Advertencias: Los personajes de One Piece no me pertenecen. Kidd vuelve a resucitar, YAY!

Muchas gracias a mi Beta AcSwarovski por leerlo, corregirlo y darme su valiosa opinión.

La encuesta ha acabado en un triple empate por lo que espero haberlo solventado bien. A M ¡qué no!

Espero que os guste y os saque alguna que otra carcajada.


12. Mini-punto para Kidd


Nadie sabía quién iba a ser el siguiente.

Ninguno jamás se hubiera imaginado que acabarían en aquella situación.

La algarabía por la reciente victoria contra un ataque sorpresa se había volatilizado dejando un miedo palpable en el ambiente, que aumentaba a cada pequeño movimiento de los ojos calmados de la mujer, que se paseaban por la cubierta clavándose en los rostros de ellos. Uno a uno, temblando, esquivándolos, rezando a quien fuera para que no se detuvieran y fueran la siguiente víctima.

—Oh pobrecito, mírate sin pierna ni brazo —una cobaya que no podía escapar—. Ven aquí que te cure.

Sin mover un milímetro de su peligrosa mueca, pasó la mano enguantada impregnada en una pasta verdosa sobre la herida mortal de la pierna. Con la femoral cortada, como era el caso, le quedaba poco tiempo de vida. Ahora con el veneno esparcido directamente sobre la herida, al menos, tendría una muerte rápida e indolora. Cuando el pirata cayó inconsciente sobre la cubierta con los ojos vueltos, Elettra se acercó a la reja del castillo feliz. Al otro lado estaban sus dos queridos camaradas observando el espectáculo atrapados dentro de las entrañas del barco.

—Ya van nueve, tú decides qué hacer, Barbie. Me llevas a una isla que tenga café o liquido a todos. Luego cojo un bote salvavidas y me largo —sonrió al ver su cara seria—. Ah, y Kidd necesita atención médica, como tú. Solo te lo recuerdo.

Heat era quien parecía más preocupado por la situación, estaba detrás del rubio de la máscara con el entrecejo fruncido. El segundo al mando solía ser una persona seria y sensata que en todo momento sabía que hacer y, sobre todo, podía manejar al capitán para siempre buscar lo mejor para la tripulación; pero justo ahora parecía dudar.

En este caso, estaba claro. Además que con las provisiones y el estado del barco no llegarían a recorrer los tres días de camino que aún les separaba de su atraque. La log pose señalizaba una isla más cercana, lo sabía porque antes de que todo comenzara había estado en la sala de navegación, donde ya ellos dos estuvieron decidiendo si era mejor recalar antes de seguir o continuar. Entonces decidieron continuar, pero ahora las tornas habían cambiando a peor.

—Tenía tu palabra de que curarías a Kidd.

—Y yo la tuya de que tras ayudar a tus perros mojados me darías café, pero ¡ala! ¿Cómo me vas a dar café si no hay?

—Elettra. Si ahora formas parte de mi tripulación, debes obedecerme.

—Déjalo, rubia, Kidd lo intentó y le salió mal la jugada.

—Elettra-san —intervino Heat por primera vez desde que llegaron en el tercer envenenamiento—, en tres días llegaremos a nuestro atraque.

—No, no —se mantuvo en sus trece. Señalando a los marineros continuó—. Así no llegaréis ni en una semana. Café ahora, o todos para el fondo del mar.

—Tú ganas —respondió Killer tras unos minutos de deliberación antes de que comenzara a elegir a su siguiente víctima—. Pero hay condiciones.

—«Cuálas».

Con ello volvió a alejar su atención curiosa de los marineros.

—Mañana a medio día llegaremos a una isla habitada, para entonces tendrás que haber curado a todos mis hombres y jurar por lo que más quieras que dejarás de tocarle los huevos a Kidd hasta que te mueras.

—Puaj, ¿por qué iba a hacerle eso a Kidd? —Acompañó la frase con un mohín desagradable en la cara.

—Elettra.

Se estaba hartando de que usaran su nombre para llamarle la atención.

—No puedo —admitió cruzándose de brazos—. No tengo material médico suficiente para curar a todos, ni siquiera para Kidd o para ti. Por eso quiero parar en una isla lo antes posible y por eso también estoy matando a tus hombres más graves haciendo que sufran lo mínimo posible.

Killer no evitó sonreír. Al final, parecía que la chica era como Kidd, mucha fachada de crueldad y sadismo, pero en el interior era un gran corazón. Pillada, bajó la cabeza enfurecida.

—Ante todo soy médico, Killer, que no se te olvide.

—Harás caso a Kidd.

—No.

—Sí lo harás, Monstruo-san.

—Joder, ¿por qué os ponéis los dos en mí contra? —Intentó la mirada dulce con Heat, pero esta vez, teniendo a su superior justo al lado no iba a funcionar, suspiró dispuesta a seguir negociando—. Quiero ropa limpia y una ducha decente. Así que os ponéis los dos a habilitarme una dentro de la central nuclear o sigo a lo mío.

—¿Eso es todo? —Ella asintió—. ¿Kidd?

—Haré todo lo que me diga siempre y cuando no lo considere abuso de poder contra mi persona ni acoso sexual.

Killer no estaba muy seguro de qué implicaba aquello, pero iba a ser el mejor trato que conseguiría de ella en ese momento, y eso que él era el que tenía todas las de perder.

—Entonces no habrá problemas, cuando acabes aquí, podrás usar el baño privado de Kidd.

—Hijo de la grandísima puta… —Ella golpeó con furia la reja—. Estás pensando en encerrarme ahora con él. Muy bonito.

—Con lo bien que os lleváis, seguro que quieres tener un momento de intimidad con el Capitán.

—Por supuesto, las Barbies están llenas de rencores y deseos sociales vengativos, tenía que haberlo imaginado.

Abrió de un movimiento rápido la cerradura de la puerta y se giró hacia los pobres y olvidados marineros. Primero se acercó a los más graves dándoles el descanso eterno. Ni siquiera el ver retorcerse de dolor, o estirarse hasta que los huesos le crujían y luego caer inconscientes sobre la madera del suelo consiguió relajarla. Luego se fue a los que podrían sobrevivir, sacando balas alojadas en algún que otro músculo, cerrando tajos de vivos colores y un par de mareados por respirar demasiado humo de la pólvora.

El sol comenzaba a ponerse cuando Elettra suspiró dejándose caer sobre el suelo ensangrentado, ya le daba igual, con la idea de una ducha calentita en mente. El estómago rugió enfadado tras una larga jornada de trabajo y ninguna recompensa.

Pensó que lo mejor que se podría cocinar era caldo con alguna pierna o brazo que se había quedado en el barco y el hambre se le quitó inmediatamente.

—Pescado frito, patatas fritas, bocadillos, fritura, filete, ensaladas, tortillas, asado… tortitas, magdalenas, muffins, milhojas, tocinitos de cielo, helado, dulce de leche, merengue, tarta de queso, bizcocho, tiramisú, galletas … ¡Tengo hambre, Killer!

—No hay comida.

Elettra le miró desde el suelo enfadada.

—Y tú querías seguir tres días más así…

—Si has terminado de descansar, te llevo al baño.

—Ya, se me había olvidado, todavía sigo castigada.

—Antes de nada, Elettra jura por lo que más quieras que te comportarás.

—Lo juro por Snoppy, Heat, Dioscórides, Galliano y Saruman. ¿Te sirve?

—Por tu vida —ella estalló en una carcajada viva retorciéndose en el suelo.

—Si lo hiciera, no valdría un céntimo mi palabra. Pero si insistes, te lo juro por el pasado. Te juro por mi pasado, por mi casa y por este tatuaje, que me portaré bien siempre que no se den los supuestos anteriores.

—¿Qué valor tiene tú pasado?

—Es algo que no importa. El pasado está lejos y enterrado pero es lo que me ha hecho ser quien hoy soy. Y ahora… ¡Que comience la fiesta pijama en el cuarto de Kidd! Vamos a hacernos la manicura y hablar de chicos. Tranqui, Barbie, le sacaré una confesión a tu capitán.

Se levantó del suelo, se sacudió el trasero como si la sangre fuera a salir así de fácil y siguió a Killer hasta el camarote del capitán. Allí dejó su mochila en su lugar de siempre, esperando.

El rubio se acercó primero a un armario opuesto a la biblioteca de Kidd y extrajo una toalla, un pantalón similar al que el capitán entonces llevaba, abrió uno de los cajones y sacó unos boxers.

—Que bien te conoces el armario de Kidd, ¿no? ¿Tienes algo que contar a la nena o lo dejo todo a la imaginación?

Le contestó con un frío silencio y el golpe sordo del cajón cerrándose, cambió a una parte más profunda del armario y extrajo una camiseta algo arrugada

—¿En serio que Kidd, nuestro Kidd, tiene camisetas? ¡Y por qué no las usa, joder! ¿Alergia? Ya entiendo… Complejo de Hulk: nada más ponérselas tiene la necesidad de romperla y claro eso es un dineral. Seguro que tú se las guardas para ocasiones especiales, ¿no?

Se lo entregó todo sin una palabra y se acercó a la pared más cercana a la ventana, un pequeño pomo abría hacia una estancia más pequeña adjunta a la principal. Pero sobre todo, era una habitación limpia.

Elettra con todo en la mano, frunció los labios preguntándose cómo lo había pasado por alto, y entró escéptica observando el privado baño del capitán.

—Una ducha limpia… —Paseó los ojos entre la brillante porcelana del baño y Killer- Eso sólo quiere decir que Kidd es un guarro y nunca lo ha usado.

No le dio tiempo a mugir cuando Killer desapareció de allí, volvió al escuchar como una llave, que no conocía, cerraba el camarote desde fuera.

—«A caballo regalado no le mires el diente» —recitó dejando la ropa limpia sobre el lavabo y procediendo a quitarse lo que le quedaba dejándolo por el suelo—. Joder, tengo las bragas pegadas después de todo este tiempo… Qué asco, qué asco, qué asco.

Aquello que los envenenados no consiguieron, sí lo hizo el hipnótico sonido del agua caliente de la ducha cayendo sobre su cuerpo. Llevándose restos de mugre, suciedad y sangre, sobre todo sangre.

Cogió el primer gel que encontró y se restregó con fuerza el cuerpo limpiando la sangre y eliminando la piel muerta. También, sin mirar, usó el champú que más a mano había, curiosamente desprendía un agradable olor a fresco. Se sentó en la bañera dispuesta a arrancarse la piel de los pies hasta que saliera la costra negra que había criado en esos días. Y una vez acabó la misión se quedó con los ojos cerrando notando como el chorro de la ducha caía agradable contra sus músculos en un masaje natural que le venía bien tras el turno de casi veinticuatro horas que acababa de hacer. Enterró la cabeza entre sus rodillas, el agua golpeaba cálida su nuca escurriéndose por su espalda, pasando por su tatuaje y la delicada piel que éste cubría, por la marcada columna vertebral hasta volver a la porcelana.

Una vez se sintió satisfecha, cerró el grifo y se levantó. Cogió la toalla, se envolvió y salió de la bañera. Se secó la cabellera primero, luego el cuerpo antes de volver a envolverse con ella secó el espejo. Allí se observó la espalda, mordiéndose el labio, estaba cansada y eso se notaba en su pensamiento.

—A ver cuando la palmo —y cambió la seriedad por una sonrisa, no podía olvidar dónde se encontraba—. Ahora veamos que esconde nuestro querido concursante tras las puertas del armarito de baño.

Primero se fijó en lo que rodeaba al grifo: peines, jabón de mano en pastilla, la barra aplicadora y polvos de Khol, nada extraño. Frunció el labio antes de abrir la primera puerta, se esperaba algo más ostentoso. Sólo que no esperaba que lo guardara de ojos extraños.

—¿Lo compartirá con Barbie? —Paseó la mirada ambarina entre diferentes barras de labios de diferentes tonos oscuros y varios esmaltes de uñas a juego, además de un sinfín de tarritos no reconocibles—. Me siento como si estuviera en el baño de una pija, sólo le faltan los polvos de maquillaje naranja… uy, ¿y esto que es?

Cogió uno de los botes redondos más grandes y leyó la etiqueta.

—Peeling exfoliante suave en espuma facial sin jabón para pieles sensibles con semillas de melocotón y bambú… ¿perdón? ¿Se podrá comer? Aquí hay toallitas desmaquillantes para pieles sensibles… nada de sorprendente, quitaesmaltes con vitaminas para la cutícula,… Joder, ¿crema antiarrugas?

Cerró la puerta asustada, volvió a abrirla con cuidado mirando el estante, sí, la crema estaba allí y había leído bien: Antiarrugas. Con babas de den-den mushi.

—Creo que esto es demasiado, piratilla, piratilla…Sigamos. Sérum reparador de cabello dañado por el sol… Crema protector solar factor 50 pantalla total, lo sabía, lo sabía. ¿Y esto? ¿Gel fijador extra fuerte con protección del color? Por favor, por Son Goku y San Día dime que se lo tiñe, por favor, eso sería como encontrar el Santo Grial —Elettra removió los pequeños tarros que le quedaban por observar sin obtener un resultado positivo—. Mierda, no hay tinte. Bueno, no se podía tener todo en esta vida.

Cerró esa puerta y abrió una más pequeña en el lateral del espejo.

—Desodorante, espuma de afeitar, cuchillas y aftershave ¿en serio? Pero si es un niño crecidito… ¿no se estará tomando lo mismo que Barbie? Ahora que lo pienso también está un poco desarrollado de manera anti-natural… pero bueno —señaló la puerta que acababa de cerrar y después la primera—. Esa es la normal y la otra la de los días Glam.

Se encogió de hombros, cogió el desodorante y tras olerlo se lo aplicó. Luego se quitó la toalla se puso la ropa interior de Kidd y la camiseta que le quedaba bastante holgada. De entre la ropa sucia sacó su sujetador y lo lavó concienzudamente en el lavabo sacándole la sangre, la mugre y el olor a usado. Lo colgó de un tirador del armario para que se secara y salió del baño dirigiéndose a su bolso.

—Un regalito para cuando despiertes, Lord Orco.

El sol comenzaba a descender y puesto que no había nada para comer, ni Heat se iba a acercar a encenderle un cigarrillo por mucho que llorara, sacó una de las bolsitas más usadas y se tomó una dosis generosa de algo que le permitiera dormir a pierna suelta durante bastantes horas.

Tomó el pulso de Kidd, todo andaba bien y se dejó caer, primero, en el sillón, luego, en brazos de Morfeo.


No recordaba cuándo había sido la última vez que había dormido tan bien.

Se le escapó una maliciosa sonrisa, sí que lo recordaba, y también despertarse junto al cuerpo cálido de alguna mujer. Pero ahora estaba solo, en su camarote, en medio del mar y había dormido como un bebé. Ni siquiera se acordaba de las heridas ni de la intrusa.

El sol estaba bastante alto en el cielo, el ruido y las gaviotas que aparecían por la ventana cual retrato de naturaleza salvaje, le decía que estaban cerca de tierra. Quizá habían llegado a su amarre de una vez por todas. Por fin en casa, en su castillo. Bajó la mirada hacia el sillón ocupado por su mayor quebradero de cabeza.

—Pero se acabó —masculló incorporándose—. Vas a entender por las malas quién manda aquí.

Tardó un momento en evitar el mareo habitual tras tantas horas y días confinado en la cama y en hacer que sus piernas obedecieran sus órdenes. Primero se estabilizó buscando las sensaciones del suelo, y más seguro se soltó del cabezal de la cama. En un par de pasos había llegado a una cajonera cercana a la biblioteca y abrió el segundo cajón.

No evitó sonreír al verlo, una sonrisa que no iba a desaparecer en mucho tiempo si todo iba según sus planes. Extrajo el objeto extraño por completo y se acercó a la mujer.

Ya era hora de que él comenzara a disfrutar de la situación, no se iba a privar de nada, paseó su mano por su muslo hasta llegar al tobillo disfrutando de un tacto suave y cálido, entre adictivo y prohibido. Ella suspiró en sueños, lo que le complació bastante.

Elevó la pierna a una altura adecuada para ponerle bien alrededor del tobillo el viejo grillete de hierro y cerrar el candado.

A la par que Kidd guardaba entre sus pantalones la llave de ese artefacto de hierro, escuchó como se abría la llave de su camarote y llamaban antes de abrir lo justo para preguntar si se le permitía el paso. Era Heat que seguramente pensaba que seguía sedado, sino no se hubiera atrevido a abrir la puerta.

—Adelante —volvió a mirarla henchido de orgullo por su labor y, sobre todo, por la idea.

—¿Capitán, qué hace?

—Algo que tendría que haber hecho hace tiempo.

Kidd dio un paso atrás sin perder la mueca de felicidad, con el dedo hizo un gesto hacia el techo y sin más el pie de Elettra se elevó colgándola boca abajo del aire. Sin esconder la vanidad que lo embargaba en ese momento con su nuevo juguete, agitó el dedo y poco después ella siguió el mismo camino que había marcado despertándola por fin.

—Heat… —Murmuró aún somnolienta a lo primero que reconoció—, he tenido un sueño muy bonito… con Kidd montado sobre un unicornio rosa que corría hacia una torre en la que estaba Killer con un traje de flamenca azul de lunares blancos y unas tetacas… y luego, salía un dragón con el pelo azul escupiendo fuego y yo me montaba en él y quemábamos al unicornio y el pelo de Killer… y… la carne de unicornio sabía a café… ¡Café, Heat, café!

—Buenos días, Monstruo-san —dirigiéndose a ambos—. Hemos llegado a puerto.

—Un momento, ¿por qué estás al revés?

La expresión de Kidd no tenía precio, para todo lo demás…*


...


*:aquí no se hace publicidad de nada que me han negado la comisión.

Me voy a un balneario a descansar mis pobres huesos antes de comenzar las clases. Lo admito, seguro que ya sabéis como quisiera que estuviera el mail cuando vuelva XD soñar es gratis.

Muchísimas gracias por leer, comentar, poner en favoritos y/o alertas.

PL.