Adaptación de "Secreto Conyugal" de Arnette Lamb.
Naruto pertenece a Masashi Kishimoto.
Nota: En estos momentos hago adaptaciones porque me gusta leer historias con sasusaku aplicándolos a las distintas épocas y modo de escritura de cada autor.
Lecho Conyugal~
Capítulo 12
Su madre recogió las ropas.
-Quédate cerca de la orilla, Kyoske, y sal antes de ponerte morado.
Sasuke no pudo resistir proponer:
-¿Nos unimos a él?
Ella le miró. El viento agitó su cabello, y la luz moteada del sol ilumino su rosaseo cabello dándole vida propia.
-Vos podéis hacerlo si gustáis, Sasuke, pero yo prefiero mirar.
Él se preguntó qué haría si la tirara adentro. Probablemente baladronear y maldecirle. Pero ahora que Kyoske estaba fuera del alcance del oído, Sasuke tenía otros temas que discutir.
-¿Creíste que me llevaba al niño a algo más que un breve paseo?
Ella se echó las calzas del niño sobre el hombro y empezó a doblar su camisa.
-No sabía qué pensar cuando os vi tan lejos en la carretera.
-¿Y si hubiera ejercido mi derecho de padre y lo hubiera llevado donde me placiera?
-En el plazo de una hora me hubierais rogado que lo aceptara de vuelta -contestó ella flemáticamente.
Como Sasuke la miró con incredulidad, añadió-: Nunca ha estado fuera de casa.
Eso probablemente explicaba su carácter testarudo.
-¿Nunca?
-No sin mí.
-Le has mimado demasiado.
Apretando las ropas contra el pecho, Sakura se sentó en una piedra y miró al niño retozar en el agua, que le llegaba a la cintura. Agitaba los brazos y giraba sobre sí mismo.
-Quizá sí, pero no fui instruida para criar niños. Me enseñaron a...
-A obedecer a tu marido.
Ella le dirigió una mirada de soslayo.
-Sí, y a cumplir otros deberes más suaves.
-¿Como cabalgar un caballo sin silla ni riendas?
-No, no me enseñaron eso en la abadía.
-Te prohíbo que vuelvas a hacerlo.
Para sorpresa suya, ella se frotó una cadera y le sonrió torcidamente.
-No necesitáis preocuparos por eso, mi señor. Espero sufrir las consecuencias durante varios días.
La simpatía siempre había sido natural en Hana, pero cuando le añadía sinceridad se convertía en una cualidad especialmente atractiva. Sasuke se sintió atraído por ella y quiso contestar de modo acorde, pero no lo consiguió del todo. Ella vaciló, con expresión abierta y confiada. Luego se volvió hacia su hijo y sus ojos se suavizaron con amor maternal. Sasuke sintió que el ambiente se enfriaba. La oportunidad de hacerse amigos había pasado, como una ventana que se abre brevemente. Quizá era mejor así, pero no pudo evitar sentir que algo precioso se le había escurrido entre los dedos.
-¿Qué le daremos de comer a Longfellow? -preguntó ella para romper el silencio.
Sasuke se movió y se puso detrás de ella.
-Con la hierba del patio exterior tendrá suficiente para una semana.
-Ya es suficiente, Kyoske -llamó Sakura al chico. El niño subía y bajaba y el movimiento le adentraba en las profundidades del arroyo. Ella le llamó de nuevo y empezó a retorcerse las manos.
-¡Kyoske!
-Ven y cógeme. -Agitó los brazos-. Me he ahogado, mamá. Ahogado como una rata.
-No voy a entrar a buscarte.
El niño rió.
-No saldré nunca -canturreó-. No saldré nunca. -Su boca se contrajo de risa.
-Entonces más vale que te crezcan aletas y que cambies tu nombre por el de Kyoske MacTrucha.
Él flotó sobre la espalda y batió el agua con las manos.
-Más vale que me rescates.
-No. -Echó una mirada a Sasuke-. Hoy no.
-¿Sabes nadar? -preguntó él.
Sin dejar de vigilar a su hijo, se soltó el pelo y empezó a trenzarlo de nuevo.
-Lo suficiente para flotar y malcriar a mi hijo.
Sasuke dejó pasar el comentario sarcástico; el encanto de su rosada melena era demasiado tentador.
Le apartó las manos.
-Déjame a mí. -Al sentirla ponerse tensa, añadió-: Mientras, me cuentas por qué te inventaste todas esas historias sobre mí.
Un suspiro elevó sus hombros.
-Al principio eran para Kyoske, para hacerle dormir... y para que se enorgulleciera de él y de vos. No estabais aquí y siempre preguntaba por vos. Es natural que un hijo sienta curiosidad por su padre.
La seriedad de ella le dio que pensar y una nueva razón para lamentar que le hubiera sido infiel; su exilio de las tierras altas había privado a Kyoske de la compañía de su familia.
-Le podías haber dicho la verdad simplemente.
-Es demasiado pequeño para entender la lucha entre Inglaterra y Escocia. Pensaba decírselo cuando fuera mayor, pero en aquel momento necesitaba alguien a quien admirar.
-Un hombre de carne y hueso no puede estar a la altura de esas historias, Hana.
Ella rió.
-Creo que descubriréis que matar dragones es más sencillo que ser un buen padre.
-Un buen padre. El término resulta peculiar. Según mi experiencia, las mujeres tienen hijos, y los padres y tíos los educan. Pero los tutores nunca aceptan la responsabilidad de un pupilo decepcionante.
-En cambio, sois rápido en señalar que he mimado, malcriado y consentido a Kyoske.
-Lo has hecho.
-Y vos tenéis dos formas de considerar la cuestión, y las dos apoyan convenientemente vuestra postura.
-¿Qué es...?
-Sea lo que sea que hagáis, eso es lo correcto o no es culpa vuestra. Por omisión o ausencia, contribuisteis a su educación o falta de ella.
Él se vio obligado a admitir que era un argumento válido. Pero no ante ella, por supuesto. Terminó de trenzarle el cabello.
-¿Qué razón le diste a Kyoske de mi ausencia? -Simplemente le dije que habíais ido al cielo para estar con Dios.
-En lugar de decirle que estaba en prisión por traicionar a Inglaterra.
-Sí. Como dije antes, es demasiado pequeño para entender de política. Fue mejor que creyera que habíais ido al cielo.
Sólo Hana Haruno asemejaría la cárcel al paraíso, pensó él.
-Si me considerabas muerto, ¿por qué no buscaste otro marido?
Una mariposa se posó en la cabeza de Sakura. Habló suavemente.
-Era una esposa espantosa. Incluso vos lo dijisteis. ¿Por qué había de casarme de nuevo?
-Quizá fue porque sabías que seguía vivo.
Ella se volvió tan rápidamente que casi se cayó de la piedra. La mariposa se alejó volando.
-No sabía nada de vos.
De nuevo él percibió su sinceridad, al tiempo que veía cómo Kyoske llegaba al centro del arroyo.
-Sacaré a Kyoske del agua. -Se volvió a Longfellow y dijo-: El rey es un gusano comido de viruelas.
Como esperaba, Longfellow levantó la trompa y barritó tan fuerte como para hacer retumbar los oídos.
Kyoske chilló y salió rápidamente del agua. Su madre se quitó el mantón y lo extendió para él. Con los dientes castañeteándole, las rodillas temblorosas y su pequeño pene reducido a un botón, dejó que su madre lo envolviera con la desvaída lana roja.
-Eso te enseñará a hacerme caso -dijo ella, secándole.
Sus ojos parecían desmesuradamente grandes y cansados, y el sol le había enrojecido la nariz y las mejillas.
-Longfellow me asustó.
-Obedecía la extraña orden de tu padre.
El temor de Kyoske se desvaneció y dedicó una sonrisa de golfillo a Sasuke.
-Longfellow se porta mejor que yo, ¿no es cierto? Una pregunta tan directa y honrada obedecía a la influencia de su madre. Esta vez Sasuke aprovechó la oportunidad de contestar.
-Sí, pero él es mucho mayor y no obtiene ningún placer de burlarse de sus superiores.
Kyoske miró a su madre.
-Si yo tuviera un hermanito sería su superior, ¿no es así?
Ella estudió al niño. Parecía lo suficientemente joven para ser su hermana y lo suficientemente inocente como para ser su novia.
-Tendrías que cuidarlo y compartir tus tesoros -dijo finalmente.
Kyoske miró interrogadoramente a Sasuke. -Padre, ¿tendría que compartir mis juguetes?
-No si fuera una hermana.
El niño sonrió alegremente.
-Entonces me gustaría una hermana. ¿Me conseguiréis una?
-Sí -dijo Sasuke.
-No -dijo su esposa.
Su rápida negativa hizo que Sasuke se replanteara su estrategia. No necesitaba ningún plan para acostarse con su mujer; no tenía ninguna elección en este tema. ¿Por qué, pues, parecía tan dispuesta a negarse? Sin duda estaba ocultando algo, pero él sabía cómo conocer sus secretos. Cuando se acostaran ella le recibiría con los brazos abiertos. Sasuke conocía a Hana mejor que ella misma.
El pescado perfectamente cocinado le sabía a papel, pero Sakura estaba dispuesta a acabarse hasta el último bocado antes de revelar su inquietud. Los vasos siempre estaban llenos de cerveza gracias a la diligencia de Tenten, que se movía alrededor de la mesa sin descuidar detalle. La doncella parecía fascinada por Sasuke Uchiha, como la mayoría de los comensales.
La determinación empujó a Sakura a actuar como si su mundo fuera un sueño hecho realidad, en lugar de una pesadilla. Tenía que guardar la compostura y simular que la vida continuaba como debía.
Sentada a la derecha de Sasuke y enfrente de Kyoske y del hermano Hidan, escuchaba atentamente la conversación, que versaba sobre política pero ocasionalmente tocaba cuestiones locales.
Ataviado con una túnica lisa tejida con lana de oveja negra, el barbado clérigo parecía no cansarse de repetir con efusividad que Dios había respondido a sus oraciones devolviendo a Sasuke a su familia.
Había ocupado tanto tiempo en hablar que no reparó en que Kyoske se comía casi todo el pescado de su fuente.
Jiraiya, sentado a la derecha de Sakura, había guardado silencio durante toda la comida, pero le había prestado su apoyo Y comprensión mediante sonrisas alentadoras y guiños esporádicos.
Ahora, a Sakura le inquietaba lo que Sasuke pudiera esperar de ella. Cuanto más se acercaba la hora de irse a la cama, más inquieta se sentía.
Sasuke parecía sentirse cómodo presidiendo la mesa y daba la impresión de haber nacido para atraer la atención de más gente que el pequeño grupo de comensales.
Confirmó lo que Hana había dicho: si el rey de Inglaterra no hubiera interferido en su destino, Sasuke hubiera gobernado la totalidad de las tierras altas.
Esa idea espoleó la fantasía de Sakura y dedicó unos momentos a considerar cuán diferente podría haber sido ese día. Ella podría ser su fiel esposa, que habría languidecido en su ausencia; él podría ser su devoto esposo, encarcelado injustamente. Su reencuentro hubiera sido motivo de una celebración llena de miradas cariñosas, manos estrechamente enlazadas e incluso besos. Sasuke llevaría un elegante abrigo que ella habría cosido y adornado con delicados bordados. Reclamaría los servicios de su barbero personal, que le
cortaría el pelo a la altura de los hombros. Él le dedicaría sonrisas encantadoras y ella viviría para satisfacer sus deseos. Gobernarían su reino hombre con hombro, extendiendo paz y amor entre todos sus súbditos.
¿Éste era su castigo por el pecado de suplantar a su hermana? Las lamentaciones se convirtieron en melancolía y Sakura sintió una oleada de autocompasión. Tomaría cada día según viniera. las noches, en cambio, la llenaban de pavor. El esperaría intimidad; ¿por qué, si no, le había prometido un hermano a Kyoske? La ironía de la situación le resultó a Sakura extrañamente divertida, porque su educación como mujer era insólita: sabía cómo criar hijos pero no sabía cómo engendrarlos.
Tendría que remolonear cuanto pudiera y, cuando eso no bastara, defenderse abiertamente.
