Hola! ^^ ¿Cómo están? Espero que les guste el nuevo capítulo. Saludos BellatrixSammet


Luna/Charlotte Pov:

Capítulo 12

Elegí un vestido blanco con escote bote que tenía bordados en el borde, era ajustado arriba, pero la falda caía libremente a mi alrededor en dos capas, las largas mangas eran transparentes.

Me di cuenta de lo mucho que extrañaba tocar el violín y sin darme cuenta, me encontré a mí misma cantando una canción de uno de mis grupos musicales favoritos, una canción que hablaba del camino de los elfos mientras estaba recostada en el sillón con las piernas sobre el respaldo.

—No sabía que cantabas tan hermoso, Charlotte —escuché que decía la voz de Legolas desde la puerta.

Lo miré frunciendo el ceño.

— ¿Me siento alagada porque dices que canto lindo o me enojo porque me sigues diciendo Charlotte? —pregunté.

—Es divertido cuando te enojas, eres como una niña pequeña —dijo mientras se acercaba.

Enseguida me paré.

—No soy una niña pequeña —protesté.

— ¿Ves? —Comenzó—, a eso me refiero.

Puse los ojos en blanco.

Estoy en la tierra media, cuando debería estar viendo La batalla de los cinco ejércitos como por milésima vez. Me encuentro en todo mi derecho de enojarme con el elfo, lo sé. Igualmente, me gusta la idea de recorrer el reino, lástima que no podía hacerlo sola, aunque yo había aceptado ir con Legolas... No sé por qué...

—Bueno, ¿vamos a dar el paseo o no? —pregunté mirándolo seriamente.

—Sí —dijo y sonrió.

Salimos de la habitación al pasillo que tan bien conocía por ir a visitar a mi hermana, pero esta vez seguimos caminando uno al lado del otro.

Había varias columnas por dónde íbamos, pero no nos encontramos a nadie, lo admito, el lugar era bonito.

Paré un momento y Legolas hizo lo mismo.

Miré todo alrededor y comencé a cantar, un hermoso eco se hacía por todo el lugar y sonreí.

—Tu voz va bien con este lugar —susurró Legolas.

—No lo creo realmente —dije.

Nos acercábamos a un puente que era muy estrecho, y tenía demasiada distancia del suelo, tanto que por un momento me sentí mareada al mirar para abajo.

Legolas me miró, claramente lo había notado.

—Toma mi mano, Charlotte —dijo mientras tendía ésta.

—Enserio, ¿nunca dejaras de llamarme Charlotte?

— ¿Prefieres que te llame Mithrandir?

Giré los ojos.

— ¿Jamás te olvidaras de eso tampoco? Ya te dije que era un disfraz.

—Lo recordaré por siempre.

Miré para otro lado porque sentía el ardor en mis mejillas que seguramente estarían sonrojándose.

—Toma mi mano —dijo nuevamente—, puedes caerte.

Me crucé de brazos.

—No me caeré, soy una sobreviviente —dije.

— ¿Ah, sí? ¿A qué has sobrevivido? —preguntó haciendo lo mismo que yo.

—Sobreviví en Dol Guldur y estoy sobreviviendo a ti —repuse.

—Sobreviviste en Dol Guldur porque te salvé... Y ¿Estás tan segura de que estás sobreviviendo a mí?

Abrí la boca para hablar, pero no sabía que decir... ¿Acaso se refería a que al final yo terminaría por rendirme en mi búsqueda por salir de allí? Yo estaba sobreviviendo porque podía aguantarlo sin que me diera un ataque... ¿O se refería a otra cosa?

Noté una sonrisa en su rostro.

—Puedo caminar sola, gracias —hablé finalmente.

Comencé a cruzar el puente con él detrás de mí.

"No mires para abajo" repetía en mi mente.

Pero como curiosa que soy, lamento que miré para abajo.

Sentí como se me erizaba la piel y me paré en seco en la mitad de ese estrecho lugar.

El elfo tomó mis manos.

—No te caerás así, puedes seguir.

Lentamente seguí avanzando mientras contenía la respiración.

Recién cuando estuvimos del otro lado pude volver a respirar.

— ¿Estás bien? —preguntó el elfo.

—Obviamente... ¿Adónde vamos?

—Vamos al campo de entrenamiento, te dije que te enseñaría a usar el arco.

Nuevamente caminábamos uno al lado del otro.

—Príncipe valiente, realmente, no seas tan valiente, cabe la posibilidad de que si yo agarro un arco, una flecha termine en tu rostro.

—Espero que no sea por gusto.

—Obviamente, yo jamás haría algo así —dije con sarcasmo.

Quedé con la boca abierta cuando vi a donde me llevaba.

Al final llegamos a un hermoso gran cuarto. Era tan grande como una cancha de Futbol. Las paredes eran altas y de piedra color marrón rojizo. La luz entraba por pequeños y miles de agujeros en el techo y se veían pequeñas pelusas en la luz, era como la brillantina dorada.

En un costado había miles de espadas élficas, arcos, dagas todos contra la pared. Me quedé maravillada al ver que al otro costado había diferentes blancos, y cuerpos de tela para practicar.

Pero no veía a nadie por allí.

Por suerte. Ya hubiera estado muy nerviosa de ser vista hacer el ridículo, como pensaba que iba a hacer con el arco.

Mi brazo gracias a las atenciones de los curanderos elfico y a Elwen había estado sanando muy rápido. Muy rápido para un mortal, había dicho Elwen. Dos semanas y media y el brazo solo me dolía cuando lo estiraba mucho o hacía esfuerzos.

Luego me di cuenta que mi vestimenta no era la indicada para practicar. Se lo hice saber al elfo que seguía mirando a su alrededor y a mí.

—Si hubiera sabido que ibas a enseñarme a usar el arco no me habría puesto este vestido que es mi favorito —dije, y enseguida me arrepentí.

— ¿Y para qué te pondrías un vestido favorito? —Claramente, al elfo no se le escapaba nada.

—Para que lo vean, pero aquí no hay nadie.

—Estoy yo.

—Qué esperanzador...

—Iré a buscar el arco, tú espérame aquí Charlotte.

Charlotte... Charlotte... Charlotte... Acabaría teniendo pesadillas de Legolas diciendo mi segundo nombre.

El hijo del rey se fue hacia la pared donde las armas estaban apoyadas. Cuando sacó el arco de su lugar hubo un sonido fuerte que hizo eco por todo el campo.

También tomó un carcaj de flechas y se lo puso en el hombro mientras daba la vuelta hacia mí.

Creo que el elfo no llegó a tardar ni un minuto cuando ya estaba de vuelta con el arco en mano.

Se acercó a mí y me lo tendió, yo lo tomé.

El arco era bonito, debo admitirlo... Era enorme, no parecía para mí. Mis dedos pálidos tocaron su cuerda y la cinché como si fuera una cuerda de guitarra. No pude moverla mucho, era gruesa y fuerte. El arco en sí, era de madera verde con un diseño de hojas, sí, muy bonito.

Bonito para que esté lejos de mis manos. Lo alejé de mí, como entregándoselo a él.

—Me gusta —dije—, pero sigo creyendo que no es la mejor idea.

—Te ayudará a poner en forma los músculos de brazo, lo sabes.

—Pero tú mismo dijiste que no creías que yo realmente pueda usar el arco... Además, ¿por qué tan pronto? Apenas tuve tiempo de sanar del todo.

—Sólo... Sólo te ayudo a que puedas irte más rápido.

¿Me estaba echando indirectamente?

Bajé mi cabeza porque no quería mirar sus ojos. Mire a las flechas que tenía en mi mano. Eran todas perfectas, iguales.

De todas formas, si tanto insistía, entonces yo sería la mejor en el arco.

Luego de pensarlo, asentí hacia el elfo, que dejó la seriedad atrás y me sonrió cálidamente.

Primero me enseñó cómo se debe tomar el arco debidamente y como poner la flecha. Teóricamente era fácil, en la práctica es más complicado. Él se ponía en posturas que parecían agiles, fáciles y me decía como eran los movimientos, todo teóricamente. Luego me decía que copiara sus movimientos. Era un poco estresante como me corregía toda la postura. Pero me limité a hacer todo lo que me decía.

Todo hubiera sido más fácil si el bendito brazo dejara de dolerme. Cada vez que pretendía mover mi codo hacia mi espalda dolía. Cada vez que tomaba una flecha de mi carcaj, me atormentaba. Cuando estiraba el brazo, moría de dolor.

Al final se paró detrás de mí para ayudarme a llevar la flecha hacia atrás para estirar la cuerda. Pero nuevamente sentía ese tirón doloroso. Odiaba que las cosas no me salieran como yo realmente quería, lo odiaba demasiado.

Luego de unos diez intentos en los que me sucedió lo mismo tiré el arco al suelo.

La brisa le daba al cabello del elfo una perfecta ondulación.

—Odio... Todo... Esto... Maldito... Arco... Maldito... Brazo... Maldito... Tu... Cabello... Mejor... Que... El... Mío —dije con enojo.

— ¿En serio Charlotte Stark?, ¿la superviviente se rendirá? —preguntó el elfo.

Lo miré con odio mientras él me miraba como buen entrenador.

No, no puedo, él ganaría, yo debo ganar, no él.

Tragándome todo el mal humor, tomé nuevamente el arco, y estaba tan enojada que llevé el brazo hacia atrás y lancé la flecha sin siquiera la ayuda de Legolas detrás de mí.

Un momento... Lancé la flecha... ¡Lancé la flecha!

Aunque claro, no dio en el blanco que habíamos fijado, pero algo era algo.

El elfo asintió brevemente mientras yo saltaba por dentro y tenía la mirada fija en la flecha, que había quedado ahora clavada en otro de los blancos, lejos de nosotros dos.

—Eso estuvo bien para un elfling, para comenzar, ahora inténtalo algunas veces más —dijo el elfo.

El brazo me seguía doliendo cada vez que yo intentaba, pero me di cuenta que si desquitaba todo lo que me molestaba en lanzar la flecha, el dolor corporal simplemente no importaba tanto.

El vestido luego de varios lanzamientos, comenzó a ser molesto. Quería unos pantalones vaqueros y una blusa musculosa. Y un ventilador.

Era fácil ser como Legolas, yo hacía todo el trabajo. Usaba todo el carcaj y luego cuando no me quedaba ninguna flecha había que ir a recuperarlas, una por una. Según el elfo, eso es lo que hacían los arqueros. Mientras el elfo me miraba desde un costado del campo. Tenía ganas de tirarle una flecha entre los dos ojos.

Luego de un rato mis lanzamientos seguían siendo malos, pero al menos no tanto como el primero. Me senté en un banco a descansar, alegre de mi extraño avance.

El elfo caminó hacia donde yo estaba, con algo así como un vaso lleno de agua y se sentó cerca de mí en otro de los bancos que había allí. Me tendió el vaso y yo lo agarré y me tomé el agua en un segundo.

—Dices que no te comportas como una niña —comenzó Legolas—, entonces me di cuenta de que aún no sé tu edad... ¿Cuántos años tienes? —preguntó.

—17 años—respondí. Puse el vaso vacío en el suelo, sin dejar de ver la cara del elfo.

Y cuando lo dije, algo pareció cambiar en su rostro, como si le hubiera dicho algo malo.

—Eres demasiado joven... —dijo.

—Seré mayor de edad en unos meses —Le discutí.

—Yo sólo… pensé que eras más grande, no me parecías tan joven.

—Tú dijiste que me comporto como una niña.

—Sólo cuando te enojas de vez en cuando, no lo decía tan en serio Charlotte.

— ¿Qué tiene de malo mi edad?

El elfo miró hacia otro lado y dijo cortante.

—Nada, será mejor que ya regreses a descansar, te acompañaré.

Entrecerré mis ojos por su comportamiento, pero hice lo que él había propuesto.

Me dejó quedarme con el carcaj, pero el arco lo devolví a su lugar.

Caminamos todo el mismo camino de vuelta en silencio. Solo una elfa se puso en nuestro camino, pero ella parecía más interesada en el elfo que me acompañaba que en una extraña humana con una venda en el brazo. La elfa, puso una sonrisa estúpida en su cara perfecta mientras se sonrojaba y batía sus pestañas, todo al mismo tiempo y patéticamente.

Me enojé luego de eso, y no entendía el por qué.

Luego cuando llegamos, le pregunté cuándo volvería a practicar con el arco, pero me dijo que él me avisaría y que siguiera leyendo los libros que me traían, entonces nos despedimos asintiendo.

Me acosté y me quedé mirando un largo rato al techo, con un millón de preguntas como de costumbre últimamente... Entre ellas ¿Por qué parecía molestarle al elfo metiche mi edad? ¿Por qué me molestó la elfa del camino?


¿Alguna vez terminará la pelea Luna/Charlotte? ¿Le tirará LUNA una flecha en la cara a Legolas?