DISCLAIMER: Los personajes no son míos, ya lo saben ^^U son de Rumiko Takahashi. La siguiente narración es creación propia y está hecha sin fines de lucro, con el propósito de entretener a los lectores.

SUMMARY: [Serie de drabbles]Algunas estaciones son culpables no sólo del clima, sino que pueden tener efectos que van más allá del cambio de temperatura.

Fic participante en la actividad "RONDA DE RETOS: Mini-reto estacional" del foro "¡Siéntate!".

Variables: Otoño y admiración.

Season's Fault

…::::::::::::::::::::::::::::::…

XII

…::::::::::::::::::::::::::::::…

Los rayos del sol ya no otorgaban el mismo calor que otros días y la suave brisa que corría arrastraba con ella algunas hojas de los árboles, dejando rastros de colores rojizos y ocres para denotar mejor el cambio de estación.

Él estaba en su rama favorita, tratando de descansar un momento. Su pequeño hijo y su esposa eran su vida, no podía negarlo, pero estaba agotado. Llevaba varios días sin poder dormir por las noches y, además, era el primer día de muchos que no iba a realizar algún trabajo. A pesar de su naturaleza, igual necesitaba un respiro de vez en cuando. Movió las orejas al escuchar un golpe – de seguro, una bofetada – y sonrió de medio lado.

— ¡Ni piense en aparecerse por la casa, Su Excelencia!

Al parecer, no era el único que la estaba pasando mal – porque Kagome seguía irritable y se desquitaba con bastante facilidad –, sabía que Sango sólo usaba ese tono cuando estaba realmente molesta. Abrió un solo ojo y vio a su amigo acercarse por el sendero, acompañado de sus dos hijos más pequeños y una vistosa marca roja en la mejilla. El menor de los niños, Ryusei, apenas estaba aprendiendo a caminar, pero Miroku lo guiaba con paciencia mientras el otro pequeño se acercó al árbol corriendo.

— Hola, tío InuYasha.

— Hola Shin. Te ves terrible, viejo — luego de saludar al niño, se dirigió a su amigo, notando las ojeras. Tampoco era el único con falta de sueño —. ¿Mala noche?

— Sí, las gemelas insisten en que quieren atrapar fantasmas y no nos han dejado dormir, y Ryusei volvió a cambiar el sueño.

— ¿Y la mejilla…?

— ¡Ah! Pues, una aldeana se acercó a pedirme consejo y creo que me distraje un poco.

— ¿"Creo"?

El monje le sonrió tranquilamente, tomando a su hijo menor en brazos y con un particular brillo en la mirada, algo que su amigo no supo descifrar.

— No se lo digas a Sango, pero me encanta cuando se pone celosa — le dijo, sin borrar la sonrisa —. Además, las reconciliaciones son lo mejor. ¿Y qué tal tú? ¿Yuta ya reguló el sueño?

— Keh, mejor ni lo menciones. Sólo quiero descansar un poco. Y por si fuera poco, Kagome sigue irritable, ya no sé qué hacer. ¡Todo lo que digo o hago, le molesta!

El oji azulado volvió a sonreír, mientras veía a Shin perseguir un par de hojas que acababan de caer del árbol donde se encontraba su amigo.

— Sólo hay una cosa que puedes hacer en estos casos — dijo, mirando en dirección a su hogar con un semblante seguro y tranquilo —. Amarlos. No intentes entender ni complacer, sólo ama a tu familia, haz lo que te nazca hacer por ellos y verás que, de a poco, irás disfrutando cada segundo a su lado.

InuYasha se quedó perplejo mirando al monje. Siempre había admirado la capacidad de tolerar a Sango que tenía, y luego ese sentimiento se hizo más fuerte cuando fue padre, creciendo con cada hijo. Porque le maravillaba la paciencia y devoción que le daba a su familia, pero las palabras que le acababa de decir, simplemente eran lo más sabio que hubiese podido escuchar. Con el pecho rebosante de un extraño sentimiento reconfortante, bajó de un salto hasta su lado, apretándole el hombro en señal de agradecimiento y contemplando también el sendero, por el que aparecieron pronto las gemelas, seguidas de sus mujeres.

— ¡Papá! ¡Ayudamos a mamá a cocinar!

— ¡Sí, ha sido genial! Pero no sé si esté rico…

— Claro que lo estará, no puedo esperar a probarlo — les respondió él, desordenándoles un poco el pelo.

— Miroku, la comida va a estar lista. Además está helando un poco, Shin y Ryusei no deberían estar fuera ya.

— De acuerdo, amor — le respondió, acercándose a ella y besándola fugazmente —. ¿Me has perdonado, o tendré que hacer méritos?

— Los méritos no estarían mal, aunque comienzo a sospechar que esto te gusta.

Miroku rió alegremente, se despidió del hanyō y de Kagome con un gesto de su mano y luego se fue junto a su familia a su hogar.

— Desearía ser como ellos, son una familia perfecta, y nosotros somos un desastre.

La voz de Kagome sonaba triste. Él la abrazó y luego depositó un beso en la frente de su hijo, que iba en brazos de su madre.

— No pienses eso, también somos perfectos, pero a nuestro modo. Lo seremos mientras estemos juntos.

La azabache asintió con un gesto, sonriendo de forma tranquila y con las mejillas sonrojadas. InuYasha la cargó en sus brazos y la llevó hasta la casa, agradeciendo los consejos del bonzo. Porque a pesar de que tuviese muchos defectos, para él era un honor tenerlo de amigo y guía en esa etapa que recién estaba iniciando.


Un poco de ambos. Siempre he creído que InuYasha no tiene ese instinto paterno y que le sorprende que Miroku pueda tener tanta paciencia. Pero he ahí la respuesta: amor, amor para todos.

Gracias por leer, nos vemos pronto :)