Capítulo 12
No era solo un sueño
Los sirvientes de palacio iban haciendo una severa reverencia a su paso sin recibir la mínima reacción del Rey a quien parecía que se le había endurecido la mirada, se había convertido en un torbellino que recorría con pasos agigantados los pasillos de palacio, quitando de su paso a quien estuviera cerca solo con mirar dentro de sus ojos la tormenta que arreciaba y parecía consumirlo. Apenas el cielo iba aclarando y los primeros rayos dorados iban tocando los picos de las montañas cuando Ereinion salió de palacio con dirección a las caballerizas.
-Menetyalda- dijo el encargado de alimentar a los caballos haciendo una reverencia cuando lo vio entrar al marmóreo recinto de los establos- no lo esperaba tan temprano, ¿gusta que ensille su caballo?
El Elfo no recibió respuesta alguna, Ereinion parecía ni siquiera haber notado su presencia y se dirigió directamente al box de Roch. La energía que el Rey manaba en ese momento hizo que el oscuro corcel relinchara como si no reconociera a su propio amo, incluso el elfo se sorprendió al ver los enrojecidos ojos y el rostro desencajado de su Señor, pero antes de dirigirse de nuevo al Rey, este ya había montado su azabache corcel y había salido a todo galope por las amplias puertas de las caballerizas, como si tratara de huir de algo y su vida dependiera de ello. Y así Ereinion se perdió tras la cortina mágica de polvo que iba dejando a su paso.
Elrond esperaba impaciente en el recinto abovedado de la Cámara de Audiencias, ya todos los consejeros estaban reunidos y el tema a abordar el día de hoy era de suma importancia. Los maestros herreros que partieron de Imladris con ellos habían organizado la reunión con el fin de definir los materiales y proveedores que necesitarían para realizar sus trabajos, después de un mes de haber llegado a Lindon, era un asunto que no podía postergarse más. Todos los presentes estaban hablando entre ellos, el lugar estaba lleno de los Eldar más influyentes de la política del reino, la mirada de Elrond se paseaba por cada rostro y pilar del recinto esperando que la del Rey apareciera de pronto para poder comenzar la reunión, pero a lo lejos una mano ondeaba tratando de llamar su atención, reconoció la dorada cabellera de Glorfindel quien le hacía señas de acercarse a él desde el otro extremo de la Cámara. En cuanto Elrond estuvo a su alcance, Glorfindel lo tomó del brazo y salieron con discreción de la estancia hacia un lugar apartado de oídos impertinentes.
- ¿Qué pasa? - dijo Elrond cuando Glorfindel le hubo soltado- ¿Por qué tanto misterio?
-Quería evitar que alguien más me escuchara- dijo el rubio Elda echando una mirada a unos diplomáticos que iban pasando- Ereinion está desaparecido.
- ¿Cómo que desaparecido?
-Así como lo escuchas, algunos sirvientes de palacio lo vieron salir al alba el día de hoy sin dar ninguna explicación, y por sus caras al parecer Ereinion no se encontraba de muy buen humor, los sirvientes hablaban como si hubieran visto al mismo Sauron cruzar por palacio.
- ¿Y ahora que vamos a hacer? No podemos despachar a todas estas personas, lo tomarían como una falta de educación e irresponsabilidad por parte de Ereinion- comentó Elrond consternado.
-Yo iré a buscarlo- en ese momento Elrond se percató de las ropas de montar que llevaba Glorfindel mientras éste se enfundaba los guantes de piel- es tu oportunidad de llevar las riendas, le propusiste a Ereinion quedarte en Imladris con el resto de los Noldor, ¿no es así? Pues te ha llegado la hora de demostrar que tan experimentado estas en tratar asuntos importantes con los consejeros, a Ereinion no le quedará duda que serás el mejor candidato para ser Señor de Imladris.
-A veces pienso que tienes todo planeado- dijo Elrond- ¿Debo de culparte por la desaparición de Ereinion?
- ¿De qué forma me beneficiaria que no sepamos donde esta nuestro amigo?
-Las malas lenguas dicen que apostaste a mi favor para que yo fuera elegido Señor de Imladris en vez del prepotente de Morion… ¿Glorfindel?
-Anda que se está haciendo tarde y estos enaltecidos de los consejeros no les gusta que los tengan esperando tanto rato.
- ¿Entonces si apostaste? - preguntó Elrond con el ceño fruncido.
-Saldré a buscar a Ereinion y lo traeré antes de que termine la asamblea- dijo el Príncipe de la Casa de la Flor Dorada y desapareció entre la multitud que ya se empezaba a conglomerar para entrar al recinto.
Elrond suspiró y dio media vuelta para entrar a la Cámara de Audiencias. Todos ya estaban en sus lugares y mientras subía al podio con los miembros del consejo sintió como las miradas lo seguían y cuchichiaban una vez que, en lugar del Rey, él tomara el puesto de Jefe de la Asamblea. Esa era la primera vez que Gil Galad no estaba presente y los murmullos se elevaron al aire.
Elrond dudó unos momentos antes de carraspear y levantar las manos en señal de guardar silencio, todos los presentes hicieron caso a la orden de sus manos como si hubiera sido una ley impuesta en ese momento, y nadie más emitió ningún sonido, el hijo de Earendil había demandado la total atención del público con su sola presencia que manaba autoridad sin aun pronunciar palabra alguna. Elrond recorrió su mirada por cada asistente antes de comenzar la audiencia.
-Estamos aquí reunidos el día de hoy, tercer día del mes de Laire para discutir todos los asuntos referentes a la Nueva Hermandad de Herreros, incluyendo esto la manufactura, nómina y proveedores de los Maestros Herreros de los que sus jefes y representantes se encuentran aquí reunidos en este recinto- Elrond hizo una pausa para cerciorarse de la atención de su público y prosiguió- Hemos tenido que prescindir de la asistencia de nuestro Rey Ereinion Gil Galad el día de hoy por motivos de fuerza mayor, pero se me ha asignado a mí, Heraldo del Rey, para tomar el liderazgo de esta audiencia, que en este momento doy por comenzada. Doy la palabra al Maestro Herrero Othar.
Elrond retrocedió y tomó asiento en una de las sillas del pódium junto con el resto de consejeros del Rey. Un Elda de cabellos oscuros y mirada de águila se levantó de los primeros puestos en la multitud y caminó hacia el pódium.
-Antes de comenzar con alguna requisición es preciso agradecer la generosidad y hospitalidad del Rey Gil Galad, que ante cualquier objeción que pudiera surgir su voluntad se inclinó a escuchar lo que la Hermandad de Herreros tenía para ofrecer a su pueblo.
Los representantes de la Hermandad de Herreros asintieron con un movimiento de cabeza en señal de acuerdo. Othar desenrolló un pergamino y comenzó a leer todas las requisiciones que los Herreros necesitaban para comenzar sus trabajos, así como los beneficios que estos mismos traerían al pueblo de Lindon. Largo tiempo los asistentes escucharon a Othar sin pronunciar palabra y solo movían la cabeza ya sea en señal de acuerdo o desacuerdo con lo que el herrero solicitaba, y cuando éste hubo terminado, se acercó a Elrond y le ofreció el pergamino nuevamente enrollado y pasó a tomar asiento junto a sus compañeros.
-Es una cantidad exuberante de mithril lo que están pidiendo a Nùmenor- dijo en tono alarmante uno de los consejeros a un costado de Elrond.
-Así es Señor Morion, pero es la cantidad precisa que se necesita para las armaduras que el Rey Gil Galad ya aprobó- dijo Othar.
- ¿Y cómo es que piensan costear tan cara materia prima? El Rey no permitiría vaciar los presupuestos de otros sectores económicos solo para llevar a cabo un ambicioso proyecto metalúrgico.
-Con conocimiento- se escuchó en el recinto la voz serena del Maestro Herrero Tulmo, quien hasta ahora había permanecido solamente escuchando- Los Hombres del Oeste son inteligentes y hábiles, de todas las razas de los hombres son los que comprendería en gran medida las ciencias de la metalurgia tanto como un Primer Nacido, pero también son codiciosos, no se negarían a recibir instrucción en este arte por parte de un Elda venido de Valinor, quien a su vez ha aprendido en las fraguas del mismo Aule.
Los murmullos se alzaron de nuevo en el aire, ahora más evidentes, unos objetando la noción y otros apoyándola. Elrond levantó de nuevo su mano en señal de silencio y todos callaron.
-Prosigue- invitó Elrond.
-Nùmenor es el principal productor de mithril, pero dada a la alta calidad de este metal y su complicada extracción del subsuelo su costo es en demasía elevado, es por eso que hasta ahora los herreros solo se han aventurado a fabricar cotas de mallas y yelmos a lo mucho, pero nadie nunca una armadura completa, nosotros si nos hemos atrevido- dijo Tulmo por fin poniéndose de pie y mirando a su alrededor al consejo y escuchas que estaban presentes- hemos fabricado un prototipo del diseño que queremos multiplicar para armar a un ejército entero, el ejercito de Lindon. Sabemos del alto costo de esta empresa, pero no todo se paga con oro, hay cosas aún más valiosas…
-El conocimiento- confirmó Elrond, Tulmo miró con una sonrisa triunfante al ver que la mano derecha del Rey había entendido lo que estaba diciendo, y por el semblante de su rostro parecía haberse convencido.
-Así es, Señor Elrond- Dijo Tulmo- viajaremos esporádicamente a Numenor y ofreceremos nuestra instrucción y nuestra experiencia, el Rey de Numenor podrá jactarse de que sus armaduras fueron fabricadas con magia elfica, armaduras y armas que no se compararían con ninguna otra que portase mortal sobre todo Arda.
Los consejeros se miraron unos a otros como comunicándose con sus solas miradas. Elrond se puso de pie y salió por una puerta a sus espaldas, y así lo imitaron el resto del Consejo. Othar los miraba desde su lugar, ni una pizca de inseguridad en sus ojos ámbar, pero sentía como el corazón le palpitaba con fuerza. Aunque el Rey estuviera de acuerdo con su proyecto y su voto valiera el 50% de los votos totales, el consejo aun podía revocarlo, para eso eran los consejos, para evitar que los monarcas tomaran decisiones imprudentes y afectaran al pueblo.
-El Señor Elrond parecía estar de nuestra parte- le comentó Tulmo en un susurro.
-Dependemos completamente del poder de persuasión del Medio-Elfo, si salimos triunfantes de esto le voy a invitar las pintas de por vida, y Almandur me las va a tener que invitar a mí- contestó Othar.
-Y a mí- agregó Tulmo- ha sido nuestro trabajo hablar por él estos últimos siglos, ese carácter que tiene es para tenerlo refundido en las fraguas indefinidamente.
-Él lo sabe, ¿porque crees que nos mandó primero a ti y a mí a Lindon? Quería que tanteáramos el terreno y reforzáramos las alianzas antes de que llegara el y pudiera ponerse de lleno a trabajar.
-Maldito Noldo astuto- dijo Tulmo con una sonrisa de lado.
No estuvieron mucho tiempo esperando cuando por fin los miembros del consejo volvieron aparecer para de nuevo tomar sus asientos en el pódium. Elrond se acercó al frente y con una sonrisa comunicó el veredicto.
-En hora buena nuestros caminos se cruzaron Maestros Herreros, Lindon se siente agradecido por haber sido escogido como el Reino que alberga a tan numerosas y hábiles manos como son las de ustedes. Esperamos ver pronto el prototipo que ya han fabricado de esta famosa armadura y se les estará pidiendo periódicamente un avance en este proceso.
-Nosotros somos quienes deben estar agradecidos, lo que haya salido de nuestras fraguas serán por siempre a beneficio de Lindon y el Rey Gil Galad- dijo Othar arrodillándose ante el consejo, gesto que los Maestros Herreros presentes imitaron.
-A pagar pintas se ha dicho- le susurró Tulmo también arrodillado al lado de Othar.
-Se da por concluida esta sesión, ya pueden retirarse- dijo Morion que se había puesto de pie junto a Elrond.
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Las luces de la tarde resplandecían a través de los vitrales de palacio pintando de colores toda la atmosfera, pero Silmarien poco caso hacia al bonito espectáculo, estaba concentrada en encontrar la puerta correcta según las descripciones de Euriel, que muy a regaña dientes le había dado. Esa zona de habitaciones era extensa y la distancia entre una puerta a otra era considerable, los aposentos de esa sección eran casi de las dimensiones de los aposentos en la sección personal de Ereinion.
-Puerta con grabados de flores doradas… puerta con grabados de flores doradas- repetía para sí misma escudriñando cada puerta que veía.
Comenzaba a pensar que Euriel no le había dado las indicaciones correctas cuando a lo lejos distinguió una enorme puerta de dos hojas con hermosas flores chapadas en oro que brillaba y encandilaba cuando los rayos del sol las tocaban. Silmarien sonrió y apresuró sus pasos y cuando menos lo pensó, sus manos giraban la perilla de una de las puertas y estaba entrando a la habitación.
- ¡Glorfindel…!
La cabeza de Glorfindel salía detrás de un biombo al otro extremo del recinto, totalmente sorprendido de encontrar a la princesa numenoreana parada en la entrada de su habitación.
- ¿Silamrien que haces aquí? - dijo Glorfindel volviendo tras del biombo y abrochándose la camisa con rapidez.
- ¿Dónde está Ereinion? ¿Lo encontraste? - un perceptible nerviosismo hacía temblar la voz de Silmarien, Glorfindel pudo notar como la princesa trataba de controlarse lo más que podía.
-Silmarien, ¿No deberías de estar en el pic nic con los demás?
-De ahí vengo, Gildor dijo que Elrond había tenido que dirigir la asamblea, ¿Por qué? ¿Dónde está Ereinion?
- ¿No pudiste esperarme con los demás? - decía Glorfindel dando empujoncitos en la espalda a SIlmarien para salir de la habitación antes de que nadie se diera cuenta.
Silamrien ya se estaba cansando de ese juego de contestarse las preguntas con más preguntas y desesperada se volvió hacia Glorfindel para encararlo.
-Glorfindel, por favor contéstame- el tono nervioso de Silmarien se volvió en uno suplicante- no he visto a Ereinion en todo el día, jamás había tenido que salir sin avisarme y nadie me da razón de él, estoy preocupada porque este no es su comportamiento habitual. Me dijeron que tú estabas con el…
Glorfindel miró en los grises ojos de la doncella y en su joven rostro y suspiró pesadamente.
-Si estaba con el- comenzó a decir el rubio Elda- algunos elfos sindar que viven en las aldeas vecinas están teniendo problemas con los enanos de las montañas azules, al parecer una de sus rutas de comercio pasa por territorio sindar, a parte del rencor milenario que hay entre las dos razas que ayuda a empeorar las cosas, así que Ereinion tuvo que ir personalmente a resolver ese asunto.
Silamrien lo miró en silencio por unos momentos. Glorfindel sabía que la princesa trataba de encajar las cosas en donde iban y al parecer su historia no le cuadraba del todo, pero era la mejor historia que podía haber inventado en ese momento, no iba a preocuparla admitiendo que había pasado toda la mañana y parte de la tarde buscando a Ereinion en los alrededores, incluso había pensado en aventurarse y tomar el camino del Este, pero algo le decía que su amigo no tardaría en volver, con solo ver el rostro de Silmarien confirmó su corazonada. No hubiera querido estar nunca en los zapatos de Ereinion y tener que ver ese hermoso rostro ser mancillado por las manos crueles del tiempo.
-Vamos, nos están esperando- dijo Glorfindel ofreciendo su brazo que Silmarien tomó automáticamente.
Glorfindel abrió la puerta y salieron juntos de la habitación en el momento que un guardia pasaba frente a ella. Glorfindel solamente sonrió nerviosamente al guardia quien lo veía acusadoramente, Silmarien solo flotó por enfrente del mismo sin ni siquiera notarlo, aun envuelta en sus pensamientos.
Las risas y canciones los guiaron hasta uno de los jardines de palacio y en el centro del laberinto de arbustos encontraron a sus amigos sentados en el suelo sobre una manta blanca, todos con copas de dulce hidromiel en la mano. Todos miraron sonrientes a los recién llegados, excepto Aranisse, siempre mantenido su porte orgulloso solo los miró indiferentemente.
- ¡Por fin encontraste a Glorfindel! - exclamó Valadiel quien alzó su copa a los recién llegados- todos nos preguntábamos que había pasado con el puntual Señor de la Casa de la Flor Dorada.
Elrond que ya se había unido al grupo miró interrogativamente a Glorfindel y este solamente encogió los hombros, al parecer no traía buenas noticias de su expedición. Euriel miró la expresión ausente de Silmarien cuando la princesa numenoreana tomó asiento junto a ella.
- ¿Qué pasó?
-Nada- dijo Silmerien tratando de sonreír- solo que algo no me da buena espina.
-No te preocupes de mas, todos esos malos presentimientos desaparecerán cuando Ereinion regrese.
Silmarien asintió forzando una sonrisa y recibiendo una copa de vino por parte de Glorfindel que había tomado asiento junto a ella desafortunadamente para Valadiel que trataba de llamar la atención del rubio caballero, pero que éste no parecía notarlo en lo más mínimo.
Las alegres conversaciones se sucedieron de pronto bajo las estrellas, el Sol se había extinguido en el Oeste y las farolas del jardín resplandecían titilantes con su bella luz elfica. Silmarien miró alrededor sintiéndose más que parte del grupo, el espectador de una hermosa pintura colgada en una pared. Kherion recostado en el regazo de Euriel recibía de la mano de su amada un racimo de uvas, la noche se había inundado de la melódica voz de Valadiel que entonaba canciones nacidas dentro de bosques inmemoriales que ahora yacían bajo el agua, los hábiles dedos de Gildor acariciaban las cuerdas del arpa, como Ereinion acariciaba su cabello, sintió un escalofrió al recordar sus dedos entrelazándose en su larga melena. Silmarien cayó en cuenta que en verdad contemplaba un cuadro, si ellos volvían a reencontrarse 100 años después en este mismo lugar y tomar las mismas posiciones que tenían en este momento, todo sería igual, sus cabellos jamás se llenarían de escarcha y sus rostros serían siempre lisos, siempre tersos. Ella sería la única que hubiera cambiado, ella maduraría y se marchitaría, si es que antes alguna enfermedad no le arrebatara la vida. Prefería ser el espectador, no deseaba arruinar tan intemporal momento con el daño que Melkor había hecho a los de su raza desde la Gran Música, que con su codicia e infinita maldad había tergiversado la bella canción de los Ainur y había entregado la muerte a los segundos nacidos.
Silmarien se levantó del suelo sacudiendo su vestido y desapareció entre los arbustos del jardín, necesitaba estar sola, seguir pensando, nadie notaria su ausencia, así como nadie notó como Elrond y Glorfindel se habían retirado discutiendo. Caminó por el sendero que la luna le marcaba con su luz plateada, deambulando en el laberinto de sus pensamientos llegó a una fuente de mármol rosado, estaba tan ensimismada que no escuchó el murmullo del agua cayendo hasta que tomó asiento en el borde de la fuente y vio reflejado su rostro en el espejo de agua ondulante, el rostro terso que había contemplado en su espejo ahora en la mañana, ahora se arrugaba con las ondas del agua esa noche. Estaba aún en la mañana de su vida, era joven y los inmortales admiraban la belleza de la mortalidad que reflejaban sus ojos, Ereinion estaba cautivado por su efímera existencia, el ansia de tener lo que sabía no duraría lo consumía, porque él más que nadie sabía que, en lo que para los Eldar era un suspiro, caería la noche de su vida y su rostro se vería arrugado como ahora el espejo del agua le devolvía su reflejo.
-Es una bella noche para pasarla sola- Silmarien miró hacia dónde provenía esa voz de ruiseñor y encontró a Aranisse a escasos pasos de ella, su cabello de oro viejo resplandecía proyectando la luz plateada de la Luna- o será que tú también estas huyendo de las canciones sosas de Valadiel.
-Me parecen muy hermosas- dijo Silmarien aun sin entender como después de tantos meses en Lindon, la rubia doncella de porte altivo le dirigía la palabra y hasta parecía querer quedarse.
-Es por que no llevas siglos escuchándolas en cada reunión- dijo Aranisse sonriendo, una sonrisa extrañamente despectiva, por supuesto que no llevaba siglos escuchando las canciones, ella misma no había cumplido ni uno, era joven incluso para un numenoreano, pero eso era algo que Aranisse bien sabía, y disfrutaba recordándoselo a Silmarien cada vez que podía. Para sorpresa de Silmarien la doncella noldo tomó asiento junto a ella y echó un vistazo al agua de la fuente- hace tiempo que no venía a este lugar, hasta me parece diferente.
- ¿Venias aquí muy a menudo?
-Sí, con Ereinion, era de nuestros lugares favoritos para pasar el rato.
-Me imagino que han sido amigos desde hace tiempo- Silmarien hiso lo que pudo para ocultar el balde de agua fría que le acababan de arrojar.
-Uff ya ni siquiera llevo la cuenta de los años, la primera vez que lo vi fue en Arvenien, cuando Idril y Tuor nos condujeron a las costas- El luminoso rostro de Aranisse se tornó sombrío- acababa de perder a mi hermano, Ereinion fue un gran apoyo para sobrellevar lo que había pasado en Gondolin.
-Sí, Ereinion tiene ese don- dijo recordando el día que llegó a Lindon, esa noche en que Ereinion la encontró en la fuente de la "doncella" y le habló de su padre que acababa de fallecer- es como si con hablarte quitara de tus hombros todos tus males.
-Al parecer conoces más a Ereinion de lo que yo pensaba- dijo Aranisse enarcando una ceja.
-Después de un año de convivencia diaria sería raro que no- dijo la princesa numenoreana esquivando la mirada inquisitiva de la elfa. Aranisse notó como las mejillas de la princesa se teñía de un color rojizo que evidenciaban sus sentimientos hacia la persona en cuestión.
-Ereinion es muy fácil de querer- continuó diciendo- lo hace muy sencillo porque inmediatamente te hace sentir querida por el también, porque él es así, le importan las personas, pero muchas doncellas tienden a mal interpretar la manera de ser de Ereinion pensando que por fin han ganado el corazón más codiciado del reino.
-Al parecer tú también lo conoces muy bien- dijo Silmarien en un semblante ya no tan amigable. Aranisse solo soltó una melódica risa.
-Muchas son las doncellas que mueren por tener un lugar en el corazón del Rey de Lindon, y no todas han sido rechazadas, pero ninguna ha sido lo suficiente para él, a todas les ha faltado algo que tal vez ni Ereinion sepa que es, no me extrañaría que nunca escogiera una reina para el- Aranisse se puso de pie y alisó su vaporoso vestido con sus manos- o termine quedándose con el espécimen más raro y sorprendente de todos. Que tengas buenas noches Silmarien.
Silmarien no pudo contestar, no estaba segura que había detrás de los comentarios de Aranisse que siempre parecían decir más de lo que aparentaban, pero esta vez sus intenciones eran demasiado obvias. Todo señalaba a que la rubia y orgullosa noldo estaba frustrada al ver que después de siglos de amistad con Ereinion, éste parecía haber elegido a la persona menos esperada de todas. Aranisse había escuchado los rumores que rondaban la ciudad y que también habían llegado a los oídos de Silmarien, el compromiso no podía permanecer oculto mucho tiempo más. La palabra "compromiso" la hiso estremecerse y comenzó a sentirse ansiosa de nuevo. La doncella miró su copa de hidromiel que aun llevaba intacta en la mano y se la empinó de un solo trago, tal vez el alcohol en sus venas le ayudaría a calmarse. Pensó que lo mejor que podía hacer es retirarse a sus aposentos y hacia allá encaminó sus pasos. Antes de entrar a su habitación pidió a un sirviente que le avisara del retorno del Rey sin importar la hora que fuera, la doncella se recostó en su cama y se quedó mirando al techo con los ojos bien abiertos, admirando la bella pintura del barco de Earendil cruzando el cielo que se desplegaba por todo el cielo razo de la habitación.
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La naciente luz del sol tocaba las olas del mar del Oeste arrancándoles destellos anaranjados, el amanecer había llegado rojo y vibrante como el preludio de un evento desafortunado. Su mirada azul se posaba en la lejana costa sureña de la isla de la Estrella, que gracias a un antiguo sortilegio elfico era capaz de ser visible desde esa amplia terraza de su palacio. Ereinion miraba con melancolía y dolor las tierras que protegerían el tesoro más preciado de su vida, lo que aseguraba que su corazón siguiera bombeando su sangre inmortal hacia cada parte de su cuerpo. Se recargó en el barandal y cubrió su rostro con sus manos, estaba mentalmente agotado, había pasado todo el día de ayer con su noche fuera, alejado de cualquier elemento que pudiera distraerle de sus amargos pensamientos, de sus horríficos recuerdos, porque eso no había sido solo un sueño, tampoco una regresión, era algo que aún no había pasado, era el origen de todos sus temores. Lanzó un suspiro cansado, pero su boca en lugar de aire despedía impotencia, amargura y tristeza, porque de eso estaban llenos sus adentros.
-Ereinion- el piso se tambaleó bajo sus pies al escuchar su nombre pronunciado por su voz y lentamente volvió a sus espaldas y la miró alta como un obelisco de marfil, el más hermoso que hubiera contemplado jamás, cubierta en esa gaza blanca y ligera de sus ropas de noche que cubrían el cuerpo que lo encendía, ese cuerpo que codiciaba e idolatraba por encima de todas las cosas, y el dolor se le agudizó en el pecho, pues se abría paso encajándose en el tejido blando del mismo, en viva carne.
Silmarien borró su sonrisa al verlo tan descompuesto, como jamás lo había visto, como las canciones de los días antiguos jamás lo describieron. Más que sus ropas enlodadas y su hermoso cabello desaliñado, lo que más estremeció a la doncella fueron sus ojos opacos, faltos de esa luz que caracterizaba a todos los de su raza, a todos los inmortales. Parecía muerto en vida, parecía un espectro vuelto al mundo por magia oscura, que más que miedo provocaba compasión y dolor al verlo. Silmarien lo miró largo tiempo antes de armarse de valor para pronunciar alguna otra palabra, hasta que por fin juntó las fuerzas que le quedaban de su noche en vela y se acercó a él tomando el rostro de Ereinion entre las manos y besando su frente.
-Amor, te he esperado toda la noche, ¿Por qué no me has llevado contigo a donde sea que hayas ido? - Silmarien fingía vanamente una sonrisa que apenas era perceptible, pero Ereinion la miraba como miras a alguien que ya ha muerto, con ese halo de perdida y despedida.
-Porque de aquí en adelante seguimos caminos a parte- dijo Ereinion secamente, insensible a los brazos de Silmarien que lo rodeaban como quien no quiere desprenderse. La princesa sintió como la exhalación se le había quedado atorada en el pecho ante las palabras de Ereinion.
- ¿Qué me quieres decir con esto? - logró decir Silmarien en un susurro.
-Nuestras vidas jamás debieron de haberse cruzado, regresarás con tu hermano a Numenor y me jurarás que no pisaras estas cosas otra vez.
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Nota de Autor:
Les debo una sincera disculpa por haberme demorado tanto en subir este capitulo, fueron algunas cosas las que se interpusieron entre mi y la historia, por un lado que no había tenido computadora hasta ahorita y tenia que andar pidiendo prestada, otra es que se trataba de un capitulo con un tema fuerte en el desarrollo de la historia y quería poder expresar adecuadamente lo que tenía en mente (espero haberlo logrado), y por ultimo, no se si escucharon en las noticias sobre el sismo en Ciudad de México pero no he tenido otra cosa en mente desde este 19 de Septiembre. No se si había mencionado que soy mexicana, y aunque vivo en el norte del país frontera con USA, tengo familia y amigos viviendo en la Ciudad de México y a los cuales les toco vivirlo, a parte que mi esposo estaba de viaje de negocios allá y también le tocó, gracias a Dios todos están bien, pero era una incertidumbre horrible tratar de contactarme con ellos y que no entraran las llamadas convencionales ni por whatsapp o facebook porque todo el servicio estaba caído, y como mi esposo sigue allá no he traído otra cosa en la mente mas que ver las noticias y hablarle cada vez que puedo para saber como esta.
Pero pasando a temas mas felices, espero de corazón que les haya gustado este capitulo, y ya para el siguiente no me voy a demorar tanto porque ya tengo computadora y ya voy a tener a mi esposito conmigo. =)
Cuídense mucho en donde sea que estén!
