Los aburro al decirles que Shingeki no Kyojin no me pertenecen, sino a Hajime Isayama, pero bueee ¿Qué mas se hace?.

Guerra de Sangre 2.

Capítulo 1.

Todo en el mundo se detuvo. Olvidó como respirar, como caminar, como moverse, como pestañear. Olvidó que era la vida. Olvidó que es el amor, que es la ilusión, que es el cariño.

Ya no había nada.

El mundo es cruel. La vida está llena de tropiezos y deslices. La gente vive para solo morir poco tiempo después. En el mundo no hay vida, sino muerte. La muerte es eterna y no siente compasión por nadie, siempre está presente, siempre está persiguiéndote, siempre está atenta a cada paso que das para que cuando te despistes, así solo sea por un momento, atacarte con toda su potencia. Ningún ser vivo es capaz de escapar del ángel de la muerte. Todos nacemos para morir. Todo en este mundo es efímero.

La vida es como la llama de una vela, al mínimo soplo de aire está se apaga.

Nada es eterno, y mucho menos lo son las personas, los humanos. No hay nada que podamos hacer para atarnos a este mundo, no hay un método para vivir por siempre. No hay esperanza para los que tienen que quedarse en la Tierra sin la protección de los que una vez estuvieron contigo, solo te queda la conformidad acompañándote, solo eso y el dolor agonizante que te carcome por dentro. De nuevo crees, te convences, que estamos destinados a nacer para sufrir eternamente hasta cerrar los ojos y no abrirlos nunca mas. Te hundes en la miseria y en el abismo sin fin, lleno de tristeza, dolor, agonía, ceguera y las ganas inminentes de acabarte a ti mismo. Nunca olvidas. No te deshaces de los momentos que una vez consideraste eternos, y eso solo hace que duela mas.

-O-

Frente a ella yacía el cuerpo inerte de su padre, sin vida, con sus ojos vacíos, carentes de expresión y sin la luz que caracterizaron a esos hermosos ojos azules que una vez fueron. Sus labios aún enmarcando una sonrisa suave, triste, única muestra de despedida que le mostró antes de dejar el mundo de los vivos. Su cabello con el color de la arena esparcido por la nieve caída bajo su cuerpo, estaba separado por mechones, dispersos en todas partes como si de un abanico se tratase. Sus cejas oscuras formaban una expresión de dolor que le partió el alma en dos, y el hoyo en su pecho era evidente. La sangre abandonaba su cuerpo en cantidades alarmantes, tiñendo el suelo bajo sus pies como si fuera pintura roja, pintura que no cesaba con el pasar de los minutos.

El olor oxidado de la sangre invadió sus fosas nasales como si fuera un golpe de un boxeador profesional, directo y doloroso. Sus piernas y manos temblaban frenéticamente mientras trataba por todos los medios no caerse al suelo. Separó sus ojos oscuros dilatados de Ethan por primera vez y miró a la mujer que estaba frente a ella.

Los ojos verdes de Luci demostraban pánico, miedo latente, arrepentimiento, sufrimiento, dolor. Mucho dolor. Ethan prácticamente llegó a ser su amante, el amor de su vida, y ahora estaba muerto. Ella lo había matado con sus propias manos. Observó la palidez que surcaba el rostro de Mikasa y encontró su propio reflejo al ver su expresión atormentada.

Ethan siempre tan protector con ella, siempre velando por su seguridad, rezando día y noche porque nada malo le sucediera, viéndola crecer y haciéndola reír, criándola y enseñándole lo necesario para sobrevivir, siendo el padre que Mikasa siempre anheló volver a tener, se había sacrificado por ella, había decidido ponerle fin a su hermosa existencia para que Mikasa pudiera seguir respirando por unos segundos mas. Se había comportado como todo un héroe, como el rey mas bondadoso de todos, como un Dios al que hay que adorar.

Mikasa miró a su alrededor en busca de ayuda, tratando de hallar una respuesta ante semejante situación, pidiendo al cielo que todo aquello se tratara de una broma de mal gusto, que Ethan se levantaría del suelo y correría hacia ella para cargarla y llenarle el rostro de besos húmedos, pero lo único que encontró fue mas muerte, sangre desparramada en la nieve, copos cayendo de las nubes y aire frío soplando en su rostro para demostrarle la veracidad de todo lo que se llevaba a cabo frente a sus ojos. Ethan había muerto, no volvería a verlo jamás, no escucharía sus carcajadas amables, no correría a su lado por los pasillos del cuartel con las manos repletas de sándwiches, no entrenaría bajo su tutela, no volvería a sentir su calor sobreprotector envolviendo su cuerpo cariñosamente. Ethan ahora era parte del cielo, había decidido volver allá arriba junto a los copos de nieve. Se había ido de su lado.

Lágrimas gruesas bajaron por sus ojos hasta gotear y perderse en la nieve. Levi había gritado su nombre en una exclamación preocupada, Kenny trataba de luchar contra dos hombres que habían decidido llevárselo, seguramente al cuartel de los Reiss mientras un torrente de sangre salía de su hombro herido, Eren se hallaba inconsciente en el suelo con su arma a un lado de su mano y su sangre saliendo de su brazo izquierdo, y ella se encontraba allí de pie, sin reaccionar, sin poder creer que todo lo que una vez amó se hallaba desmoronado ante sus ojos. Luci lloraba sin tratar de detenerse. Subió su mirada hacia ella y observó como llevaba su pistola hasta su cabeza y sujetaba el gatillo con sus manos temblando. En sus ojos verdes había dolor, ceguera y sufrimiento. Había arrepentimiento y disculpas latentes dedicados solo a ella.

Una última mirada cruzó con aquella hermosa mujer cuando el retumbar de un disparo parecido a un trueno acabó con su vida. Otro golpe seco en el lugar y un cuerpo mas cayendo al vacío. Otra pérdida dolorosa que debía sumar a la lista. ¿Acaso ella estaba maldita? ¿Acaso debía ver como todos los que amaba morían delante de ella sin poder hacer nada? ¿Qué había hecho mal que ahora tenía que pagar semejante precio?. Miró sus katanas y la sangre que pintaba sus hojas. Sangre ajena de personas que ella acabó sin compasión alguna. ¿Qué tan doloroso era morir? ¿Podía ella averiguarlo?.

Cerró sus ojos y se desentendió del mundo. Decidió no oír nada, no sentir nada, olvidarse de ella misma y esperar que lo que sea que el destino le tuviera preparado llegara. Esperó con ansias que la bala de alguien le perforara el pecho, el cerebro o el abdomen para reunirse con sus padres, con Ethan y con Luci en un mundo maravilloso y sin sufrimiento, donde no existiera el dolor y la agonía.

"Mikasa, tú eres especial, ¿sabes?, eres una niña capaz de enfrentar las peores situaciones y seguir adelante, eres una guerrera orgullosa y fuerte. Eres una persona maravillosa, que ha sufrido mucho, pero que sigue riendo a pesar de las circunstancias, por eso nunca dejes de luchar, nunca te entregues al dolor, nunca te rindas. Sigue mirando al frente, sin importar que yo no esté, sin importar que te quedes sola. Encontrarás a alguien que te ame y que estará gustoso de pasar el resto de su vida contigo, pero debes ser fuerte para que eso pase. Si te rindes, si caes y te arrodillas ante tu dolor propio dejarás de ser tú misma y me sentiré decepcionado, nena. Por eso, sigue adelante, sonríe... y vive".

Apretó los ojos con fuerza y el agarre en sus katanas se hizo mas firme. Podía escuchar la voz de Ethan en su mente, tan clara como el agua del río mas puro. ¿Hubiese querido él que se rindiera, que dejara de luchar? No. Ethan no estaría orgulloso de que tomara esa decisión de forma precipitada, le hubiera molestado enormemente. Abrió los ojos y desvió el rostro de su cuerpo sin vida para encontrarse cara a cara con la realidad.

Kenny y Levi forcejeaban con los hombres que los mantenían presos, dándolo todo por escapar, por seguir luchando, por el instinto predominante de sobrevivir que invadía sus cuerpos. Sintió unas manos tomando su codo derecho y lanzó una mirada aterradora por el rabillo del ojo, giró sobre su propio eje y cortó el brazo que la sujetaba. El hombre soltó un aullido de dolor y cayó al suelo mientras la sangre se escurría por su brazo sin detenerse. Todos la miraron con asombro ante su repentina vuelta al mundo real y ella solo comenzó a avanzar lentamente hacia las únicas personas que consideraba su familia. Por supuesto que no podía rendirse, no aún. Todavía no había matado a los asesinos de sus padres, todavía no había terminado con la vida del cerdo de los Reiss. Juró vengar a Ethan, y deshacerse del dolor que atormentó a Luci hasta morir, porque a pesar de que la traicionó, ella no dejaba de ser su hermana mayor.

Miró como un chico pelirrojo, novato de no mas de diecisiete años, la apuntaba con su arma y sus manos temblando frenéticamente. Caminó hasta él y le dio una patada en el abdomen que lo dejó inconsciente. Siguió con su camino y esquivó una bala que le rozó el cabello y que le dejó un molesto zumbido en sus oídos, dejó por un momento su katana en el suelo y disparó con dirección de donde provino el ataque, dando en el blanco. Y de nuevo se desencadenó la balacera que antes se llevaba a cabo a mitad de la calle. Corrió esquivando tanto las balas como los cuerpos que se hallaban en el suelo y logró esconderse detrás de un auto que estaba lleno de agujeros, víctima de los constantes disparos en su dirección, cargó sus armas y amarró sus katanas a su cintura firmemente, salió de su escudo con las manos en alto y comenzó a disparar con adiestramiento, con experiencia, dejando que el dolor fuera expulsado de su cuerpo cada vez que tiraba del gatillo.

Levi y Kenny aprovecharon el nuevo revuelo y se zafaron de los agarres que los mantenían cautivos, alzaron sus armas y comenzaron a disparar. Mikasa corrió hacia ellos, tomó el cuerpo de Eren en el camino y se escondió detrás del muro de piedra de la casa de Carla, siendo seguida por ambos hombres. Revisó el cuerpo de Eren para cerciorarse de que tan peligrosa era la herida en su brazo, pero se tranquilizó un poco al ver que la bala solo lo había rozado, cortó un poco su camisa y ató un trozo de tela en la herida para que el sangrado parara un poco, luego giró el rostro hacia Kenny y observó que la bala se le había quedado incrustada en el hombro. Debía sacarla de allí. Cruzó una mirada con Levi y este asintió, se puso de pie y corrió al interior de la casa, abrió la puerta con violencia y la cerró de la misma manera detrás de ella, se acercó a Carla -que estaba alterada a mas no poder- y le dijo con voz ahogada:

-Necesito unas pinzas, aguja e hilo y algunas gasas.

Carla parpadeó un par de veces y miró el rostro pálido y ensangrentado de la chica y sintió su corazón acelerarse, Historia se puso de pie, separándose de su abrazo protector y subió las escaleras en busca de un botiquín de primeros auxilios que se encontraba en el baño. Lo primero que cruzó por la mente de la mayor fue muerte y el nombre de su hijo. Mikasa pareció leer sus pensamientos y despejó sus miedos.

-Eren está bien, pero Kenny no. Necesito con urgencia lo que te pedí.

Carla asintió un poco mas tranquila y se acercó a ella, temerosa, sin apartar de vista sus largas y filosas katanas. Mikasa se veía terriblemente peligrosa, con manchas rojas adheridas a todo su cuerpo, goteando sangre tanto de la punta de sus armas, como de su rostro, brazos y manos. Extendió una mano hacia su rostro y antes de hacer contacto con la piel fría de la mujer, Historia apareció con una pequeña cajita de metal. Mikasa se separó de ella con rapidez y le arrebató el botiquín a la chica, revisó el interior y asintió, corrió hacia la puerta y antes de salir les comunicó.

-Pronto acabaremos con todo esto. Preparen la mesa del comedor para atender a los heridos y no salgan de aquí por nada del mundo.

Sin agregar nada ni esperar respuestas, salió de la casa. Corrió hacia Kenny y se arrodilló frente a él. Había perdido su sombrero entre la nieve y su cabello largo lucía enmarañado y desatendido, abrió la caja y sacó unas pinzas de metal, gasas, alcohol y aguja e hilo. Desinfectó sus manos y rompió la tela de la camisa blanca de su tío abuelo, dejando a la vista un hoyo mas o menos pequeño y su pecho cubierto por una catarata roja. Acercó sus manos sujetando con firmeza la pinza hasta su herida y sin hablarle, sacó la bala tratando de no hacerlo demasiado doloroso. Kenny ahogó una maldición y sus dientes rechinaron con fiereza, dejó la bala de lado y mojó una mota de algodón con alcohol y desinfectó su herida, luego insertó el hilo en la aguja y se dispuso a coserla para cerrarla definitivamente y con ello, que el sangrado parara. Vendó su hombro para cubrir la herida y lo dejó reposando sobre el muro para ayudar a Levi con su exterminación.

Solo quedaban cinco hombres, los mas duros de matar desde que llegaron. Frunció el entrecejo con fuerza y salió del muro de piedra, guiada por la adrenalina y la rabia, y se aproximó a ellos con rapidez. Su movimiento los dejó perplejos, no se imaginaron que saldría de su escondite para enfrentárseles directamente. Desenfundó las katanas y saltó para subir a un auto que se hallaba bastante cerca de ellos, se agachó al ver como apuntaban a su cabeza y la bala quedó incrustada en la pared de la casa que estaba de espaldas a ella, midió la distancia que había entre ella y el hombre mas cercano y calculó unos tres metros, todo recto, giró el cuerpo hacia donde se encontraba y arrojó su katana apuntando a su corazón. Mató al hombre instantáneamente y bajó del auto de un salto, sacó su revólver de su tobillo y le disparó en la cabeza al otro sujeto que amenazaba con acabarla, luego miró a su derecha y arrojó su otra katana haciendo que quedara incrustada entre los ojos de su enemigo y que la hoja se tambaleara como una gelatina, volvió a girar el rostro en busca de su próxima víctima y halló los dos cuerpos restantes en el suelo con heridas mortales en sus cuerpos. Levi había intervenido. Corrió para recuperar sus katanas y dejó las pistolas inservibles en la nieve.

Cuando llegó al muro de piedra, cargó a Eren y se adentró en la casa de Carla, quien los esperaba con la mesa del comedor despejada para ellos. Dejó a Eren sobre la mesa y ayudó a Levi a sentar a Kenny en el sofá.

-Atiéndelos como se debe -le ordenó con voz muerta-.

Giró sobre sus talones y salió de la casa para dirigirse hasta donde yacían los cuerpos sin vida de Ethan y Luci. Se detuvo frente a él y se sentó a su lado sin importarle que su pantalón se manchara de rojo, guió su mano derecha hasta la mejilla del hombre y se estremeció ante la increíble frialdad que desprendía, cuando siempre fue lo contrario. Su barba apenas comenzaba a crecer, y su piel estaba tan pálida como la suya, abandonando ese bronceado tan atrayente que siempre lo cubría, acarició sus labios y los sintió resecos bajo sus dedos, subió su caricia por su nariz afilada y se acercó a sus ojos para censurar su visión de este mundo. Siguió subiendo por su frente, despojándola de los copos de nieve que habían caído sobre ella y acarició su cabello suave y del color de la arena. De nuevo las lágrimas se agolparon en sus ojos y se permitió llorar como era debido. Demonios, ¡Dolía tanto desprenderse de él!.

Alzó su cuerpo y lo abrazó con fuerza, ahogando los sollozos desenfrenados en el cuello masculino. Se estremeció al sentir frío y le restó importancia al asunto casi de inmediato. Apretó los ojos con fuerza mientras las lágrimas seguían saliendo de ellos y bajaban por sus mejillas. Escuchó a lo lejos como la gente del vecindario comenzaba a salir de sus casas y se asomaba por sus ventanas para ver la horrible escena que se extendía en medio de la calle. Escuchó gritos de horror y llamados a ambulancias y policías, también sintió como sus miradas se posaban en ella y la apuntaban con el dedo, pero eso no le impidió continuar con su llanto, no la despojó del dolor que nacía y se extendía por su cuerpo. No le devolvió a Ethan.

Gritó con frustración y el sonido quedó ahogado por el cuello de quien consideró una vez su padre. Y lloró, lloró como nunca lo hizo, gritó una y otra vez hasta quedar afónica y dio puñetazos al suelo, amortiguando el golpe con la nieve. ¡¿Por qué todos tienen que irse de su lado?! ¡¿Por qué siempre la dejaban sola?! No lo soportaba, no se creía capaz de aguantar mucho mas si era golpeada de nuevo. ¿Cuánto dolor mas tendría que soportar? ¿Cuándo sería feliz? ¿Cuándo podría acostarse en el campo de Shiganshina para admirar el cielo? Veía sus sueños tan lejanos, tan imposibles. Era como si tratara de encontrar una aguja en un pajar. No podía avanzar, sentía que se quedaba en el mismo lugar a pesar del transcurso de los años y que seguía siendo una niña de nueve años.

Primero sus padres, después Eren y Carla y finalmente Ethan y Luci. ¿Quiénes mas se irían? ¿Levi y Kenny? ¡No!. Ellos no se alejarían, los protegería, los ataría a sus camas en el cuartel si eso significaba asegurar sus vidas. Mataría a los Reiss, a ambos. Acabaría con la vida de Rod, el único que faltaba por exterminar -aparte de la bastarda que estaba en la casa-, lo eliminaría de la forma mas violenta e inhumana que existía. Lo haría pagar por todo el dolor que ahora sentía, por todas las muertes que tuvo que ver y por todo el trauma que la estancó en el mismo sitio. Besó la frente de Ethan con el mismo cariño con el que él lo hizo con ella esa misma mañana.

¿Cómo era que hace unas pocas horas atrás había sido tan feliz al verlo y ahora ya no estaba, ya no lo vería nunca mas? Nadie mentía al decirle que debía vivir el día a día como si fuera el último, y atesorar cada momento compartido con un ser amado como si fuera lo mas valioso que tuvieras en tu poder.

Ahora hubiera deseado decirle tantas cosas a Ethan, volver el tiempo atrás y abrazarlo, hablarle de todo lo que lo quería y de lo importante que era para ella. Le hubiera comprado sus películas favoritas y le hubiese llevado una infinidad de comida para picar. Le pediría hacer un viaje improvisado en helicóptero, besarlo y no separarlo nunca de su lado.

Si tan solo no hubiese sido tan débil en ese momento y hubiese actuado con rapidez, Ethan estaría con ella ahora mismo recogiendo los cuerpos del suelo para darles un sepulcro digno de un ser humano, pero había sido débil, débil, indefensa e idiota, entregada al la intensidad del momento en vez de luchar como Ethan siempre le aconsejó. Y precisamente fue él quien pagó por su error de la peor manera. Precisamente él, quien fue la persona mas importante para ella.

Jadeó con dolor y chocó su frente con la de él.

Sentía cada momento pasado con Ethan de forma tan lejana, como si hubiesen pasado hace miles de años, pero también sentía que eran los mas dolorosos que había podido experimentar a lo largo de su vida. Oh Dios, como extrañaría sus sonrisas y sus abrazos. Como lo extrañaba desde ya.

¿Cuánto tiempo llevaba allí, en la misma posición? Ya ni sabía, no podía identificar el pasar de los minutos, horas o años, solo le importaba el cuerpo que estaba con ella, entre sus brazos.

Una mano se posó en su hombro, brindándole un poco de calor y confort, un gesto que conocía bastante bien. Giró el rostro pesadamente y se encontró con los ojos gatunos de Eren, pena brillando en ellos, acompañándola en su dolor. Quizás hubiese sido mejor que él no estuviera allí, no quería verlo, no quería sentirse expuesta ante su claro momento de debilidad, pero tampoco se sentía capaz de rechazar su compañía. Ya no habían fisgones mirando desde todos lados, probablemente Eren les había ordenado que se fueran de allí, probablemente se fueron por pena y respeto ante su claro luto, o por miedo al verse rodeados de tanta sangre. Ya nada parecía tener sentido a su alrededor, de nuevo se sentía caída, vacía, al encontrarse cara a cara con un cuerpo muerto que le fue tan familiar y querido.

Eren se sentó junto a ella y la envolvió con su brazo bueno. A pesar de que su mente le decía que lo apartara, que al final le dolería mas, se dejó hacer por él. ¿Qué otra cosa podría hacer? Era en ese momento que necesitaba ser consolada, sino se desmoronaría de nuevo.

-Parecía un buen hombre. Ya lo había visto contigo antes -susurró en voz baja-.

Mikasa asintió con la cabeza, afirmando así su pensamiento.

-Era la mejor persona que había en el cuartel, el mas bondadoso de todos nosotros -sorbió por la nariz y mas lágrimas salieron de sus cuencas oscuras-. Esta mañana lo vi. Parecía feliz, estaba igual de contento que siempre, me había besado en la frente como cuando era niña y yo lo regañé porque salió del cuartel sin estar protegido. Hablamos de ti, me aconsejó que me cuidara y que esperaba que tú fueras capaz de entender porque hago lo que hago, hablamos de Luci, de que estaba un poco distraída últimamente -sollozó con mas fuerza y acercó a Ethan mas a su cuerpo, manchándose la camisa blanca con la sangre del hombre, derramando lágrimas sobre su rostro imperturbable y aparentemente relajado-. ¿Por qué tiene que doler tanto? ¿Por qué todos me dejan atrás? ¿Por qué siempre tengo que ver como las personas que quiero mueren ante mis ojos y no soy capaz de hacer nada?. No puedo soportarlo, no me creo capaz de aguantar otro golpe así de bajo, Eren. A veces solo quisiera dejarme llevar y acabar con todo el sufrimiento que me embarca, muchas veces estuve a punto de hacerlo pero Ethan me detenía. Ahora sin él aquí ¿Quién lo hará? ¿Quién se preocupará por mí? ¿Quién me abrazará y me dirá que me quiere a pesar de todo lo que soy, a pesar de ser un monstruo elaborado para matar?.

Eren la abrazó con mas fuerza y firmeza. Su brazo ardió ante el movimiento, pero le restó importancia. No podía contestar esa pregunta, él no podía ofrecerse a sí mismo a hacer todo lo que ella necesitaba, porque debían ser sinceros, ella era una prófuga de la policía y su trabajo era atraparla. No podía cuidarla como deseaba hacerlo, ya no podía besarla y hacerle el amor como antes, no ahora que los planes de Erwin se vieron frustrados y aparentemente nada los unía. Ahora debía volver a su trabajo, ahora ella debía ser fuerte y enfrentar la dureza de la vida con quiénes estaban a su alrededor. Le dolía no poder ayudarla, la amaba, pero tenía un deber que cumplir. Por supuesto, no aprovecharía la situación, no la haría sufrir mas, pero no podría cubrirla ni a ella ni a su familia por mucho tiempo. La policía estaba a punto de llegar y ahora ellos debían irse.

Permaneció abrazándola por varios minutos mas, sus cuerpos temblaban ante el frío invernal y sus cabellos siendo cubiertos por los copos imparables de nieve. Eren pudo ver por el rabillo del ojo fugazmente a Historia, observándolos desde la ventana de la casa con expresión triste en sus ojos azules. Suspiró por lo bajo. Lo mejor sería arreglar las cosas con ella, no podía seguir engañándola y hacerle creer que la amaba como el primer día. Nunca le gustó mentirle a las mujeres, e Historia era alguien que no se lo merecía. Volvió a mirar a Mikasa y la notó ida, sin vida, triste, melancólica, ya no sería la misma que era antes, la pérdida de ese hombre causó un gran Boom en su interior, una explosión que no iba a poder ser reparada por nada ni nadie. Siempre estaría con ella ese vacío reinante.

La puerta de la casa volvió a abrirse y de ella salieron Levi y Kenny con rostros pálidos y sin expresión alguna en ellas. El menor se acercó a Mikasa y la sujetó firmemente del otro hombro, mientras que Kenny guardaba su distancia para ahogarse en su propio dolor. Él había conocido a Ethan muchos años antes de que ella llegara a sus vidas y había sido su mejor hombre de confianza, perderlo le causó un daño irreparable, un daño que era visible en su expresión afligida. Kenny parecía haber envejecido cien años, sus arrugas enmarcando profundamente su rostro y sus ojos sin la chispa arrogante y burlona que una vez lo caracterizó. Ese había sido un golpe tremendamente fuerte.

-Mikasa -habló Levi con sutileza, extraño comportamiento viniendo de él-. Tenemos que irnos, la policía llegará en cuestión de minutos.

La chica hizo oídos sordos y abrazó mas el cuerpo de Ethan. No tenía ganas de huir de nadie, solo quería... solo quería tener a su padre de vuelta.

-Mikasa...

Y allí fue cuando se dio cuenta de que ella no era la única que lo estaba pasando mal. La voz de Levi se quebró sin querer y cuando giró su rostro hacia él, vio como se secaba las lágrimas con su otro brazo. Un sollozo mas, atrás, y supo que Kenny se hallaba en la misma condición que ellos dos. Los tres compartiendo el mismo sentimiento de pérdida, la misma sensación agonizante y el mismo dolor que causaba perder a un ser importante y querido.

De fondo se escuchó como un auto se detuvo y Eren giró el rostro para ver a varios hombres vestidos de negro acercándose a ellos apresuradamente. Parecían cansados, preocupados y con miedo, y al estar frente a los tres Ackerman, compartieron un jadeo colectivo. Escuchó el grito de una chica y la miró mientras se arrodillada junto a Mikasa, extendió una mano temblorosa a Ethan y acarició su cabello, luego llevó ambas manos a su boca y negó con la cabeza sin poder creer lo que veían sus ojos, y sin soportar mas, se desplomó en el suelo al verse desmayada, un chico un poco mas jóven la cargó y se la llevó al auto en el que había venido.

Un sujeto negro se quitó los lentes oscuros que llevaba puestos y bajó la mirada. Sus labios prominentes curvándose en una dolorosa mueca y sus ojos apretados para no llorar hacían que su fuerte imagen se viera desmoronada al instante. Acercó una mano hasta Levi y le dio unas palmadas en el hombro, intercambió algunas palabras con Kenny e hizo lo mismo que con el menor y cuando se acercó a Mikasa, la tomó por el codo y la alzó con sutileza. El cuerpo de Ethan cayó de nuevo al suelo y Mikasa jadeó, extendió una mano precipitadamente hacia él, con un claro ademán de quedarse allí y no moverse nunca, pero el hombre no se lo permitió.

-¡No, suéltame Mathew! ¡Ethan me necesita! ¡No pienso dejarlo solo!.

-Pequeña -la llamó él con voz dulce pero Mikasa no detuvo su forcejeo-...

Eren lo reconoció entonces. Era el infiltrado que tenían los Ackerman en la policía. Mathew cruzó una mirada apesadumbrada con él, y Eren solo miró sus ojos oscuros. No era momento para hacer un escándalo, ambos eran consciente de ello.

-¡He dicho que no! ¡Tengo que cuidar a Ethan mientras duerme, no ves que es muy inquieto y puede lastimarse él mismo! -exclamó la chica de forma incoherente-.

Eren sintió como su garganta se quedaba seca y su corazón latía desenfrenado bajo su pecho, acompañando las ganas de llorar que sentía al verla de esa forma, tan débil y vulnerable, derrotada. Rota. Mathew la agarró con brusquedad y la giró hacia él para que lo mirara.

-¡Mikasa, reacciona! ¿Crees que a nosotros no nos duele ver lo que tú ves? ¡Ethan era como un hermano para nosotros! Fue nuestro compañero, quien siempre cargaba una maldita sonrisa en el rostro, el único ladrón capaz de enfrentarse a Luci sin salir herido, ¡Era el mejor ser humano que pudo haber pisado esta tierra podrida, sin vida y sin valor alguno que se pueda salvar! -Mikasa se dejó caer y Mathew la sujetó con firmeza para que su cuerpo no tocara el suelo-. Sé que es difícil, sé que lo considerabas tu padre, sé que a Luci la mirabas como tu hermana, sé que te sientes mal al verte traicionada, no solo de su parte, sino también de ellos -y señaló a Eren, haciéndolo bajar la cabeza y apretar los puños-. Todo esto fue demasiado repentino, demasiado rápido para que una persona normal, para que una niña, pueda afrontarlo. Pero no estás sola, tú no eres la única que se siente mal, yo lo hago, Kenny lo hace, el jóven Levi lo hace, todo el cuartel está dolido. No estás sola y eso era lo que Ethan quería que vieras. Él quería que te abrieras y confiaras en nosotros, tu familia, que no te dejaras vencer por nada, que siguieras adelante. Él estaba orgulloso de ti como nadie, Mikasa, y si pudiera verte ahora, se sentiría destrozado, así que si quieres verte fuerte, ser la chica que Ethan quería que fueras, levántate y camina, aprende a vivir con la muerte a tu lado, empieza a confiar en ti misma y en los demás. Es lo único que puedes hacer, es lo único que él quería.

La alzó y la abrazó con fuerza, dándole calor y protección, y junto a ella la siguió su propio llanto. Dos chicos se acercaron al cuerpo de Ethan y lo cargaron con cuidado, como si se tratara de un muñeco de porcelana que se rompería ante el más mínimo roce y lo llevaron hasta un auto con sus rostros llenos de dolor, mientras que dos más hacían lo mismo con una mujer rubia que Eren no identificó.

Poco a poco, los hombres de los Ackerman llevaron los cuerpos sin vida de sus amigos hasta el mismo automóvil, y cuando estuvieron listos, Levi y Kenny fueron hasta la camioneta negra de Ethan para subirse en ella e ir al cuartel. Mikasa se soltó del abrazo de Mathew y el hombre se fue para adentrarse en el asiento del conductor del auto en el que se encontraban sus superiores. Mikasa giró el rostro y se secó los restos de lágrimas con su palma, luego se acercó a él y lo abrazó con fuerza. Quién sabe cuando se volverían a ver después de eso, ya que en ese momento no podrían salir mucho del cuartel para no ser atrapados por Erwin. Eren correspondió a su abrazo con los ojos cerrados, besó su coronilla y luego la apartó para mirarla por última vez.

Su imagen era deplorable, sus ojos estaban rojos e hinchados, sus mejillas rojas, al igual que su nariz, producto del frío, sus cejas curvadas en un ángulo que claramente decía "sufrimiento", sus labios hinchados y resecos, su cuerpo entero bañado en sangre ajena y sus ropas manchadas con la misma y rota por el intenso enfrentamiento. Una imagen dolorosa de ver al haberla descubierto hace tan solo unos días con una sonrisa radiante y sus ojos comenzando a brillar de nuevo. Acarició su cabello despeinado y secó una lágrima rebelde que se salió de su ojo izquierdo.

-Sé fuerte, Mika -le pidió con voz aguda, preocupada y rota-.

Mikasa abrió los ojos al escuchar ese sobrenombre y asintió con la cabeza frenéticamente con los ojos cristalinos de nuevo. Hasta ese pequeño diminutivo la perseguiría.

Escuchó las sirenas de las patrullas acercándose mas y mas y Eren le dio un pequeño empujón para que se fue rápido de allí, Mikasa lo miró por última vez y lo besó fugazmente en los labios antes de correr hacia la camioneta negra y adentrarse en ella. Todos los autos que habían llegado con los hombres de los Ackerman partieron, dejando sólo a Eren en medio de la escena del crimen, con la mirada fija en el vacío y con un hormigueo conocido sobre sus labios.

Sintió unos pasos veloces acercándose en su dirección y subió los ojos para encontrarse con la mirada ansiosa de Erwin Smith sobre él. Un hombre increíble era el que estaba ante sus ojos, decidido, fuerte, valiente, inspirador e inteligente. Uno de los mejores soldados que habían sido formados bajo el manto de la justicia... y a quien le mentiría sobre todo lo sucedido descaradamente.

-O-

Kenny, Levi y Mikasa observaron como poco a poco ambas urnas, forjadas con plata y oro, descendían por el hoyo que habían formado especialmente para ellos. Mathew hacía una oración conmovedora, de la cual la chica no pudo prestar especial atención. Miró al suelo, sus zapatos de tacón sobre el inestable piso cubierto de nieve, parecía algo ridículo, pero quería verse bien para la ocasión. Había mucha gente en el funeral, todos soldados pertenecientes al cuartel, desde los que trabajaban en las oficinas de investigación, hasta los que se encargaban de la limpieza, absolutamente todos vistiendo el mismo dolor, dejando ver la misma expresión agonizante, dejando escapar los mismo sollozos y lamentos.

El color blanco inmaculado la dejó cegada por un momento. Los copos cayendo del cielo a un paso lento pero indetenible, los trajes cuidados de los hombres y los pantalones y sobretodos de las mujeres era lo que reinaba en el campo, algo alejado del cuartel. ¿Por qué vestirse con el tradicional negro, un color oscuro y triste, cuando Ethan había sido pura luz y felicidad?. Era algo sin sentido a sus ojos y a los de los demás, así que todos estuvieron de acuerdo con vestirse de color blanco, que no solo reflejaba alegría, sino también pureza, algo contradictorio a lo que sentían en ese momento. De cierta forma era como si estuvieran despidiendo a un par de ángeles que habían decidido desplegar sus alas y volver al cielo.

El cielo.

Subió la cabeza y miró las nubes, tan parecidas a los deliciosos algodones de azúcar. ¿Ethan estaría allí, con sus padres y con Luci? Probablemente si. Probablemente en ese mismo momento le estuviera sonriendo y le estaría lanzando un beso a lo lejos. Probablemente se encontrara hablando con su padre sobre fútbol. Probablemente haya podido reunirse con sus amados hijos y su querida esposa. Probablemente ahora era plenamente feliz.

Un copo se posó sobre su nariz y el frío la hizo estremecer. Una nueva vida acaba de llegar al mundo junto a esa pequeña bolita blanca. Mathew la llamó suavemente y ella se acercó, con paso tambaleante, a las tumbas que se encontraban una al lado de la otra y dejó caer dos ramos de rosas blancas y rojas para cada uno. Las miró un momento, tratando de no llorar con todas sus fuerzas, tratando de ser firme, de ser fiel a su idea de no desmoronarse como lo hizo antes, tratando de hacerse a la idea de que allí yacían los cuerpos de quienes quiso tanto. Suspiró y cerró los ojos al mismo tiempo, luego volvió a abrirlos y leyó lo que habían escrito en las lápidas.

Ethan Zimmerman (1960-2010).

"-Sueña, vive, resplandece y parte. Sé feliz y cumple tus sueños sin importar lo imposible que parezca (yo pude robarle comida a Luci cincuenta y dos veces, así que tu propósito no será tan imposible comparado al mío). Ethan Zimmerman."

"Que tu alma descanses en paz, amigo. Serás recordado y amado por cada uno de nosotros hasta nuestro último día de vida"

Luci Müller (1970-2010).

"A nuestra amiga, compañera y "madre". Que Dios te bendiga con el don de la paz eterna, y que sea capaz de perdonar tus pecados para permitirte estar a su lado en el resto de la inmortalidad. Te extrañaremos incondicionalmente, Luce".

Se alejó de allí con sentimientos encontrados al finalizar los pequeños pensamientos que habían sido grabados hermosamente sobre ambas lápidas. Eran simples, pero hermosos, capaces de llenar el vacío y la curiosidad de quienes lo lean al pasar por allí. Estaba complacida con el resultado. Kenny y Levi (que ya iban por su segundo cigarro cada uno) también dejaron un par de rosas antes de que comenzaran a sellar los hoyos, y cuando todo estuvo completamente cubierto de tierra seca y nieve, la gente comenzó a partir, incapaces de quedarse mas tiempo en ese lugar. Pero los tres Ackerman no se movieron ni un ápice.

Mathew le extendió un nuevo ramo de rosas junto a una corona de flores para que las colocara sobre las tumbas y así lo hizo, tratando de que quedaran bonitas entre la blancura de la nieve. Dio un paso atrás y Levi la abrazó con calidez mientras Kenny colocaba sus manos sobre los hombros de ambos desde sus espaldas.

Sintió como el viento sopló sobre su rostro en forma de una suave caricia. Un suave cosquilleo en su mejilla y unos labios fríos posados sobre ella. Un beso robado del viento, regalándole una advertencia, una exclamación, un yo siempre estaré aquí, contigo y la hizo feliz, por un momento lo fue. Había recibido su mensaje.

Un par de lágrimas se asomaron por sus ojos oscuros y las dejó caer al vacío, acompañadas de una pequeña sonrisa triste.

"Ethan ¿Qué es la vida?..."

-O-

N/A:

Lloro. Lloro. Lloro. ¡No puedo superarlo, amaba a Ethan!.

No tengo mucho para decir sobre el capítulo, el lo dijo todo por mi.

¡Argh! Me duele el coco por tanto estrés con la escuela, las tareas, no tener internet T-T, quedarme sin hojas para dibujar, en otras palabras, ¡Estoy vuelta una locasuperamargadaconganasdematarmediomundo, así que para zafarme de tanto sentimiento maluco que me está rondado, me voy a dormir xD, no mentira, quizás escuche música o me ponga a molestar a mi hermano menor, eso siempre funciona para aplacarme un poco.

Como siempre, los invito a dejar sus respectivos comentarios para que me comuniquen que tal les está pareciendo la historia hasta ahora (nah, a quién quieres engañar, Katherine, lo que quieres es leer a los que te leen). Por cierto ¡Entramos a la segunda temporada oficialmente! (Advertencia: habrá lemon en el capítulo que viene O_O) Trataré de ponerme en marcha de inmediato con las próximas actualizaciones, lo prometo... Humm ¿Alguien reconoció el Zimmerman y el Müller allá arriba? Sep, son de Pídeme lo que Quieras de la escritora Megan Maxwell, no tengo mucha imaginación para los nombres y apellidos de los personajes xD.

Bueno, bueno, no tengo mas para decir, agregar o comentar, aparte de agradecerles a aquellos que han llegado hasta aquí con mi cosa y conmigo ¡Son un amor! (sobre todo tú, Eikaros, que siempre estas pendiente de mis actualizaciones, ¡te quiero!).

Ahora si, nos leemos próximamente. ¡Adioshito!

Katy0225.