún motivo, se ponía un tanto nervioso.
-Les he enseñado mis bocetos para el nuevo trabajo, y han comprobado que son un auténtico desastre.
-¿Lo son?
-Lo parecen, al menos.
Martin sonrió y, estirando los brazos todo lo que pudo, se acercó a ella y se sentó en la silla de enfrente. Petunia alzó la vista y se encontró con aquellos ojos verdes observándola fijamente.
-¿Qué haces?
-Te miro.
-¿Por qué?
-Porque me apetece hacerlo. ¿Te molesta?
Petunia negó con la cabeza. Se había puesto colorada. Martin esbozó una de sus sonrisas de hiena y le arrebató el lápiz de la mano, corrigiendo un error en sus deberes.
-¡Oh, pequeña Tuney! ¿Qué va a ser de ti, si no sabes despejar correctamente la incógnita de una ecuación?
-Además de ser bueno dibujando. ¿Se te dan bien las mates?
-No mucho, la verdad, pero es que tú eres realmente patética. Y, francamente, empezabas a darme un poco de pena.
Petunia le dio un codazo entre las costillas. Martin rió suavemente y se alejó de ella, temeroso de un nuevo ataque.
-Eres idiota, Lawrence.
-Gracias. Siempre es bueno saberlo.
Petunia frunció el ceño. Algunas veces, Martin sabía ser molesto, aunque últimamente sólo se mostrara juguetón, sin verdaderas ganas de ofender a nadie.
-¿Sabe ya Dursley que no se te dan bien las matemáticas?
-¿A qué viene eso? –Petunia entornó los ojos, un poco confundida.
-Bueno. Dursley afirma que os vais a casar muy pronto, y supongo que querrá una mujer que sepa llevar las cuentas de la casa. Aunque, conociéndolo, y con lo tacaño que es, dudo que te deje meter las narices entre sus facturas y demás.
Petunia torció el gesto. Martin solía burlarse de su noviazgo con Vernon. Unas veces con más amarguras que otras, pero siempre en tono irónico, alegre. Petunia acostumbraba a fingir indignación, aunque nunca se sentía realmente enfadada. Había descubierto que no podía enfadarse con ese chico aunque quisiera.
-¿Y? Mejor para mí. Una cosa menos por la que preocuparme.
-¡Oh! ¿Y cómo piensas conseguir el dinero para tus chucherías?
Martin estaba muy picajoso esa tarde. Petunia soltó un bufido, resignada ya a no poder seguir con sus estudios. Al parecer, Lawrence tenía ganas de charla.
-Muy fácil. Pidiéndoselo. Además. ¿A ti que te importa?
-Bueno. Si algún día me caso, yo sí que dejaré que mi esposa enrede en mis facturas y controle el dinero. Ya sabes.
Le guiñó un ojo. Petunia se ruborizó aún más, sin saber muy bien a dónde les llevaría aquella extraña conversación. La indirecta de Martin había sido demasiado obvia y, aunque pareciera estar bromeando, tenía un brillo de genuina seriedad en la mirada.
-Pues espero que tu mujer no sea muy caprichosa, o terminará arruinándote –Espetó ella, orgullosa de salir del paso con cierta dignidad.
-También es verdad –Martin volvió a estirar los brazos y recuperó su lugar junto a Petunia -¿Puedo hacerte una pregunta... íntima?
Petunia se encogió de hombros. Se la haría de todos modos.
-¿Dursley te ha metido ya la lengua hasta la garganta?
Petunia abrió desmesuradamente los ojos, dio un respingo y se atragantó con su propia saliva. Martin rió alegremente. Era evidente que había esperado que reaccionara de esa manera. ¡El muy cabrón!
-¿Qué...?
-¡Oh, tienes razón! Seré un poco más sutil. Una buena chica conservadora como tú no debería escuchar cosas como esa –Martin se pasó los dedos por la ropa con aire distraído y, seguidamente, la fulminó con sus cautivadores ojos verdes -¿Vernon te ha besado?
Petunia parpadeó. ¿Aquello estaba pasando de verdad? ¡Pero si ella nunca hablaba de esas cosas con nadie! Ni siquiera con sus amigas. ¿Qué demonios se creía Martin que estaba haciendo?
-¿A ti que te importa?
-Me preocupa el pobre Dursley –Martin fingió inocencia, sin dejar de mirarla fijamente, acercándose un poco más a ella. Petunia ni siquiera pudo moverse –Si no te ha besado aún, debe sentirse muy frustrado. ¿Sabes?
Petunia negó con la cabeza. Estaba roja como un tomate. Lo sabía. La cara le ardía y podía escuchar los latidos de su corazón, mientras Martin alzaba una mano y, con delicadeza, la posaba en su barbilla. Era la primera vez que alguien la tocaba de una forma tan íntima, y a ella se le olvidó que necesitaba respirar para seguir viviendo.
-Con esos labios tan bonitos que tienes –Martin chasqueó la lengua, desviando la mirada hasta su boca –Bueno, son un poco pálidos, y tienes la fea costumbre de fruncirlos hasta que parecen una horrorosa línea recta, pero... Si sólo sonrieras un poco más. Y son tan suaves.
Petunia no supo en qué momento él había empezado a tocarle ahí, justo en sus finos y poco agraciados labios. A ella nunca le habían gustado demasiado, pero por primera vez los sintió especiales, mientras Martin los acariciaba y contemplaba con veneración.
-¿Puedo?
-¿Qué puedes?
-Hacerlo.
-¿Qué?
-Esto.
Y lo hizo. Sin esperar respuesta. Sólo porque a él le apetecía y había conseguido dejar a Petunia paralizada y sin palabras. Muy despacio, apartó su mano y se inclinó hacia ella, con los ojos cerrados y el gesto decidido.
La besó.
Apenas un roce, sí, pero la besó. Su primer beso.
Petunia abrió los ojos mucho más que antes y todo su cuero se puso en tensión. Se sintió un poco asustada, hasta que descubrió que aquello no estaba mal y se relajó, aferrándose con algo de timidez al cuello de Martin. Fue lo único que él necesitó para agarrarla por la cintura y solicitar permiso para llevar ese beso un poco más allá.
Petunia sintió la suave humedad en sus labios y los abrió un poquito, con algo de temor. Enseguida sintió que su cuerpo se convulsionaba y su mente se quedó en blanco. Cerró los ojos. Era genial. No había otra forma de describirlo. Maravilloso.
¿Cuántas veces había soñado con su primer beso? Muchísimas. ¿Cuántas de sus expectativas se habían cumplido? Casi todas. Quizá, nunca había imaginado que su primer beso sería con alguien como Martin, en el mismísimo salón de su casa, mientras estudiaba matemáticas. No sonaba romántico, pero había sido fabuloso y, cuando Lawrence se separó de ella, sonriéndole con la mirada, supo que nunca volvería a sentir lo mismo cuando un chico la besara. Aquel momento quedaría guardado en su memoria para siempre.
-Sabes a té –Le susurró Martin al oído, rozando su mejilla con las yemas de los dedos.
Petunia alzó una ceja. ¿Té? No sabía si escuchar aquello después de lo que había pasado era o no apropiado.
-No –Musitó ella, recuperando un poco el control sobre sí misma.
-Sí que sabes a té –Insistió Martin, sin dejar de sonreír.
-No, Lawrence. Vernon no me ha besado todavía. Y me alegro de que no lo hiciera.
Martin se quedó serio y, por primera vez, le llegó a él el turno de sonrojarse. Petunia se alegró por ello. Ya estaba bien de que él siempre terminara avergonzándola a ella; por primera vez, le había ganado la partida, aunque él no pareció afectado por eso. De hecho, soltó una alegre carcajada y, de un salto atlético, volvió a su lugar junto a la chimenea.
-Será mejor que intentes despejar las puñeteras incógnitas. Yo estaré aquí, dibujando a una futura cateada.
Petunia sólo sonrió. Se sentía demasiado abrumada para hacer otra cosa y, sin duda alguna, suspendería las matemáticas. ¿Qué podía ella hacer?
¡Oh! ¡Otra viñeta más! No os quejaréis, que actualizo en seguida. Y esta ha tenido mucha chicha, jeje. He disfrutado mucho escribiéndola. Pobre Tuney. Ella que quería que su primer beso fuera en una playa, a la luz de la luna, después de una cena íntima con viñetas y todo eso... Llega Martin y ¡Puff! Nada de nada. Si es que no puede ser, no puede ser.
¿Qué toca decir ahora? ¡Oh, claro! Espero que os haya gustado Nos vemos muy pronto. Un besote.
Cris Snape.
