Autor: Usagi—Asakura
Fandom: World Series: Hetalia.
Disclaimer: Personajes a Hidekaz Himaruya.
Claim: Iván /Gilbert [Rusia/Prusia]
Tabla: 30 días
Tema: #12 – Encanto.
Resumen: Aunque no crea en la magia, extrañamente se siente embrujado por el ruso.
Advertencias: Algo raro, salido de la no inspiración, probablemente muy OOC. Gracias a mi beta por revisar.
# 12— Encanto
Siempre se encontraba sonriendo. Aquella hermosa dentadura sobresalía como un brillante amanecer entre su piel blanca. Sus manos, aunque gruesas, le parecían verdaderamente suaves. Él nunca se había atrevido a tocarlas, primero por seguridad personal, segundo por orgullo. Era demasiado genial como para caer tan bajo. Por eso y por otras cosas más, siempre le pareció curioso y embrujante lo cariñoso que era Iván con sus girasoles. Era algo que no le parecía normal, ¿podría el ruso poseer realmente un noble corazón?
Gilbert sabía de antemano que no era del todo así, pensaba que la sonrisa tan amable que siempre le daba a los demás como si fuera comprensivo era y sería un arma letal para aquellos que no lo conocieran del todo bien. Iván era malicioso hasta el tuétano, y eso Gilbert sí que lo sabía bien, por eso es que no comprendía cómo alguien de su calaña podía ser tan amable con algún ser vivo, ¿estaría encantado por algún hechizo de Inglaterra?
Iván no era de "esos" aunque siempre que lo veía llevara algunos girasoles en sus manos. Simplemente no le parecía que fuera del tipo amoroso. Es por eso que cuando podía le susurraba a West que el ruso estaba encantando, claro, aunque su genial intelecto no le permitía del todo admitir que creía en aquellas maldiciones. Nunca había sido tan creyente en lo mágico como lo era Inglaterra, Finlandia, Egipto o México.
"¿No crees que le prestas mucha atención a Rusia?", había dicho su hermano la última vez. Eso le había dejado pensando un poco en el trasfondo del asunto, porque sabía de antemano lo mucho que odiaba a Rusia, pero, asimismo, sabía cuánto tiempo gastaba observándole con cautela. Fue entonces que se percató de lo mucho que últimamente había estado pensando en el euroasiático. ¿Qué tenía el joven para no despegar sus ojos de él?
El teutón no lo sabía, claro que no, bueno, tal vez sí, pero no podía admitir su peor temor. Con la alegría que le caracterizaba siguió con su extraña manera de mirarle. Debía admitir que aquel sujeto no se le hacía indiferente. Gilbert Beilschmidt estaba un poco interesado. Sólo un poco.
